Yakuruna: el hombre-agua de las ciudades submarinas amazónicas

En breve. Yakuruna es el hombre-agua amazónico, ser humanoide que habita bajo los ríos peruanos y bolivianos en ciudades submarinas donde acoge a los ahogados y ocasionalmente sale a la superficie para captar a nuevos habitantes. La tradición shipibo-conibo, cocama y kichwa amazónico lo describe con notable coherencia y sostiene su culto como una de las figuras acuáticas más poderosas del panteón regional.

Origen culturalPueblos amazónicos peruanos (shipibo-conibo del Ucayali, cocama del Marañón, kichwa amazónico del Napo, awajún del Alto Marañón) y de la Amazonía boliviana (mosetén, tsimane); presencia menor en Colombia y Ecuador amazónicos
TipoSer sobrenatural humanoide de las profundidades acuáticas; señor de las aguas y de los ahogados
Función míticaHabitar ciudades submarinas en los ríos amazónicos; recibir las almas de los ahogados y darles hogar en el mundo subacuático; ocasionalmente salir a la superficie para captar a nuevas víctimas por seducción o rapto
AtestaciónCésar Calvo, Las tres mitades de Ino Moxo (1981); Roger Rumrrill, Amazonía, los mitos y las máscaras (1992); Bruce Lamb, Wizard of the Upper Amazon (1971); Kristine Stone y otros etnógrafos de la cultura shipibo-conibo
Vigencia hoyReferente activo en el imaginario ribereño amazónico peruano y boliviano; presente en la pintura visionaria de Pablo Amaringo y de los pintores de la escuela Usko-Ayar; invocado en ceremonias de plantas maestras que se realizan en centros de medicina tradicional del bajo Ucayali

La palabra yakuruna combina dos términos del quechua amazónico: yaku significa «agua» y runa significa «hombre» o «persona». El nombre literal, «hombre del agua» o «persona del agua», designa la naturaleza del ser sin ambigüedad. La tradición amazónica peruana lo describe como humanoide de tamaño humano promedio, piel muy pálida por la ausencia de exposición solar, cabello largo negro, ojos oscuros ligeramente saltones y manos con leve membrana entre los dedos que le permite nadar con velocidad sobrenatural.

Los yakurunas viven en ciudades submarinas construidas en los tramos más profundos de los ríos Ucayali, Marañón, Amazonas y Napo. La ciudad principal se ubica según la tradición shipibo-conibo cerca de Contamana, en la confluencia del Ucayali con varios afluentes. Las ciudades tienen arquitectura reconocible por los buzos ocasionales que las han vislumbrado: calles rectas, plazas rectangulares, casas de material similar al concreto pero de color verde azulado, y una iluminación difusa que no depende del sol y que permite ver bajo el agua como si fuese día. El testimonio más citado de esta iluminación viene de un pescador de Nauta cuyo bote se hundió en el año 1965 y que declaró haber visto la ciudad antes de ser rescatado.

César Calvo, en Las tres mitades de Ino Moxo (1981), recogió testimonios detallados de curanderos ayahuasqueros shipibo-conibo sobre la geografía interna de las ciudades yakurunas. Su descripción coincide con la que Bruce Lamb registró en Wizard of the Upper Amazon (1971) a partir de conversaciones con Manuel Córdova-Rios, curandero del alto Ucayali. Ambas fuentes concuerdan en que las ciudades tienen distintos niveles según la jerarquía social interna de los yakurunas: el nivel superior habitado por los jefes, el medio por los familias regulares y el inferior por los ahogados recientes que aún se están adaptando a su nueva vida acuática.

Ahogados, secuestros y matrimonios acuáticos

La función principal de los yakurunas en la teología amazónica peruana es recibir las almas de los ahogados. Cuando alguien muere ahogado en un río del bosque tropical —accidente frecuente durante las crecidas del verano austral, cuando las corrientes se intensifican y las canoas se vuelcan con facilidad—, el cuerpo puede o no recuperarse, pero el alma es recibida en la ciudad submarina más cercana. Los yakurunas la acogen, le enseñan a respirar bajo el agua mediante la modificación gradual de sus pulmones, y le asignan una casa en el nivel inferior de la ciudad. Después de varios años, el ahogado puede ascender a los niveles medio y superior si se integra completamente a la sociedad acuática.

La captación activa es la otra vía de reclutamiento. Los yakurunas machos salen ocasionalmente a la superficie durante las noches sin luna y captan a mujeres jóvenes que se bañan solas en el río al anochecer o que caminan por las orillas durante horas peligrosas. La captación no es siempre violenta: en algunas variantes el yakuruna corteja a la mujer durante semanas, apareciendo cada noche cerca de la orilla, hasta que ella acepta voluntariamente descender al río con él. En otras variantes es rapto directo. En cualquiera de los casos, la mujer captada se convierte en yakuruna después de varios meses de vida submarina y ya no puede regresar al mundo humano de la superficie.

La antropóloga austríaca Kristine Stone, en sus trabajos con la cultura shipibo-conibo, ha documentado una variante del mito centrada en el matrimonio interespecífico. En comunidades del bajo Ucayali existen relatos concretos sobre mujeres que fueron captadas por yakurunas y que, décadas después, regresaron temporalmente a la superficie durante las inundaciones extremas para saludar a sus familias humanas. La tradición reconoce a estas mujeres bajo un término específico —yakurunahuayna, «yakuruna joven»— y considera que su visita durante las crecidas debe ser recibida con ritos apropiados que aseguren su regreso pacífico al mundo submarino.

Iconografía visionaria y pintura amazónica

Pablo Amaringo dedicó una parte significativa de su obra visionaria a representar las ciudades yakurunas y los encuentros de los ayahuasqueros con sus habitantes. Sus cuadros muestran arquitecturas submarinas complejas iluminadas por luz verde azulada, con calles pobladas por yakurunas de piel pálida y cabello largo que reciben a los curanderos ayahuasqueros llegados en visión desde la superficie. La colección más completa de estas obras se conserva en la Fundación Usko-Ayar de Pucallpa y ha sido reproducida en catálogos internacionales editados por Luis Eduardo Luna y por la Universidad de Rhode Island.

La escuela pictórica formada por los discípulos de Amaringo en Pucallpa ha continuado explorando el motivo. Pintores contemporáneos como Anderson Debernardi, Pablo Amaringo Shuña (sobrino del maestro) y Otto Michael han producido decenas de cuadros que representan encuentros ayahuasqueros con yakurunas. Sus obras se exhiben regularmente en galerías de Iquitos, Lima y en circuitos internacionales del arte visionario contemporáneo. La difusión de estas imágenes ha llevado la figura del yakuruna a públicos internacionales que antes no conocían la mitología amazónica peruana.

El etnobotánico Luis Eduardo Luna, en Vegetalismo: Shamanism among the Mestizo Population of the Peruvian Amazon (1986), analizó la relación entre las visiones ayahuasqueras y la iconografía yakuruna. Su argumento es que las representaciones plásticas no reproducen alucinaciones aleatorias sino tradiciones visuales culturalmente codificadas que los ayahuasqueros aprenden como parte de su formación. La figura del yakuruna transmitida por vía oral y visual entre generaciones de curanderos amazónicos ha alcanzado así una estabilidad iconográfica que la investigación etnobotánica reconoce como sistemática.

Lo que permanece

Los yakurunas siguen habitando en el imaginario ribereño amazónico peruano y boliviano. Cada ahogado del bajo Ucayali o del Marañón cuya cadáver no se recupera es recibido por la tradición como huésped nuevo de la ciudad submarina más cercana. Cada joven pintor de la escuela Usko-Ayar aprende a representar las ciudades verdes azuladas donde los ahogados hacen su vida nueva. Y cada visitante internacional que participa en ceremonias de ayahuasca en el bajo Ucayali escucha, si sabe preguntar, los relatos sobre el hombre del agua que corteja a mujeres jóvenes en las noches sin luna.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa el nombre Yakuruna?

Del quechua amazónico yaku («agua») y runa («hombre» o «persona»). El nombre literal es «hombre del agua» o «persona del agua». Designa a un ser humanoide sobrenatural que habita bajo los ríos amazónicos peruanos y bolivianos en ciudades submarinas donde recibe a los ahogados y ocasionalmente sale a la superficie para captar a nuevas víctimas por seducción o rapto.

¿Cómo se describen sus ciudades submarinas?

Con calles rectas, plazas rectangulares, casas de material similar al concreto pero de color verde azulado, y una iluminación difusa que no depende del sol y permite ver bajo el agua como si fuese día. Las ciudades tienen distintos niveles según la jerarquía interna: el superior habitado por los jefes, el medio por las familias regulares y el inferior por los ahogados recientes en adaptación. La ciudad principal se ubica según la tradición shipibo-conibo cerca de Contamana en el Ucayali.

¿Cuál es su función respecto a los ahogados?

Recibir sus almas. Cuando alguien muere ahogado en un río, el cuerpo puede o no recuperarse, pero el alma es recibida en la ciudad submarina más cercana. Los yakurunas la acogen, le enseñan a respirar bajo el agua mediante la modificación gradual de sus pulmones, y le asignan una casa en el nivel inferior de la ciudad. Después de varios años puede ascender a niveles superiores si se integra completamente a la sociedad acuática.

¿Aparece en la pintura visionaria amazónica?

Sí, con centralidad. Pablo Amaringo dedicó una parte significativa de su obra a representar las ciudades yakurunas iluminadas por luz verde azulada. La escuela pictórica de sus discípulos —Anderson Debernardi, Pablo Amaringo Shuña, Otto Michael— ha continuado explorando el motivo en decenas de cuadros que se exhiben en galerías de Iquitos, Lima y en circuitos internacionales de arte visionario contemporáneo. La difusión de estas imágenes ha llevado la figura a públicos internacionales.

¿Puede alguien captado regresar al mundo humano?

Solo temporalmente. Kristine Stone documentó en comunidades del bajo Ucayali relatos sobre mujeres captadas por yakurunas que regresaron temporalmente a la superficie durante las inundaciones extremas para saludar a sus familias humanas. La tradición las llama yakurunahuayna («yakuruna joven») y considera que sus visitas durante las crecidas deben recibirse con ritos apropiados que aseguren su regreso pacífico al mundo submarino.

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