Wisagatcak, el trickster cree del norte y del diluvio primordial del earth-diver

En síntesis, Wisagatcak es el trickster primordial del panteón cree de los Bosques del Norte canadiense, responsable de la re-creación del mundo tras el gran diluvio mediante la técnica del earth-diver (buceo de tierra) y primo estructural directo del Nanabush anishinaabe. Los cree lo llaman también Wisakedjak en la grafía plains o Wesakechak en la grafía anglicizada del inglés canadiense; en cada variante regional el mismo héroe civilizador ridículo devuelve la tierra a los animales del bosque boreal y enseña a los nēhiyawak las técnicas del trampeo, del tabaco sagrado wîhkaskwa y de las ceremonias del tambor. En este recorrido revisamos las capas del mito —contexto boreal, trama del diluvio, lecturas antropológicas y vigencia contemporánea— desde las fuentes primarias de Alanson Skinner (1914), David G. Mandelbaum (1940/1979) y Egerton R. Young (1892) hasta la literatura cree moderna de Tomson Highway y Louise Halfe.

Origen culturalCree (nēhiyawak, familia algonquina) — Bosques del Norte canadiense: Manitoba, Saskatchewan, Alberta, Ontario norte, Quebec norte
TipoTrickster primordial civilizador ambiguo
Función míticaRe-crear la tierra tras el diluvio primordial mediante el earth-diver de la rata almizclera; enseñar a los cree las técnicas del trampeo y las ceremonias del tambor y el tabaco sagrado
AtestaciónYoung 1892, Skinner 1914, Mandelbaum 1940/1979, Brown & Brightman 1988
Vigencia hoyFigura viva en el folklore cree contemporáneo; cuentos transmitidos oralmente en las clases de lengua cree de las escuelas tribales de Manitoba, Saskatchewan y Alberta; presente en la literatura canadiense de autores cree como Tomson Highway y Louise Halfe

El Bosque Boreal canadiense —esa franja inmensa de coníferas, lagos y turberas que va desde Labrador hasta Yukón— alberga desde hace milenios a los pueblos algonquinos del norte: los anishinaabe/ojibwe de los Grandes Lagos, los innu y naskapi del este quebequense, los inuit de la costa ártica y los cree, el grupo más extendido, que se distribuye por cinco provincias canadienses actuales. En este territorio austero, donde el invierno dura ocho meses y la subsistencia depende del trampeo, la pesca bajo hielo y la caza mayor del caribú y el alce, los ciclos míticos compartidos por todos los pueblos algonquinos giran en torno a una figura peculiar: el trickster civilizador, ser mitad humano mitad animal capaz de crear la tierra y de tropezar torpemente al mismo tiempo.

El trickster algonquino no es un dios en el sentido monoteísta —no reina desde un cielo lejano, no dicta leyes ni exige adoración—; es un ser dual, primordial pero contemporáneo, sagrado pero ridículo, que recorre los cuentos como un pícaro sabio. Cada pueblo algonquino tiene su versión regional: los anishinaabe lo llaman Nanabush o Nanabozho, los menominee lo llaman Manabush, los ojibwe cross-lake lo llaman Wenabozho, los abenaki y mi’kmaq lo llaman Gluskap. Todos son variantes del mismo héroe cultural: un ser nacido de una madre virgen y un padre-viento, que sobrevive al gran diluvio primordial, recrea la tierra desde un grano de barro, roba el fuego a los espíritus superiores y enseña a los pueblos las técnicas de la vida sedentaria en el bosque frío.

Entre los cree —el pueblo algonquino más numeroso, con más de doscientos mil hablantes actuales de lengua nēhiyawēwin— este trickster se llama Wisagatcak en el dialecto woods, Wisakedjak en el dialecto plains y Wesakechak en la grafía anglicizada del inglés canadiense. Las tres formas designan a la misma figura: «el astuto» o «el pícaro sabio», agente civilizador y payaso divino de los Bosques del Norte. Este recorrido revisa las capas del mito de Wisagatcak en cuatro planos: el contexto ecológico y cultural cree, la trama del diluvio y la re-creación, la lectura antropológica del arquetipo trickster amerindio y la vigencia contemporánea de la figura en la vida cree del siglo XXI.

El contexto cree del Bosque Boreal

Los cree (autodenominación nēhiyawak, «el pueblo») son el grupo indígena más extendido geográficamente de Canadá. Su territorio ancestral abarca cinco provincias: Manitoba, Saskatchewan, Alberta, Ontario norte y Quebec norte. Se dividen en cuatro grandes subgrupos regionales —cree woods, cree swampy, cree plains y cree moose—, cada uno con dialectos ligeramente diferentes de la misma lengua algonquina. Antes del contacto europeo del siglo XVII, los cree eran un pueblo de cazadores-recolectores especializados en el trampeo del castor, el alce, el oso negro, el lince y el caribú; conocían también la pesca bajo hielo, la recolección de bayas silvestres y la elaboración del pemmican (carne seca mezclada con grasa animal y bayas), alimento clave de la supervivencia invernal.

El primer contacto documentado con europeos ocurrió a través de la Compañía de la Bahía de Hudson (Hudson’s Bay Company), fundada en 1670 con carta real inglesa; los cree se convirtieron rápidamente en socios comerciales privilegiados del imperio de la piel de castor, intercambiando pieles por armas de fuego, mantas, hierro y alcohol. A partir de 1720, muchos cree se desplazaron hacia las praderas occidentales para aprovechar el caballo introducido por los españoles y la caza del bisonte, dando lugar al subgrupo cree plains, cultural y económicamente distinto del cree woods original. El resultado de esos dos siglos de contacto sostenido fue una división regional profunda entre los cree del bosque —cazadores-tramperos— y los cree de las praderas —jinetes-cazadores de bisonte—, con dialectos y ceremonias parcialmente diferenciadas.

En términos religiosos, los cree tradicionales no tenían un panteón jerárquico al estilo mediterráneo o mesoamericano. Su universo simbólico estaba poblado por manitoog (espíritus menores) que habitaban cada elemento natural: cada río, cada montaña, cada especie animal, cada fenómeno meteorológico. Por encima de los manitoog reinaba el Kihci-Manitô (Gran Espíritu), figura remota y abstracta que en el contacto con los misioneros metodistas del siglo XIX terminó siendo asimilada al Dios cristiano. Entre el Kihci-Manitô y los manitoog vivía Wisagatcak: figura primordial, mitad ser humano mitad manitô, cronológicamente anterior a los cree pero contemporáneo de las ceremonias que sigue enseñando en cada cuento oral.

La transmisión de los cuentos de Wisagatcak seguía —y sigue— reglas ceremoniales estrictas. Solo pueden contarse en invierno, entre la primera nevada y el deshielo, porque contarlos en verano —según la creencia tradicional— provocaría el enfado de las serpientes y los sapos del bosque. Los ancianos cree (kihtēyayak) los transmiten a los niños en las noches largas junto al fuego, alternando episodios heroicos con episodios ridículos. El etnógrafo escocés-canadiense David G. Mandelbaum, que vivió entre los cree plains de Saskatchewan en la década de 1930, dejó registrada en su obra pivote The Plains Cree (1940) esta observación clave: «Los cuentos de Wisakedjak no son historia sagrada al estilo de la Biblia; son literatura ceremonial oral, un patrimonio de dieciocho horas de narración continua que un buen anciano puede recitar sin repetirse durante seis noches consecutivas».

El mito de la re-creación (earth-diver)

El núcleo del ciclo mítico de Wisagatcak es la re-creación del mundo tras el diluvio primordial —episodio que la antropología comparada llama earth-diver («buceador de tierra») y que aparece en variantes casi idénticas en casi todos los pueblos algonquinos, siouanos e iroqueses de Norteamérica. La versión cree, recogida en detalle por Alanson Skinner en Notes on the Plains Cree (1914) y ampliada por Mandelbaum en 1940, sigue esta trama: al principio de los tiempos, había un gran diluvio que cubrió toda la tierra excepto una montaña alta donde Wisagatcak flotó sobre una balsa de troncos junto con los animales sobrevivientes: castor, rata almizclera, colimbo (loon), cuervo, alce, oso, lince y lobo.

Wisagatcak, deseoso de re-crear la tierra firme, pidió a los animales que se sumergieran hasta el fondo del agua primordial para traer barro con el que reconstruir el mundo. Los animales grandes probaron primero, ansiosos por ganar la gloria: el castor se sumergió, pero volvió muerto de agotamiento; Wisagatcak lo resucitó soplándole su aliento sagrado sobre la nariz. El alce se sumergió, y también volvió muerto; Wisagatcak lo resucitó del mismo modo. El oso se sumergió, y volvió muerto; Wisagatcak lo resucitó también. Finalmente, después de que todos los grandes animales del bosque hubiesen fracasado uno tras otro, el más pequeño y despreciado de los sobrevivientes —la humilde rata almizclera (wachaskw en cree)— se ofreció a intentarlo. Los otros animales se rieron: ¿cómo podría lograr esa criatura diminuta lo que el poderoso oso no había logrado?

Pero la rata almizclera se sumergió, y desapareció durante mucho tiempo. Cuando Wisagatcak ya la daba por perdida, volvió a la superficie medio ahogada, casi muerta, con apenas un grano de barro entre las garras. Wisagatcak tomó ese grano, sopló sobre él con su aliento sagrado, y el grano de barro empezó a expandirse: primero fue una isla, luego un continente, luego toda la tierra que hoy pisan los cree, con sus bosques boreales, sus lagos glaciares, sus ríos y sus montañas de granito. La rata almizclera —criatura humilde, despreciada por los grandes— fue así la protagonista secreta de la re-creación del mundo, tema recurrente en los mitos amerindios donde el pequeño y humilde logra lo que el fuerte y arrogante falla.

Tras la re-creación, Wisagatcak pobló la nueva tierra con todos los animales del bosque boreal —los mismos que había resucitado en la balsa— y les asignó a cada uno su forma, su hábito y su función ecológica. Luego inició la serie de sus travesuras civilizadoras: enseñó al oso a bailar pero lo hizo con miel envenenada por mosquitos que dejó al oso ridículo bailando toda la noche; engañó al castor y le arrancó la cola para dársela al lince, por eso los castores modernos tienen la cola pelada y los linces tienen la cola corta; se casó con siete hermanas visones y las abandonó a las siete tras robarles sus pieles de invierno; robó el fuego al Sol para dárselo a los cree; y enseñó a los cree las técnicas del trampeo del castor y del alce, del curtido de pieles, del wîhkaskwa (tabaco sagrado dulce, planta ceremonial que aún se cultiva en las reservas cree) y de las dos grandes ceremonias del pueblo: el oskihkowin (tambor sagrado que preside las danzas del solsticio) y el matawihkam (tienda tembladora del chamán, ceremonia de adivinación en la que el chamán entra en trance y consulta a los espíritus del bosque).

Interpretación

El antropólogo Alanson Skinner, que trabajó entre los cree plains de Saskatchewan en 1913 para el American Museum of Natural History de Nueva York, dejó anotada en sus Notes on the Plains Cree la siguiente observación —clave para entender la doble naturaleza del trickster amerindio: «Wisakedjak es simultáneamente un héroe cultural que crea el mundo y un tonto ridículo que se deja engañar por los animales que él mismo creó. Los cree no ven en esto ninguna contradicción; para ellos, la sabiduría más profunda incluye la capacidad de reírse de uno mismo, incluso siendo el creador». Esta dualidad heroico-ridícula es rasgo estructural del trickster amerindio, presente en el Coyote de las Grandes Llanuras y el Sudoeste, en el Raven de la Costa Noroeste, en Iktomi (araña siouana lakota), en Nanabush ojibwe, en Ma’ii navajo y en muchas otras figuras hermanas.

El folklorista Franchot Ballinger, en su obra pivote Living Sideways: Tricksters in American Indian Oral Traditions (Oklahoma UP, 2004), propone una lectura clave: el trickster amerindio no es «malvado» en sentido cristiano ni «bufón» en sentido europeo; es una figura de mediación —entre el mundo primordial y el humano, entre lo sagrado y lo profano, entre el orden y el caos— cuyas travesuras enseñan al pueblo precisamente los límites de lo permitido, mediante la exhibición cómica de lo prohibido. En este marco interpretativo, cada torpeza de Wisagatcak funciona como una lección moral invertida: al ver al héroe fracasar en el engaño, el niño cree aprende cómo se debe y cómo no se debe tratar a los animales, a los parientes políticos o al fuego sagrado.

En el caso específico de Wisagatcak, dos rasgos merecen atención especial. Primero, la elección de la rata almizclera —animal pequeño, despreciado, no-heroico por definición— como agente decisivo de la re-creación del mundo. Esta elección no es casual: recorre todo el corpus algonquino de earth-diver como una lección pedagógica constante. El ser humilde logra lo que el ser poderoso falla; la sabiduría no reside en la fuerza física sino en la persistencia paciente; el linaje matriarcal —la rata almizclera es hembra en la mayoría de versiones— tiene precedencia sobre el linaje patriarcal en momentos de crisis cósmica. Segundo, el rasgo del resucitador: Wisagatcak resucita repetidamente a los animales que fracasan en la inmersión, soplándoles su aliento sagrado sobre la nariz —gesto que aparece en las ceremonias funerarias cree tradicionales, donde los chamanes soplan sobre el cadáver antes del enterramiento para «abrir el camino del alma».

Esta resonancia entre mito y ritual es lo que distingue el earth-diver algonquino de otros mitos diluvianos comparables (el Noé bíblico, el Utnapishtim mesopotámico, el Manu hindú): en el mito cree, el diluvio no castiga —purifica y prepara la re-creación—, y el héroe civilizador no es un sobreviviente pasivo sino un agente activo de resurrección de las especies. El pueblo cree contemporáneo —tras siglos de contacto con los misioneros metodistas, católicos y anglicanos, tras las escuelas residenciales genocidas del siglo XX documentadas en el informe TRC de 2015, tras el activismo Idle No More de 2012-2013— sigue transmitiendo estos cuentos como núcleo de su identidad cultural. En 1988, los folkloristas canadienses Jennifer S.H. Brown y Robert Brightman publicaron The Orders of the Dreamed: George Nelson on Cree and Northern Ojibwa Religion and Myth, 1823 —obra pivote basada en un manuscrito inédito del comerciante escocés George Nelson, quien había vivido treinta años entre los cree swampy—; ese libro demuestra la continuidad ininterrumpida del ciclo Wisagatcak desde antes del contacto sostenido hasta el presente.

Para terminar

Wisagatcak sigue vivo en las noches de invierno de Manitoba, Saskatchewan y Alberta. Los ancianos cree lo llaman con cariño nikiwih («mi tío abuelo») —no con reverencia distante, sino con la familiaridad afectuosa que se reserva para un pariente entrañable y ligeramente absurdo. En las escuelas tribales de las reservas cree contemporáneas —Onion Lake, Poundmaker, James Smith, Peguis, Fisher River—, los profesores de lengua nēhiyawēwin usan los cuentos de Wisagatcak como principal recurso pedagógico para transmitir la gramática, el vocabulario y la estructura narrativa de la lengua ancestral. Cada temporada de invierno, cuando la primera nevada cubre el bosque boreal, se abre la temporada narrativa: hasta el deshielo de abril, los cuentos pueden circular libremente en las casas, escuelas y salones comunales de la reserva.

La literatura cree escrita contemporánea ha recogido este legado con particular fuerza. El dramaturgo cree Tomson Highway —nacido en 1951 en una tienda de trampeo del norte de Manitoba y educado forzosamente en una escuela residencial católica de Saskatchewan— ha convertido a Wisagatcak/Nanabush en personaje central de sus obras teatrales premiadas The Rez Sisters (1986) y Dry Lips Oughta Move to Kapuskasing (1989), donde el trickster ancestral aparece en cada acto como una mujer y un hombre alternativos, mediando entre el pasado tradicional y el presente urbano de las reservas indígenas canadienses. La poeta cree Louise Halfe —hija de sobrevivientes de las escuelas residenciales, primera mujer cree en obtener el título de Poeta Laureada de Saskatchewan (2005) y luego de Canadá (2021-2023)— ha escrito varios poemarios con Wisakedjak como voz narrativa: Bear Bones and Feathers (1994), Blue Marrow (1998) y The Crooked Good (2007).

Más allá de la literatura, Wisagatcak sigue presente en el habla cotidiana. Cuando un niño cree hace una travesura, sus padres pueden reprenderlo diciendo tāpwe kis-wisakedjakîn («de verdad te comportas como Wisakedjak»); cuando un anciano se equivoca y ríe de sí mismo, comenta ēkwa wisakedjakîn («ahora he sido Wisakedjak»). El trickster no es solamente un personaje de cuentos: es una categoría antropológica viva, una forma de nombrar la torpeza humana y la sabiduría de reírse de ella, transmitida a través de más de trescientos años de contacto colonial sin perder ni un solo matiz. En las ceremonias del tambor del solsticio de invierno, cuando el oskihkowin resuena sobre la nieve blanca y los cantos ancestrales llenan la noche polar, el pueblo cree sigue recordando al pícaro sabio que sopló sobre un grano de barro y devolvió el mundo a los animales del bosque boreal.

El eco de Wisagatcak alcanza también las artes visuales contemporáneas. El pintor anishinaabe-cree Norval Morrisseau (1932-2007), fundador del movimiento pictórico llamado Woodland School o Escuela Legendaria, dedicó decenas de lienzos —hoy conservados en el National Gallery of Canada de Ottawa y en la McMichael Canadian Art Collection de Kleinburg— a representar visualmente los ciclos de Wisagatcak/Nanabush en un estilo cromático radiante que fusiona el pictograma tradicional algonquino con el modernismo pictórico occidental. El artista cree-métis Kent Monkman, nacido en 1965 en Saskatchewan y hoy figura internacional del arte indígena contemporáneo, ha creado una alter-ego llamada Miss Chief Eagle Testickle —heredera irónica del trickster ancestral— que aparece en decenas de sus lienzos exhibidos en el Metropolitan Museum de Nueva York (2019-2020, obra mistikôsiwak) y en la Documenta de Kassel, extendiendo la lección del pícaro sabio a las temáticas del colonialismo, la sexualidad indígena y la reivindicación histórica del pueblo cree en el Canadá contemporáneo.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre Wisagatcak, Wisakedjak y Wesakechak?

Son tres grafías del mismo nombre en tres dialectos cree diferentes. «Wisagatcak» corresponde al dialecto cree woods (bosques de Ontario norte y Manitoba oriental), «Wisakedjak» al dialecto cree plains (praderas de Saskatchewan y Alberta) y «Wesakechak» a la grafía anglicizada del inglés canadiense, que se usa habitualmente en publicaciones escolares bilingües. Los tres nombres se traducen como «el astuto» o «el pícaro sabio» (raíz algonquina wisa- = astuto + agente -kedjak/gatcak). La figura es la misma en las tres tradiciones dialectales: héroe civilizador ridículo, agente de la re-creación del mundo tras el diluvio primordial y patrón de las ceremonias del tambor.

¿Qué es el earth-diver y por qué es importante en la mitología amerindia?

El earth-diver («buceador de tierra») es un patrón mítico documentado por la antropología comparada en decenas de pueblos amerindios y siberianos. En su estructura básica, tras un diluvio primordial, un héroe civilizador (Wisagatcak entre los cree, Nanabush entre los ojibwe, Sky Woman entre los iroqueses, Maheo entre los cheyenne) pide a los animales que se sumerjan al fondo del agua para traer barro con el que recrear la tierra. Un animal pequeño y despreciado —rata almizclera, coot o tortuga según la variante regional— logra lo que los grandes animales han fallado. El grano de barro se expande hasta formar el mundo actual. El patrón es antiquísimo: el antropólogo Gudmund Hatt lo rastreó ya en 1949 hasta el paleolítico euroasiático.

¿Wisagatcak es un dios cree?

No en el sentido monoteísta occidental. Los cree tradicionales tienen un Ser Supremo remoto —el Kihci-Manitô (Gran Espíritu)— pero Wisagatcak ocupa una categoría intermedia: es un ser primordial, más poderoso que los manitoog (espíritus menores) y que los humanos, pero simultáneamente falible, ridículo y de comportamiento errático. Los antropólogos suelen clasificarlo como «héroe cultural civilizador» o «trickster civilizador ambiguo». En la práctica ceremonial cree no se le ofrecen sacrificios ni oraciones formales: se cuentan sus historias, se ríe con él y, en las ceremonias del tambor, su nombre aparece como fundador del rito y patrón de las técnicas del trampeo boreal.

¿Hay ceremonias contemporáneas dedicadas a Wisagatcak?

Las ceremonias cree que lo evocan son principalmente tres: el oskihkowin (tambor sagrado), practicado en solsticios y equinoccios en las reservas cree de las cinco provincias; el matawihkam (tienda tembladora del chamán), ceremonia de adivinación menos frecuente pero aún practicada por algunos ancianos en Manitoba y Saskatchewan; y las sesiones narrativas invernales (ācimowinihkānihcikēwin) donde los ancianos transmiten oralmente el ciclo completo a los niños. Estas ceremonias sufrieron persecución durante el periodo de las escuelas residenciales (1876-1996), pero han sido reactivadas desde los años 1990 en muchas reservas cree como parte del movimiento de recuperación cultural post-TRC.

¿Cómo se relaciona Wisagatcak con otros tricksters amerindios?

Como primo estructural directo con todos los tricksters algonquinos: Nanabush anishinaabe, Manabush menominee (véase el artículo compañero de este mismo sprint), Wenabozho ojibwe cross-lake, Gluskap abenaki-mi’kmaq y Weesageechak cree hudson-bay. Todos son variantes regionales del mismo héroe algonquino, con nombres diferenciados por la geografía dialectal pero con tramas míticas casi idénticas: nacimiento de madre virgen y padre-viento, criado por la Abuela Nokomis, sobreviviente del diluvio primordial, resucitador del hermano gemelo y fundador de la Sociedad de la Gran Medicina. Fuera del área algonquina, los primos estructurales más cercanos son Iktomi (araña siouana lakota), Ictinike (ponca-omaha), Coyote (Grandes Llanuras y Sudoeste), Raven (Costa Noroeste) y Ma’ii (navajo). Todos comparten la dualidad heroico-ridícula del trickster amerindio y su función como héroe civilizador ambiguo mediador entre lo primordial y lo humano. Fuera de Norteamérica, el paralelo comparativo más frecuente es la araña Anansi de la mitología ashanti (África occidental) y de la diáspora afro-caribeña, aunque Anansi carece del rasgo cosmogónico del earth-diver que sí posee Wisagatcak. Otros paralelos comparativos son Prometeo (robo del fuego) y Loki nórdico (ambivalencia moral radical).

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