Lo esencial. Kon (grafía moderna; Con en las crónicas coloniales; también Kon Tiki Wiracocha en la síntesis inca posterior) es el dios creador primordial de la mitología costera pre-inca del Perú central y sur. Figura carente de huesos que se desplazaba con extraordinaria rapidez sobre el mar y la tierra, Kon creó a los primeros hombres y mujeres de la costa peruana, despejó los cerros para formar llanuras cultivables y les entregó la agricultura. Fue derrotado por su propio hijo (o rival divino, según la variante) Pachacámac, quien tomó su trono y transformó a los humanos originales en peces y aves como signo de la sustitución del orden creador antiguo por el nuevo. La narrativa completa forma el ciclo tripartito Kon-Pachacámac-Vichama que Antonio de la Calancha registró con detalle en su Crónica moralizada de la Orden de San Agustín en el Perú (Barcelona, 1638) a partir de tradiciones orales de las comunidades del valle del Huarmey y de la costa central peruana. Las fuentes tempranas incluyen a Francisco López de Gómara en la Historia general de las Indias (Zaragoza, 1552) y a Bernabé Cobo en la Historia del Nuevo Mundo (~1653; ed. Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, 1956). La síntesis moderna definitiva pertenece a María Rostworowski, cuya obra Pachacamac y el Señor de los Milagros. Una trayectoria milenaria (Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1992) reconstruyó la genealogía del panteón costero y demostró la continuidad ritual entre el oráculo prehispánico del valle del Lurín y el culto colonial y contemporáneo del Señor de los Milagros en Lima, una de las procesiones católicas más multitudinarias del mundo con más de un millón y medio de participantes cada octubre.
| Origen cultural | Pueblos de la costa central y sur del Perú prehispánico, especialmente de los valles del Rímac, Lurín, Chilca, Mala, Cañete, Chincha y Nasca; sustrato lingüístico probable mochica-yunga (lengua extinta a comienzos del siglo XX) y quingnam; culto documentado desde el Horizonte Medio (Wari, ~600-1000 d.C.) hasta la conquista española de 1533, con extraordinaria continuidad en el sitio arqueológico del santuario de Pachacámac (valle del Lurín, 30 km al sur de Lima actual); la expansión inca sobre la costa central en tiempos de Pachacútec (~1470) incorporó a Kon y a Pachacámac al panteón oficial sin destruir sus santuarios |
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| Tipo | Dios creador primordial de la costa peruana; figura sin huesos con desplazamiento aéreo sobre mar y tierra; primer creador del ciclo tripartito Kon-Pachacámac-Vichama; en algunas fuentes tardías identificado con el Kon Tiki Wiracocha de la síntesis inca, aunque los estudios modernos de María Rostworowski han demostrado que se trata originalmente de una figura independiente del panteón serrano |
| Función mítica | Creación primordial de los primeros hombres y mujeres de la costa peruana; formación del paisaje costero mediante el despejo de los cerros y la apertura de las llanuras cultivables; entrega de la agricultura, del riego por acequias y del calendario estacional a la primera humanidad; derrota posterior a manos de su hijo (o rival) Pachacámac, que tomó su trono y transformó a los humanos originales en peces del mar y aves de la costa; primer eslabón del ciclo cosmogónico costero completado por la historia de Vichama (hijo del Sol) que reordena el mundo tras el hambre causada por Pachacámac |
| Atestación | Francisco López de Gómara, Historia general de las Indias (Zaragoza, Agustín Millán, 1552, libro V, capítulo CXXII); Bernabé Cobo, Historia del Nuevo Mundo (~1653; ed. Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, 1956), libro XIII; Antonio de la Calancha, Crónica moralizada de la Orden de San Agustín en el Perú (Barcelona, 1638), libro II, capítulos XIX-XX, con la versión más completa del ciclo Kon-Pachacámac-Vichama; Felipe Guaman Poma de Ayala, Nueva corónica y buen gobierno (~1615); síntesis moderna en María Rostworowski, Pachacamac y el Señor de los Milagros. Una trayectoria milenaria (Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1992) y Estructuras andinas del poder (IEP, 1983) |
| Vigencia hoy | Sitio arqueológico de Pachacámac (30 km al sur de Lima, valle del Lurín, provincia de Lima) reconocido como Patrimonio Cultural de la Nación por el Estado peruano y visitado por más de cien mil personas al año; museo de sitio inaugurado en 2016 con nueva museografía del ciclo Kon-Pachacámac-Vichama; culto sincretizado del Señor de los Milagros en Lima cada octubre con más de un millón y medio de participantes, analizado por Rostworowski (1992) como continuidad ritual documentable del oráculo prehispánico; presencia de las tradiciones orales del ciclo en las comunidades costeras contemporáneas de Chilca, Mala y Huarmey |
La costa central y sur del Perú prehispánico desarrolló, entre aproximadamente el año 200 d.C. y la conquista española de 1533, un sistema religioso propio distinto del panteón serrano cusqueño y con una figura creadora específica que las crónicas coloniales tempranas registraron bajo el nombre de Kon. La región costera peruana —una franja desértica de aproximadamente dos mil quinientos kilómetros de largo entre el Pacífico y la cordillera occidental de los Andes, cortada perpendicularmente por unos cincuenta valles fluviales que descienden desde la sierra— fue asiento de culturas mayores como Chavín (aunque de matriz serrana), Paracas, Nasca, Mochica, Lima, Wari, Chimor, Chincha y Chancay, cuyas continuidades y discontinuidades religiosas han sido reconstruidas por la arqueología y la etnohistoria peruanas del siglo XX. El culto a Pachacámac, sucesor mítico de Kon y titular del santuario del mismo nombre en el valle del Lurín, es la manifestación más visible y mejor documentada de este sistema costero.
Dentro de este marco costero, Kon ocupa la posición de creador primordial, primero de tres deidades que se suceden en el gobierno del mundo según el ciclo cosmogónico registrado por las fuentes coloniales. Es el más antiguo y a la vez el más elusivo: las crónicas coinciden en describirlo como un ser sin huesos, ligero y veloz, que se desplazaba sobre el mar y la tierra con extraordinaria rapidez, y que creó a los primeros hombres y mujeres de la costa peruana a partir de la nada. Antonio de la Calancha, en su Crónica moralizada (Barcelona, 1638), es la fuente colonial más completa del ciclo, con una versión que probablemente recogió en el propio valle del Huarmey durante su ministerio agustino en la costa central peruana en la primera mitad del siglo XVII. Francisco López de Gómara, aunque no viajó personalmente al Perú, ya había mencionado a Con en la Historia general de las Indias (Zaragoza, 1552), en el capítulo dedicado a la religión de los indios del Perú, a partir de testimonios recogidos por otros cronistas y por los conquistadores españoles del primer momento.
La reconstrucción moderna del panteón costero pre-inca y de la posición de Kon dentro de él es obra fundamentalmente de la historiadora peruana María Rostworowski de Diez Canseco (1915-2016), una de las figuras mayores de la etnohistoria andina del siglo XX. Su libro Pachacamac y el Señor de los Milagros. Una trayectoria milenaria (Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1992) sistematizó los datos dispersos de las crónicas coloniales, los cotejó con la evidencia arqueológica del santuario de Pachacámac excavado desde Max Uhle en 1896 hasta las intervenciones más recientes del Proyecto Arqueológico Pachacamac dirigido por Peter Eeckhout, y demostró la continuidad ritual entre el oráculo prehispánico y el culto colonial del Señor de los Milagros venerado en Lima cada octubre. Este artículo se apoya principalmente en la síntesis de Rostworowski para la reconstrucción del ciclo Kon-Pachacámac-Vichama y para la evaluación crítica de las fuentes coloniales tempranas.
El creador costero primordial sin huesos
Índice
La descripción física de Kon en las fuentes coloniales insiste en un rasgo distintivo: la ausencia de huesos. Francisco López de Gómara (1552) escribe que Con era un ser ‘que no tenía huesos’ y que ‘andaba muy ligero’ sobre el mar y la tierra. Antonio de la Calancha (1638) desarrolla el rasgo con más detalle: sin huesos y con una constitución aérea y liviana, el creador podía desplazarse con una velocidad que ninguna criatura terrestre podía alcanzar, salvaba los cerros con un solo movimiento y cruzaba grandes distancias marítimas sin apoyo material. La característica no es un detalle accesorio del retrato divino sino una marca ritual de su naturaleza primordial: en el pensamiento andino costero, la ausencia de huesos designa una condición pre-humana, anterior a la sedimentación de la materia sólida y a la constitución del cuerpo tal como lo conocen los humanos actuales.
El acto creador de Kon es doble. En primer lugar, forma el paisaje costero mediante el despejo de los cerros. La costa peruana entre Lima y Nasca es una sucesión de valles fluviales encajonados entre estribaciones montañosas de la cordillera occidental que llegan casi hasta el Pacífico; según la narrativa recogida por Calancha, Kon apartó y abatió esas estribaciones para que se formaran las llanuras cultivables que hoy sostienen la agricultura de riego costera. En segundo lugar, y como culminación de su tarea, crea a los primeros hombres y mujeres de la costa a partir de la nada, y les entrega los medios de subsistencia: la agricultura, el conocimiento del calendario estacional, la organización del riego por acequias derivadas de los ríos que descienden de la sierra. La primera humanidad creada por Kon vivió en abundancia sobre el paisaje formado por él, en un tiempo mítico primordial que las crónicas describen sin fecha precisa pero con clara oposición a la humanidad posterior.
La ruptura de este orden inicial es obra de Pachacámac, presentado por Calancha (1638) como hijo de Kon y en otras variantes como rival divino aparecido más tarde. La versión más difundida cuenta que Pachacámac se rebeló contra su padre, lo derrotó en un enfrentamiento cuyos detalles las crónicas no precisan con claridad, y lo expulsó del gobierno del mundo. Como signo visible de la sustitución del orden creador antiguo por el nuevo, Pachacámac transformó a los humanos creados por Kon en peces del mar y aves de la costa, marcando así una discontinuidad radical entre la primera humanidad —la de la abundancia sin trabajo, propia del tiempo mítico primordial— y la segunda humanidad, la actual, que debe ganarse el sustento con el trabajo agrícola y con el sometimiento al nuevo orden pachacámaco. La transformación en peces y aves es motivo mítico recurrente en las mitologías costeras del Pacífico americano y ha sido comparada por María Rostworowski con narrativas similares del panteón mochica documentadas por Rafael Larco Hoyle en Los mochicas (Lima, 1938-39).
Los estudios comparativos han señalado paralelismos entre Kon y otras figuras cosmogónicas del área andina y del Pacífico americano. En el panteón serrano cusqueño, la posición de Kon como creador primordial es funcionalmente análoga a la de Wiracocha, aunque los detalles narrativos y las genealogías son distintos; ya los propios cronistas coloniales, ante la aparente equivalencia funcional, propusieron la identificación Kon Tiki Wiracocha como si se tratase de la misma deidad con nombres diferentes en la costa y en la sierra. María Rostworowski (1983, 1992) ha argumentado en contra de esta identificación fácil: Kon es una figura originariamente costera con rasgos específicos —la ausencia de huesos, la formación de las llanuras litorales, la relación de sucesión con Pachacámac— que no tienen equivalente exacto en el ciclo Wiracocha. La superposición fue producto de la política religiosa inca posterior a la conquista de la costa central (~1470) y de la sistematización cronística colonial del siglo XVI, no de una identidad prehispánica auténtica.
El ciclo Kon-Pachacámac-Vichama y la absorción inca
La narrativa completa del panteón costero pre-inca es un ciclo tripartito que Antonio de la Calancha (1638) recogió con más detalle que ningún otro cronista colonial: Kon, creador primordial, es derrotado por Pachacámac, que a su vez es contestado por Vichama, hijo del Sol, en un tercer momento que restablece el orden después de una crisis mítica. La versión de Calancha proviene probablemente de tradiciones orales que el agustino recogió en el valle del Huarmey durante su ministerio en la costa central peruana en la primera mitad del siglo XVII, y refleja el estado del ciclo aproximadamente un siglo después de la conquista, cuando la memoria oral prehispánica todavía era accesible pero ya había comenzado a modificarse por el contacto con el pensamiento cristiano.
Según la versión de Calancha, tras la derrota de Kon y la transformación de la primera humanidad en peces y aves, Pachacámac creó una segunda humanidad —los hombres y mujeres actuales— pero cometió el error de matar a la primera mujer, hija del Sol, provocando así una hambruna generalizada. Cuando Vichama, hijo del Sol y hermano de la mujer asesinada, regresó a la costa y encontró el desastre, castigó a Pachacámac lanzándolo al mar y transformó a los humanos culpables en piedras y en islas costeras. Después, para restituir la humanidad perdida, hizo brotar tres huevos del que salieron los tres estamentos sociales del mundo andino: uno de oro (curacas y señores), uno de plata (mujeres nobles) y uno de cobre (pueblo común). El ciclo tripartito así completado explica en clave mítica el orden social costero prehispánico y establece la genealogía divina de las jerarquías políticas y económicas del sistema.
La absorción de este ciclo costero por el panteón inca oficial es uno de los casos mejor documentados de política religiosa imperial en el mundo andino prehispánico. Cuando los incas cusqueños extendieron su dominio sobre la costa central en tiempos de Pachacútec (~1470) y de Túpac Yupanqui (~1480), encontraron un oráculo panandino de enorme prestigio en el santuario de Pachacámac, en el valle del Lurín, cuyo culto atraía peregrinos de toda el área andina. La política inca oficial no destruyó el santuario ni suprimió el culto sino que lo incorporó al panteón oficial en posición subordinada al Sol (Inti), construyendo dentro del recinto de Pachacámac un templo del Sol y un acllahuasi (casa de las mujeres consagradas al Sol, las aclla) que son visibles todavía hoy en la zona arqueológica. La misma política se aplicó a Kon, aunque su culto era ya menos vivo en el momento de la conquista inca y su absorción bajo el nombre compuesto Kon Tiki Wiracocha fue mayormente producto de la sistematización cronística colonial del siglo XVI.
La conquista española de 1532-1533 encontró el santuario de Pachacámac activo y todavía en pleno funcionamiento oracular. Miguel de Estete, cronista de la primera expedición de Hernando Pizarro al santuario en enero de 1533, dejó una descripción detallada de las estructuras y del ídolo mayor del templo, que los españoles destruyeron en el acto por considerar el culto obra del demonio. La Relación del viaje que hizo Hernando Pizarro desde Cajamarca a Pachacámac de Estete (~1534) es la fuente colonial temprana más precisa sobre el estado del santuario en el momento de la conquista y sobre la organización sacerdotal que lo administraba. La destrucción del ídolo mayor no significó, sin embargo, el fin del culto: el santuario siguió recibiendo peregrinos durante décadas y su prestigio ritual se prolongó bajo formas modificadas por el contacto con el cristianismo, hasta la aparición del culto colonial del Señor de los Milagros en el siglo XVII que discutiremos en la sección siguiente.
El santuario de Pachacámac y la continuidad con el Señor de los Milagros
El complejo arqueológico de Pachacámac, situado en el valle del Lurín a treinta kilómetros al sur del centro de Lima, es uno de los sitios ceremoniales más extensos y prolongadamente activos de la costa andina prehispánica. Ocupa una superficie de aproximadamente cuatrocientas hectáreas sobre la ribera sur del río Lurín, y su ocupación cultural continua se extiende desde aproximadamente el año 200 d.C. (Cultura Lima, con las primeras construcciones del sector conocido como Templo Viejo) hasta la conquista española de 1533. Las principales fases constructivas corresponden a la Cultura Wari (Horizonte Medio, ~600-1000 d.C.), con la construcción de las plataformas ceremoniales mayores; a la Cultura Ychsma (Intermedio Tardío, ~1100-1470 d.C.), con las pirámides con rampa que caracterizan la arquitectura del sitio; y a la ocupación inca (Horizonte Tardío, ~1470-1533 d.C.), con el Templo del Sol pintado de rojo y el Acllahuasi.
La historia arqueológica del sitio comienza formalmente con las excavaciones del alemán Max Uhle en 1896, patrocinadas por la Universidad de Pensilvania y publicadas en Pachacamac. Report of the William Pepper, M.D., LL.D., Peruvian Expedition of 1896 (Philadelphia, 1903). Uhle estableció la estratigrafía cultural del sitio y produjo el primer catálogo sistemático de sus materiales, sentando las bases de la arqueología andina científica moderna. En las décadas siguientes trabajaron en el sitio Julio C. Tello, Alfred Kroeber, Arturo Jiménez Borja, y en las últimas décadas el Proyecto Arqueológico Pachacamac dirigido por Peter Eeckhout de la Université Libre de Bruxelles, que desde 1999 ha reexcavado sistemáticamente varias de las estructuras mayores y ha producido una nueva síntesis de la ocupación del sitio. El museo de sitio, remodelado y reinaugurado en 2016 con una nueva museografía diseñada por Denise Pozzi-Escot, presenta al público la reconstrucción actualizada del ciclo Kon-Pachacámac-Vichama a partir de la síntesis de Rostworowski (1992).
La tesis central de María Rostworowski en Pachacamac y el Señor de los Milagros (1992) es que existe una continuidad ritual documentable entre el oráculo prehispánico de Pachacámac y el culto colonial y contemporáneo del Señor de los Milagros, la imagen católica venerada cada octubre en Lima con la procesión más multitudinaria del continente americano (más de un millón y medio de participantes anuales según cifras del Arzobispado de Lima). El origen histórico del culto del Señor de los Milagros se remonta a 1651, cuando un esclavo africano de casta angoleña conocido como Pedro Falcón pintó la imagen de Cristo crucificado sobre un muro de adobe en el barrio de Pachacamilla, en el actual centro de Lima. Tras el terremoto de 1655, que destruyó buena parte de la ciudad, se comprobó que el muro con la imagen había permanecido en pie mientras todo su entorno se derrumbaba; el hecho fue interpretado como milagroso y desencadenó la devoción popular que ha crecido sin interrupción hasta hoy.
Rostworowski documenta varios elementos que sostienen la tesis de continuidad ritual entre Pachacámac y el Señor de los Milagros. El nombre del barrio limeño donde apareció la imagen —Pachacamilla— es diminutivo del propio nombre del dios costero. La devoción se concentra en octubre, mes del calendario ritual andino asociado con las plegarias de propiciación de agua antes de la siembra siguiente. El itinerario procesional de la imagen desde el santuario de Nazarenas hasta la Plaza Mayor sigue rutas que reproducen antiguos caminos ceremoniales de peregrinación al oráculo prehispánico. La composición demográfica de los devotos —mayoritariamente descendientes de las poblaciones costeras prehispánicas y de los esclavos africanos importados durante la colonia— reproduce las capas sociales asociadas tradicionalmente al santuario. La continuidad no significa que los devotos actuales del Señor de los Milagros veneren consciente o inconscientemente a Pachacámac; significa, en la lectura de Rostworowski, que las formas rituales colectivas de la costa peruana han mantenido durante cinco siglos una geografía sagrada y un calendario ceremonial que preceden al cristianismo y que este ha reformulado sin borrar por completo.
Una mirada final
Kon es el primer eslabón de una genealogía divina costera que las crónicas coloniales del siglo XVI y XVII recogieron con relativa fidelidad y que la etnohistoria moderna ha reconstruido con precisión. La figura del creador primordial sin huesos, veloz sobre el mar y la tierra, formador del paisaje costero peruano y padre de la primera humanidad, ocupa en el panteón costero pre-inca un lugar equivalente en jerarquía —aunque distinto en función y en atributos— al que Wiracocha ocupa en el panteón serrano cusqueño. Su derrota a manos de Pachacámac y la posterior intervención de Vichama completan un ciclo cosmogónico tripartito que Antonio de la Calancha registró en 1638 a partir de tradiciones orales del valle del Huarmey, ciclo que la síntesis moderna de María Rostworowski (1992) ha reintegrado a la historia religiosa peruana contemporánea con el rigor documental y arqueológico exigible.
Restituir a Kon su lugar dentro del panteón andino es también reconocer que la costa peruana prehispánica desarrolló un sistema religioso propio, con figuras específicas y con una genealogía interna, que la sistematización cronística colonial y la política religiosa inca posterior tendieron a asimilar bajo categorías serranas. El santuario de Pachacámac, activo desde el siglo III d.C. hasta la conquista y continuado bajo formas modificadas hasta el culto colonial y contemporáneo del Señor de los Milagros, es la prueba material más contundente de la vitalidad de este sistema costero. La figura pertenece a un sistema mayor cuyas piezas —Pachacámac, Vichama, Wiracocha, Inti, Mama Quilla, Pachamama, Illapa— sólo se dejan leer con precisión cuando se ordenan en conjunto y cuando se distingue el estrato costero del estrato serrano dentro de la historia religiosa del Perú prehispánico.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Kon en la mitología andina?
Kon (grafía moderna; Con en las crónicas coloniales; también Kon Tiki Wiracocha en la síntesis inca posterior) es el dios creador primordial de la mitología costera pre-inca del Perú central y sur. Figura carente de huesos que se desplazaba con extraordinaria rapidez sobre el mar y la tierra, creó a los primeros hombres y mujeres de la costa peruana, despejó los cerros para formar llanuras cultivables y les entregó la agricultura. Fue derrotado por su hijo (o rival) Pachacámac, quien tomó su trono y transformó a los humanos originales en peces y aves. Las fuentes coloniales principales son Francisco López de Gómara (Historia general de las Indias, 1552), Bernabé Cobo (Historia del Nuevo Mundo, ~1653) y sobre todo Antonio de la Calancha (Crónica moralizada, 1638).
¿Qué es el ciclo Kon-Pachacámac-Vichama?
Es la narrativa cosmogónica tripartita del panteón costero pre-inca del Perú, recogida con más detalle por Antonio de la Calancha en su Crónica moralizada (Barcelona, 1638). Kon, creador primordial, es derrotado por su hijo (o rival) Pachacámac, que transforma a la primera humanidad en peces y aves y crea una segunda humanidad. Pachacámac comete el error de matar a la primera mujer, hija del Sol, provocando una hambruna. Vichama, hijo del Sol y hermano de la mujer asesinada, castiga a Pachacámac lanzándolo al mar y restituye la humanidad haciendo brotar tres huevos —de oro, plata y cobre— de los que salen los tres estamentos sociales andinos. El ciclo completo explica en clave mítica el orden social costero prehispánico.
¿Es Kon lo mismo que Wiracocha?
No exactamente. Los propios cronistas coloniales, ante la aparente equivalencia funcional entre Kon como creador costero y Wiracocha como creador serrano, propusieron la identificación Kon Tiki Wiracocha como si se tratase de la misma deidad con nombres distintos en la costa y en la sierra. María Rostworowski, en Estructuras andinas del poder (IEP, 1983) y Pachacamac y el Señor de los Milagros (IEP, 1992), ha demostrado que Kon es una figura originariamente costera con rasgos específicos —la ausencia de huesos, la formación de las llanuras litorales, la relación de sucesión con Pachacámac— que no tienen equivalente en el ciclo Wiracocha. La superposición fue producto de la política religiosa inca posterior a la conquista de la costa central hacia 1470 y de la sistematización cronística colonial del siglo XVI, no de una identidad prehispánica auténtica.
¿Dónde está el santuario de Pachacámac hoy?
El complejo arqueológico de Pachacámac se encuentra en el valle del Lurín, a treinta kilómetros al sur del centro de Lima, provincia y departamento de Lima, Perú. Ocupa aproximadamente cuatrocientas hectáreas y su ocupación cultural continua se extiende desde el año 200 d.C. hasta la conquista española de 1533. Es reconocido como Patrimonio Cultural de la Nación por el Estado peruano y recibe más de cien mil visitantes anuales. El museo de sitio, remodelado y reinaugurado en 2016 con una nueva museografía diseñada por Denise Pozzi-Escot, presenta la reconstrucción actualizada del ciclo Kon-Pachacámac-Vichama basada en la síntesis de María Rostworowski (1992) y en las excavaciones recientes del Proyecto Arqueológico Pachacamac dirigido por Peter Eeckhout desde 1999.
¿Qué relación tiene Pachacámac con el Señor de los Milagros?
La tesis central de María Rostworowski en Pachacamac y el Señor de los Milagros (Instituto de Estudios Peruanos, 1992) es que existe una continuidad ritual documentable entre el oráculo prehispánico de Pachacámac y el culto colonial y contemporáneo del Señor de los Milagros, la imagen católica venerada cada octubre en Lima con más de un millón y medio de participantes anuales. El nombre del barrio limeño donde apareció la imagen en 1651 (Pachacamilla) es diminutivo del propio nombre del dios costero; la devoción se concentra en octubre, mes del calendario ritual andino asociado a la propiciación del agua antes de la siembra; los itinerarios procesionales siguen rutas que reproducen antiguos caminos ceremoniales de peregrinación. La continuidad no significa veneración consciente del dios prehispánico sino persistencia de formas rituales colectivas costeras que preceden al cristianismo y que este reformuló sin borrar por completo.





