Maheo, el Ser Supremo cheyenne creador de las Grandes Llanuras norteamericanas

Para empezar, hablar de Maheo — Ma’heo’o en la lengua cheyenne, con sus alientos aspirados que un oído castellano apenas consigue reproducir — es entrar en el corazón espiritual de los Tsitsistas, «el Pueblo» que hoy conocemos como los cheyenne. Antes de las llanuras de Wyoming y Montana, antes de los tratados rotos y las masacres del siglo XIX, antes incluso del caballo, este pueblo guardaba en su memoria un relato de creación que empieza con un vacío de agua y un solo ser que flota sobre él. Ese ser es Maheo. Su nombre se traduce con dificultad: «Todo lo que Es», «El Ser Supremo», «Great Medicine» en la boca de los primeros etnógrafos anglosajones. Ninguna versión captura del todo la carga sagrada del término, que se pronuncia con reverencia y no se invoca en vano. Este relato recorre la historia del pueblo cheyenne, la versión del mito de la creación que recogió George Bird Grinnell a comienzos del siglo XX, el papel de la Pipa Sagrada y del profeta Sweet Medicine, y la vigencia contemporánea de las ceremonias que aún hoy renuevan la relación con Ma’heo’o en Bear Butte, Sudakota.

Origen culturalCheyenne Tsitsistas (Grandes Llanuras — Wyoming, Colorado, Montana, Oklahoma, Dakotas)
TipoSer Supremo creador primordial
Función míticaCrear la tierra desde el barro traído por el coot sobre la Abuela Tortuga y engendrar a los primeros seres humanos
AtestaciónGrinnell 1923, Stands In Timber 1967, Powell 1969
Vigencia hoyFigura central de la Danza del Sol y de la Ceremonia de las Flechas Sagradas (Mahotse); Bear Butte, Sudakota, como sitio sagrado peregrinado cada primavera por cheyenne del Norte y del Sur

Los cheyenne del siglo XVII vivían en la región de los Grandes Lagos — Minnesota y Wisconsin — como pueblo semisedentario que cultivaba maíz, cazaba ciervos y mantenía aldeas de casas de tierra. Los relatos que Grinnell recogió de ancianos como Wooden Leg y Little Wolf entre 1890 y 1920 hablaban aún de una época en que el pueblo vivía junto al Mní Wakan, el «agua sagrada» que hoy identificamos con el río Mississippi superior y sus afluentes. La presión de los pueblos algonquinos armados por comerciantes franceses, el avance de los sioux desde el norte y una serie de sequías en el siglo XVIII empujaron a los cheyenne hacia el oeste, cruzando el Misuri hacia las Black Hills primero y hacia las llanuras altas después. En ese desplazamiento — que se prolongó durante casi cinco generaciones — el pueblo abandonó la agricultura, adoptó el caballo hacia 1730 y se transformó en cazador de bisontes.

La segunda mitad del siglo XIX rompió el equilibrio que ese modo de vida había logrado sostener durante apenas un siglo. La fiebre del oro de 1859 en Colorado trajo mineros que atravesaron territorio cheyenne sin permiso. El tratado de Fort Wise (1861), firmado por seis jefes que muchos consideraron sin autoridad para hablar por el conjunto del pueblo, redujo drásticamente el territorio reconocido. La masacre de Sand Creek del 29 de noviembre de 1864 — cuando la milicia de Colorado del coronel John Chivington atacó al alba una aldea pacífica del jefe Black Kettle bajo bandera blanca y estadounidense, matando a más de 150 personas, en su mayoría mujeres, niños y ancianos — quedó grabada en la memoria colectiva como el símbolo del engaño y la crueldad. Cuatro años después, en Washita River, Custer volvería a atacar otra aldea de Black Kettle. Little Bighorn en 1876, donde cheyenne y sioux derrotaron a la Séptima Caballería, fue una victoria efímera; la rendición de Two Moons y Little Wolf en 1877 selló la reclusión en las reservas: Northern Cheyenne en Montana y Southern Cheyenne en Oklahoma.

Y en medio de esa historia — de la migración, del bisonte, de las masacres y de la reserva — Ma’heo’o permanece. Los cheyenne no olvidaron el relato del principio, ni la Pipa que Sweet Medicine trajo desde Bear Butte, ni las Cuatro Flechas Sagradas que un Keeper custodia hasta hoy. La Danza del Sol, que se sigue celebrando cada verano en Lame Deer (Montana) y Colony (Oklahoma), es la manera en que el pueblo renueva la relación con el Ser Supremo. Este relato camina hacia el corazón de esa relación: el mito de la creación por el buceo primordial, el papel del pequeño coot y de la Abuela Tortuga, el don de la Pipa Sagrada, y la vigencia de las ceremonias contemporáneas en las llanuras del norte.

Los cheyenne, los Tsitsistas del Pueblo

El etnónimo «cheyenne» no procede de la propia lengua del pueblo, sino del dakota «šahíyena», que significa aproximadamente «hablantes de una lengua roja o extranjera» — probablemente por referencia a la dificultad que los sioux tenían para entender la lengua algonquina de sus vecinos. Los cheyenne se llaman a sí mismos Tsitsistas, «el Pueblo», o Néstamëstse, «los aliados», en distinción con los Só’taeo’o (Suhtai), un grupo hermano que se incorporó al conjunto durante la fase de las llanuras y que aportó dos de los objetos sagrados más importantes de la tradición: el Sacred Buffalo Hat (Esevone) y la ceremonia del Sun Dance. La lengua cheyenne pertenece a la familia algonquina, la misma de los ojibwe, cree, arapaho, blackfoot y de las poblaciones algonquinas orientales de Nueva Inglaterra, lo que sitúa el origen remoto del pueblo en la región de los bosques boreales del este del continente.

La organización social tradicional del pueblo se basaba en diez bandas exógamas, cada una con su propio jefe civil y sus propios líderes ceremoniales. Los cuarenta y cuatro jefes del Consejo Sagrado — cuatro Old Man Chiefs y cuarenta jefes de banda — formaban el cuerpo político que decidía sobre guerra, paz, migración y asuntos rituales. Junto al consejo civil existían las sociedades de guerreros: los Bowstring Men (Himowuyuhkis), los Fox Warriors (Wóhkseheotoxseo), los Elk Warriors, los Crazy Dogs y los famosos Dog Soldiers (Hotamétaneo’o), que en la segunda mitad del siglo XIX se convertirían en la fuerza militar más organizada de las llanuras y en el símbolo de la resistencia contra la expansión estadounidense. Cada sociedad tenía su propio origen mítico, sus cantos, sus tabúes y su rol en el ciclo ritual anual.

El corazón espiritual del pueblo estaba centrado en dos complejos ceremoniales complementarios. Por un lado, la Ceremonia de las Cuatro Flechas Sagradas (Mahotse) — dos flechas «de hombre» para el poder sobre los enemigos y dos flechas «de bisonte» para el poder sobre la caza — que Sweet Medicine recibió de Ma’heo’o en Bear Butte según el relato pivote de la tradición. Por otro, la Danza del Sol (Óxheeva’e), aportada por los Suhtai, que se celebra cada verano y renueva la relación del pueblo entero con las fuerzas de la vida. A estos dos complejos se sumó, tras la incorporación de los Suhtai, el Sacred Buffalo Hat (Esevone), un tocado ceremonial hecho con la cabeza de un bisonte hembra que se conserva en Northern Cheyenne. Los tres objetos — las Flechas, el Sombrero y la Pipa — forman lo que Peter John Powell, el sacerdote episcopal y etnógrafo que trabajó cuarenta años con la comunidad, llamó «la infraestructura sagrada del Pueblo».

Hoy los cheyenne se distribuyen en dos reservas federales: la Northern Cheyenne Indian Reservation en el sudeste de Montana (unos 12.000 miembros inscritos) y la Cheyenne and Arapaho Reservation en el oeste de Oklahoma (unos 13.000 miembros, compartida con los arapaho). A pesar de la distancia geográfica y de más de siglo y medio de separación administrativa, las dos comunidades mantienen vínculos rituales intensos: los Keepers de las Cuatro Flechas Sagradas y del Sacred Buffalo Hat viajan cada verano para las ceremonias, y las peregrinaciones a Bear Butte reúnen a familias del norte y del sur cada primavera. La lengua cheyenne, gravemente amenazada tras las políticas de asimilación forzosa del siglo XX, vive un renacimiento moderado gracias a los programas de inmersión de Chief Dull Knife College en Lame Deer.

El mito de la creación: el barro del coot y la Abuela Tortuga

La versión del mito de la creación que se ha vuelto canónica es la que George Bird Grinnell recogió y publicó en By Cheyenne Campfires (Yale University Press, 1926), completada por los materiales de The Cheyenne Indians (1923). Grinnell trabajó durante cuatro décadas con la comunidad — sus principales informantes fueron los jefes Wooden Leg, Two Moons, Little Wolf y el sabio Elk River — y su versión combina relatos escuchados en Montana y en Oklahoma. En el principio, cuenta el relato, todo era agua. No había tierra, ni árboles, ni animales terrestres, ni seres humanos. Solo una gran laguna sin límites, oscura y silenciosa, y sobre ella flotaba un único ser: Maheo. Maheo estaba solo. En algunas versiones más antiguas, se dice que Maheo pensó y sintió la soledad; en otras, más metafísicas, se dice sencillamente que Maheo «era».

Maheo pensó primero en crear compañía, y de su pensamiento nacieron cuatro pájaros acuáticos que se posaron en la superficie de la laguna: el ganso de nieve, el ánade real, el somorgujo grande (loon) y el coot americano — el pequeño foulque, el más humilde de los cuatro. Los cuatro pájaros nadaron alrededor de Maheo y le hablaron con reverencia. «Padre nuestro», le dijeron, «hemos nacido de tu pensamiento y estamos agradecidos, pero necesitamos un lugar donde descansar. No podemos nadar para siempre. Danos tierra bajo nuestras patas.» Maheo respondió que él era el creador de todo, pero que para hacer la tierra necesitaba materia, y la única materia disponible era el barro del fondo de la laguna. Les pidió a los cuatro pájaros que se sumergieran y le trajeran ese barro. El ganso de nieve fue el primero en intentarlo. Voló alto, plegó las alas y se dejó caer en picado en el agua, se hundió, se hundió, y al cabo de un largo rato regresó a la superficie exhausto, sin nada en el pico. El ánade real fue el segundo. Se sumergió con la misma decisión, luchó contra la profundidad, y también regresó sin barro. El somorgujo, que es el mejor buceador de los cuatro y que puede permanecer sumergido varios minutos, fue el tercero. Descendió más hondo que los anteriores, tanto que los otros creyeron que había muerto, pero al final regresó también con el pico vacío.

Entonces el coot — el pájaro más pequeño, el más torpe en el aire, el que ninguno esperaba — pidió permiso para probar. Los tres pájaros grandes se rieron. Un ave así, pensaron, no podía llegar donde ellos no habían llegado. Maheo, sin embargo, aceptó. El coot se sumergió sin ceremonia, sin espectáculo, sencillamente desapareció bajo la superficie. Pasó mucho tiempo. Los otros tres pájaros creyeron que se había ahogado. Cuando finalmente reapareció, ya casi sin fuerzas, apenas capaz de mantener la cabeza fuera del agua, traía en el pico una pequeña cantidad de barro. Maheo lo tomó con la palma de la mano, lo miró y lo bendijo. En ese momento apareció la Abuela Tortuga (Grandmother Turtle), Ma’xeeséeone, que había estado esperando en las profundidades. La Abuela Tortuga se ofreció voluntariamente para ser la base cósmica del mundo, y Maheo colocó el barro del coot sobre su caparazón. El barro empezó a crecer. Creció y creció, se extendió por la superficie de las aguas, se secó al viento, se hizo firme bajo el sol. Así nació la tierra: sostenida por la Abuela Tortuga, hecha del barro humilde del coot, bendecida por la palabra de Maheo.

Maheo continuó su obra. Hizo crecer los árboles, las hierbas y las flores. Creó a los animales terrestres — el ciervo, el bisonte, el oso, el lobo — y les asignó a cada uno su lugar y su tarea. Luego, cuando la tierra estaba lista para la vida humana, tomó una costilla de arcilla del cuerpo mismo de la tierra y de ella formó al primer hombre. De otra costilla formó a la primera mujer. A los dos les enseñó los cuatro Colores Sagrados — el blanco del norte, el rojo del este, el amarillo del sur y el negro del oeste — y les entregó la primera Pipa Sagrada, Mahpe-Ma’heoneve’ho, con la que aprenderían a hablarle. La Pipa era la promesa: mientras existiera la Pipa, Maheo escucharía al Pueblo. Milenios después, cuando el Pueblo había olvidado casi todos los cantos, Sweet Medicine subiría a Bear Butte y recibiría de Maheo, en una nueva revelación, las Cuatro Flechas Sagradas y la renovación de la Pipa. Ese momento — el de Sweet Medicine en la montaña — es el segundo gran episodio de la memoria sagrada cheyenne.

La Pipa, las Flechas y Sweet Medicine

Sweet Medicine — Mótseeoveestse en cheyenne, «Sweet Root Standing» o «Sweet Medicine Standing» en las traducciones más precisas — es el profeta cultural que estructura la relación entre el Pueblo y Ma’heo’o desde el pasado remoto hasta el presente. La tradición sitúa su vida en un tiempo brumoso anterior a la migración a las llanuras, cuando los cheyenne aún vivían al este del Misuri. Según el relato que John Stands In Timber (1884-1967), historiador cheyenne y sobrino nieto del propio Sweet Medicine por línea materna, recogió en Cheyenne Memories (Yale University Press, 1967), Sweet Medicine nació de una virgen y creció rápido, con dones proféticos evidentes desde niño. Tras un episodio de conflicto con el pueblo que lo obligó al destierro, viajó cuatro años por el mundo y llegó a Bear Butte — Nówaa’e en cheyenne, «la montaña sagrada» — donde una hendidura en la roca lo recibió y donde pasó cuatro años más aprendiendo de Ma’heo’o.

El fruto de esos cuatro años fue el don de las Cuatro Flechas Sagradas (Mahotse), envueltas en un fardo sagrado y acompañadas de las instrucciones para su custodia. Dos flechas — de asta oscura — dan poder sobre los enemigos humanos. Dos flechas — de asta clara — dan poder sobre el bisonte y la caza. El fardo se abre solamente en circunstancias muy especiales: cuando un cheyenne mata a otro cheyenne (un crimen que se considera «mancha la sangre del Pueblo» y que solo puede purificarse mediante la Ceremonia de Renovación de las Flechas), cuando se prepara una expedición de guerra colectiva, o cuando el propio Keeper considera necesaria una renovación general. Sweet Medicine dictó las reglas para el mantenimiento del fardo, la forma en que debía guardarse en el tipi del Keeper, los rituales anuales de exposición al sol, y las prescripciones sobre quién podía verlas y quién no. Junto con las Flechas, Sweet Medicine trajo también la reafirmación de la Pipa Sagrada primordial que Maheo había entregado a los primeros humanos, y estableció las cuatro sociedades de guerreros originales, el consejo de los cuarenta y cuatro jefes, y las normas rituales de la Danza del Sol.

Sweet Medicine profetizó, según el relato de Stands In Timber, la llegada de los hombres blancos, la aparición de los caballos, la desaparición del bisonte y el debilitamiento espiritual del Pueblo. «Vendrá un tiempo», habría dicho antes de morir, «en el que verán una extraña especie de animal, un animal con una sola cola, con la boca en el vientre, con dos ojos en el cuerpo. Vendrán hombres del este que hablarán una lengua extraña, que traerán herramientas que ustedes no conocen, y muchos del Pueblo los seguirán y olvidarán las Flechas. Cuando eso ocurra, guarden las Flechas. Mientras las Flechas existan, el Pueblo existirá.» La profecía tiene una carga documental discutible desde el punto de vista de la crítica histórica — muy probablemente se elaboró en el propio siglo XIX, cuando la crisis ya había empezado — pero su función interna es evidente: Sweet Medicine deja la promesa de continuidad. El Pueblo puede sufrir, dispersarse, ser derrotado militarmente, encerrado en reservas, pero mientras el Keeper de las Flechas siga vivo y el fardo siga cerrado en su tipi, Ma’heo’o sigue escuchando.

La Danza del Sol cheyenne — que los Suhtai aportaron al conjunto ritual y que Sweet Medicine integró en la estructura religiosa del Pueblo — es la ceremonia colectiva más importante del ciclo anual. Se celebra en verano, dura ocho días, y renueva la relación de todo el Pueblo con Ma’heo’o mediante el sacrificio voluntario de los danzantes, que bailan sin comer ni beber durante cuatro días alrededor del Poste Sagrado y en algunos casos se atan por el pecho al poste mediante clavijas de madera que atraviesan la piel. El etnógrafo George Bird Grinnell escribió en The Cheyenne Indians: «El propósito último de la Danza del Sol es la renovación del mundo. Los cheyenne no la ejecutan para su propio beneficio, sino para que la tierra siga verde, el bisonte siga viniendo, los niños sigan naciendo. Ma’heo’o creó una vez el mundo; los danzantes lo ayudan a crearlo de nuevo, cada verano.» La ceremonia sigue celebrándose hoy en Lame Deer y en Colony, en un formato que los guardianes han sabido preservar y adaptar sin traicionar su sentido profundo. La conexión ritual entre el danzante suspendido, el Poste Sagrado que representa el eje del mundo y Ma’heo’o que sostiene todo desde el vacío primordial reproduce, en clave ceremonial contemporánea, el mismo gesto de la creación: la tierra sostenida sobre la Abuela Tortuga por la palabra del Ser Supremo.

Lo que permanece

Hoy, en pleno siglo XXI, la relación con Ma’heo’o sigue viva en las dos comunidades cheyenne. En la reserva Northern Cheyenne de Montana, alrededor del pequeño pueblo de Lame Deer y en las colinas boscosas cercanas a Busby y Ashland, la Danza del Sol se celebra cada verano bajo la dirección de los ancianos que han recibido las instrucciones de generación en generación. El Sacred Buffalo Hat, custodiado por el Keeper en Busby, sigue en su fardo sagrado. En la reserva Southern Cheyenne and Arapaho de Oklahoma, en los pueblos de Colony, Concho y Watonga, el Keeper de las Cuatro Flechas Sagradas — cargo que recae en un miembro de una familia hereditaria específica y que se transfiere en una ceremonia estricta — sigue guardando el fardo de las Flechas y ejecuta la Ceremonia de Renovación cuando las circunstancias lo requieren.

Bear Butte — Nówaa’e para los cheyenne, Mato Paha para los lakota — sigue siendo el punto de peregrinación central. Cada primavera, familias del norte y del sur suben la montaña con ofrendas de tabaco, tiras de tela roja atadas a las ramas de los pinos y oraciones susurradas en la lengua cheyenne. La montaña, elevada apenas 384 metros sobre la llanura circundante pero visible desde decenas de kilómetros, es hoy un parque estatal de Dakota del Sur. Los peregrinos comparten el lugar con turistas, con motociclistas del rally anual de Sturgis (que se celebra a pocos kilómetros y que ha sido motivo de disputas legales durante décadas) y con la expansión inmobiliaria de la ciudad de Rapid City. Un consorcio de cheyenne, lakota, arapaho y kiowa lleva años luchando judicialmente para proteger la montaña como sitio sagrado indígena, con éxitos parciales.

El nombre de Ma’heo’o no se pronuncia en vano. Se dice en oración, se dice al amanecer, se dice antes de encender la Pipa Sagrada. Un cheyenne contemporáneo, si es que sigue la tradición, no habla de «Dios» en los términos del cristianismo importado — aunque muchos son también católicos, metodistas o miembros de la Native American Church — sino de «Todo lo que Es», el Ser Supremo que flotó una vez sobre las aguas primordiales, que pidió al pequeño coot que se sumergiera, que colocó el barro sobre el caparazón de la Abuela Tortuga, y que entregó a Sweet Medicine las Cuatro Flechas para que el Pueblo tuviera un camino. Mientras las Flechas existan, dijo Sweet Medicine, el Pueblo existirá. Las Flechas existen aún.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Maheo y qué significa su nombre?

Maheo — cuya forma más precisa en cheyenne moderno es Ma’heo’o — es el Ser Supremo creador primordial del panteón cheyenne (Tsitsistas), el pueblo algonquino de las Grandes Llanuras norteamericanas. Su nombre se traduce con dificultad como «Todo lo que Es» o «El Ser Supremo», y los primeros etnógrafos anglosajones lo tradujeron como «Great Medicine» («Gran Medicina») por comparación con la categoría genérica del «medicine man» indígena. Ninguna de estas versiones captura del todo la carga sagrada del término, que en el uso ritual cheyenne se pronuncia con reverencia y no se invoca en vano. Ma’heo’o es anterior a todo lo demás: existía antes de la tierra, antes del sol y de la luna, antes de los animales y de los seres humanos. Flotaba solo sobre las aguas primordiales cuando decidió crear los cuatro pájaros acuáticos que le pedirían tierra donde descansar, y su acto de creación por el barro traído por el pequeño coot y sostenido sobre la Abuela Tortuga es el mito fundacional del Pueblo cheyenne.

¿Cómo se creó el mundo según los cheyenne?

Según la versión canónica recogida por George Bird Grinnell en By Cheyenne Campfires (1926) y confirmada en Cheyenne Memories de John Stands In Timber (1967), en el principio todo era agua y solo Maheo flotaba sobre la superficie. Maheo creó primero cuatro pájaros acuáticos — el ganso de nieve, el ánade real, el somorgujo y el coot — que le pidieron un lugar donde descansar. Maheo les pidió que se sumergieran y trajeran barro del fondo de la laguna primordial. Los tres primeros pájaros fracasaron a pesar de su tamaño y su destreza; el cuarto, el pequeño y humilde coot, se sumergió durante mucho tiempo y regresó casi muerto con un poco de barro en el pico. Maheo tomó ese barro y lo colocó sobre el lomo de la Abuela Tortuga, que se ofreció voluntariamente para ser la base cósmica del mundo. El barro creció hasta formar la tierra. Después Maheo creó los árboles, los animales, y finalmente al primer hombre y a la primera mujer, a los que dio la Pipa Sagrada y los cuatro Colores Sagrados.

¿Qué papel tiene Sweet Medicine en la tradición cheyenne?

Sweet Medicine (Mótseeoveestse) es el profeta cultural que estructura la relación entre el Pueblo cheyenne y Ma’heo’o desde el pasado remoto hasta el presente. La tradición sitúa su vida en un tiempo anterior a la migración a las llanuras. Nació de una virgen, tuvo una infancia marcada por dones proféticos, y tras un episodio de destierro viajó cuatro años por el mundo hasta llegar a Bear Butte, la montaña sagrada de Sudakota. Allí una hendidura en la roca lo recibió y allí pasó cuatro años más aprendiendo directamente de Ma’heo’o. Cuando regresó al Pueblo, trajo consigo las Cuatro Flechas Sagradas (Mahotse) — dos «de hombre» con poder sobre los enemigos y dos «de bisonte» con poder sobre la caza —, la reafirmación de la Pipa Sagrada primordial, las reglas rituales de la Danza del Sol, la estructura del consejo de los cuarenta y cuatro jefes y las cuatro sociedades de guerreros originales. Sweet Medicine profetizó también la llegada del hombre blanco y del caballo, la desaparición del bisonte y la crisis del Pueblo, y prometió que mientras las Flechas existieran, el Pueblo existiría.

¿Dónde se pueden ver hoy las ceremonias relacionadas con Maheo?

Las ceremonias centrales relacionadas con Ma’heo’o siguen celebrándose hoy en las dos reservas cheyenne: la Northern Cheyenne Indian Reservation en el sudeste de Montana, con capital en Lame Deer, y la Cheyenne and Arapaho Reservation en el oeste de Oklahoma, con centros en Concho, Colony y Watonga. La Danza del Sol se celebra cada verano en ambas comunidades. La Ceremonia de Renovación de las Cuatro Flechas Sagradas se ejecuta cuando las circunstancias lo requieren, bajo la dirección del Keeper de las Flechas — cargo hereditario custodiado en Oklahoma. El Sacred Buffalo Hat (Esevone) se guarda en la reserva del norte, en Busby. Las ceremonias no están abiertas al turismo: la asistencia requiere invitación de la propia comunidad y respeto absoluto de las normas rituales. Bear Butte, en cambio, es hoy un parque estatal de Dakota del Sur accesible al público, aunque los peregrinos cheyenne, lakota, arapaho y kiowa piden que los visitantes respeten las ofrendas de tabaco y las tiras rojas atadas a los árboles.

¿Por qué es sagrada Bear Butte para los cheyenne?

Bear Butte — Nówaa’e en cheyenne, Mato Paha en lakota — es la montaña sagrada donde, según la tradición, Sweet Medicine recibió directamente de Ma’heo’o las Cuatro Flechas Sagradas y las instrucciones para la estructura ritual y política del Pueblo. La montaña, situada al este de las Black Hills en el actual estado de Dakota del Sur, se eleva apenas 384 metros sobre la llanura circundante pero es visible desde decenas de kilómetros gracias a su forma cónica aislada, resultado de una intrusión volcánica del Terciario. Para los cheyenne es literalmente el axis mundi: el punto donde el mundo humano toca el mundo del Ser Supremo, la montaña donde Sweet Medicine pasó cuatro años aprendiendo, y el lugar al que cada primavera peregrinan familias del norte y del sur para dejar ofrendas de tabaco y oraciones. Para los lakota, la misma montaña es igualmente sagrada como sitio de vision quest y peregrinación, lo que ha dado lugar a una comunidad de prácticas rituales compartidas entre pueblos históricamente vecinos. Un consorcio de tribus lleva décadas litigando para proteger la montaña de la expansión inmobiliaria y del rally de motos de Sturgis, que se celebra a pocos kilómetros cada agosto.

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