En síntesis. Xalpen es el único espíritu femenino del ceremonial masculino del Hain selk’nam, poderosa figura subterránea que devoraba ritualmente a los jóvenes iniciados y los devolvía transformados en hombres adultos. Su representación durante la ceremonia era una de las más temidas y su papel dramatúrgico articulaba la muerte simbólica y renacimiento que constituían el corazón del rito de paso más elaborado de Tierra del Fuego.
| Origen cultural | Pueblo selk’nam (u ona) de la Isla Grande de Tierra del Fuego; presente en las dos parcialidades territoriales (chónkolo y hérsh) |
|---|---|
| Tipo | Espíritu femenino subterráneo del Hain, esposa del gran espíritu Shoort, devoradora ritual de los kloketen iniciados |
| Función mítica | Personificar el poder femenino primordial dentro del ceremonial masculino invertido; devorar ritualmente a los jóvenes iniciados y devolverlos transformados; encarnar los aspectos destructivos y regeneradores del proceso iniciático |
| Atestación | Martin Gusinde, Los indios de Tierra del Fuego, tomo I (1931), con fotografías del ceremonial; Anne Chapman, Drama and Power in a Hunting Society (1982); Hain: ceremonia de iniciación de los selk’nam (2008); grabaciones sonoras de Chapman con Ángela Loij (1965-1974) |
| Vigencia hoy | Referente central del ceremonial recuperado por antropólogos y por descendientes selk’nam contemporáneos; presente en la iconografía del reconocimiento oficial del pueblo (Ley 21.606 de Chile, 2023); estudiada por los estudios de género americanistas comparativos |
El ceremonial masculino del Hain selk’nam contenía una paradoja teológica singular: era íntegramente controlado por hombres pero incluía la representación de un espíritu femenino cuya presencia era, quizá, la más temida y la más importante de todo el ciclo dramático. Xalpen —también escrita Halpen en algunas transcripciones— era esa figura. Espíritu subterráneo que habitaba en las profundidades de la tierra, esposa mitológica del gran espíritu Shoort, aparecía durante determinados momentos del Hain caracterizada por una pintura corporal específica en tonos rojos y por una máscara elaborada que le confería aspecto simultáneamente monstruoso y regio.
La función dramatúrgica de Xalpen durante el Hain era central. Según la reconstrucción etnográfica realizada por Anne Chapman con Ángela Loij, última hablante fluida de selk’nam, la aparición de Xalpen en la ceremonia coincidía con el momento en que los jóvenes iniciados (los kloketen) debían ser «devorados» ritualmente por la deidad. Los hombres adultos que representaban a Xalpen conducían a los kloketen a la choza sagrada, donde tenía lugar una serie de pruebas físicas y psicológicas extremas que simulaban la devoración por parte de la espíritu subterránea. Al final del episodio, los kloketen «regresaban» transformados: habían muerto simbólicamente y renacido como hombres adultos plenos.
El paralelo estructural con otros ritos de iniciación masculina documentados por la antropología del siglo XX es notable. Van Gennep, en Les rites de passage (1909), identificó la estructura tripartita del rito de paso: separación, liminalidad y agregación. Victor Turner, en The Ritual Process (1969), profundizó el análisis de la fase liminal como estado transformador. El Hain selk’nam encaja rigurosamente con estos esquemas teóricos, con Xalpen ocupando la función crítica de la figura liminal que preside la muerte simbólica del iniciado. Anne Chapman argumentó que el caso fueguino es probablemente el rito de paso masculino mejor documentado etnográficamente en toda la antropología americana.
La única mujer en un ceremonial de hombres
Índice
La singularidad teológica de Xalpen consiste en ser la única figura femenina de un panteón ceremonial íntegramente masculino. Todos los demás espíritus del Hain —Shoort, Halahaches, Ulen, K’terrnen, Kulan, Wakus, Kotaix, y muchos otros documentados por Gusinde y Chapman— eran representados por hombres adultos vestidos con pinturas corporales que ocultaban su identidad, en el marco del «secreto masculino» que constituía el fundamento del rito. Pero Xalpen, siendo también representada por un hombre, era femenina desde la perspectiva mitológica interna del ceremonial. La configuración planteaba una tensión narrativa interesante: dentro de un rito de subordinación femenina cuya justificación mítica era la victoria de Kwányip sobre las mujeres primordiales, aparecía una figura femenina dotada de poder subterráneo enorme.
La antropóloga Anne Chapman analizó con cuidado esta paradoja en Drama and Power in a Hunting Society. Su interpretación, que sigue siendo canónica, es que la presencia de Xalpen en el Hain masculino no era una excepción sino una lógica estructural del ceremonial. La conquista mítica del ceremonial por los hombres, en la narración de Kwányip, no había eliminado el poder femenino primordial sino que lo había convertido en peligro perpetuamente latente. Xalpen encarnaba en el ritual esa presencia amenazante y a la vez indispensable: sin su función devoradora, los kloketen no podían acceder a la transformación adulta. El poder femenino que Kwányip había domesticado seguía siendo, en último análisis, el motor de la propia iniciación masculina.
Los estudios feministas americanistas del siglo XXI han retomado la figura de Xalpen como caso paradigmático para el análisis de la ambivalencia estructural de las cosmologías patriarcales americanas. La antropóloga argentina Mónica Berón, en trabajos sobre género y ritual en poblaciones cazadoras-recolectoras del Cono Sur, argumentó que Xalpen ilustra cómo la aparente «dominación masculina» documentada por las etnografías clásicas puede ocultar sistemas de complementariedad complejos donde el poder femenino sigue siendo teológicamente reconocido bajo formas subterráneas y peligrosas. La lectura feminista contemporánea no contradice la etnografía clásica de Chapman sino que la profundiza.
Iconografía y pinturas corporales
La representación material de Xalpen durante el Hain seguía convenciones iconográficas específicas documentadas fotográficamente por Martin Gusinde entre 1918 y 1924. El hombre adulto que la personificaba se pintaba el cuerpo íntegramente con arcillas rojas mezcladas con grasa de guanaco, produciendo un tono intenso que se destacaba tanto en la penumbra de la choza ritual como en el paisaje nevado de la Isla Grande durante los meses en que el Hain se celebraba. Sobre esa base roja se aplicaban líneas blancas de tiza sagrada extraída de sitios específicos de Tierra del Fuego, formando patrones geométricos que identificaban a Xalpen frente a otros espíritus femeninos secundarios como Kulan o Auke Halpen.
El tocado de Xalpen era también distintivo. Consistía en una máscara cónica construida con corteza de coihue (Nothofagus dombeyi) o de lenga (Nothofagus pumilio), decorada con plumas de cormorán y con tiras de cuero de foca. La máscara cubría íntegramente el rostro y el cuello del portador y añadía a su estatura entre veinte y cincuenta centímetros, produciendo un efecto visual imponente. La antropóloga Anne Chapman documentó fotográficamente varias variantes de esta máscara en su archivo, hoy conservado en el Museo Regional de Punta Arenas y en el Museo Chileno de Arte Precolombino de Santiago.
Las pinturas corporales del Hain en general, y las de Xalpen en particular, han sido reconocidas como una de las manifestaciones artísticas más sofisticadas del arte corporal americano. La empresa italiana de moda Alberta Ferretti, en una polémica colección primavera-verano 2018, incorporó reproducciones de las pinturas de Xalpen sin consulta a las comunidades selk’nam contemporáneas, provocando protestas y una demanda formal de reconocimiento cultural. El incidente ilustró tanto la persistencia visual de la iconografía fueguina como los conflictos contemporáneos sobre propiedad intelectual y patrimonio inmaterial indígena.
Una mirada final
Xalpen es un ejemplo de cómo la etnografía tardía —realizada in extremis por Martin Gusinde en los años 1920 y por Anne Chapman en los 1970— pudo preservar figuras teológicas complejas de un mundo cultural en proceso de extinción. Sin esos trabajos, la única mujer del ceremonial masculino fueguino habría desaparecido con los últimos hablantes fluidos. Hoy, cuando el pueblo selk’nam ha sido oficialmente reconocido por primera vez desde el genocidio, la figura vuelve a ser referente propio de descendientes que buscan reconectar con una cosmología que casi se extinguió con ellos. La antropología del último siglo cumplió, con Xalpen, una función que pocas veces logra con tanta claridad: la de preservar hasta que el pueblo pudiera volver a reclamar lo suyo.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Xalpen dentro del panteón selk’nam?
El único espíritu femenino del ceremonial masculino del Hain, esposa mitológica del gran espíritu Shoort. Habitaba las profundidades subterráneas de la tierra y era representada durante el rito por un hombre adulto pintado íntegramente de rojo con arcillas y grasa de guanaco. Su función dramatúrgica era devorar ritualmente a los jóvenes iniciados (kloketen) y devolverlos transformados en hombres adultos plenos.
¿Cómo articulaba su función el rito de paso?
Encajaba con la estructura tripartita del rito de paso analizada por Van Gennep y Turner: separación, liminalidad, agregación. Xalpen presidía la fase liminal, momento de muerte simbólica y transformación radical del iniciado. Los kloketen entraban en la choza sagrada como jóvenes y salían como adultos gracias al episodio de devoración ritual dirigido por la espíritu femenina. Anne Chapman consideró el Hain como uno de los ritos de paso mejor documentados etnográficamente en toda la antropología americana.
¿Por qué era la única mujer en un ceremonial masculino?
Su presencia refleja una lógica estructural del Hain. La conquista mítica del ceremonial por los hombres, en el ciclo de Kwányip, no eliminó el poder femenino primordial sino que lo convirtió en peligro perpetuamente latente. Xalpen encarnaba esa presencia amenazante e indispensable: sin su función devoradora, los kloketen no podían acceder a la transformación adulta. Los estudios feministas americanistas contemporáneos han retomado su figura como paradigma de la ambivalencia estructural de las cosmologías patriarcales.
¿Cómo era su iconografía y pintura corporal?
El hombre que la representaba se pintaba íntegramente con arcillas rojas mezcladas con grasa de guanaco, con líneas blancas de tiza sagrada formando patrones geométricos específicos. Usaba una máscara cónica de corteza de coihue o lenga, decorada con plumas de cormorán y tiras de cuero de foca, que cubría el rostro y añadía altura. Martin Gusinde documentó fotográficamente estas variantes entre 1918 y 1924. Los archivos se conservan en el Museo Regional de Punta Arenas y el Museo Chileno de Arte Precolombino.
¿Hay algún debate contemporáneo sobre su iconografía?
Sí. La empresa italiana Alberta Ferretti incorporó en 2018 reproducciones de las pinturas corporales de Xalpen en su colección primavera-verano sin consulta a las comunidades selk’nam contemporáneas, provocando protestas y una demanda formal de reconocimiento cultural. El incidente puso en agenda pública los conflictos sobre propiedad intelectual y patrimonio inmaterial indígena, y fue uno de los antecedentes citados por la Ley 21.606 chilena de 2023 que reconoció oficialmente al pueblo selk’nam por primera vez tras un siglo.





