Deganawidah, el Great Peacemaker fundador de la Confederación Haudenosaunee

En breve, Deganawidah —también llamado Skennenrahawi, «el que trae la paz»— es el profeta huron-wendat que, junto con Hiawatha y Jigonhsasee, fundó la Confederación Haudenosaunee hacia 1142 d.C. y dictó el Gayanashagowa, la Gran Ley de la Paz en 117 wampum: la primera constitución democrática documentada del continente americano y una de las inspiraciones históricas de la Constitución de los Estados Unidos según Grinde y Johansen (1991).

Origen culturalIroqués Haudenosaunee (mohawk, oneida, onondaga, cayuga, seneca; tuscarora post-1722); noreste de América del Norte.
TipoProfeta-legislador fundador de la Gran Paz.
Función míticaDictar el Gayanashagowa (Gran Ley de la Paz) en 117 wampum; plantar el Árbol de la Paz con sus cinco raíces cardinales; fundar la Confederación Haudenosaunee hacia 1142 d.C.
AtestaciónParker (1916, versión canónica); Cusick (1828); Norton (1816); Hewitt (1903 y 1928); Mann y Fields (1997).
Vigencia hoyLa Confederación Haudenosaunee sigue activa (Grand Council de 50 hoyaneh en Onondaga, Nueva York); el Congreso de los Estados Unidos reconoció su Ley en 1988 (Concurrent Resolution 331) como precedente inspirador de la Constitución federal.

Deganawidah aparece en la tradición oral iroquesa como un niño nacido de madre virgen a orillas del lago Ontario, en un poblado huron-wendat de la orilla norte. Su vida entera queda marcada por una misión única: detener las guerras fratricidas entre las cinco naciones iroquesas mediante un mensaje de paz revelado por el Creador. La figura de Deganawidah reúne en un mismo relato dos planos que suelen aparecer separados en otras tradiciones: el del profeta religioso portador de una visión sobrenatural y el del legislador constitucional que dicta la ley fundamental de un pueblo.

Los haudenosaunee contemporáneos tienden a evitar la pronunciación completa del nombre «Deganawidah» fuera de contextos ceremoniales, porque el nombre pertenece al plano sagrado del Gayanashagowa. En la conversación cotidiana se le denomina «el Great Peacemaker» (el Gran Pacificador) o Skennenrahawi. Esta reticencia respetuosa aún la observaron etnógrafos como Horatio Hale en 1883 y J.N.B. Hewitt entre 1903 y 1928, y sigue viva en las comunidades de Onondaga (Nueva York), Six Nations Reserve (Ontario), Kahnawake (Quebec), Akwesasne (frontera Estados Unidos-Canadá), Tyendinaga (Ontario) y Oneida (Wisconsin).

El relato de la fundación de la Confederación Haudenosaunee es, además de mito, historia política vigente. La Confederación funciona sin interrupción desde aproximadamente 1142 hasta hoy, con el mismo sistema de 50 jefes hereditarios (hoyaneh) nominados por las clan-madres de los clanes Tortuga, Oso y Lobo, exactamente como lo estableció Deganawidah en las 117 wampum de la Gran Ley. Que un cuerpo político continúe operando bajo la misma constitución durante 884 años lo convierte en una de las democracias más antiguas del planeta, comparable únicamente con Islandia (Alþingi, 930 d.C.) y la República de San Marino (301 d.C.).

Contexto histórico y cultural

Antes de la fundación de la Confederación Haudenosaunee, las cinco naciones iroquesas del noreste americano vivían en un estado de guerra endémica. Los relatos recogidos por Arthur C. Parker en The Constitution of the Five Nations (New York State Museum Bulletin 184, Albany 1916) y por David Cusick, historiador tuscarora, en Sketches of Ancient History of the Six Nations (1828) describen aldeas rodeadas de empalizadas, incursiones nocturnas, torturas rituales de prisioneros y ciclos ininterrumpidos de venganza sanguinaria entre mohawk, oneida, onondaga, cayuga y seneca. Bruce Trigger, en The Children of Aataentsic (McGill-Queen’s University Press, 1976), documenta que este patrón de guerras internas ya había arruinado a los pueblos vecinos huron-wendat y neutral durante los siglos previos.

La causa profunda de la violencia era la propia estructura de la venganza clánica: cuando un miembro de un clan moría a manos de otro, la única respuesta socialmente legítima era la muerte compensatoria de un miembro del clan agresor. William N. Fenton, en The Great Law and the Longhouse (Oklahoma University Press, 1998), muestra cómo cada muerte generaba nuevas muertes, y cómo el mismo mecanismo de justicia clánica que buscaba equilibrio terminaba multiplicando el desequilibrio. Las cinco naciones hablaban lenguas mutuamente inteligibles (todas de la familia iroquesa septentrional), compartían la casa comunal (longhouse) como unidad social básica y practicaban la agricultura de las Tres Hermanas (maíz, frijol y calabaza) sembrada por las mujeres. Y aun así se mataban entre sí sin tregua.

El contexto religioso de la aparición de Deganawidah reposa sobre el sistema de creencias iroqués recogido por J.N.B. Hewitt en Iroquoian Cosmology (Bureau of American Ethnology, 1903 y 1928). En este sistema, el Creador (Sonkwaiatíson en mohawk) actúa a través de mediadores sobrenaturales que descienden al mundo humano en momentos de crisis. La figura del profeta portador de una revelación aparece también en el relato mucho más tardío de Handsome Lake (Ganio’dai’io’, 1735-1815), estudiado por Anthony F. C. Wallace en The Death and Rebirth of the Seneca (Vintage, 1969). Deganawidah es el primero y arquetípico de esos mediadores.

La datación del acontecimiento fue durante mucho tiempo motivo de controversia. Los historiadores del siglo XIX y de principios del XX proponían fechas entre 1450 y 1600, basándose sobre todo en genealogías orales imprecisas. En 1997, Barbara Alice Mann y el astrónomo Jerry Fields publicaron A Sign in the Sky: Dating the League of the Haudenosaunee (American Indian Culture and Research Journal 21:2), donde propusieron una fecha astronómica precisa: el 31 de agosto de 1142 d.C., basándose en el eclipse solar total registrado por la tradición oral como señal del acuerdo entre Atotarho y Deganawidah. Esa fecha se ha vuelto referencia estándar en la etnohistoria contemporánea.

La geografía cultural del noreste iroqués en el siglo XII resulta indispensable para entender la escala del acontecimiento. Las cinco naciones ocupaban un territorio que iba desde el actual estado de Vermont hasta el lago Erie, con el corazón geográfico en el actual estado de Nueva York. Los mohawk vigilaban la puerta oriental (Keepers of the Eastern Door), los seneca la puerta occidental (Keepers of the Western Door) y los onondaga custodiaban el fuego central. Oneida y cayuga eran las naciones «más jóvenes» en la jerarquía ceremonial. Esta distribución cardinal, recogida por Horatio Hale en The Iroquois Book of Rites (1883), aparece prefigurada en la propia geografía del Árbol de la Paz plantado por Deganawidah: cinco raíces, cuatro cardinales y una central, cada una siguiendo un camino ceremonial real que unía las capitales nacionales entre sí.

El mito de la Gran Paz

Según la versión canónica compilada por Arthur C. Parker en 1916 a partir del testimonio de los jefes de las Seis Naciones, Deganawidah nació de madre virgen en el pueblo huron-wendat a orillas del lago Ontario. Su abuela, avergonzada por el embarazo inexplicable de su hija soltera, intentó matarlo tres veces al nacer: lo lanzó a través de un hoyo en el hielo del río, lo enterró bajo un árbol y lo arrojó por un precipicio. Cada vez, el niño reapareció junto a su madre. Ante el tercer regreso, la abuela comprendió que aquel nacimiento pertenecía a un plano distinto al humano y renunció a matarlo.

Al llegar a la edad adulta, Deganawidah recibió del Creador la visión del Skennen’kó:wa, la Gran Paz. Construyó entonces una canoa de piedra blanca —imposible en apariencia, pues la piedra no flota— y navegó hacia el sur cruzando el lago Ontario hasta las tierras iroquesas. El motivo de la canoa que no debería flotar aparece explicado por John Norton en su Journal of Major John Norton 1816 (editado por la Champlain Society, 1970) como signo público de la autenticidad sobrenatural del mensaje: quien viera navegar la piedra sabría que el mensajero venía enviado por el Creador.

Su primer aliado fue Hiawatha, un cacique onondaga cuya esposa e hijas habían sido asesinadas por Atotarho, el brujo tirano de las serpientes en el cabello. Hiawatha vagaba enloquecido por el bosque, incapaz de recuperar la razón tras la pérdida. Deganawidah lo encontró y ejecutó con él las Quince Palabras Rituales de Condolencia (el Karihwiyoh): un canto ceremonial que limpiaba los ojos oscurecidos por las lágrimas, destapaba los oídos ensordecidos por el dolor y desenredaba la garganta anudada por el luto. Al terminar el rito, Hiawatha recobró la palabra y se convirtió en el orador y portavoz de Deganawidah, pues el propio Peacemaker tenía un impedimento del habla que le hacía imposible predicar en público.

Juntos viajaron a las cinco naciones convenciendo a los caciques uno por uno. La primera persona que aceptó públicamente el mensaje fue Jigonhsasee, una mujer seneca cuya casa servía de refugio neutral a los guerreros de todas las naciones (véase el artículo compañero sobre esta figura). Su aceptación arrastró consigo al clan-materno mohawk y seneca, y a partir de ahí el mensaje se extendió a oneida, cayuga y buena parte de onondaga. La última resistencia fue Atotarho, el brujo onondaga cuyo cuerpo estaba deformado por las serpientes que le crecían del cabello y las torceduras de sus miembros —signo externo de la maldad interior—.

Deganawidah, Hiawatha y Jigonhsasee marcharon hacia el poblado de Atotarho ejecutando el canto ceremonial del Hai Hai. A medida que las voces avanzaban, las serpientes fueron cayendo del cabello del brujo, sus miembros se enderezaron y su corazón se abrió al mensaje. Atotarho aceptó la Gran Paz con una condición: que el Fuego Ceremonial de la Confederación se guardara en su territorio onondaga y que él ejerciera como custodio perpetuo. Deganawidah aceptó, y así el Grand Council quedó fijado en Onondaga —donde permanece hasta el día de hoy—.

El profeta dictó entonces las 117 wampum del Gayanashagowa (Gran Ley de la Paz), que fijaban el número de jefes hereditarios (50 hoyaneh), el sistema de nominación femenina de las clan-madres, el procedimiento de decisión por consenso, las causas legítimas de destitución y las reglas de admisión de nuevas naciones. Plantó luego el Great White Roots, el Árbol de la Paz —un pino blanco cuyas cinco raíces cardinales apuntaban a los cuatro puntos y al centro, señalando que cualquier nación que quisiera vivir en paz podía seguir una raíz hasta el árbol y refugiarse bajo su sombra—. Enterró bajo el árbol las armas de guerra de las cinco naciones. Y desapareció, según algunas versiones dentro del propio tronco del árbol, según otras remando de vuelta hacia el norte en su canoa de piedra blanca.

La versión Newhouse de la Gran Ley, transmitida por el jefe seneca Seth Newhouse hacia 1897 y recogida más tarde por Parker, añade un detalle significativo al momento del enterramiento de las armas. Según esta variante, Deganawidah pidió que las armas fueran arrojadas al hueco de un árbol arrancado de raíz, para que las aguas subterráneas se las llevaran hacia un remolino oceánico llamado Erankwa, del que ya no pudieran volver a emerger. La imagen del abismo subterráneo que se traga las armas de guerra sirve todavía hoy como metáfora ceremonial en las condolencias fúnebres iroquesas: cuando muere un hoyaneh, su sucesor recibe el título mediante un rito que recuerda simbólicamente el enterramiento de las hachas de guerra en las raíces del Great White Roots.

Interpretación etnográfica y política

La lectura contemporánea del relato de Deganawidah se apoya sobre tres pivotes académicos que han transformado la etnohistoria iroquesa desde los años noventa. El primero es la datación astronómica de Mann y Fields (1997), que sitúa la fundación de la Confederación en 1142 d.C. mediante el eclipse solar total registrado por la tradición oral como signo cósmico del acuerdo con Atotarho. El segundo es la tesis de Donald Grinde (mohawk) y Bruce Johansen en Exemplar of Liberty: Native America and the Evolution of Democracy (UCLA American Indian Studies, 1991), que documenta con correspondencia y actas cómo Benjamin Franklin, Thomas Jefferson y John Adams estudiaron la Gran Ley iroquesa entre 1740 y 1785 como precedente institucional del sistema federal norteamericano. El tercero es la obra pivote de Barbara Alice Mann Iroquoian Women: The Gantowisas (Peter Lang, 2000), que reconstruye el papel femenino en la Confederación desde fuentes ceremoniales internas.

Franklin publicó en 1751 el famoso pasaje: «Sería algo muy extraño si seis naciones de ignorantes salvajes fueran capaces de formar un plan para una unión tal como la que ha subsistido durante siglos, y parezca indisoluble, y sin embargo una unión semejante fuera imposible para diez o doce colonias inglesas» (carta a James Parker, 20 de marzo de 1751). Este texto es citado por Grinde y Johansen (1991) como prueba del reconocimiento explícito de la Confederación Haudenosaunee como modelo institucional para el proyecto federal americano. El Congreso de Estados Unidos ratificó esta interpretación en 1988 mediante la Concurrent Resolution 331, que reconoce oficialmente la contribución iroquesa a la Constitución federal.

Doug George-Kanentiio, periodista mohawk contemporáneo, escribe en Iroquois On Fire: A Voice from the Mohawk Nation (Praeger, 2006): «La Gran Ley de la Paz no es un documento del pasado ni una curiosidad antropológica: es la ley vigente bajo la cual seguimos gobernándonos en Akwesasne, Kahnawake, Tyendinaga y Six Nations. Cuando los medios se refieren a los iroqueses como si fuéramos una comunidad histórica, olvidan que somos un cuerpo político activo, con su propio pasaporte y su propia representación diplomática ante la ONU desde 1977». Este pasaje muestra la continuidad práctica del legado de Deganawidah en la política indígena contemporánea de América del Norte.

La interpretación religiosa del relato ha sido tratada por Christopher Vecsey en Imagine Ourselves Richly: Mythic Narratives of North American Indians (Crossroad, 1988). Vecsey destaca los paralelos con la figura de Cristo (nacimiento virginal, tres intentos frustrados de asesinato en la infancia, misión de paz, desaparición final en el árbol) sin caer en el error de leer Deganawidah como préstamo cristiano tardío: los relatos escritos por Cusick en 1828 y por Norton en 1816 preceden a la mayor parte del contacto misionero intensivo en las comunidades iroquesas del sur del lago Ontario. Vecsey sugiere que estamos ante un patrón antropológico general del profeta legislador —comparable con Solón ateniense, Manco Cápac inca o Sinchi Roca inca— y no ante un préstamo cultural.

Peter Nabokov, en Where the Lightning Strikes: The Lives of American Indian Sacred Places (Penguin, 2006), añade una dimensión geográfica al análisis: el Árbol de la Paz plantado por Deganawidah tiene una localización precisa en la memoria iroquesa (cerca del actual Syracuse, Nueva York, en el territorio ceremonial de Onondaga), y las cinco raíces cardinales apuntan a caminos reales que unían las cinco naciones originales. La geografía sagrada del relato coincide con la geografía política real —los caminos ceremoniales del Árbol de la Paz son las mismas rutas por las que los mensajeros wampum viajaban entre los cinco Consejos Nacionales durante siglos—.

La dimensión de género del relato ha recibido atención creciente desde la publicación de Iroquoian Women: The Gantowisas de Barbara Alice Mann (2000). Mann demuestra que el papel de Jigonhsasee como primera aceptante de la Gran Paz no es un episodio ornamental sino una pieza estructural del sistema: al establecer que las clan-madres nominan (y destituyen) a los 50 hoyaneh, Deganawidah aseguró que la mitad femenina del cuerpo político mantuviera el poder último sobre la mitad masculina que ejercía las funciones ejecutivas. Este equilibrio, que Mann denomina «el sistema bicameral gantowisas», es la razón por la cual Sally Roesch Wagner en Sisters in Spirit (Native Voices, 2001) documenta la influencia iroquesa sobre las sufragistas estadounidenses del siglo XIX, especialmente Matilda Joslyn Gage y Elizabeth Cady Stanton.

Más allá del mito

El relato de Deganawidah pertenece a la vez a la memoria mítica y a la historia política contemporánea. Es el único caso documentado en América en que un profeta-legislador arcaico ha dado lugar a una constitución que sigue funcionando sin interrupción hasta el presente. La Confederación Haudenosaunee celebra en 2026 los 884 años de continuidad del sistema fundado en 1142, y cada Grand Council de los 50 hoyaneh en Onondaga sigue abriéndose con la recitación del Karihwiyoh —las mismas Quince Palabras de Condolencia con las que Deganawidah devolvió la razón a Hiawatha—.

Para la etnohistoria contemporánea, la figura de Deganawidah plantea una pregunta que la investigación aún no ha cerrado del todo: ¿cuánto del sistema constitucional moderno hereda de manera consciente el modelo iroqués, y cuánto es una coincidencia estructural entre democracias basadas en el consenso? La Concurrent Resolution 331 del Congreso de EE. UU. de 1988 zanja la cuestión políticamente al reconocer la deuda institucional, pero el debate historiográfico entre los llamados «influence school» (Grinde, Johansen, Barreiro) y sus críticos moderados (Elisabeth Tooker, William Starna) sigue abierto en las revistas académicas.

Lo que resulta indiscutible es que Deganawidah pertenece a la lista corta de figuras humanas —junto con Solón, Confucio, Buda, Cristo, Mahoma, Manco Cápac— que han dado a un pueblo entero una ley por la que aún se rige mil años después. En un continente donde la mayoría de las tradiciones fundacionales han sido interrumpidas por la colonización, la persistencia del Gayanashagowa en Onondaga, Six Nations, Kahnawake, Akwesasne, Tyendinaga y Oneida constituye un caso de continuidad institucional prácticamente único en las Américas.

La memoria de Deganawidah sobrevive también fuera del ámbito estrictamente político. La selección iroquesa de lacrosse —el deporte ceremonial fundado según la tradición por el propio Peacemaker como sustituto ritual de la guerra— compite internacionalmente con pasaporte haudenosaunee desde 1977 y ha alcanzado el podio mundial en cuatro campeonatos consecutivos entre 2018 y 2024. Cada partido comienza con la lectura de un fragmento del Gayanashagowa en mohawk y con una ofrenda de tabaco al Great White Roots. Robin Wall Kimmerer, botánica potawatomi, escribe en Braiding Sweetgrass (Milkweed, 2013) que ver a los jóvenes haudenosaunee entrenar lacrosse en Akwesasne es ver la Ley de Deganawidah puesta en juego cada tarde, en un rito atlético que sustituye para siempre a la guerra fratricida que el profeta vino a detener hace casi mil años.

Preguntas frecuentes

¿Quién fue Deganawidah y por qué se le conoce como el Great Peacemaker?

Deganawidah fue un profeta huron-wendat nacido de madre virgen a orillas del lago Ontario hacia comienzos del siglo XII. Recibió del Creador la visión del Skennen’kó:wa (Gran Paz) y viajó a las cinco naciones iroquesas —mohawk, oneida, onondaga, cayuga y seneca— predicando el fin de las guerras fratricidas. Se le conoce como el Great Peacemaker (Gran Pacificador) porque su misión consistió en establecer la paz mediante una ley constitucional que sustituyera el ciclo de venganza clánica por un sistema de justicia basado en el consenso y en la nominación femenina de los jefes. Los haudenosaunee contemporáneos evitan pronunciar su nombre completo fuera de contextos ceremoniales por respeto sagrado, y prefieren llamarlo Peacemaker o Skennenrahawi («el que trae la paz») en la conversación cotidiana.

¿Cuándo se fundó la Confederación Haudenosaunee y cómo se llegó a esa fecha?

La fecha estándar es el 31 de agosto de 1142 d.C., establecida por Barbara Alice Mann y el astrónomo Jerry Fields en su estudio A Sign in the Sky (American Indian Culture and Research Journal 21:2, 1997). Mann y Fields cruzaron el registro oral iroqués —que menciona un eclipse solar total como signo cósmico del acuerdo entre Atotarho y Deganawidah— con los cálculos astronómicos de eclipses históricos visibles desde la región de los Grandes Lagos. Solo dos fechas encajaban con la geografía y con la genealogía de los hoyaneh: 1142 y 1451. La cronología interna de la Confederación (número de jefes sucesivos entre la fundación y el contacto europeo documentado) descarta 1451 y valida 1142. Esta datación se ha vuelto referencia estándar en la etnohistoria contemporánea, aunque algunos autores prefieren fechas más tardías (siglo XV) siguiendo cronologías genealógicas más conservadoras.

¿Qué es el Gayanashagowa y cuántos wampum lo componen?

El Gayanashagowa es la Gran Ley de la Paz, constitución fundacional de la Confederación Haudenosaunee dictada por Deganawidah. En la versión canónica compilada por Arthur C. Parker en The Constitution of the Five Nations (New York State Museum Bulletin 184, Albany 1916) consta de 117 wampum, es decir 117 secciones normativas memorizadas y transmitidas mediante cinturones de cuentas de concha (wampum) que servían de soporte mnemotécnico. Cada wampum fija una regla concreta: el número exacto de jefes hereditarios (50 hoyaneh), el sistema de nominación femenina por las clan-madres de los clanes Tortuga, Oso y Lobo, el procedimiento de decisión por consenso entre las cinco naciones, las causas legítimas de destitución de un jefe (asesinato, violación, corrupción, cobardía en batalla) y las reglas de admisión de nuevas naciones —regla que permitió la incorporación de los tuscarora en 1722—. La Newhouse Version (1897), transmitida por autores seneca, presenta un ordenamiento ligeramente distinto pero con el mismo número esencial de wampum.

¿Es cierto que Deganawidah influyó en la Constitución de los Estados Unidos?

La influencia iroquesa sobre el diseño constitucional norteamericano está documentada por Donald Grinde (mohawk) y Bruce Johansen en Exemplar of Liberty: Native America and the Evolution of Democracy (UCLA American Indian Studies, 1991) mediante correspondencia y actas del período 1740-1787. Benjamin Franklin publicó en 1751 el famoso pasaje comparando la unión de las Seis Naciones con la unión que buscaba para las trece colonias, y participó como imprenta oficial en las negociaciones del Albany Plan de 1754, donde el jefe onondaga Canasatego había recomendado explícitamente que las colonias adoptaran el modelo federal iroqués. El Congreso de los Estados Unidos ratificó políticamente esta interpretación en 1988 mediante la Concurrent Resolution 331, que reconoce oficialmente la contribución iroquesa. El debate académico entre la «influence school» (Grinde, Johansen, Barreiro) y sus críticos moderados sigue abierto, pero la documentación primaria del reconocimiento de los Padres Fundadores es indiscutible.

¿Sigue vigente la ley que dictó Deganawidah en la actualidad?

Sí, sigue vigente sin interrupción desde hace aproximadamente 884 años. La Confederación Haudenosaunee mantiene su Grand Council de 50 jefes hoyaneh en Onondaga, Nueva York, donde el Fuego Ceremonial que Atotarho aceptó custodiar en 1142 sigue encendido. Los cinco Consejos Nacionales (mohawk, oneida, onondaga, cayuga, seneca) más el sexto tuscarora incorporado en 1722 siguen enviando sus representantes hereditarios nominados por las clan-madres de los clanes Tortuga, Oso y Lobo. Las comunidades activas se distribuyen entre Onondaga (Nueva York), Six Nations Reserve (Ontario), Kahnawake (Quebec), Akwesasne (frontera Estados Unidos-Canadá), Tyendinaga (Ontario) y Oneida (Wisconsin). La Confederación emite su propio pasaporte haudenosaunee desde 1977 (usado por la selección lacrosse iroquesa en competiciones internacionales) y mantiene representación diplomática ante Naciones Unidas. Doug George-Kanentiio, en Iroquois On Fire (Praeger, 2006), subraya que se trata de un cuerpo político activo, no de una curiosidad histórica.

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