En breve: First Man (Altse Hastiin) y First Woman (Altse Asdzáá) son la primera pareja humana del ciclo cosmogónico navajo. Formados por los dioses Yei a partir de dos mazorcas de maíz —una blanca, una amarilla— tras la emergencia al Cuarto Mundo Blanco Reluciente, se convierten en padres del pueblo diné y en depositarios ambiguos del poder de la brujería original. Su historia sigue viva en la Hozhojii Hatal y en las pinturas de arena rituales de la Nación Navaja.
| Origen cultural | Diné/Navajo (suroeste americano — Arizona, Nuevo México, Utah, Colorado; territorio ancestral Dinetah) |
| Tipo | Primera pareja humana emergente, ancestros del pueblo diné |
| Función mítica | Ser formados de dos mazorcas de maíz por los Yei en el Cuarto Mundo y engendrar a los gemelos Monster Slayer y Born-for-Water |
| Atestación | Matthews 1897; Sandoval 1928 → O’Bryan 1956; Zolbrod 1984 |
| Vigencia hoy | Figuras centrales de la Hozhojii Hatal (Ceremonia de la Bendición del Camino Sagrado) y de la etnomedicina navaja contemporánea; se representan en pinturas de arena rituales |
Altse Hastiin y Altse Asdzáá —los nombres diné del Primer Hombre y la Primera Mujer— son la pareja fundadora de la humanidad en el relato de origen navajo, el Diné Bahané. Su historia no comienza en un jardín ni en un acto instantáneo de creación divina, sino tras una larga migración vertical: los seres protohumanos ascienden a través de tres mundos previos (negro, azul, amarillo) hasta emerger en el Cuarto Mundo, llamado Nihalgai o «Mundo Blanco Reluciente», donde los dioses Yei encabezados por Hastséyalti moldean el primer cuerpo humano a partir de dos mazorcas de maíz cubiertas por pieles de venado y animadas por el soplo de los Vientos.
La primera transcripción completa del relato la firmó el cirujano militar Washington Matthews en Navaho Legends (Houghton Mifflin, 1897), fruto de veinte años de trabajo con informantes diné en Fort Wingate. Tres décadas más tarde, en 1928, el anciano Sandoval —conocido como «Old Man Buffalo Grass»— dictó a Aileen O’Bryan una versión más extensa que el Smithsonian publicó en 1956 dentro del Boletín 163 del Bureau of American Ethnology. La reelaboración literaria contemporánea, Diné Bahané: The Navajo Creation Story de Paul Zolbrod (University of New Mexico Press, 1984), fijó el texto en su forma canónica actual y sirve hoy como base en cursos universitarios y en el sistema escolar de la Nación Navaja.
Este artículo reconstruye la historia de Altse Hastiin y Altse Asdzáá en cinco pasos: primero, el marco geográfico y cultural del pueblo diné dentro de la Dinetah y su ciclo de emergencia; segundo, el relato mismo tal como lo transcribieron Matthews y Sandoval, con las citas etnográficas más significativas; tercero, los paralelos amerindios y comparativos con otras tradiciones primordiales de creación; cuarto, el sentido de la pareja como depositaria del poder ceremonial navajo y su vigencia en el presente; y quinto, cinco preguntas frecuentes con las respuestas más pedidas sobre ambos personajes.
El pueblo diné y la geografía sagrada de la Dinetah
Índice
Los diné —»la Gente», nombre con el que los navajos se llaman a sí mismos— son un pueblo de lengua atapascana meridional que llegó al suroeste americano entre los siglos XI y XV desde el subártico canadiense, según reconstruyen la glotocronología y la arqueología (Peter Iverson, Diné: A History of the Navajos, University of New Mexico Press, 2002). Los apaches comparten con ellos la misma familia lingüística y una migración paralela, aunque los diné adoptaron rápidamente el maíz recibido de los pueblo del Río Grande, el pastoreo de ovejas tras la llegada española del siglo XVI y una economía sedentaria que los distinguió de los grupos apaches nómadas del este.
El territorio ancestral se llama Dinetah y queda enmarcado por cuatro montañas sagradas que definen los límites del mundo diné. Al este se alza Sisnaajiní (Blanca Peak, Colorado, 4.372 m), asociada al maíz blanco y al alba. Al sur, Tsoodził (Mount Taylor, Nuevo México, 3.445 m), asociada a la turquesa y al mediodía. Al oeste, Dook’o’oosłííd (San Francisco Peaks, Arizona, 3.850 m), asociada al abalone y al atardecer. Al norte, Dibé Nitsaa (Hesperus Mountain, Colorado, 4.117 m), asociada al azabache y a la noche. Cada montaña recibe ofrendas rituales durante la Hozhojii Hatal y aparece pintada en las arenas ceremoniales que se destruyen al concluir la celebración.
La Nación Navaja actual (Naabeehó Bináhásdzo) es la tribu federalmente reconocida más numerosa de Estados Unidos: unos 399.494 miembros inscritos según el censo del Buró de Asuntos Indígenas de 2022, distribuidos sobre una reserva de 71.000 kilómetros cuadrados que abarca partes de Arizona, Nuevo México y Utah —una extensión mayor que Panamá o Irlanda—. La sociedad diné se organiza en clanes matrilineales; existen entre sesenta y setenta clanes vivos, cada persona pertenece al clan de su madre y «nace para» el clan de su padre. La regla exogámica prohíbe casarse dentro del propio clan y dentro del «nacido para», lo que da al parentesco navajo un rigor genealógico notable y explica por qué presentarse en diné exige recitar los cuatro clanes de las cuatro líneas abuelas antes de decir el propio nombre.
La Hozhojii Hatal —traducida habitualmente como «Ceremonia de la Bendición» o «Camino Sagrado»— es el rito axial del sistema ceremonial navajo. Sam Gill la describe en Songs of Life (Brill, 1979) como «la ceremonia matriz de la que derivan todas las demás», y estima que un cantor experto (hataałii) puede memorizar más de quinientos cantos y decenas de secuencias rituales. La Hozhojii Hatal se celebra en bodas, en el kinaaldá (rito de pubertad femenina en honor a Estsanatlehi, la Mujer Cambiante), en la bendición de una casa nueva (hogan) y en la protección de personas que emprenden viajes largos. En cada una de estas ceremonias se repite el relato de la creación de Altse Hastiin y Altse Asdzáá, porque cada nuevo comienzo humano se entiende como una reactualización del primer nacimiento en el Cuarto Mundo.
El maíz sagrado (naadą́ą́) tiene un lugar central en este universo simbólico. Sus cuatro colores rituales —blanco, azul, amarillo, negro— se asignan a los puntos cardinales, a los sexos y a los estados del día. El maíz blanco es masculino y del este; el azul, femenino y del sur; el amarillo, masculino y del oeste; el negro, femenino y del norte. Que First Man surgiera del maíz blanco y First Woman del maíz amarillo tiene, por tanto, un sentido preciso dentro de esta gramática de colores: la pareja primordial nace en el eje este-oeste, el que traza el recorrido diario del sol y ordena las hogan navajas siempre con la puerta orientada al amanecer. El polen sagrado que se esparce al final de cada canto ceremonial —tádídíín— proviene precisamente de estas mazorcas rituales, y quien lo recibe en la palma queda simbólicamente reconstituido de la misma materia con la que fueron hechos los antepasados.
El relato de Altse Hastiin y Altse Asdzáá según Matthews y Sandoval
El Diné Bahané abre con la ascensión desde el Primer Mundo, Ni’ Hodilhil, «el mundo negro». Allí habitaban seres pensantes con forma de insecto —hormigas, escarabajos, chinches— que vivían enfrentados. La ira y el adulterio los expulsaron hacia arriba a través de una abertura, y llegaron al Segundo Mundo, azul, poblado por gorriones azules y golondrinas. También aquí el conflicto los sacó por otro agujero, y así ascendieron al Tercer Mundo, amarillo, donde la gran inundación causada por el ultraje del Coyote —que había raptado a los hijos del monstruo del agua Tééhoołtsódii— los obligó a huir subiendo por el interior de un carrizo mágico. Al asomarse por lo alto, encontraron el Cuarto Mundo: Nihalgai, «el Blanco Reluciente», la superficie de la tierra que hoy pisamos.
Fue allí donde los Yei —los dioses del alba— decidieron dar forma humana definitiva a los seres emergidos. Washington Matthews recogió la escena central en Navaho Legends (1897, p. 69) con estas palabras que resumen el gesto creador: «sobre la piel de venado colocaron dos mazorcas, una de maíz blanco y otra de maíz amarillo; las cubrieron con otra piel; los Vientos soplaron entre las pieles, y cuando el pueblo santo levantó la cobertura de encima, las mazorcas se habían transformado en un hombre y una mujer». La versión que Sandoval dictó en 1928 a Aileen O’Bryan y que el Smithsonian publicó en 1956 añade detalles: junto a las mazorcas se pusieron dos plumas de gallineta blanca —el pájaro asociado al maíz—, plumas del águila del este, del oeste, del sur y del norte, y una punta de arcoíris que unía los extremos de la piel superior.
La distinción de la sustancia primigenia importa. El maíz blanco engendró al hombre, Altse Hastiin; el maíz amarillo engendró a la mujer, Altse Asdzáá. Paul Zolbrod comenta la elección en su edición de 1984: la doble mazorca traduce, en material vegetal, la dualidad complementaria del este masculino y el oeste femenino que ya se había manifestado en el ordenamiento de las montañas sagradas y en el diseño del hogan. Nada en el nacimiento humano es aleatorio: la carne del pueblo diné es, literalmente, la carne del maíz, y el sudor de la frente al amasar la harina —según los rezos de la Hozhojii Hatal— es el mismo sudor con el que los Yei animaron a la primera pareja. Zolbrod añade que la ceremonia se abre siempre con la fórmula «así fue como sucedió en el principio», una manera de recordar al oyente que el rito no representa el origen sino que lo reactiva.
Sandoval refirió a O’Bryan una escena que Matthews había atenuado: al salir del Cuarto Mundo, First Man llevaba consigo una bolsa hecha con la piel de un venado no sacrificado (piel obtenida por asfixia con polen sagrado) en la que guardaba las «cosas oscuras» —las medicinas para hacer daño, los objetos de la brujería original—. Karl Luckert lo interpreta en The Navajo Hunter Tradition (University of Arizona Press, 1975) como signo del carácter ambivalente de la primera pareja: portadora simultánea de la fertilidad del maíz y del poder oscuro que puede volverse contra quien lo maneja. La bolsa, en la versión de Sandoval, permaneció escondida bajo el hogan de los ancianos y explica por qué la hózhóójí —la senda del equilibrio bello— debe repetirse a lo largo de toda la vida: para contener aquel primer peligro.
El episodio del Coyote y la invención de la muerte cierra el bloque narrativo inaugural. Cuando First Man y First Woman debatían si los humanos debían ser mortales o inmortales, el Coyote —al que Sandoval llama Ma’ii, «el que anda solo»— tomó una piedra y la arrojó al río diciendo: «si flota, viviremos para siempre; si se hunde, moriremos». La piedra se hundió. Al principio los dos primeros humanos se enfurecieron con él, pero comprendieron que sin muerte la tierra pronto se colmaría y el maíz no bastaría para nadie. Aceptaron entonces la mortalidad como precio de la fecundidad, y Coyote quedó marcado como el hermano ambiguo que trae el ingenio y la desgracia por igual (véase también nuestra ficha sobre Coyote). Este pasaje es uno de los más comentados por la antropología del ciclo trickster americano.
De la unión de Altse Hastiin y Altse Asdzáá nacieron primero cinco pares de gemelos —los antepasados de los principales clanes navajos— y, más tarde, después de largos episodios de instrucción por parte de los Yei, la línea que llevaría a Estsanatlehi, la Mujer Cambiante, madre de los gemelos guerreros Nayenezgani («Monster Slayer») y Tobadzischini («Born-for-Water»). Estos gemelos, ya publicados en nuestro corpus, son quienes limpian el Cuarto Mundo de los monstruos que amenazaban a los primeros seres humanos, para que el pueblo diné pueda por fin habitar la Dinetah en paz. Sin First Man y First Woman como bisabuelos, la genealogía sagrada de la Nación Navaja carece de raíz.
Paralelos amerindios y significado antropológico
El motivo de la pareja primordial creada por seres divinos es uno de los más universales del imaginario humano. En la tradición judeocristiana, Adán y Eva —moldeados de barro y de la costilla del hombre, respectivamente— cumplen una función análoga. En la mitología nórdica, los dioses Odín, Hœnir y Lóðurr encuentran dos troncos de árbol en la playa y les insuflan alma, sentido y sangre para formar a Ask y Embla. Los paralelos formales son claros: la sustancia primigenia (barro, madera, maíz) es siempre humilde, y la vida entra por un soplo o un canto de los seres superiores. Lo que distingue al relato navajo es la elección del maíz como sustancia y la doble mazorca de dos colores como signo de la dualidad sexual, un rasgo que sitúa a los diné dentro de la gran familia mítica de los pueblos cerealícolas de las Américas.
Dentro del continente americano, los paralelismos son numerosos y significativos. Los mayas k’iche’ del Popol Vuh —recogido por el fraile dominico Francisco Ximénez a comienzos del siglo XVIII— narran cómo los dioses Tepeu y Gucumatz intentaron tres veces formar a los primeros humanos: de barro (se deshicieron), de madera (no honraban a los dioses) y, finalmente, de masa de maíz molido con la que amasaron carne y sangre. La coincidencia con el relato diné es sorprendente: dos pueblos separados por miles de kilómetros y siglos de aislamiento identifican al maíz como la sustancia por excelencia del cuerpo humano. Enrique Florescano ha propuesto en Los orígenes del poder en Mesoamérica (FCE, 2009) que este simbolismo comparte una raíz agrícola profunda que engloba el arco entero de las culturas del maíz, desde los pueblo del suroeste hasta los mayas de las tierras bajas.
Otros paralelos amerindios ilustran variantes del mismo tema. Entre los ye’kwana del alto Orinoco, Wanadi crea a los humanos al fumar tabaco y soplar el humo sobre el barro; entre los muisca de la sabana de Bogotá, Bochica llega desde el este pero no crea a la primera pareja, sino que reordena una humanidad ya existente; entre los iroqueses del noreste, la Sky Woman crea la tierra a partir de un puñado de barro traído por la rata almizclera, y de su hija nacen los gemelos Sapling y Flint (parecidos a Nayenezgani y Tobadzischini). El elemento común es la aparición temprana de gemelos como segunda generación tras la pareja o madre primordial: un motivo que Claude Lévi-Strauss estudió en Historia de Lince (Anagrama, 1991) como huella del dualismo americano.
Gladys Reichard, en Navaho Religion: A Study of Symbolism (Bollingen, 1950) —la obra más ambiciosa sobre el simbolismo diné del siglo XX—, dedicó un capítulo entero a la pareja primordial. Su lectura enfatiza la ambivalencia moral: Altse Hastiin y Altse Asdzáá son a la vez benefactores y peligrosos, portadores de la fertilidad y de la brujería, del maíz que alimenta y del chindi que enferma. Esta doble valencia —observa Reichard— explica por qué en las ceremonias diné rara vez se los invoca en solitario: siempre se los canta dentro de la larga cadena de los Diyin Dine’é (los «Pueblos Santos»), donde su poder queda enmarcado y contenido por el resto del panteón.
La antropóloga Trudy Griffin-Pierce, en Earth Is My Mother, Sky Is My Father (University of New Mexico Press, 1992), sumó una lectura astronómica: las pinturas de arena que representan a First Man y First Woman los sitúan siempre en el eje este-oeste bajo la constelación de Nahookos Bi’ka’ii (la «gran Osa masculina», la Osa Mayor) y su contraparte femenina Nahookos Bi’áadii (Casiopea), reforzando la idea de que la pareja primordial es también un patrón estelar. La Vía Láctea, en la tradición diné, es el sendero de polen amarillo que Altse Asdzáá dejó al caminar por el firmamento, una imagen que reaparece en los cantos de bendición del kinaaldá y que hace del cielo nocturno un pergamino en el que se lee, cada noche despejada, el relato de origen.
Más allá del mito
La historia de Altse Hastiin y Altse Asdzáá no vive hoy solo como recuerdo folclórico. Sigue oficiando de matriz ritual para el pueblo diné contemporáneo, uno de los grupos indígenas más numerosos de Estados Unidos y uno de los que mejor ha sabido preservar su lengua —el diné bizaad— y su ceremonial. En las escuelas de la Nación Navaja, desde el Diné College de Tsaile hasta las escuelas primarias de Chinle, el Diné Bahané se enseña como texto formativo, y las ediciones de Zolbrod y de O’Bryan son lectura obligada en los cursos de estudios navajos. La memoria de la primera pareja se ha vuelto también un pilar de la identidad política: cuando el Consejo Tribal aprobó en 2005 el Diné Fundamental Law como marco legal complementario de la constitución tribal, incluyó explícitamente el relato de emergencia como una de sus cuatro fuentes normativas.
La Long Walk de 1864 —la deportación forzosa de más de ocho mil diné al Bosque Redondo, en el este de Nuevo México, tras la campaña de Kit Carson— podría haber cortado el hilo de la transmisión oral. No lo hizo. Como documentaron Iverson y otros, los ancianos siguieron cantando la Hozhojii Hatal en cautiverio, y cuando el Tratado de 1868 permitió el regreso a la Dinetah, los cantos volvieron con sus poseedores. Peter Iverson calcula que a comienzos del siglo XXI todavía sobrevivían más de trescientos hataałii plenamente entrenados en la ceremonia de la bendición, aunque el número descienda cada década. La supervivencia del rito depende hoy de programas de aprendizaje intergeneracional financiados por la propia nación y por universidades como Northern Arizona, que documentan grabaciones bajo el consentimiento del Consejo de Cantores.
Para los diné del siglo XXI, First Man y First Woman no son metáfora. Son los abuelos de todos: aquellos cuyos nombres se pronuncian, en voz baja, al iniciar el kinaaldá de una nieta o al bendecir el hogan de una familia recién casada. Que sigan invocados —después de la deportación, las escuelas de misión, la explotación minera del uranio en la reserva y la epidemia de covid-19 que golpeó a la Nación Navaja con especial dureza en 2020, cuando la tasa per cápita superó la de cualquier estado— dice mucho de la resistencia del hózhó, el «camino bello y equilibrado» que la primera pareja inauguró al levantar la piel de venado y respirar por primera vez el aire del Cuarto Mundo Blanco Reluciente.
Preguntas frecuentes
¿Quiénes son Altse Hastiin y Altse Asdzáá exactamente?
Altse Hastiin (First Man, «Primer Hombre») y Altse Asdzáá (First Woman, «Primera Mujer») son la pareja humana primordial del relato de origen navajo (Diné Bahané). Fueron formados por los dioses Yei en el Cuarto Mundo, llamado Nihalgai o «Mundo Blanco Reluciente», a partir de dos mazorcas de maíz —una blanca para el hombre, una amarilla para la mujer— cubiertas por pieles de venado y animadas por el soplo de los Vientos. De su unión desciende, a través de varias generaciones, el pueblo diné completo, así como Estsanatlehi (la Mujer Cambiante) y sus hijos gemelos Nayenezgani y Tobadzischini.
¿En qué fuentes se atestigua el mito?
La primera transcripción sistemática la firmó el cirujano militar Washington Matthews en Navaho Legends (Houghton Mifflin, 1897). En 1928 el anciano Sandoval («Old Man Buffalo Grass») dictó una versión más completa a Aileen O’Bryan que el Smithsonian publicó como Boletín 163 del Bureau of American Ethnology (1956). Berard Haile aportó fragmentos rituales complementarios en Origin Legend of the Navaho Enemy Way (Yale, 1938). La reelaboración literaria moderna es Diné Bahané: The Navajo Creation Story de Paul Zolbrod (University of New Mexico Press, 1984), hoy texto base en el sistema escolar de la Nación Navaja.
¿Qué papel juegan First Man y First Woman en la brujería navaja?
En la versión que Sandoval dictó a O’Bryan, First Man trajo consigo desde el Tercer Mundo una bolsa de piel de venado con las «cosas oscuras»: los materiales de la brujería original. Karl Luckert lo interpretó como signo del carácter ambivalente de la primera pareja, portadora simultánea de la fertilidad del maíz y del poder que puede dañar. Esta dualidad explica por qué las ceremonias navajas deben repetirse constantemente para mantener el equilibrio (hózhó): la brujería no es un accidente introducido tardíamente, sino un poder que ya estaba presente en el origen mismo del pueblo diné.
¿Qué relación tienen con los gemelos Monster Slayer y Born-for-Water?
First Man y First Woman son los bisabuelos míticos de los gemelos guerreros Nayenezgani («Monster Slayer») y Tobadzischini («Born-for-Water»). Entre ellos se sitúa la generación de Estsanatlehi (la Mujer Cambiante), hija adoptiva de First Man y First Woman y madre de los gemelos, engendrados por el Sol y el Agua. Los gemelos matan a los monstruos que amenazaban al pueblo diné en los primeros tiempos del Cuarto Mundo, permitiendo así el asentamiento definitivo en la Dinetah. Sin la genealogía inaugurada por la primera pareja, la epopeya de los gemelos carece de raíz.
¿Se sigue practicando la Hozhojii Hatal hoy?
Sí. La Hozhojii Hatal (Ceremonia de la Bendición del Camino Sagrado) sigue oficiándose regularmente en la Nación Navaja para bodas, ritos de pubertad femenina (kinaaldá), bendición de nuevas casas (hogan) y protección de personas que emprenden viajes largos. Peter Iverson estimó que a inicios del siglo XXI todavía sobrevivían más de trescientos hataałii (cantores rituales) plenamente entrenados en el ceremonial, aunque el número desciende cada década. Programas de aprendizaje intergeneracional financiados por el Diné College y por universidades como Northern Arizona documentan hoy los cantos bajo el consentimiento del Consejo de Cantores.





