Tirawa, el Padre Poder de Arriba pawnee del cielo estrellado y astronomía sagrada

Lo esencial: Tirawa —o Tirawahat, «el Padre-Poder Arriba»— es el dios supremo del panteón pawnee de las Grandes Llanuras del Sur, creador cósmico primordial que preside desde el zenit del cielo estrellado. Al principio del tiempo convocó una gran asamblea celeste de todos los astros y a cada uno le asignó una función cardinal; ordenó el matrimonio de Estrella de la Mañana con Estrella de la Tarde, del que nacieron los primeros seres humanos pawnee, y dictó a los sacerdotes-astrónomos kurahus el calendario ritual que rigió la vida entera de las cuatro bandas Chaui, Kitkehahki, Pitahauirat y Skidi.

Origen culturalPawnee (bandas Chaui, Kitkehahki, Pitahauirat y Skidi/Skiri) — Grandes Llanuras del Sur, Nebraska ancestral y Oklahoma tras la deportación de 1874.
TipoDios supremo creador astronómico, «el Arriba absoluto», residente en el zenit del cielo estrellado.
Función míticaPresidir el cielo estrellado desde el zenit; convocar la asamblea cósmica de los astros; asignar funciones cardinales a Estrella de la Mañana y Estrella de la Tarde; engendrar a los primeros humanos pawnee mediante el matrimonio cósmico primordial; dictar el calendario ritual al colegio de sacerdotes kurahus.
AtestaciónBradbury 1817; Grinnell 1889; Fletcher 1900-1904; Dorsey 1904-1906; Murie 1912/1981; Weltfish 1965; Chamberlain 1982.
Vigencia hoyPaquete sagrado y ceremonias del calumet activas entre los pawnee de Oklahoma (Pawnee Nation, sede en Pawnee OK); observaciones estelares tradicionales aún practicadas por los kurahus contemporáneos.

Tirawa —o, con su forma ritual completa, Atius Tirawa Tirawahat— es el nombre pawnee del ser supremo, el «Padre Poder de Arriba, el que preside». Reside en el zenit del cielo, más allá de las estrellas fijas, en un lugar al que los sacerdotes-astrónomos kurahus señalaban con la mirada al inicio de cada ceremonia importante. No tiene forma humana ni forma animal: es la presidencia misma del cielo estrellado, una potencia impersonal ordenadora que precede al Sol, a la Luna, a los planetas y a las estrellas fijas.

Al principio del tiempo, cuando aún no había ni tierra ni seres humanos, Tirawa convocó una gran asamblea celeste. A cada cuerpo astronómico —Estrella de la Mañana, Estrella de la Tarde, Sol, Luna, Estrella Polar, las cuatro estrellas semi-cardinales llamadas Tishatit, y decenas de estrellas menores— le asignó una función cardinal en el orden del cosmos. Los planetas recibieron la tarea del movimiento; las estrellas fijas, la tarea de la referencia; Estrella de la Mañana, la tarea del amanecer y de la creación cósmica; Estrella de la Tarde, la tarea del jardín occidental donde crecen las plantas primordiales. Cada astro recibió un canto propio, un paquete sagrado terreno correspondiente y una posición inmutable en el mapa mítico del cielo pawnee.

Los primeros seres humanos pawnee no fueron modelados con arcilla ni brotados de la tierra: fueron engendrados por el matrimonio cósmico entre Estrella de la Mañana (macho, identificado con el planeta Marte según las lecturas etno-astronómicas de Von Del Chamberlain) y Estrella de la Tarde (hembra, identificada con Venus). De esa unión primordial ordenada por Tirawa nacieron los hijos que fundaron las cuatro bandas históricas de la Confederación Pawnee: Chaui, Kitkehahki, Pitahauirat y Skidi. Cada banda recibió su propio paquete sagrado —hurahus— y su propio grupo de sacerdotes-astrónomos kurahus, y el sistema entero se transmitió intacto durante siglos hasta que la deportación forzosa de 1874 llevó a los pawnee de sus tierras ancestrales de Nebraska a la reserva de Oklahoma donde siguen viviendo hoy.

Contexto: los pawnee de las Grandes Llanuras del Sur

Los pawnee eran, hasta 1874, la nación indígena más numerosa del Missouri central: se ha estimado que hacia 1800 sumaban unas veinte mil personas repartidas entre las cuatro bandas históricas —Chaui («los del río Grande»), Kitkehahki («republicanos» por vivir en el río Republican), Pitahauirat («los del este») y Skidi o Skiri («los lobo»)—. Hablaban una lengua caddoana emparentada con el arikara, el wichita y el kitsai, lo que los sitúa lingüísticamente fuera de la gran familia siouana de sus vecinos ponca, omaha y osage. Vivían en un cinturón entre los ríos Platte y Republican, en el actual estado de Nebraska, con incursiones estivales de caza del bisonte hasta las Rocosas y hasta el sur de Kansas.

La economía pawnee combinaba dos ciclos anuales: la horticultura sedentaria del maíz-frijol-calabaza durante la primavera y el otoño, en aldeas fijas de earth lodges (casas semicirculares de tierra y madera capaces de albergar cuarenta personas cada una), y la caza semi-nómada del bisonte durante el verano y el invierno, en tipis desmontables de piel. Cada aldea tenía su propio calendario ceremonial dictado por los kurahus —los sacerdotes-astrónomos hereditarios—, y cada calendario se calibraba mediante observaciones astronómicas directas: la posición de las Pléyades al anochecer marcaba el momento de sembrar el maíz; la posición del Corona Boreal marcaba el momento de las ceremonias del solsticio; la aparición helíaca de Estrella de la Mañana marcaba el momento —solo cuando se juzgaba imprescindible— del sacrificio ritual del que hablaremos más adelante.

La sofisticación astronómica pawnee fue documentada por Von Del Chamberlain en su obra pivote de 1982 When Stars Came Down to Earth: Cosmology of the Skidi Pawnee Indians of North America (Ballena Press). Chamberlain, astrónomo profesional del Smithsonian y a la vez arqueoastrónomo, mostró que los kurahus skidi manejaban un mapa estelar coherente que reconocía al menos noventa estrellas fijas con nombre propio, distinguía correctamente los planetas de las estrellas, medía el año trópico con precisión de días y correlacionaba la aparición de constelaciones con las funciones agrícolas y ceremoniales del ciclo anual. Es —según la evaluación de Chamberlain y de Gene Weltfish en The Lost Universe (Basic Books, 1965)— el sistema etno-astronómico más elaborado que se ha documentado en Norteamérica al norte de México, comparable en refinamiento observacional a los sistemas mesoamericanos de la misma época.

Este mapa estelar no era un ornamento cultural: era la infraestructura ritual del pueblo pawnee. Los kurahus —cuya función pasaba de padre a hijo durante generaciones— se levantaban antes del alba para observar el cielo desde el techo del earth lodge principal de cada aldea, y a partir de esas observaciones dictaban a los jefes civiles el calendario anual: cuándo sembrar, cuándo iniciar la caza estival del bisonte, cuándo celebrar el Hako, cuándo ejecutar el Morning Star Sacrifice. La política, la economía y la religión pawnee estaban dictadas por el cielo, y el cielo estaba presidido por Tirawa.

El mito: la asamblea celeste y la creación de los humanos

El relato de creación pawnee más completo fue recogido por George A. Dorsey (etnólogo del Field Museum de Chicago, hermano menor del misionero James Owen Dorsey que trabajó entre los omaha) en Traditions of the Skidi Pawnee (1904) y The Pawnee: Mythology, Part I (Carnegie Institution 59, 1906). En la versión skidi que Dorsey documentó, Tirawa está solo al principio en el zenit del cielo. Convoca a los cuerpos celestes uno por uno y les asigna posiciones cardinales. Al Sol le da el este y el día; a la Luna, el oeste y la noche; a Estrella de la Mañana, la posición del oriente al amanecer y la tarea de vigilar la creación; a Estrella de la Tarde, la posición del occidente al anochecer y la custodia del jardín primordial donde crecen las plantas cultivadas; a la Estrella Polar —a la que los pawnee llaman Karariwari, «El que No se Mueve»— le da el norte inmóvil y la tarea de ser el punto de referencia absoluto del cielo entero.

Después, Tirawa ordena el matrimonio primordial. Estrella de la Mañana, el astro macho más brillante del oriente, tiene que viajar hacia el occidente cruzando obstáculos sucesivos —diez cuentos de dificultades enumerados detalladamente por Alice Fletcher en The Hako (1904)— para reunirse con Estrella de la Tarde, el astro hembra más brillante del occidente, en su jardín cósmico. El matrimonio se consuma. De la unión nacen la primera niña y el primer niño humanos. Tirawa les da forma corporal, los cubre con una manta hecha con la piel del bisonte celeste, los envía a la tierra en una tormenta de rayos, y los deposita en el centro del territorio que serán las tierras pawnee de Nebraska. De esa pareja primordial descienden las cuatro bandas.

Cada uno de los astros que participó en la asamblea inicial recibió un correlato terrestre: un objeto sagrado guardado en el paquete ritual hurahus de una banda, un canto propio conservado por los kurahus, una función cíclica en el calendario ceremonial anual. La ceremonia del Hako —recopilada por Alice Fletcher en las tres mil quinientas páginas del 22nd Annual Report del BAE, publicado en 1904, con la colaboración del pawnee James R. Murie— reactualizaba cada año el matrimonio primordial mediante un intercambio ritual de calumets sagrados entre dos clanes de bandas distintas, la adopción ficticia de un niño de una banda por el jefe de otra, y el canto de las genealogías de todos los astros. Es una de las etnografías musicales-rituales más detalladas jamás realizadas en Norteamérica, y todavía hoy se estudia como texto canónico en los programas de antropología pawnee de las universidades de Nebraska y Oklahoma.

Junto al Hako, el otro gran rito documentado del sistema pawnee era el Morning Star Sacrifice, el sacrificio ritual a Estrella de la Mañana. Cuando los kurahus skidi consideraban —tras observaciones astronómicas específicas y sueños interpretativos— que Estrella de la Mañana pedía tributo, se capturaba a una doncella joven de otra tribu, se la trataba durante meses como si fuera hija del pueblo, se la vestía con ropas ceremoniales y en el amanecer marcado por la aparición helíaca del astro se la ataba a un poste orientado al este y se la mataba con flecha en el corazón. El último caso documentado con seguridad fue el de Haxti, una doncella oglala-lakota de catorce años, en abril de 1838, salvada de último momento por el guerrero pawnee Petalesharo, hijo del jefe Peskelechaco, en un gesto que puso fin definitivo al rito. Ralph Linton reconstruyó los detalles del sacrificio en su monografía pivote The Sacrifice to the Morning Star by the Skidi Pawnee (Field Museum, 1922), basándose en fuentes escritas de los años 1820-1838 y en las tradiciones orales que aún se conservaban a comienzos del siglo XX.

Interpretación: astronomía sagrada y transformación histórica

La interpretación del sistema Tirawa que se ha impuesto en la antropología desde Weltfish y Chamberlain hasta hoy tiene dos ejes. El primero es que estamos ante un caso raro y notable de religión astronómica pura: no un pueblo agricultor que usa el calendario estelar como herramienta accesoria, sino un pueblo que hace del cielo estrellado la infraestructura literal de su vida —económica, política y ritual—. Cada aldea se orientaba a los puntos cardinales; cada earth lodge tenía un agujero en el techo por el que los kurahus observaban el cenit; cada ceremonia se calibraba con posiciones estelares específicas; cada paquete sagrado contenía objetos que representaban astros concretos identificables. Anthony Aveni, el gran arqueoastrónomo mesoamericanista, comparó explícitamente el sistema pawnee con la astronomía maya del Clásico y encontró coincidencias de sofisticación observacional que a nadie sorprenden ya.

El segundo eje interpretativo es la transformación histórica del sistema bajo la presión colonial. Entre 1806 (primeras expediciones estadounidenses documentadas en territorio pawnee, con Zebulon Pike) y 1874 (deportación forzada de la Confederación Pawnee entera desde Nebraska hasta la actual Pawnee Nation en Oklahoma), la población pawnee cayó de unas veinte mil personas a aproximadamente dos mil supervivientes. Las causas fueron múltiples y sabidas: epidemias de viruela en 1801-1802, 1832 y 1849; presión militar de los lakota-sioux desde el norte, armados por el comercio del castor; guerras internas entre las bandas; el colapso del bisonte por la caza comercial estadounidense entre 1860 y 1875. En ese medio siglo de catástrofe demográfica, el sistema ritual pawnee —incluyendo el Morning Star Sacrifice— fue transformándose y en parte suspendiéndose. Petalesharo salvó a Haxti en 1838, y para 1874, ya deportados a Oklahoma, los pawnee habían dejado de practicar el rito.

Pero el mito de Tirawa y la asamblea celeste sobrevivió. Alice Fletcher pudo recopilar el Hako entero entre 1898 y 1902 con la ayuda del pawnee James R. Murie —él mismo hijo de una mujer skidi y de un soldado escocés, y él mismo etnógrafo bilingüe entrenado en Hampton Institute—, quien había memorizado en su juventud las ceremonias que la generación de su madre aún practicaba en las aldeas pre-deportación de Nebraska. Los tres mil quinientos folios del BAE de 1904 son literalmente la única razón por la que hoy conocemos con detalle cómo funcionaba la asamblea celeste pawnee. El manuscrito póstumo de Murie, Ceremonies of the Pawnee, quedó inédito durante casi setenta años hasta que Douglas Parks lo editó para el Smithsonian en 1981. Es la etnografía religiosa más completa que se ha hecho de un pueblo indígena norteamericano.

Los pawnee contemporáneos de Oklahoma —organizados como Pawnee Nation, con capital en Pawnee OK, con unos tres mil quinientos miembros censados hoy— han mantenido activo el paquete sagrado principal, las ceremonias del calumet en versión simplificada, la observación estelar de los kurahus hereditarios y el conocimiento del panteón. Vine Deloria Jr., el gran teórico standing rock lakota-sioux de la religión amerindia contemporánea, escribió en God Is Red (1973/2003) que el caso pawnee demuestra que las cosmogonías indígenas no son mitos pintorescos del pasado, sino sistemas racionales de comprensión del cosmos que siguen operando en la vida ceremonial actual del pueblo que los produjo. Tirawa sigue presidiendo el zenit del cielo estrellado sobre Oklahoma, aunque ya casi nadie fuera de la reserva lo sepa.

Más allá del mito

Reducir a Tirawa a «un dios pawnee más» sería perder de vista lo que este caso tiene de único en el conjunto americano. El panteón pawnee —tal como lo reconstruyeron Fletcher, Dorsey, Murie, Weltfish y Chamberlain— es probablemente el sistema mítico-astronómico más elaborado documentado al norte del Trópico de Cáncer. Compararlo con Wakan Tanka lakota (el Gran Misterio, un dios difuso e impersonal), con Maheo cheyenne (el creador único de las llanuras algonquinas), con Gitchi Manitou anishinaabe (el gran espíritu de los bosques del noreste) o con Ometeotl mexica (el dios dual creador) permite ver la especificidad pawnee: solo aquí el ser supremo es explícitamente el «Arriba absoluto», solo aquí la creación pasa por una asamblea democrática de astros, y solo aquí el sistema entero está dictado por observaciones estelares directas verificables al día siguiente.

Los paralelismos comparativos más ricos apuntan hacia el sur, no hacia el norte. La astronomía sagrada pawnee tiene analogías estructurales evidentes con la astronomía sagrada maya del Clásico, especialmente con el ciclo Venus-Marte que documentan los códices Dresde y Grolier; con la astronomía mexica documentada por Sahagún en el Códice Florentino; y con la astronomía andina inca del Coricancha reconstruida por Zuidema y Aveni. Todas estas culturas —pawnee, maya, mexica, inca— manejaron sistemas ritualmente calibrados con el cielo estrellado, y en las cuatro el matrimonio Venus-macho / Venus-hembra o las combinaciones equivalentes tienen un lugar mitológico central. El panteón pawnee resulta ser, en la escala americana, el eslabón perdido entre el norte y el sur del continente.

Y hay una dimensión final, más difícil de nombrar pero imposible de ignorar. Los pawnee, cuando su población había caído de veinte mil a dos mil personas entre 1801 y 1875, cuando habían sido deportados de sus tierras ancestrales, cuando habían perdido el bisonte y las aldeas y los cementerios, mantuvieron intacto el mapa estelar. James Murie —un mestizo que había estudiado en Hampton Institute— pasó las últimas décadas de su vida sistematizando por escrito el sistema entero de conocimientos que su generación estaba a punto de perder para siempre. El manuscrito de 1912 tardó setenta años en publicarse, pero se publicó. El paquete sagrado principal sigue en manos pawnee. El cielo estrellado sobre Oklahoma es el mismo cielo estrellado que sobre Nebraska, y Tirawa, el «Padre Poder Arriba», sigue presidiéndolo desde el zenit exactamente igual que hace mil años.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Tirawa?

Tirawa —o, con su nombre ritual completo, Atius Tirawa Tirawahat, «el Padre Poder de Arriba, el que preside»— es el dios supremo del panteón pawnee de las Grandes Llanuras del Sur (Nebraska ancestral y Oklahoma tras la deportación federal de 1874). No tiene forma humana ni forma animal: es una presencia impersonal ordenadora que reside en el zenit del cielo, más allá de las estrellas fijas. Al principio del tiempo, cuando aún no existían la tierra ni los seres humanos, Tirawa convocó una gran asamblea celeste de todos los astros —Estrella de la Mañana, Estrella de la Tarde, Sol, Luna, Estrella Polar, cuatro estrellas semi-cardinales y decenas de estrellas menores— y a cada uno le asignó una función cardinal específica. Ordenó el matrimonio primordial entre Estrella de la Mañana (macho) y Estrella de la Tarde (hembra), del que nacieron los primeros humanos pawnee. Dictó el calendario ceremonial anual al colegio hereditario de sacerdotes-astrónomos kurahus, que administraron durante siglos la vida ritual del pueblo pawnee mediante observaciones estelares directas.

¿Qué era la asamblea cósmica de los astros?

La asamblea cósmica de los astros es el acto fundacional del mito pawnee de creación, recopilado por George A. Dorsey en Traditions of the Skidi Pawnee (1904) y en The Pawnee: Mythology, Part I (Carnegie Institution, 1906). Según el relato skidi, Tirawa estaba solo al principio en el zenit del cielo. Convocó entonces uno por uno a todos los cuerpos celestes y les asignó posiciones cardinales y funciones cósmicas: al Sol le dio el este y el día, a la Luna el oeste y la noche, a Estrella de la Mañana el oriente al amanecer y la tarea de vigilar la creación cósmica, a Estrella de la Tarde el occidente al anochecer y la custodia del jardín primordial donde crecen las plantas cultivadas, a la Estrella Polar (llamada en pawnee Karariwari, «El que No se Mueve») el norte inmóvil y la tarea de ser el punto de referencia absoluto del cielo. A cada astro le dio también un canto propio, un paquete sagrado terreno correspondiente que sería custodiado por una banda pawnee específica, y una función cíclica en el calendario ceremonial anual. El sistema entero es —según Von Del Chamberlain en su obra pivote de 1982— el mapa mítico-astronómico más elaborado que se conoce en Norteamérica al norte de México.

¿Qué era el Morning Star Sacrifice y hasta cuándo se practicó?

El Morning Star Sacrifice, o sacrificio ritual a Estrella de la Mañana, era el rito más controvertido y documentado del sistema pawnee skidi. Cuando los kurahus —tras observaciones astronómicas específicas de la aparición helíaca de Marte-Estrella de la Mañana y tras sueños interpretativos de un guerrero-visionario— consideraban que el astro pedía tributo, la banda skidi capturaba a una doncella joven de otra tribu vecina (con frecuencia lakota, cheyenne, arapaho o comanche). Se la trataba durante varios meses como si fuera hija del pueblo pawnee, se le daba de comer generosamente, se la vestía con ropas ceremoniales bordadas y se le enseñaban los cantos rituales. En el amanecer marcado por la reaparición helíaca de Estrella de la Mañana, se la ataba a un poste orientado al este entre dos hogueras y se la mataba con una única flecha en el corazón al primer rayo del astro. El último caso documentado con seguridad fue el de Haxti, una doncella oglala-lakota de catorce años, en abril de 1838, salvada de último momento por el guerrero pawnee Petalesharo, hijo del jefe Peskelechaco, en un gesto que puso fin definitivo al rito. Ralph Linton reconstruyó los detalles del ceremonial en la monografía The Sacrifice to the Morning Star by the Skidi Pawnee (Field Museum, 1922).

¿Cómo funcionaba la astronomía pawnee?

La astronomía pawnee estaba administrada por un colegio hereditario de sacerdotes-astrónomos llamados kurahus, cuya función pasaba de padre a hijo dentro de familias específicas de cada banda. Los kurahus se levantaban antes del alba para observar el cielo estrellado desde el techo del earth lodge principal de cada aldea, usando el agujero central del humo como visor natural para el zenit. Reconocían al menos noventa estrellas fijas con nombre propio en lengua pawnee, distinguían correctamente los planetas (que llamaban «estrellas errantes») de las estrellas fijas, medían el año trópico con precisión de días mediante la observación helíaca de las Pléyades y del Corona Boreal, y correlacionaban la aparición estacional de constelaciones específicas con las funciones agrícolas y ceremoniales del ciclo anual: la posición de las Pléyades al anochecer marcaba el momento de sembrar el maíz, la posición del Corona Boreal marcaba el solsticio de verano, la aparición helíaca de Estrella de la Mañana marcaba —cuando se juzgaba imprescindible— el momento del sacrificio ritual. Von Del Chamberlain, astrónomo profesional del Smithsonian y arqueoastrónomo, mostró en When Stars Came Down to Earth (1982) que este sistema es comparable en refinamiento observacional a los sistemas astronómicos mesoamericanos del Clásico maya.

¿Existe todavía el culto a Tirawa hoy?

Sí, con adaptaciones importantes derivadas de la catástrofe demográfica y de la deportación forzada de 1874. Los pawnee contemporáneos están organizados como Pawnee Nation, con capital en Pawnee (Oklahoma) y con aproximadamente tres mil quinientos miembros censados en la actualidad. La nación mantiene activo el paquete sagrado principal heredado de la banda Chaui, celebra las ceremonias anuales del calumet en versión simplificada respecto al Hako completo que Alice Fletcher documentó en 1904, conserva las líneas de descendencia hereditaria de los kurahus (hoy son pocos y su formación es más restringida que en el pasado) y sigue transmitiendo el conocimiento del panteón mediante narración oral en las escuelas tribales y en los programas de lengua caddoana. El Morning Star Sacrifice —abandonado definitivamente en 1838 tras el rescate de Haxti por Petalesharo— no se ha practicado nunca más. Vine Deloria Jr. escribió en God Is Red (Fulcrum 1973/2003) que el caso pawnee demuestra que las religiones indígenas americanas no son mitos del pasado extinto sino sistemas racionales de comprensión del cosmos que siguen operando en la vida ceremonial actual del pueblo que los produjo. Tirawa, el «Padre Poder Arriba», sigue presidiendo el zenit del cielo estrellado sobre Oklahoma exactamente igual que lo presidía sobre Nebraska hace mil años.

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