En síntesis. Nabarima (variantes documentales Naparima y Naparaima) es el «Padre del Mundo» del panteón warao del delta del Orinoco: un cerro relativamente bajo, de unos noventa metros de altura, ubicado en la costa sur de la isla mayor de Trinidad y Tobago, sobre el cual la Corona española edificó en 1784 la ciudad colonial de San Fernando. El nombre en lengua warao traduce aproximadamente ‘Padre-de-las-Aguas’ y remite a la función cosmológica del cerro como sostén del equilibrio primordial del delta orinoquense y de la costa sur del Caribe. Su documentación sistemática procede de Johannes Wilbert, Mystic Endowment: Religious Ethnography of the Warao Indians (Harvard University Press, Cambridge MA, 1993), corpus etnográfico donde el antropólogo germano-estadounidense afincado en la Universidad de California en Los Ángeles registra el sistema completo de «Padres del Mundo» o kanobotuma que sostienen la geografía sagrada warao por cada dirección cardinal. Referencias anteriores aparecen en Johannes Wilbert, Folk Literature of the Warao Indians (UCLA Latin American Center, Los Angeles, 1970), y en Basilio Barral, Guarao Guarata: Lo que cuentan los indios guaraos (Fundación La Salle de Ciencias Naturales, Caracas, 1958). Los wisiratu (chamanes principales) siguen invocando a Nabarima en el canto ritual anual como padre del mundo del sur, en comunidades del delta orinoquense venezolano y en el poblado warao del sur de Trinidad.
| Origen cultural | Pueblo warao, autónimo compuesto de wa (‘canoa’) y arao (‘gente’), literalmente ‘gente de canoa’; grafía colonial guarao; lengua warao (aislada, sin filiación probada con otras familias amerindias); asentamientos principales en el Delta Amacuro venezolano, con comunidades transfronterizas en Guyana y presencia histórica documentada en la isla de Trinidad; población estimada en unas 49.000 personas en Venezuela según el censo del Instituto Nacional de Estadística de 2011, más aproximadamente 10.000 refugiados registrados por ACNUR en Brasil desde 2015; residencia tradicional en janoko, palafito comunal sobre las aguas del delta; economía tradicional de pesca fluvial, recolección de fécula del moriche (Mauritia flexuosa) y cultivo estacional del ojidu (yuca) |
|---|---|
| Tipo | Cerro sagrado del panteón warao, «Padre del Mundo» por la dirección cardinal sur; uno de los kanobotuma (padres del mundo, plural respetuoso de Kanobo, «Nuestro Abuelo») que sostienen el equilibrio primordial del delta y del sur del Caribe según el registro etnográfico de Johannes Wilbert (Harvard 1993); prominencia geográfica de unos noventa metros de altura ubicada en el sur de la isla de Trinidad, actual República de Trinidad y Tobago; distinto del Kanobo genérico y de figuras como Habaturi (padre-de-las-aguas ecológico), Haburi (héroe cultural) o Yeba (padre solar) |
| Función mítica | Sostén cosmológico del delta orinoquense y de la costa sur del Caribe dentro del sistema descentralizado de «Padres del Mundo» del panteón warao; punto ritual de invocación anual por parte de los wisiratu en los cantos ceremoniales dirigidos a los kanobotuma; referencia geográfica de orientación cósmica para las comunidades warao del delta orinoquense y del sur de Trinidad; garante del ciclo estacional de las aguas del bajo Orinoco (creciente y estiaje) según la etnografía religiosa registrada por Wilbert entre 1954 y 1993 |
| Atestación | Johannes Wilbert, Mystic Endowment: Religious Ethnography of the Warao Indians (Harvard University Press, Cambridge MA, 1993); Johannes Wilbert, Folk Literature of the Warao Indians (UCLA Latin American Center, Los Angeles, 1970); Basilio Barral, Guarao Guarata: Lo que cuentan los indios guaraos (Fundación La Salle de Ciencias Naturales, Caracas, 1958); Werner Wilbert, publicaciones sobre etnobotánica y territorio warao (Fundación La Salle, Caracas, década de 1990 en adelante); Miguel Ángel Perera, La provincia fantasma: Guayana siglo XVII (Universidad Central de Venezuela, Caracas, 2003); Antonio Vaquero Rojo, Manual de la lengua warao (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 1965); Charles L. Briggs y Clara Mantini-Briggs, Stories in the Time of Cholera (University of California Press, Berkeley, 2003); National Trust of Trinidad and Tobago, declaración patrimonial de San Fernando Hill (1988) |
| Vigencia hoy | Invocación anual por parte de los wisiratu en el canto ritual del janoko comunal, ceremonias transmitidas en comunidades warao del bajo Orinoco (municipios Antonio Díaz y Pedernales del estado Delta Amacuro) y en el poblado indígena del sur de Trinidad; declaración de San Fernando Hill (la colina Nabarima) como sitio patrimonial protegido por el National Trust of Trinidad and Tobago en 1988; presencia continuada de familias warao agrupadas en Warao Village al sur de la isla, con reconocimiento estatal a través de la Warao Council of Trinidad and Tobago; enseñanza del corpus mítico warao en escuelas interculturales bilingües del delta orinoquense; redistribución del culto a Boa Vista (estado de Roraima, Brasil) y Manaus (estado de Amazonas, Brasil) tras la migración forzada de miles de warao desde 2015 |
Cuando la Corona española estableció en 1784 el puerto de San Fernando en el sur de la isla de Trinidad, edificó la ciudad colonial al pie de un cerro que ya llevaba miles de años recibiendo el nombre de Nabarima (en la variante que después consagraría la cartografía inglesa, Naparima). El cerro, de apenas noventa metros de altura, era y sigue siendo el punto de orientación cósmica de las comunidades warao del sur del delta orinoquense: el «Padre del Mundo» por la dirección cardinal sur, uno de los cuatro kanobotuma que sostienen el equilibrio primordial del sistema mítico registrado por Johannes Wilbert. La documentación etnográfica sistemática del panteón warao procede de Mystic Endowment: Religious Ethnography of the Warao Indians, publicado por Harvard University Press en 1993, culminación de casi cuarenta años de trabajo de campo del antropólogo germano-estadounidense afincado en UCLA entre las comunidades del bajo Orinoco.
El nombre Nabarima traduce aproximadamente ‘Padre-de-las-Aguas’ en la lengua warao, aislada lingüística sin filiación probada con otras familias amerindias. La raíz naba, según el Manual de la lengua warao de Antonio Vaquero Rojo (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 1965), remite al elemento acuático primordial que sostiene el paisaje del delta; el sufijo -rima funciona como marcador de superlativo respetuoso equivalente aproximado a ‘padre grande’ o ‘padre supremo’. El territorio warao histórico documentado por Miguel Ángel Perera en La provincia fantasma: Guayana siglo XVII (Universidad Central de Venezuela, Caracas, 2003) incluía la totalidad del delta orinoquense, la costa oriental de la actual Venezuela hasta la desembocadura del río Guarapiche, y la isla de Trinidad, especialmente su porción meridional. La reducción del territorio comenzó con las incursiones caribes precolombinas registradas por las crónicas del siglo XVI y se aceleró con la ocupación española sistemática de la costa de la Guayana desde finales del mismo siglo.
El sistema completo de «Padres del Mundo» documentado por Wilbert (1993) es descentralizado por direcciones cardinales: Nabarima al sur (asociado al cerro de Trinidad), Ariawara al este (asociado al territorio de la Guayana Esequiba), y otros kanobotuma por cada dirección restante. Cada padre del mundo sostiene una porción del equilibrio primordial y recibe invocación ritual periódica por parte de los wisiratu del pueblo warao, en coordinación con las figuras del panteón general —Kanobo como «Nuestro Abuelo» genérico, Haburi como héroe cultural fundador, Habaturi como padre-de-las-aguas ecológico— que estructuran el resto del corpus mítico. La continuidad ritual, atestiguada por Wilbert desde 1954 y confirmada por Werner Wilbert (hijo del anterior, investigador de la Fundación La Salle de Ciencias Naturales en Caracas) en trabajos posteriores, se prolonga hasta el siglo XXI marcada por la crisis contemporánea que ha redistribuido la práctica ritual a Brasil desde 2015 con la migración forzada de miles de warao.
El cerro-padre del mundo del panteón warao
Índice
Johannes Wilbert dedicó el capítulo tercero de Mystic Endowment (Harvard 1993) al sistema de padres del mundo del panteón warao. Nabarima aparece allí como uno de los cuatro kanobotuma —plural respetuoso derivado de Kanobo, «Nuestro Abuelo»— que sostienen la geografía sagrada por las cuatro direcciones cardinales del delta orinoquense. La palabra Kanobo, término genérico para los ancestros divinizados que reciben culto colectivo, se descompone según Vaquero Rojo (1965) en ka- (‘nuestro’, prefijo posesivo plural) más nobo (‘abuelo’, pariente masculino de segunda generación ascendente). Los kanobotuma son los cuatro grandes abuelos cardinales del panteón warao; Nabarima es el del sur, encarnado en el cerro visible desde el bajo delta y desde la costa sur de Trinidad. La palabra tuma es el marcador de plural respetuoso reservado en warao para categorías rituales elevadas, según la morfología documentada por Vaquero Rojo.
La función mítica de Nabarima es sostener el equilibrio primordial de la porción meridional del sistema warao: el delta bajo del Orinoco y la costa sur del Caribe hasta la boca de dragón que separa el continente de la isla de Trinidad. Los wisiratu (chamanes principales del pueblo warao, especialistas en el trato con los kanobo por vía de la sostenida invocación ritual) invocan al cerro en el canto anual que abre el ciclo ceremonial de la comunidad. Wilbert (1993) documenta que la invocación pronuncia el nombre completo del kanobo del sur —»Nabarima, padre del mundo por el sur, padre-de-las-aguas»— y solicita la continuidad del orden primordial por un ciclo anual más. Las comunidades warao del bajo delta que Wilbert visitó entre 1954 y 1980 (especialmente los caños Winikina y Mariusa, en el actual municipio Antonio Díaz del estado Delta Amacuro) mantenían el canto en su forma tradicional, transmitido oralmente de aidamo a aidamo —anciano especialista— por vía de la aprendizage ritual.
El sistema descentralizado de padres del mundo distingue a Nabarima de otras figuras del panteón warao con precisión. No es un creador primordial como Kanobo genérico («Nuestro Abuelo»), ni un héroe cultural como Haburi, ni una figura solar como Yeba (Sol) contrapuesta a Hokohi (Luna), ni un padre-de-las-aguas ecológico especializado en la ictiofauna del delta como Habaturi. Nabarima es específicamente un kanobo topográfico: un cerro cargado de valor sagrado por su posición cardinal en la geografía primordial del delta. Wilbert (1993) subrayó que este tipo de sistema —una deidad por dirección cardinal, encarnada en accidente geográfico visible desde el territorio del pueblo— tiene paralelos en otras tradiciones amerindias del noreste sudamericano, entre ellas la mitología del Wanadi registrada por Marc de Civrieux entre los ye’kwana del Amazonas venezolano, y las tradiciones del Amalívaca registradas por Alexander von Humboldt entre los tamanaco del bajo Orinoco.
El corpus warao recopilado por Wilbert (1970, 1993) presenta a Nabarima como cerro visible desde toda la costa del bajo delta orinoquense en días despejados: la silueta de la colina destaca por encima del horizonte sur del mar, señalando la posición del «padre del mundo» al que las comunidades del delta se orientan ritualmente. Esta visibilidad desde el continente explica que el cerro haya sido punto ritual continuo desde época precolombina hasta la actualidad, incluso después de que la colonización española redujera el territorio warao insular a un puñado de familias establecidas en el sur de la isla. Basilio Barral, misionero capuchino y etnógrafo español que trabajó en el delta desde 1932, registró en Guarao Guarata (Caracas, 1958) versiones populares del culto al cerro-padre en el bajo Orinoco: los pescadores de las comunidades del caño Guayo y del caño Araguabisi describían el rezo diario al padre del sur antes de partir a la pesca en aguas del golfo de Paria, práctica que Werner Wilbert confirmaría décadas después en sus trabajos de la Fundación La Salle.
De la colonización española a la San Fernando contemporánea (siglos XVI-XXI)
Los pueblos warao habitaron la isla de Trinidad desde época precolombina, junto a población arahuacos (de la familia lingüística Aruák) y caribes (de la familia Karib). La documentación colonial más precisa procede de Miguel Ángel Perera, La provincia fantasma: Guayana siglo XVII (Universidad Central de Venezuela, Caracas, 2003), estudio que reconstruye la geografía étnica del delta y de la costa de la Guayana venezolana en los siglos XVI y XVII a partir de crónicas españolas, cartas jesuíticas y expedientes del Consejo de Indias custodiados en el Archivo General de Indias de Sevilla. Los primeros contactos españoles con los warao del delta datan de 1499, con la expedición de Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa; la evangelización sistemática esperaría hasta la llegada de los misioneros capuchinos aragoneses y catalanes en el siglo XVIII, después de las incursiones puntuales de los franciscanos observantes en el siglo XVI y de las misiones jesuíticas del alto Orinoco en el XVII.
La colonización española de Trinidad comenzó formalmente en 1592 con la fundación de San José de Oruña por Antonio de Berrío, gobernador español de la Guayana. La presión colonial redujo progresivamente la población warao insular durante los siglos XVI y XVII; muchas familias se refugiaron en el continente cruzando las bocas del Orinoco en canoas hasta las comunidades del bajo delta. Otras permanecieron en el sur de la isla, en las cercanías del cerro Nabarima. En 1784 el gobernador colonial español José María Chacón fundó la ciudad de San Fernando al pie del cerro, en el emplazamiento donde ya existía un asentamiento de rancherías indígenas dedicadas a la pesca del golfo de Paria. La toponimia colonial —San Fernando en honor al rey Fernando III de Castilla, no al Fernando VII (que aún no reinaba)— se superpuso al nombre warao original sin borrarlo del uso local: los pescadores de la zona siguieron llamando Naparima a la colina y al golfo adyacente durante todo el periodo colonial español, según los registros documentales revisados por Perera.
Cuando en 1797 el Reino Unido tomó posesión de Trinidad a la Corona española por el Tratado de Amiens de 1802, la toponimia mixta quedó fijada en la cartografía inglesa: la ciudad conservó el nombre castellano San Fernando, y el golfo pasó a llamarse Gulf of Paria (por la etimología karibe local); pero el cerro mantuvo indistintamente los nombres Naparima y San Fernando Hill en documentos coloniales y mapas oficiales hasta el siglo XX. El uso warao del nombre Nabarima se mantuvo en las familias indígenas del sur de la isla, agrupadas actualmente en Warao Village, comunidad reconocida por el Estado de Trinidad y Tobago a través de la Warao Council of Trinidad and Tobago. En 1988, el National Trust of Trinidad and Tobago declaró la colina de San Fernando (San Fernando Hill) sitio patrimonial protegido, en reconocimiento al valor ceremonial precolombino del enclave y a su continuidad ritual entre las familias indígenas del sur de la isla.
La ciudad de San Fernando es hoy la segunda urbe de Trinidad y Tobago, con una población metropolitana de aproximadamente cincuenta mil habitantes según el censo nacional de 2011. La colina Nabarima permanece como accidente geográfico visible desde toda la zona metropolitana: cerro cónico de noventa metros de altura, con un mirador público en su cima y senderos de acceso administrados por el National Trust. Los warao del sur de la isla, aunque son un grupo minoritario dentro de la sociedad trinitense mayoritariamente afrodescendiente e indostana (la migración india al Caribe británico entre 1845 y 1917 dio a Trinidad y Tobago su actual composición demográfica), mantienen el reconocimiento ceremonial del cerro como padre del mundo del panteón warao, en coordinación con las comunidades del delta orinoquense venezolano al otro lado del golfo de Paria —unos veinte kilómetros de distancia por vía marítima entre el bajo delta y la costa sur trinitense—. La Warao Council of Trinidad and Tobago mantiene contactos periódicos con las organizaciones warao del Delta Amacuro venezolano y con la diáspora warao establecida en Brasil desde 2015.
Continuidad ritual, corpus etnográfico y crisis contemporánea
Johannes Wilbert (1930-2020), antropólogo germano-estadounidense afincado en la Universidad de California en Los Ángeles, fue el investigador que reconstruyó sistemáticamente el corpus religioso warao. Sus temporadas de campo en el delta orinoquense se extendieron de 1954 a la década de 1980, con largas estancias en las comunidades de Winikina, Mariusa, Guayo y Araguabisi, en los municipios Antonio Díaz y Pedernales del estado Delta Amacuro. Folk Literature of the Warao Indians (UCLA Latin American Center, Los Angeles, 1970) recopiló los ciclos narrativos principales del pueblo, incluidos los mitos de fundación, los ciclos heroicos y los relatos de origen de las especies del delta. Mystic Endowment: Religious Ethnography of the Warao Indians (Harvard University Press, Cambridge, 1993) sintetizó la etnografía religiosa integral, incluyendo el sistema de kanobotuma con Nabarima como padre cardinal del sur. La obra de Wilbert es la referencia central de cualquier estudio contemporáneo sobre el panteón warao, complementada por el trabajo pionero de Basilio Barral desde 1932 en las misiones capuchinas del delta.
Werner Wilbert, hijo del anterior y antropólogo formado en Venezuela y Estados Unidos, dio continuidad al trabajo del padre desde la Fundación La Salle de Ciencias Naturales de Caracas a partir de los años 1990. Sus publicaciones sobre etnobotánica y ecología ritual del delta —entre ellas Fitoterapia warao (Caracas, 1996)— completan el registro etnográfico con datos sobre el paisaje del delta como unidad ceremonial: los caños principales, los meandros del moriche, los bancos de pesca del bajo Orinoco. Miguel Ángel Perera, en La provincia fantasma (UCV 2003), aportó la reconstrucción histórica del territorio warao desde el siglo XVI en adelante. El Manual de la lengua warao de Antonio Vaquero Rojo (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 1965), reeditado varias veces, sigue siendo la referencia lingüística fundamental sobre la morfología y sintaxis del idioma, imprescindible para la etimología precisa de nombres rituales como Nabarima, Kanobo o kanobotuma.
Las ceremonias anuales de invocación a Nabarima se mantienen vigentes en el siglo XXI, tanto en las comunidades del bajo delta venezolano (municipios Antonio Díaz y Pedernales del estado Delta Amacuro) como en el Warao Village del sur de Trinidad. La estructura del canto ritual documentada por Wilbert (1993) permanece esencialmente estable: apertura con la invocación del kanobo del sur, evocación de los demás padres cardinales del panteón, y petición de continuidad del orden primordial por un ciclo anual más. Los wisiratu —chamanes principales— ejecutan el canto; los bahanarotu (chamanes menores especializados en la curación) y los hoarotu (chamanes especializados en el trato con los hebu, espíritus del delta) intervienen en momentos definidos de la ceremonia. El corpus está bien documentado por Charles L. Briggs, lingüista de la Universidad de California en Berkeley, en publicaciones sobre lírica ritual warao desde la década de 1980, y por Clara Mantini-Briggs, médica antropóloga venezolana especializada en salud pública indígena.
La crisis venezolana desde 2015 ha redistribuido el culto warao a nuevas geografías. Charles L. Briggs y Clara Mantini-Briggs documentaron en Stories in the Time of Cholera (University of California Press, Berkeley, 2003) la vulnerabilidad del pueblo warao ante enfermedades epidémicas y desplazamiento; el escenario contemporáneo agrava esa vulnerabilidad. Desde 2015, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha registrado más de diez mil refugiados warao en Brasil, concentrados en Boa Vista (capital del estado de Roraima) y Manaus (capital del estado de Amazonas), donde han comenzado a reproducir las ceremonias del delta con los recursos disponibles en la Amazonía brasileña. La invocación de Nabarima permanece en el canto ritual también en el exilio, orientada hacia el norte donde queda el cerro-padre visible desde las canoas del bajo Orinoco, en una topografía ceremonial que combina la memoria del territorio original con la geografía de acogida.
Lo que permanece
Nabarima permanece como padre cardinal del sur del panteón warao en el siglo XXI. El cerro de noventa metros de altura visible desde el bajo delta del Orinoco y desde toda la costa sur de la isla de Trinidad, atestiguado sistemáticamente por Johannes Wilbert en Mystic Endowment (Harvard 1993) y en Folk Literature of the Warao Indians (UCLA 1970), sigue recibiendo la invocación anual de los wisiratu en el canto ceremonial que abre el ciclo ritual comunal. Su función mítica dentro del sistema descentralizado de kanobotuma, en coordinación con Kanobo como «Nuestro Abuelo» genérico y con las figuras heroicas y ecológicas del panteón —Haburi, Habaturi—, lo distingue con precisión dentro del corpus warao. Su equivalencia funcional con otros cerros-huaca del continente y con las deidades demiúrgicas del noreste sudamericano —el Wanadi registrado entre los ye’kwana por Marc de Civrieux, el Amalívaca registrado entre los tamanaco por Alexander von Humboldt, el Makunaima registrado entre los pemón por Theodor Koch-Grünberg— lo inscribe dentro de un patrón regional donde el accidente geográfico visible funciona como emplazamiento ritual del padre-abuelo del pueblo.
La declaración de San Fernando Hill como sitio patrimonial por el National Trust of Trinidad and Tobago en 1988, la continuidad del canto ritual en las comunidades warao del delta venezolano y del sur de Trinidad, la enseñanza del corpus mítico en las escuelas interculturales bilingües del Delta Amacuro desde la década de 1990, y la redistribución del culto a Brasil tras la migración forzada desde 2015 confirman que Nabarima sigue siendo un padre del mundo activo del panteón warao. La documentación etnográfica sostenida por Wilbert, Barral, Vaquero Rojo, Werner Wilbert, Perera, Briggs y Mantini-Briggs restituye al cerro su lugar preciso dentro del sistema descentralizado de kanobotuma, y permite leer la colonial San Fernando como una ciudad edificada al pie de una montaña sagrada que la Corona española llamó de otro modo pero cuyo culto anterior nunca se interrumpió del todo. Recuperar el nombre Nabarima junto al de San Fernando Hill restituye la doble condición del enclave: sitio patrimonial protegido de la República de Trinidad y Tobago desde 1988 y padre cardinal del sur del panteón warao desde hace milenios.
Preguntas frecuentes
¿Qué es Nabarima en el panteón warao?
Nabarima (variantes documentales Naparima y Naparaima) es el «Padre del Mundo» por la dirección cardinal sur del panteón warao del delta del Orinoco. Se manifiesta en un cerro de aproximadamente noventa metros de altura ubicado en el sur de la isla de Trinidad (República de Trinidad y Tobago), sobre el cual la Corona española edificó en 1784 la ciudad colonial de San Fernando. Es uno de los cuatro kanobotuma o padres del mundo que sostienen el equilibrio primordial del sistema descentralizado documentado por Johannes Wilbert en Mystic Endowment (Harvard University Press, Cambridge, 1993) tras casi cuarenta años de trabajo de campo en el delta orinoquense.
¿Qué son los kanobotuma o padres del mundo del panteón warao?
Los kanobotuma —plural respetuoso derivado de Kanobo, «Nuestro Abuelo»— son las cuatro grandes deidades cardinales que sostienen el equilibrio primordial del sistema mítico warao según el registro etnográfico de Johannes Wilbert (Harvard 1993). Cada padre del mundo está asociado a una dirección cardinal y a un accidente geográfico visible desde el territorio del pueblo: Nabarima al sur (cerro de la isla de Trinidad), Ariawara al este (Guayana Esequiba) y otros kanobotuma por cada dirección restante. Los wisiratu (chamanes principales) invocan a los cuatro kanobotuma en el canto ritual anual que abre el ciclo ceremonial de las comunidades del delta orinoquense y del sur de Trinidad.
¿Dónde está el cerro Nabarima y por qué está bajo la ciudad de San Fernando?
El cerro Nabarima está en el sur de la isla de Trinidad, actual República de Trinidad y Tobago, a unos veinte kilómetros por vía marítima del delta del Orinoco venezolano al otro lado del golfo de Paria. Tiene noventa metros de altura y es visible desde toda la costa del bajo delta en días despejados. En 1784 el gobernador colonial español José María Chacón fundó al pie del cerro la ciudad de San Fernando, en el emplazamiento de un asentamiento indígena preexistente dedicado a la pesca del golfo. La toponimia colonial se superpuso al nombre warao original sin borrarlo del uso local. En 1988 el National Trust of Trinidad and Tobago declaró la colina San Fernando Hill sitio patrimonial protegido.
¿Quién es Johannes Wilbert y qué documentó del panteón warao?
Johannes Wilbert (1930-2020) fue un antropólogo germano-estadounidense afincado en la Universidad de California en Los Ángeles que dedicó casi cuarenta años al trabajo de campo entre los warao del delta orinoquense. Sus temporadas de campo se extendieron de 1954 a la década de 1980 en las comunidades de Winikina, Mariusa, Guayo y Araguabisi. Su Folk Literature of the Warao Indians (UCLA Latin American Center, Los Angeles, 1970) recopiló los ciclos narrativos principales del pueblo; Mystic Endowment: Religious Ethnography of the Warao Indians (Harvard University Press, Cambridge, 1993) sintetizó la etnografía religiosa integral incluyendo el sistema descentralizado de kanobotuma con Nabarima como padre cardinal del sur.
¿Sigue vigente el culto a Nabarima en el siglo XXI?
Sí. Los wisiratu (chamanes principales del pueblo warao) siguen invocando anualmente a Nabarima como padre del mundo del sur en el canto ceremonial que abre el ciclo ritual de las comunidades del bajo delta orinoquense (municipios Antonio Díaz y Pedernales del estado Delta Amacuro venezolano) y del Warao Village del sur de Trinidad. Desde 2015, la migración forzada de miles de warao a Brasil por la crisis venezolana ha redistribuido el culto a Boa Vista (Roraima) y Manaus (Amazonas), donde ACNUR ha registrado más de diez mil refugiados warao que reproducen las ceremonias del delta orientadas hacia el cerro-padre del sur.





