Jigonhsasee, la Mother of Nations primera clan-madre iroquesa Haudenosaunee

Lo esencial, Jigonhsasee —también escrita Jikonsaseh o Jigonsaseh y conocida como Yakohsà:tens, «Mother of Nations»— fue la primera clan-madre iroquesa que aceptó la Gran Paz de Deganawidah hacia 1142 d.C.; su casa en el Warriors’ Path abrió el ciclo diplomático de la Confederación Haudenosaunee y el título que recibió aún lo portan clan-madres iroquesas contemporáneas en Onondaga, Six Nations, Kahnawake, Akwesasne, Tyendinaga y Oneida Wisconsin.

Origen culturalIroqués Haudenosaunee (seneca-mohawk originalmente; el título Yakohsà:tens es hoy pan-Confederación); noreste de América del Norte.
TipoPrimera clan-madre fundadora; Mother of Nations.
Función míticaAceptar la Gran Paz de Deganawidah antes que ningún varón, legitimar la Confederación mediante el clan-materno, establecer el sistema hereditario de nominación femenina de los 50 hoyaneh.
AtestaciónParker (1916), Hewitt (1903 y 1928), Hale (1883), Gage (1893), Mann (2000).
Vigencia hoyTítulo Yakohsà:tens aún portado por clan-madres iroquesas contemporáneas; sistema de nominación femenina de los hoyaneh sigue activo en Onondaga, Six Nations, Kahnawake, Akwesasne, Tyendinaga y Oneida Wisconsin.

Para entender el papel de Jigonhsasee en la fundación de la Confederación Haudenosaunee es necesario recorrer primero el sistema de clan-madres iroqués. En las cinco naciones originales —mohawk, oneida, onondaga, cayuga y seneca— la descendencia se transmitía por línea materna, la propiedad de la casa comunal (longhouse) pertenecía a las mujeres del clan, y las clan-madres de los clanes Tortuga, Oso y Lobo tenían la potestad de nominar (y de destituir) a los 50 jefes hereditarios (hoyaneh) que componían el Grand Council. Ese sistema, único en América del Norte por su formalización constitucional, tiene un momento fundador reconocible: la aceptación de la Gran Paz por parte de Jigonhsasee, primera mujer que dio el asentimiento clan-materno al mensaje que Deganawidah y Hiawatha traían desde el norte.

Antes de ese momento, las clan-madres iroquesas ya ejercían poder social interno en las longhouses —custodia de las cosechas, adopción de prisioneros, decisión sobre las guerras—, pero ese poder no estaba fijado en una constitución escrita. La aceptación de Jigonhsasee, ratificada después por Deganawidah en las 117 wampum del Gayanashagowa (Gran Ley de la Paz), convirtió la costumbre materna en ley federal. Es este acto fundacional lo que Barbara Alice Mann, en Iroquoian Women: The Gantowisas (Peter Lang, 2000), llama «el pacto gantowisas»: el acuerdo por el que las mujeres iroquesas obtuvieron poder de nominación política formal a cambio de garantizar la legitimidad clan-materna del sistema de hoyaneh.

La figura de Jigonhsasee sale así del margen etnográfico donde la había relegado la historiografía masculina del siglo XIX y ocupa un lugar estructural en la fundación de la Confederación, comparable en peso al de Deganawidah (visionario) y Hiawatha (orador). Los tres forman una tríada fundacional en la que ningún elemento es reemplazable: sin la visión no habría mensaje, sin la palabra no habría difusión, y sin la aceptación clan-materna no habría legitimidad constitucional. Reconstruir el relato de Jigonhsasee es reconstruir el tercer vértice de esa tríada, borrado durante demasiado tiempo por sesgos etnográficos hoy insostenibles.

Contexto histórico y cultural

El sistema de matrilinealidad iroquesa que Jigonhsasee vino a legitimar constitucionalmente ha sido estudiado con detalle por Daniel Richter en The Ordeal of the Longhouse: The Peoples of the Iroquois League in the Era of European Colonization (University of North Carolina Press, 1992) y por William N. Fenton en The Great Law and the Longhouse (Oklahoma University Press, 1998). En cada longhouse (casa comunal alargada, de hasta cuarenta metros) vivían varias familias emparentadas por línea materna. Los hombres se casaban «hacia afuera» de su clan de nacimiento y se trasladaban a la longhouse de su esposa. La propiedad de la casa, de las cosechas y de los enseres pertenecía a las mujeres del clan, presididas por una clan-madre elegida entre las de mayor experiencia.

Los tres clanes fundadores —Tortuga (Great Turtle), Oso y Lobo— eran los únicos con derecho a nominar hoyaneh en la Gran Ley original. Otros clanes surgidos por adopción o subdivisión posterior (Anguila, Halcón, Cierva, Bécquer, Bever) tenían representación en el Consejo pero no derecho de nominación primaria. Cuando un hoyaneh moría, la clan-madre de su clan reunía a las mujeres mayores, deliberaba durante días y proponía un sucesor entre los sobrinos maternos del difunto (nunca los hijos, pues los hijos pertenecían al clan de la madre y no del padre). La nominación se elevaba al Grand Council para su ratificación, y solo se rechazaba en caso de defecto notorio del candidato. Cuando un hoyaneh violaba la Ley (asesinato, violación, corrupción, cobardía en batalla), la clan-madre podía retirarle el título ritual de las astas (dehorning) y proponer un nuevo sucesor.

Este sistema de nominación y destitución femenina fue documentado en detalle por J.N.B. Hewitt en Iroquoian Cosmology (Bureau of American Ethnology, 1903 y 1928) mediante entrevistas con clan-madres onondaga y cayuga a comienzos del siglo XX. Hewitt registró las fórmulas rituales del «levantamiento de astas» y del «descoronamiento» y demostró que las clan-madres iroquesas del siglo XX seguían nominando hoyaneh exactamente igual que en los relatos que se remontaban a la fundación con Deganawidah y Jigonhsasee. Diane Rothenberg, en The Mothers of the Nation: Seneca Resistance to Quaker Intervention (en Etienne y Leacock, editores, Women and Colonization, Praeger, 1980), documentó cómo las clan-madres seneca resistieron durante el siglo XIX los intentos misioneros cuáqueros de sustituir el sistema matrilineal por familias nucleares patriarcales.

El contexto geográfico de Jigonhsasee sitúa su casa «a mitad de camino» entre las cinco naciones, en el llamado Warriors’ Path —una ruta ceremonial que unía las capitales nacionales—. Fenton (1998) identifica esta ubicación con el territorio limítrofe entre seneca y cayuga, cerca del actual lago Canandaigua (Nueva York). En ese emplazamiento la casa de Jigonhsasee funcionaba como refugio neutral para los guerreros de las cinco naciones en tránsito por el Warriors’ Path. Durante décadas, mientras las naciones se mataban entre sí en las incursiones nocturnas, cualquier guerrero podía entrar en su casa, comer y dormir sin ser atacado, porque ella les proveía comida sin preguntar la afiliación de clan.

El mito de la Mother of Nations

Según la versión canónica compilada por Arthur C. Parker en The Constitution of the Five Nations (New York State Museum Bulletin 184, Albany 1916) y por J.N.B. Hewitt en Iroquoian Cosmology, Jigonhsasee fue durante décadas la mujer de la casa neutral del Warriors’ Path. No pertenecía a ningún clan guerrero ni a ninguna facción política; su rol social era el de anfitriona-mediadora, y su prestigio se sostenía precisamente en el hecho de que alimentaba por igual a los guerreros de todas las naciones sin preguntar el nombre del clan. Esta neutralidad activa —distinta del aislamiento pasivo— convirtió su casa en el único punto del territorio iroqués donde las cinco naciones podían coincidir sin violencia durante los años de guerra endémica anteriores a la fundación de la Confederación.

Cuando Deganawidah y Hiawatha comenzaron a viajar desde el norte predicando la Gran Paz, la casa de Jigonhsasee fue una de sus primeras paradas —porque era el único punto de tránsito seguro entre las cinco naciones—. Los dos mensajeros llegaron cansados y hambrientos, y Jigonhsasee los alimentó como alimentaba a los guerreros de todas las naciones desde hacía años. Después les preguntó por el motivo de su viaje. Deganawidah le expuso el Skennen’kó:wa: la visión del fin de las guerras fratricidas, del gobierno por consenso, del Árbol de la Paz que sustituiría al ciclo de venganza sanguinaria. Jigonhsasee escuchó en silencio hasta el final del relato.

Al acabar Deganawidah, Jigonhsasee dijo simplemente: «Acepto». Fue la primera persona —varón o mujer— que aceptó públicamente el mensaje de la Gran Paz. Deganawidah reconoció la magnitud del acto: le otorgó el título de Yakohsà:tens, Mother of Nations, y declaró que a partir de ese momento la Confederación tendría su raíz clan-materna en su casa del Warriors’ Path. Con esa aceptación, el clan-materno seneca al que pertenecía Jigonhsasee legitimó formalmente el mensaje. En pocos días, las clan-madres mohawk (por afinidad de línea materna) siguieron su ejemplo, y el mensaje comenzó a difundirse hacia oneida, cayuga y onondaga.

En reconocimiento del acto fundacional, Deganawidah estableció en la Gran Ley del Gayanashagowa que las clan-madres de los clanes Tortuga, Oso y Lobo serían las únicas con derecho a nominar y destituir a los 50 hoyaneh del Grand Council. El poder ejecutivo formal quedaría en manos masculinas, pero el poder de decisión última sobre quiénes ocupan y quiénes dejan de ocupar los cargos quedaría en manos femeninas. Este equilibrio bicameral —ejecutivo masculino / nominación femenina— es la firma estructural del sistema constitucional haudenosaunee, y su fundadora simbólica es Jigonhsasee.

La tradición añade que Jigonhsasee acompañó personalmente a Deganawidah y Hiawatha en su viaje a las últimas naciones que aún resistían. Cuando llegaron al poblado de Atotarho, el brujo onondaga de las serpientes en el cabello, fue Jigonhsasee quien apaciguó al primero de los tirones oscuros del brujo mediante un canto ceremonial que las mujeres iroquesas todavía entonan hoy en las condolencias fúnebres. Después de la aceptación final de Atotarho y la instalación del Fuego Ceremonial en Onondaga, Jigonhsasee regresó a su casa del Warriors’ Path, donde vivió el resto de sus días como la primera Mother of Nations. Su nombre-título se transmite desde entonces por línea de sucesión clan-materna: cada generación tiene su propia Yakohsà:tens, y la actual portadora del título es una clan-madre onondaga contemporánea.

La versión seneca recogida por Seth Newhouse en 1897 y publicada por Parker en 1916 añade un episodio que subraya la magnitud del acto fundacional. Antes de que Jigonhsasee diera su asentimiento, las mujeres del clan Ciervo del Warriors’ Path se habían opuesto al mensaje de Deganawidah por temor a que la paz privara a sus hermanos guerreros del prestigio ganado en las incursiones. Jigonhsasee reunió a las clan-madres seneca durante tres días de deliberación y propuso una fórmula que quedó grabada más tarde en las wampum: el sistema de nominación femenina garantizaría a las mujeres el poder último sobre los cargos ejecutivos, y ese poder compensaría con creces el prestigio perdido por los guerreros al renunciar a la guerra fratricida. Fue esa argumentación —recogida por Hewitt en Iroquoian Cosmology (1928)— la que persuadió a las clan-madres seneca de aceptar la Gran Paz.

Interpretación etnográfica y feminista

La recuperación historiográfica de Jigonhsasee es un fenómeno reciente que se debe sobre todo a la obra de Barbara Alice Mann, historiadora seneca y catedrática en la Universidad de Toledo (Ohio). Su libro Iroquoian Women: The Gantowisas (Peter Lang, 2000) es la primera monografía académica que dedica capítulos completos al papel de las clan-madres en la fundación de la Confederación Haudenosaunee. Antes de Mann, los relatos etnográficos del siglo XIX (Morgan, Hale, Parker en su lectura literal) y los del siglo XX (Fenton en su etapa inicial, Wallace) habían tratado a Jigonhsasee como una figura marginal —»la mujer que dio de comer a Deganawidah»— sin reconocer su papel constitucional.

Mann demuestra, cruzando las versiones seneca (Newhouse 1897), mohawk (Norton 1816) y onondaga (Hewitt 1903-1928), que Jigonhsasee no es un personaje anecdótico sino la tercera figura estructural de la tríada fundacional. Su tesis pivote es que las cinco naciones iroquesas fueron entre las primeras democracias del mundo en formalizar por escrito (mediante wampum) el poder político femenino de nominación y destitución; y que ese sistema —cuya piedra fundacional es la aceptación de Jigonhsasee— aún hoy sigue vigente en Onondaga, Six Nations, Kahnawake, Akwesasne, Tyendinaga y Oneida Wisconsin, casi mil años después.

La segunda línea historiográfica pivote es la trazada por Sally Roesch Wagner en Sisters in Spirit: Iroquois Influence on Early American Feminists (Native Voices, 2001). Wagner documenta cómo Matilda Joslyn Gage (1826-1898) —sufragista estadounidense, autora de Woman, Church and State (Truth Seeker, 1893) y colaboradora directa de Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony— pasó largas temporadas en el Six Nations Reserve de Ontario visitando a las clan-madres. Gage escribió en 1893: «Nunca antes vi mujeres con poder político real. Aquí en el Consejo de las Seis Naciones las clan-madres nombran y destituyen a los jefes; los hombres no toman decisiones sin su consentimiento». Esta observación etnográfica de primera mano se filtra después en el pensamiento sufragista estadounidense y sirve de referente comparativo en los debates constitucionales feministas del siglo XIX y comienzos del XX.

La lectura contemporánea de Jigonhsasee tiene también un plano indígena interno. Doug George-Kanentiio, periodista mohawk, escribe en Iroquois On Fire: A Voice from the Mohawk Nation (Praeger, 2006): «Cada vez que en Akwesasne una clan-madre nomina a un nuevo hoyaneh está repitiendo el gesto de Jigonhsasee ante Deganawidah. No es un acto simbólico ni ceremonial: es un acto político formal, con consecuencias jurídicas dentro de la Confederación. La Mother of Nations no fue una mujer de un mito antiguo: es la posición jurídica que nuestras clan-madres siguen ejerciendo hoy». Este testimonio interno sitúa a Jigonhsasee en la política haudenosaunee del siglo XXI, no en el pasado etnográfico.

Robin Wall Kimmerer, botánica potawatomi, en Braiding Sweetgrass (Milkweed, 2013), añade una lectura ecológica del legado gantowisas: las clan-madres iroquesas eran también las encargadas de decidir cuándo sembrar las Tres Hermanas (maíz, frijol, calabaza), cuándo recolectar el jarabe de arce, cuándo cerrar la caza. El poder político femenino formal en la Confederación estaba enraizado en un poder ecológico anterior: eran las mujeres las que sabían leer el ciclo del bosque, y por eso eran ellas las que legítimamente decidían el ritmo de la vida colectiva. Jigonhsasee, en esta lectura, encarna el punto en que ese saber ecológico ancestral se transforma en poder constitucional formal.

La lectura antropológica comparada de José Barreiro en Indian Roots of American Democracy (Cornell University Press, 1988) sitúa el caso de Jigonhsasee dentro de un panorama continental más amplio. Barreiro documenta que otras sociedades indígenas de América del Norte —los cheyenne, los pueblo, los chickasaw— mantenían también formas de poder político femenino, pero solo la Confederación Haudenosaunee lo elevó al plano de derecho constitucional escrito en wampum. La diferencia es cualitativa: donde en otras tradiciones el poder femenino era una costumbre respetada pero informal, en las Seis Naciones se convirtió en cláusula fundacional del ordenamiento político formal. Y el momento fundacional de esa cláusula tiene un rostro y un nombre: Jigonhsasee, la primera clan-madre que aceptó la Gran Paz.

Un debate historiográfico reciente, planteado por Bruce Johansen en Debating Democracy: Native American Legacy of Freedom (Clear Light, 1998), gira en torno al alcance real de la agencia femenina iroquesa. Los críticos moderados de la llamada «influence school» (Elisabeth Tooker, William Starna) han argumentado que la posición formal de las clan-madres estaba compensada por la práctica ejecutiva masculina y que, en la práctica cotidiana, la nominación femenina era más ritual que efectiva. Barbara Alice Mann responde a esta crítica en Iroquoian Women (2000) mediante decenas de casos documentados entre 1750 y 1900 en los que las clan-madres iroquesas efectivamente destituyeron a hoyaneh por incumplimiento de la Gran Ley, y muestra que el sistema no era una fachada ceremonial sino un mecanismo político vivo. La figura fundacional de Jigonhsasee es la piedra de toque de todo este debate: si el sistema es efectivo desde la fundación hasta el siglo XX, entonces la Mother of Nations no es un símbolo sino la instituyente de una tradición política operativa.

Una mirada final

El caso de Jigonhsasee es uno de los mejor documentados de la historia mundial en cuanto a la fundación formal del poder político femenino. En pocas tradiciones fundacionales aparece una figura femenina con función constitucional tan clara: Judith bíblica salva a su pueblo pero no dicta la ley; Livia Drusila influye pero desde el trasfondo; Isabel I gobierna pero como excepción biológica en un sistema masculino. Jigonhsasee, en cambio, funda un sistema donde la nominación femenina es la regla y no la excepción, y ese sistema ha seguido funcionando durante 884 años sin interrupción.

Para el feminismo contemporáneo, y en particular para el feminismo indígena de América del Norte, la figura de Jigonhsasee es una pieza fundacional. La Mother of Nations no aparece en los libros de historia estándar de las universidades hispanohablantes porque la etnohistoria iroquesa apenas ha llegado al mundo académico en español, pero en las comunidades haudenosaunee contemporáneas su nombre-título sigue vivo. Cuando la actual Yakohsà:tens onondaga nomina a un nuevo hoyaneh en 2026, está repitiendo palabra por palabra el gesto de la primera clan-madre que aceptó la Gran Paz de Deganawidah casi mil años atrás.

Recuperar a Jigonhsasee del margen etnográfico donde la había dejado la historiografía masculina del siglo XIX es también un acto de justicia historiográfica. Por cada Deganawidah reconocido como profeta-legislador, hay una Jigonhsasee cuyo asentimiento clan-materno hizo posible la ley. La tríada fundacional haudenosaunee —visión, palabra, aceptación— no funciona sin sus tres vértices. Barbara Alice Mann, Sally Roesch Wagner, Doug George-Kanentiio y Robin Wall Kimmerer, cada uno desde su ángulo, coinciden en un punto: la Mother of Nations no es un pie de página del relato de Deganawidah; es la piedra angular sobre la que se sostiene el sistema constitucional que aún hoy gobierna a decenas de miles de haudenosaunee entre Onondaga (Nueva York) y Oneida (Wisconsin).

Preguntas frecuentes

¿Quién fue Jigonhsasee y por qué se le llama Mother of Nations?

Jigonhsasee (también escrita Jikonsaseh o Jigonsaseh) fue una mujer seneca del siglo XII cuya casa en el Warriors’ Path —la ruta ceremonial que unía las cinco naciones iroquesas— servía de refugio neutral para los guerreros de todas las naciones durante los años de guerra fratricida anteriores a la fundación de la Confederación Haudenosaunee. Cuando Deganawidah y Hiawatha llegaron predicando la Gran Paz hacia 1142 d.C., Jigonhsasee fue la primera persona —varón o mujer— que aceptó públicamente el mensaje. Deganawidah le otorgó en reconocimiento el título de Yakohsà:tens, Mother of Nations, y estableció en la Gran Ley del Gayanashagowa que las clan-madres de los clanes Tortuga, Oso y Lobo tendrían el derecho perpetuo de nominar y destituir a los 50 jefes hereditarios (hoyaneh) del Grand Council. El título se transmite desde entonces por sucesión clan-materna y sigue siendo portado por una clan-madre onondaga contemporánea.

¿Qué poder político ejercen hoy las clan-madres iroquesas?

Las clan-madres de los clanes Tortuga, Oso y Lobo conservan hoy el derecho constitucional —fijado en las 117 wampum del Gayanashagowa desde 1142— de nominar y destituir a los 50 jefes hereditarios (hoyaneh) que componen el Grand Council de la Confederación Haudenosaunee. Cuando un hoyaneh muere, la clan-madre correspondiente reúne a las mujeres mayores del clan, delibera durante días y propone un sucesor entre los sobrinos maternos del difunto (los hijos pertenecen al clan de la madre, no del padre). Cuando un hoyaneh viola la Ley (asesinato, violación, corrupción, cobardía en batalla), la clan-madre puede retirarle el título mediante el rito ceremonial del «descoronamiento» (dehorning) y proponer un nuevo sucesor. Este sistema sigue activo sin interrupción en Onondaga (Nueva York), Six Nations Reserve (Ontario), Kahnawake (Quebec), Akwesasne (frontera Estados Unidos-Canadá), Tyendinaga (Ontario) y Oneida (Wisconsin).

¿Cuál fue la influencia de Jigonhsasee sobre las sufragistas estadounidenses del siglo XIX?

La influencia está documentada por Sally Roesch Wagner en Sisters in Spirit: Iroquois Influence on Early American Feminists (Native Voices, 2001). Matilda Joslyn Gage (1826-1898), sufragista estadounidense y colaboradora directa de Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony, pasó largas temporadas en el Six Nations Reserve de Ontario visitando a las clan-madres iroquesas. Gage escribió en Woman, Church and State (Truth Seeker, 1893): «Nunca antes vi mujeres con poder político real. Aquí en el Consejo de las Seis Naciones las clan-madres nombran y destituyen a los jefes; los hombres no toman decisiones sin su consentimiento». Esta observación etnográfica de primera mano se filtró después en el pensamiento sufragista estadounidense y sirvió de referente comparativo en los debates constitucionales feministas del siglo XIX y comienzos del XX. Aunque el papel exacto de esa influencia sigue siendo debatido, la documentación directa del testimonio de Gage es indiscutible.

¿Por qué la historiografía tradicional relegó a Jigonhsasee al margen etnográfico?

La historiografía iroquesa del siglo XIX y buena parte del XX —Lewis Henry Morgan, Horatio Hale, el propio Arthur C. Parker en la lectura literal de su compilación de 1916— trató a Jigonhsasee como una figura marginal («la mujer que dio de comer a Deganawidah») sin reconocer su papel constitucional. La razón fundamental es el sesgo masculino de la etnografía académica europea y estadounidense del siglo XIX, que tendía a leer las tradiciones indígenas a través de la propia jerarquía patriarcal del observador. La corrección historiográfica llega con Barbara Alice Mann, historiadora seneca, en Iroquoian Women: The Gantowisas (Peter Lang, 2000), primera monografía académica dedicada al papel de las clan-madres en la fundación de la Confederación. Mann cruza las versiones seneca (Newhouse 1897), mohawk (Norton 1816) y onondaga (Hewitt 1903-1928) y demuestra que Jigonhsasee no es un personaje anecdótico sino la tercera figura estructural de la tríada fundacional junto con Deganawidah y Hiawatha.

¿Existe hoy una portadora del título Yakohsà:tens (Mother of Nations)?

Sí. El título Yakohsà:tens (Mother of Nations) es un cargo hereditario que se transmite por sucesión clan-materna dentro de la Confederación Haudenosaunee desde la aceptación fundacional de Jigonhsasee hacia 1142 d.C. La portadora contemporánea del título es una clan-madre onondaga que preside las ceremonias del Grand Council en el territorio ceremonial de Onondaga (Nueva York), donde el Fuego Ceremonial encendido por Atotarho tras la aceptación de la Gran Paz sigue ardiendo sin interrupción. La identidad concreta de la portadora actual pertenece a la esfera interna de la Confederación y suele mantenerse fuera de la exposición pública mediática, en línea con la reticencia iroquesa tradicional a exponer cargos ceremoniales al escrutinio externo. Doug George-Kanentiio, en Iroquois On Fire (Praeger, 2006), subraya que se trata de un cargo político formal con consecuencias jurídicas dentro de la Confederación, no de una posición honorífica.

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