Amaru, la serpiente sagrada andina de la renovación cósmica

En síntesis. Amaru (grafía moderna en runasimi o quechua; también Katari en aimara para designar a la serpiente) es la serpiente cósmica del panteón andino, regidora del ukhupacha o mundo subterráneo del agua y los ancestros, complementaria del hanaqpacha (mundo celeste del Sol y de la Luna) y del kaypacha (mundo terrestre humano) en el sistema de tres niveles que estructura el pensamiento andino. Su culto es pan-andino y de larga duración: aparece con rasgos identificables desde el Horizonte Temprano en Chavín de Huántar (900-200 a.C.) —donde Julio C. Tello identificó por primera vez la iconografía serpiente en 1923—, atraviesa el Horizonte Medio con Wari y Tiahuanaco (600-1000 d.C.), es figura central del imaginario inca del Tahuantinsuyu (1438-1533) y sigue presente en las prácticas rituales contemporáneas del sur del Perú, Bolivia, Ecuador y noroeste argentino. La iconografía canónica de Amaru muestra una serpiente bicéfala —con cabezas en ambos extremos— tallada en los dinteles y muros de Ollantaytambo, Machu Picchu, Sacsayhuamán y el Coricancha, y presente en los relieves de la portada del Kalasasaya de Tiahuanaco. Dos figuras históricas mayores de la resistencia andina contra el dominio colonial tomaron el nombre del serpiente como título dinástico: Túpac Amaru I (1544-1572), último Sapa Inca de Vilcabamba ejecutado en la plaza mayor de Cusco el 24 de septiembre de 1572 por orden del virrey Francisco de Toledo, y Túpac Amaru II (José Gabriel Condorcanqui, 1738-1781), líder de la Gran Rebelión Andina de 1780-1783 descuartizado en la plaza de Cusco el 18 de mayo de 1781 tras la mayor sublevación colonial del siglo XVIII español. Las fuentes coloniales del culto son Bernabé Cobo en la Historia del Nuevo Mundo (~1653), Felipe Guaman Poma de Ayala en la Nueva corónica y buen gobierno (~1615) con sus dibujos del serpiente en el códice, Juan de Betanzos (~1551), Pedro Cieza de León (1553) y Pedro Sarmiento de Gamboa (1572); la reconstrucción etnohistórica moderna es obra sobre todo de R. Tom Zuidema (The Ceque System of Cuzco, Brill, 1964), María Rostworowski (Estructuras andinas del poder, IEP, 1983), Franklin Pease (El dios creador andino, Mosca Azul, 1973) y Charles Walker (La rebelión de Túpac Amaru, IEP, 2015).

Origen culturalSistema simbólico andino de larga duración; iconografía serpiente identificable desde el Horizonte Temprano en Chavín de Huántar (900-200 a.C., alto valle del Mosna, actual Ancash, Perú); continuidad con las culturas del Horizonte Medio (Wari y Tiahuanaco, 600-1000 d.C.); figura central del panteón inca del Tahuantinsuyu (1438-1533) con foco ritual en Cusco; presencia viva en las comunidades quechua y aimara contemporáneas del sur del Perú (Cusco, Puno, Apurímac), del altiplano boliviano (La Paz, Oruro, Potosí), del sur del Ecuador y del noroeste argentino (Jujuy, Salta)
TipoSerpiente cósmica del panteón andino; regidora del ukhupacha o mundo subterráneo del agua y de los ancestros; iconografía canónica bicéfala (con cabezas en ambos extremos); mediadora entre los tres niveles del pensamiento andino (hanaqpacha celeste, kaypacha terrestre, ukhupacha subterráneo); enroscada en el bastón del creador Wiracocha en varias representaciones coloniales tempranas
Función míticaVinculada a los ciclos del agua, la fertilidad agrícola, el rayo, los terremotos y el pachakuti o cataclismo cósmico (el «vuelco del tiempo» que en el pensamiento andino sigue ciclos periódicos); presente en el escudo dinástico del Sapa Inca Amaru Yupanki (10º de la lista dinástica según Sarmiento de Gamboa 1572); nombre tomado por los dos grandes líderes de la resistencia andina anticolonial: Túpac Amaru I (último Sapa Inca de Vilcabamba, ejecutado en Cusco en 1572) y Túpac Amaru II (José Gabriel Condorcanqui, líder de la Gran Rebelión Andina de 1780-1783, descuartizado en Cusco en 1781)
AtestaciónBernabé Cobo, Historia del Nuevo Mundo (~1653; ed. Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, 1956); Felipe Guaman Poma de Ayala, Nueva corónica y buen gobierno (~1615; ed. facsimilar Rolena Adorno-John Murra-Jorge Urioste, Siglo XXI, México, 1980); Juan de Betanzos, Suma y narración de los Incas (~1551); Pedro Cieza de León, Crónica del Perú (1553); Pedro Sarmiento de Gamboa, Historia de los Incas (1572); Manuscrito de Huarochirí (~1608; ed. Gerald Taylor IEP 1987; Frank Salomon y George Urioste, University of Texas Press, 1991); reconstrucciones modernas de R. Tom Zuidema (The Ceque System of Cuzco, Brill, 1964; La civilización inca en el Cuzco, FCE, 1989), María Rostworowski (Estructuras andinas del poder, IEP, 1983), Franklin Pease (El dios creador andino, Mosca Azul, 1973), John H. Rowe (Handbook of South American Indians vol. 2, Smithsonian, 1946), Julio C. Tello (Wira Kocha, Inca 1(1), 1923), John Hemming (La conquista de los Incas, Harcourt Brace, 1970) y Charles Walker (La rebelión de Túpac Amaru, IEP, 2015)
Vigencia hoyIconografía serpiente bicéfala visible en dinteles y muros de Ollantaytambo, Machu Picchu, Sacsayhuamán, Coricancha y en la portada del Kalasasaya de Tiahuanaco (Bolivia); motivo textil corriente en tocapu y en unku ceremoniales de las comunidades andinas contemporáneas; presencia en la danza ritual del chukchu del sur andino; nombre invocado en las luchas indigenistas y anticoloniales contemporáneas (MRTA Perú 1980-1997; Confederación Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu — CONAMAQ boliviano); representación en billetes, sellos, calles, plazas y monumentos oficiales del Perú, Bolivia y Argentina; presencia plena en el imaginario político y cultural andino del siglo XXI

La iconografía del serpiente aparece en el registro arqueológico andino desde muy temprano, tan pronto como el Horizonte Temprano de Chavín de Huántar (900-200 a.C.), en el alto valle del Mosna del actual departamento de Ancash. La Estela Raimondi, la Cabeza Clava con figura serpentiforme del muro exterior del templo, y sobre todo el Lanzón monolítico del interior del templo antiguo, presentan formas serpentinas asociadas al culto principal del sitio, que Julio C. Tello identificó en 1923 en su trabajo «Wira Kocha» (revista Inca 1(1)) como el primer sistema religioso andino de amplia extensión. La continuidad iconográfica del serpiente atraviesa a continuación el Horizonte Medio con las culturas Wari (centro-sur del Perú, 600-1000 d.C.) y Tiahuanaco (altiplano boliviano, 500-1000 d.C.), esta última con las serpientes bicéfalas de la portada del Kalasasaya y del Templete Semisubterráneo del sitio arqueológico junto al lago Titicaca. Con la expansión inca desde Cusco hacia el año 1438 y la formación del Tahuantinsuyu, la figura serpiente adopta el nombre quechua de Amaru y ocupa una posición clara dentro del panteón oficial, con iconografía canónica bicéfala en los dinteles y muros de los edificios ceremoniales de Ollantaytambo, Machu Picchu, Sacsayhuamán y el Coricancha del propio Cusco.

El pensamiento andino organiza el mundo en tres niveles superpuestos que las fuentes coloniales tempranas y la etnografía moderna han descrito con relativa unanimidad. El hanaqpacha es el mundo celeste, propio del Sol (Inti), de la Luna (Mama Killa) y de las constelaciones oscuras del ciclo agrario andino. El kaypacha es el mundo terrestre habitado por los humanos, con sus valles, montañas y ríos. El ukhupacha es el mundo subterráneo del agua, de los muertos y de los antepasados, del que brotan los manantiales y hacia el que descienden las aguas al final del ciclo. Amaru es la figura mayor del ukhupacha: serpiente cósmica de dos cabezas cuyo cuerpo enroscado establece la ligadura entre los tres niveles y permite el paso ritual entre ellos. Los apus o montañas sagradas son la contraparte del ukhupacha en el kaypacha; el Sol —véase Inti— preside desde el hanaqpacha; Amaru une los tres niveles con su cuerpo enroscado como eje vertical de comunicación.

La reconstrucción moderna del culto de Amaru se apoya en un corpus documental doble: por un lado las crónicas coloniales españolas del siglo XVI y XVII (Betanzos, Cieza, Sarmiento, Cobo, Guaman Poma, Calancha, Molina, Polo de Ondegardo) y el Manuscrito de Huarochirí en quechua (~1608, editado por Gerald Taylor para el Instituto de Estudios Peruanos en 1987 y traducido al inglés por Frank Salomon y George Urioste para la University of Texas Press en 1991); por otro lado los estudios etnohistóricos y arqueológicos del siglo XX y XXI, con obras mayores de R. Tom Zuidema (The Ceque System of Cuzco, Brill, 1964; La civilización inca en el Cuzco, Fondo de Cultura Económica, México, 1989), María Rostworowski de Diez Canseco (Estructuras andinas del poder, IEP, 1983), Franklin Pease (El dios creador andino, Mosca Azul, Lima, 1973) y John H. Rowe (Inca Culture at the Time of the Spanish Conquest, Smithsonian, 1946). La vigencia contemporánea del nombre Amaru, tomado por los dos grandes líderes de la resistencia andina anticolonial —Túpac Amaru I en 1572 y Túpac Amaru II en 1781— y por movimientos políticos contemporáneos, se apoya en el trabajo historiográfico reciente de Charles Walker (La rebelión de Túpac Amaru, IEP, 2015) y John Hemming (La conquista de los Incas, Harcourt Brace, 1970; FCE, 1982).

La serpiente cósmica del panteón andino y los tres mundos

La posición de Amaru dentro del panteón andino es la del regidor del ukhupacha, el mundo subterráneo del agua y los ancestros. En el sistema de tres niveles del pensamiento andino, el ukhupacha es el nivel más profundo, del que brotan los manantiales, del que descienden las almas de los muertos y hacia el que confluyen las aguas al final del ciclo agrícola. La serpiente cósmica que gobierna este dominio es a la vez una figura del agua (por su forma sinuosa que reproduce el curso de los ríos y manantiales), del rayo (por el trazo relámpago que rasga el cielo desde arriba hasta el mundo subterráneo) y del pachakuti o vuelco del tiempo cósmico (por su capacidad de romper el orden establecido y provocar una transformación mayor del mundo). Su función mediadora entre los tres niveles no es accesoria: Amaru es el eje mismo que permite el paso ritual entre el hanaqpacha celeste, el kaypacha terrestre y el ukhupacha subterráneo, y sin él los tres niveles quedarían aislados y sin comunicación posible.

La iconografía canónica de Amaru es la serpiente bicéfala: una serpiente con cabezas en ambos extremos del cuerpo, cada una mirando en dirección opuesta. Este motivo aparece con extraordinaria constancia en el arte inca del siglo XV y comienzos del XVI, tallado en los dinteles y muros de los principales edificios ceremoniales del Tahuantinsuyu. En Ollantaytambo, ciudad-fortaleza del valle sagrado del río Urubamba a 60 kilómetros al noroeste de Cusco, aparece en los muros de las primeras terrazas del templo del Sol y en los sillares de la sección conocida como «el templo de los diez nichos». En Machu Picchu figura en el sector religioso vinculado al intihuatana y en los muros exteriores adyacentes al Templo del Sol. En Sacsayhuamán, la fortaleza megalítica que corona Cusco por el norte, la serpiente bicéfala está presente en varios sillares de la primera muralla. En el Coricancha, el «recinto de oro» del centro de Cusco (hoy convento de Santo Domingo tras la superposición colonial de 1533), la serpiente bicéfala figuraba en el altar mayor según las descripciones cronísticas tempranas recogidas por Bernabé Cobo en la Historia del Nuevo Mundo (~1653).

La chakana, la cruz escalonada andina de tres niveles que aparece como motivo textil, arquitectónico y ceremonial desde Chavín hasta el presente, guarda relación directa con la topología de los tres mundos y con la función mediadora de Amaru. Los tres escalones ascendentes representan los tres niveles cósmicos y el vacío central de la cruz es el eje que los une; la figura del serpiente enroscada que atraviesa el eje vertical se representa a menudo en el interior de la propia chakana o adyacente a ella en el registro textil y ceremonial. R. Tom Zuidema, en The Ceque System of Cuzco (Brill, 1964), reconstruyó el sistema ritual del Cusco inca a partir de la descripción de Bernabé Cobo (~1653): 328 huacas o lugares sagrados organizadas en 41 líneas o ceques que partían del Coricancha en dirección radial hacia el horizonte. Dentro de este sistema, varias huacas específicamente asociadas a manantiales, cursos de agua y cuevas —los pasos del ukhupacha al kaypacha— llevaban nombres serpentiformes o estaban marcadas con representaciones del Amaru.

La continuidad de la iconografía serpiente desde el Horizonte Temprano hasta el Horizonte Tardío inca es uno de los rasgos mejor documentados de la larga duración andina. En Chavín de Huántar, Julio C. Tello identificó en su trabajo pionero «Wira Kocha» (revista Inca 1(1), 1923) las figuras serpentiformes del Lanzón, de la Estela Raimondi y de las Cabezas Clavas del muro exterior del templo, y las interpretó como el primer sistema religioso andino de amplia extensión. En Tiahuanaco, la portada del Kalasasaya y el Templete Semisubterráneo (500-1000 d.C., altiplano boliviano) presentan serpientes bicéfalas talladas en la piedra andesita del sitio. La comparación con las figuras serpiente del piedemonte amazónico peruano —Yakumama o «madre-agua» y Sachamama o «madre-selva»— muestra que la serpiente cósmica es motivo pan-andino y amazónico, con formas locales específicas: mientras las serpientes amazónicas son ríos y bosques encarnados, la serpiente andina Amaru es mediadora vertical entre los tres niveles del mundo del pensamiento serrano.

Amaru en el panteón inca según Cobo (1653) y Guaman Poma (~1615)

La fuente colonial más completa sobre el culto de Amaru en Cusco es la Historia del Nuevo Mundo del jesuita Bernabé Cobo, escrita entre 1636 y 1653 y publicada póstumamente. Cobo (1580-1657), llegado al Perú en 1599, tuvo acceso privilegiado a los archivos coloniales, a los cronistas anteriores y —lo más importante para nuestro caso— a la descripción del sistema ritual cusqueño elaborada por Polo de Ondegardo hacia 1559, hoy perdida pero preservada íntegramente en el libro XIII de la obra de Cobo. En este libro, Cobo describe el culto activo del Amaru en la ciudad del Cusco a mediados del siglo XVI, con menciones puntuales a huacas específicas dedicadas a la serpiente cósmica en el sistema ceque y con la descripción de la iconografía bicéfala en las representaciones plásticas del culto oficial. La edición moderna de referencia es la de la Biblioteca de Autores Españoles (Madrid, 1956), con estudio preliminar de Francisco Mateos.

La segunda fuente colonial mayor es la Nueva corónica y buen gobierno de Felipe Guaman Poma de Ayala (~1615), manuscrito ilustrado de 1189 folios y 398 dibujos a pluma que el cronista indio de Huamanga (actual Ayacucho) redactó y envió al rey Felipe III en Madrid. El manuscrito, olvidado durante casi tres siglos en la Biblioteca Real de Copenhague, fue redescubierto por Richard Pietschmann en 1908 y publicado en edición facsimilar por Paul Rivet en París en 1936. La edición crítica de referencia es la de Rolena Adorno, John V. Murra y Jorge L. Urioste (Siglo XXI, México, 1980; nueva versión digital de la Royal Library of Copenhagen, 2001). En los dibujos de Guaman Poma aparece Amaru en varias representaciones del panteón inca: como serpiente enroscada en el bastón del creador Wiracocha, como iconografía del sistema simbólico del emperador, y como serpiente bicéfala en la representación de los escudos y estandartes dinásticos de los Sapa Inca. La Nueva corónica es la fuente indígena más completa y directamente producida por un autor de origen andino en el siglo XVII español.

La reconstrucción moderna del sistema ritual cusqueño y de la posición de Amaru dentro de él debe a R. Tom Zuidema (1927-2016) su formulación más completa. En The Ceque System of Cuzco. The Social Organization of the Capital of the Inca (E.J. Brill, Leiden, 1964), Zuidema demostró que las 328 huacas del sistema ritual de Cusco estaban organizadas en 41 líneas radiales o ceques que partían del altar mayor del Coricancha hacia el horizonte, en un patrón que combinaba la topografía, el calendario ritual, la organización política y el parentesco de los diez panacas o linajes reales cusqueños. Dentro de este sistema, varias huacas específicamente asociadas al ukhupacha —manantiales, cursos de agua, cuevas, aguas subterráneas— llevaban nombres serpentiformes o estaban marcadas por representaciones del Amaru. La obra tardía de Zuidema La civilización inca en el Cuzco (Fondo de Cultura Económica, México, 1989) sintetiza los resultados en forma accesible al lector no especialista.

La lista dinástica de los Sapa Inca incluye entre sus miembros a Amaru Yupanki, décimo emperador según la enumeración de Pedro Sarmiento de Gamboa en la Historia de los Incas (1572), crónica escrita por encargo del virrey Toledo como base historiográfica de la política represiva contra la resistencia inca de Vilcabamba. Amaru Yupanki, hermano mayor de Túpac Yupanqui y renunciante al trono cusqueño en favor de este, portaba en su escudo dinástico la iconografía del serpiente cuyo nombre había tomado. La figura ilustra la importancia política del nombre Amaru dentro de la casa real inca antes incluso de la resistencia anticolonial de los dos Túpac Amaru posteriores. El Manuscrito de Huarochirí (~1608), texto en quechua recogido por el visitador de idolatrías Francisco de Ávila en la sierra central peruana al comienzo del siglo XVII, contiene variantes locales del ciclo de Cuniraya Wiracocha con presencia de figuras serpiente en el paisaje huarochirano; la edición crítica de Gerald Taylor (IEP, 1987) y la traducción al inglés de Frank Salomon y George Urioste (University of Texas Press, 1991) son las referencias modernas del texto.

De Túpac Amaru I (1572) a Túpac Amaru II (1781) y la vigencia identitaria

Túpac Amaru I (1544-1572), hijo del Sapa Inca Manco Cápac II y sobrino de Sayri Túpac, fue el último de los cuatro emperadores incas de la resistencia de Vilcabamba, el reducto selvático al noreste de Cusco en el que la casa real derrotada por Pizarro en 1533 mantuvo un Estado paralelo durante cuatro décadas. Elevado al trono en 1571 tras la muerte de su hermano Titu Cusi, Túpac Amaru I heredó una situación militar insostenible: el virrey Francisco de Toledo, recién llegado al Perú en 1569 con el mandato explícito de acabar con la resistencia inca, organizó en 1572 una expedición punitiva bajo el mando de Martín Hurtado de Arbieto y del capitán Martín García Óñez de Loyola que penetró en Vilcabamba y capturó al Sapa Inca. Trasladado a Cusco, Túpac Amaru I fue sometido a proceso sumarísimo, condenado a muerte por decapitación y ejecutado en la plaza mayor de la ciudad —la Haucaypata inca— el 24 de septiembre de 1572, ante una multitud indígena que —según la crónica de Baltasar de Ocampo, testigo presencial— guardó silencio absoluto durante la ejecución. La reconstrucción moderna del episodio y del final de la resistencia de Vilcabamba pertenece a John Hemming en The Conquest of the Incas (Harcourt Brace, Nueva York, 1970; ed. española La conquista de los Incas, Fondo de Cultura Económica, México, 1982), obra de referencia sobre el período.

Dos siglos después, José Gabriel Condorcanqui (1738-1781), cacique bilingüe de Surimana en la provincia de Tinta al sur de Cusco, tomó el nombre de Túpac Amaru II en homenaje al último Sapa Inca y lideró la mayor rebelión anticolonial del siglo XVIII español, la Gran Rebelión Andina de 1780-1783. La chispa fue el ajusticiamiento del corregidor Antonio de Arriaga en Tungasuca el 10 de noviembre de 1780, en protesta por los abusos del sistema de repartos forzosos, las mitas mineras de Potosí y el aumento de la presión fiscal borbónica. En pocas semanas la rebelión se extendió por el sur del Virreinato del Perú y el Alto Perú (actual Bolivia), con una convocatoria transversal que reunió a comunidades indígenas quechua y aimara, mestizos criollos descontentos y esclavos afroperuanos huidos de las haciendas costeras. La reconstrucción historiográfica reciente pertenece a Charles Walker en The Tupac Amaru Rebellion (Harvard University Press, Cambridge, 2014; ed. española La rebelión de Túpac Amaru, Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 2015), obra que revisó a fondo el archivo colonial y la historiografía anterior.

La rebelión fue derrotada en la batalla de Checacupe (6 de abril de 1781) por las tropas del inspector José Antonio de Areche y del brigadier José del Valle. Túpac Amaru II, capturado el mismo día junto con su esposa Micaela Bastidas y varios miembros de su familia, fue trasladado a Cusco y sometido a proceso por el visitador Areche, que dictó sentencia el 15 de mayo de 1781. La ejecución tuvo lugar tres días después, el 18 de mayo de 1781, en la plaza mayor de Cusco —la misma plaza donde había sido decapitado Túpac Amaru I dos siglos antes—: primero fueron ajusticiadas Micaela Bastidas, el hijo mayor Hipólito Condorcanqui, el hermano Antonio Bastidas y los tíos y colaboradores del rebelde, cada uno ante la mirada obligada de Túpac Amaru II; después le arrancaron la lengua y trataron de descuartizarlo atando cada extremidad a un caballo, pero los animales no consiguieron partir el cuerpo y hubo que rematarlo por decapitación. El horror de la ejecución, deliberadamente escenificado por el poder virreinal como escarmiento colectivo, dejó una huella permanente en la memoria andina y en el imaginario político peruano.

La vigencia contemporánea del nombre Amaru en el imaginario político andino es plena y sostenida. El Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), organización política armada peruana activa entre 1980 y 1997, tomó el nombre del segundo Túpac Amaru en el mismo gesto de reivindicación anticolonial. La Confederación Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ), organización indígena boliviana fundada en 1997 que reúne a más de 15 markas aimaras y quechuas del altiplano, invoca a los dos Túpac Amaru en su iconografía y en sus documentos programáticos. Monumentos públicos a Túpac Amaru II están presentes en la plaza mayor de Tinta, en Cusco, en Lima, en La Paz y en varias ciudades del sur del Perú y del altiplano boliviano; su rostro figura en el billete de doscientos nuevos soles peruanos emitido en la serie 1994-2010 y en varios sellos postales oficiales. El nombre Amaru —solo o compuesto— es hoy uno de los nombres propios andinos más usados en las nuevas generaciones de familias quechua y aimara, junto con otros nombres del panteón como Inti, Killa o Pachamama, en un movimiento sostenido de recuperación onomástica indígena que empezó en los años 70 y que sigue creciendo. La serpiente cósmica del ukhupacha permanece hoy plenamente presente en el registro arqueológico, en los textiles ceremoniales y —con creciente vitalidad en el último medio siglo— en la vida política y personal contemporánea de las poblaciones andinas.

Lo que permanece

Amaru es la serpiente cósmica del panteón andino desde el Horizonte Temprano de Chavín hasta el presente. Regidor del ukhupacha o mundo subterráneo del agua y los ancestros, mediador entre los tres niveles del pensamiento andino, iconografía canónica bicéfala en los dinteles y muros del Cusco inca, personaje central en las crónicas coloniales de Cobo y Guaman Poma, escudo dinástico del Sapa Inca Amaru Yupanki, nombre tomado por los dos grandes líderes de la resistencia anticolonial andina —Túpac Amaru I en 1572 y Túpac Amaru II en 1781— y por movimientos políticos contemporáneos del siglo XX y XXI, la serpiente permanece como una de las figuras más largamente activas del sistema simbólico andino, con casi tres milenios de continuidad documentable en el registro arqueológico, etnohistórico y político.

La pieza pertenece a un sistema mayor cuyos elementos —Wiracocha, Inti, Pachamama, Pachacámac, Illapa, Chuquilla, Tunupa, Manco Cápac, Mama Cocha, Apus— sólo se dejan leer con precisión cuando se ordenan en conjunto y cuando se distingue el estrato costero del estrato serrano dentro de la historia religiosa del área andina prehispánica y contemporánea. Los sprints continuos publicados en este archivo trazan las líneas mayores del panteón andino y de sus continuidades regionales, incluidas las figuras hermanas del sprint actual como Ayar Uchu, Mama Huaco, Achachila aimara, Sajama e Illimani, que sostienen el marco de referencia dentro del cual Amaru toma su lugar como serpiente cósmica del ukhupacha y símbolo dinástico y político andino de larga duración.

Preguntas frecuentes

¿Qué es Amaru en la mitología andina?

Amaru es la serpiente cósmica del panteón andino, regidora del ukhupacha o mundo subterráneo del agua y los ancestros y mediadora entre los tres niveles del pensamiento andino (hanaqpacha celeste, kaypacha terrestre, ukhupacha subterráneo). Su iconografía canónica es la serpiente bicéfala tallada en los dinteles y muros de Ollantaytambo, Machu Picchu, Sacsayhuamán y el Coricancha del Cusco inca, y presente ya desde Chavín de Huántar (900-200 a.C.). Las fuentes coloniales principales son Bernabé Cobo en la Historia del Nuevo Mundo (~1653) y Felipe Guaman Poma de Ayala en la Nueva corónica y buen gobierno (~1615), con dibujos del serpiente en el códice.

¿Cuál es la relación entre Amaru y los tres mundos andinos?

El pensamiento andino organiza el mundo en tres niveles: hanaqpacha (mundo celeste, del Sol y la Luna), kaypacha (mundo terrestre humano) y ukhupacha (mundo subterráneo del agua y los ancestros). Amaru es la figura mayor del ukhupacha: serpiente cósmica de dos cabezas cuyo cuerpo enroscado permite el paso ritual entre los tres niveles. Es a la vez figura del agua (por su forma sinuosa como los ríos), del rayo (por el trazo relámpago) y del pachakuti o cataclismo cósmico (el vuelco periódico del tiempo). Sin su función mediadora los tres niveles quedarían aislados y sin comunicación posible.

¿Quién fue Túpac Amaru I y por qué se llamó así?

Túpac Amaru I (1544-1572) fue el último Sapa Inca de Vilcabamba, el reducto selvático al noreste de Cusco donde la casa real inca derrotada por Pizarro en 1533 mantuvo un Estado paralelo durante cuatro décadas. Tomó el nombre del serpiente cósmica Amaru como título dinástico en la línea de los Sapa Inca anteriores (Amaru Yupanki fue el décimo emperador según Sarmiento de Gamboa 1572). Capturado en 1572 por la expedición del virrey Francisco de Toledo bajo el mando de Martín García Óñez de Loyola, fue decapitado en la plaza mayor de Cusco el 24 de septiembre de 1572. Fuente principal: John Hemming, La conquista de los Incas (Harcourt Brace, 1970; FCE 1982).

¿Quién fue Túpac Amaru II y qué fue la Gran Rebelión Andina?

Túpac Amaru II (José Gabriel Condorcanqui, 1738-1781), cacique bilingüe de Surimana en la provincia de Tinta al sur de Cusco, lideró la Gran Rebelión Andina de 1780-1783, la mayor sublevación anticolonial del siglo XVIII español. Comenzó el 10 de noviembre de 1780 con el ajusticiamiento del corregidor Arriaga en Tungasuca y se extendió por el sur del Virreinato del Perú y el Alto Perú (actual Bolivia), reuniendo a comunidades quechua y aimara, mestizos criollos y esclavos afroperuanos. Derrotado en Checacupe (6 de abril de 1781), fue ejecutado brutalmente en la plaza mayor de Cusco el 18 de mayo de 1781. Fuente principal: Charles Walker, La rebelión de Túpac Amaru (IEP, 2015).

¿Dónde se puede ver la iconografía del Amaru hoy?

La iconografía canónica del Amaru como serpiente bicéfala es visible hoy in situ en los dinteles y muros de Ollantaytambo (valle sagrado del río Urubamba, 60 km al noroeste de Cusco), Machu Picchu (Cusco), Sacsayhuamán (Cusco), el Coricancha del centro de Cusco (hoy convento de Santo Domingo), y en la portada del Kalasasaya y el Templete Semisubterráneo de Tiahuanaco (altiplano boliviano, junto al lago Titicaca). En museos, el Museo Larco de Lima, el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, el Museo Nacional de Arqueología de La Paz y el Museo Inka de Cusco conservan piezas con iconografía Amaru en cerámica, textiles tocapu y metalurgia. El motivo sigue vivo en textiles ceremoniales quechua y aimara contemporáneos.

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