Para empezar. Voc es el halcón mensajero del panteón maya k’iche’, ave veloz que vuela entre los dioses supremos y el mundo humano llevando las advertencias del cielo. En el Segundo Libro del Popol Vuh es Voc quien denuncia ante Hurakán la insolencia de Vucub Caquix, el falso Sol que se autoproclama luz del mundo antes de la verdadera creación solar. En el Cuarto Libro es también Voc quien orienta a los gemelos Hunahpu e Ixbalanque en su descenso a Xibalba. Se identifica con el halcón reidor (Herpetotheres cachinnans) de los bosques mayas, sagrado en el altiplano guatemalteco. Hoy sigue vivo en la sincretización con San Gabriel arcángel que se celebra en las ceremonias de Momostenango y Chichicastenango.
| Origen cultural | Maya k’iche’ del altiplano guatemalteco (Popol Vuh); con variantes en el panteón kaqchikel y tz’utujil |
| Tipo | Halcón mensajero divino del panteón k’iche’, ave-instrumento de los dioses supremos |
| Función mítica | Llevar los mensajes de Hurakán y Corazón del Cielo a los gemelos Hunahpu e Ixbalanque; denunciar la insolencia de Vucub Caquix; orientar el descenso a Xibalba |
| Atestación primaria | Popol Vuh k’iche’ (~1544-1558, transcripción de fray Francisco Ximénez ca. 1701-1702 en Chichicastenango); Rabinal Achi (siglo XV-XVI); Anales de los Cakchiqueles (~1571); Título de los Señores de Totonicapán (~1554) |
| Vigencia hoy | Sincretismo con San Gabriel arcángel en las ceremonias de Momostenango, Chichicastenango y otras aldeas del altiplano guatemalteco; documentado por Barbara Tedlock en Time and the Highland Maya (1982) |
El Popol Vuh es uno de los textos más importantes de toda la literatura precolombina americana. Fue redactado en lengua maya k’iche’ entre los años 1544 y 1558 aproximadamente, en algún lugar del altiplano guatemalteco, por autores anónimos de linaje noble que buscaban preservar por escrito la memoria mítica e histórica de su pueblo tras el colapso del reino de Q’umarkaj (Utatlán) frente a las tropas de Pedro de Alvarado en 1524. El texto original en k’iche’ se perdió, pero fue transcrito y traducido al español a comienzos del siglo XVIII por fray Francisco Ximénez, un fraile dominico que fue párroco de Santo Tomás Chichicastenango entre 1701 y 1703. Ximénez copió el original en un manuscrito bilingüe k’iche’-castellano que hoy se conserva en la Newberry Library de Chicago. Sin ese acto de transcripción, el Popol Vuh se habría perdido para siempre.
El libro se organiza en cuatro grandes partes. La Primera Parte narra la creación del mundo por los dioses primordiales Tepeu, Gucumatz y Hurakán, y los sucesivos ensayos fallidos de crear a los seres humanos (los hombres de barro, los hombres de madera). La Segunda Parte cuenta los mitos primigenios: la caída del falso Sol Vucub Caquix por obra de los gemelos Hunahpu e Ixbalanque, y las hazañas heroicas de los mismos gemelos en el inframundo Xibalba contra los Señores Hun Camé y Vucub Camé. La Tercera Parte relata la creación finalmente exitosa de los seres humanos a partir del maíz. La Cuarta Parte enumera los linajes históricos k’iche’ desde los cuatro primeros hombres (Balam Quitzé, Balam Acab, Mahucutah, Iqui Balam) hasta los gobernantes del reino de Q’umarkaj en vísperas de la conquista española.
Dentro de este texto fundacional aparece — de forma discreta pero decisiva — la figura del halcón Voc. No es un protagonista central del drama, no es un gemelo héroe ni un dios supremo, no lleva ejércitos ni funda ciudades. Voc es un mensajero: el ave veloz que Hurakán y Corazón del Cielo envían al mundo cuando algo debe ser sabido, corregido o advertido. Es el halcón que denuncia la insolencia de Vucub Caquix, el que lleva las instrucciones divinas a los gemelos, el que orienta el descenso al inframundo. Su función es la del intermediario alado — figura arquetípica en muchas mitologías del mundo — pero con particularidades k’iche’ que lo hacen único: su color rojo del este, su bola de hule del juego de pelota sagrado, su vínculo con el Herpetotheres cachinnans, el halcón reidor que aún hoy habita los bosques del altiplano y de la Selva Petenera.
El Popol Vuh y los mensajeros divinos
Índice
El manuscrito de fray Francisco Ximénez tuvo una fortuna azarosa. Después de la muerte del fraile hacia 1729, el manuscrito quedó en el convento de Santo Domingo de Guatemala. Cuando en 1830 el gobierno del general Mariano Gálvez ordenó la disolución de las órdenes religiosas y la incautación de sus bibliotecas, el manuscrito pasó a la Universidad de San Carlos de Guatemala. En 1854 lo redescubrió allí el sacerdote austríaco Carl Scherzer, que publicó por primera vez la versión española de Ximénez en Viena en 1857. Ese mismo año, el abad francés Charles Étienne Brasseur de Bourbourg — también primer editor moderno de Landa — obtuvo el manuscrito, se lo llevó a Francia y publicó en 1861 la primera edición europea del texto k’iche’ con traducción francesa, bajo el título Popol Vuh: Le Livre Sacré et les Mythes de l’Antiquité Américaine. A partir de esa edición, el Popol Vuh entró definitivamente en la literatura mundial.
Las traducciones modernas más importantes son las de Adrián Recinos (Popol Vuh: Las antiguas historias del Quiché, Fondo de Cultura Económica, México, 1947), pivote en español; la de Dennis Tedlock (Popol Vuh: The Definitive Edition of the Mayan Book of the Dawn of Life, Simon & Schuster, 1985; edición revisada 1996), pivote en inglés y realizada en diálogo directo con Andrés Xiloj Peruch, un daykeeper (ajq’ij) k’iche’ contemporáneo de Momostenango; la de Munro Edmonson (The Book of Counsel: The Popol Vuh of the Quiche Maya of Guatemala, Tulane, 1971), primera traducción moderna en verso; y la edición crítica en español de Michela Craveri (Popol Vuh: Herramientas para una lectura crítica del texto k’iche’, UNAM, 2013), que combina filología maya con antropología cultural. Cada nueva traducción ha refinado la lectura del texto y ha revelado matices que las anteriores habían pasado por alto.
En el panteón del Popol Vuh, los dioses supremos son Hurakán, «el Corazón del Cielo», y su tríada asociada Cakulhá Hurakán (el rayo grande), Chipi Cakulhá (el rayo pequeño) y Raxá Cakulhá (el rayo verde). Junto a ellos aparecen Tepeu («el Soberano») y Gucumatz («Serpiente Emplumada», equivalente k’iche’ del Quetzalcóatl mexica). Estos dioses supremos no bajan al mundo humano personalmente: envían mensajeros. Los mensajeros más frecuentes son aves y roedores. Entre las aves, la figura estable es Voc, el halcón. Entre los roedores, aparece de vez en cuando el conejo mensajero. Hay también un piojo que lleva un mensaje en la boca en un pasaje famoso, y un mosquito espía en el descenso a Xibalba. Los animales pequeños son, en el Popol Vuh, extensiones invisibles de la voluntad de los dioses supremos.
Voc es distinto del resto de los mensajeros porque es alado. Vuela alto, ve desde arriba lo que los humanos no pueden ver desde abajo, y cubre distancias enormes en poco tiempo. En la iconografía k’iche’ colonial y en la lectura de Karl Taube en The Major Gods of Ancient Yucatan (Dumbarton Oaks, 1992), el halcón mensajero se representa con un ala pintada de rojo — el color del este cósmico, allí de donde viene la luz — y con una bola de hule (kaqix q’ol) en las garras, símbolo del juego de pelota sagrado maya. La bola de hule es un motivo denso: remite al juego ritual mesoamericano — atestiguado en el Popol Vuh en el episodio en que los gemelos Hunahpu e Ixbalanque son llamados por los Señores de Xibalba precisamente porque juegan a la pelota con demasiado ruido en la superficie —, y al mismo tiempo remite al mensaje mismo, que rebota entre el cielo y la tierra como la bola entre los dos jugadores.
El Rabinal Achi, ballet-drama en lengua achí del siglo XV o XVI recogido por el abad Brasseur de Bourbourg en Rabinal (Baja Verapaz) hacia 1855 y estudiado modernamente por Dennis Tedlock en Rabinal Achi: A Mayan Drama of Sacrifice and War (Oxford UP, 2003), incluye al halcón cardinal entre los guardianes del palacio real. En el ballet, el halcón vigila el rumbo del este y anuncia la llegada del prisionero de guerra que será sacrificado ritualmente. Es una función de guardia y de aviso, hermana de la función mensajera que aparece en el Popol Vuh. Los Anales de los Cakchiqueles (~1571), transcritos por Francisco Hernández Arana y traducidos al español por Adrián Recinos en 1950, incluyen otras variantes de la figura, esta vez en kaqchikel — la lengua vecina y hermana del k’iche’ —, con el nombre «wok». El Título de los Señores de Totonicapán (~1554), otro documento colonial k’iche’, menciona también al halcón como mensajero divino.
El halcón que denunció a Vucub Caquix
El episodio más famoso en que aparece Voc pertenece al Segundo Libro del Popol Vuh. La escena tiene lugar antes de la verdadera creación del Sol, en el tiempo intermedio en que los seres humanos ya existen pero el astro solar todavía no ha aparecido. En ese vacío luminoso, un ser gigantesco y arrogante llamado Vucub Caquix («Siete Guacamayo») se posa sobre las copas de los árboles primordiales y proclama al mundo entero que él es el Sol, la Luna y todo lo demás. Vucub Caquix tiene dientes de jade brillante, ojos de plata resplandeciente y un pico enorme y colorido. Se cree grande. Se cree único. Se cree eterno. Y hace que los seres del mundo lo veneren, porque de lejos parece efectivamente un astro.
Los dioses supremos Hurakán y Corazón del Cielo, desde su morada en el cielo verdadero, se dan cuenta del engaño. Vucub Caquix no es el verdadero Sol; el verdadero Sol aún no ha sido creado. La insolencia del falso astro pone en peligro el orden del universo por venir. Los dioses supremos deciden entonces intervenir, pero no bajan personalmente: envían al halcón Voc para que confirme la noticia y para que lleve las instrucciones a los agentes ejecutores. Voc vuela desde el cielo hasta el árbol donde se posa Vucub Caquix, observa desde lo alto, escucha las proclamas del falso Sol, y regresa volando ante Hurakán con la confirmación: sí, Vucub Caquix se cree Sol; sí, hay que derribarlo.
Los agentes ejecutores son los gemelos Hunahpu e Ixbalanque — figuras centrales del Popol Vuh tratadas en el Sprint 9 de este corpus. Los gemelos, siguiendo las instrucciones que Voc les ha transmitido de parte de los dioses supremos, se acercan al árbol donde Vucub Caquix se posa cada tarde a comer frutos de nance. Se esconden y esperan. Cuando el falso Sol llega, Hunahpu le apunta con su cerbatana y le dispara al pico. El disparo hace caer a Vucub Caquix del árbol. En la refriega que sigue, Vucub Caquix logra arrancarle el brazo a Hunahpu, pero los gemelos, con la ayuda de dos ancianos disfrazados de médicos (Zaqui Nima Ac y Zaqui Nima Tziís, en realidad los dioses supremos disfrazados), consiguen finalmente arrancarle los dientes de jade y los ojos de plata a Vucub Caquix. El falso Sol muere de dolor, y el mundo queda listo para la aparición del verdadero Sol al final del Segundo Libro.
En este episodio, la función de Voc es doble. Es primero informador: lleva a Hurakán la noticia de que el falso Sol se está proclamando único. Es después coordinador: lleva a los gemelos las instrucciones divinas y los guía hacia el árbol de nance donde se puede emboscar al monstruo. Sin Voc, los dioses supremos no habrían sabido lo que pasaba en el mundo humano; sin Voc, los gemelos no habrían sabido cómo actuar. El halcón es el hilo invisible que conecta la voluntad divina con la acción heroica. Es, por su forma alada, el único ser capaz de subir hasta el cielo y bajar hasta la tierra en el mismo ciclo de vuelo — capacidad que el propio Hunahpu solo alcanzará al final del Cuarto Libro, cuando junto con Ixbalanque suba al firmamento para transformarse en el verdadero Sol y en la verdadera Luna.
Voc reaparece en el Cuarto Libro, en el descenso de los gemelos a Xibalba. Después de haber vengado a su padre Hun Hunahpu y a su tío Vucub Hunahpu — dos jugadores de pelota primordiales que habían sido asesinados por los Señores de Xibalba —, los gemelos deben descender al inframundo por los mismos escalones que sus padres habían bajado. La orientación del camino se la da Voc: el halcón sobrevuela la selva y les señala la entrada, un paso subterráneo cerca de un río que baja hacia las profundidades de la tierra. En el descenso, los gemelos superan las pruebas de las seis casas de Xibalba (la Casa Oscura, la Casa de Cuchillos, la Casa de Hielo, la Casa de Jaguares, la Casa de Fuego, la Casa de Murciélagos), derrotan a los Señores Hun Camé y Vucub Camé, y finalmente ascienden como Sol y Luna. Pero el orientador inicial del descenso fue el halcón mensajero.
Voc, San Gabriel y el altiplano contemporáneo
La figura del halcón mensajero no desapareció con la conquista española. Al contrario, se transformó y sobrevivió por la vía del sincretismo religioso. En muchas aldeas del altiplano guatemalteco, especialmente en Momostenango (departamento de Totonicapán) y en Chichicastenango (departamento de El Quiché), Voc se sincretizó con San Gabriel, el arcángel mensajero católico de la Anunciación. La lógica de la asociación es transparente: San Gabriel es el ángel-mensajero por excelencia del cristianismo, el que lleva las palabras de Dios a los seres humanos (a Zacarías, a María, en algunas tradiciones también a Mahoma). Voc es el halcón-mensajero por excelencia del pensamiento k’iche’, el que lleva las palabras de Hurakán a los seres humanos. La superposición de las dos figuras — ambas mensajeras alada — se hizo naturalmente en el proceso de evangelización dominicana del siglo XVI y XVII.
Barbara Tedlock, en Time and the Highland Maya (New Mexico UP, 1982; edición revisada 1992), obra pivote de etnografía maya contemporánea, documentó con enorme precisión el trabajo de los daykeepers (ajq’ijab’, los «guardianes de los días») k’iche’ de Momostenango en la década de 1970 y 1980. Los ajq’ijab’ son sacerdotes tradicionales que llevan el cálculo del calendario ritual tzolkin de 260 días — llamado localmente cholq’ij — y realizan ceremonias en los altares al aire libre. Barbara Tedlock trabajó especialmente con Andrés Xiloj Peruch, el mismo ajq’ij que años después colaboraría con Dennis Tedlock en la traducción del Popol Vuh. En sus registros, Barbara Tedlock encontró que los ajq’ijab’ de Momostenango invocan indistintamente a «San Gabriel» y a «Wok» en ciertos momentos rituales, y que muchos hacen referencia al halcón cuando piden orientación divina antes de comenzar una ceremonia.
En Chichicastenango — la misma aldea donde fray Francisco Ximénez transcribió el Popol Vuh a comienzos del siglo XVIII —, la sincretización tiene forma pública y colectiva. En el templo colonial de Santo Tomás, los ajq’ijab’ k’iche’ realizan sus ceremonias en las escaleras exteriores del templo (dieciocho escalones que representan los dieciocho meses del calendario haab de 365 días), quemando copal y colocando velas de colores. Las oraciones combinan invocaciones a los santos católicos con invocaciones a los «abuelos» (nawales) del panteón k’iche’ tradicional. San Gabriel-Wok es uno de los invocados cuando se pide claridad en un asunto difícil o cuando se busca orientación para tomar una decisión importante. La lógica es la misma que en el Popol Vuh: el mensajero alado es quien trae la claridad del cielo a la tierra.
El halcón biológico al que se identifica Voc es el halcón reidor (Herpetotheres cachinnans), un ave rapaz mediana que habita los bosques tropicales y las sabanas de todo el mundo maya, desde el sur de México hasta El Salvador. Es un halcón especializado en cazar serpientes — de ahí uno de sus nombres castellanos, «gavilán culebrero» —, y su canto característico, una serie de «wa-wa-wa-wa» ascendentes que suena como una risa humana, le ha dado el nombre científico de «cachinnans» (del latín, «el que ríe»). Los mayas contemporáneos del altiplano y de las tierras bajas identifican fácilmente al halcón reidor como el «Wok» del Popol Vuh, y en muchas aldeas se considera de buen agüero verlo o escucharlo cerca de una casa. Un halcón reidor que se posa en el árbol del patio es un mensaje del cielo — hay que prestar atención a lo que ocurre en los días siguientes.
Simon Martin y Nikolai Grube, en Chronicle of the Maya Kings and Queens (Thames & Hudson, 2000), y Simon Martin en Ancient Maya Politics: A Political Anthropology of the Classic Period (Cambridge UP, 2020), han estudiado la iconografía aviaria en el arte maya clásico y han identificado al menos tres aves-mensajeras distintas en las estelas del período clásico: el Ave Principal Divina (Itzam-Yeh, asociada al árbol cósmico), el ave Muan (nube de humo, asociada al inframundo Xibalba) y un halcón sin nombre jeroglífico claro que probablemente sea el predecesor iconográfico del Voc del Popol Vuh k’iche’. La continuidad iconográfica entre el maya clásico (250-900 d.C.) y el k’iche’ postclásico y colonial (1200-1600 d.C.) muestra que la figura del halcón mensajero divino atraviesa toda la historia maya conocida sin interrupción.
Para terminar
Voc no es una figura grandilocuente. No es un dios supremo, no es un héroe fundador, no es un rey ni un demiurgo. Es un mensajero: una función más que un nombre, un instrumento más que un protagonista. Y precisamente por eso su presencia es tan reveladora. Los grandes actos de los dioses supremos y de los gemelos héroes del Popol Vuh serían imposibles sin el eslabón invisible del halcón mensajero. Sin Voc no habría advertencia sobre Vucub Caquix; sin Voc no habría orientación para el descenso a Xibalba; sin Voc los cielos y la tierra quedarían desconectados, sin comunicación posible. En la lógica narrativa del Popol Vuh, Voc es la bisagra que hace que el drama funcione.
El halcón mensajero pertenece a una familia arquetípica presente en muchas mitologías del mundo. Hermes y Mercurio en el mundo greco-romano, Garuda en el hindú-budista, Hugin y Munin (los dos cuervos-mensajeros de Odín) en el nórdico, Horus en el egipcio: en todas partes hay figuras aladas que llevan mensajes entre los dioses y los humanos. La particularidad maya k’iche’ es que Voc es a la vez ave y bola de hule: mensajero alado y objeto del juego ritual, cielo y campo de juego, palabra y pelota. El detalle iconográfico de la bola de hule en las garras del halcón — descrito por Karl Taube — inscribe al mensajero divino en el mismo tejido que hace posible el juego de pelota, la vida ritual, la muerte y la resurrección de los gemelos. Voc no es un mensajero externo al drama, es una parte constitutiva del drama.
Y hay algo más profundo. La sincretización con San Gabriel en el altiplano guatemalteco muestra que el pensamiento k’iche’ no dejó morir a Voc bajo la evangelización: lo incorporó al nuevo sistema religioso sin renunciar a su función original. Cuando un ajq’ij de Momostenango invoca hoy a «San Gabriel-Wok» para pedir claridad en un asunto difícil, está realizando un gesto que tiene cuatro siglos de continuidad ininterrumpida y una raíz aún más profunda. Está pidiendo que el halcón mensajero baje del cielo con una respuesta, exactamente como los dioses supremos del Popol Vuh lo pedían al principio de los tiempos. Cinco siglos después de la conquista de Alvarado, el halcón sigue volando.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Voc en el Popol Vuh?
Voc (también transcrito Wok o Vak) es el halcón mensajero del panteón maya k’iche’, ave veloz que lleva las palabras de los dioses supremos Hurakán y Corazón del Cielo al mundo humano. En el Popol Vuh aparece en dos pasajes clave: en el Segundo Libro, cuando denuncia a Hurakán la insolencia de Vucub Caquix (el falso Sol) y lleva las instrucciones divinas a los gemelos Hunahpu e Ixbalanque para que lo derriben; y en el Cuarto Libro, cuando orienta a los mismos gemelos hacia la entrada del inframundo Xibalba para que puedan vengar a su padre Hun Hunahpu. Es un mensajero: no un dios supremo ni un héroe fundador, pero sin su labor de enlace entre el cielo y la tierra las hazañas del Popol Vuh serían imposibles.
¿Qué papel tiene en el episodio de Vucub Caquix?
En el episodio de Vucub Caquix — el «Siete Guacamayo» que se proclama Sol falso antes de la creación del verdadero Sol —, Voc cumple una doble función. Primero es informador: sobrevuela el árbol donde se posa Vucub Caquix, observa desde lo alto sus proclamas de arrogancia y regresa volando ante Hurakán con la confirmación del engaño. Después es coordinador: lleva a los gemelos Hunahpu e Ixbalanque las instrucciones divinas y los guía hacia el árbol de nance donde pueden emboscar al monstruo. Los gemelos disparan con la cerbatana, hacen caer a Vucub Caquix del árbol y — con la ayuda de dos ancianos que son los dioses supremos disfrazados — le arrancan los dientes de jade y los ojos de plata. El engaño solar termina y el mundo queda listo para la verdadera creación del Sol.
¿Con qué ave real se identifica el halcón Voc?
Voc se identifica tradicionalmente con el halcón reidor (Herpetotheres cachinnans), un ave rapaz mediana que habita los bosques tropicales y las sabanas de todo el mundo maya, desde el sur de México (Chiapas, Yucatán, Campeche, Quintana Roo) hasta Belice, Guatemala, Honduras y El Salvador. Es un halcón especializado en cazar serpientes — de ahí su nombre castellano de «gavilán culebrero» — y su canto característico, una serie de «wa-wa-wa-wa» ascendentes que suena como una risa humana, le ha dado el nombre científico «cachinnans» (del latín, «el que ríe»). Los mayas contemporáneos del altiplano guatemalteco y de las tierras bajas peteneras identifican fácilmente al halcón reidor como el «Wok» del Popol Vuh, y consideran su presencia cerca de una casa como un mensaje del cielo que hay que interpretar.
¿Cómo se ha estudiado y traducido el Popol Vuh?
El Popol Vuh fue redactado en lengua maya k’iche’ entre 1544 y 1558 por autores anónimos de linaje noble. El original se perdió, pero fue transcrito y traducido al español por fray Francisco Ximénez, párroco de Santo Tomás Chichicastenango, entre 1701 y 1703. El manuscrito de Ximénez se conserva hoy en la Newberry Library de Chicago. Fue redescubierto en Guatemala por Carl Scherzer en 1854, publicado por primera vez en 1857 y editado en Europa por Brasseur de Bourbourg en 1861. Las traducciones modernas más importantes son las de Adrián Recinos (FCE, 1947), Munro Edmonson (Tulane, 1971), Dennis Tedlock (Simon & Schuster, 1985/1996) y Michela Craveri (UNAM, 2013). Cada nueva traducción refinó la lectura del texto y reveló matices que las anteriores habían pasado por alto.
¿Sigue teniendo vigencia hoy la figura de Voc?
Sí, plenamente. En muchas aldeas del altiplano guatemalteco, especialmente en Momostenango (Totonicapán) y en Chichicastenango (El Quiché), Voc se sincretizó con San Gabriel arcángel — el ángel-mensajero católico de la Anunciación — y se sigue invocando en las ceremonias de los ajq’ijab’ (guardianes de los días) k’iche’ cuando se pide claridad divina antes de una decisión importante. Barbara Tedlock, en Time and the Highland Maya (1982), documentó este sincretismo con detalle. El halcón reidor biológico, considerado la encarnación viva de Voc, se sigue viendo con respeto en las aldeas mayas contemporáneas, y su presencia cerca de una casa se interpreta como un mensaje del cielo. Cinco siglos después de la conquista española, el halcón mensajero sigue volando entre los dioses y los seres humanos del altiplano k’iche’.




