Tayaupa, el padre sol wixárika del cielo diurno

En breve. Tayaupa (literalmente «nuestro padre» en wixárika niukieya, la lengua yuto-nahua del pueblo wixárika, conocido en la literatura antigua como huichol; el nombre aparece también con las variantes Tayaú y Tayau) es el padre sol del panteón wixárika, deidad del cielo diurno y hermano cósmico del abuelo fuego Tatewarí y de la abuela primordial Nakawé. Su origen se remonta al mito del niño arrojado al fuego de Tatewarí por decisión de los dioses reunidos en asamblea: el niño se hundió en la tierra y salió al día siguiente por el este convertido en el astro solar, motivo paralelo al del mexica Nanahuatzin que se lanza a la hoguera de Teotihuacan para dar origen al Quinto Sol según el Códice Florentino (libro VII) de Bernardino de Sahagún. La primera sistematización etnográfica de Tayaupa se debe a Konrad Theodor Preuss en Die Nayarit-Expedition (Teubner, Leipzig, 1912), fruto del trabajo de campo en 1906-1907; el corpus fue ampliado por Robert M. Zingg en The Huichols: Primitive Artists (G. E. Stechert, New York, 1938) y reinterpretado por Johannes Neurath en Las fiestas de la Casa Grande (INAH/UdG, Guadalajara, 2002). Tayaupa permanece invocado en los rezos matutinos de las comunidades wixáritari, en la orientación al este de los templos comunitarios (tuki, plural tukite) y en el ciclo ritual anual que culmina con la peregrinación a Wirikuta para recolectar hikuri (peyote).

Origen culturalPueblo wixárika (autónimo, «la gente»; plural wixáritari; conocido en la literatura antigua como huichol); lengua wixárika niukieya de la familia yuto-nahua, rama corachol junto con el cora naáyeri; aproximadamente 50.000 hablantes en las comunidades de la sierra Madre Occidental que comprende el norte de Jalisco (municipios de Mezquitic y Bolaños), el sur de Nayarit, el sur de Durango y el noroeste de Zacatecas; economía tradicional de agricultura de coamil (maíz, frijol, calabaza), pastoreo de ganado menor y peregrinación anual a Wirikuta (desierto de Real de Catorce, San Luis Potosí) para la recolección ritual de hikuri (peyote, Lophophora williamsii)
TipoDeidad solar del panteón wixárika; padre sol del ciclo cosmogónico, hermano ritual del abuelo fuego Tatewarí y de la abuela primordial Nakawé; nacido del sacrificio de un niño arrojado al fuego primordial, motivo paralelo al del Quinto Sol mexica de Teotihuacan (Nanahuatzin y Tecuciztécatl) registrado por Bernardino de Sahagún en el libro VII del Códice Florentino; padre de Xurawe Kwei (estrella-hijo, identificada con el planeta Venus); no confundir con la contraparte cora Tayaú del panteón naáyeri, con la que comparte etimología («nuestro padre») pero difiere en el detalle del ciclo mítico
Función míticaOrigen del ciclo diurno y del calendario ritual wixárika; tras el sacrificio del niño en el fuego de Tatewarí, emerge por el este cada mañana y se hunde en el mar occidental al atardecer para navegar bajo la tierra durante la noche; establece la orientación cardinal que los tukite reproducen en su arquitectura (fachada al este); es padre de Xurawe Kwei (Venus); en el ciclo anual, su culto se refuerza en las peregrinaciones a Wirikuta y en las ofrendas al amanecer
AtestaciónKonrad Theodor Preuss, Die Nayarit-Expedition. Textaufnahmen und Beobachtungen unter mexikanischen Indianern. Erster Band: Die Religion der Cora-Indianer (B. G. Teubner, Leipzig, 1912), primera sistematización etnográfica del ciclo cosmogónico wixárika y cora tras la expedición de 1906-1907; Robert M. Zingg, The Huichols: Primitive Artists (G. E. Stechert, New York, 1938), ampliación con trabajo de campo en Tuxpan (1934); Peter T. Furst, «To Find Our Life: Peyote Among the Huichol Indians» en Peter T. Furst (ed.), Flesh of the Gods: The Ritual Use of Hallucinogens (Praeger, New York, 1972); Peter T. Furst y Marina Anguiano, «‘To Fly as Birds’: Myth and Ritual as Agents of Enculturation among the Huichol Indians of Mexico» en Johannes Wilbert (ed.), Enculturation in Latin America (UCLA Latin American Center, Los Angeles, 1976); Johannes Neurath, Las fiestas de la Casa Grande (INAH/Universidad de Guadalajara, 2002); Johannes Neurath, Somos como los dioses. Miradas antropológicas a las artes wixaritari (Artes de México, 2008); Paul M. Liffman, Huichol Territory and the Mexican Nation: Indigenous Ritual, Land Conflict, and Sovereignty Claims (University of Arizona Press, Tucson, 2011)
Vigencia hoyFigura viva en las comunidades wixáritari de Santa Catarina Cuexcomatitlán, San Andrés Cohamiata, San Sebastián Teponahuaxtlán, Tuxpan de Bolaños y Guadalupe Ocotán; invocado en los rezos matutinos al sol naciente durante las fiestas comunitarias; presente en la orientación cardinal de los tukite (templos comunitarios circulares), cuya puerta abre al este para recibir el primer rayo; componente del ciclo ritual anual que culmina con la peregrinación a Wirikuta (~450 km desde Jalisco hasta San Luis Potosí) y con las fiestas del maíz nuevo (Namawita Neixa) y del tambor (Tatei Neixa); representado en el arte votivo wixárika (cuadros de estambre, nierika) mediante el disco solar con rayos

El pueblo wixárika (autónimo del grupo conocido en la literatura antigua como huichol) habita las serranías del norte de Jalisco, el sur de Nayarit, el sur de Durango y el noroeste de Zacatecas, con comunidades como Santa Catarina Cuexcomatitlán, San Andrés Cohamiata, San Sebastián Teponahuaxtlán, Tuxpan de Bolaños y Guadalupe Ocotán. La lengua wixárika niukieya pertenece a la familia yuto-nahua, rama corachol, cuyo pariente más próximo es el cora naáyeri. El pueblo wixárika mantuvo desde el siglo XVI una autonomía considerable respecto al proyecto colonial español, favorecida por la geografía montañosa de la sierra Madre Occidental; los aproximadamente 50.000 hablantes actuales conservan un sistema ritual complejo cuya práctica central es la peregrinación anual a Wirikuta, en el desierto de Real de Catorce (San Luis Potosí), para la recolección de hikuri (peyote, Lophophora williamsii).

La sistematización etnográfica del ciclo donde aparece Tayaupa se debe a Konrad Theodor Preuss (1869-1938), etnógrafo alemán del Königliches Museum für Völkerkunde de Berlín que dirigió la Nayarit-Expedition entre 1906 y 1907. Preuss trabajó durante casi dos años entre los pueblos cora naáyeri y wixárika de la sierra Madre Occidental, y publicó los resultados en tres volúmenes: Die Nayarit-Expedition. Erster Band: Die Religion der Cora-Indianer (B. G. Teubner, Leipzig, 1912), consagrado al panteón cora con paralelos wixárika constantes, y dos volúmenes posteriores dedicados al material lingüístico. En el corpus de 1912, la figura de Tayaupa aparece como padre sol nacido del sacrificio de un niño arrojado al fuego de Tatewarí: el niño se hundió en la tierra y salió al día siguiente por el este transformado en el astro solar.

La recepción posterior amplió y matizó el registro de Preuss. Robert M. Zingg (1900-1957), etnólogo de la University of Chicago, realizó trabajo de campo en Tuxpan de Bolaños durante 1934 y publicó The Huichols: Primitive Artists (G. E. Stechert, New York, 1938), obra que amplió el corpus mítico con material específicamente wixárika. Peter T. Furst (1922-2015) y Barbara G. Myerhoff (1935-1985) trabajaron desde UCLA entre 1965 y 1972 con la comunidad de Ramón Medina Silva (marakame de Colotlán, Jalisco); los trabajos maduros de Furst quedaron recogidos en Rock Crystals and Peyote Dreams (University of Utah Press, Salt Lake City, 2006). Desde la etnología mexicana, Johannes Neurath en Las fiestas de la Casa Grande (INAH/UdG, 2002) y Somos como los dioses (Artes de México, 2008) reinterpretó el material desde la comunidad de Tateikita (Santa Catarina) con atención a la organización social de los tukite.

El padre sol y el mito del niño arrojado al fuego

El corpus registrado por Preuss (1912) y ampliado por Zingg (1938) presenta el nacimiento de Tayaupa como consecuencia de una decisión colectiva de los dioses reunidos en asamblea primordial. En el tiempo del origen, el mundo permanecía en oscuridad. La abuela Nakawé, el abuelo fuego Tatewarí, el venado azul Kauyumari y las demás deidades wixáritari se congregaron para deliberar. Tras largas discusiones, acordaron que era necesario un sacrificio: alguien debía arrojarse al fuego de Tatewarí para renacer transformado en astro luminoso. Los primeros candidatos, dioses adultos y poderosos, se acobardaron. El sacrificio recayó entonces en un niño, cuyo nombre varía según las versiones. El niño aceptó y se lanzó a la hoguera.

El destino inmediato del niño no fue el cielo, sino la tierra. Tras hundirse en el fuego, viajó bajo la corteza del mundo hasta emerger al día siguiente por el este, transformado en Tayaupa, el sol. La ascensión trazó por primera vez el trayecto que el astro repetiría cada día: nacimiento por el este, tránsito diurno hacia el cenit, descenso hacia el oeste, hundimiento en el mar occidental y viaje nocturno bajo la tierra hasta el siguiente amanecer. Preuss registró en 1912 la versión cora naáyeri con detalles paralelos, y anotó que la figura equivalente en el panteón wixárika aparecía con el nombre Tayaupa. Zingg amplió en 1938 el registro con testimonios de Tuxpan de Bolaños y confirmó la centralidad del motivo del sacrificio infantil en el ciclo cosmogónico wixárika.

El motivo tiene un paralelo cercano en el mito del Quinto Sol mexica registrado por Bernardino de Sahagún en el libro VII del Códice Florentino (ca. 1577). Según Sahagún, los dioses reunidos en Teotihuacan requerían un sacrificio para crear el sol de la era presente. Nanahuatzin, dios buboso y humilde, se arrojó al fuego primero y renació como Tonatiuh, el sol; Tecuciztécatl, dios rico y arrogante, dudó cuatro veces antes de lanzarse y renació como la luna. La afinidad estructural entre el mito mexica y el wixárika —dioses en asamblea, sacrificio en el fuego primordial, emersión por el este— refleja la pertenencia común a la familia yuto-nahua. Peter T. Furst y Marina Anguiano en «‘To Fly as Birds'» (en Wilbert ed., Enculturation in Latin America, UCLA, 1976) desarrollaron esta comparación desde el marco de la enculturación ritual.

La lectura contemporánea diferencia con cuidado los estratos del corpus. Preuss (1912) reflejó la variante naáyeri con detalles wixárika paralelos; Zingg (1938) reflejó la variante wixárika de Tuxpan de Bolaños con acceso directo a la ceremonia. La interpretación de Furst y Myerhoff a partir de 1965 se benefició del acceso continuado a la comunidad de marakate agrupada en torno a Ramón Medina Silva, y produjo una lectura donde el sacrificio del niño se inscribe en el ciclo más amplio de la peregrinación a Wirikuta. Neurath (2002, 2008) aportó desde Tateikita el análisis de cómo el mito del sol organiza la orientación de los tukite y la estructura del calendario ritual.

Tayaupa en el ciclo diario y en la orientación de los tukite

El tránsito diario de Tayaupa por el cielo organiza el tiempo cotidiano de las comunidades wixáritari. El amanecer marca el comienzo de la actividad ritual: los rezos matutinos, la ofrenda de agua y de tejuino (bebida fermentada de maíz), la orientación de la primera plegaria hacia el este. Durante el día, el sol asciende hacia el cenit y desciende hacia el oeste; al atardecer se hunde en el mar occidental —el Pacífico visible desde las serranías de la costa nayarita— y comienza su viaje nocturno bajo la tierra. La noche pertenece a otras figuras: a Nakawé, a las estrellas Xurawe, a los espíritus del monte y al fuego doméstico de Tatewarí. Al amanecer siguiente, Tayaupa emerge de nuevo por el este y el ciclo se reinicia. El esquema fue registrado por Preuss (1912) y confirmado por Zingg (1938).

La orientación cardinal fija de Tayaupa tiene consecuencias arquitectónicas directas. Los tukite (templos comunitarios circulares del pueblo wixárika) se construyen con la puerta abierta al este, para recibir el primer rayo del sol naciente durante las ceremonias del amanecer. La estructura reproduce en pequeña escala el ordenamiento del cosmos: techo cónico como cielo, piso circular como tierra, fogón central como Tatewarí, puerta al este como trayectoria del sol. Cada tuki pertenece a una comunidad encabezada por un marakame (chamán) y por jicareros (cargos rituales de cinco años renovables). Johannes Neurath analizó en Las fiestas de la Casa Grande (2002) cómo el sistema de los tukite de Tateikita organiza la vida ritual comunitaria en torno a la orientación solar y al ciclo anual de fiestas.

Tayaupa tiene descendencia mítica: es padre de Xurawe Kwei (literalmente «estrella-hijo»), identificada con el planeta Venus. La figura de Venus aparece en el corpus wixárika como acompañante del sol en su trayectoria: estrella matutina cuando precede al amanecer, estrella vespertina cuando sigue al atardecer. El nombre Xurawe designa en general a las estrellas, y Xurawe Kwei individualiza a la estrella-hijo del padre sol. El motivo reproduce el patrón mesoamericano donde Venus aparece asociada al sol, patrón que en el corpus mexica se codifica en Quetzalcóatl como estrella matutina y Xolotl como vespertina. En el ciclo ritual wixárika, las apariciones de Venus se observan con atención en las madrugadas de las peregrinaciones a Wirikuta.

La observación astronómica wixárika integra el trayecto de Tayaupa en un calendario ritual que combina el año solar, el ciclo agrícola del maíz y la peregrinación anual a Wirikuta. Las fiestas del maíz nuevo (Namawita Neixa) se celebran en octubre; la fiesta del tambor (Tatei Neixa) en la primavera para presentar a los niños ante los dioses; la peregrinación a Wirikuta se realiza en el otoño-invierno tras las lluvias. En cada momento, la posición de Tayaupa en el horizonte marca los tiempos rituales. Neurath (2002, 2008) documentó cómo los marakate de Tateikita interpretan las variaciones estacionales del amanecer como signos de la voluntad del padre sol.

Continuidad ritual y comparación con los soles mesoamericanos

El culto a Tayaupa en las comunidades wixáritari contemporáneas conserva formas rituales registradas por Preuss en 1912 y por Zingg en 1938. La oración tsikwaki al amanecer, dirigida al sol naciente, todavía se pronuncia en las fiestas comunitarias y en las peregrinaciones a Wirikuta. El marakame preside el rezo, sostiene el muvieri (bastón ritual con plumas de águila) apuntando al este y guía a la comunidad en el saludo al padre sol. Las ofrendas al amanecer incluyen agua fresca de los manantiales sagrados, tejuino preparado con maíz de la última cosecha, tabaco (ya en wixárika niukieya) y flechas votivas con plumas de pájaros solares. Esta continuidad ritual responde a la transmisión sostenida del cargo de marakame durante generaciones, documentada por Furst y Myerhoff en la comunidad de Ramón Medina Silva y por Neurath en Tateikita.

La peregrinación anual a Wirikuta refuerza el culto a Tayaupa. El recorrido de aproximadamente 450 km desde la sierra Madre Occidental hasta el desierto de Real de Catorce reproduce, según los marakate, el trayecto que los dioses wixáritari hicieron en el tiempo del origen. Los peregrinos parten al amanecer, invocan a Tayaupa en cada estación del camino y llegan al desierto en el momento en que el sol permite el hallazgo del hikuri (peyote), identificado con Kauyumari, el venado azul mensajero. Tayaupa preside el ciclo diurno del viaje y garantiza el retorno seguro a la sierra.

La comparación regional permite situar a Tayaupa en una familia mesoamericana amplia. El Tonatiuh mexica, nacido del sacrificio de Nanahuatzin en Teotihuacan según el Códice Florentino, comparte el motivo del sacrificio en la hoguera. El Kinich Ahau yucateco, «rostro solar señor» en el panteón maya según el Chilam Balam de Chumayel y las relaciones de Diego de Landa (1566), comparte la centralidad del sol como referente del tiempo ritual. El Inti inca presidió el panteón del Tawantinsuyu según los cronistas Bernabé Cobo y Cristóbal de Molina y organizó el calendario ritual del Cuzco. El Kai wayúu del panteón guajiro comparte la asociación del sol con el ordenamiento cardinal.

La afinidad estructural entre estos soles americanos no equivale a identidad histórica. Tayaupa pertenece al panteón wixárika de la sierra Madre Occidental, formado a partir de un sustrato yuto-nahua compartido con los pueblos mesoamericanos del altiplano central pero desarrollado durante siglos en un contexto ritual específico. La peregrinación a Wirikuta, la orientación de los tukite y el papel del marakame configuran una tradición viva cuyo padre sol conserva rasgos propios. Peter T. Furst en «To Find Our Life» (en Furst ed., Flesh of the Gods, Praeger, 1972) subrayó la especificidad wixárika frente a los paralelos mesoamericanos generales, y advirtió contra la lectura reductora que asimila el corpus wixárika al mexica sin atender a las diferencias históricas y rituales.

Para terminar

Tayaupa es el padre sol del panteón wixárika, deidad del cielo diurno nacida del sacrificio del niño arrojado al fuego de Tatewarí en el mito registrado por Preuss (Teubner, Leipzig, 1912) y ampliado por Zingg (G. E. Stechert, New York, 1938). Su tránsito diario de este a oeste organiza el tiempo ritual de las comunidades wixáritari, orienta la arquitectura de los tukite y estructura el calendario anual que culmina con la peregrinación a Wirikuta. El corpus contemporáneo, sistematizado por Furst, Myerhoff, Anguiano y Neurath entre 1965 y 2008, confirma la continuidad ritual de Tayaupa en las comunidades de Jalisco norte, Nayarit, Durango sur y Zacatecas.

La comparación con otros soles americanos —el Tonatiuh mexica nacido del sacrificio de Nanahuatzin, el Kinich Ahau yucateco, el Inti inca, el Kai wayúu— inscribe a Tayaupa en una familia mesoamericana amplia. Junto con Nakawé la abuela primordial, Kauyumari el venado azul, Watákame el sobreviviente del diluvio y Kieri la planta-persona antagonista del hikuri, Tayaupa integra un panteón vivo cuya práctica ritual se ha transmitido sin interrupción desde el registro etnográfico de comienzos del siglo XX hasta las comunidades wixáritari del siglo XXI.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Tayaupa en el panteón wixárika?

Tayaupa (literalmente «nuestro padre» en wixárika niukieya, con las variantes Tayaú y Tayau en las transcripciones cora vecinas) es el padre sol del panteón wixárika, deidad del cielo diurno y hermano cósmico del abuelo fuego Tatewarí y de la abuela primordial Nakawé. Su origen se remonta al mito del niño arrojado al fuego de Tatewarí por decisión de los dioses reunidos en asamblea: el niño se hundió en la tierra y salió al día siguiente por el este convertido en el astro solar. La primera sistematización etnográfica se debe a Konrad Theodor Preuss en Die Nayarit-Expedition (Teubner, Leipzig, 1912).

¿Cuál es el mito del niño arrojado al fuego para crear el sol?

Según el corpus registrado por Preuss (1912) y ampliado por Zingg (1938), en el tiempo del origen el mundo permanecía en oscuridad. Los dioses wixáritari se reunieron en asamblea y acordaron que era necesario un sacrificio en el fuego de Tatewarí para crear el sol. Los primeros candidatos adultos se acobardaron; el sacrificio recayó en un niño que se lanzó a la hoguera. Tras hundirse en el fuego, viajó bajo la tierra y emergió al día siguiente por el este transformado en Tayaupa, trazando por primera vez el trayecto solar. El motivo tiene un paralelo cercano en el mito mexica de Nanahuatzin y el Quinto Sol registrado por Sahagún en el libro VII del Códice Florentino.

¿Por qué los tukite wixáritari se orientan al este?

Los tukite (templos comunitarios circulares del pueblo wixárika) se construyen con la puerta abierta al este para recibir el primer rayo de Tayaupa durante las ceremonias del amanecer. La estructura reproduce en pequeña escala el ordenamiento del cosmos: techo cónico como cielo, piso circular como tierra, fogón central como Tatewarí, puerta al este como trayectoria del sol. Cada tuki pertenece a una comunidad tuki encabezada por un marakame (chamán) y por jicareros con cargos rituales de cinco años renovables. Johannes Neurath analizó esta organización en Las fiestas de la Casa Grande (INAH/UdG, 2002) desde el trabajo de campo en Tateikita, Santa Catarina Cuexcomatitlán.

¿Qué relación tiene Tayaupa con otras figuras del panteón wixárika?

Tayaupa es hermano cósmico del abuelo fuego Tatewarí (en cuyo fuego se sacrificó el niño que renació como sol) y de la abuela primordial Nakawé. Es padre de Xurawe Kwei («estrella-hijo», identificada con el planeta Venus). Comparte el panteón con Kauyumari, el venado azul mensajero identificado con el peyote (hikuri) recogido en la peregrinación anual a Wirikuta, y con Watákame, el héroe cultural sobreviviente del diluvio primordial. En oposición al camino de luz que representan Kauyumari y el hikuri, se encuentra Kieri, la planta-persona antagonista asociada a la brujería individual y a la Solandra brevicalyx.

¿Cómo se compara Tayaupa con otros dioses del sol americanos?

Tayaupa comparte el motivo del sacrificio en el fuego primordial con el Tonatiuh mexica, nacido del sacrificio de Nanahuatzin en la hoguera de Teotihuacan según el libro VII del Códice Florentino de Sahagún. Con el Kinich Ahau maya yucateco (según el Chilam Balam de Chumayel y Diego de Landa 1566) comparte la centralidad del sol como referente del tiempo ritual. Con el Inti inca del Tawantinsuyu (según los cronistas Bernabé Cobo y Cristóbal de Molina) comparte la organización del calendario ritual en torno al ciclo solar. Con el Kai wayúu del panteón guajiro comparte la asociación del sol con el ordenamiento cardinal. La afinidad estructural no equivale a identidad histórica: Tayaupa conserva rasgos propios del pueblo wixárika, en especial la peregrinación a Wirikuta y la orientación de los tukite.

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