Komokwa, el Rey del Mar Kwakwaka’wakw del palacio submarino de cobre

En breve: Komokwa es el Rey del Mar del pueblo Kwakwaka’wakw de la costa noroeste norteamericana. Habita un palacio de cobre bajo las aguas cerca de Haida Gwaii, gobierna a las focas, salmones, orcas y ballenas como su corte submarina, negocia con los chamanes por las almas perdidas de los enfermos y otorga a los linajes nobles el derecho hereditario a exhibir el copper —el escudo ceremonial de cobre— en el potlatch.

Origen culturalKwakwaka’wakw (Kwakiutl, costa noroeste de Columbia Británica, isla de Vancouver; con paralelos entre tsimshian, haida, nuxalk y nuu-chah-nulth)
TipoRey del Mar, señor del inframundo submarino
Función míticaGobernar el palacio de cobre subacuático, ser dueño de todas las criaturas marinas y negociar con los chamanes por las almas robadas de los enfermos
AtestaciónFranz Boas (1897, 1910, 1921) con transcripciones kwak’wala de George Hunt; Edward Curtis (1915)
Vigencia hoyMáscaras de Komokwa vivas en los potlatches contemporáneos Kwakwaka’wakw (tras el levantamiento de la prohibición canadiense en 1951) y en las colecciones del U’mista Cultural Centre de Alert Bay

Komokwa reina desde el fondo del mar sobre las aguas frías del Pacífico norte, en la región de la isla de Vancouver y las islas Haida Gwaii que los primeros cartógrafos europeos llamaron Islas de la Reina Carlota. Es el Rey del Mar de los Kwakwaka’wakw, el pueblo hablante de kwak’wala que ha ocupado la costa central de lo que hoy es Columbia Británica desde hace por lo menos cinco mil años. Su nombre completo en la ortografía etnográfica de Franz Boas y George Hunt aparece como Qomogwa, que se traduce literalmente como «el rico del mar» o «el jefe del mar»; en las publicaciones más recientes de los propios Kwakwaka’wakw se escribe habitualmente Komokwa.

Su palacio submarino está construido íntegramente de cobre labrado, el metal más valioso del panteón de riquezas de la costa noroeste —más incluso que el oro europeo introducido siglos después por los comerciantes rusos y británicos. La corte que lo rodea es un espectáculo mítico: focas convertidas en servidores humanoides con torso humano y cola de foca, orcas guerreras que forman su ejército, salmones-nobleza vestidos con capas rojas de piel de salmón y ballenas-consejeras cuyos cantos graves llegan hasta la superficie en las noches de tormenta. Los pescadores respetuosos son recompensados con abundancia sostenida; los irrespetuosos, con canoas volcadas y redes vacías durante temporadas enteras.

Komokwa ocupa un lugar central en la vida ceremonial Kwakwaka’wakw contemporánea. Sus máscaras —talladas en madera de cedro rojo con rostros humanoides azul-verde y aletas incorporadas al perímetro— se usan hoy todavía en las danzas del potlatch, la fiesta ceremonial de redistribución de riquezas que el gobierno canadiense prohibió entre 1885 y 1951 pero que los Kwakwaka’wakw mantuvieron vivo en la clandestinidad y que hoy vuelve a celebrarse abiertamente en las comunidades de la costa central de Columbia Británica. Su figura es, al mismo tiempo, un rey mítico del mar, un socio ceremonial de los chamanes y un emblema hereditario transmitido en los linajes nobles ‘namima que preservan derechos ancestrales sobre canciones, danzas y máscaras.

Los Kwakwaka’wakw y el mar de la abundancia

Los Kwakwaka’wakw —»quienes hablan kwak’wala»— son un pueblo de la costa central de Columbia Británica que ocupa históricamente la mitad norte de la isla de Vancouver, las islas menores del estrecho de la Reina Carlota y una franja del continente al este. Su economía tradicional descansaba —y descansa todavía en gran parte— sobre los recursos del mar: cinco especies de salmón que remontan los ríos cada verano y otoño (chinook, coho, sockeye, pink, chum), halibut de aguas profundas, eulachon o candlefish del que se extraía un aceite altamente cotizado en las rutas comerciales precoloniales, foca común, orca (skana), ballena gris y, en menor medida, marisqueo intensivo de ostras y almejas de las playas expuestas en marea baja. Esta abundancia oceánica sostenía sociedades sedentarias sin agricultura, con aldeas fijas de casas comunales de tablones de cedro rojo y una densidad demográfica y una elaboración artística comparables a las de las civilizaciones agrícolas mesoamericanas del mismo período.

El sistema social Kwakwaka’wakw se organizaba en linajes matrilineales llamados ‘namima —»aquellos de una misma clase»— que reclamaban descendencia común a partir de un ancestro sobrenatural, a menudo un animal-espíritu o una criatura marina como el propio Komokwa. Cada ‘namima poseía como propiedad hereditaria un conjunto de nombres, canciones, danzas, máscaras, blasones y lugares de pesca reservados; estos bienes intangibles se exhibían y se transmitían en el potlatch, la fiesta ceremonial de redistribución de riquezas que era el corazón de la vida política y espiritual del pueblo. En el potlatch, el jefe anfitrión desplegaba sus derechos hereditarios ante los invitados de otros ‘namima, quienes actuaban como testigos y validadores formales de esa transmisión; a cambio recibían regalos materiales —mantas de piel, canoas, cobres ceremoniales, aceite de eulachon, alimentos secos— cuyo valor confirmaba el rango del anfitrión y su capacidad de sostener la ceremonia.

La documentación etnográfica sistemática del pueblo Kwakwaka’wakw es obra fundamentalmente de una colaboración de 45 años entre el antropólogo alemán-estadounidense Franz Boas y su informante y coautor George Hunt, hijo de padre inglés y madre tlingit criado desde niño en la comunidad Kwakwaka’wakw de Fort Rupert. Boas llegó por primera vez a la costa noroeste en 1886 enviado por el Museo Real Etnológico de Berlín; conoció a Hunt poco después y comenzaron una colaboración que se prolongaría hasta la muerte de Hunt en 1933. Juntos publicaron The Social Organization and the Secret Societies of the Kwakiutl Indians (1897), los dos volúmenes de Kwakiutl Tales (1910 y 1935) y sobre todo la monumental Ethnology of the Kwakiutl (1921), un corpus de más de 1500 páginas con transcripciones interlineales kwak’wala-inglés de mitos, discursos ceremoniales, canciones y recetas culinarias. Boas escribió sobre Komokwa en 1897: «El jefe del mar, Qomogwa, habita en un gran palacio de cobre bajo el océano, y sus siervos son las focas que aparecen sobre las rocas en marea baja.» Es la primera aparición sistemática de la figura en la literatura antropológica.

El palacio de cobre y la corte submarina

Bajo las aguas frías cercanas a Haida Gwaii se encuentra, según la tradición Kwakwaka’wakw, el palacio de Komokwa. Está construido con cobre labrado en su totalidad: paredes de láminas martilladas, techos de placas superpuestas, columnas repujadas con figuras de orca y salmón. El cobre en la costa noroeste no era un metal cualquiera. Antes del contacto europeo, los pueblos del noroeste extraían el cobre nativo de yacimientos superficiales del río Copper en Alaska y lo trabajaban en frío mediante martilleo repetido para producir los cobres ceremoniales —copper shields o t’lakwa en kwak’wala— que se exhibían en el potlatch y que se consideraban receptáculos materiales del prestigio hereditario de un linaje. Que el palacio de Komokwa sea íntegramente de cobre significa, en el vocabulario económico y ceremonial Kwakwaka’wakw, que el Rey del Mar posee más riqueza que ningún jefe humano imaginable, y por eso puede reclamarse como ancestro sobrenatural por los linajes nobles más elevados de la costa central.

La corte submarina que rodea a Komokwa es un espectáculo mítico jerarquizado. Las focas comunes son sus servidores —viven convertidas en seres humanoides con torso de mujer u hombre y cola inferior de foca— y aparecen sobre las rocas de la playa en marea baja para descansar del servicio submarino. Las orcas o skana forman su ejército y sus guardaespaldas, y los propios chamanes Kwakwaka’wakw creen que las almas de los grandes jefes muertos se transforman en orcas para acompañar a Komokwa en su tránsito eterno por las aguas del norte. Los salmones-nobleza visten capas rojas cortadas de su propia piel escamada y protagonizan la corte estacional del rey: cuando llega el verano, salen del palacio a subir por los ríos y por eso los pescadores humanos pueden alcanzarlos; cuando regresan al mar en otoño, se descargan de sus capas rojas —los cuerpos de salmón que los pescadores sacaron del agua— y regresan al palacio en forma pura para prepararse para el siguiente ciclo. Las ballenas grises y las jorobadas son sus consejeras, y sus cantos graves y prolongados llegan hasta la superficie en las noches sin viento como mensajes del fondo del mar.

Los chamanes Kwakwaka’wakw, llamados paxala en kwak’wala, mantienen una relación de negociación directa con Komokwa a lo largo de toda su vida ceremonial. Cuando alguien enferma gravemente en la comunidad, el diagnóstico chamánico habitual atribuye la enfermedad al robo del alma del paciente por parte de un espíritu marino que se la ha llevado al palacio del Rey del Mar. El paxala entra entonces en trance, viaja por el fondo del océano hasta el palacio de cobre y negocia con Komokwa el retorno de la partícula perdida —a veces pagando con canciones sagradas, a veces con partes de su propio cuerpo espiritual, a veces con promesas de futuras ofrendas de tabaco arrojadas al mar por los familiares del enfermo. Si la negociación tiene éxito, el paxala regresa a la superficie trayendo el alma en la palma cerrada de la mano y la reinsertará en el paciente mediante un soplo ritual sobre la cabeza. Si fracasa, el enfermo muere y su alma queda incorporada permanentemente a la corte de Komokwa como nuevo servidor submarino.

La leyenda del origen del copper hereditario en varios linajes ‘namima nobles cuenta la historia de un joven cazador que, caminando por la playa después de una tormenta, encontró a la hija de Komokwa varada entre las rocas. La joven —descrita como una criatura híbrida con torso humano y cola de foca— le suplicó que la devolviera al mar antes de que muriera desecada por el sol. El joven la ayudó a alcanzar el agua y la vio hundirse en dirección al palacio de su padre. Días después, mientras pescaba en su canoa, Komokwa emergió desde el fondo y le ofreció como recompensa por su gesto de piedad el derecho perpetuo a exhibir el t’lakwa —el cobre ceremonial— en el potlatch de sus descendientes. Este derecho hereditario recorre varios linajes ‘namima nobles hasta el presente, y cada vez que un jefe Kwakwaka’wakw contemporáneo exhibe su cobre en una ceremonia formal está reactivando ese pacto original con el Rey del Mar.

Máscaras, potlatch y restauración cultural

Las máscaras de Komokwa constituyen una de las piezas más reconocibles del arte tradicional Kwakwaka’wakw y del arte de la costa noroeste en general. Talladas en madera de cedro rojo por artistas iniciados en los linajes con derecho hereditario a hacerlas, presentan un rostro humanoide masivo pintado en azul-verde intenso —el color asociado con las profundidades marinas—, ojos protuberantes de mirada hipnótica ampliados con incrustaciones de nácar de haliotis (abalone), y aletas dorsales estilizadas incorporadas al perímetro superior del rostro para señalar la naturaleza acuática del personaje. En muchos ejemplares la boca abierta muestra dientes de nácar afilados y una lengua roja saliente; en otros, la máscara es de tipo transformación —una máscara compuesta cuyas partes exteriores se abren mediante cordones tirados por el danzante para revelar en su interior otro rostro más profundo, generalmente el de un ancestro humano descendiente de la hija de Komokwa. Bill Holm, cuya obra Northwest Coast Indian Art: An Analysis of Form (1965) sigue siendo el manual de referencia del estilo, escribe que «las máscaras de Komokwa se cuentan entre las expresiones más poderosas del sistema formal del arte de la costa noroeste, combinando la simetría bilateral estricta del formline con la teatralidad del ciclo de invierno.»

Estas máscaras se usan sobre todo en las danzas del ciclo Tseka —»la temporada sagrada», el largo invierno ceremonial Kwakwaka’wakw que se extiende de noviembre a marzo— por chamanes en trance dentro del contexto del potlatch. Cuando el gobierno federal canadiense enmendó la Indian Act en 1884 para prohibir el potlatch —una prohibición que entró en vigor en 1885 y que se mantendría formalmente hasta 1951—, muchas máscaras de Komokwa y de otros personajes del ciclo Tseka fueron confiscadas por la Real Policía Montada del Canadá en famosas redadas policiales. La más traumática ocurrió el 25 de diciembre de 1921 en Village Island, donde el jefe Dan Cranmer celebró un gran potlatch que fue denunciado por el agente indio local; 45 personas fueron condenadas y 22 encarceladas por participar en la ceremonia, y más de 750 objetos ceremoniales —máscaras, cobres, cinturones de cascabel, bastones de danza— fueron incautados y dispersados por museos y coleccionistas privados de Ottawa, Toronto, Nueva York y Londres.

El levantamiento de la prohibición del potlatch en 1951 abrió un largo proceso de reactivación cultural y de reclamación de los objetos incautados décadas antes. Aldona Jonaitis escribe en Chiefly Feasts: The Enduring Kwakiutl Potlatch (1991) que «el potlatch nunca murió del todo; sobrevivió clandestinamente en las comunidades más aisladas de la costa central durante los peores años de la represión, y su reemergencia pública tras 1951 fue tanto un acto ceremonial como una declaración política de soberanía indígena.» Este proceso culminó con la fundación del U’mista Cultural Centre en Alert Bay, isla de Cormorant, en 1980, un museo comunitario Kwakwaka’wakw creado para acoger las piezas repatriadas del «Potlatch Collection» tras décadas de negociaciones con el Museo Nacional del Hombre de Ottawa y el Royal Ontario Museum de Toronto. La palabra u’mista significa en kwak’wala «el retorno de algo importante que había sido tomado», y se refería originalmente al retorno de un esclavo capturado en una incursión y liberado después mediante pago o alianza matrimonial; aplicada a los objetos ceremoniales confiscados, la palabra convierte cada máscara repatriada en un familiar recuperado.

Los paralelos comparativos con figuras marinas soberanas de otras tradiciones mundiales son abundantes y suelen citarse en la literatura etnográfica reciente. Poseidón en el panteón griego y Neptuno en el romano gobiernan el Mediterráneo desde palacios submarinos; Sedna, la mujer del mar del pueblo inuit del norte canadiense, controla el acceso a las focas y las morsas desde el fondo del océano Ártico; Ryujin en el sintoísmo japonés es el rey dragón que preside un palacio submarino de coral y perlas; Nammu en la mitología sumeria antigua es la diosa del mar primordial de donde emergen todos los dioses; Ao Guang gobierna el mar oriental en la mitología china como uno de los cuatro reyes dragones cardinales; Yemayá en la religión yoruba y en sus derivadas afroamericanas es la madre de todas las aguas marinas; Millalobo en el folclore chilote de la costa sur chilena es el rey del mar mestizo hijo de mujer humana y lobo marino. Todos estos personajes coinciden en un rasgo estructural común: el mar es un reino soberano bajo el mar tiene un monarca, y ese monarca debe ser tratado con respeto ritual por los humanos que viven de sus recursos.

Para terminar

El renacimiento del potlatch Kwakwaka’wakw tras 1951 no fue meramente una recuperación de una ceremonia perdida sino la reactivación pública de un sistema completo de derechos hereditarios, de arte tradicional y de vínculos entre familias, linajes y personajes míticos como Komokwa. Los artistas Kwakwaka’wakw contemporáneos —desde Mungo Martin y Doug Cranmer en la segunda mitad del siglo XX hasta Beau Dick, Calvin Hunt, Kevin Cranmer y Corrine Hunt en las generaciones más recientes— han producido un cuerpo de obra que combina la fidelidad al canon formal del formline noroeste con innovaciones personales que actualizan el vocabulario mítico para audiencias contemporáneas. Beau Dick, fallecido en 2017, llevó máscaras del ciclo Tseka a la documenta 14 de Kassel en Alemania y organizó ceremonias de rompimiento ritual de cobres frente al parlamento canadiense en Ottawa (2013) y en Victoria (2014) como actos de protesta política amparados en el vocabulario tradicional Kwakwaka’wakw del t’lakwa. Estas performances contemporáneas demuestran que Komokwa no es una figura arqueológica sino un socio ceremonial vivo.

El U’mista Cultural Centre de Alert Bay recibe hoy varios miles de visitantes cada año y expone la Potlatch Collection repatriada en una gran sala circular diseñada para reproducir la disposición espacial de una casa comunal Kwakwaka’wakw tradicional. Las máscaras de Komokwa ocupan un lugar destacado en esta exposición, junto a las de otros personajes del ciclo Tseka como Baxbakwalanuksiwe (el gran caníbal del norte) o Dzunuk’wa (la Mujer Salvaje del Bosque). El centro publica también materiales educativos en kwak’wala e inglés para las escuelas de las comunidades Kwakwaka’wakw y ha desarrollado programas de aprendizaje de la lengua ancestral que retroceden hoy la pérdida acumulada durante las décadas de la Indian Act y de las escuelas residenciales. La figura del Rey del Mar es, en este contexto de restauración cultural activa, un emblema de continuidad frente a la ruptura histórica que se pretendió imponer desde el estado.

Cuando en las tardes claras de verano un turista o un viajero se sienta en el muelle de Alert Bay o en las playas de Fort Rupert y observa a las focas comunes descansar sobre las rocas en marea baja, está viendo, según la tradición Kwakwaka’wakw viva, a los servidores de Komokwa aprovechando un momento de pausa entre sus tareas submarinas. La abundancia marina de la costa noroeste no es un recurso neutro ni infinito; es la generosidad estacional de un rey del mar que espera respeto ritual, ofrendas ocasionales de tabaco y agradecimiento explícito por parte de quienes viven de su reino. Esta lectura ceremonial del paisaje marino sigue enseñándose en las casas comunales contemporáneas y forma parte del argumento cultural sobre el que los Kwakwaka’wakw defienden hoy sus derechos pesqueros ancestrales frente al gobierno federal canadiense.

Preguntas frecuentes

¿Quiénes son los Kwakwaka’wakw y dónde viven?

Los Kwakwaka’wakw —»quienes hablan kwak’wala»— son un pueblo indígena de la costa central de Columbia Británica que ocupa históricamente la mitad norte de la isla de Vancouver, las islas menores del estrecho de la Reina Carlota y una franja del continente al este. Se les conoció durante largo tiempo en la literatura antropológica como «Kwakiutl», nombre etnográfico introducido por Franz Boas a finales del siglo XIX que en realidad corresponde solo a uno de los grupos locales de la nación completa. Su economía tradicional descansaba sobre los recursos del mar —salmón, halibut, eulachon, foca, orca— y sostenía sociedades sedentarias sin agricultura, con aldeas fijas de casas comunales de tablones de cedro rojo. Hoy la Kwakwaka’wakw First Nation agrupa a varias comunidades reconocidas por el gobierno canadiense, con centros administrativos y culturales en Alert Bay, Fort Rupert (Tsaxis), Campbell River y otras localidades de la costa central.

¿Qué es el copper y por qué es un emblema de nobleza?

El copper —t’lakwa en kwak’wala— es un escudo ceremonial de cobre labrado en forma trapezoidal que constituye la pieza de riqueza más valiosa del sistema de prestigio hereditario Kwakwaka’wakw y de varios pueblos vecinos de la costa noroeste. Antes del contacto europeo se fabricaba con cobre nativo extraído de yacimientos superficiales del río Copper en Alaska y trabajado en frío por martilleo repetido; después del contacto se adoptó también cobre europeo de lámina laminada. Cada copper individual tiene un nombre propio y una historia hereditaria de propietarios sucesivos que se rescita públicamente cada vez que cambia de mano en un potlatch. Los coppers más famosos —como Maxtsolem, «el único cobre», registrado en más de veinte potlatches sucesivos entre 1893 y 1936— tenían valores nominales que alcanzaban decenas de miles de mantas Hudson’s Bay, la unidad estándar de riqueza del período de contacto. Exhibir el copper en el potlatch es exhibir simultáneamente una propiedad material y un rango hereditario transmitido desde el pacto original con Komokwa.

¿Cómo se representa a Komokwa en las máscaras?

Las máscaras de Komokwa presentan un canon iconográfico reconocible pero con márgenes de variación individual entre artistas y linajes. El rostro es humanoide masivo, pintado en azul-verde intenso —el color asociado con las profundidades marinas frías— y a veces con líneas rojas o negras que marcan las cuencas oculares y la línea de la boca. Los ojos son protuberantes y ampliados con incrustaciones de nácar de haliotis (abalone) que reflejan la luz de las hogueras durante las danzas nocturnas del ciclo Tseka. Aletas dorsales estilizadas se incorporan al perímetro superior del rostro para señalar la naturaleza acuática del personaje; a veces la boca abierta muestra dientes de nácar afilados y una lengua roja saliente. Algunos ejemplares son máscaras de transformación: piezas compuestas cuyas partes exteriores se abren mediante cordones tirados por el danzante para revelar en su interior un segundo rostro más profundo, generalmente el de un ancestro humano descendiente del pacto original con el Rey del Mar.

¿Por qué se prohibió el potlatch en Canadá?

El gobierno federal canadiense enmendó la Indian Act en 1884 para prohibir formalmente el potlatch, y la prohibición entró en vigor en 1885 manteniéndose vigente hasta 1951. Los argumentos oficiales combinaban una lectura moralista misionera —los misioneros anglicanos y metodistas veían en la distribución masiva de riquezas del potlatch un obstáculo para la conversión al cristianismo y para la adopción de la ética protestante del ahorro— con una lógica administrativa colonial que pretendía integrar a los pueblos indígenas en la economía monetaria capitalista y en el trabajo asalariado. La prohibición se aplicó de manera irregular durante décadas hasta la gran redada de 1921 en Village Island, cuando el jefe Dan Cranmer celebró un gran potlatch que fue denunciado por el agente indio local; 45 personas fueron condenadas, 22 encarceladas y más de 750 objetos ceremoniales incautados y dispersados por museos y coleccionistas privados. La derogación de la prohibición en 1951, junto con el retorno progresivo de los objetos incautados, abrió el actual proceso de reactivación cultural Kwakwaka’wakw.

¿Qué es el U’mista Cultural Centre?

El U’mista Cultural Centre es un museo comunitario Kwakwaka’wakw ubicado en Alert Bay, isla de Cormorant, en la costa central de Columbia Británica. Fue fundado en 1980 para acoger las piezas repatriadas de la llamada «Potlatch Collection» —los más de 750 objetos ceremoniales confiscados en la redada de 1921 en Village Island y dispersados durante décadas por museos y coleccionistas privados de Ottawa, Toronto, Nueva York y Londres. La palabra u’mista significa en kwak’wala «el retorno de algo importante que había sido tomado» y se refería originalmente al retorno de un esclavo capturado en una incursión intertribal y liberado después mediante pago o alianza matrimonial. Aplicada a los objetos ceremoniales confiscados por el gobierno canadiense, la palabra convierte cada máscara repatriada en un familiar recuperado. El centro expone hoy la Potlatch Collection en una gran sala circular diseñada para reproducir la disposición espacial de una casa comunal Kwakwaka’wakw tradicional y ofrece programas educativos de aprendizaje del kwak’wala para las escuelas de las comunidades de la costa central.

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