En breve. Chuquilla (grafías variables Chuqui Illa o Chuki Illa) es el dios del rayo dorado del panteón andino, figura estrechamente vinculada al dios mayor Illapa (o Ilyap’a, rayo) y en algunas fuentes documentada como uno de sus tres aspectos ceremoniales dentro de una fórmula tripartita canónica en la historiografía peruana. Su nombre en runasimi (quechua) se descompone en chuqui (‘dorado’, ‘metal precioso’) e illa, voz de amplísimo semantismo que designa el rayo, el relámpago, la piedra sagrada cristalizada por la descarga eléctrica y ciertos objetos rituales cargados de poder generativo. Chuquilla es, literalmente, ‘el rayo dorado’ o ‘la piedra-relámpago dorada’. Bernabé Cobo, en su Historia del Nuevo Mundo (~1653; ed. Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, 1956), sistematizó el panteón inca del rayo con una fórmula que se ha vuelto referencia central: el gran Illapa del Cusco tenía tres aspectos ceremoniales, Chuquiylla (el rayo del cielo alto, del que caen las descargas más violentas), Catuilla o Cat’uilla (el relámpago del cielo medio, sin trueno) e Intiyllapa (el rayo asociado al Sol, ejecutor de castigos y guardián del orden). Chuquilla regía, dentro de esta triada, los meteoritos y las piedras cristalizadas por descargas eléctricas, atesoradas por las familias campesinas andinas como wak’a protectoras que garantizaban el ganado, la lluvia y la fertilidad. Su continuidad ritual en las comunidades quechuas contemporáneas de Cusco, Puno y Apurímac es demostrable: los paqos y altomisayoq actuales de la región de Ausangate siguen invocando a Illapa y a sus advocaciones en las ceremonias de propiciación de agua y en los pago a la Pachamama, y las piedras-illa siguen siendo objetos rituales activos en el altar doméstico de muchas familias campesinas del sur peruano y del altiplano boliviano.
| Origen cultural | Pueblos quechua (runasimi, autónimo runa para ‘persona’) y aymara (autónimo jaqi) del antiguo Tahuantinsuyu, especialmente de la región del Cusco, el altiplano del Titicaca y las áreas serranas de las actuales regiones peruanas de Apurímac, Puno, Cusco, Arequipa y de los departamentos bolivianos de La Paz, Oruro y Potosí; el culto al rayo está documentado en toda el área andina serrana con variantes locales; el nombre Chuquilla aparece específicamente en las fuentes coloniales cusqueñas del siglo XVI y XVII referidas al panteón oficial del Estado inca |
|---|---|
| Tipo | Dios del rayo dorado o piedra-relámpago cristalizada; aspecto ceremonial del gran Illapa del Cusco en la fórmula tripartita documentada por Bernabé Cobo en 1653; figura complementaria de Catuilla (relámpago del cielo medio) e Intiyllapa (rayo asociado al Sol); en algunas variantes regionales aparece como huaca autónoma con culto propio, en otras como advocación estacional del rayo mayor |
| Función mítica | Regir los meteoritos y las piedras cristalizadas por descargas eléctricas, llamadas illa y atesoradas por las familias andinas como wak’a protectoras del ganado, de la salud del hogar y de las cosechas; presidir el rayo cuando cae en forma de piedra brillante sobre las cumbres y los pastos altoandinos; regular el clima ritual (granizo, tempestad, lluvia estacional) en momentos específicos del calendario agrícola inca; recibir ofrendas propiciatorias de llamas negras y camélidos jóvenes cuando la sequía se prolongaba |
| Atestación | Bernabé Cobo, Historia del Nuevo Mundo (~1653; ed. Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, 1956), libro XIII, capítulos referidos al panteón inca; Cristóbal de Molina ‘el Cuzqueño’, Relación de las fábulas y ritos de los Incas (~1573-74; ed. Henrique Urbano y Pierre Duviols, Historia 16, 1988); Pedro Cieza de León, El señorío de los Incas (~1553; ed. Marcos Jiménez de la Espada, Madrid, 1880); Felipe Guaman Poma de Ayala, Nueva corónica y buen gobierno (~1615; ed. Rolena Adorno y John Murra, Siglo XXI, México, 1980); Ludovico Bertonio, Vocabulario de la lengua aymara (Chucuito, 1612, entrada illapu); síntesis moderna en Franklin Pease, El dios creador andino (Mosca Azul, Lima, 1973) |
| Vigencia hoy | Culto continuado a Illapa y a las piedras-illa en las comunidades quechuas del sur del Perú (regiones de Cusco, Puno, Apurímac, Arequipa) y del altiplano boliviano (La Paz, Oruro, Potosí); ceremonias de propiciación de agua realizadas por paqos y altomisayoq en los santuarios de altura y en los altares domésticos; piedras-illa conservadas como wak’a familiares en muchos hogares campesinos; documentación etnográfica reciente en los trabajos de Catherine Allen (The Hold Life Has, Smithsonian, 1988), Juan van Kessel y Rodolfo Cerrón-Palomino sobre etimologías del vocabulario ritual quechua |
Chuquilla es una de las figuras rituales más específicas y a la vez más elusivas del panteón inca oficial documentado por los cronistas coloniales. Aparece siempre en relación con el gran Illapa, el dios cusqueño del rayo, y su estatus autónomo o subordinado depende de la fuente que se consulte. En Bernabé Cobo (~1653) es explícitamente uno de los tres aspectos ceremoniales del rayo mayor, con nombre propio Chuquiylla y con función distintiva dentro de la triada del panteón oficial cusqueño. En otras fuentes anteriores o paralelas —Cristóbal de Molina, Cieza de León, Guaman Poma— la figura recibe menos desarrollo y aparece más como advocación estacional del rayo que como huaca con culto propio y calendario independiente.
La etimología de su nombre resume gran parte de lo que hoy se puede decir con certeza sobre su función mítica. Chuqui es en runasimi el adjetivo que designa lo dorado y, por extensión, lo asociado al metal precioso, con las connotaciones rituales de brillo, valor sagrado y participación en la esfera del Sol (Inti); illa, en cambio, es una de las voces más polisémicas del vocabulario ritual andino y designa simultáneamente el rayo, el relámpago, la piedra brillante cristalizada por la descarga eléctrica y ciertos objetos amuléticos —figurillas zoomorfas de piedra, semillas particularmente vigorosas, meteoritos— que se guardaban como wak’a protectoras del ganado y de la casa. Rodolfo Cerrón-Palomino, principal lingüista contemporáneo de las lenguas quechua y aymara, ha documentado en varios trabajos sobre el vocabulario religioso andino que illa pertenece a la capa más antigua del léxico ritual proto-quechua y que su ampliación semántica hacia los objetos amuléticos precede probablemente a la constitución del panteón inca clásico.
El interés de Chuquilla como figura mítica se juega en tres planos que este artículo examinará por separado. En el plano cosmológico, es la personificación del rayo que cae como piedra brillante desde el cielo alto y que se materializa en objetos concretos —meteoritos, piedras cristalizadas por la descarga— que las comunidades andinas atesoran como wak’a. En el plano institucional, es uno de los tres aspectos del rayo mayor del Cusco según la formulación de Bernabé Cobo, con calendario ceremonial propio y con sacerdocio especializado dentro del sistema del Coricancha y los ceque. En el plano contemporáneo, es una figura ritual todavía activa en las comunidades quechuas del sur peruano y del altiplano boliviano, invocada por los paqos y los altomisayoq en las ceremonias de propiciación de agua y en los pago a la Pachamama. Los tres planos son inseparables en la práctica pero conviene tratarlos por separado para dejar clara la lógica ritual que los sostiene.
El rayo dorado y las piedras-illa
Índice
La categoría andina de illa constituye una de las claves para entender la lógica ritual que sostiene la figura de Chuquilla. En el vocabulario quechua y aymara colonial y contemporáneo, illa designa un conjunto de objetos y fenómenos aparentemente heterogéneos pero unidos por una misma cualidad ritual: participan de una fuerza generativa que puede ser transferida por contacto y que se manifiesta como brillo, calor, fertilidad o vigor. Un rayo es una illa; el relámpago que lo precede es una illa; la piedra que queda cristalizada donde el rayo cayó es una illa; el meteorito que cae del cielo es una illa; una figurilla zoomorfa de piedra pulida —típicamente una llama, una alpaca, un cuy— guardada en el altar doméstico para proteger al ganado es una illa; una mazorca de maíz particularmente vigorosa o gemela puede ser una illa. La categoría reúne, bajo un mismo signo lingüístico y ritual, objetos y eventos que la mentalidad europea moderna considera de órdenes distintos pero que en el pensamiento andino comparten la misma sustancia sagrada.
Dentro de este campo semántico, Chuquilla es el rayo específicamente cuando se manifiesta como piedra brillante, dorada, caída del cielo y localizable en un lugar concreto del territorio. Cuando una descarga eléctrica cae sobre una cumbre andina y funde parcialmente la arena silícea produciendo una masa cristalina —fenómeno geológico conocido en la literatura mineralógica como fulgurita—, la piedra resultante era considerada illa de primer orden y llevada al altar doméstico o al santuario comunal como wak’a protectora. Cuando un meteorito caía en el altiplano —fenómeno documentado varias veces en la historia colonial peruana, con casos famosos como el meteorito de Toluca del Perú registrado en el siglo XVII—, la piedra celeste era interpretada como manifestación directa de Chuquilla y guardada bajo custodia de los sacerdotes del rayo. Bernabé Cobo (~1653) documenta explícitamente que estas piedras eran objeto de ceremonias específicas y que se conservaban en pequeños santuarios locales, distintos del Coricancha mayor del Cusco pero integrados al sistema ceremonial oficial.
La lógica ritual de la piedra-illa descansa en un principio explícito del pensamiento andino: el rayo es una manifestación divina que deposita en el suelo un fragmento tangible de la potencia celeste, y esa potencia queda disponible para ser reactivada mediante el culto adecuado. Cristóbal de Molina ‘el Cuzqueño’, en su Relación de las fábulas y ritos de los Incas (~1573-74), describe con detalle las ceremonias del Coricancha cusqueño en las que las piedras-illa del rayo mayor eran expuestas junto a los bultos sagrados del Sol y de la Luna durante las grandes fiestas del calendario ceremonial. Molina precisa que a Chuquilla se le ofrecían llamas negras —color asociado ritualmente con la lluvia y con las nubes de tormenta— cuando la sequía se prolongaba más allá del ciclo normal, y que los sacerdotes especializados en el culto del rayo eran responsables de leer los signos atmosféricos y de determinar el momento adecuado de la ceremonia.
La dimensión doméstica del culto es la que ha sobrevivido con más continuidad hasta el presente. Catherine Allen, en su etnografía clásica The Hold Life Has: Coca and Cultural Identity in an Andean Community (Smithsonian Institution Press, Washington, 1988), documentó en la comunidad quechua de Sonqo (departamento del Cusco) la presencia activa de piedras-illa en el altar doméstico de muchas familias campesinas, con función simultánea de protección del ganado y de propiciación de la lluvia. Las piedras son heredadas por la línea familiar, alimentadas ritualmente con chicha y hojas de coca en las fechas señaladas del calendario agrícola, y consultadas mediante procedimientos adivinatorios cuando la comunidad enfrenta decisiones importantes sobre la siembra, la cosecha o el movimiento del rebaño. La continuidad entre la illa ceremonial del culto oficial inca documentada por Bernabé Cobo y la illa doméstica de la comunidad quechua contemporánea es una de las líneas más sólidas de la etnografía andina reciente.
Chuquilla en el sistema tripartito de Illapa según Bernabé Cobo (1653)
La formulación clásica del sistema tripartito del rayo cusqueño se debe al jesuita andaluz Bernabé Cobo (Lopera, 1580 – Lima, 1657), que residió en el virreinato del Perú desde 1599 y compuso a lo largo de más de cinco décadas la Historia del Nuevo Mundo, síntesis enciclopédica de la historia natural, política y religiosa del Perú prehispánico y colonial. La obra fue redactada entre 1639 y 1653, aunque permaneció manuscrita hasta el siglo XIX y no se publicó íntegramente hasta la edición de Marcos Jiménez de la Espada en Sevilla (1890-1895) y las posteriores de la Biblioteca de Autores Españoles (Madrid, 1956). El libro XIII, dedicado a la religión del Perú antiguo, es una de las fuentes más completas y sistemáticas que se conservan sobre el panteón inca oficial, y en él Cobo describe la triada del rayo con una precisión que ninguna otra crónica alcanza.
Según Cobo, el gran Illapa del Cusco —dios del rayo, del trueno y del granizo, presente en el panteón oficial junto a Wiracocha, Inti, Mama Quilla y las estrellas— tenía tres aspectos ceremoniales con nombres propios y con funciones diferenciadas dentro del calendario ritual. El primero era Chuquiylla, el rayo dorado del cielo alto: la descarga eléctrica más violenta, la que cae desde las nubes de tormenta con estruendo audible y con impacto visible sobre el suelo, y la que produce las piedras-illa atesoradas por las familias andinas. El segundo era Catuilla o Cat’uilla, el relámpago del cielo medio: la descarga silenciosa, sin trueno, que ilumina las nubes sin llegar al suelo y que se asocia a la lluvia estacional más benigna. El tercero era Intiyllapa, el rayo asociado al Sol: la descarga interpretada como ejecución de castigos divinos y como manifestación del orden solar sobre la Tierra, con función más política y jerárquica que meramente meteorológica.
La tripartición cobiana ha sido examinada críticamente por la historiografía andina moderna, con matices importantes. Franklin Pease, en El dios creador andino (Mosca Azul, Lima, 1973), señaló que la triada del rayo probablemente reproducía a nivel del culto meteorológico la triada mayor del panteón (Wiracocha–Inti–Illapa), con un principio de división interna que era común a otras figuras del sistema inca oficial —el mismo Wiracocha tenía triples aspectos según Juan de Betanzos, y el Sol tenía tres nombres rituales según Cristóbal de Molina—. La formalización tripartita no era un invento particular del rayo sino un patrón general del pensamiento religioso incaico, adaptado a cada figura mayor del panteón. Pease insistió también en que la fuente de Cobo era probablemente Polo de Ondegardo, funcionario del virreinato en la segunda mitad del siglo XVI, cuyos informes sobre las wak’a del Cusco alimentaron a varios cronistas posteriores.
El sistema de los ceque del Cusco, documentado también por Cobo y estudiado en profundidad por el antropólogo neerlandés R. Tom Zuidema en The Ceque System of Cuzco (E. J. Brill, Leiden, 1964), asignaba a Chuquilla un lugar específico en la geografía sagrada de la capital inca. El Coricancha —el templo mayor del Sol— era el centro desde el cual partían cuarenta y una líneas imaginarias (ceque) que ordenaban trescientos veintiocho wak’a repartidas por el valle del Cusco y sus alrededores. Varias de esas wak’a estaban asociadas al culto del rayo y específicamente a Chuquiylla: piedras caídas, meteoritos, lugares donde el rayo había impactado, cumbres particularmente expuestas a las tormentas. El sacerdocio del rayo era responsable del mantenimiento ritual de estos puntos y de las ofrendas periódicas en el calendario ceremonial, especialmente en la estación húmeda (octubre a marzo) cuando las tormentas eran más frecuentes y las decisiones agrícolas más urgentes.
Continuidad ritual en las comunidades quechuas contemporáneas
El culto al rayo y a las piedras-illa ha sido una de las prácticas rituales andinas de mayor continuidad histórica desde el siglo XVI hasta el presente. La extirpación de idolatrías promovida por la Iglesia colonial peruana entre finales del siglo XVI y mediados del XVII —campañas documentadas en obras como la Extirpación de la idolatría del Pirú de Pablo José de Arriaga (Lima, 1621) o los procesos del arzobispado de Lima contra los cultos indígenas serranos— tuvo como uno de sus objetivos principales la destrucción de las wak’a del rayo y la confiscación de las piedras-illa conservadas en los hogares campesinos. Pese a estas campañas, y probablemente gracias a la naturaleza doméstica y no monumental del culto, la práctica sobrevivió con notable resiliencia y llegó al siglo XX como uno de los sustratos rituales más vivos del pensamiento andino.
La etnografía andina contemporánea ha documentado la continuidad del culto al rayo en múltiples regiones del sur peruano y del altiplano boliviano. Juan van Kessel, misionero y antropólogo neerlandés que trabajó durante décadas en las comunidades aymaras del norte de Chile y del altiplano boliviano, describió en varios estudios (Holocausto al progreso, CIDSA, Iquique, 1980; y trabajos posteriores publicados por el Instituto de Estudios Andinos IECTA) las ceremonias contemporáneas de pago al rayo en las comunidades de Isluga, Cariquima y otras del altiplano tarapaqueño. En estas ceremonias, celebradas por los yatiri (nombre aymara del especialista ritual, equivalente al paqo quechua), las piedras-illa conservadas en los altares familiares reciben ofrendas de chicha, hojas de coca, grasa de llama y minerales molidos, en un ritual que reproduce con variaciones locales el patrón general documentado en la literatura andina desde el siglo XVI.
En la región de Cusco y del Ausangate, el gran apu nevado que domina la cordillera de Vilcanota al sur del Cusco, el culto al rayo mantiene una vitalidad particular por su asociación con las montañas sagradas y con los santuarios de altura. Los paqos de las comunidades campesinas de Ocongate, Marcapata, Pitumarca y Chinchero —autoridades rituales especializadas en la comunicación con los apu y con la Pachamama— siguen invocando a Illapa y a sus aspectos Chuquiylla, Catuilla e Intiyllapa en las ceremonias de propiciación de agua y de protección del ganado. Los altomisayoq, categoría suprema de sacerdote andino cuya iniciación implica haber sido tocado directamente por el rayo y haber sobrevivido, son considerados los mediadores más cualificados con la esfera del rayo mayor y sus advocaciones; su función ritual es reconocida por las propias comunidades y estudiada por antropólogos peruanos como Juan Ossio, Alejandro Ortiz Rescaniere y Xavier Ricard Lanata (autor de Los ch’unchu y las palla de Paucartambo, Instituto Francés de Estudios Andinos, Lima, 2007).
La reciente institucionalización del reconocimiento estatal peruano a los sistemas rituales andinos ha dado nueva visibilidad al culto al rayo. El Instituto Nacional de Cultura del Perú (hoy Ministerio de Cultura) declaró Patrimonio Cultural de la Nación varias ceremonias andinas contemporáneas que incluyen la invocación explícita a Illapa y a sus advocaciones —el Qoyllur Rit’i (peregrinación de mayo-junio al santuario del apu Ausangate, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2011) es el ejemplo más visible, aunque no el único—. La continuidad ritual documentada por la etnografía andina en las últimas décadas prueba que Chuquilla y las piedras-illa no son fósiles del pasado prehispánico sino componentes vivos del pensamiento religioso quechua y aymara contemporáneo, con función específica en el mantenimiento del ciclo agrícola y del equilibrio comunitario en las regiones altoandinas del Perú y de Bolivia.
Más allá del mito
Chuquilla es a la vez entrada de diccionario mítico colonial y figura ritual todavía funcional en las comunidades quechuas y aymaras del sur peruano y del altiplano boliviano. Las piedras-illa que guardan hoy muchas familias campesinas en su altar doméstico, alimentadas ritualmente con chicha y hojas de coca en las fechas señaladas del calendario agrícola, son continuación documentada de las wak’a del rayo descritas por Bernabé Cobo en 1653. El culto a Illapa y a sus aspectos Chuquiylla, Catuilla e Intiyllapa pertenece al núcleo del pensamiento religioso andino que ha sobrevivido a cinco siglos de presión colonial, misionera y republicana sin romperse del todo, gracias en gran medida a su naturaleza doméstica, familiar y no monumental que lo hizo menos visible a las campañas de extirpación de idolatrías del siglo XVII.
Restituir a Chuquilla su lugar dentro del panteón andino es también reconocer la especificidad del pensamiento religioso quechua sobre el rayo como fuerza generativa que deposita en el suelo fragmentos tangibles de la potencia celeste. En el panteón inca sistematizado por Cobo, Chuquilla ocupa un lugar preciso dentro de la triada del rayo mayor, con función complementaria de Catuilla y de Intiyllapa. En el pensamiento religioso andino contemporáneo, el rayo sigue siendo illa y las piedras que produce siguen siendo wak’a; la continuidad entre el culto oficial inca del siglo XV y las prácticas rituales de las comunidades campesinas del siglo XXI es una de las líneas más sólidas de la etnografía andina reciente. La figura pertenece a un sistema mayor cuyas piezas —Wiracocha, Inti, Mama Quilla, Pachamama, Pachacámac, Supay— sólo se dejan entender cuando se leen en conjunto y no aisladas unas de otras.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Chuquilla en el panteón andino?
Chuquilla (grafías variables Chuqui Illa o Chuki Illa) es el dios del rayo dorado del panteón andino, figura estrechamente vinculada al gran Illapa del Cusco y en algunas fuentes documentada como uno de sus tres aspectos ceremoniales dentro de una fórmula tripartita. Su nombre en quechua se descompone en chuqui (‘dorado’) e illa (rayo, relámpago, piedra sagrada), y designa literalmente ‘el rayo dorado’ o ‘la piedra-relámpago dorada’. Bernabé Cobo, en su Historia del Nuevo Mundo (~1653), sistematizó la triada del rayo con Chuquiylla como aspecto del cielo alto, Catuilla como relámpago del cielo medio e Intiyllapa como rayo asociado al Sol.
¿Qué relación tiene Chuquilla con Illapa?
Chuquilla es, en la formulación clásica de Bernabé Cobo (~1653), uno de los tres aspectos ceremoniales del gran Illapa del Cusco. La triada del rayo mayor se compone de Chuquiylla (el rayo del cielo alto, la descarga eléctrica más violenta que cae con estruendo y produce las piedras-illa), Catuilla o Cat’uilla (el relámpago del cielo medio, sin trueno, asociado a la lluvia benigna) e Intiyllapa (el rayo asociado al Sol, interpretado como ejecutor de castigos divinos). Franklin Pease, en El dios creador andino (Mosca Azul, 1973), señaló que la tripartición del rayo reproduce el patrón general del pensamiento religioso incaico, aplicado también a Wiracocha y al Sol.
¿Qué son las piedras-illa y por qué se atesoran?
Las piedras-illa son objetos rituales del pensamiento andino asociados a la fuerza generativa del rayo: piedras cristalizadas donde una descarga eléctrica ha caído (fulguritas), meteoritos, figurillas zoomorfas de piedra pulida guardadas en el altar doméstico como protectoras del ganado. La categoría de illa reúne bajo un mismo signo lingüístico y ritual el rayo, el relámpago, la piedra caída del cielo y ciertos objetos amuléticos que las familias andinas heredan y alimentan ritualmente con chicha y hojas de coca. Se atesoran porque garantizan el vigor del ganado, la lluvia estacional y la salud del hogar, y son consultadas mediante procedimientos adivinatorios cuando la comunidad enfrenta decisiones importantes.
¿Sigue vigente el culto al rayo en las comunidades andinas?
Sí. La etnografía andina contemporánea ha documentado la continuidad del culto al rayo en las comunidades quechuas del sur peruano (regiones de Cusco, Puno, Apurímac, Arequipa) y en las aymaras del altiplano boliviano (departamentos de La Paz, Oruro, Potosí) y del norte de Chile. Los paqos quechuas y los yatiri aymaras siguen invocando a Illapa y a sus aspectos Chuquiylla, Catuilla e Intiyllapa en las ceremonias de propiciación de agua y de protección del ganado. Los altomisayoq, categoría suprema de sacerdote andino cuya iniciación implica haber sido tocado directamente por el rayo y haber sobrevivido, son los mediadores más cualificados con la esfera del rayo mayor, estudiados por Juan Ossio, Alejandro Ortiz Rescaniere y Xavier Ricard Lanata.
¿Qué fuentes coloniales documentan a Chuquilla?
Las fuentes principales son Bernabé Cobo, Historia del Nuevo Mundo (~1653; ed. Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, 1956), libro XIII, que sistematiza la triada del rayo con Chuquiylla, Catuilla e Intiyllapa; Cristóbal de Molina ‘el Cuzqueño’, Relación de las fábulas y ritos de los Incas (~1573-74; ed. Henrique Urbano y Pierre Duviols, Historia 16, 1988), que describe las ceremonias del Coricancha cusqueño con las piedras-illa; Pedro Cieza de León, El señorío de los Incas (~1553); Felipe Guaman Poma de Ayala, Nueva corónica y buen gobierno (~1615); y Ludovico Bertonio, Vocabulario de la lengua aymara (Chucuito, 1612), con la entrada illapu. La síntesis moderna de referencia es Franklin Pease, El dios creador andino (Mosca Azul, Lima, 1973).





