Ausangate, el apu nevado sagrado del Cusco y la ceremonia Qoyllur Rit’i

Para empezar. El Ausangate —también escrito Awsanqati, Ausankati o Awsanqate en las variantes ortográficas académicas— es un nevado de 6.384 metros de altitud en la Cordillera Vilcanota, al sureste de la ciudad de Cusco (Perú), y es el apu supremo del sistema quechua contemporáneo del sur peruano. Cada año, en el domingo de la Santísima Trinidad, aproximadamente noventa mil peregrinos suben al santuario de Sinakara a los pies del glaciar Colque Punku para celebrar la peregrinación de Qoyllur Rit’i («Estrella Nevada»), inscrita en 2011 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. El culto pre-inca al apu se combina desde 1780 con la devoción al Cristo del Señor de Qoyllur Rit’i, en uno de los sincretismos rituales más masivos del continente americano.

Origen culturalPueblos quechuas del Cusco, específicamente comunidades de la nación Paucartambo, nación Quispicanchi, nación Anta, nación Paruro, Acomayo, Urubamba, La Convención y nación Tawantinsuyu; culto pre-inca extendido por el sistema ceque imperial y continuado hasta hoy en la Nación Q’ero
TipoApu supremo (montaña nevada sagrada) del sistema quechua contemporáneo del Cusco; nevado de 6.384 metros de altura en la Cordillera Vilcanota; equivalente al achachila del ámbito aymara boliviano
Función míticaPresidir el sistema de montañas sagradas del sur peruano; regular los ciclos hidráulicos y agrícolas de las comunidades a sus pies; recibir peregrinación anual masiva en el santuario de Sinakara; ordenar las relaciones entre humanos, ancestros y territorio sagrado
AtestaciónBernabé Cobo, Historia del Nuevo Mundo (1653); R. Tom Zuidema, The Ceque System of Cuzco (E.J. Brill, Leiden, 1964) y La civilización inca en el Cuzco (Fondo de Cultura Económica, 1989); Robert Randall, Qoyllur Rit’i, an Inca Fiesta of the Pleiades (Boletín IFEA 11, 1982); Michael J. Sallnow, Pilgrims of the Andes: Regional Cults in Cusco (Smithsonian Institution Press, 1987); Catherine J. Allen, The Hold Life Has: Coca and Cultural Identity in an Andean Community (Smithsonian, 1988; ed. rev. 2002); inscripción UNESCO 2011
Vigencia hoyPeregrinación anual de aproximadamente noventa mil personas al santuario de Sinakara cada domingo de la Santísima Trinidad; culto activo en todas las comunidades del Cusco, especialmente en la Nación Q’ero de Ocongate; debate contemporáneo sobre la práctica ritual de los ukuku tras el retroceso glaciar acelerado del Colque Punku desde 2010

El sur del Perú andino es un territorio construido alrededor de sus montañas nevadas. Desde la ciudad de Cusco, capital del antiguo Tawantinsuyu y hoy centro turístico principal del país, se ven en días despejados varias cumbres que superan los 6.000 metros de altitud: el Salkantay al oeste (6.271 m), el Ampay al norte (5.235 m), y en el sureste, el más alto de todos, el Ausangate con sus 6.384 metros. Cada una de esas cumbres es un apu, una montaña sagrada con jurisdicción ritual sobre las comunidades campesinas a sus pies. En el sistema quechua contemporáneo del sur andino, los apu tienen jerarquía interna reconocida por todos los pueblos de la región, y el Ausangate ocupa la posición suprema desde tiempos anteriores al imperio inca.

El sistema de apu no es una supervivencia folclórica ni una reconstrucción reciente. Es una institución ritual continua desde antes del imperio inca hasta hoy, documentada por los cronistas coloniales del siglo XVI, sistematizada por los estudios etnográficos del siglo XX y practicada activamente por millones de personas en el sur peruano contemporáneo. Cada agosto, en la fiesta del pago a la tierra que abre el año agrícola andino, las comunidades quechuas hacen ofrendas rituales llamadas despacho a la pachamama y a los apu, coordinadas por sacerdotes especializados: los paqo, con dos categorías principales, los altomisayoq (que se comunican con los apu mayores) y los pampamisayoq (que hacen ofrendas a la pachamama y a las illa o piedras sagradas). En el ámbito aymara del altiplano boliviano las montañas equivalentes se llaman achachila, y el sistema ritual mantiene estructuras paralelas.

El Ausangate reúne todas las características que definen a un apu supremo: altitud extrema (6.384 metros sitúan la cumbre entre las más altas del Perú), visibilidad desde grandes distancias (se lo ve desde el Cusco a más de cien kilómetros en día despejado), presencia glaciar permanente que alimenta ríos vitales para las cuencas del Vilcanota y del Madre de Dios, ubicación en el nudo geográfico donde se cruzan las jurisdicciones rituales de al menos ocho naciones tradicionales quechuas, y culto documentado desde el siglo XVI hasta hoy. Su santuario más importante, Sinakara, situado a los pies del glaciar Colque Punku («Puerta de Plata») a 4.700 metros de altitud, es hoy el centro de una de las peregrinaciones religiosas más masivas del continente americano y uno de los tres sitios más visitados del calendario ceremonial andino junto con la Virgen de la Candelaria de Puno y el Señor de los Milagros de Lima.

El apu supremo del Cusco y el sistema ceque

El culto al Ausangate es anterior al imperio inca. Los estudios arqueológicos de la Cordillera Vilcanota realizados desde los años 1960 por investigadores peruanos y estadounidenses han identificado restos ceremoniales pre-incas en varios puntos del macizo, atribuidos a las culturas Marcavalle (1000-500 a.C.), Chanapata (500 a.C.-200 d.C.) y Wari (600-1000 d.C.). Cuando los incas consolidaron el Tawantinsuyu en el siglo XV, incorporaron el culto al Ausangate a su propio sistema ceremonial, integrándolo con las 328 huaca del sistema ceque cusqueño. La estrategia imperial no fue borrar los cultos locales sino incluirlos jerárquicamente en la red ritual del imperio, y el Ausangate fue uno de los apu mayores de la sección Collasuyu del sistema.

El sistema ceque, sistematizado por el antropólogo neerlandés R. Tom Zuidema en su obra fundacional The Ceque System of Cuzco (E.J. Brill, Leiden, 1964), organizaba el paisaje sagrado del Cusco imperial en 41 líneas radiales imaginarias que partían desde el Coricancha —el templo del Sol en el centro de la ciudad— hacia los cuatro suyus del imperio. Cada ceque conectaba una serie de huaca —fuentes, piedras, cumbres, tumbas, campos rituales— y cada huaca recibía culto en el día del año en que el Sol o alguna constelación relevante ocupaba la posición astronómica apropiada sobre ella. El Ausangate era una de las huaca terminales más importantes del ceque que se extendía hacia el sureste del Cusco, hacia el Collasuyu, y recibía ofrendas rituales en fechas específicas del calendario ceremonial imperial. Zuidema completó su análisis en La civilización inca en el Cuzco (Fondo de Cultura Económica, México, 1989), obra de síntesis que sigue siendo referencia obligada del andinismo académico.

La integración imperial no borró el carácter local del culto. Después de la caída del Tawantinsuyu en 1533 y del colapso institucional del sistema ceque durante las extirpaciones coloniales de los siglos XVI y XVII, el culto al Ausangate sobrevivió como culto local de las comunidades quechuas del sur peruano. Bernabé Cobo lo menciona en varios pasajes de su Historia del Nuevo Mundo (1653), documentando ofrendas rituales que los quechuas del Cusco seguían haciendo a las cumbres nevadas después de un siglo de evangelización cristiana. La resistencia ritual del culto a los apu es uno de los hechos etnográficos más notables del sur andino colonial, y contrasta con la persecución sistemática que los mismos extirpadores desplegaron contra los cultos costeros a Pachacámac y a otros grandes huaca del litoral peruano.

En el sistema quechua contemporáneo del Cusco, tal como lo describe la antropóloga estadounidense Catherine J. Allen en su etnografía clásica The Hold Life Has: Coca and Cultural Identity in an Andean Community (Smithsonian Institution Press, 1988; edición revisada 2002), los apu son entidades personales con nombre, carácter, jerarquía y biografía ritual. El Ausangate es masculino, poderoso, exigente, algo lejano en su altitud extrema, y de él dependen tanto las lluvias que fertilizan los campos del valle sagrado como los conflictos climáticos que pueden arruinar una cosecha. Los altomisayoq —sacerdotes especializados en comunicación con los apu mayores— viajan al Ausangate en peregrinaciones periódicas para hacer ofrendas y recibir instrucciones rituales que luego transmiten a sus comunidades de origen. Allen basó su etnografía en cinco años de trabajo de campo en Sonqo, una comunidad quechua cercana al macizo del Ausangate, y su libro sigue siendo la descripción etnográfica más rica sobre la vida ritual quechua contemporánea. Otros apu del sur andino como los descritos en Apus comparten estructura y función.

Qoyllur Rit’i: peregrinación de 90.000 personas y sincretismo pre-inca/cristiano

La peregrinación de Qoyllur Rit’i —cuyo nombre en runasimi significa «Estrella Nevada» o «Estrella de la Nieve»— es el evento ritual más masivo del sur peruano contemporáneo. Cada año, el domingo de la Santísima Trinidad (que cae entre finales de mayo y principios de junio según el calendario cristiano móvil), aproximadamente noventa mil peregrinos suben al santuario de Sinakara, situado a 4.700 metros de altitud a los pies del glaciar Colque Punku del Ausangate. La subida se realiza desde la localidad de Mahuayani, cerca de Ocongate, y toma entre seis y ocho horas de caminata por senderos de alta montaña. Los peregrinos proceden de ocho «naciones» tradicionales del sur peruano: nación Paucartambo, nación Quispicanchi, nación Anta, nación Paruro, Acomayo, Urubamba, La Convención y nación Tawantinsuyu, y viajan organizados en comparsas rituales que llevan varios días preparándose antes del ascenso.

El origen sincrético de la peregrinación se sitúa en 1780. Según la tradición oral local, en ese año un niño pastor de la región llamado Mariano Mayta (o Marianito Mayta en las variantes populares) tuvo una aparición milagrosa: se le presentó un niño mestizo con quien se hizo amigo y a quien invitaba a sus juegos y comidas. Cuando las autoridades eclesiásticas cusqueñas fueron a investigar los rumores tras la denuncia de los padres del pastor, encontraron al niño mestizo transformado en una imagen pintada sobre una roca —imagen que todavía se conserva y venera en el santuario de Sinakara. El pequeño templo original fue construido en 1783 por iniciativa del obispado del Cusco, y la fiesta se convirtió rápidamente en centro de peregrinación combinando culto pre-inca al apu Ausangate, culto inca al Sol/Inti y devoción cristiana al Cristo colonial. El calendario cristiano móvil de la Santísima Trinidad se superpuso al calendario astronómico pre-inca sin desplazarlo.

El antropólogo británico Robert Randall demostró en un estudio publicado en 1982 en el Boletín del Instituto Francés de Estudios Andinos (Qoyllur Rit’i, an Inca Fiesta of the Pleiades, Boletín IFEA 11) que la fecha de la fiesta —domingo de la Santísima Trinidad— coincide con la reaparición de la constelación de las Pléyades en el cielo del amanecer cusqueño tras su período anual de invisibilidad. Las Pléyades, llamadas Qoto en runasimi, marcaban en el calendario inca el momento clave de observación astronómica para determinar la calidad del año agrícola siguiente. La fiesta cristiana movible se sincronizó con el evento astronómico pre-inca, y el nombre mismo —»Estrella Nevada»— alude simultáneamente a la aparición de las Pléyades sobre la nieve del Ausangate. La conexión con la Llama Celestial Urcuchillay es directa: ambas figuras del calendario astronómico inca comparten la posición central en el ciclo pronóstico del año agrícola andino.

La antropología social británica, representada especialmente por Michael J. Sallnow en Pilgrims of the Andes: Regional Cults in Cusco (Smithsonian Institution Press, Washington, 1987), ha estudiado en detalle la estructura de la peregrinación. Cada una de las ocho naciones tradicionales envía una comparsa organizada con danzantes rituales específicos: los ukuku (danzantes con máscara y traje de oso, representantes de los ancestros ambivalentes y guardianes de los glaciares), los chukchu (danzantes que representan a las víctimas de la malaria y que simbolizan la reintegración de los excluidos al ciclo ritual), los qhapaq qolla (representantes del altiplano puneño con vestimenta blanca característica) y otras figuras menores. La convivencia entre las ocho naciones durante los tres días de la peregrinación reproduce simbólicamente la unidad ritual del antiguo Tawantinsuyu, y las jerarquías internas de las comparsas mantienen protocolos de precedencia heredados del sistema imperial.

El retroceso glaciar del Colque Punku y el debate ritual contemporáneo

El glaciar Colque Punku, que ocupa la falda occidental del Ausangate y da nombre físico al santuario de Sinakara, ha experimentado un retroceso acelerado desde los años 1980. Las mediciones sistemáticas del Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico del Perú (INGEMMET) y de la Autoridad Nacional del Agua (ANA) indican que la superficie glaciar del Ausangate ha perdido aproximadamente el cuarenta por ciento de su cobertura entre 1980 y 2020, con una aceleración marcada desde 2005. El fenómeno es parte del retroceso glaciar general de la Cordillera Vilcanota y de la Cordillera Blanca peruana, atribuido inequívocamente al cambio climático global por los estudios especializados del International Panel on Climate Change (IPCC) y del propio INGEMMET. Perú es uno de los países del mundo con mayor pérdida glaciar tropical proporcional, y el Ausangate es uno de sus casos emblemáticos.

La consecuencia ritual más visible del retroceso glaciar ha sido el debate sobre la práctica tradicional de los ukuku. Durante siglos, los ukuku de cada nación tradicional escalaban el glaciar Colque Punku durante la peregrinación de Qoyllur Rit’i para bajar bloques de hielo sagrado que luego se repartían entre las comunidades como sustancia mediadora entre humanos y apu. El hielo se llevaba a las comunidades de origen, se derretía en las capillas locales y el agua resultante se usaba para rituales agrícolas y curativos. La práctica combinaba dimensión religiosa, medicinal y ecológica en un solo gesto ritual repetido cada año por decenas de compañías de danzantes, y era considerada uno de los momentos más intensos y peligrosos de toda la peregrinación por la dificultad de la escalada nocturna sobre el hielo del glaciar.

Desde 2010, sin embargo, la Hermandad del Señor de Qoyllur Rit’i y las autoridades locales de las ocho naciones prohibieron formalmente el descenso de bloques de hielo. La decisión se tomó tras varios años de discusiones internas y consultas con las comunidades, en respuesta a la aceleración del retroceso glaciar y a las recomendaciones de las instituciones ambientales peruanas. Los ukuku siguen subiendo al Colque Punku durante la peregrinación —el ascenso es parte esencial de su rol ritual como representantes de los ancestros y guardianes del glaciar— pero ya no bajan hielo. El gesto simbólico ha sido reemplazado por la contemplación reverente del glaciar y por rituales de despedida a los ancestros que allí residen. La modificación es discutida cada año en las asambleas de la Hermandad y ha generado literatura académica sobre adaptación ritual al cambio climático en las revistas especializadas de antropología andina y de estudios de patrimonio inmaterial.

La Nación Q’ero, comunidad quechua tradicional de las altitudes del Ausangate en el distrito de Ocongate, ha desempeñado un papel destacado en las discusiones sobre continuidad ritual y conservación ecológica. Los Q’ero son considerados portadores de una tradición espiritual particularmente conservada, con sacerdotes paqo reconocidos internacionalmente por su formación en las prácticas rituales andinas tradicionales. Han intervenido en reuniones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) para argumentar desde la perspectiva del pensamiento andino que el retroceso del Colque Punku es una consecuencia directa de la ruptura del pacto ritual entre humanidad y territorio sagrado. Su voz internacional coincide con la de otros pueblos indígenas de alta montaña —del Himalaya, del Cáucaso, de los Alpes Suizos— que sitúan la crisis climática global en el marco de un desequilibrio en las relaciones humano-territoriales de larga duración.

Más allá del mito

El culto al Ausangate llega al siglo XXI transformado por al menos tres presiones simultáneas: la evangelización colonial que lo obligó a integrarse con el catolicismo popular en la aparición de 1780; la modernización peruana del siglo XX que lo convirtió en objeto turístico y patrimonio inmaterial de UNESCO en 2011; y el cambio climático contemporáneo que amenaza directamente el glaciar en cuya presencia se realizan sus rituales fundamentales. Ninguna de esas presiones ha extinguido el culto: la peregrinación de Qoyllur Rit’i ha crecido desde unos quince mil peregrinos en los años 1970 hasta los noventa mil actuales, la Nación Q’ero se ha consolidado como voz internacional del pensamiento andino, y la modificación ritual sobre el descenso del hielo demuestra una capacidad de adaptación institucional que refuta cualquier lectura fatalista del cambio cultural. Los apu del sur andino siguen siendo entidades activas del paisaje contemporáneo, y el Ausangate mantiene su lugar central junto a Pariacaca, Wiracocha y Pachamama en la cosmología andina que llega documentada al presente.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el Ausangate?

El Ausangate es un nevado de 6.384 metros de altitud situado en la Cordillera Vilcanota, al sureste de la ciudad de Cusco (Perú), y es el apu supremo del sistema quechua contemporáneo del sur peruano. En el sistema de montañas sagradas de los Andes cusqueños es la cumbre más alta y ocupa la posición jerárquica principal, seguido por el Salkantay, el Ampay y otros apu regionales. Su culto es pre-inca y ha llegado documentado hasta el siglo XXI.

¿Qué es el sistema ceque del Cusco?

Es el sistema ritual imperial inca que organizaba el paisaje sagrado del Cusco en 41 líneas radiales imaginarias partiendo del Coricancha, el templo del Sol, hacia los cuatro suyus del imperio. Conectaba 328 huaca —fuentes, piedras, cumbres, tumbas— y cada huaca recibía culto en el día del año en que el Sol o alguna constelación relevante ocupaba la posición astronómica apropiada. El Ausangate era una de las huaca terminales más importantes del ceque hacia el Collasuyu, sistematizado por R. Tom Zuidema en 1964.

¿Qué es la peregrinación de Qoyllur Rit’i?

Es una peregrinación masiva anual al santuario de Sinakara, a los pies del glaciar Colque Punku del Ausangate. Cada domingo de la Santísima Trinidad, aproximadamente noventa mil peregrinos de ocho naciones tradicionales del sur peruano suben a Sinakara para venerar simultáneamente al apu pre-inca, a las Pléyades del calendario astronómico inca y al Cristo del Señor de Qoyllur Rit’i (aparición milagrosa de 1780). Fue inscrita por UNESCO en 2011 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

¿Quiénes son los ukukus y por qué ya no bajan hielo del glaciar?

Los ukuku son danzantes rituales con máscara y traje de oso-hombre, representantes de los ancestros ambivalentes de cada nación tradicional participante en la peregrinación. Durante siglos escalaron el glaciar Colque Punku para bajar bloques de hielo sagrado que se repartían entre las comunidades. Desde 2010, la Hermandad del Señor de Qoyllur Rit’i prohibió formalmente esta práctica debido al retroceso acelerado del glaciar —aproximadamente cuarenta por ciento de superficie perdida entre 1980 y 2020— por el cambio climático global.

¿Qué papel tiene la Nación Q’ero en el debate contemporáneo?

La Nación Q’ero es una comunidad quechua tradicional situada en las altitudes del Ausangate, en el distrito de Ocongate, considerada portadora de una tradición espiritual particularmente conservada. Sus sacerdotes paqo han intervenido internacionalmente sobre el retroceso glaciar como manifestación de un desequilibrio en las relaciones entre humanos y apu, y participan en reuniones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático desde el pensamiento andino, coincidiendo con voces de otros pueblos indígenas de alta montaña del mundo.

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