Tupã, el dios guaraní del trueno y nombre jesuítico de Dios

En breve. Tupã —también Tupán en las variantes mbyá y Tupâ en la grafía académica— es el dios del trueno y del rayo del panteón guaraní y tupí, señor de las tormentas y de la lluvia torrencial que abre la temporada agrícola en la cuenca del Río de la Plata y en la Amazonía brasileña. En las variantes tupinambá del siglo XVI documentadas por André Thevet en 1557 y Jean de Léry en 1578, figura como deidad principal del cielo; en el sistema mbyá-guaraní moderno documentado por León Cadogan en su Ayvu Rapyta (1959) es una potencia subordinada al creador supremo Ñamandú Ru Ete tenondegua. La decisión lexicográfica de Antônio Ruiz de Montoya en su Tesoro de la lengua guaraní (Madrid, 1639) de traducir «Dios cristiano» al guaraní como Tupã marca todo el guaraní jesuítico posterior y hace que hoy, en el guaraní paraguayo oficial, «Dios» se diga Tupã.

Origen culturalPueblos guaraníes y tupí de la cuenca del Río de la Plata (Paraguay, Argentina noreste, Uruguay), del planalto sur brasileño (Rio Grande do Sul, Paraná, São Paulo) y de la costa atlántica de Brasil desde el Amazonas hasta la Laguna de los Patos en los siglos XVI-XVII; familia lingüística tupí-guaraní con unas veinte lenguas emparentadas, entre ellas guaraní paraguayo, mbyá, avá/chiripá, paĩ-tavyterã, kaiowá, aché, guarayo, tupí antiguo, tupinambá y tupiniquim
TipoDios del trueno, del rayo, de la lluvia torrencial y de las tormentas; deidad supraceleste en las variantes tupinambá del siglo XVI y potencia subordinada al creador supremo Ñamandú en el sistema mbyá-guaraní moderno documentado por Cadogan (1959) y Melià (1988)
Función míticaRegir el trueno (Tupã) y el rayo (tupã’i, relámpago), abrir la temporada de lluvias del calendario agrícola guaraní, dejar caer al mundo la piedra roja (itá pytã) que los guaraníes atesoraban como amuleto tras el impacto del rayo; su esposa es Arasy, madre celestial, y de ambos descienden en algunas variantes tupinambá los primeros seres humanos
AtestaciónAndré Thevet, Les Singularitez de la France Antarctique (Paris, 1557 y 1558); Jean de Léry, Histoire d’un voyage faict en la terre du Brésil (La Rochelle, 1578); Manuel da Nóbrega, S.J., Cartas do Brasil (1549-1560); José de Anchieta, S.J., Arte de gramática da língua mais usada na costa do Brasil (Coimbra, 1595) y Cartas (1554-1594); Antônio Ruiz de Montoya, S.J., Tesoro de la lengua guaraní (Madrid, 1639) y Conquista espiritual del Paraguay (Madrid, 1639); Bartomeu Melià, El guaraní conquistado y reducido (CEADUC, Asunción, 1988)
Vigencia hoyNombre canónico de Dios en el guaraní paraguayo oficial y en la liturgia católica en guaraní; interjección coloquial de asombro («¡Tupã!»); toponimia (municipio de Tupã en São Paulo, poblado desde 1929); presencia en la literatura de Augusto Roa Bastos y en la música paraguaya de José Asunción Flores; sentido meteorológico prehispánico conservado en las comunidades mbyá, avá guaraní, paĩ-tavyterã y kaiowá del Paraguay, Argentina y Brasil

Tupã —también Tupán en la variante mbyá y Tupâ en la grafía académica— es la deidad del trueno y del rayo del panteón guaraní y tupí. Su instrumento es el rayo mismo (tupãvera, «brillo de Tupã»); su acompañante es la lluvia torrencial del verano austral que abre la temporada agrícola en la cuenca del Río de la Plata y en la Amazonía brasileña. Cuando Tupã descarga un rayo sobre la selva o sobre el planalto, según la tradición, cae del cielo una piedra especial de color rojizo, la itá pytã, que los guaraníes recogían y guardaban como amuleto de fuerza. La esposa de Tupã es Arasy, madre celestial, y de la pareja descienden en algunas variantes tupinambá del siglo XVI los primeros seres humanos, aunque en el sistema mbyá contemporáneo esa función queda reservada al creador supremo Ñamandú Ru Ete tenondegua.

La documentación europea del dios es una de las más antiguas y ricas de todo el panteón indígena sudamericano. Los cronistas franceses de la France Antarctique de Villegagnon en Rio de Janeiro entre 1555 y 1560 —André Thevet en Les Singularitez de la France Antarctique (Paris, 1557) y Jean de Léry en Histoire d’un voyage faict en la terre du Brésil (La Rochelle, 1578)— dejaron descripciones detalladas del dios del trueno tupinambá. Los jesuitas portugueses de la Bahía y de São Vicente entre 1549 y 1594 —Manuel da Nóbrega en sus Cartas do Brasil y José de Anchieta en la Arte de gramática da língua mais usada na costa do Brasil (Coimbra, 1595)— consignaron el nombre en el contexto de la primera catequesis. Y los jesuitas del Paraguay del siglo XVII, encabezados por el peruano Antônio Ruiz de Montoya, fijaron su uso lexicográfico definitivo al traducir «Dios» al guaraní como Tupã en el Tesoro de la lengua guaraní (Madrid, 1639).

Esa decisión lexicográfica jesuítica del siglo XVII produjo un desplazamiento semántico duradero que marca el guaraní hasta hoy. La deidad guaraní original tenía función meteorológica específica —trueno, rayo, lluvia— dentro de un panteón amplio en el que otras potencias regían la creación, la selva, los ríos y los espíritus del monte, entre ellas Kurupí, Pombero, Jasy Jaterê y los siete hijos monstruosos de Tau y Kerana. La superposición del Dios cristiano sobre Tupã reordenó el panteón en la lengua misma, y en el guaraní paraguayo moderno —oficial junto con el castellano por la Constitución de 1992 y hablado por unos cinco millones de personas— la palabra Tupã designa hoy antes al Dios único de la teología cristiana que al dios prehispánico del trueno. Recuperar el sentido original exige lectura filológica de los cronistas franceses y jesuitas de los siglos XVI y XVII y del trabajo etnográfico moderno de León Cadogan, Egon Schaden, Bartomeu Melià, Curt Nimuendajú y Pierre y Hélène Clastres sobre las comunidades mbyá y avá guaraní vigentes.

Dios del trueno, del rayo y del ruido del cielo

La etimología del nombre Tupã ha sido discutida desde el siglo XVII. Una primera teoría, ya insinuada por Ruiz de Montoya en el Tesoro de 1639 y desarrollada por lexicógrafos guaraníes contemporáneos, deriva el nombre de la raíz tu —onomatopeya del ruido, del golpe, del reventón sonoro— más la partícula —interjección de asombro—, con el significado aproximado de «¡qué ruido!» o «el gran ruido del cielo». Es la etimología del propio trueno: el fenómeno atmosférico nombrado por el sonido que produce. Una segunda teoría, más especulativa, remite el nombre a una raíz proto-tupí-guaraní para «gran fuerza celestial» o «potencia del cielo», con paralelos en otras lenguas de la familia. La primera hipótesis tiene mejor apoyo en el uso vulgar contemporáneo —en el guaraní paraguayo actual, «¡Tupã!» sigue siendo exclamación de asombro ante un ruido súbito o un acontecimiento inesperado— y es la que la lexicografía moderna suele preferir.

La función meteorológica primaria de Tupã es coherente con el calendario agrícola guaraní y tupí. La estación de lluvias en la cuenca del Río de la Plata y en la Amazonía sur va aproximadamente de octubre a marzo, con máximos de precipitación entre diciembre y febrero coincidentes con el verano austral. Es la temporada en que germinan y crecen los cultivos fundamentales de la horticultura guaraní: mandioca (manihot esculenta), maíz, batata, calabaza, poroto, cará. Las tormentas eléctricas del verano son violentísimas y frecuentes, especialmente sobre el planalto brasileño, en los pastizales del noreste argentino y en el este paraguayo. Tupã es la deidad responsable directa de esa temporada: sus rayos anuncian la llegada de las lluvias, y el tupã’i —el relámpago, literalmente «el pequeño Tupã»— es la señal visual del inicio del ciclo agrícola. Sin Tupã no hay lluvia; sin lluvia no hay cosecha; sin cosecha no hay vida sedentaria en la selva ni en el pastizal.

El motivo de la itá pytã —la piedra roja que cae del cielo cuando Tupã lanza un rayo— es uno de los rasgos etnográficos más constantes y más antiguos del ciclo. André Thevet lo consigna ya en 1557, y Jean de Léry lo confirma en 1578 con detalles precisos sobre el aprecio ritual que los tupinambá dedicaban a esas piedras. Se trata muy probablemente de fragmentos de fulguritas —tubos vitrificados que se forman en la arena o en el suelo cuando un rayo de gran potencia impacta— o de nódulos ferrosos que quedaban expuestos por el impacto. Los tupinambá del siglo XVI y los guaraníes contemporáneos las recogían tras la tormenta, las conservaban envueltas en tela y las usaban como amuleto de fuerza y de protección contra nuevos rayos. Manuel da Nóbrega describe en una carta de 1549 el asombro con que los primeros jesuitas descubrieron que los indios tenían una teología meteorológica funcional que se materializaba en objetos rituales concretos. Es uno de los detalles etnográficos que mejor prueba la profundidad histórica del culto a Tupã antes del contacto europeo.

El panteón guaraní y tupí en el que Tupã se inscribe es amplio y funcionalmente diferenciado. Cada potencia rige un dominio propio y comparte territorio con las demás sin absorberlas ni ser absorbida. Junto a Tupã del rayo, la lengua guaraní conserva los nombres de Curupira (protector de la selva y de la caza en la tradición tupí y guaraní), Iara (madre de las aguas amazónicas), Boi-Tatá (serpiente de fuego del cerrado brasileño), Kurupí (fecundador del monte), Pombero (duende protector nocturno), Jasy Jaterê (dueño de la siesta), Mbói Tu’ĩ y Moñái (dos de los siete hijos monstruosos de Tau y Kerana), Ao Ao (fiera de siete cabezas), Teju Jaguá (lagarto-jaguar), Anhangá (protector amazónico de los animales de caza), Saci-Pererê (duende de una sola pierna del planalto brasileño), Jurupari (legislador ritual amazónico) y Caipora (compañera de Curupira en la protección de la selva). Sobre todo ese panteón meteorológico, selvático y agrícola descuella, en la teología mbyá contemporánea, la figura creadora suprema del Ñamandú Ru Ete tenondegua, cuyo cantar sagrado abre el Ayvu Rapyta registrado por Cadogan en 1959.

La comparación tipológica con otras deidades del trueno americanas ayuda a situar a Tupã en su marco continental. La deidad quechua del rayo del panteón inca es Illapa, funcionalmente equivalente en el mundo andino y también asociada al rayo, al granizo y a la lluvia torrencial estacional. La deidad aymara pre-inca del rayo es Tunupa, cuya raíz thunu designa igualmente el reventón sonoro del trueno. En Mesoamérica, el zapoteca Cocijo y el mixteco Dzahui ocupan la misma posición funcional. Todas estas figuras comparten dos rasgos estructurales: la asociación con el rayo como manifestación de una potencia celeste y la vinculación con el inicio de la temporada agrícola de lluvias. Tupã pertenece a esa familia americana amplia de dioses del trueno, y su versión tupí-guaraní añade dos particularidades propias: la itá pytã como objeto material asociado a la descarga eléctrica, y la pareja divina con Arasy como madre celestial.

La superposición jesuítica: Tupã como nombre guaraní de Dios (Ruiz de Montoya 1639)

La entrada del cristianismo en el mundo guaraní se produjo en dos escenarios distintos y complementarios. En Brasil, la Compañía de Jesús llegó con Manuel da Nóbrega en 1549 acompañando al primer gobernador general Tomé de Souza, y desarrolló su misión entre los tupinambá y los tupiniquim de la costa atlántica desde Bahía hasta São Vicente durante la segunda mitad del siglo XVI. En el Paraguay y en las tierras del Guayrá, del Tape y del Uruguay, los jesuitas fundaron a partir de 1609 las Reducciones —treinta pueblos misionales que llegaron a agrupar a unos ciento cincuenta mil guaraníes bautizados en la primera mitad del siglo XVIII, con administración autónoma respecto de la Corona española hasta la expulsión de la Compañía en 1767. En ambos escenarios, la política lingüística fue idéntica: catequizar en la lengua indígena, no imponer el latín ni el portugués ni el castellano, y traducir los conceptos teológicos cristianos usando términos guaraníes o tupí preexistentes.

El traductor decisivo fue el jesuita peruano de origen limeño Antônio Ruiz de Montoya (1585-1652), superior de las Reducciones del Guayrá entre 1620 y 1631, autor del Tesoro de la lengua guaraní (Madrid, 1639) y de la Arte, vocabulario, tesoro y catecismo de la lengua guaraní publicados en Madrid entre 1639 y 1640. En el Tesoro —la mayor gramática y diccionario guaraní del siglo XVII, obra que sigue siendo referencia lexicográfica obligada— Ruiz de Montoya fijó la traducción canónica de «Dios cristiano» al guaraní como Tupã. La decisión estaba precedida por el uso ya asentado entre los jesuitas del Brasil desde José de Anchieta en los años 1560-70, que en su Arte de gramática da língua mais usada na costa do Brasil (Coimbra, 1595) y en su catecismo bilingüe tupí-portugués había traducido «Deus» como «Tupã». La Conquista espiritual del Paraguay (Madrid, 1639) del propio Ruiz de Montoya narra en tono épico la evangelización de los guaraníes usando ya sistemáticamente el nombre Tupã para el Dios trinitario.

La superposición produjo consecuencias semánticas duraderas. Al bautizar al Dios cristiano con el nombre del dios guaraní del trueno, los jesuitas forzaron una equivalencia funcional que la teología cristiana no contemplaba —el Dios único trinitario no es el trueno— pero que era la única manera de introducir el concepto de una deidad suprema en una lengua cuyo léxico religioso estaba diseñado para un panteón funcionalmente diferenciado. Con el tiempo, y sobre todo tras dos siglos de catequesis reduccional intensiva, el nombre Tupã perdió su especificidad meteorológica primaria y pasó a designar en el guaraní paraguayo simplemente «Dios», sin marca teológica particular. El dios prehispánico del trueno quedó desplazado del uso corriente, y hoy los hablantes de guaraní paraguayo no asocian espontáneamente el nombre con el trueno sino con Dios en sentido cristiano. La recuperación filológica del sentido original es tarea de los etnógrafos y lingüistas contemporáneos.

Las Reducciones jesuíticas del Paraguay (1609-1767) fueron el laboratorio institucional principal de esa superposición. Los treinta pueblos misionales del Guayrá, del Tape, del Uruguay y del Paraná —San Ignacio Miní, Nuestra Señora de Loreto, Yapeyú, San Miguel, La Cruz, entre otros— agrupaban a comunidades guaraníes bajo autoridad jesuítica con administración indígena interna, alfabetización en guaraní escrito con caracteres latinos, imprenta propia (la primera imprenta del Río de la Plata funcionó en las Reducciones desde 1700), y una vida religiosa organizada en torno al culto católico celebrado íntegramente en guaraní. Los cantorales, las obras de teatro sacro, los catecismos, las gramáticas y los diccionarios producidos en esta imprenta reduccional usaron Tupã como nombre canónico de Dios, y el uso se transmitió generacionalmente a los descendientes de aquellas comunidades. La Guerra Guaranítica (1754-1756), suscitada por el Tratado de Madrid de 1750 que cedía a Portugal siete reducciones jesuíticas al este del río Uruguay, y la expulsión de la Compañía de Jesús decretada por Carlos III en 1767, cerraron la etapa reduccional. Pero el desplazamiento semántico ya estaba consolidado.

En el Paraguay independiente desde 1811, y bajo los regímenes sucesivos de José Gaspar Rodríguez de Francia (1814-1840), de los López (1840-1870) y de los posteriores gobiernos hasta hoy, el guaraní se mantuvo como lengua coloquial hablada por la mayoría de la población y como lengua vehicular en el campo, con la palabra Tupã instalada firmemente en el vocabulario religioso cristiano. La Constitución paraguaya de 1992 declaró el guaraní lengua oficial junto con el castellano, y la Ley de Lenguas de 2010 desarrolló ese reconocimiento con la creación de la Secretaría de Políticas Lingüísticas y de la Academia de la Lengua Guaraní. El uso litúrgico católico contemporáneo en guaraní —misa, cantos, catecismo, plegaria— emplea sistemáticamente Tupã para «Dios», y en las diócesis paraguayas del Alto Paraná, Itapúa, Guairá y Concepción la formación catequética bilingüe sigue transmitiendo el nombre. Es el sincretismo lexicográfico más profundo y duradero producido por la evangelización jesuítica en Sudamérica.

Tupã en la lengua y la memoria del Paraguay contemporáneo

El guaraní paraguayo es hoy una de las pocas lenguas indígenas americanas con estatuto oficial pleno en un Estado nacional. La Constitución de la República del Paraguay de 1992 lo reconoce en su artículo 140 como idioma oficial junto con el castellano; la Ley de Lenguas de 2010 desarrolló ese reconocimiento y creó la Secretaría de Políticas Lingüísticas y la Academia de la Lengua Guaraní. Alrededor de cinco millones de personas lo hablan, la mayoría de ellas en Paraguay pero también en el nordeste argentino (Misiones, Corrientes, Chaco, Formosa), en el sur brasileño (Mato Grosso do Sul, Paraná) y en la diáspora paraguaya de Buenos Aires y São Paulo. En ese guaraní vivo, la palabra Tupã aparece con dos significados superpuestos: el religioso cristiano, dominante, en el que designa al Dios único; y el exclamativo, ampliamente vigente, en el que «¡Tupã!» se usa como interjección de asombro ante un ruido súbito, un acontecimiento inesperado o un espectáculo sobrecogedor. Los dos usos coexisten sin conflicto, y solo la reflexión filológica hace visible la historia religiosa que los separa.

La toponimia registra también el nombre. El municipio brasileño de Tupã, en el interior del estado de São Paulo, fue fundado en 1929 durante la expansión cafetera del Oeste Paulista y recibió su nombre en homenaje a la deidad tupí; hoy tiene unos setenta mil habitantes y conserva en su nombre y en su escudo la referencia al dios del trueno. En el Paraguay, varias localidades menores llevan compuestos con TupãTupãrenda («morada de Tupã»), Tupã ao—, y numerosas iglesias católicas rurales del país llevan el nombre en su advocación bilingüe. En Argentina, la provincia de Misiones conserva el nombre en algunos parajes rurales de las colonias guaraníes de la zona de Iguazú y del Alto Paraná. En Brasil, el nombre aparece en cerámica ritual arqueológica del planalto y en el vocabulario etnográfico contemporáneo de los grupos guaraní ñandeva y kaiowá de Mato Grosso do Sul. La difusión del nombre en la toponimia del Cono Sur —incluidas plazas, calles y establecimientos comerciales—confirma la profundidad de su instalación en el sustrato cultural del continente.

La presencia de Tupã en la literatura y en la música paraguaya del siglo XX es continua. Augusto Roa Bastos (1917-2005), premio Cervantes 1989 y principal narrador paraguayo contemporáneo, menciona el nombre en varias obras y explora en Yo el Supremo (1974) y en Hijo de hombre (1960) la tensión entre el catolicismo rural, la memoria guaraní y el poder político paraguayo. José Asunción Flores (1904-1972), creador del género musical de la guarania en 1925, compuso canciones en guaraní que hoy son himnos nacionales oficiosos y en las que la palabra Tupã aparece con carga religiosa y sentimental —notablemente en India (1929), sobre poema de Manuel Ortiz Guerrero. El poeta bilingüe Elvio Romero (1926-2004) y el músico Osvaldo Sosa Cordero (1906-1986) mantuvieron esa presencia en la producción cultural del siglo XX. Y las liturgias católicas contemporáneas en guaraní —celebradas en las diócesis paraguayas, en el Chaco argentino y en las comunidades guaraní del Brasil— usan Tupã como nombre canónico de Dios en cantos, plegarias y catequesis. En el registro popular, la exclamación «¡Che Tupã!» («¡Mi Dios!») es de uso corriente entre los hablantes de guaraní paraguayo de todas las edades.

Las comunidades indígenas guaraní contemporáneas —mbyá, avá guaraní, paĩ-tavyterã, kaiowá, ñandeva, chiriguano/guarayo, aché— mantienen una relación con el nombre Tupã que difiere del uso paraguayo mestizo. Para los mbyá documentados por Cadogan en Ayvu Rapyta (1959) y por Bartomeu Melià en El guaraní conquistado y reducido (CEADUC, Asunción, 1988), Tupã es potencia meteorológica subordinada al creador supremo Ñamandú Ru Ete tenondegua, y no debe confundirse con el Dios cristiano importado por los jesuitas. La distinción es importante en la teología mbyá contemporánea: Ñande Ru Papá Tenondé —Nuestro Gran Padre Primero— es el creador; Tupã es su servidor del trueno, uno entre varios karai o divinidades menores del panteón. Esta lectura, recuperada por los etnógrafos del siglo XX y sostenida hoy por los propios mbyá en sus propias palabras, es un correctivo importante al uso jesuítico y católico dominante en el guaraní paraguayo oficial. Los opy —casas ceremoniales— del Guayrá paraguayo, de Misiones argentina y del sur brasileño mantienen vivos los cantos y las danzas (jeroky) en los que la figura original del dios del trueno guaraní conserva su lugar propio, acompañada del mbaraká (maraca ritual), del rave (violín guaraní) y del petyngua (pipa ceremonial).

Más allá del mito

Thevet (1557), Léry (1578), Nóbrega y Anchieta (1549-1594) documentaron a Tupã como dios del trueno tupinambá y como potencia meteorológica del cielo. Ruiz de Montoya en el Tesoro de la lengua guaraní (Madrid, 1639) fijó el uso jesuítico del nombre para traducir «Dios cristiano» al guaraní, y esa decisión lexicográfica marca hasta hoy el guaraní paraguayo oficial. Los etnógrafos modernos —Nimuendajú (1914), Cadogan (1959), Schaden (1954), los Clastres (1974-1975), Melià (1988)— restituyeron la lectura original mbyá y avá guaraní, en la que Tupã es servidor del trueno subordinado al creador Ñamandú Ru Ete tenondegua. La figura sigue viva en la lengua, en la toponimia, en la literatura, en la música y en la liturgia del Paraguay contemporáneo, y las comunidades indígenas mantienen su lugar propio en el panteón guaraní vigente.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Tupã en la religión guaraní?

Tupã —también Tupán en mbyá y Tupâ en la grafía académica— es el dios del trueno y del rayo del panteón guaraní y tupí. Rige las tormentas, el rayo (tupã’i, relámpago) y la lluvia torrencial que abre la temporada agrícola en la cuenca del Río de la Plata y en la Amazonía brasileña. Cuando Tupã descarga un rayo cae del cielo una piedra roja, la itá pytã, que los guaraníes recogían como amuleto. En las variantes tupinambá del siglo XVI figura como deidad principal del cielo; en el sistema mbyá-guaraní moderno es potencia subordinada al creador supremo Ñamandú Ru Ete tenondegua documentado por León Cadogan en Ayvu Rapyta (1959).

¿Por qué en guaraní paraguayo «Dios» se dice Tupã?

Porque el jesuita Antônio Ruiz de Montoya fijó esa traducción en el Tesoro de la lengua guaraní (Madrid, 1639), y la Arte de gramática da língua mais usada na costa do Brasil de José de Anchieta (Coimbra, 1595) ya la usaba en portugués. La catequesis de las treinta Reducciones jesuíticas del Paraguay (1609-1767) consolidó el uso en dos siglos de misión intensiva, y el guaraní paraguayo moderno —oficial desde la Constitución de 1992— conservó el nombre como designación canónica de Dios en la liturgia católica y en el habla corriente, desplazando el sentido meteorológico prehispánico original.

¿Qué es la itá pytã, la piedra roja de Tupã?

La itá pytã —literalmente «piedra roja» en guaraní— es el objeto que, según la tradición guaraní y tupí, cae del cielo cuando Tupã lanza un rayo. André Thevet la consignó en 1557 y Jean de Léry la confirmó en 1578 entre los tupinambá de la bahía de Guanabara. Se trata muy probablemente de fragmentos de fulguritas (tubos vitrificados que se forman cuando un rayo impacta en la arena o el suelo) o de nódulos ferrosos rojizos expuestos por la descarga. Los tupinambá del siglo XVI y los guaraníes contemporáneos las recogían tras la tormenta y las conservaban envueltas como amuletos de fuerza y de protección.

¿Cuál es la diferencia entre Tupã y Ñamandú?

En la teología mbyá contemporánea documentada por Cadogan (1959), Melià (1988) y Hélène Clastres (1975), Ñamandú Ru Ete tenondegua —también Ñande Ru Papá Tenondé, «Nuestro Gran Padre Primero»— es el creador supremo autogenerado que hizo la palabra-alma (ñe’ẽ) de la que participa todo lo que existe, incluidos los seres humanos. Tupã es potencia meteorológica subordinada, servidor del trueno dentro del panteón karai. La distinción es importante para las comunidades mbyá, avá guaraní y paĩ-tavyterã del Paraguay, Argentina y Brasil, y matiza el uso jesuítico y católico dominante en el guaraní paraguayo oficial.

¿Dónde sigue vivo el nombre de Tupã hoy?

En muchos planos superpuestos. En la lengua guaraní paraguaya oficial, «Dios» se dice Tupã. En la toponimia, el municipio brasileño de Tupã (São Paulo, fundado 1929) y localidades paraguayas menores llevan el nombre. En la literatura, aparece en obras de Augusto Roa Bastos. En la música, José Asunción Flores lo usa en varias guaranias del siglo XX. En la liturgia católica, se emplea sistemáticamente en misas, cantos y catecismos bilingües. En las comunidades indígenas mbyá, avá guaraní, kaiowá y paĩ-tavyterã, conserva el sentido meteorológico prehispánico dentro del panteón dirigido por el creador supremo Ñamandú.

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