Sky Woman, la madre creadora iroquesa que cayó del Cielo Superior

Lo esencial: Sky Woman —Awenhai en mohawk, Aataentsic en huron-wendat— es la madre creadora primordial del ciclo cosmogónico iroqués. Cae del Cielo Superior a través de un agujero abierto bajo el árbol de la luz, es sostenida en su caída por bandadas de gansos y depositada sobre la Gran Tortuga. Con un puñado de tierra traído por la humilde rata almizclera crea Turtle Island (Norteamérica). Sus semillas de maíz, frijol y tabaco inauguran la agricultura haudenosaunee. Sigue viva en la Ceremonia del Aliento del Año Nuevo y como emblema del pensamiento ecológico indígena contemporáneo.

Origen culturalIroqués Haudenosaunee (Confederación de las Seis Naciones: mohawk, oneida, onondaga, cayuga, seneca, tuscarora; noreste americano — Ontario, Quebec, Nueva York, Pennsylvania)
TipoMadre creadora primordial celeste, fundadora de Turtle Island
Función míticaCaer del Cielo Superior sobre la Gran Tortuga y crear la tierra de Norteamérica con las semillas del maíz, frijol y tabaco
AtestaciónNorton 1816; Cusick 1828; Hewitt 1903-1928
Vigencia hoyFigura central del renacimiento cultural iroqués contemporáneo; emblema del pensamiento ecológico indígena; celebrada en la Ceremonia del Aliento del Año Nuevo (Midwinter Ceremony)

Para entender a Sky Woman conviene empezar por el pueblo que la recuerda. Los haudenosaunee —»la gente de la casa larga», nombre con el que los iroqueses se llaman a sí mismos— forman una confederación de seis naciones que ocupó desde el siglo XV el corredor que va del lago Ontario al valle del Mohawk, en el actual estado de Nueva York, y que se prolonga en la provincia de Ontario y en el sur de Quebec. Su nombre propio evoca una imagen política: los cinco pueblos originales (mohawk, oneida, onondaga, cayuga, seneca), a los que se sumó en 1722 la nación tuscarora, se imaginan como habitantes de una única longhouse simbólica cuya puerta oriental custodian los mohawk, cuya puerta occidental custodian los seneca y cuyo fuego central atienden los onondaga.

Toda esta arquitectura política —confederativa, matrilineal, ratificada por cinturones de wampum— reposa sobre un relato de origen que precede al mito histórico de la Gran Ley de la Paz (Kayanerenkó:wa) y que ninguna Clan Mother ni ningún Sachem podría contar sin remontarse a él. Ese relato es el de Sky Woman, la mujer que cayó del Cielo Superior sobre la espalda de una tortuga y modeló, con un puñado de barro traído por una rata almizclera, la tierra que hoy los movimientos indígenas norteamericanos llaman Turtle Island. La cosmogonía haudenosaunee no es una prehistoria olvidada del pensamiento político: es su fundamento.

Este artículo reconstruye el mito de Sky Woman en cinco pasos. Primero, la geografía y la historia de la Confederación Haudenosaunee, con el Cielo Superior como escenario mítico. Segundo, el relato mismo tal como lo transcribieron el mohawk John Norton en 1816, el tuscarora David Cusick en 1828 y el etnólogo tuscarora-onondaga J.N.B. Hewitt entre 1903 y 1928 en los boletines del Bureau of American Ethnology. Tercero, los paralelos amerindios y comparativos con otras figuras maternas primordiales. Cuarto, el sentido contemporáneo de Sky Woman como emblema ecológico y feminista, particularmente tras la publicación de Braiding Sweetgrass de Robin Wall Kimmerer (2013). Y quinto, cinco preguntas frecuentes sobre la figura.

La Confederación Haudenosaunee y el Cielo Superior

La Confederación Haudenosaunee —conocida en la historiografía europea como Liga de los Iroqueses— es una de las federaciones políticas más antiguas de América del Norte que ha llegado sin interrupción hasta el presente. Su fundación se atribuye tradicionalmente al esfuerzo conjunto de tres figuras: el Pacificador (Deganawidah, un profeta huron-wendat), Hiawatha (un jefe mohawk que sufrió la pérdida de sus tres hijas y que perfeccionó el ritual de duelo, el condolence ceremony) y Jigonhsaseh (Clan Mother seneca que dio soporte político a la iniciativa). La fecha de fundación varía según las fuentes: la reconstrucción tradicional apuntaba a mediados del siglo XV, mientras que Bruce Johansen y Barbara Alice Mann la sitúan en 1142 sobre la base del eclipse solar total que Deganawidah habría anunciado y que los cálculos astronómicos verifican para agosto de ese año en el norte del actual estado de Nueva York.

La Confederación funciona con un sistema bicameral: las naciones de los Hermanos Mayores (mohawk, onondaga, seneca) y las de los Hermanos Menores (oneida, cayuga y, desde 1722, tuscarora). Cincuenta títulos de Sachem —hereditarios en línea materna dentro de clanes específicos— constituyen el Consejo permanente que se reúne en Onondaga. Las Clan Mothers eligen y, si es necesario, destituyen a los Sachems mediante un procedimiento formal descrito en la Gran Ley de la Paz. William N. Fenton, en The Great Law and the Longhouse (University of Oklahoma Press, 1998), demostró la continuidad ininterrumpida del Consejo desde el siglo XVII documentado por los jesuitas franceses hasta la actualidad, con reuniones anuales en Onondaga Nation, cerca de Syracuse.

La memoria colectiva se guarda en cinturones de wampum —cuentas moradas y blancas fabricadas con la concha de Mercenaria mercenaria y ensartadas siguiendo patrones geométricos precisos—. El cinturón de Hiawatha, cinco figuras humanas unidas por una línea a un árbol central, registra la incorporación de las cinco naciones originales; el Two Row Wampum de 1613 registra el pacto con los holandeses; el cinturón de Guswhenta registra la alianza con la Corona británica. Cada uno de estos objetos, custodiados hoy por keepers designados y en parte repatriados desde museos como el Museum of the American Indian, es un documento constitucional que se lee ceremonialmente en voz alta y cuya interpretación exige el conocimiento del relato de Sky Woman: sin el mito de origen, los cinturones son cuentas mudas.

La influencia de la Confederación en la política occidental es un capítulo debatido pero difícil de negar. Benjamin Franklin, que había sido impresor oficial de los tratados con los iroqueses en Pensilvania, escribió en 1751 la célebre frase sobre «la unión de seis naciones ignorantes» como modelo para las trece colonias inglesas; John Adams estudió con detalle la estructura del Consejo de Onondaga; en 1988 el Congreso de Estados Unidos aprobó la Resolución 331 reconociendo formalmente la influencia haudenosaunee en la Constitución. El debate historiográfico sigue vivo, pero incluso los escépticos como Elisabeth Tooker admiten la existencia de una analogía estructural, no meramente retórica, entre el modelo federativo iroqués y el estadounidense.

El escenario mítico donde comienza el relato de Sky Woman es el Cielo Superior, Karonhià:ke, «sobre el cielo». Se lo imagina como un espejo del mundo humano, con su propio pueblo, su propio jefe y su propia geografía. Antes de la caída de Sky Woman no había ni sol ni luna: la única luz provenía del árbol sagrado Onodja (o Great Tree of Light), cuyas flores luminosas iluminaban al pueblo celeste. Este árbol es un axis mundi vertical que conecta el Cielo Superior con el mar primigenio inferior, y sus raíces se extienden por debajo del suelo celeste. Cuando el árbol es arrancado —a petición de Sky Woman, según algunas versiones, o por orden del jefe celoso, según otras— se abre un agujero por el que ella cae, y con ella cae la primera luz hacia abajo, hacia el vacío del mundo inferior donde solo había agua.

El relato de Sky Woman según Norton, Cusick y Hewitt

La primera versión escrita en detalle por un iroqués la firmó John Norton (Teyoninhokarawen), mohawk de padre cherokee y madre escocesa, educado en Inglaterra y guerrero en la guerra de 1812 junto a Tecumseh, cuyo diario de 1816 recogió el relato con toda su secuencia. La segunda versión relevante es la del tuscarora David Cusick en Sketches of Ancient History of the Six Nations (Lewiston, 1828), primera historia escrita por un iroqués en inglés. La tercera y más completa la firmó J.N.B. Hewitt —etnólogo tuscarora-onondaga del Bureau of American Ethnology— en dos monografías: Iroquoian Cosmology, First Part (BAE 21, 1903) y Iroquoian Cosmology, Second Part (BAE 43, 1928), donde comparó minuciosamente las variantes mohawk, onondaga y seneca. Elias Johnson había publicado en 1881 Legends, Traditions and Laws, of the Iroquois, y Horatio Hale en 1883 The Iroquois Book of Rites, ambos textos también canónicos.

En el principio, dice el relato en la versión Hewitt-onondaga, el Cielo Superior estaba habitado por seres semejantes a los humanos, presididos por un gran jefe que vivía con su esposa junto al árbol de la luz. La mujer, que estaba encinta, tuvo un sueño en el que se le mostraba el árbol arrancado, y pidió a su marido que interpretara la señal. El jefe, tras consultar con los ancianos del cielo, hizo arrancar el árbol sagrado. Bajo las raíces apareció un agujero por el que se podía ver, muy abajo, un mundo cubierto de agua. La mujer se asomó, curiosa; el marido, según algunas variantes celoso del embarazo cuyo origen no comprendía, la empujó suavemente por la abertura. Ella cayó hacia el vacío. En la caída llevaba en las manos —dicen los textos de Cusick y Hewitt— semillas de maíz, de frijol y de tabaco.

Cusick lo relata en 1828 en un inglés arcaico que conviene citar: «A woman fell from the upper world; her name was Ata-en-sic. The animals of the deep received her, and formed the earth upon the back of the great tortoise». Norton, doce años antes, había redactado una secuencia más pormenorizada: «When the birds saw the woman falling, they came together and formed a great platform of their wings, upon which she was gently placed on the back of the Great Turtle». Los cisnes de la variante Hewitt, los gansos de otras variantes, las grullas trompeteras (whooping cranes) de la versión seneca —todas las aves acuáticas suben en bandada al ver caer al ser luminoso y forman una plataforma de plumas y alas que amortigua el impacto y la deposita, con la delicadeza que la escena reclama, sobre el caparazón de la Gran Tortuga (Hah-nu-nah en onondaga) que ha emergido del mar primigenio para ofrecerse como asiento.

Los animales acuáticos comprenden entonces que Sky Woman necesita tierra para vivir. Se organiza una expedición al fondo del mar. La nutria se sumerge y no vuelve. El castor se sumerge y no vuelve. El buceador (loon), el visón, el pato zambullidor —todos los grandes nadadores intentan y todos fracasan—. Finalmente, la humilde rata almizclera (muskrat, ondathra en onondaga) —el más pequeño y despreciado de todos los buceadores— se ofrece. Se sumerge, tarda mucho en volver, y aparece flotando muerta en la superficie, pero con un puñado de barro apretado entre las garras delanteras. Sky Woman toma ese barro y lo esparce en círculo sobre el caparazón de la Tortuga; el barro crece bajo sus pies mientras camina en sentido antihorario, y así nace la tierra que hoy llamamos Norteamérica. Hewitt anota que en la variante seneca la mujer canta mientras camina, y que la tierra brota al ritmo de sus pasos.

Sky Woman planta entonces las semillas que había traído del cielo: el maíz que alimentará a su pueblo, el frijol que trepará por los tallos del maíz, el tabaco que servirá de puente entre los seres humanos y los seres espirituales. Estos tres cultivos —»las Tres Hermanas» en la tradición agrícola haudenosaunee— son literalmente hermanas: nacidas en el mismo puñado en las manos de Sky Woman al momento de caer. La agricultura iroquesa clásica, documentada por los jesuitas del siglo XVII, plantaba las tres juntas en montículos: el maíz servía de tutor al frijol, el frijol fijaba nitrógeno al suelo, la calabaza cubría el suelo con sus hojas y retenía la humedad. El mito da a esta técnica agronómica una raíz cosmogónica: al plantar las Tres Hermanas se replica el gesto inaugural de Sky Woman.

Después de crear la tierra, Sky Woman dio a luz a una hija —Tekawerahkwa, «flor de retoño», según algunas variantes; en otras no se le da nombre—. La hija creció y quedó misteriosamente embarazada por el Viento del Oeste, personificado en algunas versiones como un ser humano que la visitaba en sueños. Murió al dar a luz a los gemelos: Sapling (llamado también Sky-Holder o Tarachiawagon), el bueno, luminoso, creador de todo lo dulce y templado; y Flint (Tawiskaron, cuyo nombre significa «pedernal»), el malo, oscuro, que salió por el costado de su madre matándola. Sky Woman enterró a su hija muerta y de las distintas partes del cuerpo brotaron las plantas cultivadas: de la cabeza el maíz, de los pechos el frijol, del vientre la calabaza, de las manos el tabaco, del corazón la fresa. La agricultura entera nace de este segundo acto de creación por descomposición del cuerpo materno.

Los gemelos Sapling y Flint dividen luego la tarea de moldear el mundo. Sapling crea árboles frutales cargados, ríos que fluyen en las dos direcciones para que las canoas suban sin esfuerzo, animales dóciles fáciles de cazar. Flint, celoso, pervierte cada obra: hace que los ríos fluyan en un solo sentido, cubre los árboles de espinas, oculta a los venados en el interior de una cueva, inventa el frío del invierno y los monstruos que amenazan a la humanidad. En el duelo final —libro sexto de la versión Hewitt—, Sapling vence armado con cornamenta de venado y Flint queda relegado a habitar bajo tierra, donde sigue enviando huracanes y terremotos. Este dualismo entre hermanos gemelos —motivo ampliamente estudiado por Lévi-Strauss y por Peter Nabokov— es uno de los rasgos más característicos de la cosmogonía haudenosaunee y encuentra ecos precisos en el ciclo navajo de los gemelos Nayenezgani y Tobadzischini que ya recogimos en nuestro corpus.

Paralelos amerindios y significado antropológico

La figura de la madre creadora primordial que cae del cielo o desciende al mar tiene ecos amerindios notables. Entre los wendat/huron, próximos lingüísticamente a los haudenosaunee y separados de ellos por rupturas históricas del siglo XVII, Ataentsic ocupa el mismo lugar mítico que Sky Woman: la coincidencia de nombre entre el «Aataentsic» wendat y el «Ata-en-sic» tuscarora que Cusick usa en 1828 sugiere una tradición iroquiana antigua compartida antes de la fragmentación política. Christopher Vecsey, en Imagine Ourselves Richly (Crossroad, 1988), reconstruye esta protoforma como una figura maternal celeste con siglos de antigüedad, cuyo relato viajó hacia el norte con las migraciones iroquianas.

Un segundo paralelo importante lo ofrece el motivo del earth-diver, «buceador de tierra», común a numerosos pueblos algonquinos del norte. Entre los ojibwe, Nanabozho (o Manabozho) reproduce exactamente el episodio: tras la inundación primordial se queda sobre un tronco flotante y envía a la rata almizclera al fondo del mar para traer un puñado de barro que servirá para reconstituir la tierra. La rata almizclera protagoniza también variantes cree, algonquino y menominee. La antropóloga soviética Elena Sherzer y, antes de ella, Stith Thompson en el índice de motivos folklóricos (motivo A812) catalogaron el earth-diver como uno de los motivos americanos de mayor extensión geográfica. Su presencia común en tradiciones iroquianas y algonquinas —dos familias lingüísticas distintas— apunta a un substrato antiguo compartido en el noreste americano.

Fuera de América, la comparación con figuras maternas primordiales celestes ilumina los rasgos distintivos de Sky Woman. Isis egipcia y Nüwa china son también madres cósmicas asociadas al orden inicial del mundo (Nüwa, curiosamente, en algunas variantes también recompone el mundo apoyada sobre una gran tortuga). Sedna inuit invierte el motivo: la mujer no cae del cielo, sino que es empujada al mar y de sus dedos amputados nacen las focas y las morsas que alimentan al pueblo. Coatlicue mexica, otra madre primordial americana, también da a luz un hijo gemelar en circunstancias trágicas (Huitzilopochtli y su hermana Coyolxauhqui). La comparación revela que Sky Woman pertenece a una familia mítica muy amplia de madres creadoras, y a la vez destaca por rasgos exclusivos: la caída aérea sostenida por aves, la Gran Tortuga como plataforma, la rata almizclera como buscadora humilde y la agricultura como don central.

La lectura de género propuesta por Barbara Alice Mann en Iroquoian Women: The Gantowisas (Peter Lang, 2000) es especialmente iluminadora. Mann demuestra que la centralidad femenina del relato —una mujer crea la tierra, la agricultura procede del cuerpo de su hija, los gemelos son moldeados por líneas maternas— refleja y legitima la estructura matrilineal de la Confederación. Las Clan Mothers, que en la Gran Ley de la Paz tienen el poder de designar y destituir a los Sachems, encuentran en Sky Woman su modelo mítico: quien engendra a la vez la tierra y el orden humano no es un padre celeste, sino una mujer que baja del cielo. Roger Williams había notado ya en 1643, en A Key into the Language of America, que las mujeres iroquesas tenían «más poder en asuntos políticos que en cualquier otra nación conocida».

La lectura contemporánea más influyente la firma Robin Wall Kimmerer, botánica potawatomi (algonquina, no iroquesa, pero heredera del mismo pool mítico) y profesora en la SUNY College of Environmental Science and Forestry. Su libro Braiding Sweetgrass (Milkweed, 2013) —convertido en un fenómeno editorial que lleva más de dos millones de ejemplares vendidos— abre precisamente con el relato de Sky Woman. Kimmerer lee la caída y la creación como un modelo de reciprocidad: Sky Woman no llega a la tierra con las manos vacías, sino trayendo dones (las semillas), y los animales le ofrecen a su vez lo que tienen (el fondo del mar, el caparazón, las plumas). Esta economía del don mutuo entre humanos y no humanos se propone como alternativa ecológica al extractivismo occidental y ha inspirado en la última década corrientes académicas como la «ecología de la reciprocidad» o el «pensamiento ecológico indígena».

Una mirada final

Sky Woman no es un personaje del pasado remoto para los haudenosaunee actuales, sino una presencia activa que sigue apareciendo en los ritos y en el discurso público. La Ganióhinyó o Midwinter Ceremony —la Ceremonia del Aliento del Año Nuevo, celebrada durante nueve días entre finales de enero y principios de febrero en los longhouses de las Six Nations Reserve en Ontario y en las reservas de Nueva York— reactualiza cada invierno el ciclo cosmogónico, con cantos que recorren la caída, el vuelo de los gansos, la búsqueda del barro por la rata almizclera y la primera cosecha. Cada ceremonia comienza con la recitación de la Ohén:ton Karihwatéhkwen («las palabras que vienen antes de todas las demás»), un discurso de gratitud a la Madre Tierra que se abre reconociendo el gesto de Sky Woman al esparcir el barro sobre la Tortuga.

La expresión «Turtle Island» —el nombre iroqués de Norteamérica— se ha vuelto en las últimas cinco décadas un término político central del activismo indígena continental. El poeta y ensayista Gary Snyder lo introdujo en la contracultura anglosajona con su libro Turtle Island (New Directions, 1974), ganador del Pulitzer de poesía en 1975. Desde entonces, movimientos como el American Indian Movement, la Assembly of First Nations canadiense o el mismo Standing Rock Sioux han adoptado el término como afirmación soberana: llamar «Turtle Island» al territorio es recordar que Norteamérica es, antes que Estados Unidos y Canadá, la tierra que Sky Woman moldeó sobre el caparazón de la Gran Tortuga y que los tratados con las naciones indígenas siguen vigentes.

El impacto contemporáneo del relato desborda el ámbito iroqués. Universidades como Cornell, Syracuse o McMaster imparten cursos sobre pensamiento haudenosaunee en los que Sky Woman es lectura obligatoria; iniciativas de agricultura tradicional han recuperado el cultivo conjunto de las Tres Hermanas en granjas de Ontario y Nueva York; el debate sobre los derechos de la naturaleza —que llevó a Ecuador a reconocer en 2008 los derechos de la Pacha Mama en su Constitución— cita explícitamente la Ohén:ton Karihwatéhkwen como precedente. Que un mito registrado por primera vez hace dos siglos por un guerrero mohawk siga alimentando la política ambiental global en el siglo XXI dice mucho de la vitalidad del pensamiento haudenosaunee y del carácter siempre reactualizable de la caída de Sky Woman: cada vez que un puñado de barro se posa sobre la espalda de la Tortuga, la tierra vuelve a crecer.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Sky Woman y qué significa su nombre?

Sky Woman es la madre creadora primordial del ciclo cosmogónico iroqués haudenosaunee. Sus nombres varían según la nación: Awenhai en mohawk (traducible como «flor madura»), Iagentci en onondaga y Aataentsic —también escrito Ata-en-sic— en huron-wendat y tuscarora. Cae del Cielo Superior a través de un agujero abierto bajo el árbol sagrado Onodja, es sostenida en su descenso por bandadas de cisnes o gansos y depositada sobre la Gran Tortuga que emerge del mar primigenio. Con un puñado de barro traído por la rata almizclera crea Turtle Island (Norteamérica) y planta las Tres Hermanas: maíz, frijol y calabaza.

¿En qué fuentes se atestigua el mito?

La primera versión escrita en detalle por un iroqués la firmó el mohawk John Norton (Teyoninhokarawen) en su diario de 1816, publicado por la Champlain Society en 1970. En 1828 el tuscarora David Cusick publicó Sketches of Ancient History of the Six Nations, primera historia escrita por un iroqués en inglés. Elias Johnson (1881), Horatio Hale (The Iroquois Book of Rites, 1883) y sobre todo J.N.B. Hewitt en sus dos volúmenes de Iroquoian Cosmology (Bureau of American Ethnology, 1903 y 1928) fijaron la versión canónica comparando variantes mohawk, onondaga, seneca y tuscarora.

¿Qué papel juegan los animales en la creación?

Los animales acuáticos son coautores de la creación. Al ver caer a Sky Woman, los cisnes o gansos suben en bandada y forman una plataforma de plumas que amortigua el impacto y la deposita sobre la Gran Tortuga. Los grandes buceadores —nutria, castor, buceador (loon), pato zambullidor— intentan traer barro del fondo y fracasan. Solo la humilde rata almizclera (muskrat) lo logra, y muere en el intento. Este episodio, conocido como motivo del earth-diver en la etnografía, subraya el valor de lo pequeño y despreciado y hace de la creación una obra cooperativa entre Sky Woman y las especies del mar primigenio.

¿Qué relación tiene con los gemelos Sapling y Flint?

Sky Woman es la abuela de los gemelos primordiales Sapling (llamado también Sky-Holder o Tarachiawagon) y Flint (Tawiskaron, «pedernal»). Los engendra su hija —Tekawerahkwa en algunas variantes— fecundada por el Viento del Oeste, y muere al parto. Del cuerpo de la hija brotan las plantas cultivadas: maíz de la cabeza, frijol de los pechos, tabaco de las manos, fresa del corazón. Los gemelos moldean luego el mundo: Sapling lo hace fértil y benigno; Flint lo pervierte con obstáculos y monstruos. El duelo final los enfrenta: Sapling gana, Flint queda relegado bajo tierra.

¿Por qué se ha vuelto Sky Woman un emblema del pensamiento ecológico contemporáneo?

Sobre todo por el impacto del libro Braiding Sweetgrass de Robin Wall Kimmerer (Milkweed, 2013), que abre con el relato de Sky Woman y lo lee como modelo de reciprocidad ecológica: ella no llega a la tierra con las manos vacías, sino trayendo semillas, y los animales le ofrecen lo que tienen. Esta economía del don mutuo entre humanos y no humanos se propone como alternativa al extractivismo occidental. Sumado al uso de «Turtle Island» como nombre soberano de Norteamérica y a la Ohén:ton Karihwatéhkwen —el discurso de gratitud haudenosaunee que abre cada ceremonia—, Sky Woman se ha vuelto emblema del pensamiento ambiental indígena contemporáneo.

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