Lo esencial. Ñamandú Ru Ete tenondegua —»Nuestro Padre Verdadero Primero» en mbyá, también Ñande Ru Papá Tenondé («Nuestro Gran Padre Primero»)— es el creador supremo autogenerado del panteón mbyá-guaraní. Documentado por el maestro paraguayo-australiano León Cadogan en su obra fundamental Ayvu Rapyta: Textos míticos de los Mbyá-Guaraní del Guairá (Universidade de São Paulo, 1959; reeditada por CEADUC y CEPAG en Asunción, 1992), Ñamandú se autogenera en las tinieblas primordiales, crea la palabra-alma (ñe’ẽ) que es la esencia divina de todo lo que existe, y produce a los cuatro Ñamandú menores que serían padres de los pueblos guaraníes. La palabra-alma que cada mbyá recibe al nacer es una porción del propio Ñamandú, y la búsqueda de la Tierra sin Mal (yvy marane’ỹ) —motivo escatológico documentado por Curt Nimuendajú en 1914 y sistematizado por Hélène Clastres en La terre sans mal (Seuil, París, 1975)— orienta las migraciones proféticas guaraníes de los últimos cinco siglos.
| Origen cultural | Pueblos mbyá-guaraníes del Guayrá (Alto Paraná paraguayo, Misiones argentina, Rio Grande do Sul, Santa Catarina, Paraná, São Paulo, Espírito Santo y Río de Janeiro en Brasil); familia lingüística tupí-guaraní, subgrupo mbyá con unas ochenta mil personas hablantes distribuidas hoy entre los tres países del Cono Sur |
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| Tipo | Creador supremo autogenerado y padre primero del panteón mbyá-guaraní; deidad demiúrgica y origen de la palabra-alma (ñe’ẽ) que constituye la esencia divina de todo lo que existe; centro de la teología mbyá contemporánea |
| Función mítica | Auto-generarse en las tinieblas primordiales; crear la palabra-alma ñe’ẽ, la corona de plumas jeguaká poty, la vara-insignia yvyra’i y el primer canto sagrado; producir a los cuatro Ñamandú menores padres de las cuatro parcialidades guaraníes; enviar al mundo a los ancestros del avá (persona) mbyá y sostener el pensamiento del pueblo |
| Atestación | Curt Nimuendajú, Die Sagen von der Erschaffung und Vernichtung der Welt als Grundlagen der Religion der Apapocúva-Guaraní (Stuttgart, 1914; trad. española 1978); León Cadogan, Ayvu Rapyta: Textos míticos de los Mbyá-Guaraní del Guairá (Universidade de São Paulo, 1959; reed. CEADUC/CEPAG, Asunción, 1992); Egon Schaden, Aspectos fundamentais da cultura guarani (São Paulo, 1954); Pierre Clastres, Le grand parler: mythes et chants sacrés des Indiens Guarani (Seuil, 1974); Hélène Clastres, La terre sans mal (Seuil, 1975); Bartomeu Melià, S.J., El guaraní conquistado y reducido (CEADUC, Asunción, 1988) |
| Vigencia hoy | Deidad central en la religión mbyá contemporánea, vigente en ~280.000 guaraníes hablantes de Paraguay, Argentina y Brasil según el informe Guarani Retã 2008; los opy (casas ceremoniales) mantienen los cantos y danzas (jeroky) dirigidos a Ñamandú; los rituales de recepción del nombre-alma que el paje (chamán) revela al nacer siguen practicándose en las comunidades mbyá del Guayrá, Misiones y el sur brasileño |
Entender a Ñamandú exige situarlo primero en el mapa que León Cadogan trazó en 1959. Cuando la Universidad de São Paulo publicó ese año Ayvu Rapyta: Textos míticos de los Mbyá-Guaraní del Guairá, el mundo académico americanista comprendió por primera vez que existía un pensamiento religioso mbyá secreto, organizado en cantos rituales de gran belleza poética y sostenido por una teología del origen que rivalizaba en profundidad con las grandes literaturas religiosas del mundo. Antes de esa publicación, la religión guaraní se conocía principalmente a través de los cronistas jesuitas del siglo XVII y de las etnografías tempranas de Nimuendajú entre los apapocúva-guaraní en 1914. El Ayvu Rapyta reveló un corpus interno que los propios mbyá habían guardado durante siglos y que solo entregaban a quien consideraban digno.
El propio nombre del libro traducía el concepto central del pensamiento mbyá. Ayvu es «palabra, sonido, lenguaje»; rapyta es «fundamento, base, origen». Ayvu Rapyta es entonces «Fundamento de la palabra» —o, con la traducción más difundida de Cadogan, «los fundamentos del lenguaje humano». La palabra no es en el pensamiento mbyá un instrumento neutro de comunicación: es la sustancia misma de lo real, la primera creación de Ñamandú, y cada ser humano recibe al nacer una porción de esa palabra divina bajo la forma de su ñe’ẽ, su nombre-alma verdadero. Cadogan había pasado treinta años ganándose la confianza de los ancianos mbyá del Guayrá antes de que le fueran transmitidos los cantos secretos que formaron el corpus del libro. Su publicación es evento fundacional para la antropología americanista y para el reconocimiento del pensamiento indígena guaraní como filosofía religiosa autónoma.
El sistema mbyá que emerge del Ayvu Rapyta tiene tres ejes fundamentales que sostienen toda la reflexión religiosa contemporánea de las comunidades guaraníes del Cono Sur. El primero es la génesis del creador Ñamandú a partir de sí mismo en las tinieblas primordiales, y su producción del universo a partir de la palabra. El segundo es la doctrina de la palabra-alma ñe’ẽ, según la cual cada ser humano es una porción viviente de la divinidad recibida al nacer y devuelta al morir. El tercero es la escatología de la Tierra sin Mal (yvy marane’ỹ), tierra prometida perfecta accesible mediante peregrinación ritual guiada por profetas-cantores (karai poroayhu), motivo que documentó Nimuendajú entre los apapocúva en 1914 y que Hélène Clastres sistematizó como clave interpretativa mayor de la historia guaraní en La terre sans mal (Seuil, París, 1975). Los tres ejes se sostienen mutuamente y proporcionan el marco explicativo de las prácticas rituales, poéticas y migratorias que las comunidades mbyá siguen practicando hoy.
Nuestro Padre Verdadero Primero: la génesis mbyá según el Ayvu Rapyta
Índice
Los dos primeros cantos del Ayvu Rapyta registrados por Cadogan de labios de los ancianos mbyá del Guayrá describen la autogénesis de Ñamandú Ru Ete tenondegua en las tinieblas primordiales. En el principio no había nada, sólo la noche originaria. En medio de esa noche —dice el canto en su traducción castellana— nuestro Padre Verdadero Primero, Ñamandú Ru Ete, se descubrió a sí mismo en la oscuridad. Abrió su pecho como un capullo de flor y de él surgió la palabra fundamental (ayvu), que es la sustancia misma del ser divino. Sentado sobre su asiento eterno hecho de raíces del árbol primordial, se creó a sí mismo, y luego produjo su corona de plumas de ceremonia (jeguaká poty, «flor de plumas»), su vara-insignia (yvyra’i) y el primer canto sagrado (porahéi) que sostiene todavía el mundo.
La secuencia narrativa de esos primeros cantos es de una economía sorprendente. Cadogan la transcribió con fidelidad al ritmo y a las repeticiones característicos del canto ceremonial mbyá, y la comparación con las tradiciones orales religiosas del mundo pone en evidencia que el Ayvu Rapyta es una obra literaria autónoma y de gran altura poética. La sola figura de Ñamandú abriéndose el pecho para dar origen a la palabra ha sido comparada por comentaristas académicos con el motivo del Verbo del prólogo del Evangelio de Juan, con el Om primordial de la tradición sánscrita y con el Kototamu del sintoísmo japonés. La comparación no debe ocultar la especificidad mbyá: la palabra en el pensamiento guaraní no es sonido articulado por la boca sino sustancia viva del alma humana, la ñe’ẽ, que reside en el pecho y que se manifiesta en el canto ceremonial dirigido a Ñamandú.
Tras auto-generarse, Ñamandú Ru Ete tenondegua produjo a cuatro Ñamandú menores —Ñamandú Py’a Guasu, Karai Ru Ete, Jakaira Ru Ete y Tupã Ru Ete— que serían padres de las cuatro parcialidades del pueblo guaraní y de sus respectivas esposas divinas. De la última pareja divina, Tupã Ru Ete y Tupã Chy Ete, procede el dios del trueno secundario que en el sistema mbyá conserva su función meteorológica original —el Tupã del trueno y del rayo—, subordinado al creador supremo y no confundible con el Dios cristiano que los jesuitas del siglo XVII bautizaron con el mismo nombre. La estructura de cuatro Ñamandú menores con sus respectivas esposas divinas es una de las peculiaridades del sistema mbyá y permite entender las diferencias regionales entre los grupos guaraníes contemporáneos —mbyá, avá guaraní, paĩ-tavyterã, kaiowá, ñandeva, chiripá— como derivaciones de las cuatro líneas divinas primigenias fundadas por los cuatro Ñamandú menores.
Los seres humanos —los primeros avá, hombres verdaderos— fueron creados posteriormente por los cuatro Ñamandú menores actuando por delegación del Padre Primero. Cada ser humano recibió al nacer su palabra-alma ñe’ẽ, porción viviente de la palabra fundamental que Ñamandú Ru Ete había hecho surgir de su pecho en la génesis. El nombre-alma verdadero de cada persona es revelado al paje —chamán, o mejor «sabio, cantor, curador»— mediante un sueño ceremonial, y ese nombre es la identidad más profunda del ser humano, distinta del nombre social usado en el trato cotidiano. Cuando el mbyá muere, su ñe’ẽ regresa a la morada de Ñamandú en el firmamento oriental, y allí se reintegra a la palabra fundamental hasta que sea llamada de nuevo a nacer en otra generación. La circulación entre el creador y los seres humanos a través de la palabra-alma es el mecanismo central de la teología mbyá y el fundamento de su ética.
El panteón menor del sistema mbyá incluye además a otras figuras subordinadas a Ñamandú y a los cuatro Ñamandú menores: los karai del monte (potencias diversas del bosque), los espíritus de los ancestros muertos que aún no han vuelto al Padre, las divinidades animales que rigen las especies de caza. Entre los seres del monte y del río compartidos con el sustrato tupí-guaraní más amplio, las comunidades mbyá reconocen figuras como Kurupí, Pombero, Jasy Jaterê, los siete hijos monstruosos de Tau y Kerana —incluidos Mbói Tu’ĩ, Moñái, Ao Ao, Teju Jaguá y Luisón—, y las figuras selváticas propiamente amazónicas como Curupira, Caipora, Anhangá, Saci-Pererê, Iara, Boi-Tatá y Jurupari. Todas ellas ocupan lugar propio dentro del panteón guaraní bajo la autoridad última del creador Ñamandú.
La palabra-alma (ñe’ẽ) y la Tierra sin Mal (yvy marane’ỹ)
La doctrina de la palabra-alma es el corazón del pensamiento mbyá contemporáneo y una de las contribuciones más originales del sistema religioso guaraní a la historia comparada de las religiones. Cada ser humano, según los cantos del Ayvu Rapyta, recibe al nacer una porción de la palabra divina fundamental que Ñamandú hizo surgir de su pecho al inicio de los tiempos. Esa porción es la ñe’ẽ, palabra-alma verdadera, y reside en el pecho del recién nacido. La ñe’ẽ no es alma en el sentido cristiano —principio inmaterial individual de la persona— sino manifestación local de la palabra divina única que constituye todo lo que existe. Todos los seres humanos son porciones vivientes de la misma palabra fundamental, y por eso el pensamiento mbyá insiste en el respeto absoluto por la vida del avá —del hombre verdadero— y por su libertad de circular por el territorio.
El nombre-alma verdadero es revelado al paje —chamán, sabio, cantor— mediante un sueño ceremonial que suele producirse en los primeros meses o años de vida del recién nacido. El paje «escucha» el nombre que la ñe’ẽ le comunica en el sueño, y ese nombre es después impuesto al niño en una ceremonia que se celebra en el opy —casa ceremonial— acompañada de cantos, danzas jeroky, uso del mbaraká (maraca ritual), del rave (violín guaraní) y del petyngua (pipa ceremonial de tabaco sagrado). El nombre-alma es distinto del nombre social usado en el trato cotidiano; se guarda con reserva y solo se pronuncia en contextos rituales. Es la identidad más profunda del ser humano mbyá, la que lo conecta directamente con Ñamandú y con la palabra divina primera. Perder el nombre-alma —por acción de malos espíritus o por rupturas graves del orden ritual— es perder también la salud, y la recuperación del ñe’ẽ extraviado es una de las funciones curativas principales del paje.
La escatología mbyá completa la doctrina de la palabra-alma con el motivo de la Tierra sin Mal (yvy marane’ỹ). Ñamandú creó la Tierra imperfecta (yvy vai, «tierra mala») donde vive la humanidad y donde reinan la enfermedad, la muerte, la injusticia y el sufrimiento. Existe también, más allá de la Tierra imperfecta, una tierra prometida perfecta —la yvy marane’ỹ, «tierra sin daño»— donde no hay muerte ni enfermedad y donde la palabra-alma vive en plenitud junto a Ñamandú. El camino a esa tierra prometida es la peregrinación ritual guiada por profetas-cantores (karai poroayhu) que reciben en sueños la indicación divina de partir. Los peregrinos deben purificarse mediante ayuno, danza continua y cantos ceremoniales prolongados, y en algunos relatos históricos —recogidos por Nimuendajú entre los apapocúva-guaraní en 1914— alcanzan un estado de aguyje, perfección espiritual, que les permitiría trasladarse en cuerpo y alma a la tierra prometida.
Este motivo escatológico fue sistematizado como clave interpretativa mayor de la historia guaraní por Hélène Clastres en La terre sans mal (Seuil, París, 1975; traducción española Tierra sin mal, Ediciones del Sol, Buenos Aires, 1993). Clastres —etnóloga francesa y esposa del antropólogo Pierre Clastres, que había publicado un año antes Le grand parler: mythes et chants sacrés des Indiens Guarani (Seuil, 1974)— mostró que las migraciones históricas guaraníes desde el Paraguay hacia la costa atlántica brasileña, documentadas por los cronistas coloniales entre los siglos XVI y XX, no se explican adecuadamente por causas económicas o demográficas simples. Son migraciones proféticas motivadas por la búsqueda ritual de la yvy marane’ỹ, y su recurrencia a lo largo de cinco siglos —incluyendo migraciones colectivas documentadas en los años 1820, 1912 y 1934— confirma la profundidad histórica del motivo escatológico. La tesis de Clastres reorientó los estudios guaraní contemporáneos y sigue siendo referencia obligada para entender la relación entre religión, territorio y política en el mundo mbyá.
La combinación de palabra-alma y Tierra sin Mal produce en el pensamiento mbyá una ética distintiva. Puesto que cada ser humano es una porción viviente de la palabra divina, la comunidad debe cuidar de que nadie sufra hambre, enfermedad no atendida o injusticia grave. Puesto que la Tierra sin Mal está más allá de la Tierra imperfecta actual, la vida presente es en cierta medida provisional y el aguyje —la perfección espiritual que permite acceder a la tierra prometida— es la meta última del cuidado ritual. Puesto que los karai poroayhu reciben en sueños la indicación de partir, la libertad de migración es un valor religioso que las comunidades mbyá contemporáneas siguen defendiendo frente a las políticas de fijación territorial de los Estados nacionales. Esta ética es la fuente antropológica de la resistencia guaraní contemporánea al modelo agrícola industrial del Cono Sur y de las movilizaciones por el reconocimiento de tierras ancestrales en el Guayrá paraguayo, en Misiones argentina y en los estados brasileños del sur.
León Cadogan (1959) y el rescate del pensamiento mbyá contemporáneo
Sin León Cadogan, la teología mbyá contemporánea sería académicamente irreconocible. Cadogan (Villa Encarnación, Paraguay, 1899 – Asunción, 1973) fue un maestro de escuela paraguayo hijo de emigrantes australianos —Cadogan es apellido irlandés— que dedicó tres décadas de su vida, entre los años 1930 y los 1950, a ganarse la confianza de los ancianos mbyá del Guayrá paraguayo. La condición de «digno» para recibir los cantos secretos no se compraba con dinero ni con favores institucionales: se ganaba con años de trato respetuoso, con hospitalidad devuelta —Cadogan hospedó familias mbyá enteras en su casa de Villarrica durante largos períodos—, con aprendizaje serio de la lengua y con actos concretos de defensa jurídica de las comunidades frente a los abusos de terratenientes y de funcionarios. Cuando el cacique Pablo Vera y otros ancianos consideraron finalmente que Cadogan había cumplido las condiciones para recibir los cantos, se los transmitieron en sesiones prolongadas que Cadogan transcribió con paciencia lingüística notable.
El resultado fue el corpus del Ayvu Rapyta, publicado en 1959 por la Universidad de São Paulo en edición bilingüe mbyá-castellano de 217 páginas con introducción de Egon Schaden. La segunda edición —CEADUC y CEPAG, Asunción, 1992— añadió apéndices y precisiones etnográficas. El libro incluye los cantos de la creación primordial, los cantos de las cuatro parcialidades del pueblo guaraní, los cantos del origen del fuego, los cantos rituales del opy, y una selección de mitos narrados en prosa que complementan la información contenida en los cantos ceremoniales propiamente dichos. La calidad literaria del corpus, la profundidad teológica del sistema religioso que revela y la fidelidad etnográfica de la transcripción hicieron del Ayvu Rapyta una de las obras fundacionales de la antropología americanista del siglo XX. Cadogan publicó además La literatura de los guaraníes (México, 1965) y numerosos artículos en revistas especializadas de Paraguay, Argentina, Brasil, Alemania y Francia.
La línea de investigación abierta por Cadogan fue continuada por otros etnógrafos y lingüistas. Egon Schaden (São Paulo, 1954) había publicado ya Aspectos fundamentais da cultura guarani antes que el Ayvu Rapyta, y su libro sigue siendo referencia para el estudio comparado de los tres grandes grupos guaraní del Brasil (mbyá, kaiowá, ñandeva). Pierre Clastres, antropólogo francés discípulo de Claude Lévi-Strauss, publicó en 1974 Le grand parler, colección de mitos y cantos mbyá que él mismo había recogido en trabajo de campo en Paraguay, y en su libro póstumo Recherches d’anthropologie politique (Seuil, 1980) desarrolló su lectura política del pensamiento guaraní como «sociedad contra el Estado». Hélène Clastres, con La terre sans mal (Seuil, 1975), sistematizó la interpretación de las migraciones proféticas como búsqueda de la yvy marane’ỹ. Y Bartomeu Melià, S.J., jesuita catalán instalado en el Paraguay desde los años 1950 y colaborador y sucesor intelectual directo de Cadogan, ha continuado la línea desde El guaraní conquistado y reducido (CEADUC, Asunción, 1988) y La lengua guaraní del Paraguay (Mapfre, Madrid, 1992) hasta sus últimos trabajos.
La vigencia contemporánea de Ñamandú y del pensamiento mbyá es demográficamente sólida. El informe multi-país Guarani Retã 2008: Los guaraníes en las fronteras de Argentina, Brasil y Paraguay —coordinado por antropólogos y organizaciones guaraníes de los tres países y publicado en Asunción en 2008— documentó unas doscientas ochenta mil personas guaraní hablantes en las comunidades indígenas del Cono Sur, con unos quince mil mbyá en Paraguay, unos diez mil mbyá en Argentina (concentrados en Misiones) y unos cincuenta y cinco mil mbyá en Brasil distribuidos entre Rio Grande do Sul, Santa Catarina, Paraná, São Paulo, Espírito Santo y Río de Janeiro. Todas estas comunidades mantienen sus opy —casas ceremoniales de estructura de madera y palma— como espacios rituales activos, y en ellos siguen practicando los cantos, las danzas jeroky, la ceremonia del nombre-alma para los recién nacidos y las plegarias dirigidas a Ñamandú Ru Ete tenondegua.
El reconocimiento internacional del pensamiento mbyá ha avanzado en el siglo XXI. La UNESCO incluyó en 2014 el sistema agroforestal guaraní en la lista de bienes agrícolas patrimoniales, reconociendo la sabiduría ecológica de las comunidades mbyá en el manejo del monte atlántico brasileño y del bosque paranaense paraguayo y argentino. La Comissão Guarani Yvyrupa, formada en 2005 con delegados de las comunidades mbyá de los tres países, ha desarrollado un discurso internacional sobre la yvyrupa (la totalidad del territorio ancestral guaraní) que se apoya explícitamente en la teología del Ayvu Rapyta y en la doctrina de la Tierra sin Mal. Y en Paraguay, la instalación institucional del Fondo Nacional de Cultura y Arte, del Instituto Paraguayo del Indígena y de la Secretaría de Políticas Lingüísticas ha permitido en las últimas dos décadas la publicación de nuevas ediciones del Ayvu Rapyta, de estudios académicos sobre el pensamiento mbyá y de materiales didácticos bilingües para las escuelas de las comunidades guaraníes. Ñamandú Ru Ete tenondegua sigue siendo, casi setenta años después de la publicación de Cadogan, el centro de una tradición religiosa viva.
Una mirada final
Nimuendajú (1914) entre los apapocúva y León Cadogan (1959) entre los mbyá del Guayrá revelaron a la antropología americanista un sistema religioso guaraní que los cronistas jesuitas del siglo XVII no habían llegado a documentar en profundidad. Ñamandú Ru Ete tenondegua se autogenera en las tinieblas primordiales, crea la palabra-alma (ñe’ẽ) que constituye la esencia divina de todo lo que existe, y produce a los cuatro Ñamandú menores padres de las cuatro parcialidades guaraníes. La doctrina de la palabra-alma y la escatología de la Tierra sin Mal (yvy marane’ỹ), sistematizada por Hélène Clastres en 1975, explican las migraciones proféticas guaraníes de los últimos cinco siglos. Con unos doscientos ochenta mil hablantes guaraní en Paraguay, Argentina y Brasil según el informe Guarani Retã 2008 —de los cuales unos ochenta mil mbyá—, la teología de Ñamandú es hoy una de las tradiciones religiosas indígenas vivas más ricas de Sudamérica.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Ñamandú en la religión mbyá?
Ñamandú Ru Ete tenondegua —»Nuestro Padre Verdadero Primero», también Ñande Ru Papá Tenondé— es el creador supremo autogenerado del panteón mbyá-guaraní. Según los cantos del Ayvu Rapyta registrados por León Cadogan en 1959, se autogenera en las tinieblas primordiales, abre su pecho como un capullo de flor y crea la palabra fundamental (ayvu) que es la sustancia del ser. Después produce a los cuatro Ñamandú menores, padres de las cuatro parcialidades del pueblo guaraní, y a los primeros seres humanos avá con su palabra-alma (ñe’ẽ). Es la deidad central del pensamiento mbyá contemporáneo vigente en Paraguay, Argentina y Brasil.
¿Qué es el Ayvu Rapyta de León Cadogan?
El Ayvu Rapyta: Textos míticos de los Mbyá-Guaraní del Guairá es la obra fundamental del maestro paraguayo-australiano León Cadogan (1899-1973), publicada por la Universidad de São Paulo en 1959 y reeditada por CEADUC y CEPAG en Asunción en 1992. El título significa «Fundamento de la palabra». Recoge los cantos secretos de la creación primordial que Cadogan pudo transcribir después de tres décadas de ganarse la confianza de los ancianos mbyá del Guayrá paraguayo. Es la obra fundacional del reconocimiento académico del pensamiento religioso mbyá como filosofía autónoma, y sigue siendo referencia obligada para el estudio de la religión guaraní contemporánea.
¿Qué es la palabra-alma (ñe’ẽ) en el pensamiento mbyá?
La ñe’ẽ —»palabra-alma»— es la porción de la palabra divina fundamental que cada ser humano mbyá recibe al nacer según la doctrina registrada en el Ayvu Rapyta. Reside en el pecho del recién nacido y es la identidad más profunda de la persona. El nombre-alma verdadero es revelado al paje (chamán) mediante un sueño ceremonial y se impone al niño en el opy (casa ceremonial) con cantos, danzas jeroky, uso del mbaraká y del petyngua. Cuando el mbyá muere, la ñe’ẽ regresa a la morada de Ñamandú en el firmamento oriental. Es concepto religioso distinto del alma en sentido cristiano.
¿Qué es la Tierra sin Mal (yvy marane’ỹ)?
La yvy marane’ỹ —»tierra sin daño»— es la tierra prometida perfecta del pensamiento escatológico mbyá-guaraní, más allá de la Tierra imperfecta (yvy vai) donde reinan la muerte y el sufrimiento. Documentado por Curt Nimuendajú entre los apapocúva-guaraní en 1914 y sistematizado por Hélène Clastres en La terre sans mal (Seuil, 1975), el motivo explica las migraciones proféticas guaraníes de los últimos cinco siglos —guiadas por karai poroayhu (profetas-cantores)— desde el Paraguay hacia la costa atlántica brasileña, incluidas migraciones colectivas documentadas en los años 1820, 1912 y 1934. La búsqueda ritual del aguyje (perfección espiritual) es la meta última.
¿Cuántos mbyá siguen hoy la religión de Ñamandú?
Según el informe multi-país Guarani Retã 2008: Los guaraníes en las fronteras de Argentina, Brasil y Paraguay, hay unas doscientas ochenta mil personas guaraní hablantes en las comunidades indígenas del Cono Sur, de las cuales unos ochenta mil son mbyá: quince mil en Paraguay (Guayrá y Alto Paraná), diez mil en Argentina (concentrados en Misiones) y cincuenta y cinco mil en Brasil (Rio Grande do Sul, Santa Catarina, Paraná, São Paulo, Espírito Santo, Río de Janeiro). Todas las comunidades mbyá mantienen sus opy (casas ceremoniales) como espacios rituales activos, con cantos, danzas jeroky, ceremonias de nombre-alma y plegarias a Ñamandú Ru Ete tenondegua. La Comissão Guarani Yvyrupa, formada en 2005, es su voz política internacional.




