Xpiyacoc y Xmucane: los abuelos adivinos del Popol Vuh

En breve. Xpiyacoc y Xmucane son los abuelos creadores del Popol Vuh, la pareja adivina primordial cuyas semillas de tzité y granos de maíz respondieron las preguntas cosmogónicas del origen de la humanidad. Su intervención en los primeros capítulos del libro sagrado k’iche’ organiza los cuatro intentos de creación del hombre y establece el paradigma de la adivinación como núcleo de la religión maya-quiché.

Origen culturalPueblo k’iche’ del Altiplano guatemalteco (siglos XI-XVI); tradición cosmogónica preservada en la memoria oral y sistematizada en el Popol Vuh
TipoPareja divina primordial de abuelos adivinos, patronos de la adivinación por tzité y de la cuenta del calendario ritual
Función míticaEjercer la adivinación con granos de maíz y semillas de tzité en los momentos decisivos del ciclo cosmogónico; asesorar a los dioses creadores; ayudar en la creación de los primeros seres humanos
AtestaciónPopol Vuh, partes I y III (manuscrito k’iche’ c. 1554-1558, copia de Francisco Ximénez c. 1701); ediciones críticas de Adrián Recinos (1947), Dennis Tedlock (1985), Allen Christenson (2003) y Sam Colop (1999); estudios etnográficos sobre los ajq’ij contemporáneos
Vigencia hoyLa adivinación con tzité y granos de maíz sigue siendo práctica central de los ajq’ij mayas contemporáneos en Momostenango, Chichicastenango y otras comunidades del Altiplano; los abuelos primordiales son invocados en las ceremonias de iniciación de nuevos daykeepers

Los abuelos primordiales del Popol Vuh no crearon el mundo. Esa tarea correspondió a Q’uq’umatz y a los Tepeu, deidades demiurgas de la primera hora. Pero cuando esos creadores necesitaron consejo, decidir sobre la naturaleza del ser humano por venir o comprender por qué habían fallado sus primeros intentos, acudieron a Xpiyacoc y Xmucane. La pareja primordial ocupa así un lugar particular en la teología k’iche’: no son demiurgos ni cosmocratores, sino los adivinos consultados en los momentos decisivos del proceso creativo. Actúan por su conocimiento del oficio adivinatorio, no por atributos de poder.

La etimología de los nombres es reveladora. Xpiyacoc combina el prefijo respetuoso x- con una raíz relacionada con la sabiduría acumulada; Xmucane hace lo mismo, en femenino, con una raíz vinculada a la memoria profunda o al enterramiento (mukan, en algunas lecturas, remite a lo escondido bajo la superficie). El filólogo Allen Christenson, en su edición filológica del Popol Vuh (2003), ha señalado que los nombres podrían traducirse aproximadamente como «el abuelo escondido» y «la abuela escondida», en referencia a la naturaleza semi-oculta del saber adivinatorio, accesible solo a quienes lo cultivan durante generaciones.

La intervención central de la pareja ocurre en el capítulo tercero del texto, cuando los dioses creadores han fracasado en su intento de fabricar seres humanos primero con barro (que se deshizo) y luego con madera (los hombres de madera, que carecían de alma y fueron destruidos por un diluvio). Antes del tercer intento, los creadores consultan a Xpiyacoc y Xmucane, quienes echan los granos de tzité y de maíz sobre una estera y leen el resultado. La adivinación revela que el material adecuado será el maíz, y la pareja primordial procede entonces a moler los granos con los que se formará al primer ser humano verdadero.

La adivinación por tzité y granos de maíz

El tzité (Erythrina berteroana, conocido en otras regiones mesoamericanas como colorín o pito) es un árbol leguminoso cuyas semillas rojas y brillantes se utilizan tradicionalmente en la adivinación maya-quiché. La práctica descrita en el Popol Vuh —arrojar semillas sobre una estera y leer las combinaciones que forman— sigue siendo el núcleo del oficio de los ajq’ij, los sacerdotes-calendaristas mayas contemporáneos. La antropóloga Barbara Tedlock, en Time and the Highland Maya (1982), documentó la práctica con detalle en Momostenango y mostró que los abuelos primordiales del Popol Vuh son invocados verbalmente al comienzo de cada sesión de adivinación.

La cuenta de los granos no es aleatoria. Los ajq’ij utilizan los granos junto con el calendario tzolkin de 260 días para determinar el signo del día en que se consulta y para leer los patrones que las semillas dibujan en función de la pregunta planteada. Cada configuración se interpreta en relación con el día natal del consultante y con el signo activo del calendario, produciendo lecturas complejas que solo un practicante experimentado puede desentrañar. La formación de un ajq’ij puede durar varios años y culmina en una ceremonia de iniciación en la que se invoca directamente a Xpiyacoc y Xmucane como patronos ancestrales del oficio.

La equivalencia entre adivinación y creación es un rasgo de fondo del pensamiento religioso maya. En el Popol Vuh, los granos consultados no solo predicen el futuro: lo determinan. Cuando Xpiyacoc y Xmucane echan las semillas sobre la estera para preguntar si el hombre debe ser hecho de maíz, la respuesta no es una predicción externa sino el acto mismo por el que la nueva humanidad queda establecida. Esta identidad entre saber y crear, entre pregunta y respuesta, entre adivinar y producir, es un rasgo distintivo del pensamiento religioso mesoamericano.

Los abuelos y el ciclo de los gemelos divinos

La pareja primordial reaparece más tarde en el Popol Vuh como abuelos literales del ciclo de los gemelos divinos Hunahpú e Ixbalanqué. Cuando Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú, los padres de los gemelos, descienden a Xibalbá y son sacrificados por los Señores del Inframundo, Xmucane queda a cargo de los hijos de los muertos. La abuela viuda cría a los gemelos junto con sus medios hermanos, Hun Batz y Hun Chouen, y presencia toda la aventura cósmica que culminará con la derrota de los Señores de Xibalbá y con el nacimiento del quinto sol.

El papel de Xmucane como abuela criadora es más humano que divino y ha dado lugar a algunas de las escenas más emotivas del Popol Vuh. La resistencia de la abuela cuando descubre que los gemelos regresarán del inframundo, sus lágrimas ante la aparición de los brotes de maíz que anuncian su supervivencia, su cuidado del linaje familiar tras la muerte de los hijos, componen una figura literaria que va más allá del papel adivinatorio que ejerció al comienzo del ciclo cosmogónico. Los estudios contemporáneos, entre ellos los de Dennis Tedlock, han subrayado este doble carácter: cosmológico al principio y familiar en el ciclo de los gemelos.

La sistematización teológica del par Xpiyacoc-Xmucane responde a un principio compartido con otras cosmologías mesoamericanas. La pareja divina anciana como fundamento del saber ancestral aparece también en la mitología nahua con Cipactonal y Oxomoco, otra pareja de adivinos que operan con los mismos granos de maíz y desempeñan función análoga en la sistematización del calendario. La coincidencia sugiere una tradición panmesoamericana antigua sobre la adivinación calendárica como origen del conocimiento humano.

Más allá del mito

Xpiyacoc y Xmucane han sobrevivido cinco siglos después de la conquista de forma más silenciosa pero más viva que muchas otras deidades del panteón maya. Cada vez que un ajq’ij maya arroja sus semillas de tzité y de maíz sobre la estera en un patio de Momostenango o en un altar del Kanjobal, está reactivando el gesto que la pareja primordial ejerció en el capítulo tercero del Popol Vuh cuando decidió que la humanidad sería hecha de maíz. El gesto se ha mantenido con notable continuidad durante siglos.

Preguntas frecuentes

¿Quiénes son Xpiyacoc y Xmucane exactamente?

La pareja divina primordial de abuelos adivinos en el Popol Vuh, consultados por los dioses creadores en los momentos decisivos del ciclo cosmogónico. No son demiurgos ni cosmocratores sino adivinos: su autoridad proviene del conocimiento, no del poder. Allen Christenson ha traducido sus nombres aproximadamente como «el abuelo escondido» y «la abuela escondida», en referencia al carácter semi-oculto del saber adivinatorio.

¿Qué es el tzité y por qué se usa en la adivinación?

El tzité (Erythrina berteroana) es un árbol leguminoso mesoamericano cuyas semillas rojas y brillantes se utilizan tradicionalmente en la adivinación maya-quiché. Los ajq’ij las arrojan sobre una estera junto con granos de maíz y leen las combinaciones en relación con el signo del día del calendario tzolkin y con la pregunta planteada por el consultante. Barbara Tedlock documentó la práctica en Momostenango en Time and the Highland Maya (1982).

¿Qué relación tienen con Hunahpú e Ixbalanqué?

Son sus abuelos paternos. Cuando Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú, los padres de los gemelos, son sacrificados por los Señores de Xibalbá, Xmucane queda a cargo de los hijos huérfanos junto con sus medios hermanos Hun Batz y Hun Chouen. La abuela cría a los gemelos y presencia todo el ciclo que culminará con la derrota de los Señores del Inframundo y con el nacimiento del quinto sol.

¿Siguen siendo invocados hoy?

Sí. Los ajq’ij mayas contemporáneos del Altiplano guatemalteco (Momostenango, Chichicastenango, Santa Cruz del Quiché y otras comunidades) invocan verbalmente a Xpiyacoc y Xmucane al comienzo de cada sesión de adivinación con tzité y granos de maíz. Los abuelos primordiales son también invocados en las ceremonias de iniciación de nuevos daykeepers, sacerdotes-calendaristas que reciben la vocación del oficio.

¿Tienen paralelos en otras cosmologías mesoamericanas?

Sí. La pareja nahua Cipactonal y Oxomoco cumple una función análoga en la mitología del centro de México: son también adivinos que operan con granos de maíz y contribuyen a la sistematización del calendario. La encuentro entre las dos tradiciones sugiere una raíz panmesoamericana antigua sobre la adivinación calendárica como origen del conocimiento humano, compartida por pueblos k’iche’, yucatecos, nahuas y otros del área.

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