Arutam, el espíritu ancestral guerrero shuar de las cascadas sagradas

Lo esencial. El arutam es la fuerza ancestral que en el pensamiento shuar y achuar de la Amazonía ecuatoriana transmite al adolescente varón las cualidades del guerrero adulto o kakaram. Se obtiene mediante un ritual documentado por Michael J. Harner en los capítulos 4 y 5 de The Jívaro: People of the Sacred Waterfalls (Doubleday/Natural History Press, Nueva York, 1972): ayuno prolongado, ingesta de tabaco y de natem (ayahuasca) y espera de la visión en una cascada sagrada (tuna). Rafael Karsten (1935) ya lo había registrado y Siro Pellizzaro tomó el término como título general de su colección de doce volúmenes de mitología shuar.

Origen culturalShuar, achuar, awajún y wampís de la Amazonía ecuatoriana y peruana (familia lingüística jíbara); territorios de las provincias ecuatorianas de Morona Santiago, Pastaza y Zamora Chinchipe y de las regiones peruanas de Amazonas, Loreto y San Martín
TipoFuerza ancestral impersonal; espíritu de antepasado guerrero; alma o poder que se conquista mediante visión ritual y que confiere al receptor una segunda identidad de guerrero adulto
Función míticaTransmitir al adolescente shuar el poder y las cualidades del kakaram (guerrero valiente); garantizar la continuidad de las virtudes ancestrales entre generaciones; proteger de la muerte violenta durante la guerra intertribal y de las agresiones chamánicas
AtestaciónRafael Karsten, The Head-Hunters of Western Amazonas (Helsinki, 1935), capítulos sobre religión shuar; Michael J. Harner, The Jívaro: People of the Sacred Waterfalls (Doubleday, Nueva York, 1972), capítulos 4-5; Siro Pellizzaro, colección Arutam: mitología shuar en 12 volúmenes (Mundo Shuar, Sucúa-Quito, 1978-1984); Steven Rubenstein, Alejandro Tsakimp: A Shuar Healer in the Margins of History (University of Nebraska Press, 2002); Anne-Christine Taylor, «Sick of History» (Journal of the Royal Anthropological Institute, 2007)
Vigencia hoyNúcleo simbólico activo del movimiento de reafirmación cultural shuar y achuar; presente en el nombre y programa de la Federación Interprovincial de Centros Shuar (FICSH, 1964) y de la Nacionalidad Achuar del Ecuador (NAE, 1993); referente en la educación intercultural bilingüe amazónica; motivo recurrente en la literatura y el arte shuar contemporáneos

El arutam es una fuerza ancestral que el pensamiento shuar y achuar concibe como el poder de un antepasado guerrero que se transmite al buscador mediante una experiencia visionaria. No se trata de un dios personal ni de un espíritu con nombre propio individual: cada arutam es el alma de un guerrero kakaram muerto en tiempos anteriores, cuya potencia sigue disponible en el bosque y en las cascadas sagradas para quien sepa buscarla. La búsqueda es obligatoria para todo adolescente varón shuar entre los ocho y los quince años, según el registro etnográfico de Michael J. Harner en 1972, y define el paso a la vida adulta.

El estadounidense Michael J. Harner (1929-2018), doctor por la Universidad de California en Berkeley, realizó trabajo de campo entre los shuar del alto Upano y del río Mangosiza en 1956-1957, 1964 y 1969. Su monografía The Jívaro: People of the Sacred Waterfalls (Doubleday/Natural History Press, 1972) dedica los capítulos 4 y 5 al ritual del arutam. Harner obtuvo iniciación personal en el uso ritual del natem, lo que le permitió una descripción interna del proceso poco frecuente en la etnografía amazonista de la época. Karsten (1935) había registrado el complejo desde una perspectiva más externa y descriptiva.

La importancia del arutam en el sistema simbólico shuar quedó marcada cuando Siro Pellizzaro tomó el término como título general de su colección Arutam: mitología shuar (Mundo Shuar, Sucúa-Quito, 1978-1984, doce volúmenes), recogida en colaboración con el Centro de Documentación e Investigación Cultural Shuar (CEDIC). La elección no era casual: el propio pueblo shuar reconocía en el arutam el concepto ordenador de su universo simbólico. Anne-Christine Taylor volvió sobre el tema en «Sick of History» (Journal of the Royal Anthropological Institute, 2007), donde propuso una lectura del arutam como mecanismo cultural de resistencia a la historia lineal impuesta por el contacto colonial y republicano.

La búsqueda del arutam en la cascada sagrada (tuna)

El ritual de búsqueda del arutam tiene una topografía precisa. El adolescente shuar viaja con un pariente adulto experimentado, generalmente el padre o el tío materno, a una tuna: una cascada considerada sagrada del territorio familiar. Michael J. Harner describe en 1972 la tuna del río Chiguaza y la del río Namangoza como lugares clásicos de retiro visionario, aunque cada linaje shuar tenía su propia cascada de referencia. La cascada representa el punto donde el mundo de los espíritus se hace accesible: el ruido del agua, la humedad permanente y el aislamiento facilitan el ingreso al estado visionario. Rafael Karsten ya había señalado en 1935 que las cascadas eran los lugares privilegiados de encuentro con lo sagrado en el pensamiento shuar.

La preparación ritual dura entre tres y cinco días. El buscador se abstiene de alimentos sólidos, se lava en la cascada, ayuna y toma sucesivamente infusiones de tabaco verde tsaank y de natem, bebida obtenida de la liana Banisteriopsis caapi cocida con hojas de Psychotria viridis o Diplopterys cabrerana. La combinación de deprivación sensorial, sustancias psicoactivas y sonido continuo del agua produce el estado visionario en el que aparece el arutam. Harner detalla la técnica con precisión clínica en el capítulo 4 de The Jívaro.

La visión adopta formas variables. Puede aparecer como una figura humana gigantesca, como una gran serpiente de aguas oscuras, como un jaguar o como una bola de fuego que atraviesa el aire. Cuando la visión llega, el buscador debe correr hacia ella y tocarla con la mano o con el bastón ritual, gesto que sella la transmisión del poder. Harner registra que si el adolescente huye, la posibilidad se pierde y debe volver a intentarlo semanas después. Si logra tocar la visión, el arutam entra en su cuerpo y queda alojado en él como una segunda alma, distinta del wakan ordinario y de la figura escatológica de Ayumpum. La entrega del arutam se hace también en compañía de otros espíritus del bosque, en un entorno vinculado con la esfera del agua donde reina Tsunki.

El kakaram: transformación en guerrero adulto

El adolescente que ha «visto arutam» y ha logrado tocar la visión se convierte en kakaram, término shuar que Michael J. Harner traduce en 1972 como «poderoso» o «guerrero valiente». La transformación es objetiva y comunitaria: el kakaram puede participar en las expediciones de guerra intertribal, tomar esposa, fundar hogar independiente y ser reconocido como interlocutor pleno en las asambleas familiares. Sin arutam, ningún varón shuar podía asumir la vida adulta con plenitud. La institución fue central hasta las décadas de 1950 y 1960, cuando la intervención misional salesiana y la escolarización estatal empezaron a modificar el calendario iniciático.

La posesión del arutam no es permanente. Karsten (1935) y Harner (1972) coinciden en registrar que el arutam tiende a abandonar al portador tras un tiempo variable —entre pocos meses y varios años— y que el kakaram debe volver periódicamente a la cascada a renovar la búsqueda. Un guerrero podía llegar a acumular tres, cuatro o más arutam sucesivos a lo largo de su vida, cada uno confirmando su poder. Harner registra el caso de dirigentes shuar del alto Upano de los años cincuenta que habían visto siete u ocho arutam a lo largo de su carrera.

El arutam otorga al kakaram una protección específica contra la muerte violenta. Los relatos recogidos por Siro Pellizzaro en la década de 1970 y por Steven Rubenstein en la de 1990 subrayan que un guerrero con arutam reciente no puede ser matado por lanza, hacha o dardo de cerbatana tsentsak: las armas resbalan, la puntería falla, el enemigo yerra el golpe. Solo cuando el arutam ha abandonado al portador, el kakaram queda expuesto y puede caer. Esta lógica cultural explica el ritmo de las expediciones de guerra shuar documentadas por Karsten y Harner: se emprendían inmediatamente después de una búsqueda exitosa, aprovechando el máximo de protección ancestral disponible.

El arutam femenino y el arutam contemporáneo

La etnografía clásica de Karsten y Harner presentó el arutam como una institución exclusivamente masculina, ligada al ideal del guerrero. Trabajos posteriores han matizado este cuadro. Taylor en «Sick of History» (2007) y Rubenstein en Alejandro Tsakimp (2002) documentan que las mujeres shuar también podían buscarlo, siguiendo un protocolo distinto: menos vinculado a la cascada y más al huerto, sin ingesta pública de natem y con visiones orientadas al dominio de la ajá y a la protección de los hijos. Este arutam femenino queda bajo la tutela de Nunkui, la señora del huerto y de la yuca.

El siglo XX trajo cambios profundos al ritual. La misión salesiana instalada en Macas y Sucúa desde 1893 combatió inicialmente el uso del natem y la búsqueda del arutam, al que los misioneros identificaban como práctica pagana. La escolarización, la pacificación forzosa de las expediciones guerreras y la conversión católica de las décadas de 1930 a 1960 redujeron la práctica ritual, aunque no la extinguieron. Steven Rubenstein documenta en Alejandro Tsakimp (2002) que en la comunidad de Chiwias, en Morona Santiago, la búsqueda del arutam seguía practicándose en los años noventa, con adaptaciones al contexto pacificado: sin guerra intertribal como horizonte, el arutam se convierte en protector contra la agresión chamánica y símbolo de identidad shuar frente a la sociedad nacional ecuatoriana.

El movimiento político shuar-achuar tomó el término arutam como bandera identitaria. La Federación Interprovincial de Centros Shuar (FICSH), fundada en 1964 en Sucúa por iniciativa de los propios shuar con apoyo salesiano, y la Nacionalidad Achuar del Ecuador (NAE), constituida en 1993 con sede en Puyo, incorporan la palabra a sus programas educativos y a sus manifiestos políticos. La colección editorial de la propia federación se llamó durante décadas Mundo Shuar y publicó los doce volúmenes de Arutam: mitología shuar de Pellizzaro entre 1978 y 1984. Hoy la búsqueda del arutam figura en los materiales del Sistema de Educación Intercultural Bilingüe del Ecuador (SEIB) como uno de los rasgos distintivos de la cultura shuar.

Lo que permanece

El complejo del arutam ha sobrevivido a un siglo de cambio intenso —contacto misional salesiano desde 1893, pacificación de la guerra intertribal en los años cincuenta y sesenta, escolarización estatal, incorporación a la economía monetaria— y sigue funcionando como núcleo simbólico del pueblo shuar-achuar. Cambia su horizonte de aplicación: donde antes producía guerreros para las expediciones intertribales, hoy produce dirigentes para la política indígena y militantes contra la expansión petrolera y minera en la Amazonía ecuatoriana. La NAE de los achuar lidera desde 1993 una resistencia consistente a la industria extractiva en Pastaza, y sus dirigentes invocan explícitamente el arutam como fuente de determinación colectiva. El término aparece también en los estudios sobre Kumpara y otras figuras del panteón shuar.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el arutam en la religión shuar?

El arutam es una fuerza ancestral que en el pensamiento shuar y achuar de la Amazonía ecuatoriana transmite al buscador las cualidades del guerrero adulto o kakaram. No es un dios personal ni un espíritu con nombre propio individual: cada arutam es el alma de un guerrero kakaram muerto en tiempos anteriores, cuya potencia sigue disponible en las cascadas sagradas para quien sepa buscarla. Michael J. Harner lo describe en los capítulos 4 y 5 de The Jívaro: People of the Sacred Waterfalls (Doubleday, 1972) tras trabajo de campo entre 1956 y 1969. Siro Pellizzaro tomó el término como título general de su colección de doce volúmenes de mitología shuar.

¿Cómo se obtiene el arutam?

Mediante un ritual visionario en una cascada sagrada (tuna) del territorio familiar. El adolescente viaja con un pariente adulto experimentado, ayuna entre tres y cinco días, se lava en el agua y toma sucesivamente infusiones de tabaco verde tsaank y de natem, bebida obtenida de la liana Banisteriopsis caapi cocida con hojas de Psychotria viridis o Diplopterys cabrerana. La combinación de deprivación sensorial, sustancias psicoactivas y sonido continuo del agua produce el estado visionario. Cuando la visión aparece (figura humana gigantesca, serpiente, jaguar o bola de fuego), el buscador debe correr hacia ella y tocarla con la mano o con el bastón ritual para sellar la transmisión.

¿Qué es un kakaram?

Kakaram es el término shuar que Michael J. Harner traduce en 1972 como poderoso o guerrero valiente. Designa al adolescente varón que ha completado con éxito la búsqueda del arutam en la cascada y ha alcanzado el estatus de adulto pleno. Un kakaram puede participar en las expediciones de guerra intertribal (institución vigente hasta las décadas de 1950-1960), tomar esposa, fundar hogar independiente y ser reconocido como interlocutor pleno en las asambleas familiares. La posesión del arutam no es permanente: tiende a abandonar al portador tras meses o años, y el kakaram debe volver periódicamente a la cascada a renovar la búsqueda. Un guerrero podía acumular varios arutam sucesivos a lo largo de la vida.

¿Las mujeres shuar buscan arutam?

Sí, aunque siguiendo un protocolo distinto al masculino, matizado por la etnografía posterior a Karsten y Harner. Anne-Christine Taylor en Sick of History (2007) y Steven Rubenstein en Alejandro Tsakimp: A Shuar Healer in the Margins of History (University of Nebraska Press, 2002) documentan que las mujeres shuar también podían buscar arutam, pero en un marco menos vinculado a la cascada y más al huerto y a la chacra, sin ingesta pública de natem y con visiones orientadas al dominio de la ajá (huerto) y a la protección de los hijos. Este arutam femenino queda bajo la tutela de Nunkui, la señora del huerto y de la yuca en el panteón shuar-achuar.

¿Sigue vigente hoy la búsqueda del arutam?

Sí, con adaptaciones al contexto histórico contemporáneo. Steven Rubenstein documenta en Alejandro Tsakimp (2002) que en la comunidad de Chiwias, en Morona Santiago, la búsqueda del arutam seguía practicándose en los años noventa: sin guerra intertribal como horizonte, funciona como protector contra la agresión chamánica y símbolo de identidad shuar frente a la sociedad nacional ecuatoriana. El movimiento político shuar-achuar tomó el término como bandera identitaria. La FICSH (fundada en Sucúa en 1964) y la Nacionalidad Achuar del Ecuador (NAE, constituida en Puyo en 1993) lo incorporan a sus programas educativos, y aparece en los materiales del Sistema de Educación Intercultural Bilingüe del Ecuador (SEIB).

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