Habaturi, padre de las aguas y del héroe warao Haburi

Para empezar. Habaturi es el «padre-de-las-aguas» del panteón warao del delta del Orinoco y padre biológico del héroe cultural Haburi según el ciclo mítico canónico registrado por Johannes Wilbert en Folk Literature of the Warao Indians (UCLA Latin American Center, Los Angeles, 1970). Su nombre en lengua warao se descompone según el Manual de la lengua warao de Antonio Vaquero Rojo (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 1965) en haba (‘agua’) más el sufijo respetuoso -turi (marcador agentivo equivalente aproximado a ‘señor’ o ‘dueño’), literalmente ‘Señor-de-las-Aguas’ o ‘Dueño-de-las-Aguas’. Es el regidor de las lluvias, los ríos y los recursos ictícolas del bajo delta orinoquense —cachama, palometa, bagre, curbinata, roncador— y aparece identificado en variantes documentadas por Wilbert (1993) con el Kanobo del norte, uno de los kanobotuma o «padres del mundo» del sistema cardinal warao. El ciclo Habaturi-Haburi-Wauta es una de las secuencias narrativas más extensamente documentadas del corpus warao, con la versión canónica de Wilbert (1970) y variantes en castellano registradas por Basilio Barral en Guarao Guarata: Lo que cuentan los indios guaraos (Fundación La Salle de Ciencias Naturales, Caracas, 1958). Los pescadores warao siguen invocando a Habaturi con ofrenda de tabaco al agua antes de partir a los caños del delta, práctica ritual documentada por Werner Wilbert en Fitoterapia warao (Fundación La Salle, Caracas, 1996).

Origen culturalPueblo warao, autónimo compuesto de wa (‘canoa’) y arao (‘gente’), literalmente ‘gente de canoa’; grafía colonial guarao; lengua warao (aislada, sin filiación probada con otras familias amerindias); asentamientos principales en el Delta Amacuro venezolano y comunidades transfronterizas en Guyana; población estimada en unas 49.000 personas en Venezuela según el censo del Instituto Nacional de Estadística de 2011, más aproximadamente 10.000 refugiados registrados por ACNUR en Brasil desde 2015 (Boa Vista y Manaus); residencia tradicional en janoko, palafito comunal sobre las aguas del delta; economía tradicional de pesca fluvial de cachama, palometa, bagre y curbinata, recolección de fécula del moriche (Mauritia flexuosa) y cultivo estacional del ojidu (yuca)
TipoPadre-de-las-aguas del panteón warao; padre biológico del héroe cultural Haburi en el ciclo mítico canónico registrado por Johannes Wilbert (UCLA 1970); regidor de las lluvias, los ríos y los recursos ictícolas del bajo delta del Orinoco; identificado en variantes documentadas por Wilbert (Harvard 1993) con el Kanobo del norte, uno de los kanobotuma o padres del mundo del sistema cardinal descentralizado del panteón warao; distinto de Nabarima (padre cardinal del sur encarnado topográficamente en el cerro de Trinidad)
Función míticaRegencia de las aguas del delta del Orinoco (caños principales, lluvias estacionales, ciclo de creciente y estiaje); dominio sobre la ictiofauna del bajo Orinoco (cachama, palometa, bagre rayado, curbinata, roncador); paternidad biológica del héroe cultural Haburi, protagonista de la secuencia canónica Habaturi-Haburi-Wauta; ordenamiento etiológico del paisaje del delta (los caños marcados por sus movimientos, los bancos de pesca por sus dedos); receptor de la ofrenda ritual de tabaco por parte de los pescadores warao antes de partir a los caños
AtestaciónJohannes Wilbert, Folk Literature of the Warao Indians (UCLA Latin American Center, Los Angeles, 1970); Johannes Wilbert, Mystic Endowment: Religious Ethnography of the Warao Indians (Harvard University Press, Cambridge MA, 1993); Basilio Barral, Guarao Guarata: Lo que cuentan los indios guaraos (Fundación La Salle de Ciencias Naturales, Caracas, 1958); Basilio Barral, Diccionario guarao-español (Fundación La Salle, Caracas, 1957); Antonio Vaquero Rojo, Manual de la lengua warao (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 1965); Antonio Vaquero Rojo, Idioma warao: Morfología, sintaxis, literatura (UCAB, Caracas, 1965); Werner Wilbert, Fitoterapia warao (Fundación La Salle, Caracas, 1996); Egleé López-Zent y Stanford Zent, publicaciones sobre etnobotánica warao (Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, Caracas, 1990s en adelante); Miguel Ángel Perera, La provincia fantasma: Guayana siglo XVII (Universidad Central de Venezuela, Caracas, 2003)
Vigencia hoyInvocación por parte de los pescadores warao con ofrenda de tabaco al agua antes de partir a los caños del delta (bajo Orinoco: caños Winikina, Mariusa, Guayo, Araguabisi, Manamo, Macareo); mediación de los bahanarotu (chamanes menores especializados en curación) cuando la pesca ha sido escasa por tiempo prolongado; mediación de los hoarotu (chamanes especializados en el trato con los hebu) cuando se sospecha ofensa por incumplimiento de las prohibiciones rituales; invocación anual por los wisiratu (chamanes principales) junto a los demás kanobotuma; enseñanza del ciclo Habaturi-Haburi-Wauta en las escuelas interculturales bilingües del Delta Amacuro desde la década de 1990; redistribución de la práctica ritual a la diáspora warao en Brasil (Boa Vista y Manaus) desde 2015

Habaturi encabeza, junto a Kanobo («Nuestro Abuelo»), el estrato paternal del panteón warao. Su función específica es la regencia de las aguas del delta del Orinoco: los ríos principales que estructuran el paisaje del bajo Orinoco (Manamo, Macareo, Mariusa), los caños menores que constituyen la red hidrográfica del delta, las lluvias estacionales que marcan el ciclo de creciente y estiaje, los bancos de pesca del bajo Orinoco donde se concentra la ictiofauna del pueblo. Es también el padre biológico del héroe cultural Haburi, protagonista del ciclo mítico central del corpus warao registrado sistemáticamente por Johannes Wilbert en Folk Literature of the Warao Indians (UCLA Latin American Center, Los Angeles, 1970) y sintetizado en su etnografía religiosa integral Mystic Endowment: Religious Ethnography of the Warao Indians (Harvard University Press, Cambridge MA, 1993). La primera versión completa del ciclo en castellano procede del misionero capuchino aragonés Basilio Barral, que trabajó entre los warao del delta desde 1932 y publicó Guarao Guarata: Lo que cuentan los indios guaraos en Caracas en 1958 bajo el sello de la Fundación La Salle de Ciencias Naturales.

La etimología del nombre Habaturi queda precisada en el Manual de la lengua warao de Antonio Vaquero Rojo (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 1965) y en su posterior Idioma warao: Morfología, sintaxis, literatura (UCAB, Caracas, 1965): la raíz haba significa ‘agua’ en warao (elemento primordial que sostiene el paisaje del delta), y el sufijo -turi es marcador agentivo respetuoso equivalente aproximado a ‘señor’ o ‘dueño’, reservado en la morfología warao para categorías rituales elevadas. La traducción literal ‘Señor-de-las-Aguas’ o ‘Dueño-de-las-Aguas’ aparece consistentemente en el registro de Wilbert (1970, 1993) y en Barral (1958). En variantes documentadas por Wilbert en Mystic Endowment (Harvard 1993), Habaturi queda identificado con el Kanobo del norte —uno de los kanobotuma o padres del mundo por cada dirección cardinal—, en un sistema descentralizado paralelo al que asigna Nabarima como padre cardinal del sur, encarnado topográficamente en el cerro visible desde el bajo delta y desde la costa sur de la isla de Trinidad.

El ciclo mítico Habaturi-Haburi-Wauta es una de las secuencias narrativas más extensamente documentadas del corpus warao. Habaturi era casado con una mujer humana, madre biológica del futuro héroe Haburi; la anciana Wauta (rana o mujer-rana, figura ambigua del panteón) engañó a la madre y robó al niño recién nacido, criándolo como si fuera hijo suyo; al crecer y descubrir su filiación verdadera, Haburi huyó con la madre biológica reencontrada; Habaturi guió desde las aguas del delta el reencuentro final de madre e hijo y ordenó la ecología del bajo Orinoco marcando con sus movimientos los caños principales y con sus dedos los bancos de pesca. La versión canónica en warao con traducción al inglés está en Wilbert (1970); la versión en castellano en Barral (1958). Los pescadores warao siguen invocando a Habaturi con ofrenda de tabaco al agua antes de partir a la pesca en los caños, práctica ritual continuada documentada por Werner Wilbert en Fitoterapia warao (Fundación La Salle, Caracas, 1996) y por Egleé López-Zent y Stanford Zent del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) en trabajos sobre etnobotánica y ecología ritual del delta desde la década de 1990.

El padre-de-las-aguas y del héroe cultural warao

Habaturi ocupa un lugar preciso en la estructura del panteón warao documentado por Johannes Wilbert. Su función principal es la regencia de las aguas del delta del Orinoco como territorio ceremonial y ecológico: los caños Winikina, Mariusa, Guayo, Araguabisi, Manamo, Macareo y demás cursos del bajo Orinoco están bajo su dominio, así como las lluvias estacionales que marcan el ciclo de creciente y estiaje del delta. Wilbert (1993) documenta que las poblaciones ictícolas —cachama (Colossoma macropomum), palometa (Serrasalmus rhombeus), bagre rayado (Pseudoplatystoma tigrinum), curbinata (Plagioscion squamosissimus), roncador (Micropogonias furnieri)— reciben su abundancia estacional del cuidado de Habaturi, y que los pescadores warao deben respetar ciertas prohibiciones rituales para no ofender al padre-de-las-aguas: no descartar peces enteros al agua, no capturar hembras grávidas fuera de los ciclos permitidos, respetar los caños marcados por los aidamo como territorio ritual del padre.

El nombre Habaturi, según la morfología precisada por Antonio Vaquero Rojo en el Manual de la lengua warao (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 1965) y ampliada en su posterior Idioma warao: Morfología, sintaxis, literatura (UCAB, Caracas, 1965), se descompone en tres elementos: haba (‘agua’, sustantivo primordial que sostiene el paisaje del delta), -tu- (interfijo posesivo) y -ri (sufijo agentivo respetuoso). La traducción literal más precisa sería ‘aquel-que-tiene-como-suya-el-agua’ o ‘poseedor-respetuoso-de-las-aguas’, simplificada en castellano por Barral (1958) como ‘Padre-de-las-Aguas’ o ‘Señor-de-las-Aguas’. La distinción con Nabarima (‘Padre-de-las-Aguas’ del sur, encarnado en el cerro de Trinidad) es de función y de referente: mientras Nabarima es padre cardinal del sur del sistema de kanobotuma, encarnado en accidente geográfico topográfico visible, Habaturi es padre ecológico especializado en la ictiofauna y la hidrografía del delta, sin encarnación topográfica específica pero con dominio directo sobre los recursos acuáticos.

La identificación de Habaturi con el Kanobo del norte aparece en variantes recopiladas por Wilbert (1993) en el capítulo tercero de Mystic Endowment. El sistema descentralizado de kanobotuma (padres del mundo por cada dirección cardinal) admite dos lecturas superpuestas: por un lado, los cuatro cerros o accidentes geográficos cardinales (Nabarima al sur, Ariawara al este, y otros por cada dirección restante); por otro, los cuatro señores ecológicos que rigen cada dirección desde su elemento propio. Habaturi aparece en la segunda lectura como Kanobo del norte, señor ecológico del elemento acuático, distinto del Kanobo del sur (encarnado geográficamente en Nabarima) y de los kanobotuma este y oeste. La sistematización más precisa es la del propio Wilbert (1993), quien reconoce las variantes locales de la clasificación entre las comunidades de los distintos caños del delta.

La función parental de Habaturi respecto al héroe cultural Haburi queda establecida en el ciclo mítico central del corpus warao. Haburi es el protagonista humano de la secuencia narrativa que enseña las artes fundamentales al pueblo warao (la elaboración de la wa o canoa monóxila del moriche, la construcción del janoko palafito comunal, la técnica de la pesca en los caños del delta), y Habaturi es su padre biológico según la variante canónica registrada por Wilbert (1970). El nombre Haburi (‘el que abre camino’ o ‘el que abre paso’, según etimología de Vaquero Rojo 1965) queda emparentado con el nombre paterno Habaturi por la raíz compartida hab-, que remite al elemento acuático primordial. Barral (1958) documenta la misma filiación en su versión castellana, con menor precisión etimológica que Vaquero Rojo pero con la secuencia narrativa completa y con acceso directo a los narradores aidamo del alto delta en las décadas de 1930 a 1950.

El ciclo Habaturi-Haburi-Wauta según Wilbert (1970) y Barral (1958)

El ciclo mítico Habaturi-Haburi-Wauta es una de las secuencias narrativas más extensamente documentadas del corpus warao. La versión canónica en warao con traducción al inglés está en Johannes Wilbert, Folk Literature of the Warao Indians (UCLA Latin American Center, Los Angeles, 1970), obra que recopila los ciclos narrativos principales del pueblo con transcripciones bilingües sistemáticas y análisis etnográfico. La versión completa en castellano procede de Basilio Barral, Guarao Guarata: Lo que cuentan los indios guaraos (Fundación La Salle de Ciencias Naturales, Caracas, 1958), con menor precisión lingüística que Wilbert pero con acceso directo a los narradores del bajo delta durante las décadas de 1930 a 1950. Antonio Vaquero Rojo aportó la reconstrucción morfológica y las etimologías precisas en el Manual de la lengua warao (UCAB, Caracas, 1965) y en el Diccionario guarao-español de Barral (Fundación La Salle, Caracas, 1957), obra lexicográfica anterior del mismo misionero capuchino.

La secuencia narrativa canónica según Wilbert (1970) es la siguiente: en el tiempo mítico primordial, Habaturi señor de las aguas del delta se une con una mujer humana en las márgenes de un caño del bajo Orinoco; de esa unión nace Haburi, futuro héroe cultural del pueblo warao. La anciana Wauta, figura ambigua del panteón warao (parte anciana humana, parte rana según variantes, con capacidad de transformación entre ambas formas), engaña a la madre biológica y roba al niño recién nacido, criándolo como si fuera hijo suyo. El niño crece con Wauta ignorando su filiación verdadera; cuando Haburi alcanza la juventud y descubre por diversos indicios que Wauta no es su madre biológica, huye con la madre biológica reencontrada y regresa a las aguas del delta guiado por su padre Habaturi. La secuencia establece etiológicamente el orden ecológico del bajo Orinoco: los caños principales quedan marcados por los movimientos del padre-de-las-aguas, los bancos de pesca por las huellas de sus dedos, la abundancia estacional de la ictiofauna por su cuidado paternal.

La versión de Basilio Barral en Guarao Guarata (Caracas, 1958) difiere en detalles menores. Barral registró la narración en los caños del alto delta (Winikina, Guayo, Araguabisi) entre la década de 1930 y 1958, con narradores aidamo —ancianos especialistas de la comunidad— cuya autoridad narrativa era reconocida por sus pares y por los wisiratu del janoko. La versión de Barral hace mayor énfasis en el episodio del engaño de Wauta y en el crecimiento del niño Haburi bajo el cuidado equívoco de la anciana rana. Wilbert (1970), en cambio, dedica mayor atención al reencuentro final entre madre biológica e hijo y al retorno a las aguas del padre Habaturi. Las dos versiones coinciden en la estructura fundamental: Habaturi como padre-de-las-aguas y padre biológico del héroe, Haburi como héroe cultural fundador de las artes fundamentales del pueblo, Wauta como figura ambigua del engaño y del cuidado equívoco.

El ciclo mítico funciona como narración etiológica del orden ecológico y ceremonial del delta. Wilbert (1993) documenta que los aidamo y los wisiratu transmiten la secuencia como explicación del paisaje del bajo Orinoco: cada caño principal corresponde a un movimiento de Habaturi, cada banco de pesca a una huella de sus dedos, cada temporada de creciente y estiaje al ritmo respiratorio del padre-de-las-aguas. La conexión con el sistema descentralizado de kanobotuma —donde Habaturi aparece como Kanobo del norte según variantes— inscribe el ciclo dentro del corpus religioso más amplio del panteón warao, en coordinación con los demás padres cardinales incluido Nabarima del sur. La secuencia se cierra con el retorno de Haburi y su madre biológica a las aguas de origen, tras el cual Habaturi permanece como regidor invisible de la ictiofauna del delta y receptor del culto ritual periódico de los pescadores warao.

Vigencia en la pesca ceremonial y la ecología del delta contemporáneo

La vigencia contemporánea del culto a Habaturi queda documentada por dos generaciones de etnógrafos venezolanos y estadounidenses. Werner Wilbert (hijo de Johannes Wilbert, investigador de la Fundación La Salle de Ciencias Naturales de Caracas desde los años 1980) publicó Fitoterapia warao (Caracas, 1996) con datos precisos sobre la ecología ritual del delta, incluida la propiciación de Habaturi antes de la pesca. Egleé López-Zent y Stanford Zent, antropólogos del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) especializados en etnobotánica del Amazonas y del delta, documentaron desde la década de 1990 las prácticas rituales asociadas a la pesca ceremonial y a la propiciación de los señores ecológicos del bajo Orinoco. Charles L. Briggs, lingüista de la Universidad de California en Berkeley, complementó el registro con estudios sobre lírica ritual warao desde los años 1980, incluidos los cantos de propiciación dirigidos a los hebu del agua y al padre-de-las-aguas.

La práctica ritual actual documentada es la siguiente: antes de partir a la pesca en los caños del delta, el pescador warao deposita en el agua una ofrenda de tabaco (Nicotiana rustica, tabaco negro cultivado en el conuco doméstico) y pronuncia una fórmula ritual dirigida a Habaturi pidiéndole abundancia y protección durante la jornada. La ofrenda de tabaco al agua es característica del culto a los señores ecológicos del bajo Orinoco y aparece extensamente documentada por Werner Wilbert (1996). Los bahanarotu (chamanes menores especializados en la curación) intervienen en la ceremonia cuando la pesca ha sido escasa por tiempo prolongado; los hoarotu (chamanes especializados en el trato con los hebu, espíritus del delta) median cuando se sospecha ofensa a Habaturi por incumplimiento de las prohibiciones rituales. Los wisiratu (chamanes principales del pueblo warao) invocan al padre-de-las-aguas en el canto ceremonial anual junto a los demás kanobotuma, incluido Nabarima como padre cardinal del sur.

El pueblo warao del delta orinoquense enfrenta hoy amenazas ecológicas y humanitarias graves. Los dragados de los caños principales para el paso de buques petroleros —Petróleos de Venezuela (PDVSA) mantiene actividad extractiva en el delta oriental desde la década de 1970— han alterado la sedimentación del bajo Orinoco y reducido las poblaciones ictícolas tradicionales del pueblo. La minería aurífera ilegal en el alto y medio Orinoco desde los años 2000, y especialmente el llamado Arco Minero del Orinoco decretado en 2016 por el gobierno venezolano, ha introducido contaminación mercurial en los ríos que alimentan el delta, con efectos sanitarios documentados sobre las poblaciones del bajo Orinoco por Charles L. Briggs y Clara Mantini-Briggs en publicaciones posteriores a Stories in the Time of Cholera (University of California Press, Berkeley, 2003). La crisis humanitaria venezolana desde 2015 ha empujado a más de diez mil warao a refugiarse en Brasil, según registros del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), concentrados en Boa Vista (capital del estado de Roraima) y Manaus (capital del estado de Amazonas).

La continuidad del culto a Habaturi se mantiene tanto en el delta orinoquense como en la diáspora brasileña. Las comunidades del bajo delta (municipios Antonio Díaz y Pedernales del estado Delta Amacuro) siguen invocando al padre-de-las-aguas antes de la pesca con la ofrenda ritual de tabaco al agua, incluso en condiciones ecológicas degradadas por los dragados petroleros y la contaminación mercurial. Los refugiados warao establecidos en Boa Vista y Manaus reproducen las ceremonias del delta adaptadas al contexto amazónico brasileño: las ofrendas de tabaco al agua se mantienen dirigidas al mismo Habaturi, aunque los caños de origen queden lejanos. La enseñanza del corpus mítico —incluido el ciclo canónico Habaturi-Haburi-Wauta— en las escuelas interculturales bilingües del delta orinoquense desde la década de 1990 asegura la transmisión intergeneracional del culto a las nuevas generaciones warao, tanto en el territorio original como en el exilio brasileño.

Para terminar

Habaturi permanece como padre-de-las-aguas del panteón warao del delta del Orinoco en el siglo XXI. Su función mítica dentro del ciclo canónico Habaturi-Haburi-Wauta, registrada por Johannes Wilbert en Folk Literature of the Warao Indians (UCLA 1970) y sintetizada en Mystic Endowment (Harvard 1993), atestiguada en castellano por Basilio Barral en Guarao Guarata (Fundación La Salle, 1958) y en el Diccionario guarao-español (Fundación La Salle, 1957), etimologizada por Antonio Vaquero Rojo en el Manual de la lengua warao (UCAB 1965), sigue vigente en la práctica ritual de la pesca ceremonial de las comunidades del bajo delta y en el sistema descentralizado de kanobotuma. Su identificación con el Kanobo del norte en variantes recogidas por Wilbert (1993) inscribe la figura dentro del sistema cardinal de padres del mundo, en coordinación con Nabarima del sur, y confirma la estructura descentralizada del panteón warao. Su equivalencia funcional con otros señores ecológicos del noreste sudamericano —el Wanadi registrado entre los ye’kwana por Marc de Civrieux con su dominio sobre las aguas del alto Orinoco— lo inscribe dentro de un patrón regional donde los cursos fluviales tienen un padre-abuelo específico que recibe culto ritual continuado.

La documentación etnográfica sostenida por Wilbert padre e hijo, Barral, Vaquero Rojo, López-Zent y Zent, Briggs y Mantini-Briggs restituye a Habaturi su lugar preciso dentro del corpus warao: padre-de-las-aguas del delta, padre biológico del héroe cultural Haburi, regidor de la ictiofauna del bajo Orinoco, receptor de la ofrenda de tabaco de los pescadores. La práctica ritual continua en el delta orinoquense y en la diáspora warao establecida en Brasil desde 2015, junto con la enseñanza del corpus en las escuelas interculturales bilingües del Delta Amacuro, confirman una tradición documentada sistemáticamente desde mediados del siglo XX y activamente sostenida por las comunidades warao contemporáneas. Las amenazas ecológicas —dragados petroleros, contaminación mercurial del Arco Minero del Orinoco, crisis humanitaria venezolana— agravan la vulnerabilidad del pueblo pero no han interrumpido la continuidad ritual del culto al padre-de-las-aguas del delta.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Habaturi en el panteón warao?

Habaturi es el «padre-de-las-aguas» del panteón warao del delta del Orinoco y padre biológico del héroe cultural Haburi según el ciclo mítico canónico registrado por Johannes Wilbert en Folk Literature of the Warao Indians (UCLA Latin American Center, Los Angeles, 1970). Su nombre significa literalmente ‘Señor-de-las-Aguas’ o ‘Dueño-de-las-Aguas’ en warao (haba ‘agua’ + turi ‘señor’), según el Manual de la lengua warao de Antonio Vaquero Rojo (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 1965). Es el regidor de las lluvias, los ríos y los recursos ictícolas del bajo delta orinoquense, identificado en variantes documentadas por Wilbert (1993) con el Kanobo del norte del sistema cardinal de padres del mundo.

¿Cuál es el ciclo mítico Habaturi-Haburi-Wauta?

Es una de las secuencias narrativas más extensamente documentadas del corpus warao. Habaturi se une con una mujer humana en las márgenes de un caño del bajo Orinoco; de esa unión nace Haburi, futuro héroe cultural. La anciana Wauta (mujer-rana) engaña a la madre y roba al niño recién nacido, criándolo como si fuera suyo. Al crecer, Haburi descubre la verdad, huye con la madre biológica reencontrada y regresa a las aguas guiado por su padre Habaturi. La versión canónica en warao con traducción al inglés está en Wilbert (1970); la versión en castellano en Barral (1958), Guarao Guarata: Lo que cuentan los indios guaraos (Fundación La Salle, Caracas).

¿Qué significa el nombre Habaturi y de qué documentación procede?

Habaturi significa literalmente ‘Señor-de-las-Aguas’ o ‘Dueño-de-las-Aguas’ en warao: se descompone en haba (‘agua’, elemento primordial) y turi (sufijo agentivo respetuoso equivalente a ‘señor’). La etimología precisada aparece en el Manual de la lengua warao de Antonio Vaquero Rojo (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 1965) y en su posterior Idioma warao: Morfología, sintaxis, literatura (UCAB, 1965). La documentación mítica sistemática procede de Johannes Wilbert (UCLA 1970, Harvard 1993); la versión canónica en castellano de Basilio Barral (Fundación La Salle, Caracas, 1958). Vaquero Rojo trabajó en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas desde la década de 1950.

¿Cómo se propicia hoy a Habaturi antes de la pesca?

Antes de partir a la pesca en los caños del delta, el pescador warao deposita en el agua una ofrenda de tabaco (Nicotiana rustica, tabaco negro cultivado en el conuco doméstico) y pronuncia una fórmula ritual dirigida a Habaturi pidiéndole abundancia y protección durante la jornada. La ofrenda de tabaco al agua es característica del culto a los señores ecológicos del bajo Orinoco, documentada extensamente por Werner Wilbert en Fitoterapia warao (Fundación La Salle, Caracas, 1996) y por Egleé López-Zent y Stanford Zent del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas en trabajos sobre etnobotánica y ecología ritual del delta desde los años 1990.

¿Sigue vigente el culto a Habaturi pese a la crisis del delta?

Sí. Las comunidades warao del bajo delta orinoquense (municipios Antonio Díaz y Pedernales del estado Delta Amacuro venezolano) siguen invocando a Habaturi antes de la pesca, incluso en condiciones ecológicas degradadas por los dragados petroleros y por la contaminación mercurial del Arco Minero del Orinoco decretado en 2016. Los refugiados warao establecidos desde 2015 en Boa Vista (Roraima, Brasil) y Manaus (Amazonas, Brasil) —más de diez mil según registros de ACNUR— reproducen las ceremonias del delta adaptadas al contexto amazónico. La enseñanza del ciclo Habaturi-Haburi-Wauta en las escuelas interculturales bilingües del delta asegura la transmisión intergeneracional del culto al padre-de-las-aguas.

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