TL;DR. Supay es la deidad andina del inframundo —el Ukhu Pacha— y, desde la conquista, también el «Tío» de las minas, dueño de los minerales y protector ambivalente de los mineros bolivianos y peruanos. Su culto sigue plenamente activo en el Cerro Rico de Potosí, en las minas de Oruro y en explotaciones tradicionales andinas: en cada bocamina hay una imagen del Tío Supay donde los mineros ofrendan coca, alcohol y cigarrillos. La Diablada —danza patrimonial UNESCO— y el Carnaval de Oruro materializan esta figura cada año.
| Ficha rápida | Detalle |
|---|---|
| Nombre quechua | Supay |
| Etimología | Quechua: «sombra», «espíritu del muerto», «ente del inframundo» |
| Otros nombres | Tío (en minas bolivianas), Anchanchu (variante aymara) |
| Cultura | Quechua, aymara, andina minera |
| Dominios | Inframundo (Ukhu Pacha), minerales, minas, riqueza subterránea |
| Sincretismo colonial | Demonio/diablo cristiano (con ambivalencia) |
| Fiestas | Carnaval de Oruro (Patrimonio Inmaterial UNESCO 2001), Diablada de Puno |
| Lugares de culto | Cerro Rico de Potosí, minas de Oruro, socavones tradicionales |
Supay es la principal deidad andina del inframundo y una de las figuras más complejas y mejor conservadas del panteón quechua y aymara contemporáneo. Su nombre, en quechua, designa originalmente al «espíritu del muerto» o «sombra que habita bajo tierra». En la cosmología tripartita andina —Hanan Pacha (cielo), Kay Pacha (mundo medio) y Ukhu Pacha (inframundo)— Supay gobierna el último.
Las crónicas coloniales tempranas —Polo de Ondegardo (1571), Bernabé Cobo (1653)— recogen el culto a Supay pero rápidamente lo identifican con el diablo cristiano, lo que distorsionó la lectura posterior. La antropología contemporánea (Olivia Harris, June Nash, Thomas Abercrombie) ha mostrado que esta identificación es solo parcial: Supay no es un demonio en sentido cristiano. Es una deidad ambivalente —ni puramente buena ni puramente mala— que controla las riquezas del subsuelo y cobra su precio.
El Tío de las minas: Cerro Rico de Potosí
Índice
El sincretismo más notable y vivo de Supay ocurrió en las minas coloniales. Cuando la mita minera obligaba a los pueblos indígenas a trabajar en el Cerro Rico de Potosí (descubierto en 1545), los mineros desarrollaron un culto particular: el Tío, dueño del cerro, protector ambivalente que da minerales si se le honra y castiga si se le desprecia. La palabra «Tío» es probablemente una transformación quechua de «Dios», aunque señalando una deidad subterránea distinta del Dios cristiano del cielo.
En cada bocamina del Cerro Rico —y en cientos de minas tradicionales del altiplano boliviano y peruano— hay una imagen del Tío: figura antropomorfa de barro o yeso, cuernos, dientes prominentes, ojos brillantes, falo erecto (símbolo de fertilidad subterránea), recibiendo ofrendas semanales de hojas de coca, alcohol, cigarrillos encendidos, serpentinas. Los mineros le piden minerales buenos, protección contra accidentes, y le agradecen tras cada turno.
El Carnaval de Oruro y la Diablada
El Carnaval de Oruro (Bolivia) —Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad UNESCO desde 2001— condensa una de las elaboraciones rituales más sofisticadas del culto a Supay. Cada año, en febrero/marzo, miles de danzantes representan la Diablada: una procesión de Supays-Diablos con máscaras espectaculares (cuernos, dientes, dragones), vestuario cargado de pedrería, danzas coreografiadas que recorren la ciudad durante días.
La danza es teológicamente compleja: termina con la «victoria» cristiana del arcángel Miguel sobre los diablos, pero su núcleo es la representación viva de Supay como deidad ambivalente, dueña de la riqueza del subsuelo y de los antiguos espíritus tutelares de los cerros (Apus). La Diablada de Puno (Perú) y otras fiestas andinas de inversión social mantienen elementos parecidos.
Supay y la economía minera
Los antropólogos June Nash (We Eat the Mines and the Mines Eat Us, 1979) y Michael Taussig (The Devil and Commodity Fetishism in South America, 1980) han analizado el culto al Tío Supay como una manera de procesar simbólicamente la violencia económica de la minería colonial y postcolonial. La mita potosina extrajo millones de toneladas de plata —que financió el imperio español y aceleró el desarrollo del capitalismo global— a costa de millones de vidas indígenas. El Tío Supay condensa esa lógica: la riqueza viene del subsuelo, pero exige sangre.
Esta lectura no anula la dimensión religiosa pre-colonial: la creencia andina antigua en el Ukhu Pacha como dimensión activa del cosmos antecede a la minería colonial. Lo que la colonia hizo fue articular esa cosmología con la economía extractiva de la plata, produciendo el Tío como sincretismo único.
Variantes y figuras emparentadas
- Anchanchu (aymara): variante boliviana de Supay con rasgos similares; espíritu malicioso del agua subterránea.
- Mukuku y Saxra (aymara): figuras menores del inframundo.
- Awicha (quechua-aymara): «abuela», figura ambivalente subterránea.
- El Tío de Llallagua, Siglo XX, Huanuni: variantes regionales del culto minero boliviano.
Reflexión final
Supay es uno de los ejemplos más complejos y mejor conservados de cómo una deidad indígena americana absorbió el sincretismo colonial sin perder núcleo. El Tío de las minas bolivianas no es el diablo cristiano: es Supay reinterpretado, con cuernos importados pero con función pre-cristiana intacta. La distinción importa: cuando los mineros del Cerro Rico le ofrendan coca y alcohol cada semana no están practicando satanismo, están manteniendo una relación ritual con el dueño del subsuelo. Esta cosmología minera —que articula economía extractiva, riesgo laboral y memoria colonial— sigue activa en Bolivia, Perú y partes de Chile. Que el Carnaval de Oruro y la Diablada sean Patrimonio Inmaterial UNESCO muestra que la figura de Supay ha pasado de ser temida por la Inquisición a ser celebrada como herencia cultural valiosa. En cada bocamina del Cerro Rico, donde hace 480 años se obligaba a los pueblos andinos a trabajar hasta la muerte, hoy una pequeña imagen de Supay recibe sus ofrendas: una continuidad ritual que cinco siglos no han logrado romper.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Supay?
Es la principal deidad andina del inframundo (Ukhu Pacha en la cosmología quechua tripartita). Gobierna los minerales, los muertos y las riquezas subterráneas. En las minas bolivianas y peruanas tomó la forma del «Tío», dueño ambivalente de los cerros que protege a los mineros si recibe ofrendas. Aunque los conquistadores lo identificaron con el diablo cristiano, la antropología contemporánea muestra que es una deidad pre-cristiana con función propia, no un demonio en sentido cristiano.
¿Quién es el Tío de las minas?
Es Supay en su versión minera colonial y contemporánea. En cada bocamina del Cerro Rico de Potosí, de las minas de Oruro y de cientos de socavones tradicionales del altiplano andino, hay una imagen del Tío: figura antropomorfa de barro o yeso con cuernos, dientes prominentes, ojos brillantes y falo erecto. Recibe ofrendas semanales de hojas de coca, alcohol, cigarrillos. Los mineros le piden buenos minerales y protección contra accidentes. La palabra «Tío» probablemente viene de «Dios» en pronunciación quechua, señalando una deidad subterránea distinta del Dios cristiano del cielo.
¿Qué es la Diablada de Oruro?
Es la danza patrimonial central del Carnaval de Oruro (Bolivia), Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad UNESCO desde 2001. Cada año, miles de danzantes representan a Supay-Tío con máscaras espectaculares (cuernos, dientes, dragones) y vestuario cargado de pedrería, en una procesión que dura varios días. Termina con la «victoria» cristiana del arcángel Miguel, pero su núcleo es la representación viva de Supay como deidad ambivalente dueña del subsuelo. Una variante similar es la Diablada de Puno (Perú).
¿Es Supay un demonio cristiano?
No exactamente. La identificación entre Supay y el diablo cristiano fue producto de la evangelización colonial, que demonizó la deidad pre-cristiana. La antropología contemporánea (Olivia Harris, June Nash, Michael Taussig) ha mostrado que Supay funciona en su contexto andino como una deidad ambivalente —ni puramente buena ni puramente mala—, dueña de las riquezas del subsuelo, que cobra su precio. Los cuernos y otros rasgos importados del diablo cristiano se añadieron a una figura que en su núcleo precede al cristianismo y mantiene función propia.





