Nanabush, el trickster creador de los pueblos algonquinos y ojibwe

En breve. Nanabush es el trickster creador y héroe cultural central del corpus mítico Anishinaabe, agrupamiento algonquino que reúne a ojibwe (Ojibway/Chippewa), odawa (Ottawa), potawatomi (los Niswi Mishkodewin o Tres Fuegos), algonquin, mississauga y saulteaux. Su nombre aparece registrado con variantes dialectales: Nanabush en la obra contemporánea de Basil H. Johnston, Nanabozho en las comunidades ojibwe de Wisconsin y Minnesota, Wenabozho entre los ojibwe manitobanos, Winabojo en variantes menores y Manabozho en la ortografía decimonónica de Henry R. Schoolcraft. La figura reúne cuatro roles simultáneos —héroe cultural, transformador cósmico, embaucador y bufón— cuyo primer registro etnográfico sistemático aparece en Algic Researches (Harper & Brothers, Nueva York, 1839) de Schoolcraft, y cuyo tratamiento canónico contemporáneo se debe a Basil H. Johnston (ojibwe, 1929-2015) en Ojibway Heritage (McClelland & Stewart, Toronto, 1976) y The Manitous: The Spiritual World of the Ojibway (HarperCollins, Nueva York, 1995). El mito central del diluvio con el ratón muskrat, figura panalgonquina compartida con el Weesageechak cree, explica la creación de la Isla Tortuga (Turtle Island, nombre anishinaabe de Norteamérica). Su vigencia queda registrada en las ceremonias del Midewiwin (sociedad medicinal) que continúan en comunidades de Wisconsin, Minnesota, Michigan y Ontario, y en la literatura de Louise Erdrich, Gerald Vizenor y el propio Johnston.

Origen culturalPueblo Anishinaabe (autónimo colectivo, aproximadamente ‘primer pueblo bajado’ o ‘gente auténtica’); agrupamiento algonquino que incluye ojibwe (Ojibway/Chippewa), odawa (Ottawa), potawatomi (los Niswi Mishkodewin o Tres Fuegos), algonquin, mississauga y saulteaux; lengua Anishinaabemowin de la familia algonquiana; aproximadamente 320.000 personas repartidas entre Ontario (Manitoulin Island, Nipigon, Rama), Manitoba, Minnesota (Mille Lacs, White Earth, Leech Lake), Michigan (Bay Mills, Grand Traverse) y Wisconsin (Bad River, Lac Courte Oreilles); economía tradicional de caza mayor, pesca en los Grandes Lagos, recolección de manoomin (arroz salvaje) y elaboración de jarabe de arce; residencia estacional en wiigiwaam (wigwam) cubierto de corteza de abedul
TipoTrickster creador y héroe cultural del corpus mítico Anishinaabe; manidoo (espíritu) primordial nacido de mujer humana (Winonah) y del espíritu del viento oeste Epingishmog; figura de rol cuádruple simultáneo: héroe cultural que enseña las artes básicas del bosque boreal, transformador cósmico que recrea la Isla Tortuga tras el diluvio, embaucador cuyas manipulaciones redistribuyen los recursos entre seres, y bufón cuyos fracasos didácticos transmiten la ética del equilibrio con las manidoog; equivalente al Weesageechak / Wisakedjak cree, al Gluskap wabanaki y a otras figuras algonquinas de función paralela
Función míticaRecrea la tierra tras el gran diluvio a partir de un poco de barro traído por el ratón muskrat (rata almizclera, Ondatra zibethicus) desde el fondo del agua, dando origen a la Isla Tortuga (Turtle Island) sobre el caparazón de la tortuga primordial; enseña a los Anishinaabe la caza mayor, la pesca en los Grandes Lagos, la construcción del wiigiwaam, la fabricación de canoas de corteza de abedul (wiigwaas jiimaan), el uso ritual del tabaco (asemaa) y de las plantas medicinales; funda el Midewiwin (Gran Medicina), sociedad ceremonial de sanadores que perdura en el siglo XXI; sus aventuras cómicas transmiten la ética anishinaabe del equilibrio con las manidoog del cielo, el bosque, el lago y el subsuelo
AtestaciónHenry R. Schoolcraft, Algic Researches (2 vols., Harper & Brothers, Nueva York, 1839), primera recopilación etnográfica sistemática, elaborada en Sault Ste. Marie con la mediación de su esposa ojibwe Jane Johnston; Basil H. Johnston, Ojibway Heritage (McClelland & Stewart, Toronto, 1976) y The Manitous: The Spiritual World of the Ojibway (HarperCollins, Nueva York, 1995), obras centrales escritas por un intelectual ojibwe hablante nativo de Anishinaabemowin; Frances Densmore, Chippewa Customs (Bureau of American Ethnology Bulletin 86, Washington, 1929); Edward Benton-Banai, The Mishomis Book: The Voice of the Ojibway (Red School House, St. Paul, 1988; edición University of Minnesota Press, 2010); Christopher Vecsey, Traditional Ojibwa Religion and Its Historical Changes (American Philosophical Society, Philadelphia, 1983)
Vigencia hoyPresencia constante en las ceremonias del Midewiwin (Gran Medicina) que continúan en las comunidades ojibwe de Wisconsin (Bad River, Lac Courte Oreilles), Minnesota (Mille Lacs, White Earth, Leech Lake), Michigan (Bay Mills, Grand Traverse) y Ontario (Manitoulin Island, Nipigon, Rama); enseñanza obligatoria en programas escolares bilingües Anishinaabemowin-inglés del School District de Minneapolis y de las Wikwemikong Unceded Reserve Schools de Manitoulin Island; personaje central en la literatura contemporánea de Louise Erdrich (novela The Antelope Wife, HarperCollins, Nueva York, 1998), Gerald Vizenor (ensayos reunidos en The People Named the Chippewa, University of Minnesota Press, Minneapolis, 1984) y Basil H. Johnston; distinción clara respecto al personaje inventado ‘Hiawatha’ que Henry W. Longfellow tomó de Schoolcraft en su poema de 1855 confundiéndolo con la figura histórica iroquesa homónima

Nanabush preside el corpus mítico del pueblo ojibwe y del conjunto Anishinaabe como trickster creador y héroe cultural. Su nombre aparece registrado con variantes dialectales según la comunidad: Nanabush en la obra contemporánea de Basil H. Johnston (ojibwe, 1929-2015), Nanabozho en las comunidades ojibwe de Wisconsin y Minnesota, Wenabozho entre los ojibwe manitobanos, Winabojo en variantes menores, y Manabozho en la ortografía decimonónica que Henry R. Schoolcraft empleó en Algic Researches (Harper & Brothers, Nueva York, 1839). La figura reúne cuatro roles simultáneos que ninguna traducción única cubre: héroe cultural que enseña las artes básicas de la vida en el bosque boreal, transformador cósmico que recrea la tierra tras el gran diluvio, embaucador tramposo cuyas manipulaciones redistribuyen los recursos entre seres, y bufón cómico cuyos fracasos didácticos transmiten la ética anishinaabe del equilibrio con las manidoog (espíritus) del cielo, el bosque, el lago y el subsuelo.

El origen de Nanabush queda fijado por Basil H. Johnston en Ojibway Heritage (McClelland & Stewart, Toronto, 1976) mediante un episodio primordial: la unión de la mujer humana Winonah con el espíritu del viento oeste Epingishmog. De esa unión nacen cuatro hijos, entre ellos Nanabush y su hermano lobo Ma’iingan. La muerte del lobo a manos de los espíritus subacuáticos del Michi Bizhiw —el gran lince del agua que habita en los lagos profundos— desencadena la venganza de Nanabush: el gran diluvio que cubre la tierra primigenia, la recreación de la Isla Tortuga sobre el barro traído por el ratón muskrat, y todo el ciclo pedagógico posterior donde el héroe entrega a los Anishinaabe las artes que sostienen su vida material y ceremonial.

La primera recopilación escrita del corpus se debe a Henry R. Schoolcraft, agente federal estadounidense en Sault Ste. Marie casado con Jane Johnston (mujer ojibwe hija del jefe Waubojeeg y de la escocesa Susan Johnston), cuya obra Algic Researches (1839) sirvió de fuente al poema The Song of Hiawatha (Ticknor and Fields, Boston, 1855) de Henry W. Longfellow. La confusión histórica de Longfellow —atribuir a la figura anishinaabe de Manabozho el nombre de ‘Hiawatha’, que en realidad pertenece a un jefe iroqués del siglo XV asociado a la fundación de la Confederación Haudenosaunee— sigue distorsionando la recepción popular estadounidense. La corrección procede de la literatura anishinaabe del siglo XX y XXI: Johnston, Edward Benton-Banai (ojibwe, autor de The Mishomis Book, Red School House, St. Paul, 1988), Louise Erdrich (chippewa de Turtle Mountain) y Gerald Vizenor (chippewa de White Earth), que han recuperado el corpus con la ortografía y la ética de la lengua Anishinaabemowin.

El trickster creador y transformador anishinaabe

Basil H. Johnston, en The Manitous: The Spiritual World of the Ojibway (HarperCollins, Nueva York, 1995), sistematizó los cuatro roles de Nanabush con precisión etnográfica: héroe cultural, transformador cósmico, embaucador y bufón. Los cuatro roles operan simultáneamente en cada episodio del corpus. Cuando Nanabush enseña a los Anishinaabe a pescar en los Grandes Lagos, el mismo episodio puede terminar con el héroe cayendo al agua por vanidad, siendo tragado por un pez gigante y salvándose mediante un engaño; el orden pedagógico no elimina el fracaso cómico, y el fracaso cómico no invalida la enseñanza técnica. Esta simultaneidad distingue a los tricksters algonquinos de los héroes clásicos europeos y explica por qué las traducciones decimonónicas de Schoolcraft tendieron a suavizar los episodios más escatológicos o eróticos, que las fuentes anishinaabe contemporáneas restituyen sin edulcoración.

El linaje de Nanabush queda documentado en Ojibway Heritage (Johnston, 1976). Su madre Winonah era una mujer humana; su padre Epingishmog, el espíritu del viento oeste, uno de los cuatro manidoog cardinales del panteón anishinaabe (junto con Wabun del este, Zhawano del sur y Giwedin del norte). De su unión nacieron cuatro hijos: Nanabush, el hermano lobo Ma’iingan, un hermano piedra que personificaba la estabilidad terrestre y un cuarto hijo que murió al nacer y estableció por primera vez la mortalidad en el mundo. La estructura tetrádica del nacimiento respeta un patrón numerológico central en el corpus anishinaabe, donde el cuatro organiza los puntos cardinales, las estaciones, los elementos y las etapas de la vida humana.

Las enseñanzas técnicas que Nanabush transmite a los Anishinaabe ocupan varios capítulos del corpus. Johnston (1976) enumera las principales: la caza mayor del alce (mooz) y el ciervo (waawaashkeshi) mediante trampas y rastreo; la pesca en los Grandes Lagos con anzuelo, red y lanza; la construcción del wiigiwaam (wigwam) con estructura de varas de fresno cubierta de corteza de abedul (wiigwaas); la fabricación de canoas de corteza de abedul (wiigwaas jiimaan), tecnología central de la navegación en los Grandes Lagos y las redes fluviales del norte; el uso ritual del tabaco (asemaa) como ofrenda a las manidoog; y el reconocimiento y preparación de las plantas medicinales que constituyen la farmacopea del Midewiwin.

La fundación del Midewiwin (Gran Medicina) por Nanabush cierra el ciclo pedagógico. La sociedad ceremonial —descrita por Frances Densmore en Chippewa Customs (Bureau of American Ethnology Bulletin 86, Washington, 1929) y por Christopher Vecsey en Traditional Ojibwa Religion and Its Historical Changes (American Philosophical Society, Philadelphia, 1983)— agrupa a los especialistas rituales encargados de la sanación, la protección espiritual y la conservación del conocimiento sagrado (aadizookaan, relato sagrado, en oposición al dibaajimowin, relato profano). Los grados del Midewiwin, del primero al octavo, se transmiten mediante iniciación individual y ceremonias comunitarias que continúan celebrándose en las comunidades ojibwe de los Grandes Lagos. El origen del Midewiwin se atribuye directamente a la enseñanza de Nanabush, quien lo recibió a su vez de las manidoog subacuáticas después del episodio del diluvio.

El mito del diluvio y la creación de la Isla Tortuga

El episodio central del corpus Nanabush es la recreación de la tierra tras el gran diluvio, narrado con detalle en Ojibway Heritage (Johnston, 1976) y en The Mishomis Book (Benton-Banai, 1988). El origen del diluvio se localiza en la venganza de Nanabush contra los espíritus del Michi Bizhiw (el gran lince acuático), responsables de la muerte de su hermano lobo. Nanabush los atacó con flechas envenenadas; los espíritus del agua respondieron desatando un gran diluvio que cubrió la tierra primigenia. Ni siquiera las cimas de las montañas quedaron a la vista. Los seres primordiales se ahogaron; solo Nanabush y un puñado de animales sobrevivieron encaramados a un tronco flotante.

Con la tierra sumergida y sin lugar donde reposar, Nanabush convocó a los animales del tronco para intentar recuperar un poco de barro desde el fondo del agua, materia mínima con la que rehacer un mundo habitable. Se ofreció primero el ave maang (el somorgujo o loon), asociada en los clanes anishinaabe a las aguas profundas. Se sumergió, permaneció bajo la superficie hasta el límite de sus fuerzas y volvió sin nada. Después lo intentó la nutria (nigig), animal veloz y hábil buzo; regresó también con las patas vacías. El castor (amik), constructor de presas y experto en aguas profundas, aceptó el intento y volvió inconsciente sin haber alcanzado el fondo. La escena documenta el fracaso sucesivo de los mejores especialistas y prepara la sorpresa didáctica que sigue.

El último animal en presentarse fue el ratón muskrat (rata almizclera, wazhashk en Anishinaabemowin, Ondatra zibethicus), la criatura de apariencia más humilde entre las presentes. Los otros animales lo miraron con escepticismo; Nanabush, en cambio, aceptó el ofrecimiento. El muskrat se sumergió y permaneció bajo el agua tanto tiempo que los demás lo dieron por perdido. Al cabo de mucho rato, su cuerpo salió a la superficie inerte, aparentemente muerto. Cuando Nanabush examinó las patas cerradas del roedor, encontró en una de ellas unas pocas motas de barro traídas desde el fondo. Ese barro mínimo bastó para iniciar la recreación del mundo.

Nanabush depositó el barro sobre el caparazón de la tortuga primordial (mikinaak) que flotaba en las aguas, sopló sobre él las palabras rituales del comienzo, y el barro empezó a crecer. Un cuervo o un halcón (según variantes) sobrevoló el borde de la nueva tierra en círculos concéntricos para medir su expansión hasta que alcanzó el tamaño suficiente para sostener la vida humana. Esa tierra, sostenida sobre el caparazón de la tortuga, es la Turtle Island (Isla Tortuga), nombre anishinaabe de Norteamérica que la variante cree del mito recoge con detalles paralelos, y que otras figuras algonquinas del noreste como el Gluskap de los pueblos wabanaki han transmitido con nombres distintos y estructura equivalente. Compartida por decenas de pueblos, la figura del muskrat como buzo cósmico es uno de los rasgos que definen la unidad panalgonquina del corpus mítico frente a las tradiciones vecinas del coyote de las Grandes Llanuras y del sudoeste, y del raven o cuervo del noroeste del Pacífico.

De Schoolcraft (1839) a la literatura contemporánea: recepción y revitalización

Henry Rowe Schoolcraft (1793-1864), agente indio del gobierno federal estadounidense destinado a Sault Ste. Marie en 1822, publicó en 1839 los dos volúmenes de Algic Researches (Harper & Brothers, Nueva York), primera recopilación sistemática de mitos ojibwe. Su mediadora indispensable fue su esposa Jane Johnston (1800-1842), mujer ojibwe bilingüe hija del jefe Waubojeeg y de la escocesa Susan Johnston; Jane tradujo y transcribió gran parte del material que Schoolcraft compiló bajo su propio nombre. La ortografía ‘Manabozho’ empleada por Schoolcraft fue durante décadas la forma dominante en la etnografía académica angloamericana, y su compilación fijó una versión escrita del ciclo del diluvio, del nacimiento de Nanabush y de sus enseñanzas técnicas.

Henry Wadsworth Longfellow (1807-1882) tomó de Algic Researches el material que utilizaría en The Song of Hiawatha (Ticknor and Fields, Boston, 1855), poema narrativo de enorme éxito editorial que hasta hoy sigue siendo la principal fuente popular estadounidense sobre ‘mitología indígena’. El problema estructural del poema es una confusión de nombres: Longfellow atribuyó al héroe ojibwe Manabozho el nombre de ‘Hiawatha’, que en realidad pertenece a un jefe histórico iroqués del siglo XV, cofundador junto a Deganawidah de la Confederación Haudenosaunee (Iroquesa). Longfellow fusionó dos figuras de pueblos, lenguas y funciones distintas, error que la crítica ojibwe e iroquesa han denunciado desde el siglo XIX y que sigue vivo en la cultura popular. El personaje del poema no corresponde ni al Nanabush del corpus anishinaabe ni al Hiawatha histórico haudenosaunee.

La tradición etnográfica académica del siglo XX desarrolló el registro iniciado por Schoolcraft con mayor rigor documental. Frances Densmore, etnóloga del Bureau of American Ethnology, publicó Chippewa Customs (Bulletin 86, Washington, 1929), obra que documentó las ceremonias del Midewiwin, los cantos rituales y los relatos aadizookaan asociados a Nanabush. Christopher Vecsey, en Traditional Ojibwa Religion and Its Historical Changes (American Philosophical Society, Philadelphia, 1983), analizó la evolución del complejo mitológico y ritual anishinaabe desde el siglo XVII hasta el XX, con atención a los efectos del contacto con misioneros católicos jesuitas y protestantes anglicanos y metodistas.

La ruptura decisiva la produjo la literatura anishinaabe escrita por sus propios miembros. Basil H. Johnston (ojibwe de Cape Croker, Ontario, 1929-2015) publicó Ojibway Heritage (1976) y The Manitous (1995), obras que devolvieron a Nanabush su ortografía y su ética interna. Edward Benton-Banai (ojibwe, Lac Courte Oreilles, Wisconsin) escribió The Mishomis Book: The Voice of the Ojibway (Red School House, St. Paul, 1988; reeditado por University of Minnesota Press, Minneapolis, 2010), obra pedagógica destinada a la enseñanza escolar bilingüe. Louise Erdrich (chippewa de Turtle Mountain) incorpora a Nanabush en su novela The Antelope Wife (HarperCollins, Nueva York, 1998), y Gerald Vizenor (chippewa de White Earth) desarrolló en The People Named the Chippewa (University of Minnesota Press, Minneapolis, 1984) el concepto de postindian survivance a partir del trickster anishinaabe. En paralelo, las ceremonias del Midewiwin continúan celebrándose en Wisconsin, Minnesota, Michigan y Ontario, y los programas escolares bilingües Anishinaabemowin-inglés del School District de Minneapolis y de las Wikwemikong Unceded Reserve Schools de Manitoulin Island incorporan el corpus como material curricular.

Más allá del mito

Nanabush continúa activo en el corpus ceremonial y literario anishinaabe del siglo XXI. Las ceremonias del Midewiwin registradas por Densmore (1929) y analizadas por Vecsey (1983) siguen practicándose en comunidades ojibwe de los Grandes Lagos, y los grados iniciáticos de la sociedad medicinal continúan transmitiéndose a nuevas generaciones. El corpus narrativo alcanzó difusión escolar sistemática desde la publicación de The Mishomis Book (Benton-Banai, 1988), obra que se emplea en los programas bilingües del pueblo ojibwe de Manitoulin Island y en las escuelas urbanas de Minneapolis, Duluth y Winnipeg. La literatura de Johnston, Erdrich y Vizenor ha llevado la figura a lectores no indígenas sin diluir su especificidad anishinaabe.

La equivalencia funcional con otros tricksters de Norteamérica —el Weesageechak cree, el Gluskap wabanaki, el coyote de las Grandes Llanuras y del sudoeste, el raven o cuervo del noroeste del Pacífico— inscribe a Nanabush dentro del patrón panamericano del trickster demiúrgico, cada uno en la tradición propia de su pueblo. Los monstruos vecinos del corpus algonquino, entre ellos el wendigo, el Michi Bizhiw y las serpientes cornudas del subsuelo, completan el panorama de figuras espirituales con las que Nanabush mantiene su compleja negociación mítica. Recuperar el registro etnográfico preciso, con las variantes dialectales y con la separación clara respecto a la figura inventada por Longfellow, restituye a Nanabush el lugar que ocupa en la tradición viva del pueblo Anishinaabe.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Nanabush en el corpus mítico anishinaabe?

Nanabush es el trickster creador y héroe cultural central del corpus mítico anishinaabe, agrupamiento algonquino que reúne a ojibwe, odawa, potawatomi, algonquin, mississauga y saulteaux (aproximadamente 320.000 personas en Ontario, Manitoba, Minnesota, Michigan y Wisconsin). Su nombre aparece con variantes dialectales: Nanabush en Basil H. Johnston, Nanabozho en Wisconsin y Minnesota, Wenabozho en Manitoba y Manabozho en la ortografía decimonónica de Henry R. Schoolcraft (Algic Researches, Harper & Brothers, Nueva York, 1839). La figura reúne cuatro roles simultáneos: héroe cultural, transformador cósmico, embaucador y bufón. Su tratamiento canónico contemporáneo se debe a Johnston en Ojibway Heritage (McClelland & Stewart, Toronto, 1976) y The Manitous (HarperCollins, Nueva York, 1995).

¿Qué papel juega Nanabush en el mito del diluvio y la creación de la Isla Tortuga?

Después de que los espíritus subacuáticos del Michi Bizhiw mataran a su hermano lobo, Nanabush se vengó atacándolos con flechas envenenadas. Ellos respondieron desatando el gran diluvio que cubrió la tierra primigenia. Nanabush sobrevivió flotando en un tronco con algunos animales. Convocó al loon, la nutria y el castor para traer barro del fondo del agua; los tres fracasaron sucesivamente. El humilde ratón muskrat lo consiguió al precio de su vida. Nanabush depositó el barro sobre el caparazón de la tortuga primordial (mikinaak) y así creó la Isla Tortuga (Turtle Island), nombre anishinaabe de Norteamérica. El episodio está fijado en Ojibway Heritage (Johnston, 1976) y The Mishomis Book (Benton-Banai, Red School House, St. Paul, 1988).

¿Por qué el nombre aparece con tantas variantes ortográficas?

Las variantes Nanabush, Nanabozho, Wenabozho, Winabojo y Manabozho reflejan las diferencias dialectales del Anishinaabemowin y la ortografía propia de cada tradición etnográfica. Nanabush es la forma preferida por Basil H. Johnston en la literatura contemporánea ojibwe de Ontario. Nanabozho predomina en las comunidades ojibwe de Wisconsin y Minnesota. Wenabozho es común en Manitoba. Manabozho corresponde a la ortografía decimonónica que Henry R. Schoolcraft empleó en Algic Researches (Harper & Brothers, Nueva York, 1839), transcrita a partir del habla ojibwe de Sault Ste. Marie con la mediación de su esposa Jane Johnston. Se trata siempre de la misma figura mítica.

¿Es el mismo personaje que Hiawatha del poema de Longfellow?

No. Henry Wadsworth Longfellow, en The Song of Hiawatha (Ticknor and Fields, Boston, 1855), tomó el material narrativo de Algic Researches (Schoolcraft, 1839) referido al héroe ojibwe Manabozho o Nanabush pero le adjudicó el nombre Hiawatha, que en realidad pertenece a un jefe histórico iroqués del siglo XV, cofundador junto a Deganawidah de la Confederación Haudenosaunee. Longfellow fusionó dos figuras de pueblos, lenguas y funciones distintas. Los intelectuales ojibwe e iroqueses han denunciado el error desde el siglo XIX. El personaje del poema no corresponde ni al Nanabush anishinaabe ni al Hiawatha haudenosaunee.

¿Sigue vigente Nanabush en el siglo XXI?

Sí. Las ceremonias del Midewiwin (Gran Medicina) documentadas por Frances Densmore en Chippewa Customs (Bureau of American Ethnology Bulletin 86, Washington, 1929) y analizadas por Christopher Vecsey en Traditional Ojibwa Religion and Its Historical Changes (American Philosophical Society, Philadelphia, 1983) siguen practicándose en las comunidades ojibwe de Wisconsin, Minnesota, Michigan y Ontario. Nanabush aparece como personaje central en la literatura de Louise Erdrich (The Antelope Wife, HarperCollins, Nueva York, 1998) y Gerald Vizenor (The People Named the Chippewa, University of Minnesota Press, Minneapolis, 1984), y en el material curricular bilingüe Anishinaabemowin-inglés de las Wikwemikong Unceded Reserve Schools de Manitoulin Island y del School District de Minneapolis, basado en The Mishomis Book de Edward Benton-Banai (Red School House, St. Paul, 1988; edición University of Minnesota Press, Minneapolis, 2010).

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