Dzahui, el dios mixteco de la lluvia y las tormentas de la Mixteca Alta

En breve. Dzahui es el dios de la lluvia y las tormentas del pueblo Ñuu Dzavui (mixteco) de Oaxaca, Puebla y Guerrero. Su nombre significa «lluvia» (dzavui) en la lengua mixteca y da nombre al pueblo entero: Ñuu Dzavui se traduce como «pueblo de la lluvia» o «Tierra de la Lluvia». Aparece con iconografía consistente en los cinco códices prehispánicos del Grupo Mixteco (Vindobonensis Mexicanus I, Codex Nuttall, Codex Bodley 2858, Codex Colombino y Codex Selden), fue registrado por el dominico fray Antonio de los Reyes en el Arte en lengua mixteca (1593) y sistematizado por Alfonso Caso (1960, 1977-1979). Es el equivalente mixteco de Tláloc mexica, Cocijo zapoteco y Chaac maya. Sigue vigente en las peticiones de lluvia rurales de la Mixteca Alta y Baja bajo sincretismo con San Marcos Evangelista y la Santa Cruz.

Origen culturalPueblo mixteco, autónimo Ñuu Dzavui o Ñudzavui («Tierra de la Lluvia», «pueblo de la lluvia»); territorio ancestral en la Mixteca Alta (occidente de Oaxaca), Mixteca Baja (oriente de Guerrero y sur de Puebla) y Mixteca de la Costa (Pacífico oaxaqueño); familia lingüística otomangue; tradición señorial prehispánica con capitales dinásticas en Tilantongo, Yanhuitlán, Tlaxiaco y Achiutla
TipoDios de la lluvia y las tormentas; patrón del agua celeste, del rayo, del granizo y de los ciclos hídricos estacionales; deidad tutelar de las cofradías cultuales de varios señoríos Ñuu Dzavui, con culto principal registrado en el santuario prehispánico de Achiutla
Función míticaGarante de la lluvia de temporal indispensable para el ciclo agrícola del maíz sobre el que descansaba la economía señorial mixteca; receptor de ofrendas de copal, sangre autosacrificial y aves acuáticas entregadas por los señores (yya toniñe) en momentos críticos del calendario agrícola; guardián de los manantiales y las cuevas asociadas al agua celeste
AtestaciónCódices prehispánicos del Grupo Mixteco: Vindobonensis Mexicanus I (Viena, edición facsímil ADEVA 1974), Codex Nuttall (Museo Británico, edición Nuttall/Miller 1902), Codex Bodley 2858 (Biblioteca Bodleiana, Oxford), Codex Colombino (Museo Nacional de Antropología, Ciudad de México) y Codex Selden (Bodleiana, Oxford); fray Antonio de los Reyes, Arte en lengua mixteca (Casa de Pedro Balli, México, 1593); Alfonso Caso, Interpretación del Códice Bodley 2858 (Sociedad Mexicana de Antropología, México, 1960) y Reyes y reinos de la Mixteca (Fondo de Cultura Económica, México, 1977-1979); Maarten Jansen y Aurora Pérez Jiménez, Encounter with the Plumed Serpent (Brill, Leiden, 2007); John M. D. Pohl, The Politics of Symbolism in the Mixtec Codices (Vanderbilt University Press, Nashville, 1994)
Vigencia hoyPeticiones de lluvia comunitarias en municipios rurales de la Mixteca Alta y Baja (San Miguel el Grande, Chalcatongo, Yosondúa y Yucuita, entre otros) mediante procesiones al Cerro de la Lluvia local, con sincretismo católico bajo San Marcos Evangelista (25 de abril, inicio de temporada de lluvias) y la Santa Cruz (3 de mayo); pervivencia lingüística del término dzavui («lluvia») en el mixteco contemporáneo y de topónimos que incorporan el elemento (Yucudzavui, Yodzocahi); trabajo etnográfico continuado por el proyecto Ñuu Dzavui de la Universidad de Leiden y por el INAH mexicano

El pueblo mixteco se autodenomina Ñuu Dzavui o Ñudzavui, expresión que en su lengua otomangue significa «Tierra de la Lluvia» o «pueblo de la lluvia». Su territorio ancestral abarca tres regiones geográficas del actual sur de México: la Mixteca Alta en el occidente de Oaxaca, la Mixteca Baja hacia el sur de Puebla y el oriente de Guerrero, y la Mixteca de la Costa que desciende hasta el Pacífico. La lengua mixteca, dividida en decenas de variantes dialectales según la región, conserva registradas las tradiciones señoriales de un mundo prehispánico que fue rival del zapoteco al este y del mexica al norte, con capitales dinásticas como Tilantongo, Tlaxiaco, Yanhuitlán y Achiutla. En el centro simbólico de esta cultura, un dios da nombre al pueblo mismo: Dzahui, «lluvia».

Las fuentes para reconstruir el culto de Dzahui son excepcionalmente ricas para el mundo mesoamericano. Cinco códices prehispánicos del llamado Grupo Mixteco sobrevivieron a la conquista y registran, en pieles de venado curtidas y dobladas en biombo, las genealogías señoriales y los rituales del Ñuu Dzavui: el Vindobonensis Mexicanus I (conservado en Viena), el Codex Nuttall (Museo Británico, Londres), el Codex Bodley 2858 (Biblioteca Bodleiana, Oxford), el Codex Colombino (Museo Nacional de Antropología, Ciudad de México) y el Codex Selden (Bodleiana, Oxford). A este corpus prehispánico se suma la lingüística misionera colonial: el dominico fray Antonio de los Reyes publicó en 1593 el Arte en lengua mixteca en la Casa de Pedro Balli, en la Ciudad de México, con vocabulario ritual detallado. En el siglo XX, Alfonso Caso reunió el material en la Interpretación del Códice Bodley 2858 (Sociedad Mexicana de Antropología, 1960) y en los tres volúmenes de Reyes y reinos de la Mixteca (Fondo de Cultura Económica, 1977-1979).

Dentro de este corpus, Dzahui aparece como una figura estable con iconografía inequívoca y funciones definidas. Es el dios de la lluvia y las tormentas, patrón del agua celeste, guardián de los manantiales y de las cuevas del cerro. Su culto operaba en el ciclo agrícola del maíz sobre el que descansaba la economía señorial mixteca prehispánica. En el sistema mesoamericano compartido, Dzahui ocupa el lugar equivalente al de Tláloc entre los mexicas, al de Cocijo entre los zapotecos vecinos, al de Chaac entre los mayas y al de Tajín entre los totonacos. Este artículo revisa su registro en las fuentes primarias, su iconografía en los códices y su vigencia contemporánea en las peticiones de lluvia rurales.

El dios de la Tierra de la Lluvia

La palabra dzavui o dzahui significa «lluvia» en la lengua mixteca. Este dato es fundamental porque el nombre del pueblo, Ñuu Dzavui, se traduce entonces como «pueblo de la lluvia» o «Tierra de la Lluvia»: el dios y el pueblo comparten palabra. Fray Antonio de los Reyes registró el término en el Arte en lengua mixteca de 1593, publicado en la Casa de Pedro Balli en la Ciudad de México, primer manual gramatical y léxico impreso de la lengua mixteca. En su vocabulario, De los Reyes traduce dzavui como «lluvia» y Dzahui como «dios de la lluvia» en la variante alta del idioma. Maarten Jansen y Aurora Pérez Jiménez confirmaron en Encounter with the Plumed Serpent (Brill, Leiden, 2007) que la identidad léxica entre el pueblo y el dios es un rasgo fundacional del sistema señorial Ñuu Dzavui, sin equivalente exacto en las otras culturas mesoamericanas contemporáneas.

La función mítica de Dzahui se ordena en torno al agua celeste. Su dominio abarca la lluvia estacional, las tormentas eléctricas, el granizo, el rayo y los ciclos hídricos del temporal. En el sistema agrícola Ñuu Dzavui, cuya economía señorial descansaba en el maíz de temporal cultivado en las laderas escalonadas de la Mixteca Alta, el favor de Dzahui era la condición material de la subsistencia. Alfonso Caso subrayó en Reyes y reinos de la Mixteca (Fondo de Cultura Económica, México, 1977-1979) que el ciclo ritual señorial mixteco estaba diseñado en torno a la lluvia: los señores, llamados yya toniñe, oficiaban intercesiones ante Dzahui mediante ofrendas específicas —copal, sangre autosacrificial, aves acuáticas— en los momentos críticos del año agrícola.

El dios no aparece aislado en el panteón mixteco. Los códices prehispánicos registran junto a él a Nueve Viento (equivalente mixteco de Ehécatl-Quetzalcóatl nahua, fundador dinástico legendario del linaje de Tilantongo), a Uno Muerte (dios solar), a Siete Flor (dios del maíz), a Nueve Casa (deidad nocturna) y a otros dioses fechados con nombres calendáricos según el sistema del Grupo Mixteco. John M. D. Pohl analizó en The Politics of Symbolism in the Mixtec Codices (Vanderbilt University Press, Nashville, 1994) la posición de Dzahui dentro de las cofradías cultuales: cada señorío mantenía un culto principal, y varios señoríos importantes de la Mixteca Alta (Tilantongo, Yanhuitlán y sobre todo Achiutla) tenían al dios de la lluvia como patrón dinástico.

La correspondencia mesoamericana es el marco en el que Dzahui se entiende plenamente. Pertenece a la familia panmesoamericana de dioses de la lluvia, familia que abarca la mayor parte del área cultural del centro y sur de Mesoamérica. Su equivalente nahua es Tláloc, atestiguado desde Teotihuacán y central en el culto mexica del Templo Mayor de Tenochtitlan. El equivalente zapoteco vecino es Cocijo, patrón dinástico de Monte Albán y Mitla. El maya es Chaac, con cuatro variantes cardinales asociadas a los colores del universo (rojo, blanco, negro y amarillo). El totonaco es Tajín, cuyo nombre da al sitio arqueológico veracruzano del Golfo. La densidad iconográfica de estos equivalentes revela una tradición cultual panmesoamericana con variantes lingüísticas locales, de la que Dzahui es la variante mixteca.

Iconografía en los códices Vindobonensis y Nuttall

Los cinco códices prehispánicos del Grupo Mixteco sobreviven en pieles de venado curtidas y dobladas en biombo, formato característico de la tradición señorial Ñuu Dzavui. El Vindobonensis Mexicanus I (edición facsímil de ADEVA, Graz, 1974) es probablemente el más antiguo del corpus, dedicado en su anverso a las genealogías señoriales de Tilantongo. El Codex Nuttall (Museo Británico, Londres, edición Nuttall/Miller 1902) narra la vida del legendario señor Ocho Venado Garra de Jaguar, unificador de la Mixteca Alta y de la Costa en el siglo XI. El Codex Bodley 2858 (Biblioteca Bodleiana, Oxford) fue interpretado por Alfonso Caso en 1960 en la Interpretación del Códice Bodley 2858 publicada por la Sociedad Mexicana de Antropología. El Codex Colombino (Museo Nacional de Antropología, Ciudad de México) y el Codex Selden (Bodleiana, Oxford) completan el corpus. En los cinco códices Dzahui aparece con atributos iconográficos idénticos.

Los atributos iconográficos de Dzahui son cuatro. Primero, una máscara ancha que cubre la cara con anteojera prominente (un círculo negro concéntrico que rodea el ojo) y dos colmillos que descienden del labio superior. Segundo, un tocado o casco del que emerge una voluta cilíndrica que representa el agua o el chorro de lluvia, a veces con gotas o círculos concéntricos incorporados a lo largo de la voluta. Tercero, un cetro de rayo o hacha empuñado en la mano derecha, símbolo del control sobre la tormenta y del poder del granizo. Cuarto, un color corporal predominantemente azul o azul-verde, el color mesoamericano del agua. Estos cuatro rasgos son los mismos con los que aparece Tláloc en la iconografía nahua, lo que confirma la unidad iconográfica del complejo mesoamericano del dios de la lluvia.

La posición narrativa de Dzahui en los códices presenta tres modalidades principales. En la primera, aparece como recipiente de ofrendas: los señores mixtecos, identificados por su nombre calendárico y su tocado, se representan arrodillados ante el dios entregando bolsas de copal, gotas de sangre autosacrificial o aves acuáticas. En la segunda, aparece como agente que envía la lluvia: chorros de agua salen de sus manos o de un cántaro sostenido sobre su cabeza, a veces con figuras humanas siendo bañadas por el chorro. En la tercera, aparece como habitante de un templo o santuario situado en un cerro pintado en verde (el cerro-monte del que brota el agua). Maarten Jansen y Aurora Pérez Jiménez sistematizaron estas tres modalidades en Encounter with the Plumed Serpent (Brill, Leiden, 2007), a partir del análisis comparado de los cinco códices.

Un rasgo específicamente mixteco es la asociación entre Dzahui y topónimos geográficos concretos del Ñuu Dzavui. Los códices registran cerros-templo específicos: el Cerro de la Lluvia (glifo con voluta de agua), asociado al santuario principal del dios en la Mixteca Alta. Alfonso Caso identificó este cerro con el sitio arqueológico de Achiutla, en la actual Oaxaca, donde según fuentes coloniales se conservaba un ídolo de Dzahui venerado por toda la Mixteca. La destrucción del ídolo por el dominico fray Benito Hernández en 1544 quedó registrada en las Relaciones Geográficas de 1580 y en la correspondencia del obispado de Antequera (actual Oaxaca de Juárez). Antes de la destrucción, Achiutla era el equivalente mixteco de lo que Cholula había sido para el altiplano central mexicano: santuario supracomunitario visitado por peregrinos de todos los señoríos.

Del culto colonial a las peticiones de lluvia contemporáneas

La destrucción del santuario de Achiutla en 1544 no eliminó el culto de Dzahui sino que lo desplazó hacia la clandestinidad. La orden dominica emprendió una evangelización sistemática de la Mixteca desde el convento de Yanhuitlán, fundado en 1541, del que se conservan pinturas murales y códices coloniales que documentan la resistencia y la adaptación del culto tradicional. Los procesos de idolatría inquisitoriales del siglo XVI, en particular el proceso de Yanhuitlán de 1544-1547 seguido contra el cacique Domingo, revelaron la persistencia clandestina de rituales dedicados a Dzahui en cuevas y cerros del territorio, oficiados por sacerdotes tradicionales sobrevivientes al colapso demográfico posterior a la conquista.

El sincretismo con el santoral católico se consolidó en el siglo XVII. Dos figuras del santoral cristiano recibieron la carga simbólica de Dzahui: San Marcos Evangelista, cuya fiesta el 25 de abril coincide con el inicio de la temporada de lluvias en la Mixteca, y la Santa Cruz, celebrada el 3 de mayo en el punto exacto en que las primeras aguas de temporal deben llegar para asegurar la siembra del maíz. Fray Antonio de los Reyes ya había registrado en 1593 el vocabulario ritual para expresar la plegaria en mixteco: toyua, «sacerdote» o «el que ora», designaba al oficiante de las peticiones de lluvia. El sincretismo permitió que el culto tradicional pervivera bajo apariencia católica sin desaparecer.

En la etnografía moderna, las peticiones de lluvia son una de las tradiciones rituales mixtecas mejor documentadas. En San Miguel el Grande, en Chalcatongo, en Yosondúa y en Yucuita, las autoridades tradicionales organizan cada año procesiones al Cerro de la Lluvia local. La procesión asciende con imagen de San Marcos, imagen de la Santa Cruz, copal, velas, flores blancas y, en algunos casos, sacrificios de aves domésticas. En la cima o en la cueva del cerro, un oficiante —heredero directo del toyua colonial y del sacerdote prehispánico— recita las oraciones de petición. Maarten Jansen y Aurora Pérez Jiménez documentaron estas prácticas contemporáneas en múltiples campañas de campo desde los años ochenta como parte del proyecto Ñuu Dzavui de la Universidad de Leiden.

La continuidad del culto tiene dos vertientes explícitas. Por un lado, la vertiente comunitaria: las procesiones y peticiones colectivas de lluvia mantienen la estructura del culto prehispánico dentro del calendario católico. Por otro, la vertiente lingüística: en la comunidad Ñuu Dzavui contemporánea, cuando se habla de la lluvia en mixteco, se sigue empleando la palabra dzavui (con variantes dialectales según la región), la misma palabra usada por los códices prehispánicos y por De los Reyes en 1593. La toponimia del territorio conserva decenas de lugares con el elemento dzavui: Yucudzavui («Cerro de la Lluvia»), Yodzocahi («Llano de la Lluvia») y muchos otros nombres registrados en el Nomenclátor Toponímico de Oaxaca del INEGI.

Para terminar

Dzahui es una de las figuras mejor documentadas del panteón mixteco por la combinación de tres registros que rara vez coinciden en el mundo mesoamericano. El primero es el registro prehispánico directo: cinco códices del Grupo Mixteco sobreviven a la conquista y muestran al dios con iconografía consistente y funciones definidas. El segundo es el registro lingüístico colonial: fray Antonio de los Reyes publicó en 1593 el Arte en lengua mixteca que fija el vocabulario ritual y confirma que el pueblo mismo, Ñuu Dzavui, lleva el nombre del dios. El tercero es el registro etnográfico contemporáneo: las peticiones de lluvia rurales en la Mixteca Alta y Baja mantienen el ciclo ritual bajo sincretismo católico con San Marcos y la Santa Cruz.

La sistematización académica del material comenzó con Alfonso Caso —Interpretación del Códice Bodley 2858 (Sociedad Mexicana de Antropología, 1960) y Reyes y reinos de la Mixteca (Fondo de Cultura Económica, 1977-1979)— y continuó con Maarten Jansen y Aurora Pérez Jiménez —Encounter with the Plumed Serpent (Brill, Leiden, 2007)— y con John M. D. Pohl —The Politics of Symbolism in the Mixtec Codices (Vanderbilt University Press, Nashville, 1994)—. Estos trabajos reconocen a Dzahui como pieza equivalente al Tláloc nahua, al Cocijo zapoteco, al Chaac maya y al Tajín totonaco dentro del complejo panmesoamericano del dios de la lluvia, del que la variante mixteca conserva su especificidad iconográfica y lingüística hasta el presente.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa Dzahui en mixteco?

Dzahui significa «lluvia» en la lengua mixteca; la variante dzavui es la forma normalizada del término. La palabra es la raíz del nombre del pueblo mismo: Ñuu Dzavui, «pueblo de la lluvia» o «Tierra de la Lluvia». Fray Antonio de los Reyes registró el término en su Arte en lengua mixteca de 1593, publicado en la Casa de Pedro Balli en la Ciudad de México, primer manual gramatical impreso de la lengua mixteca, donde tradujo dzavui como «lluvia» y Dzahui como «dios de la lluvia» en la variante alta del idioma. La identidad léxica entre pueblo y dios es un rasgo fundacional del sistema señorial Ñuu Dzavui sin equivalente exacto en las otras culturas mesoamericanas contemporáneas.

¿En qué códices aparece registrado?

En los cinco códices prehispánicos del Grupo Mixteco que sobrevivieron a la conquista. El Vindobonensis Mexicanus I (Viena, edición facsímil ADEVA 1974), dedicado a las genealogías señoriales de Tilantongo. El Codex Nuttall (Museo Británico de Londres, edición Nuttall/Miller 1902), sobre la vida del señor Ocho Venado Garra de Jaguar. El Codex Bodley 2858 (Biblioteca Bodleiana, Oxford), interpretado por Alfonso Caso en 1960. El Codex Colombino (Museo Nacional de Antropología, Ciudad de México). Y el Codex Selden (Bodleiana, Oxford). En los cinco códices Dzahui aparece con iconografía estable: máscara ancha con anteojera y colmillos, tocado con voluta de agua, cetro de rayo, color corporal azul característico del complejo mesoamericano del dios de la lluvia.

¿Cómo era su culto en la época prehispánica?

El santuario principal estaba en Achiutla, en la actual Oaxaca, donde Alfonso Caso identificó el Cerro de la Lluvia registrado en los códices. Los señores mixtecos, llamados yya toniñe, oficiaban peticiones de lluvia mediante copal, sangre autosacrificial y aves acuáticas en los momentos críticos del ciclo agrícola del maíz. Cofradías cultuales de varios señoríos de la Mixteca Alta (Tilantongo, Yanhuitlán, Achiutla) tenían a Dzahui como patrón dinástico. John M. D. Pohl analizó estas cofradías en The Politics of Symbolism in the Mixtec Codices (Vanderbilt University Press, Nashville, 1994). El santuario de Achiutla fue destruido por el dominico fray Benito Hernández en 1544 y la memoria del ídolo quedó registrada en las Relaciones Geográficas de 1580.

¿Cuál es su equivalente en otras culturas mesoamericanas?

Dzahui pertenece al complejo panmesoamericano del dios de la lluvia. Su equivalente entre los mexicas es Tláloc, atestiguado desde Teotihuacán y central en el Templo Mayor de Tenochtitlan. Entre los zapotecos vecinos es Cocijo, patrón dinástico de Monte Albán y Mitla. Entre los mayas es Chaac, con cuatro variantes cardinales según los colores del universo (rojo, blanco, negro y amarillo). Entre los totonacos es Tajín, cuyo nombre da al sitio arqueológico veracruzano del Golfo. Los cuatro comparten atributos iconográficos: máscara ancha con anteojera y colmillos, cetro de rayo, color corporal azul, voluta de agua en el tocado. Esta unidad iconográfica revela una tradición cultual panmesoamericana con variantes lingüísticas locales.

¿Sigue teniendo vigencia hoy en la Mixteca?

Sí. Las peticiones de lluvia comunitarias son una de las tradiciones rituales mejor documentadas del pueblo Ñuu Dzavui contemporáneo. En San Miguel el Grande, Chalcatongo, Yosondúa y Yucuita, las autoridades tradicionales organizan procesiones anuales al Cerro de la Lluvia con imagen de San Marcos Evangelista (25 de abril, inicio de la temporada de lluvias) y la Santa Cruz (3 de mayo). El sincretismo católico no eliminó el culto sino que lo reformuló bajo apariencia cristiana. La palabra mixteca dzavui sigue en uso corriente y la toponimia del territorio conserva decenas de nombres con este elemento, como Yucudzavui («Cerro de la Lluvia») y Yodzocahi («Llano de la Lluvia»), registrados en el Nomenclátor Toponímico de Oaxaca del INEGI.

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