En breve. Tlaltecuhtli es la deidad mexica de la tierra representada como una figura híbrida de rasgos femeninos con garras, colmillos y ojos en las articulaciones. El descubrimiento en 2006 del monolito de doce toneladas hallado en el Templo Mayor de Ciudad de México reactivó el interés arqueológico por la figura y confirmó su lugar central en la cosmogonía nahua.
| Origen cultural | Mexicas del Posclásico tardío (1325-1521); centro ceremonial en Tenochtitlan; antecedentes iconográficos en Teotihuacan y en la cultura tolteca |
|---|---|
| Tipo | Deidad de la tierra, monstruo cósmico primordial dividido para formar el cielo y el suelo; figura ambivalente masculino-femenina |
| Función mítica | Personificar la tierra que sostiene a los seres humanos; devorar los corazones de los sacrificados y el sol al ocaso; recibir los cadáveres al final del ciclo vital |
| Atestación | Fray Bernardino de Sahagún, Códice Florentino (libros VI y VII); Histoyre du Mechique de André Thevet (1543); Códice Borgia lám. 32; monolito hallado en octubre de 2006 en el Templo Mayor por el arqueólogo Álvaro Barrera y equipo dirigido por Leonardo López Luján |
| Vigencia hoy | Pieza central del Museo del Templo Mayor de Ciudad de México desde 2010; objeto de estudios continuos del Proyecto Templo Mayor del INAH; incorporada al arte contemporáneo mexicano y a las movilizaciones ecofeministas urbanas del Distrito Federal |
El descubrimiento del monolito de Tlaltecuhtli el 2 de octubre de 2006 fue uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de la Ciudad de México desde el hallazgo de Coyolxauhqui en 1978. Durante las obras de construcción del Centro Cultural de España en la Calle Guatemala del Centro Histórico, los operarios detectaron una piedra tallada de dimensiones inusuales. El arqueólogo Álvaro Barrera del INAH inspeccionó el sitio y confirmó la naturaleza prehispánica de la pieza. Las excavaciones dirigidas por Leonardo López Luján durante los meses siguientes revelaron un monolito de cuatro metros con diecinueve centímetros por tres metros con sesenta y dos centímetros, con un peso de doce toneladas.
La iconografía del monolito coincide con la descripción textual que Sahagún había recogido en el Códice Florentino hacia 1577. La figura tallada muestra a Tlaltecuhtli en posición de cuclillas, con las rodillas dobladas y separadas, garras en las manos y en los pies, colmillos prominentes, cabello desordenado con estrellas cinco puntas, y un tocado con motivos calaveras. Los ojos aparecen tanto en la cara como en las articulaciones —rodillas, codos, hombros—, siguiendo la convención iconográfica mexica que representa a los seres cósmicos como observadores permanentes de la actividad humana en la tierra. Un detalle crucial: la boca de la figura está abierta y masticando un cuchillo de pedernal, símbolo del sacrificio ritual.
La conservación del monolito conservó restos abundantes de la policromía original. Los análisis de laboratorio realizados entre 2007 y 2010 por especialistas del INAH y del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM identificaron cuatro pigmentos principales: rojo cinabrio (mineral de mercurio importado desde Almadén, España, después de la conquista, o desde depósitos de Querétaro antes), azul maya (mezcla de índigo con paligorskita), amarillo de goethita y negro de carbono. La combinación cromática ha permitido a los investigadores reconstruir virtualmente el aspecto original del monolito, con resultados publicados en el catálogo Tlaltecuhtli editado por Leonardo López Luján en 2010.
La cosmogonía del cipactli y la separación primordial
Índice
El mito cosmogónico canónico sobre el origen de la tierra aparece en la Histoyre du Mechique, texto colonial francés basado en documentos franciscanos hoy perdidos. Según el relato, al principio del quinto sol, cuando los dioses decidieron dar forma al mundo actual, Tezcatlipoca y Quetzalcóatl encontraron a Tlaltecuhtli flotando sobre las aguas primordiales en forma de un enorme monstruo marino con muchas bocas —una en cada articulación— que devoraba todo lo que se acercaba. Los dos dioses decidieron que era imposible construir el mundo mientras la deidad estuviera intacta.
Tezcatlipoca y Quetzalcóatl se transformaron en dos serpientes gigantescas y atacaron a Tlaltecuhtli desde direcciones opuestas. Uno la agarró por la mano derecha y el pie izquierdo; el otro por la mano izquierda y el pie derecho. Con la fuerza combinada partieron a la deidad por la mitad. La parte superior del cuerpo ascendió y se convirtió en el cielo; la parte inferior descendió y se convirtió en la tierra habitable. Los demás dioses, viendo el sacrificio de Tlaltecuhtli, le concedieron el derecho eterno a devorar los corazones de los sacrificados y a recibir los cadáveres humanos al final del ciclo vital como compensación por la violencia cosmogónica original.
El detalle del sacrificio compensatorio explica la función ritual central de Tlaltecuhtli en la teología mexica. Todos los sacrificios humanos realizados en el Templo Mayor durante el Posclásico tardío se ofrecían formalmente a Huitzilopochtli, pero materialmente iban destinados también a alimentar a la deidad de la tierra. Los corazones extraídos durante el ceremonial de la piedra de Coyolxauhqui se depositaban en el cuauhxicalli (recipiente ceremonial ubicado en la cima del templo) y allí simbólicamente descendían a alimentar a Tlaltecuhtli, cuyo monolito estaba enterrado en el patio del Templo Mayor con la cara hacia abajo, como si mirara al inframundo desde la superficie.
El contexto de la Ofrenda 126 y las excavaciones posteriores
El monolito no fue el único hallazgo importante de las excavaciones dirigidas por López Luján. Bajo la piedra tallada, en el subsuelo del Templo Mayor, los arqueólogos localizaron entre 2007 y 2015 la Ofrenda 126, una de las más ricas del sitio: contenía más de doscientos objetos rituales incluidos jaguares sacrificados, aves de rapiña, esculturas de piedra verde y una serie de contenedores con restos humanos incinerados. La hipótesis actual de López Luján, publicada en el catálogo del proyecto en 2020, es que la Ofrenda 126 corresponde a los restos del entierro real del emperador Ahuítzotl, quien reinó entre 1486 y 1502 y expandió el imperio mexica hasta su máxima extensión histórica.
La identificación de la Ofrenda 126 con Ahuítzotl es debate abierto en la mayística mexicana. Otros investigadores del Proyecto Templo Mayor, entre ellos Eduardo Matos Moctezuma, han sugerido interpretaciones alternativas que la vinculan con Motecuhzoma I o con otros gobernantes del siglo XV. La ausencia de una inscripción glífica clara sobre el ocupante del entierro dificulta la resolución del debate. Lo que ha quedado claro es que el monolito de Tlaltecuhtli funcionaba como cubierta ritual de un depósito funerario real, en una configuración arqueológica sin equivalente exacto en otros sitios prehispánicos mesoamericanos.
El traslado del monolito desde su lugar original de hallazgo hasta el Museo del Templo Mayor requirió una operación técnica compleja. La pieza fue elevada intacta mediante grúas especializadas y trasladada durante la noche del 8 al 9 de abril de 2010 por las calles del Centro Histórico bajo escolta policial. La operación fue transmitida en vivo por Televisa y por la BBC, y se convirtió en uno de los eventos culturales más difundidos del sexenio de Felipe Calderón. Desde su instalación en el vestíbulo del museo, Tlaltecuhtli recibe a los visitantes con la cara hacia arriba, en posición inversa a la que ocupaba durante el Posclásico prehispánico.
Más allá del mito
Tlaltecuhtli ha entrado en el imaginario cultural mexicano contemporáneo con vitalidad notable. Las representaciones plásticas del monolito aparecen en murales urbanos del centro histórico de Ciudad de México, en el diseño de portadas de libros académicos y de novelas, en la iconografía del Día de Muertos que se celebra en el Zócalo cada primero y dos de noviembre, y en manifestaciones ecofeministas urbanas que reclaman a la deidad como referente identitario contra el extractivismo minero. La antropóloga Cristina Rivera Garza, en varios textos publicados desde 2015, ha analizado esta apropiación contemporánea como signo de la vigencia política de las cosmologías prehispánicas.
Preguntas frecuentes
¿Qué es Tlaltecuhtli en la mitología mexica?
La deidad de la tierra, representada como figura híbrida con rasgos femeninos, garras, colmillos y ojos en las articulaciones. En el mito cosmogónico del quinto sol, Tezcatlipoca y Quetzalcóatl la partieron por la mitad para formar el cielo (parte superior) y la tierra habitable (parte inferior). A cambio, los demás dioses le concedieron el derecho eterno a devorar los corazones de los sacrificados y a recibir los cadáveres humanos al final del ciclo vital.
¿Cuándo se descubrió el monolito?
El 2 de octubre de 2006, durante las obras de construcción del Centro Cultural de España en la Calle Guatemala del Centro Histórico de Ciudad de México, a metros de la Catedral Metropolitana. Los operarios detectaron una piedra tallada de dimensiones inusuales y el arqueólogo Álvaro Barrera del INAH confirmó su naturaleza prehispánica. Las excavaciones dirigidas por Leonardo López Luján durante los meses siguientes revelaron un monolito de cuatro metros con diecinueve centímetros por tres metros con sesenta y dos centímetros y doce toneladas de peso.
¿Conservó pigmentos originales?
Sí, restos abundantes de la policromía original. Los análisis realizados entre 2007 y 2010 por especialistas del INAH y del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM identificaron cuatro pigmentos principales: rojo cinabrio, azul maya (mezcla de índigo con paligorskita), amarillo de goethita y negro de carbono. La combinación cromática ha permitido reconstruir virtualmente el aspecto original del monolito, con resultados publicados en el catálogo Tlaltecuhtli editado por Leonardo López Luján en 2010.
¿Qué es la Ofrenda 126?
Un depósito ritual localizado por los arqueólogos entre 2007 y 2015 bajo el monolito de Tlaltecuhtli, con más de doscientos objetos ceremoniales incluidos jaguares sacrificados, aves de rapiña, esculturas de piedra verde y contenedores con restos humanos incinerados. López Luján ha propuesto que corresponde al entierro real del emperador Ahuítzotl (1486-1502), aunque el debate arqueológico sigue abierto entre varias hipótesis alternativas sobre la identidad del ocupante del entierro.
¿Dónde se puede ver el monolito hoy?
En el vestíbulo del Museo del Templo Mayor de Ciudad de México, ubicado en el Centro Histórico. El traslado desde el lugar del hallazgo hasta el museo tuvo lugar durante la noche del 8 al 9 de abril de 2010 mediante grúas especializadas y bajo escolta policial. La operación fue transmitida en vivo por Televisa y por la BBC. Desde su instalación, la pieza recibe a los visitantes con la cara hacia arriba, en posición inversa a la que ocupaba durante el Posclásico prehispánico, cuando estaba enterrada mirando al inframundo.





