Coquena: el dueño andino de las vicuñas y guanacos en la Puna

El Coquena es el espíritu protector de las vicuñas, guanacos y llamas en la mitología andina del altiplano. Según la tradición popular, vigila los rebaños silvestres en cerros y quebradas y castiga al cazador que mata más animales de los que necesita. La leyenda circula en el noroeste argentino, el sur de Bolivia y zonas de la Puna, en territorios habitados históricamente por los pueblos colla, atacama y quechua, y por comunidades pastoriles de raíz hispano-indígena.

El Coquena en resumen

Tipo de relatoLeyenda andina del pastoreo y la caza
Zona principalPuna argentina (Jujuy, Salta, Catamarca), sur boliviano, norte chileno
FormaHombre pequeño con poncho y sombrero, a veces con vicuñas
Función simbólicaGuardián de la fauna andina, regulador de la caza
Tema dominanteEquilibrio con la naturaleza, castigo de la codicia
Origen probableTradición pastoril prehispánica andina, sincretismo con creencias coloniales
Pueblos y regiones vinculadasColla, atacama, quechua, aymara y campesinado pastoril del altiplano
Registros folclóricosAdolfo Colombres, Félix Coluccio, Berta Vidal de Battini, corpus oral aún vigente

El Coquena

En las quebradas y altiplanos del norte argentino y del sur boliviano habita, según la tradición popular, el Coquena (también coquen o coquera): un hombre pequeño que arrea vicuñas, guanacos y llamas silvestres como si fueran su rebaño y castiga al cazador codicioso. Su figura, descrita como bondadosa con quien respeta el monte y temible con quien lo profana, articula buena parte del código moral del pastoreo andino. Adolfo Colombres lo trabaja en Seres sobrenaturales de la cultura popular argentina (1984) como caso paradigmático de espíritu protector de la fauna en el corpus folclórico de la Puna.

¿Qué es el Coquena?

El término Coquena designa al espíritu protector de la fauna silvestre del altiplano andino, especialmente de los camélidos: vicuñas, guanacos, alpacas y llamas. Una etimología folclórica muy difundida lo deriva del quechua o aymara, asociándolo a las voces andinas para «coca» (la hoja sagrada) o a verbos vinculados al cuidado y la guarda; sin embargo, ninguna de las lecturas etimológicas ha alcanzado consenso académico. Otras hipótesis lo relacionan con voces atacameñas o con el sustrato lingüístico kunza.

Lo que sí es claro es la función mítica del Coquena: opera como dueño o amo de los animales silvestres, una figura común en la cosmovisión andina y amazónica donde cada especie tiene un guardián que regula su caza y reproducción. En este sentido, el Coquena se inscribe en una familia más amplia de «señores de los animales» que incluye al Yastay en el NOA, al Apu Wamani en los Andes peruanos y al Tío en los socavones bolivianos.

Origen del mito y regiones donde circula

La leyenda circula en regiones habitadas históricamente por los pueblos colla, atacama, quechua y aymara del altiplano andino, así como por comunidades pastoriles criollas de la Puna argentina, el sur boliviano (Potosí, Oruro, sur de La Paz) y el norte chileno (Antofagasta, Atacama). Su geografía mítica se concentra en zonas de pastoreo silvestre de camélidos, por encima de los 3.000 metros de altitud.

Adolfo Colombres recoge la leyenda en Seres sobrenaturales de la cultura popular argentina (1984). Félix Coluccio la documenta en su Diccionario folklórico argentino (1948) como figura central del folclore puneño. Berta Vidal de Battini la incluye en sus volúmenes sobre cuentos y leyendas argentinas. La tradición oral mantiene la creencia con vitalidad significativa entre pastores de Jujuy, Salta y Catamarca; el corpus boliviano y chileno aporta variantes locales con la misma matriz.

Apariencia y atributos

Las descripciones populares del Coquena coinciden en lo esencial. Es un hombre de corta estatura, vestido con poncho corto, sombrero de ala ancha y ojotas o sandalias andinas. Lleva ovejera o boleadoras, y a veces se le ve fumando hojas de coca. Suele aparecer al amanecer o en horas crepusculares, arreando una tropilla de vicuñas o guanacos por la quebrada como si fueran su propio rebaño.

  • Estatura baja, próxima a la del enano o el niño grande, según las versiones.
  • Vestimenta tradicional andina: poncho, sombrero de ala, ojotas.
  • Acompañado siempre por camélidos silvestres a los que dirige sin esfuerzo.
  • Mascador de hojas de coca, símbolo del vínculo con la cosmovisión andina.
  • Voz suave con los respetuosos, dura con los abusivos.
Coquena: silueta de pastor andino con vicuñas en altiplano puneño — leyenda colla y aymara
Pastor andino con tropilla de camélidos en la Puna: representación del paisaje mítico asociado al Coquena.

Comportamiento y relatos populares

El Coquena cumple un rol regulador de la caza en la cosmovisión andina. Permite la cacería razonable —la que satisface las necesidades del cazador y su familia— y castiga la cacería excesiva o codiciosa. La sabiduría popular sostiene que el cazador respetuoso, aquel que mata solo lo necesario, encontrará buena suerte en sus salidas; el codicioso, en cambio, será castigado de diversas formas:

  • Pierde el rumbo en la quebrada y no encuentra camino de regreso.
  • Las piezas cazadas se desvanecen al llegar al pueblo.
  • El cazador encuentra al Coquena, que lo carga de pieles imposibles de soltar.
  • El propio rebaño del cazador enferma o se dispersa.
  • En las versiones más extremas, el cazador desaparece sin rastro en la quebrada.

Una variante muy difundida cuenta que un cazador encontró al Coquena y este, sonriente, le ofreció ayudar a cargar las pieles. El cazador aceptó. Al llegar al pueblo, descubrió que las pieles se habían convertido en plomo y le habían roto la espalda. La moraleja es clara: — «Al Coquena no se lo desafía.» Otra expresión popular conservada por la tradición es: — «Si te perdés en la Puna y no encontrás el camino, es que el Coquena te está retando.»

Para entrar en buen pie con el Coquena, los pastores andinos respetan ciertos protocolos: dejar coca en apachetas (montículos rituales) al pasar por su territorio, no matar más vicuñas de las necesarias, no profanar fuentes de agua y agradecer al cerro antes de iniciar la caza.

Significado cultural y función simbólica

El Coquena cumple varias funciones documentadas por la antropología andina. Sirve como regulador ecológico tradicional: la creencia en su castigo limita de hecho la caza excesiva y protege poblaciones de vicuñas y guanacos en zonas donde no existe vigilancia estatal efectiva. Funciona como marcador identitario del mundo pastoril altoandino: pertenecer a una comunidad puneña implica conocer al Coquena y respetarlo. Y opera como articulador de la cosmovisión andina: encarna el principio de reciprocidad con la Pachamama y la lógica del ayni, el intercambio equilibrado.

En la cosmovisión andina, el Coquena no es un demonio ni un espíritu maligno: es un dueño de los animales que aplica una justicia ecológica precolonial. Esta categoría de «dueño» o «amo» pertenece al sustrato religioso andino prehispánico y se diferencia de las figuras importadas por la evangelización, aunque en ciertas variantes coloniales y poscoloniales se ha contaminado con motivos diabólicos.

Variantes regionales

RegiónRasgo distintivo
Jujuy y SaltaVersión clásica recogida por Colombres y Coluccio; arrea vicuñas y castiga la caza excesiva
CatamarcaAparece junto al Yastay; en algunas versiones ambos se confunden o se complementan
Sur boliviano (Potosí, Oruro)Asociado al pastoreo de llamas y alpacas; vínculo con la Pachamama y los apus
Norte chileno (Antofagasta, Atacama)Variante atacameña con menor presencia del nombre Coquena; figura del «dueño del rebaño» similar
Puna argentina altaVariantes pastorales locales; protocolos rituales de coca y apachetas conservados

Qué parte es indígena y qué parte es colonial

La capa indígena prehispánica es la dominante en el Coquena. La figura del «dueño de los animales» pertenece al sustrato cosmológico andino anterior a la conquista, presente desde el horizonte Tiwanaku-Wari y consolidado durante el Tahuantinsuyo: cada especie tiene un guardián que regula su caza y reproducción, y los humanos deben establecer relaciones de reciprocidad con esos dueños mediante ofrendas y respeto.

La capa colonial-cristiana es más débil que en otras leyendas andinas. La evangelización tendió a identificar al Coquena con el diablo en algunos relatos puneños, pero la matriz original como guardián justo de la fauna se ha conservado mejor que en otras figuras como el Supay o la Salamanca. La hoja de coca, prohibida durante la Colonia y luego rehabilitada, mantiene en las descripciones del Coquena su lugar prehispánico.

La capa criolla campesina aporta el componente narrativo del cazador-castigado: anécdotas de quien encuentra al Coquena y queda escarmentado, expresiones populares de uso cotidiano y la integración a una pedagogía ambiental contemporánea en el contexto de programas de conservación de vicuñas y camélidos silvestres.

Reflexión final

El Coquena permanece vivo en la oralidad pastoril de la Puna, transmitido en rondas familiares, festivales locales y la práctica cotidiana del pastoreo de camélidos. La identificación entre la creencia tradicional y los programas modernos de conservación de vicuñas ha permitido que la figura sea integrada a la educación ambiental en escuelas rurales del NOA, el sur boliviano y el norte chileno. Más allá de su función reguladora original, hoy el Coquena articula identidad regional, ética ecológica precolonial y patrimonio inmaterial vivo. Como mito, sigue ofreciendo un lenguaje compartido para nombrar el respeto debido a la fauna y a la Pachamama.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el Coquena?

El Coquena es el espíritu protector de las vicuñas, guanacos y llamas en la mitología andina del altiplano. Aparece como un hombre pequeño con poncho y sombrero que arrea camélidos silvestres por las quebradas y castiga al cazador codicioso. La leyenda circula en la Puna argentina (Jujuy, Salta, Catamarca), el sur boliviano (Potosí, Oruro) y el norte chileno (Antofagasta, Atacama), zonas habitadas por pueblos colla, atacama, quechua y aymara, y por comunidades pastoriles criollas.

¿De qué pueblo originario es la leyenda del Coquena?

La figura tiene matriz andina prehispánica y circula en territorios habitados históricamente por los pueblos colla, atacama, quechua y aymara, así como por comunidades pastoriles criollas del altiplano. Su forma actual no puede atribuirse a un único pueblo originario: forma parte de un sustrato cosmológico compartido por las culturas pastoriles altoandinas, donde cada especie de animal silvestre tiene un dueño o guardián que regula su caza. Adolfo Colombres y Félix Coluccio lo documentan en el corpus folclórico argentino del siglo XX.

¿Qué significa el nombre Coquena?

Las hipótesis etimológicas son varias y ninguna ha alcanzado consenso. Una etimología muy difundida lo deriva del quechua o aymara, asociándolo a las voces andinas para «coca» (la hoja sagrada) o a verbos vinculados al cuidado y la guarda. Otras lecturas lo vinculan al sustrato kunza atacameño o a voces locales de la Puna. La figura se conoce también como coquen o coquera en variantes regionales menores.

¿Cuál es el origen del mito del Coquena?

La matriz del mito es prehispánica andina y se inscribe en la categoría más amplia del «dueño de los animales» presente en cosmovisiones indígenas de toda América. La función reguladora de la caza, el vínculo con la Pachamama y la lógica del ayni preceden al contacto colonial. Adolfo Colombres lo trabaja en Seres sobrenaturales de la cultura popular argentina (1984) y Félix Coluccio en su Diccionario folklórico argentino (1948); la oralidad puneña y boliviana mantiene el corpus vivo.

¿Cómo se evita el castigo del Coquena?

La sabiduría pastoril andina indica varios protocolos: cazar solo lo necesario para alimentar a la familia, no matar vicuñas o guanacos por deporte, dejar coca en las apachetas al pasar por territorio del Coquena, no profanar fuentes de agua ni socavones y agradecer al cerro y a la Pachamama antes de iniciar la salida. La creencia opera como una forma tradicional de ética ecológica que ha contribuido a la preservación de los camélidos silvestres en la Puna.