Yporã, la doncella-espíritu de las aguas guaraníes del Paraguay

Para empezar. Yporã —también grafiado Y Porã en la ortografía normalizada del guaraní paraguayo, con el significado literal de «agua bella» (y, agua; porã, bella)— es la doncella-espíritu del agua dulce en la tradición guaraní del Paraguay, del noreste argentino y del sur brasileño. Habita las lagunas, los arroyos y los saltos de agua del territorio guaraní; se aparece a los hombres jóvenes que se aventuran solos a las orillas al mediodía o al anochecer; los seduce con su larga cabellera negra y los atrae al agua profunda. En variantes recogidas por Alberto Meyer Arana en Mitos y leyendas del Paraguay (Peuser, Buenos Aires, 1922) y por Adalberto López en Mitología guaraní (Servilibro, Asunción, 2004) figura también como protectora de las aguas y castigadora de pescadores irrespetuosos. Su culto tiene núcleo en el lago Ypacaraí del departamento paraguayo Central y en los saltos del Iguazú; la guarania «Recuerdos de Ypacaraí» (Zulema Mirkin y Demetrio Ortiz, 1948) la evoca sin nombrarla.

Origen culturalPueblos guaraníes de la familia lingüística tupí-guaraní de la cuenca del Paraguay y del Paraná, con núcleo en el actual Paraguay oriental (departamentos Central, Cordillera, Paraguarí, Ñeembucú), en las provincias argentinas de Corrientes y Misiones, y en los estados brasileños de Paraná, Santa Catarina y Rio Grande do Sul; tradición popular recopilada desde el siglo XIX y de gran vitalidad en el folclore paraguayo contemporáneo
TipoDoncella-espíritu del agua dulce (y) de larga cabellera negra, análoga a la Iara tupí amazónica pero con perfil propio en el corpus guaraní paraguayo; asociada específicamente a las aguas quietas de lagunas y esteros más que a los ríos torrenciales; ambivalente entre seductora fatal y protectora del ecosistema acuático
Función míticaAparecerse a los hombres jóvenes que se acercan solos a las orillas al mediodía o al anochecer, seducirlos con la cabellera larga y la belleza del rostro, atraerlos al agua profunda donde se ahogan (tetepe, «víctima ahogada» en el guaraní paraguayo); castigar a los pescadores que envenenan las aguas o pescan con métodos destructivos; recompensar con pesca abundante a los pescadores respetuosos que ofrendan petyngua —la pipa curva ceremonial— en la orilla
AtestaciónAlberto Meyer Arana, Mitos y leyendas del Paraguay (Peuser, Buenos Aires, 1922); Adalberto López, Mitología guaraní (Servilibro, Asunción, 2004); Antonio González, Los guaraníes: mito y leyenda (Servilibro, Asunción, 2010); Antonio Guasch SJ, Diccionario básico guaraní-castellano (CEPAG, Asunción, 1996), entradas y y porã; Egon Schaden, Aspectos fundamentais da cultura guarani (São Paulo, 1954); León Cadogan, Ayvu Rapyta: Textos míticos de los Mbyá-Guaraní del Guairá (Universidade de São Paulo, 1959; reed. CEADUC-CEPAG 1992)
Vigencia hoyCultura popular guaraní del Paraguay y de las provincias argentinas de Corrientes y Misiones: relatos orales activos, tours turísticos de leyendas en el lago Ypacaraí, presencia en la literatura contemporánea paraguaya (Roa Bastos, Cristian Kent) y correntina (Marily Morales Segovia); referente estético de la guarania y de la polca paraguaya desde 1948, año de la composición de «Recuerdos de Ypacaraí» por Zulema Mirkin y Demetrio Ortiz

La primera compilación escrita del ciclo de Yporã se debe a Alberto Meyer Arana en Mitos y leyendas del Paraguay, publicado por la editorial Jacobo Peuser de Buenos Aires en 1922. Meyer Arana, escritor y periodista argentino que había residido durante los años 1910 en Asunción, recogió allí una veintena de relatos orales del folclore guaraní paraguayo que había registrado directamente en visitas a las localidades del interior —Ypacaraí, Aregua, Piribebuy, Villarrica, Villa Hayes— y en conversaciones con hablantes bilingües del Paraguay central. Entre los relatos figura una versión completa del ciclo Yporã, presentada como leyenda del lago Ypacaraí, con la doncella-espíritu de larga cabellera negra que emerge del agua al atardecer y arrastra a los pescadores solitarios al fondo del lago.

El compendio de Meyer Arana fue seguido a lo largo del siglo XX por varias recopilaciones que ampliaron el corpus. Adalberto López publicó en 2004 Mitología guaraní (Servilibro, Asunción), obra que reordenó y amplió el material anterior con variantes recogidas en las cuencas del Tebicuary, del Manduvirá y del Ypané. Antonio González publicó en 2010 Los guaraníes: mito y leyenda (Servilibro), con una versión sistematizada del ciclo. Los diccionarios guaraní-castellano de Antonio Guasch (CEPAG, 1996) y de Félix de Guarania preservan por su parte las etimologías básicas: y «agua», porã «bella, hermosa» y poraỹ «bellísima», que forman la base del nombre Yporã o Y Porã. La transparencia semántica del compuesto —»agua bella» o «la bella del agua»— es una de las razones de la vitalidad del término en el folclore guaraní contemporáneo, comparable a otros compuestos con porã como ita porã («piedra bella») o ka’a porã («yerba bella»).

El paralelo con la Iara tupí amazónica —figura que aparece bajo ese nombre en Câmara Cascudo y en la tradición literaria brasileña desde Gonçalves Dias en el siglo XIX— fue observado tempranamente por los estudiosos del folclore sudamericano. Ambas son doncellas-espíritu del agua dulce que seducen y ahogan a los hombres jóvenes; ambas tienen larga cabellera negra y cuerpo hermoso; ambas pertenecen al gran conjunto panamericano de la mujer-espíritu-del-agua que incluye la Pincoya y la Millalobo mapuches, el Boto Rosa amazónico y la Xtabay maya. Egon Schaden, en Aspectos fundamentais da cultura guarani (São Paulo, 1954), señaló las diferencias específicas: la Yporã es más «doncella-doncella» que la Iara —no tiene el aspecto de serpiente-mujer que caracteriza algunas variantes tupí—, está asociada específicamente a aguas quietas de lagunas y esteros más que a ríos torrenciales, y su carácter es más ambivalente, con variantes en las que aparece como protectora del ecosistema acuático. La entrada dedicada a la Iara desarrolla el paralelo amazónico en detalle.

La doncella-espíritu del agua dulce en la cuenca del Paraguay

La cuenca del Paraguay-Paraná es uno de los ecosistemas fluviales más extensos del continente sudamericano: sus dos ríos principales —el Paraná con sus 4.880 kilómetros de curso y el Paraguay con sus 2.695 kilómetros— drenan un área de tres millones de kilómetros cuadrados que incluye el noreste argentino, todo el Paraguay, el sur boliviano, el occidente brasileño y el norte uruguayo. En sus márgenes viven desde hace milenios los pueblos guaraníes —mbyá, ava, paí-tavyterã, aché-guayakí, chiripá y otras parcialidades— cuya economía tradicional combina la agricultura del maíz, la mandioca y el poroto con la pesca en los ríos, las lagunas y los esteros. Es en el interior de este espacio fluvial donde surge y se sostiene el culto a Yporã, la doncella-espíritu del agua dulce, cuya presencia mítica es tan geográficamente extendida como los propios pueblos guaraníes.

El perfil narrativo básico de Yporã tiene rasgos constantes en las variantes recogidas por Meyer Arana (1922), López (2004) y González (2010). Es una mujer joven, de cabellera larga y negra que le cae hasta la cintura, de piel muy blanca o dorada según la variante, con ojos oscuros y voz aguda que canta. Habita el fondo de las lagunas y los meandros profundos de los ríos, y sale a la orilla al mediodía —cuando el sol está en su cénit y no hay sombras— o al atardecer, cuando la luz declina sobre las ykua —los manantiales. Su aparición es peligrosa para los hombres jóvenes que se acercan solos: la doncella los mira desde el agua, los llama con voz suave, y quien responde a la mirada o al llamado queda ligado a ella. Al día siguiente los familiares encuentran solo la ropa doblada en la orilla, o el cuerpo de la víctima —tetepe en el guaraní paraguayo— flotando río abajo.

El ciclo tiene una función educativa evidente en las comunidades ribereñas del Paraguay guaraní: advierte a los adolescentes varones contra los baños solitarios en las lagunas profundas, especialmente durante las horas del mediodía y del anochecer cuando las corrientes cambian de dirección y los remolinos se vuelven traicioneros. Los abuelos y las madres del interior paraguayo —testimonios recogidos por los folkloristas del siglo XX— narraban el ciclo Yporã en las noches de invierno junto al fuego doméstico, cuando los niños de la casa entraban en la pubertad. La lección práctica —no bañarse solo en aguas profundas, no acercarse a la orilla al mediodía— se transmitía envuelta en el ropaje mítico de la doncella-espíritu, y la doble dimensión —peligro real y peligro simbólico— reforzaba la eficacia pedagógica del relato. Los ahogamientos accidentales en las lagunas del interior, especialmente frecuentes en las temporadas de crecidas del Paraguay y del Paraná, encontraban en el ciclo su explicación cultural y su marco moral.

Junto a la variante fatal predominante, algunas versiones recogidas por Meyer Arana en el Paraguay central y por Marily Morales Segovia en Corrientes argentina en los años 1970 preservan un aspecto complementario y menos conocido del ciclo: Yporã como protectora del ecosistema acuático y castigadora de los pescadores irrespetuosos. En estas variantes, la doncella aparece a los pescadores que envenenan las aguas con jugo de timbó —la liana tóxica Ateleia glazioviana— o que arrastran redes con malla demasiado cerrada, y les provoca la ruina económica y familiar; a la inversa, los pescadores que ofrendan petyngua —la pipa curva ceremonial cargada de tabaco— en la orilla antes de arrojar la red reciben pesca abundante y protección contra los accidentes. La variante recuerda a las figuras andinas de la Mama Cocha como madre del agua reguladora del ecosistema marino, y sugiere que el ciclo Yporã tuvo originalmente una función ambiental más amplia que la que preserva la variante fatal moderna. Sobre el paralelo con espíritus guardianes del bosque guaraní véase también la entrada dedicada a Kurupí.

Del lago Ypacaraí al Iguazú: geografía sagrada de Yporã

El culto a Yporã tiene su epicentro geográfico en el lago Ypacaraí, situado en el departamento paraguayo Central a unos cuarenta y cinco kilómetros al este de Asunción. Es una laguna de origen tectónico de aproximadamente noventa kilómetros cuadrados de superficie, alimentada por el arroyo Yukyry y por varios manantiales (ykua) subterráneos, y drenada por el río Salado hacia el Paraguay. Su nombre en guaraní significa «agua que se estanca» (y, agua; pa, cesar; karai, en interpretación popular reciente). En las comunidades ribereñas —los pueblos de Ypacaraí, Aregua, San Bernardino, Areguá, Itá, Itauguá, Capiatá— el ciclo Yporã se conserva vivo desde el siglo XIX y las tradiciones locales asocian a la doncella-espíritu con los baños de verano, con los ahogamientos accidentales y con la belleza del lago al atardecer, cuando el sol se pone tras las montañas de Aregua y las aguas quedan iluminadas de rojo y de violeta.

Segundo núcleo geográfico del ciclo son los saltos del Iguazú —o Yguazú en la grafía guaraní normalizada, «agua grande» (y, agua; guasu, grande)— en la triple frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay. El complejo de doscientas setenta y cinco cataratas escalonadas a lo largo de tres kilómetros del río Iguazú antes de su desembocadura en el Paraná es uno de los paisajes fluviales más espectaculares del planeta, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984. La leyenda guaraní del origen del salto —recogida por Meyer Arana en 1922 y difundida ampliamente en el turismo argentino y brasileño desde los años 1930— cuenta que la doncella Naipí, prometida al dios-serpiente M’Boi, huyó con su amado Tarobá río abajo en canoa; el dios-serpiente, enfurecido, hendió el curso del río con su cuerpo y creó los saltos para castigarlos. En algunas variantes de este ciclo, Naipí es identificada con Yporã, y su cuerpo transformado en la Garganta del Diablo —el salto principal del complejo— es hoy el centro simbólico del culto.

Un tercer eje geográfico se despliega en el sistema de esteros y lagunas del noreste argentino. Los esteros del Iberá —un complejo de trece mil kilómetros cuadrados de humedales en el centro de la provincia de Corrientes—, la laguna Ypoá en el sur paraguayo, los bañados del Ypa’ũ en el Ñeembucú paraguayo y las lagunas correntinas de Iberá, Trin y Luna albergan variantes locales del ciclo. Marily Morales Segovia, folklorista correntina, recogió en los años 1970 y 1980 versiones del ciclo Yporã en los pueblos de Concepción del Yaguareté Corá, San Miguel y Loreto, con adaptaciones locales que incluyen la aparición de la doncella junto a los pescadores del surubí —el gran pez de agua dulce del Paraná— y su asociación con los guembé (Philodendron), las lianas cuyos frutos anaranjados se pueden ver flotando en las aguas del estero. Los ríos Pilcomayo y Bermejo del Chaco paraguayo-argentino y el Tebicuary del sur paraguayo tienen variantes propias, más raras y menos documentadas, en las que la doncella aparece asociada a los ita —las rocas del cauce— donde se peina la cabellera larga.

La distribución geográfica del ciclo Yporã coincide con notable precisión con el mapa histórico del pueblo guaraní tal como fue reconstruido por los cronistas jesuitas del siglo XVII —Antônio Ruiz de Montoya SJ en su Conquista espiritual del Paraguay (Madrid, 1639) es la fuente clásica— y por los historiadores contemporáneos: cubre la ancha franja meridional del Paraguay y Paraná desde el estuario del Río de la Plata hasta el pie de las serranías del oriente boliviano, incluyendo el Guairá histórico —hoy los estados brasileños de Paraná y Santa Catarina—, los Sietes Pueblos de las Misiones Jesuíticas orientales y occidentales, el Paraguay central colonial y las provincias argentinas de Corrientes, Misiones y noreste de Formosa. Fuera de esa área guaraní el ciclo desaparece o se transforma en otras figuras: la Iara tupí amazónica en el norte brasileño, la Millalobo mapuche en el sur chileno, el Boto Rosa amazónico en el alto Amazonas. La entrada dedicada al Boto Rosa desarrolla el paralelo amazónico masculino. Sobre otro espíritu del agua guaraní asociado al río Paraguay véase la entrada dedicada a Mbói Tu’i.

De Meyer Arana (1922) a la guarania contemporánea: continuidad ritual y estética

La transmisión escrita del ciclo Yporã en el siglo XX no se limitó a los folkloristas académicos. La figura entró tempranamente en la literatura y en la música popular paraguaya y correntina, y desde los años 1930 se difundió a través de un canal específico que la tradición guaraní reciente ha convertido en referente estético mayor: la guarania, género musical creado por el compositor paraguayo José Asunción Flores en 1925 como síntesis lenta y melancólica de la polca paraguaya anterior. Las guaranias de tema fluvial —dedicadas a lagunas, arroyos y saltos del Paraguay— absorbieron elementos del ciclo Yporã y los convirtieron en materia lírica de gran difusión continental, especialmente durante la segunda mitad del siglo XX.

El caso más famoso es la guarania «Recuerdos de Ypacaraí», compuesta en 1948 por el argentino Demetrio Ortiz sobre versos de la poeta argentina Zulema Mirkin, casada con Ortiz y establecida con él en San Bernardino, sobre la orilla oriental del lago Ypacaraí. La canción evoca a la doncella-espíritu del lago sin nombrarla explícitamente: «una noche tibia nos conocimos / junto al lago azul de Ypacaraí; / tú cantabas triste por el camino / viejas melodías en guaraní«. La estrofa y el estribillo instalaron en el imaginario paraguayo y latinoamericano la figura de la joven cantora nocturna junto al lago —fusión de la mujer amada y de la Yporã tradicional— que se ha convertido en emblema del Paraguay en el mundo hispano. La canción fue grabada por Los Panchos en 1951 y por decenas de intérpretes posteriores, incluyendo Gardel póstumamente en compilaciones, Nat King Cole y Julio Iglesias; en el Paraguay contemporáneo funciona como himno nacional informal, y su versión oficial suele ejecutarse en las recepciones de Estado y en los actos institucionales.

La presencia de Yporã en la literatura paraguaya del siglo XX es igualmente notable. Augusto Roa Bastos, el gran novelista paraguayo del siglo XX y premio Cervantes 1989, incorporó elementos del ciclo en varios cuentos de El trueno entre las hojas (Losada, Buenos Aires, 1953) y en la ambientación fluvial de Hijo de hombre (1960), donde las lagunas del interior paraguayo son escenario recurrente. En la generación posterior, el escritor paraguayo Cristian Kent —premio Roque Gaona 2005— ha reelaborado el ciclo en clave contemporánea urbana. En la literatura correntina argentina, Marily Morales Segovia dedicó al ciclo varios relatos de Los pilares de Zapallar (Moglia, Corrientes, 1982), y el poeta Francisco Madariaga incluyó a Yporã entre las presencias fluviales del Iberá en su libro Llegada de un jaguar a la tranquera (1980). La figura funciona en toda esta producción como significante fluvial mayor del Paraguay guaraní, con carga simbólica que va del erotismo trágico al ecologismo contemporáneo.

El sincretismo con la Virgen María es un capítulo aparte del culto. En el Paraguay católico rural del siglo XIX y comienzos del XX, algunas variantes de Yporã fueron asimiladas parcialmente a la Virgen de Caacupé —patrona nacional del Paraguay desde 1854, imagen mariana venerada en la basílica homónima del departamento Cordillera— como protectora de los ahogados y de los navegantes fluviales. Los ex-votos de plata en forma de peces y de niños que se conservan en la basílica de Caacupé son testimonio material de esta continuidad ritual: familias de pescadores del lago Ypacaraí y del bajo Paraguay ofrecían a la Virgen ex-votos por la protección de sus hijos frente a los ahogamientos, y la propia iconografía de la Virgen de Caacupé —representada de pie sobre las aguas— refuerza el vínculo simbólico con la figura precristiana de la doncella-espíritu del agua. El paralelo del sincretismo mariano con figuras femeninas indígenas es común en el catolicismo popular latinoamericano y ha sido estudiado en detalle por Bartomeu Melià SJ en El guaraní conquistado y reducido (CEADUC, Asunción, 1988). Sobre las diosas femeninas del panteón guaraní emparentadas véanse también las entradas dedicadas a la Ka’a Iari, madre de la yerba mate, y a Moñái del ciclo de los siete hijos de Tau y Kerana.

Una mirada final

Meyer Arana (1922) fue el primero en compilar por escrito el ciclo Yporã de la cuenca guaraní, seguido en el siglo XX por López (2004), González (2010) y por los folkloristas correntinos y misioneros que ampliaron el corpus con variantes locales. La doncella-espíritu del agua dulce, análoga a la Iara tupí pero con perfil propio, tiene núcleo geográfico en el lago Ypacaraí y en los saltos del Iguazú, y se extiende por toda el área histórica del pueblo guaraní —del Paraguay central al Corrientes argentino y al Guairá brasileño. Su vigencia contemporánea se manifiesta en el folclore oral vivo, en la literatura paraguaya y correntina del siglo XX, en la guarania desde «Recuerdos de Ypacaraí» (1948) hasta hoy, en el sincretismo mariano con la Virgen de Caacupé y en los tours turísticos de leyendas del lago Ypacaraí. La figura permanece como uno de los emblemas fluviales mayores del Paraguay guaraní y como uno de los eslabones sudamericanos de la constelación panamericana de la mujer-espíritu del agua.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Yporã en la mitología guaraní?

Yporã —también grafiado Y Porã en la ortografía normalizada del guaraní, con el significado literal de «agua bella»— es la doncella-espíritu del agua dulce en la tradición guaraní del Paraguay, del noreste argentino y del sur brasileño. Habita las lagunas, los arroyos y los saltos de agua del territorio guaraní, se aparece a los hombres jóvenes que se acercan solos a las orillas al mediodía o al anochecer, los seduce con su larga cabellera negra y los atrae al agua profunda donde se ahogan. En variantes recogidas por Meyer Arana (1922) figura también como protectora del ecosistema acuático y castigadora de pescadores irrespetuosos.

¿Dónde aparece documentada por primera vez?

La primera compilación escrita del ciclo se debe a Alberto Meyer Arana en Mitos y leyendas del Paraguay, publicado por la editorial Jacobo Peuser de Buenos Aires en 1922, con material oral recogido directamente en el Paraguay central en la década anterior. En el siglo XX fueron ampliadas por Adalberto López en Mitología guaraní (Servilibro, Asunción, 2004) y por Antonio González en Los guaraníes: mito y leyenda (Servilibro, 2010). Las etimologías básicas están registradas en el Diccionario básico guaraní-castellano de Antonio Guasch SJ (CEPAG, Asunción, 1996), entradas y «agua» y porã «bella, hermosa».

¿Cuál es la diferencia con la Iara amazónica?

Ambas son doncellas-espíritu del agua dulce que seducen y ahogan a hombres jóvenes, y ambas pertenecen al gran conjunto panamericano de la mujer-espíritu-del-agua. Egon Schaden en Aspectos fundamentais da cultura guarani (São Paulo, 1954) señaló las diferencias específicas: Yporã es más «doncella-doncella» que la Iara —no tiene el aspecto de serpiente-mujer de algunas variantes tupí—, está asociada específicamente a aguas quietas de lagunas y esteros más que a ríos torrenciales, y su carácter es más ambivalente, con variantes en las que aparece como protectora del ecosistema acuático y castigadora de pescadores irrespetuosos.

¿Qué relación tiene con «Recuerdos de Ypacaraí»?

La guarania «Recuerdos de Ypacaraí», compuesta en 1948 por el argentino Demetrio Ortiz sobre versos de la poeta Zulema Mirkin, evoca a la doncella-espíritu del lago sin nombrarla explícitamente: «una noche tibia nos conocimos / junto al lago azul de Ypacaraí». La canción fusiona la figura de la mujer amada con la Yporã tradicional del ciclo guaraní, y ha instalado en el imaginario paraguayo y latinoamericano la imagen de la joven cantora nocturna junto al lago. Grabada por Los Panchos en 1951 y por decenas de intérpretes posteriores, funciona hoy como himno nacional informal del Paraguay.

¿Sigue viva su tradición hoy?

Sí, en varios planos superpuestos. Ritualmente, el folclore oral del Paraguay central, del sur brasileño y de las provincias argentinas de Corrientes y Misiones preserva versiones activas del ciclo Yporã. Turísticamente, los operadores del lago Ypacaraí y de los saltos del Iguazú incluyen tours de leyendas donde se narra a la doncella-espíritu. Literariamente, autores como Augusto Roa Bastos, Cristian Kent, Marily Morales Segovia y Francisco Madariaga han recuperado la figura desde los años 1950. Musicalmente, la guarania y la polca paraguaya le han dedicado piezas mayores desde «Recuerdos de Ypacaraí» (1948), y la iconografía popular paraguaya —tallas de karanday, encajes de ñandutí— la representa como doncella de cabellos largos.

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