Lo esencial. Vucub Camé (transcrito en la ortografía k’iche’ moderna como Wuqub’ Kame, «Siete Muerte») es el segundo señor supremo de Xibalbá, el inframundo maya k’iche’, y comparte con Hun Camé (Jun Kame, «Uno Muerte») la jefatura de los doce señores del reino de los muertos descritos en el Popol Vuh. Su ciclo narrativo constituye la mitad negativa —los antagonistas— del drama cosmogónico k’iche’ que culmina con la victoria de los héroes gemelos Hunahpú e Ixbalanqué y con el nacimiento del sol y la luna del cosmos actual.
| Origen cultural | Pueblo maya k’iche’ del Altiplano guatemalteco (siglos XI-XVI); tradición oral sistematizada en el Popol Vuh a mediados del siglo XVI en k’iche’ romanizado; capital histórica en Utatlán / Q’umarkaj cerca de Santa Cruz del Quiché |
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| Tipo | Segundo señor supremo de Xibalbá (inframundo); miembro dominante de la díada Hun Camé + Vucub Camé; presidente junto a Hun Camé del consejo de los doce señores de las enfermedades y de la muerte |
| Función mítica | Enviar enfermedades a los humanos; presidir los juegos de pelota mortales de Xibalbá; ejecutar el sacrificio de los primeros héroes Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú; ser derrotado por los gemelos vengadores Hunahpú e Ixbalanqué en la generación siguiente |
| Atestación | Popol Vuh (manuscrito k’iche’ hacia 1554-1558, transcrito y traducido por fray Francisco Ximénez hacia 1701; manuscrito conservado en la Newberry Library de Chicago, Ayer MS 1515); traducción castellana canónica de Adrián Recinos (FCE, 1947); ediciones críticas de Munro Edmonson (1971), Dennis Tedlock (1985), Enrique Sam Colop (1999/2008) y Allen Christenson (2003) |
| Vigencia hoy | El Popol Vuh es texto de lectura obligatoria en el currículo escolar guatemalteco desde la Reforma Educativa de 1996 y símbolo identitario central del pueblo k’iche’ contemporáneo; los estudios arqueológicos de Utatlán / Q’umarkaj (Robert Carmack y equipo, desde 1970) han localizado la capital histórica precolombina; las editoriales Cholsamaj y Maya’ Wuj publican regularmente traducciones y comentarios en idiomas mayas |
Vucub Camé (o Wuqub’ Kame en las grafías académicas contemporáneas, literalmente «Siete Muerte» a partir del numeral wuqub’ y del nombre calendárico Kame del ciclo de veinte días del tzolk’in) es el segundo de los dos señores supremos de Xibalbá, el inframundo maya k’iche’. Comparte con Hun Camé («Uno Muerte», Jun Kame) la jefatura de los doce señores del reino de los muertos, y aparece exclusivamente en el Popol Vuh, el libro sagrado del pueblo k’iche’ del Altiplano guatemalteco compilado a mediados del siglo XVI a partir de fuentes orales y jeroglíficas precolombinas hoy perdidas.
Los doce señores de Xibalbá no son deidades del panteón principal maya ni personifican fuerzas religiosas positivas. Son antagonistas: los responsables de las enfermedades, del sufrimiento, del envejecimiento y de la muerte humana. Cada uno de los diez señores subalternos representa una patología específica y actúa por delegación de Hun Camé y Vucub Camé, que preside las decisiones colectivas del reino subterráneo. La lista de los diez subalternos que registra el Popol Vuh incluye a Ahalpuh (el hacedor de pus, encargado de las supuraciones), Ahalganá (el hacedor de ictericia), Chamiabak («Bastón de Hueso», encargado de la extenuación esquelética), Chamiaholom («Bastón de Cráneo», encargado del hidrocéfalo), Ahalmez (el hacedor de suciedad), Ahaltocob (el hacedor de la miseria, encargado de la muerte súbita en los caminos), Xic (el halcón mensajero), Patán (el alguacil ejecutor) y dos alguaciles más cuya identificación varía según las traducciones (Recinos 1947, Tedlock 1985, Sam Colop 2008).
El nombre Xibalbá procede de la raíz xib’ («miedo», «espanto» en k’iche’ clásico) más el sufijo locativo -alb’a, y se traduce literalmente como «el lugar del miedo» o «el lugar del espanto». Es un espacio subterráneo al que se accede descendiendo por un camino escarpado que atraviesa ríos de sangre, ríos de pus y ríos de cuchillas, y que desemboca en un centro ceremonial donde los doce señores presiden sus juegos de pelota mortales, sus casas-prueba (la casa de las tinieblas, la casa del jaguar, la casa del murciélago o Zotzilaha, la casa del frío, la casa de las navajas, la casa del fuego) y sus consejos de tortura. La figura de Vucub Camé se define exclusivamente por este marco narrativo: no aparece en fuentes distintas del Popol Vuh, no tiene culto ritual documentado en la actualidad y sobrevive en la memoria k’iche’ contemporánea a través exclusivamente del libro sagrado y de sus derivados literarios modernos.
Segundo señor de Xibalbá y los doce señores del inframundo maya k’iche’
Índice
La estructura política del inframundo maya k’iche’ es dual en su vértice y jerárquica en su base. En el vértice reside la pareja de señores supremos Hun Camé («Uno Muerte») y Vucub Camé («Siete Muerte»), cuyos nombres remiten a la numeración calendárica del tzolk’in de 260 días: el uno y el siete son los dos números del calendario ritual maya asociados al signo Kame del ciclo de veinte días. Ninguno de los dos ejerce el mando en solitario; comparten la decisión y la firma de las sentencias, y cuando el Popol Vuh los presenta lo hace sistemáticamente como pareja indivisible. Esta estructura diárquica del vértice recuerda otras jerarquías políticas prehispánicas registradas en las fuentes coloniales —los caciques emparejados de las ciudades-estado k’iche’ de Utatlán, la duplicidad ceremonial del gobernante y su sacerdote— aunque en el caso xibalbano la fuente literaria única es el Popol Vuh.
Bajo la díada suprema se organiza el consejo de los diez señores subalternos, cada uno responsable ejecutivo de una enfermedad o padecimiento humano específico. La lista completa que registra el manuscrito de Ximénez, revisada por las traducciones modernas (Recinos 1947, Edmonson 1971, Tedlock 1985, Sam Colop 2008), incluye a Ahalpuh (el hacedor de pus, encargado de las supuraciones y flujos purulentos), Ahalganá (el hacedor de ictericia, encargado de la enfermedad hepática), Chamiabak («Bastón de Hueso», encargado de la extenuación esquelética), Chamiaholom («Bastón de Cráneo», encargado del hidrocéfalo y las enfermedades craneales), Ahalmez (el hacedor de suciedad, encargado de la desidia doméstica y la basura acumulada), Ahaltocob (el hacedor de la miseria, encargado de la muerte súbita en los caminos), Xic (el «Halcón» mensajero de las citaciones al inframundo) y Patán (el alguacil ejecutor de las sentencias). La formulación produce un sistema explicativo etiológico de la patología humana: cada enfermedad tiene su responsable divino específico y su curación requiere ritual dirigido al señor correspondiente.
La descripción del reino subterráneo que hace el Popol Vuh combina geografía imaginaria, arquitectura ceremonial y dispositivos de tortura. Se accede a Xibalbá bajando por un camino escarpado que atraviesa cuatro ríos en sucesión: el río del barro, el río de sangre, el río de pus y el río de las cuchillas —cuatro obstáculos que ya los doce señores utilizan para debilitar a los visitantes antes de su llegada al centro ceremonial—. Superados los ríos, se llega al cruce de los cuatro caminos: el rojo, el negro, el blanco y el amarillo (los cuatro colores direccionales característicos del pensamiento mesoamericano, aquí aplicados al inframundo). El camino negro conduce al consejo de los señores; los otros son trampas. El Popol Vuh registra la escena en la que Hun Camé y Vucub Camé sientan a los visitantes en una banca al rojo vivo para obtener risa mediante la quemadura, uno de los muchos episodios de burla ritual y humillación que caracterizan el trato xibalbano a los recién llegados.
Las casas-prueba de Xibalbá constituyen el aparato central de la tortura xibalbana. Son seis espacios contiguos por los que se hace pasar sucesivamente a los visitantes en las noches consecutivas de su estancia: la casa de las tinieblas (donde deben mantener encendidas antorchas y puros que no deben consumirse antes del amanecer), la casa del jaguar (donde debe evitarse el ataque de las fieras hambrientas), la casa del frío (donde el granizo eterno pretende congelar al visitante), la casa del fuego (donde arde una hoguera perpetua), la casa de las navajas (con cuchillos animados que atacan por sí mismos) y la casa del murciélago o Zotzilaha, gobernada por Camazotz (donde los murciélagos-vampiro decapitan a los visitantes en la oscuridad). Cada casa es una prueba de resistencia y de ingenio: la mera fuerza no basta, sino que hay que engañar al dispositivo mediante estratagemas rituales cuya invención define a los héroes que las superan. Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú (la primera generación de héroes) fracasan en las pruebas y son sacrificados; Hunahpú e Ixbalanqué (la segunda generación) las superan una a una y derrotan finalmente a los señores.
El ciclo Popol Vuh: derrota de Hun Hunahpú y venganza de los gemelos
El ciclo narrativo en el que Vucub Camé desempeña su papel central se divide en tres actos consecutivos: la derrota de los primeros héroes, el episodio milagroso de Ixquic y el nacimiento de los gemelos, y la venganza que culmina con la destrucción de los señores. El primer acto lo abre el episodio del juego de pelota. Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú, hijos de los abuelos primordiales Xpiyacoc y Xmucane, son jugadores de pelota-batey (pok-ta-pok) extraordinarios cuyo ruido sobre el techo del inframundo molesta a los señores subterráneos. Hun Camé y Vucub Camé les envían mensajeros —los búhos militares del inframundo— para citarlos en Xibalbá bajo pretexto de una partida ritual, y los primeros héroes descienden sin sospechar la trampa. Fracasan en la casa de las tinieblas por dejar consumirse las antorchas antes del amanecer, y los señores los sacrifican al día siguiente en la propia cancha de juego. Como advertencia, Hun Camé y Vucub Camé ordenan enterrar los cuerpos y colgar la cabeza cortada de Hun Hunahpú en un árbol de jícara junto al camino.
El segundo acto abre el milagro central del ciclo. La cabeza colgada del árbol de jícara conserva la palabra y la conciencia. Una joven doncella xibalbana llamada Ixquic o Xquic («Sangre de Luna»), hija del señor subalterno Cuchumaquic, escucha hablar de los frutos maravillosos del árbol y acude sola a verlos, transgrediendo la prohibición paterna. Cuando la cabeza-fruto le habla y le pide que extienda la mano, escupe en la palma abierta de la joven y la fecunda místicamente. Ixquic queda embarazada de los futuros gemelos, y cuando los señores del inframundo descubren su preñez la condenan a muerte por deshonra. Ella escapa mediante un truco (los mensajeros de la muerte que debían entregarle el corazón al consejo son engañados con la sustitución del corazón por una bola de savia coagulada del árbol de la sangre) y asciende al mundo superior refugiándose en casa de su suegra Xmucane. Allí da a luz a los dos gemelos vengadores: Hunahpú (Junajpu, «Uno Cerbatanero») e Ixbalanqué (Xb’alanq’e, «Pequeño Jaguar-Sol»).
El tercer acto ocupa la mayor parte del libro tercero del Popol Vuh. Los gemelos crecen escondidos, descubren los instrumentos de pelota heredados de su padre y comienzan a jugar sobre el mismo techo del inframundo que había provocado la ira de los señores originarios. Hun Camé y Vucub Camé les envían el mismo mensaje que a la generación anterior, pero los gemelos descienden preparados: superan sucesivamente las seis casas-prueba mediante engaños específicos (sustituyen las llamas de las antorchas por colas de guacamayas iluminadas, distraen a los jaguares dándoles huesos que masticar, encienden fuegos ocultos contra el frío, dejan pasar la noche de la casa del murciélago escondiéndose dentro de sus propias cerbatanas cerradas hasta el amanecer, aunque Hunahpú comete el error de asomar la cabeza y Camazotz se la corta —episodio que da lugar al famoso truco de la calabaza-cabeza sustituta durante el juego de pelota siguiente—). Tras cinco noches consecutivas de superar las pruebas, los gemelos aceptan finalmente el juego de pelota decisivo contra los señores.
La derrota final de Vucub Camé y de Hun Camé se produce por engaño. Los gemelos, sabiendo que los señores tienen fascinación mórbida por el espectáculo del sacrificio, se hacen matar voluntariamente por Ixbalanqué (Hunahpú se deja decapitar, Ixbalanqué le devuelve la vida) y luego resucitan uno tras otro ante los señores atónitos. Cuando Hun Camé y Vucub Camé, seducidos por el prodigio, exigen que se les haga también a ellos el mismo truco, los gemelos los matan y no los resucitan. Los diez señores subalternos, sin sus jefes, se rinden y ruegan clemencia. Los gemelos les permiten sobrevivir a condición de que en adelante los xibalbanos ya no puedan enfermar sistemáticamente a los humanos: solo tendrán potestad sobre quienes lleven una vida desordenada o incumplan sus deberes rituales, y ya no sobre la humanidad entera. La derrota de la díada suprema del inframundo redefine la relación entre humanos y muerte: hay reino subterráneo, hay enfermedades, hay dolor, pero la humanidad ya no está sometida al capricho absoluto del reino xibalbano. Los gemelos ascienden al cielo y se convierten en el sol y la luna del cosmos actual, cerrando el ciclo cosmogónico con la fundación del orden astronómico que rige el tiempo presente.
El manuscrito de Ximénez (~1701) y la construcción moderna del Popol Vuh
El texto original del Popol Vuh en k’iche’ romanizado se compuso a mediados del siglo XVI, presumiblemente entre 1554 y 1558, por un autor o pequeño grupo de autores k’iche’ cristianizados que dominaban la escritura latina introducida por los frailes franciscanos y dominicos. El manuscrito precolombino original en escritura jeroglífica maya (denominado Popol Vuh o «libro del consejo») no se ha conservado; probablemente fue destruido durante las persecuciones inquisitoriales del siglo XVI o desapareció por el deterioro natural de los soportes de papel amate. La copia alfabetizada que sirvió de fuente a todas las ediciones posteriores permaneció manuscrita y en manos k’iche’ hasta comienzos del siglo XVIII, cuando entró en contacto con el fraile dominico Francisco Ximénez en la localidad guatemalteca de Santo Tomás Chichicastenango.
Francisco Ximénez, nacido en Écija (Sevilla, España) en 1666 y fallecido en Guatemala en 1729, fue párroco de la iglesia de Santo Tomás Chichicastenango en el departamento guatemalteco de El Quiché entre 1701 y 1703. Durante su estancia, obtuvo de un miembro de la comunidad k’iche’ local el préstamo del manuscrito alfabetizado del Popol Vuh, del que hizo una transcripción integral en columna izquierda del original k’iche’ romanizado y añadió en columna derecha su propia traducción al castellano. El resultado, titulado por Ximénez Empiezan las historias del origen de los indios de esta provincia de Guatemala, forma parte de un manuscrito mayor de tres tratados sobre la lengua, la religión y la historia de los indios de Guatemala. La transcripción de Ximénez es la única versión que ha llegado hasta la modernidad; el manuscrito k’iche’ original alfabetizado que le sirvió de fuente se perdió tras la restitución al préstamo comunitario.
El manuscrito de Ximénez permaneció olvidado en la biblioteca del Convento de Santo Domingo de Guatemala durante más de un siglo, hasta que las secularizaciones liberales del siglo XIX lo transfirieron a la biblioteca de la Universidad de San Carlos. Allí lo redescubrió en 1854 el viajero austríaco Carl Scherzer, que hizo copiar el texto castellano y publicó la primera edición europea en Viena en 1857 bajo el título Las historias del origen de los indios de esta provincia de Guatemala. Al año siguiente, el abate francés Charles-Étienne Brasseur de Bourbourg accedió al manuscrito original en Guatemala, se lo llevó a Europa y publicó en 1861 en París la primera edición bilingüe con traducción francesa (Popol Vuh: Le livre sacré et les mythes de l’antiquité américaine). Brasseur murió sin devolver el manuscrito, que pasó por manos privadas europeas hasta ser adquirido en 1911 por el coleccionista estadounidense Edward E. Ayer, quien lo donó ese mismo año a la Newberry Library de Chicago, donde se conserva actualmente con la signatura Ayer MS 1515.
La construcción del texto moderno del Popol Vuh se debe a una sucesión de traducciones críticas realizadas a lo largo del siglo XX. La traducción castellana canónica de Adrián Recinos publicada en México por el Fondo de Cultura Económica en 1947 (Popol Vuh: Las antiguas historias del Quiché) fijó el texto de referencia para el mundo hispanohablante y ha sido reimpresa continuamente hasta la actualidad. Munro S. Edmonson publicó en 1971 una edición filológica en inglés desde el Middle American Research Institute de la Tulane University (The Book of Counsel: The Popol Vuh of the Quiche Maya of Guatemala). Dennis Tedlock publicó en 1985 en Simon & Schuster de Nueva York una traducción poética en inglés (Popol Vuh: The Mayan Book of the Dawn of Life) con un extenso comentario que incorporaba testimonios de sacerdotes k’iche’ contemporáneos de Momostenango. Allen Christenson publicó en 2003 una edición filológica bilingüe con anotación palabra a palabra (Popol Vuh: The Sacred Book of the Maya). El aporte más significativo desde el punto de vista k’iche’ contemporáneo lo ha realizado Enrique Sam Colop, lingüista k’iche’ nacido en 1955 y fallecido en 2011, con sus dos ediciones —una en verso k’iche’ moderno (Popol Wuj: Versión Poética K’iche’, Cholsamaj, 1999) y otra en traducción castellana literal (Popol Wuj, Cholsamaj, 2008)— que devolvieron el texto sagrado al idioma originario contemporáneo tras cuatro siglos de circulación exclusivamente en las traducciones a lenguas coloniales.
Lo que permanece
De los doce señores de Xibalbá, Vucub Camé y Hun Camé conservan el papel simbólico principal: la díada antagonista frente a la cual se define la victoria de los gemelos cosmogónicos y con ella el nacimiento del orden astronómico que rige el cosmos actual. En la Guatemala contemporánea, el Popol Vuh es texto obligatorio del currículo escolar desde la Reforma Educativa de 1996; los estudios arqueológicos del sitio Utatlán / Q’umarkaj cerca de Santa Cruz del Quiché, dirigidos por Robert Carmack y su equipo desde los años 1970 (The Quiché Mayas of Utatlán, University of Oklahoma Press, 1981), han identificado la capital histórica precolombina donde se compiló la tradición; las editoriales k’iche’ Cholsamaj y Maya’ Wuj publican regularmente traducciones y comentarios en idiomas mayas y en castellano. La figura de Vucub Camé y del reino xibalbano funciona hoy simultáneamente como referencia literaria estudiada en departamentos universitarios de todo el mundo, como texto identitario central del pueblo k’iche’ guatemalteco contemporáneo y como testimonio del sistema narrativo elaborado por las tradiciones mayas precolombinas y registrado por escribas k’iche’ cristianizados a mediados del siglo XVI, junto a otras figuras del panteón k’iche’ como Tohil, Awilix y Hacavitz que aparecen en los libros posteriores del mismo Popol Vuh.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Vucub Camé en el Popol Vuh?
Vucub Camé (Wuqub’ Kame en la ortografía k’iche’ moderna, «Siete Muerte» en traducción literal) es el segundo señor supremo de Xibalbá, el inframundo maya k’iche’, y comparte con Hun Camé («Uno Muerte») la jefatura de los doce señores del reino de los muertos. Aparece exclusivamente en el Popol Vuh, el libro sagrado del pueblo k’iche’ del Altiplano guatemalteco compilado a mediados del siglo XVI. Preside el juego de pelota mortal contra Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú, ordena su sacrificio y es finalmente derrotado por la segunda generación de héroes gemelos, Hunahpú e Ixbalanqué.
¿Qué es Xibalbá y quiénes son sus doce señores?
Xibalbá (de la raíz xib’ «miedo» más el sufijo locativo -alb’a, literalmente «el lugar del miedo») es el inframundo del pueblo maya k’iche’ descrito en el Popol Vuh. Reside bajo la superficie, se accede por un camino escarpado que atraviesa cuatro ríos (barro, sangre, pus y cuchillas) y se estructura políticamente como una jerarquía dual con dos señores supremos —Hun Camé y Vucub Camé— y diez señores subalternos: Ahalpuh, Ahalganá, Chamiabak, Chamiaholom, Ahalmez, Ahaltocob, Xic, Patán y dos alguaciles más. Cada uno de los diez subalternos es responsable ejecutivo de una enfermedad humana específica (pus, ictericia, extenuación, hidrocéfalo, suciedad, muerte súbita en los caminos).
¿Cómo se produce la derrota de Vucub Camé?
Por engaño. Los gemelos vengadores Hunahpú e Ixbalanqué, después de superar las seis casas-prueba de Xibalbá (tinieblas, jaguares, frío, fuego, navajas y murciélagos), organizan un espectáculo de auto-sacrificio milagroso: Ixbalanqué decapita a Hunahpú y luego lo resucita ante los xibalbanos, que quedan seducidos por el prodigio. Cuando Vucub Camé y Hun Camé exigen que se les haga el mismo truco, los gemelos los matan y no los resucitan. Los diez señores subalternos se rinden y aceptan que en adelante ya no podrán enfermar sistemáticamente a la humanidad: solo tendrán potestad sobre quienes lleven vida desordenada. Los gemelos ascienden al cielo y se convierten en el sol y la luna del cosmos actual.
¿Quién es Francisco Ximénez y por qué es central para el Popol Vuh?
Francisco Ximénez (Écija, 1666 – Guatemala, 1729) fue el fraile dominico que transcribió y tradujo el Popol Vuh entre 1701 y 1703 durante su estancia como párroco de la iglesia de Santo Tomás Chichicastenango en el departamento guatemalteco de El Quiché. Obtuvo prestado el manuscrito k’iche’ original alfabetizado (probablemente compilado a mediados del siglo XVI), lo copió íntegramente en columna izquierda con su traducción castellana en columna derecha, y su transcripción es la única versión conservada del texto: el manuscrito k’iche’ que le sirvió de fuente se perdió tras la restitución al préstamo comunitario. El documento se guarda actualmente en la Newberry Library de Chicago con la signatura Ayer MS 1515.
¿Sigue vigente el Popol Vuh en la Guatemala contemporánea?
Sí, con extraordinaria vitalidad. El Popol Vuh es texto obligatorio del currículo escolar guatemalteco desde la Reforma Educativa de 1996. Las editoriales k’iche’ Cholsamaj y Maya’ Wuj publican regularmente traducciones y comentarios en idiomas mayas y en castellano. El lingüista k’iche’ Enrique Sam Colop (1955-2011) publicó las dos ediciones modernas más importantes: una en verso k’iche’ contemporáneo (Cholsamaj, 1999) y otra en traducción castellana literal (Cholsamaj, 2008). Los estudios arqueológicos del sitio Utatlán / Q’umarkaj cerca de Santa Cruz del Quiché, dirigidos por Robert Carmack desde los años 1970, han identificado la capital histórica precolombina donde se compiló la tradición y donde residían los linajes k’iche’ de Cavec, Nihaib y Ahau Quiché.




