Pauahtun, los cuatro pilares cardinales del cielo maya yucateco

Para empezar. Los Pauahtun (variantes documentales Pahuahtun, Pauah Tun) son los cuatro dioses gigantes del panteón maya yucateco que sostienen el cielo, cada uno en un punto cardinal: Chak Pauahtun en el este (color rojo), Sak Pauahtun en el norte (color blanco), Ek’ Pauahtun en el oeste (color negro) y Kan Pauahtun en el sur (color amarillo). Su nombre en yucateco maya se compone de pauah («pilar», «soporte») y tun («piedra»), literalmente «piedra que sostiene». Documentados por Fray Diego de Landa en su Relación de las cosas de Yucatán (~1566), figuran en el Códice de Dresde (siglos XI-XII), en el Códice de Madrid (siglos XII-XV) y —de manera excepcional— en el Ritual of the Bacabs, manuscrito yucateco de conjuros y curaciones mágico-medicinales transcrito hacia 1779 y editado críticamente por Ralph Roys en 1965 (Oklahoma UP), corpus enteramente consagrado a los cuatro Bacabes-Pauahtun cardinales. Iconográficamente los Pauahtun aparecen como ancianos barbados con caparazón de tortuga en la espalda (símbolo de longevidad y de sostén cósmico), red de araña detrás de la cabeza (que figura el cielo enrejado que soportan), caracola marina en la mano (símbolo del «aliento del mar» que soplan hacia los cuatro rumbos generando los vientos cardinales) y bebida de balché a su lado (aguamiel maya ritual). Cada uno rige su ceiba sagrada del color correspondiente —la ceiba roja del este, la blanca del norte, la negra del oeste, la amarilla del sur— y una estación del ciclo agrícola; la ceiba quinta del centro, verde-azul o Yaxché, enlaza los tres niveles del mundo maya. Karl Taube, en The Major Gods of Ancient Yucatan (Dumbarton Oaks, Washington, 1992), ha establecido la iconografía de los Pauahtun como una de las piezas más elaboradas del sostén cardinal del cielo en toda la Mesoamérica precolombina. En algunos textos coloniales los Pauahtun se sincretizan con los cuatro Evangelistas cristianos o con San Miguel Arcángel, gesto sincrético todavía visible en las ceremonias contemporáneas de Momostenango y Chichicastenango.

Origen culturalPanteón maya yucateco clásico y postclásico, con variantes en todo el mundo maya (Bacabes en el Petén, Chaakob en Yucatán, Pauahtunes en textos coloniales); presente en la iconografía de El Petén, Yucatán, Chiapas, Guatemala y Belice
TipoCuatro dioses gigantes cardinales sostenedores del cielo, con variantes cromáticas asociadas a los cuatro puntos cardinales (rojo-este, blanco-norte, negro-oeste, amarillo-sur)
Función míticaSostener los cuatro rincones del cielo desde el principio de los tiempos, cada uno con su color cardinal, su ceiba sagrada, su estación del año y su función en el ciclo agrícola del maíz
Atestación primariaFray Diego de Landa, Relación de las cosas de Yucatán (~1566); Códice de Dresde (siglos XI-XII); Códice de Madrid (siglos XII-XV); Ritual of the Bacabs (~1779, ed. Ralph Roys, Oklahoma UP, 1965); Chilam Balam de Chumayel (~1782)
Vigencia hoyPresentes en la iconografía maya contemporánea (talleres artesanales de Yucatán y Chiapas); reinterpretados como los cuatro Evangelistas o los cuatro Rumbos en las ceremonias sincréticas de Momostenango y Chichicastenango; recuperados en la enseñanza actual del calendario maya

Cuatro dioses gigantes, cada uno en un rincón del cielo, cada uno soportando sobre la cabeza el firmamento entero. Uno rojo hacia el este por donde amanece el sol. Uno blanco hacia el norte por donde llegan los vientos del invierno. Uno negro hacia el oeste por donde el sol muere cada tarde. Uno amarillo hacia el sur por donde el maíz crece bajo la lluvia de mayo. Los cuatro Pauahtun del panteón maya yucateco son quizá la figura más geométrica y a la vez más orgánica de toda la mitología mesoamericana: dioses ancianos con caparazón de tortuga en la espalda, red de araña detrás de la cabeza y caracola marina en la mano, que desde el principio de los tiempos sostienen la bóveda celeste desde los cuatro puntos cardinales del mundo. Su nombre en yucateco significa literalmente «piedra que sostiene»: son los pilares vivos del cielo maya.

La geografía cósmica maya organiza el mundo en cuatro cuadrantes cardinales, cada uno con su color asociado. El este es rojo, dirección del amanecer, del renacer, de la vida que empieza. El norte es blanco, dirección de los muertos, de los ancestros, del cielo alto. El oeste es negro, dirección del ocaso, del inframundo, de la muerte. El sur es amarillo, dirección del maíz maduro, de la lluvia, del grano que da vida. En cada uno de estos cuatro rumbos hay un Pauahtun: Chak Pauahtun (rojo, este), Sak Pauahtun (blanco, norte), Ek’ Pauahtun (negro, oeste) y Kan Pauahtun (amarillo, sur). Y en el centro geométrico del cuadrado cardinal se levanta la ceiba primordial verde-azul, la Yaxché, que enlaza el mundo terrestre con el celeste y el inframundo.

Este texto propone recorrer a los cuatro Pauahtun tal como los registraron los cronistas del siglo XVI y los códices postclásicos: su iconografía específica de ancianos con caparazón de tortuga y red de araña, sus variantes en distintos corpora mayas (Bacabes en el Petén, Chaakob en Yucatán), su función en el calendario haab —donde cada uno rige uno de los cuatro cargadores del año y descansa durante los cinco días del Uayeb—, y su vigencia en las ceremonias contemporáneas de las tierras altas guatemaltecas, donde los sacerdotes tradicionales k’iche’ siguen invocándolos como los cuatro Rumbos que sostienen el cielo desde el principio de los tiempos.

Los cuatro Pauahtun cardinales del cielo maya

La ordenación cardinal cuadripartita del mundo es uno de los principios ordenadores fundamentales de la geografía sagrada maya, y probablemente uno de los elementos más antiguos del sistema simbólico de toda Mesoamérica. Aparece ya en la iconografía del Preclásico Tardío en las ciudades tempranas de Cerros y de El Mirador (400 a.C. – 100 d.C.), se consolida en el Clásico Temprano teotihuacano y llega intacta hasta las cortes yucatecas del Posclásico terminal en Mayapán. Los cuatro Pauahtun son la formulación mítica más precisa de esta ordenación cardinal: cuatro dioses gigantes, cada uno en un rincón, cada uno con su color y su función. La cuarta dimensión —el centro— queda ocupada por la ceiba primordial Yaxché, árbol cósmico verde-azul que enlaza los tres niveles del mundo maya (el celeste, el terrestre y el inframundo).

Cada uno de los cuatro Pauahtun tiene su nombre propio en yucateco y su color asociado. Chak Pauahtun es el rojo, dios del este, dirección del amanecer y del renacimiento. Rige el árbol de la ceiba roja del este y la estación de las lluvias primeras. Sak Pauahtun es el blanco, dios del norte, dirección del cielo alto y de los ancestros muertos. Rige la ceiba blanca del norte y la estación de los vientos del invierno. Ek’ Pauahtun es el negro, dios del oeste, dirección del ocaso, del inframundo y de la muerte. Rige la ceiba negra del oeste y la estación de las sequías. Kan Pauahtun es el amarillo, dios del sur, dirección del maíz maduro y de la fertilidad. Rige la ceiba amarilla del sur y la estación de las lluvias del monzón que hacen posible el ciclo del maíz.

Los cuatro colores cardinales mayas —rojo, blanco, negro, amarillo— no son arbitrarios. Se corresponden con los cuatro colores rituales del maíz nativo de Yucatán: el maíz rojo (típico del oriente peninsular), el maíz blanco (el más común de todo Yucatán), el maíz negro (variedad de Chiapas y Belice) y el maíz amarillo (el maíz clásico del centro y del sur). En el Popol Vuh k’iche’, los primeros seres humanos fueron modelados a partir de maíz de estos cuatro colores, y esa correspondencia entre los cuatro maíces y los cuatro rumbos cardinales enlaza la cosmología maya con la agricultura práctica del maíz de manera profunda. Los cuatro Pauahtun sostienen el cielo pero también rigen los cuatro maíces que dan la vida.

La relación entre los cuatro Pauahtun y los cuatro Bacabes es una de las cuestiones más discutidas de la mitología maya. En algunos textos coloniales yucatecos aparecen como equivalentes —cuatro dioses cardinales que sostienen el cielo—; en otros aparecen como parejas complementarias —los Pauahtun sostendrían el cielo y los Bacabes sostendrían la tierra desde las cuatro esquinas—. Fray Diego de Landa, en el capítulo 34 de su Relación de las cosas de Yucatán (~1566), los trata como equivalentes o intercambiables; Ralph Roys, en su edición crítica del Ritual of the Bacabs (Oklahoma UP, 1965), argumenta que en el corpus mágico-medicinal yucateco los Bacabes son la variante subterránea de los Pauahtun celestes. Karl Taube, en The Major Gods of Ancient Yucatan (Dumbarton Oaks, 1992), propone la lectura más sintética: los Pauahtun-Bacabes son una misma cuaternidad divina que opera simultáneamente en el cielo (como pilares del firmamento) y en la tierra (como sostenes de sus cuatro esquinas), con nombres alternativos según el registro ritual en que aparezcan.

En Yucatán existe además una tercera denominación: los Chaakob o Chaques, dioses cardinales de la lluvia, considerados variantes acuáticas de los Pauahtun. Cada Chaak tiene su color cardinal (Chak Chaak rojo del este, Sak Chaak blanco del norte, Ek’ Chaak negro del oeste, Kan Chaak amarillo del sur) y su función específica en el ciclo de lluvias del monzón caribeño. Los Chaakob son invocados en las ceremonias de Chachaak —la ceremonia de la súplica de lluvias— que las comunidades mayas yucatecas siguen celebrando hoy antes del inicio de la temporada de siembra del maíz en abril y mayo. El dios Chac (tratado en el Sprint 37 de este corpus) es el patrón general de esta variante acuática, con los cuatro Chaakob como sus manifestaciones cardinales.

Iconografía, variantes rituales y presencia en los códices

La iconografía de los Pauahtun-Bacabes es una de las más ricas y reconocibles del arte maya. En los códices postclásicos y en las cerámicas del Clásico Tardío, los cuatro dioses cardinales aparecen figurados como ancianos barbados, con el pelo largo canoso, la cara marcada por las arrugas de la vejez extrema, la piel bronceada o amarilla según el registro. Llevan sobre la espalda un enorme caparazón de tortuga —el símbolo por excelencia de la longevidad, del sostén y del mundo enterrado— que les cubre desde los hombros hasta las nalgas. En la nuca o justo detrás de la cabeza aparece con frecuencia una red de araña o una tela de araña esquematizada, que figura el cielo enrejado que sostienen sobre la cabeza con las manos alzadas.

Otros atributos iconográficos completan el retrato. Cada Pauahtun lleva en la mano una caracola marina —una Strombus gigas del Caribe, la caracola por excelencia del ritual maya— con la que sopla el aliento del mar hacia los cuatro rumbos, generando los cuatro vientos cardinales. En la boca lleva a veces la flauta ritual, símbolo de la voz cósmica que anuncia el cambio de estaciones. A su lado suele aparecer un cántaro de balché —la bebida ritual maya fermentada a partir de la corteza del árbol del mismo nombre— o una jícara de atole. La combinación de caparazón de tortuga, red de araña, caracola marina y bebida ritual configura una firma iconográfica inequívoca que Karl Taube, en The Major Gods of Ancient Yucatan (Dumbarton Oaks, 1992), sistematizó como la firma completa del Pauahtun-Bacab clásico.

El Códice de Dresde, el más antiguo y elaborado de los tres códices mayas conservados, contiene en sus hojas 25 a 28 —las llamadas hojas del Wayeb— una figuración completa de los cuatro Pauahtun-Bacabes cardinales. Cada uno aparece pintado en el margen exterior de su hoja, en la posición cardinal correspondiente, sosteniendo con las manos el firmamento representado como una banda celeste con glifos astronómicos. La disposición geométrica es exacta: rojo al este, blanco al norte, negro al oeste, amarillo al sur, y en el centro geométrico de las cuatro hojas se despliega el ciclo del Wayeb con las profecías anuales de los cuatro cargadores. Es una de las representaciones más elaboradas del sistema cardinal maya que ha sobrevivido a la destrucción colonial.

El Códice de Madrid, aunque más tardío y de factura menos refinada, complementa el registro con las hojas 75 y 76, donde los Pauahtun-Bacabes aparecen sosteniendo el cielo en la escena del árbol cósmico central. Se distingue en el Códice de Madrid una preocupación adicional por los rituales agrícolas y por la relación de los Pauahtun con los ciclos del maíz, del frijol y de la calabaza. Simon Martin y Nikolai Grube, en Chronicle of the Maya Kings and Queens (Thames & Hudson, Londres, 2000), señalan además que en las inscripciones del Clásico Tardío del Petén (Palenque, Copán, Piedras Negras) aparecen menciones dinásticas de los Pauahtun-Bacabes como ancestros míticos de las casas reales, con genealogías que enlazan a los reyes gobernantes con los cuatro pilares cardinales del cielo.

El corpus más importante para el estudio de los Pauahtun-Bacabes coloniales es sin duda el Ritual of the Bacabs, manuscrito yucateco maya redactado hacia 1779 —según la datación de Ralph Roys— pero que contiene material ritual muy anterior, probablemente reelaborado durante los siglos XVI y XVII a partir de tradiciones prehispánicas. Este manuscrito, editado críticamente por Roys en 1965 (Oklahoma UP), es una compilación de aproximadamente cuarenta y dos conjuros mágico-medicinales para tratar enfermedades específicas —fiebres, dolores, mordeduras de serpiente, mal de ojo, esterilidad—, todos dirigidos a los cuatro Bacabes-Pauahtun cardinales que se invocan según el color de la enfermedad, la dirección cardinal de su origen o el color del árbol sagrado asociado al conjuro. Es el más rico corpus mágico maya que se conserva, y el único que ilumina en detalle la práctica ritual de invocación de los Pauahtun-Bacabes tal como sobrevivía en el Yucatán colonial.

La Ceiba pentandra, el gran árbol cósmico maya, tiene un papel central en la geografía cardinal de los Pauahtun. Cada rumbo tiene su ceiba de color propio (roja al este, blanca al norte, negra al oeste, amarilla al sur), y en el centro geométrico del mundo se levanta la Yaxché, la ceiba verde-azul primordial, cuyo tronco enlaza los tres niveles del mundo maya: el cielo, la tierra y el inframundo (Xibalbá). Mercedes de la Garza, en El universo sagrado de la serpiente entre los mayas (UNAM, México, 1984), y David Freidel, Linda Schele y Joy Parker, en Maya Cosmos: Three Thousand Years on the Shaman’s Path (Morrow, Nueva York, 1993), han estudiado la relación entre las cinco ceibas cardinales y los Pauahtun-Bacabes como un sistema integrado que ordena el mundo entero de manera cuatripartita en torno al eje vertical de la ceiba central.

Sincretismo colonial y vigencia contemporánea

La llegada de los franciscanos al Yucatán en la década de 1540 supuso el inicio del proceso de sincretismo entre los cuatro Pauahtun-Bacabes cardinales y las figuras del calendario litúrgico católico. La geometría cuadripartita de los Pauahtun, con sus cuatro colores y sus cuatro rumbos, encontró un paralelo casi automático en los cuatro Evangelistas cristianos —Mateo, Marcos, Lucas y Juan— asociados por la tradición patrística medieval con los cuatro seres vivientes del Apocalipsis (ángel, león, buey y águila) y con las cuatro direcciones. En muchos manuscritos coloniales del Chilam Balam, los cuatro Pauahtun aparecen sincretizados con los cuatro Evangelistas, cada uno colocado en su cuadrante cardinal correspondiente, sin perder su función ritual original de sostenedores del cielo.

Otro sincretismo importante fue el del Pauahtun con San Miguel Arcángel. El arcángel Miguel, en la tradición cristiana medieval y colonial, es el guerrero celeste que sostiene la balanza del Juicio Final y que derriba al dragón demoníaco en el combate cósmico primordial. Su gesto de «sostener el orden» contra el caos encontraba un eco en el Pauahtun que sostiene el cielo. En algunas comunidades yucatecas coloniales, San Miguel se convirtió en el patrón sincrético de las cuatro entradas cardinales del pueblo, y las procesiones del arcángel se realizaban precisamente por los cuatro cuadrantes según el orden ritual maya. Este sincretismo, documentado por Fray Diego López de Cogolludo en su Historia de Yucatán (~1656, ed. 1867), sobrevive todavía hoy en algunas festividades patronales yucatecas.

En las tierras altas guatemaltecas, entre los k’iche’ de Momostenango y Chichicastenango, los cuatro Pauahtun sobreviven bajo la denominación de cuatro Rumbos o cuatro Esquinas del Cielo. Los ajq’ijab —los sacerdotes tradicionales del calendario maya— invocan a los cuatro Rumbos al abrir cada ceremonia en el altar maya. La invocación sigue una fórmula precisa: primero al este (rojo, dirección del amanecer), luego al norte (blanco, dirección de los ancestros), luego al oeste (negro, dirección del ocaso) y finalmente al sur (amarillo, dirección de la fertilidad). Cada uno de los cuatro rumbos recibe su ofrenda de velas del color correspondiente, su copal específico y su invocación ritual en k’iche’. Barbara Tedlock, en Time and the Highland Maya (New Mexico UP, 1982/1992), y Enrique Florescano, en Los mitos de creación del pueblo maya (Taurus, México, 2017), han documentado en detalle estas invocaciones cardinales contemporáneas.

La iconografía maya artesanal contemporánea de Yucatán, Quintana Roo, Chiapas y Guatemala sigue reproduciendo la figura de los Pauahtun-Bacabes en sus formas tradicionales: ancianos con caparazón de tortuga, con red de araña detrás de la cabeza, con caracola marina en la mano. Los talleres artesanales de Valladolid (Yucatán), de San Cristóbal de las Casas (Chiapas) y de San Antonio Aguas Calientes (Sacatepéquez, Guatemala) producen figuras rituales, cerámicas, textiles bordados y grabados en madera que reproducen la imagen del Pauahtun cardinal. Es una figura reconocible, presente en los mercados y en los museos, que forma parte del imaginario visual maya contemporáneo tanto en su versión pre-cristiana como en su versión sincrética con el santoral católico.

Los paralelos comparativos de los cuatro Pauahtun son abundantes en las mitologías del mundo. Los cuatro Tlaloques del panteón mexica —dioses cardinales del agua, con sus colores y sus rumbos— son la variante nahua directa. Los cuatro guardianes cardinales del taoísmo chino —Dragón Azul del Este, Tigre Blanco del Oeste, Fénix Rojo del Sur, Tortuga Negra del Norte— comparten la lógica cuatripartita cardinal, con curiosos paralelismos cromáticos y animales. Los cuatro Diggaja del panteón hindú —los cuatro elefantes cardinales que sostienen la tierra— comparten la función de pilares del mundo. La Turtle-Island iroquesa (documentada en el Sprint 46 de este corpus) también organiza el mundo sobre una tortuga que sostiene el mundo desde cuatro cardinales. Los cuatro Yeis primordiales navajos —First Man y First Woman en sus cuatro emanaciones cardinales, también documentados en el Sprint 46— cumplen función parecida en el sudoeste norteamericano.

Más allá del mito

Los cuatro Pauahtun son una figura religiosa singular. No son héroes, no son ancestros, no son creadores primordiales del mundo. Son pilares. Sostenes. Cuatro dioses ancianos que desde el principio de los tiempos aguantan sobre la cabeza el cielo entero, cada uno en su rumbo, cada uno con su color, cada uno con su ceiba. Es una función que exige eternidad. Los Pauahtun no se mueven, no interactúan, no cambian: sostienen. Y esa quietud cardinal es lo que les da su potencia simbólica: ellos son la garantía de que el cielo no caiga, de que el mundo se mantenga en su lugar, de que el orden geométrico primordial persista día tras día.

Pensar en los Pauahtun es pensar en una arquitectura cósmica cuya lógica geométrica no ha envejecido. La ordenación cuatripartita cardinal —el este rojo del amanecer, el norte blanco de los ancestros, el oeste negro del ocaso, el sur amarillo del maíz maduro— sigue siendo hoy, en las comunidades mayas contemporáneas de Yucatán, Chiapas y Guatemala, la matriz ordenadora básica del espacio ritual. Cuando el ajq’ij de Momostenango abre una ceremonia invocando a los cuatro Rumbos, no está recuperando arqueológicamente un pasado remoto: está reactivando una geometría que se ha transmitido sin interrupción desde el Clásico Tardío hasta hoy.

Hay algo más. Los cuatro Pauahtun descansan durante los cinco días del Uayeb. Durante ese intervalo liminar cardinal, cuando el año viejo se despide y el nuevo aún no ha llegado, los pilares del cielo se sientan. La bóveda celeste queda momentáneamente sin sostén activo. El orden cósmico se hace vulnerable. Y es precisamente en ese momento cuando la comunidad maya, mediante el encierro ritual, el ayuno, el silencio y las ceremonias cardinales del quinto día, hace visible su papel activo en el sostenimiento del mundo. Los Pauahtun sostienen el cielo, sí; pero durante los cinco días del Uayeb es la propia comunidad ritual la que sostiene el mundo mientras los pilares descansan. Esa reciprocidad entre dioses y humanos —los primeros sosteniendo la geometría cósmica, los segundos sosteniendo el ritual que permite el descanso de los primeros— es una de las lecciones más finas del pensamiento maya sobre el orden del mundo.

Preguntas frecuentes

¿Quiénes son los cuatro Pauahtun del panteón maya?

Los Pauahtun (o Pahuahtun) son los cuatro dioses gigantes del panteón maya yucateco que sostienen el cielo, cada uno en un punto cardinal: Chak Pauahtun (rojo, este), Sak Pauahtun (blanco, norte), Ek’ Pauahtun (negro, oeste) y Kan Pauahtun (amarillo, sur). Su nombre en yucateco maya significa literalmente «piedra que sostiene», de pauah («pilar», «soporte») y tun («piedra»). Están documentados por Fray Diego de Landa en su Relación de las cosas de Yucatán (~1566), por el Códice de Dresde (siglos XI-XII), por el Códice de Madrid y por el Ritual of the Bacabs editado por Ralph Roys en 1965 (Oklahoma UP), corpus mágico-medicinal enteramente dedicado a los cuatro Bacabes-Pauahtun cardinales.

¿Cuál es la diferencia entre Pauahtun, Bacab y Chaak?

Las tres denominaciones remiten a la misma cuaternidad divina cardinal maya con matices funcionales. Los Pauahtun son los cuatro dioses ancianos que sostienen el cielo desde los cuatro rumbos (dimensión celeste). Los Bacabes son los cuatro dioses que sostienen la tierra desde sus cuatro esquinas (dimensión terrestre). Los Chaakob o Chaques son la variante acuática, dioses cardinales de la lluvia. En algunos textos coloniales aparecen como equivalentes intercambiables (Landa así los trata); en otros como parejas complementarias (Roys lo argumenta para el Ritual of the Bacabs). Karl Taube, en The Major Gods of Ancient Yucatan (Dumbarton Oaks, 1992), propone verlos como manifestaciones de una misma cuaternidad divina operando en registros distintos.

¿Cómo se representan iconográficamente los Pauahtun?

Los Pauahtun-Bacabes tienen una iconografía muy reconocible. En los códices postclásicos y en las cerámicas del Clásico Tardío aparecen como ancianos barbados, con el pelo largo canoso, con caparazón de tortuga sobre la espalda (símbolo de longevidad y de sostén cósmico), red de araña detrás de la cabeza (que figura el cielo enrejado que sostienen) y caracola marina en la mano (símbolo del aliento cósmico con el que soplan los cuatro vientos cardinales). Cada uno lleva su color cardinal correspondiente y aparece asociado a la ceiba sagrada del color respectivo. La firma iconográfica ha sido sistematizada por Karl Taube en The Major Gods of Ancient Yucatan (Dumbarton Oaks, 1992).

¿Qué relación tienen los Pauahtun con el calendario haab y con el Uayeb?

La relación es central. Cada uno de los cuatro Pauahtun rige uno de los cuatro cargadores del año haab, en un ciclo de cuatro años. En la reforma yucateca del Posclásico Tardío, los cuatro portadores del año eran Kan (amarillo, sur), Muluc (rojo, este), Ix (blanco, norte) y Cauac (negro, oeste), cada uno regido por su Pauahtun correspondiente. Durante los cinco días liminares del Uayeb —el intervalo nefasto entre el año viejo y el nuevo—, los cuatro Pauahtun descansan simbólicamente y el cielo queda momentáneamente sin sostén activo, momento en que la comunidad maya observa el encierro ritual descrito por Landa para prevenir catástrofes cósmicas.

¿Se invocan hoy los Pauahtun en alguna ceremonia maya contemporánea?

Sí. En las tierras altas guatemaltecas, entre los k’iche’ de Momostenango y Chichicastenango, los cuatro Pauahtun sobreviven bajo el nombre de cuatro Rumbos o cuatro Esquinas del Cielo. Los ajq’ijab (sacerdotes tradicionales del calendario maya) los invocan al abrir cada ceremonia en el altar maya, siguiendo la fórmula cardinal fija: este (rojo), norte (blanco), oeste (negro) y sur (amarillo), con velas del color correspondiente y quema de copal específica. Barbara Tedlock, en Time and the Highland Maya (New Mexico UP, 1982/1992), documentó estas prácticas contemporáneas. En Yucatán colonial y actual, los Pauahtun sincretizaron con los cuatro Evangelistas cristianos y con San Miguel Arcángel, manteniendo su función cardinal.

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