Hun Batz, el hermano mono mayor del Popol Vuh maya k’iche’

En síntesis. Hun Batz (en grafía k’iche’ moderna Jun Bʼatzʼ, «Uno Mono Aullador») es, junto con su hermano Hun Chuen (Jun Chuwen, «Uno Mono»), el hermano mayor mono-aullador del Popol Vuh, el libro sagrado de los k’iche’ guatemaltecos. Hijos del primer matrimonio de Hun Hunahpú con Xbaquiyalo, son músicos y artistas expertos que maltratan a sus medios-hermanos Hunahpú e Ixbalanqué; los gemelos los transforman para siempre en monos aulladores mediante la treta del árbol de canté. En el clásico maya (250-900 d.C.) aparecen como patronos divinos de los escribas —los ah k’u hun, «señores de los libros»— y de los músicos y bailarines de las cortes reales.

Ficha rápidaDetalle
NombreHun Batz (Recinos 1947) / Jun Bʼatzʼ (Sam Colop 1999); «Uno Mono Aullador»
Hermano paraleloHun Chuen (Jun Chuwen), «Uno Mono»; siempre aparecen como pareja
PadresHun Hunahpú y Xbaquiyalo; medios-hermanos mayores de Hunahpú e Ixbalanqué
CulturaMaya k’iche’ (Guatemala) del Popol Vuh; iconografía panmaya del clásico (250-900 d.C.)
FuentesPopol Vuh (Newberry MS 1515, Ximénez ~1701); Recinos 1947, Tedlock 1985/96, Sam Colop 1999/2008

Hun Batz es una de las figuras más singulares del Popol Vuh: hermano mayor caído en desgracia, mono aullador y a la vez patrono divino de los artistas mayas. Su nombre en k’iche’Jun Bʼatzʼ, «Uno Mono Aullador»— corresponde a un día del calendario ritual de 260 días, el tzolk’in, que aún se cuenta hoy en las tierras altas de Guatemala. Junto con Hun Chuen (Jun Chuwen, «Uno Mono»), forma una pareja fraterna arquetípica del corpus maya k’iche’.

El episodio narrativo es breve pero contundente. Hijos del primer matrimonio de Hun Hunahpú con Xbaquiyalo, quedan huérfanos cuando su padre y su tío Vucub Hunahpú son sacrificados en el inframundo por los señores de Xibalbá (Vucub Camé y Hun Camé). Años después nacen sus medios-hermanos Hunahpú e Ixbalanqué, hijos de Hun Hunahpú con Ixquic (Xkik), la princesa xibalbana que quedó embarazada al recibir el escupitajo de la calavera del padre muerto. Los mayores maltratan a los pequeños hasta que estos les devuelven la afrenta con una treta: los envían a un árbol de canté a bajar pájaros, el árbol crece mágicamente, y al intentar bajar, los taparrabos de los mayores se convierten en colas y ellos en monos aulladores para siempre.

La transformación tiene doble cara. Es castigo por el maltrato; pero también es consagración divina. En la iconografía del clásico maya (250-900 d.C.), los monos-escribas pintando o escribiendo en códices de huun (papel amate) aparecen con frecuencia en cerámica, murales y estelas. Michael D. Coe los identificó en 1978 con Hun Batz y Hun Chuen, y desde entonces se consideran patronos divinos de los ah k’u hun («señores de los libros»), es decir, los escribas mayas de las cortes clásicas, además de patronos de músicos, cantantes y bailarines. La caída fraterna termina en apoteosis artística.

El hermano mayor mono-aullador del Popol Vuh y su transformación

La saga de Hun Batz y Hun Chuen es un ciclo dentro del ciclo mayor del Popol Vuh. La primera parte cuenta cómo su padre Hun Hunahpú, junto con su tío Vucub Hunahpú, es convocado al inframundo Xibalbá por los señores Vucub Camé y Hun Camé. Los dos hermanos pierden en el juego de pelota ritual, son sacrificados, y la cabeza de Hun Hunahpú queda colgada en un árbol de jícaro en la frontera del inframundo. De ese árbol brotan frutos milagrosos; la princesa xibalbana Ixquic (Xkik) se acerca por curiosidad, recibe un escupitajo en la mano, y queda embarazada. Escapa del inframundo y sube al mundo de arriba, donde da a luz a los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué.

En ese mundo de arriba viven ya Hun Batz y Hun Chuen, los medios-hermanos mayores, hijos del primer matrimonio de Hun Hunahpú con Xbaquiyalo (o Ixbaquiyalo, según la grafía). Los mayores han heredado los saberes del padre muerto: son cantantes, flautistas, pintores, escribas. Se dedican al arte con maestría. Cuando Ixquic llega con los gemelos recién nacidos, los mayores los reciben mal. Los maltratan, no los dejan comer, les niegan cuidados, los envían al monte a cazar pájaros con la cerbatana mientras ellos comen tranquilos en casa. Es el maltrato de los primogénitos hacia los menores, un motivo folclórico casi universal en las narrativas fraternas del mundo antiguo. Los gemelos aguantan durante un tiempo sin quejarse; devuelven cada día pájaros y chapulín-langosta que cazan en la sabana; comen las sobras que los mayores dejan en el metate; duermen fuera de la casa, cerca de la ceiba del solar. Sam Colop, en su versión poética de 1999, insiste en que la abuela Xmucané —presente en el hogar— tampoco interviene: consiente el maltrato de los primogénitos porque son los herederos formales del linaje muerto y los pequeños son intrusos genealógicos, hijos de una xibalbana escapada del inframundo.

La venganza de los gemelos es memorable. Un día llegan a casa con las manos vacías y explican a la abuela Xmucané que los pájaros que cazaron con la cerbatana se quedaron atascados en un árbol de canté (cedro rojo). Piden a Hun Batz y Hun Chuen que suban a bajarlos. Los mayores suben; y el árbol, por arte de magia, empieza a crecer y crecer, elevándolos cada vez más alto. Asustados, intentan bajar, y en ese momento los taparrabos que llevan a la cintura se transforman en colas largas. La transformación completa a monos aulladores es inmediata e irreversible: Jun Bʼatzʼ y Jun Chuwen, literalmente «Uno Aullador» y «Uno Mono», quedan atrapados en su nueva forma animal.

Los gemelos vuelven a casa y explican a la abuela lo sucedido. Le dicen que llame a los hermanos con música, pero le advierten que ella no debe reírse cuando aparezcan, porque si se ríe los mayores no podrán recuperar su forma humana. La abuela llama tres veces con música; los monos bajan del monte, dan vueltas, hacen muecas, y a la tercera Xmucané no puede contener la risa. La transformación queda sellada. Hun Batz y Hun Chuen se van al monte, y quedan allí para siempre como monos aulladores. En el mundo maya la transformación humano-animal es una metamorfosis frecuente en el corpus mítico, y no equivale a muerte: los mayores siguen existiendo, siguen siendo hermanos, pero cambian de forma.

El detalle folclórico es rico. La abuela intenta contener la risa tres veces; a la cuarta llamada los monos ya no bajan del monte, porque saben que la transformación es definitiva. La tradición k’iche’ comentada por Tedlock con Andrés Xiloj Peruch en Momostenango subraya que la abuela ríe también por ternura: los antiguos hermanos, ahora monos, hacen las mismas muecas artísticas que hacían de humanos —los mismos gestos de flautista, de bailarín, de escriba en trance—, y esa persistencia de la maestría dentro de la nueva forma animal es lo que provoca la risa incontenible. La transformación no borra al artista: lo traslada al cuerpo del mono aullador que canta desde las copas de la ceiba sagrada al amanecer.

Los monos-escribas en la iconografía del clásico maya (250-900 d.C.)

La transformación en monos aulladores no termina el ciclo mítico: lo abre. En la iconografía del clásico maya (250-900 d.C.) —siglos antes de la compilación colonial del Popol Vuh— los monos-escribas son un motivo recurrente en cerámica policroma, murales y códices. Aparecen sentados frente a un códice abierto de huun (papel amate maya, hecho de corteza de ficus), sosteniendo un pincel o un punzón, escribiendo o pintando glifos. A veces uno solo, a veces dos: la pareja mono-escriba es directamente identificable con Hun Batz y Hun Chuen del Popol Vuh.

Michael D. Coe, en su obra clásica Lords of the Underworld: Masterpieces of Classic Maya Ceramics (Princeton University Press, 1978), sistematizó por primera vez el catálogo iconográfico de estos monos-escribas y propuso su identificación con los hermanos mayores del Popol Vuh. Justin Kerr, en la serie The Maya Vase Book (seis volúmenes entre 1989 y 2000), catalogó decenas de ejemplos rollout-photographed en fotografía panorámica de cerámica policroma del período clásico tardío (600-900 d.C.), especialmente del área de Naranjo, Motul de San José y el Petén guatemalteco. La imagen es siempre reconocible: mono aullador con cabeza inclinada sobre un códice, brazo extendido con pincel en mano, glifos brotando de la superficie de la escritura.

Los monos-escribas son los patronos divinos de los ah k’u hun, título maya clásico que designa a los «señores de los libros» —los escribas de las cortes reales—. En el clásico maya la casta escribana era altísima: los escribas eran hijos segundones de la nobleza, a menudo ajaw (señores) de rango secundario, encargados de mantener los códices genealógicos, astronómicos y rituales. Escribir era acto sagrado; los códices eran objetos vivos. Que los patronos divinos de esta casta fueran los hermanos mayores caídos en desgracia y transformados en monos aulladores tiene una lógica interna curiosa: la maestría artística nace también del defecto moral, de la humillación, del arrepentimiento.

Además de escribas, Hun Batz y Hun Chuen son patronos de músicos, cantantes, flautistas, bailarines y actores. En algunas vasijas aparecen tocando instrumentos —maracas, tambores rituales, flautas de barro—, con la posición corporal exagerada de los danzantes. Las cortes mayas del clásico tardío tenían compañías de músicos y bailarines rituales que actuaban en las plazas ceremoniales durante los ritos calendáricos; los patronos de esos artistas eran, por línea directa, los hermanos mono-aulladores del Popol Vuh. La memoria oral k’iche’ de las tierras altas del siglo XVI todavía conservaba ese vínculo, y por eso la compilación colonial pudo trasladarlo al manuscrito. La estela H de Copán, algunos dinteles de Yaxchilán y un buen número de vasos-códice del Petén contienen ejemplos iconográficos ya catalogados.

El ejemplo más célebre del motivo es el llamado Vaso de los Escribas, cerámica policroma del clásico tardío procedente del área de Naranjo (Petén guatemalteco), conservado hoy en varias colecciones dispersas y fotografiado por Kerr con el número K1185 de su catálogo rollout. En él aparecen dos monos-escribas sentados frente a frente, con la cabeza inclinada sobre códices abiertos, un pincel en la mano derecha y una pluma quetzal como atributo detrás del hombro. Los glifos que salen del pincel forman cartuchos con nombres calendáricos del tzolk’in. Es la representación canónica del motivo, y la que Coe usó en 1978 para proponer la identificación con Hun Batz y Hun Chuen. Otras piezas notables son la vasija K1225 del mismo Kerr, el vaso de Actún Balam (Belice) y el fragmento del sitio Motul de San José que muestra un mono-escriba con un rollo de huun en la mano izquierda.

El motivo tiene también expresión en la escultura monumental. En Copán, ciudad clásica de la actual Honduras, la casa 9N-82 —conocida como la «Casa del Escriba»— contiene relieves de figuras humanas con atributos de mono, sentadas ante códices abiertos, que se han identificado como escribas patrocinados por los hermanos mayores. Y en el itzam —el llamado God N de la iconografía maya, deidad anciana asociada al interior de la tierra y a la maestría del oficio artesanal— aparece a veces representado con rasgos simiescos que remiten al mismo complejo iconográfico. La red de vínculos iconográficos entre monos-escribas, ancianos itzam, escribas humanos y patronazgo divino es densa, y sigue siendo objeto de investigación activa en la arqueología maya del siglo XXI.

De Francisco Ximénez a Sam Colop: la construcción del corpus Popol Vuh en tres siglos

El texto que llamamos Popol Vuh tiene una historia editorial de casi tres siglos. El manuscrito original, compilado hacia 1554-1558 por notables k’iche’ anónimos de Santa Cruz del Quiché (Guatemala) a partir de fuentes orales precolombinas —posiblemente también de códices jeroglíficos hoy perdidos—, permaneció oculto en la comunidad hasta que hacia 1701 el fraile dominico Francisco Ximénez, párroco de Santo Tomás Chichicastenango, tuvo acceso a él. Ximénez lo transcribió en columna paralela k’iche’-castellano y lo incorporó a su obra manuscrita Empiezan las historias del origen de los indios de esta provincia de Guatemala. Ese manuscrito ximeneño se conserva hoy en la Newberry Library de Chicago (Ayer MS 1515) y es la única fuente textual del Popol Vuh: no existe copia independiente.

La difusión moderna del texto empieza en el siglo XIX. Karl Scherzer publicó en 1857 la versión castellana de Ximénez en Viena; Charles Étienne Brasseur de Bourbourg imprimió en París en 1861 la primera edición crítica con traducción francesa. Pero la edición canónica en español no llega hasta 1947, cuando Adrián Recinos —diplomático y erudito guatemalteco— publica en el Fondo de Cultura Económica de México su Popol Vuh: Las antiguas historias del Quiché, traducción directa del k’iche’ con introducción y notas históricas. La versión Recinos es la que ha leído desde entonces todo el mundo hispanohablante, y todavía se reedita continuamente.

En inglés, la edición de referencia académica fue durante décadas la de Munro S. Edmonson, The Book of Counsel: The Popol-Vuh of the Quiché Maya of Guatemala (Middle American Research Institute, Tulane University, 1971), con formato de verso paralelístico. Pero fue Dennis Tedlock, con Popol Vuh: The Mayan Book of the Dawn of Life (Simon & Schuster, Nueva York, 1985; edición revisada 1996), quien introdujo la lectura performativa: Tedlock trabajó durante años en Momostenango con ajq’ijab’ («guardianes del día», especialistas rituales k’iche’), especialmente con Andrés Xiloj Peruch, y su traducción refleja esa colaboración etnográfica. Su versión es hoy la más leída en el mundo académico anglosajón. Poco después, Allen J. Christenson publicó Popol Vuh: The Sacred Book of the Maya (Winchester, 2003; edición Oklahoma 2007), con un aparato filológico exhaustivo y edición interlineal k’iche’-inglés.

La ruptura contemporánea llega en 1999, cuando el lingüista k’iche’ guatemalteco Luis Enrique Sam Colop publica Popol Wuj: Versión poética k’iche’ en la editorial Cholsamaj de Guatemala (reeditada en 2008 por el Fondo de Cultura Económica de México). Sam Colop —hablante nativo de k’iche’, doctorado en lingüística por la Universidad de Buffalo, columnista de Prensa Libre hasta su muerte en 2011— restituye el texto en versos paralelísticos siguiendo las convenciones poéticas del k’iche’ ceremonial, y ofrece por primera vez una lectura desde dentro de la comunidad de origen. Su edición es hoy la referencia entre lingüistas mayas y en el movimiento de revitalización cultural k’iche’ contemporáneo. La grafía Jun Bʼatzʼ (en lugar del clásico Hun Batz de Ximénez y Recinos) proviene de esta normalización moderna, adoptada oficialmente por la Academia de Lenguas Mayas de Guatemala.

El contexto histórico que hace posible la compilación del Popol Vuh en el siglo XVI fue reconstruido con especial detalle por Robert M. Carmack en The Quiché Mayas of Utatlán: The Evolution of a Highland Guatemala Kingdom (University of Oklahoma Press, Norman, 1981). Carmack combinó etnohistoria colonial, arqueología del sitio Q’umarkaj (Utatlán, la capital k’iche’ prehispánica destruida por Pedro de Alvarado en 1524) y trabajo de archivo en la comunidad de Momostenango para mostrar cómo los linajes k’iche’ nobles del posclásico tardío —los Kaweqib’, los Nijayib’, los Ajaw K’iche’ y los Saqik— mantuvieron sus registros genealógicos y religiosos incluso tras la conquista, y cómo esos registros alimentaron la compilación colonial anónima que Ximénez encontró siglo y medio después. El Popol Vuh no es texto etéreo: es documento político-religioso de una casta noble k’iche’ concreta, la que había gobernado desde Q’umarkaj hasta 1524.

Una mirada final

Hun Batz y Hun Chuen ocupan un lugar peculiar en el Popol Vuh: no son héroes ni villanos, son hermanos caídos, transformados y consagrados. Su breve saga —el maltrato a los pequeños, la venganza del árbol de canté, la metamorfosis en monos aulladores, la consagración como patronos de los artistas— es un episodio corto en el ciclo mayor de los Héroes Gemelos, pero de gran densidad narrativa. La continuidad iconográfica documentada por Michael Coe (1978) y Justin Kerr (1989-2000) entre los monos-escribas del clásico (250-900 d.C.) y los hermanos mayores del manuscrito colonial demuestra que el motivo es antiguo, y que la compilación k’iche’ del siglo XVI trabajaba con memoria oral de siglos.

En la k’iche’-mayaland contemporánea —las tierras altas guatemaltecas de Chichicastenango, Momostenango, Sololá, Nahualá, Totonicapán— el Popol Vuh ha vuelto a ser texto vivo. La normalización ortográfica del k’iche’ por la Academia de Lenguas Mayas, el trabajo lingüístico de Luis Enrique Sam Colop (Popol Wuj, 1999/2008), la enseñanza escolar bilingüe y el movimiento cultural maya postguerra civil han recuperado el texto para sus lectores originales. Los ajq’ijab’ —guardianes del día del calendario ritual de 260 días— siguen contando los días Bʼatzʼ («Mono») como día de patrocinio de los tejedores, los músicos y los artistas. El vínculo entre el día del calendario, el mito narrativo del Popol Wuj, y la iconografía del clásico se mantiene vivo en tres milenios de continuidad cultural.

Es también útil colocar la figura en su contexto mesoamericano más amplio. La pareja fraterna del Popol Vuh —Hun Batz y Hun Chuen como hermanos mayores caídos, Hunahpú e Ixbalanqué como gemelos triunfantes, Xpiyacoc y Xmucané como abuelos ancestrales, Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú como padre y tío sacrificados— compone un tejido genealógico complejo que en el mundo maya del clásico se traducía en el sistema patronal de las cortes reales. Cada personaje divino tenía su patrocinio específico: los Tohil, Awilix y Hacavitz como dioses tutelares de los linajes k’iche’ fundacionales; los bacabes como sostenes de las cuatro esquinas del mundo; los Kan Bacab, Cauac Bacab y Zac Cimi como bacabes cardinales. En ese sistema, los mono-escribas ocupan el papel específico de patronos del oficio artístico. Que ese patronazgo derivara de una caída fraterna —del maltrato original de los mayores a los pequeños— es un recordatorio maya de que la maestría, incluso divina, tiene siempre una raíz humana ambivalente. Miguel Ángel Asturias, en Hombres de maíz (Losada, Buenos Aires, 1949), reelaboró literariamente ese sistema mítico k’iche’ desde una prosa modernista guatemalteca; una lectura que hoy vale como puente entre el manuscrito de Ximénez y la restitución poética de Sam Colop.

Preguntas frecuentes

¿Quiénes son Hun Batz y Hun Chuen?

Son los hermanos mayores mono-aulladores del Popol Vuh, el libro sagrado de los k’iche’ guatemaltecos. En grafía k’iche’ moderna son Jun Bʼatzʼ («Uno Mono Aullador») y Jun Chuwen («Uno Mono»). Hijos del primer matrimonio de Hun Hunahpú con Xbaquiyalo, quedan huérfanos cuando su padre muere en el inframundo Xibalbá. Años después nacen sus medios-hermanos Hunahpú e Ixbalanqué, hijos de Hun Hunahpú con Ixquic. Hun Batz y Hun Chuen maltratan a los pequeños, y los gemelos se vengan transformándolos en monos aulladores para siempre.

¿Cómo se transforman en monos aulladores?

La transformación ocurre por la treta del árbol de canté. Los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué llegan a casa diciendo que los pájaros que cazaron con la cerbatana quedaron atascados en un árbol y piden a los mayores que suban a bajarlos. Cuando Hun Batz y Hun Chuen suben al árbol de canté, este empieza a crecer mágicamente hasta llegar al cielo. Los mayores intentan bajar, y en ese momento sus taparrabos se convierten en colas largas y ellos en monos aulladores. La abuela Xmucané intenta llamarlos con música pero al reírse sella la transformación para siempre.

¿Por qué son patronos de los escribas mayas?

Porque antes de la transformación eran músicos, artistas y escribas expertos, herederos de los saberes de su padre Hun Hunahpú. La caída en desgracia no anula esa maestría: la convierte en patrocinio divino. En la iconografía del clásico maya (250-900 d.C.) los monos-escribas aparecen sentados frente a códices de huun (papel amate) escribiendo con pincel; Michael D. Coe los identificó en 1978 con Hun Batz y Hun Chuen. Son los patronos divinos de los ah k’u hun, los «señores de los libros» de las cortes mayas clásicas, y también de músicos, cantantes y bailarines.

¿Qué edad tiene la iconografía del mono-escriba maya?

Al menos 1.500 años documentados. Los monos-escribas aparecen en cerámica policroma del clásico maya (250-900 d.C.), especialmente en el área de Naranjo, Motul de San José y el Petén guatemalteco. Michael D. Coe sistematizó el catálogo en 1978 en Lords of the Underworld; Justin Kerr fotografió decenas de ejemplos en la serie The Maya Vase Book (1989-2000). Que el mismo motivo aparezca en el Popol Vuh del siglo XVI demuestra la continuidad de la memoria mítica maya durante al menos mil años, y probablemente más.

¿Cuál es la mejor edición del Popol Vuh para leer hoy?

Depende del propósito. En español, la edición canónica es Adrián Recinos, Popol Vuh: Las antiguas historias del Quiché (FCE, 1947; múltiples reediciones), la más leída y accesible. En inglés, Dennis Tedlock, Popol Vuh: The Mayan Book of the Dawn of Life (Simon & Schuster, 1985; rev. 1996) sigue siendo la referencia académica. Para lectura desde la comunidad k’iche’ contemporánea, Luis Enrique Sam Colop, Popol Wuj: Versión poética k’iche’ (Cholsamaj 1999; FCE 2008) es imprescindible. Para lectores exigentes, Allen J. Christenson, Popol Vuh: The Sacred Book of the Maya (Oklahoma 2007) ofrece edición interlineal.

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