En breve. El Illampu —también llamado Nevado Illampu, Yllampu o Illampú— es una montaña de la Cordillera Real boliviana, con una altitud de 6.368 metros que lo convierte en la cuarta cima más alta del país después del Sajama (6.542 m), del Illimani (6.462 m) y del Ancohuma (6.427 m). Se sitúa en la provincia Larecaja del departamento de La Paz, a unos 140 kilómetros al norte de la ciudad de La Paz, en un tramo septentrional de la Cordillera Real donde el sistema de nevados desciende hacia el corredor rural que baja al lago Titicaca. Su etimología aimara, documentada por Ludovico Bertonio en el Vocabulario de la lengua aymara (Chucuito, 1612), procede de la raíz illa («piedra sagrada», «rayo») y remite al culto pre-inca a las cumbres luminosas del altiplano paceño. Forma pareja mítica hermano-hermana con el Ancohuma, su vecino inmediato al sur, en un complejo geográfico y ritual gemelo comparable al de los Payachatas Parinacota-Pomerape del Sajama. A sus pies se sitúa Sorata, pueblo colonial fundado en 1562 sobre asentamiento aimara pre-inca, capital rebelde de Julián Apaza (Túpac Katari) y Bartolina Sisa durante la Gran Rebelión Andina de 1781. Culto aimara vigente en las comunidades de Larecaja y en la ruta ritual de los kallawaya médicos de Charazani, inscritos por la UNESCO en 2003 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
| Origen cultural | Pueblos aimara (autónimo jaqi) del altiplano paceño y de la provincia Larecaja del departamento de La Paz; culto pre-inca continuado en las comunidades de Sorata, Achacachi, Coroico y el corredor rural que baja de la Cordillera Real al lago Titicaca; extendido al pueblo médico kallawaya de Charazani (provincia Bautista Saavedra), inscrito por la UNESCO en 2003 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad; asimilado por los incas al conquistar el Kollasuyu hacia 1470; sitio simbólico central del recuerdo aimara de la Gran Rebelión de 1781 dirigida desde Sorata por Julián Apaza (Túpac Katari) y Bartolina Sisa |
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| Tipo | Achachila mayor de la Cordillera Real septentrional boliviana; nevado de 6.368 metros en su cumbre principal, cuarta cima más alta del país después del Sajama (6.542 m), del Illimani (6.462 m) y del Ancohuma (6.427 m); equivalente al apu del sistema quechua peruano; forma pareja mítica hermano-hermana con el Ancohuma, su vecino inmediato al sur, en un complejo geográfico y ritual gemelo comparable al de los Payachatas Parinacota-Pomerape del Sajama |
| Función mítica | Presidir el sistema aimara de montañas sagradas de la provincia Larecaja y de las comunidades del corredor rural que baja de Sorata al lago Titicaca; regular las lluvias, los ciclos agrícolas de los valles interandinos de Larecaja y las aguas de los ríos Consata y San Cristóbal que descienden de sus flancos; recibir ch’allas rituales en las fiestas anuales del calendario aimara y en las ceremonias familiares importantes; ser objeto de peregrinación de los kallawaya médicos de Charazani en sus rutas rituales tradicionales; sostener la memoria del culto pre-inca a la piedra luminosa como fuente última de la protección comunitaria |
| Atestación | Ludovico Bertonio, Vocabulario de la lengua aymara (Chucuito, 1612), entrada específica; Bernabé Cobo, Historia del Nuevo Mundo (~1653); Alonso Ramos Gavilán, Historia del célebre santuario de Nuestra Señora de Copacabana (Lima, 1621); Thérèse Bouysse-Cassagne, Lluvias y cenizas: dos Pachacuti en la historia (Hisbol, La Paz, 1988); Nathan Wachtel, Le retour des ancêtres (Gallimard, París, 1990); Xavier Albó, varios trabajos CIPCA-La Paz sobre el mundo aimara contemporáneo; Denise Y. Arnold, Hacia un orden andino de las cosas (Hisbol, La Paz, 1992); Sabine MacCormack, Religion in the Andes (Princeton University Press, 1991); documentación histórica del Sitio de La Paz 1781 y de la rebelión de Túpac Katari y Bartolina Sisa (María Eugenia del Valle de Siles, Historia de la rebelión de Túpac Catari 1781-1782, Editorial Don Bosco, La Paz, 1990); UNESCO 2003 (inscripción de la sabiduría médica kallawaya como Patrimonio Cultural Inmaterial); Rodolfo Cerrón-Palomino, Voces del Ande (Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 2008) |
| Vigencia hoy | Culto vivo en las comunidades aimaras de la provincia Larecaja del departamento de La Paz, especialmente en Sorata, Achacachi, Coroico y el corredor rural que baja de la Cordillera Real al lago Titicaca; peregrinación periódica de los kallawaya desde Charazani en sus rutas rituales médicas; ruta médica kallawaya reconocida por la UNESCO en 2003; ascenso regular por andinistas nacionales e internacionales a través de las rutas técnicas del flanco sur y suroeste del nevado; presencia simbólica del Illampu en el discurso identitario aimara contemporáneo y en el imaginario político boliviano ligado al recuerdo de la Gran Rebelión de 1781 y a la figura contemporánea de Bartolina Sisa como emblema del movimiento indígena |
La provincia Larecaja, en el norte del departamento de La Paz, se sitúa en la zona de transición entre el altiplano boliviano occidental —dominado por el lago Titicaca y por el corredor de comunidades aimaras que rodean sus orillas— y los valles interandinos que descienden hacia la Amazonía boliviana. Es una geografía de contrastes bruscos: los nevados de la Cordillera Real septentrional cruzan la provincia de norte a sur en una línea de cumbres de más de seis mil metros, y a sus pies los ríos Consata y San Cristóbal excavan valles profundos que en pocos kilómetros pasan de las morrenas glaciares a la vegetación subtropical de los yungas. En el centro de ese sistema geográfico se sitúa el Illampu, cuya silueta domina el horizonte de todas las comunidades aimaras del corredor Sorata-Coroico y cuya presencia glaciar alimenta los ríos que sostienen los ciclos agrícolas de los valles interandinos de Larecaja.
En el sistema aimara del altiplano boliviano, las montañas nevadas no son elementos del paisaje sino sujetos ceremoniales con nombre, jerarquía y biografía ritual. Se llaman achachila —forma respetuosa que significa literalmente «abuelo»— y son equivalentes a los apu del ámbito quechua peruano descrito en Apus o al gran achachila boliviano descrito en Achachila aimara. Cada achachila tiene un ámbito ritual reconocido por las comunidades a sus pies, recibe ofrendas periódicas en fechas fijas del calendario agrícola y regula los ciclos hidráulicos y climáticos de su territorio. El Illampu es el achachila mayor de la Cordillera Real septentrional boliviana, jerarquía que le reconocen las comunidades aimaras del corredor Sorata-Achacachi-Coroico desde antes del imperio inca, y que ni la conquista incaica del Kollasuyu hacia 1470 ni la fundación colonial española de Sorata en 1562 lograron desplazar.
El Illampu reúne las características que definen a un achachila mayor en el sistema aimara: altitud extrema (6.368 metros en su cumbre principal), visibilidad total desde las comunidades de Larecaja y desde el corredor rural que baja al Titicaca, presencia glaciar permanente que alimenta ríos vitales para los valles interandinos, ubicación en el nudo geográfico donde se cruzan las jurisdicciones rituales aimaras septentrionales, y culto documentado desde 1612 —cuando Bertonio registra la palabra en su Vocabulario— hasta hoy por cronistas coloniales, viajeros del siglo XIX, etnógrafos del siglo XX y la práctica ritual cotidiana de las comunidades del siglo XXI. Su emparejamiento mítico con el Ancohuma, que se alza inmediatamente al sur a 6.427 metros y comparte con él la misma línea de cumbres, es una de las estructuras rituales más antiguas del corpus aimara boliviano: la pareja Illampu-Ancohuma como sistema hermano-hermana equivale funcionalmente al complejo Parinacota-Pomerape del Sajama y refuerza la centralidad ceremonial del ámbito norte del departamento de La Paz.
El apu nevado de Sorata y la Cordillera Real boliviana
Índice
El pueblo de Sorata, a los pies del Illampu, fue fundado por los españoles en 1562 sobre un asentamiento aimara pre-inca situado en el fondo de un valle profundo excavado por el río San Cristóbal, a una altitud media de 2.680 metros. La ubicación fue elegida por los mismos motivos que llevaron a los pueblos aimaras a asentarse allí desde antes de la conquista incaica: el valle está protegido de los vientos altiplánicos por la barrera de la Cordillera Real, dispone de agua glaciar permanente proveniente del Illampu y del Ancohuma, y su altitud intermedia permite un rango agrícola amplio que va de los cereales de altura en las laderas superiores a los cultivos subtropicales del piso inferior del valle. La fundación colonial no desplazó el culto aimara al Illampu: la ciudad nueva creció literalmente al pie del gran achachila, y las ch’allas rituales dirigidas al nevado siguieron practicándose sin interrupción documentada por las comunidades aimara del ayllu local.
La Cordillera Real boliviana —tramo septentrional del sistema andino oriental que corre paralelo al altiplano entre la frontera peruana y el nudo de Cochabamba— alberga cuatro nevados de más de seis mil metros: el Illimani (6.462 m) en el ámbito paceño meridional, el Ancohuma (6.427 m) y el Illampu (6.368 m) en el ámbito paceño septentrional de Larecaja, y el Huayna Potosí (6.088 m) en el ámbito paceño central visible desde la propia ciudad de La Paz. El Sajama (6.542 m), la cima más alta de Bolivia, pertenece a la cordillera occidental y no a la Cordillera Real propiamente dicha. En el conjunto de este sistema de altas cumbres, el Illampu ocupa la jerarquía de achachila mayor del ámbito septentrional: es el nevado tutelar del corredor rural aimara que baja de Sorata hacia Achacachi y hacia la orilla oriental del lago Titicaca, y su ámbito ritual limita al sur con el del Ancohuma y al oeste con el sistema del Titicaca descrito en Mama Cocha.
La ch’alla ritual al Illampu se practica en las comunidades aimaras de Larecaja con la estructura ceremonial general del culto a los achachila descrita para los grandes nevados del altiplano boliviano en Achachila aimara y en Illimani. Cada 1º de agosto —fecha central del calendario aimara boliviano, mes de la pachamama descrita en Pachamama— los yatiris de cada comunidad coordinan una libación colectiva de aguardiente sobre la tierra, acompañada de la quema de un despacho preparado con hojas de coca, sebo de llama, semillas, tejidos rituales y elementos simbólicos específicos según la ocasión. Las fiestas patronales de Sorata —especialmente la de la Virgen del Rosario en septiembre, que cuenta con procesiones mixtas hispano-aimaras— incluyen momentos rituales dirigidos al Illampu como achachila tutelar del pueblo, en una superposición ceremonial mestiza característica del catolicismo popular boliviano contemporáneo.
El emparejamiento mítico Illampu-Ancohuma es una de las estructuras rituales más antiguas del corpus aimara boliviano. Las tradiciones orales recogidas por los etnógrafos del siglo XX en las comunidades de Sorata y de Achacachi describen a los dos nevados como hermanos —hermano-hermana o hermano-hermano según las variantes locales de la tradición—, con Ancohuma como cumbre femenina o hermana menor por su color glaciar más blanco (etimología aimara ancohuma: «agua blanca»), y Illampu como cumbre masculina o hermano mayor por su altitud jerárquica y por la etimología asociada al rayo. Esta estructura de pareja mítica de cumbres es paralela a la del complejo Sajama-Payachatas descrito en Sajama: dos sistemas rituales gemelos que sostienen el ámbito ceremonial aimara boliviano en sus polos norte (Illampu-Ancohuma) y sur (Sajama-Payachatas).
De Bertonio (1612) a Bouysse-Cassagne (1988): el corpus etnohistórico aimara
La primera atestación escrita del Illampu como achachila mayor está en el Vocabulario de la lengua aymara del jesuita italiano Ludovico Bertonio, publicado en Chucuito (a orillas del lago Titicaca) en 1612. Bertonio llevaba varias décadas trabajando entre las comunidades aimaras de la orilla occidental del Titicaca cuando redactó su gran obra léxica, que sigue siendo hoy la fuente central para el estudio del aimara colonial temprano. En la entrada específica dedicada a la palabra Illampu, Bertonio anota tanto el uso toponímico —el gran nevado al norte del Titicaca— como el uso ritual asociado al culto pre-inca a las cumbres luminosas, y ofrece elementos morfológicos para el análisis de la raíz illa. Rodolfo Cerrón-Palomino, en Voces del Ande (Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 2008), retoma el análisis etimológico de Bertonio y lo integra al corpus contemporáneo de reconstrucción histórica del aimara.
Los cronistas coloniales posteriores integraron al Illampu en el sistema más amplio de huaca aimaras del Kollasuyu. Alonso Ramos Gavilán, agustino chuquisaqueño, publicó en Lima en 1621 su Historia del célebre santuario de Nuestra Señora de Copacabana, obra dedicada al santuario mariano de Copacabana en la orilla boliviana del Titicaca pero que reúne información etnohistórica valiosa sobre los cultos aimaras pre-cristianos del ámbito paceño; entre esas informaciones aparece la referencia al culto a los grandes nevados de la Cordillera Real, con mención específica de las cumbres del corredor septentrional que incluyen al Illampu. Bernabé Cobo, jesuita sevillano radicado décadas en el virreinato del Perú, sistematizó en su Historia del Nuevo Mundo (~1653) los cultos aimaras coloniales del altiplano y confirmó la vigencia del culto a los grandes achachila tras un siglo de evangelización cristiana.
El corpus etnohistórico aimara moderno fue renovado en las décadas de 1980 y 1990 por una generación de historiadores y etnógrafos radicados en La Paz o vinculados académicamente a Bolivia. Thérèse Bouysse-Cassagne, historiadora francesa vinculada al Institut Français d’Études Andines, publicó en 1988 Lluvias y cenizas: dos Pachacuti en la historia (Hisbol, La Paz), obra que sigue siendo la referencia académica principal sobre las divinidades aimaras del altiplano paceño y sobre el sistema ritual pre-inca de las cumbres nevadas. Nathan Wachtel, historiador francés del Collège de France, realizó trabajo etnográfico prolongado en las comunidades aimaras carangas del sur de La Paz y del norte de Oruro; su Le retour des ancêtres (Gallimard, París, 1990) describe con detalle los rituales anuales de ofrenda al achachila y sitúa el culto contemporáneo en la larga duración histórica aimara. Xavier Albó, jesuita catalán radicado en Bolivia desde los años 1960, ha publicado desde La Paz numerosos trabajos del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA) sobre el mundo aimara contemporáneo.
Denise Y. Arnold, antropóloga británica radicada en Bolivia desde los años 1980, aportó en Hacia un orden andino de las cosas (Hisbol, La Paz, 1992) una descripción detallada de los rituales aimaras del departamento de La Paz a partir de trabajo de campo prolongado en las comunidades de Qaqachaka. Su descripción etnográfica del sistema de ofrenda al achachila —incluidos los grandes nevados septentrionales de la Cordillera Real— sigue siendo referencia central para el estudio del culto contemporáneo. Sabine MacCormack, en Religion in the Andes: Vision and Imagination in Early Colonial Peru (Princeton University Press, 1991), sitúa el culto a las montañas nevadas en el contexto más amplio de las religiones andinas coloniales tempranas y ofrece el marco comparativo con el sistema quechua peruano descrito para el Ausangate en Ausangate y para la figura fundadora de Wiracocha en Wiracocha. El conjunto de estas fuentes forma el corpus etnohistórico moderno sobre el Illampu.
Sorata, Túpac Katari (1781) y la vigencia contemporánea aimara
El pueblo de Sorata, a los pies del Illampu, fue capital rebelde de la Gran Rebelión Andina de 1781 durante el ciclo dirigido en el ámbito aimara por Julián Apaza —conocido con el nombre de guerra de Túpac Katari— y por su compañera Bartolina Sisa. Julián Apaza, aimara de Ayo Ayo (provincia Aroma del departamento de La Paz) nacido hacia 1750, tomó el nombre de Túpac Katari combinando el Túpac del ciclo cuzqueño de Túpac Amaru II con el apellido aimara Katari del cacique rebelde chayanteño Tomás Katari. Bartolina Sisa, aimara de Caracato (provincia Loayza del departamento de La Paz) también nacida hacia 1750, fue comandante militar en pie de igualdad con su compañero y dirigió operaciones autónomas del cerco a La Paz en 1781. La Gran Rebelión reunió a los ciclos cuzqueño, chayanteño y paceño en una insurrección continental que puso en jaque el sistema colonial español entre 1780 y 1783.
El asedio aimara a Sorata en 1781 fue una de las operaciones militares más notables del ciclo paceño de la Gran Rebelión. Los rebeldes bajo mando de Andrés Túpac Amaru —sobrino del cuzqueño Túpac Amaru II, enviado al ámbito boliviano por el estado mayor de la insurrección— cercaron la ciudad durante meses y finalmente lograron su toma mediante la construcción de un dique en el río San Cristóbal que, al ser roto en el momento oportuno, inundó las defensas coloniales y permitió el asalto rebelde. El episodio del dique de Sorata quedó grabado en la memoria colectiva aimara como una de las victorias militares principales del ciclo insurreccional, y la ubicación del pueblo a los pies del Illampu vinculó desde entonces el gran achachila septentrional al recuerdo histórico de la insurrección. El Sitio de La Paz, dirigido simultáneamente por Túpac Katari y Bartolina Sisa desde el altiplano paceño, se prolongó durante 109 días y forzó a las autoridades coloniales a movilizar refuerzos desde Buenos Aires y desde Lima.
La derrota final del ciclo paceño llegó a fines de 1781. Julián Apaza (Túpac Katari) fue capturado el 9 de noviembre de 1781 mediante traición, sometido a juicio sumario en Peñas (provincia Los Andes del departamento de La Paz) y descuartizado el 15 de noviembre de 1781: su cabeza y sus cuatro extremidades fueron enviadas a los cuatro rumbos del ámbito rebelde como escarmiento colonial. Sus últimas palabras documentadas por los cronistas del juicio —»volveré y seré millones»— pasaron al imaginario político boliviano como profecía histórica cumplida en el ciclo del siglo XX y XXI. Bartolina Sisa fue capturada semanas antes, torturada durante meses y ejecutada en La Paz el 5 de septiembre de 1782; su nombre ha quedado como emblema del movimiento indígena aimara contemporáneo, y la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia «Bartolina Sisa» (organización fundada en 1980) reivindica hoy su memoria. María Eugenia del Valle de Siles, en Historia de la rebelión de Túpac Catari 1781-1782 (Editorial Don Bosco, La Paz, 1990), reconstruyó documentalmente el ciclo paceño de la rebelión.
La vigencia contemporánea del culto al Illampu en las comunidades aimaras de Larecaja combina las tres dimensiones históricas superpuestas: el sustrato pre-inca del culto a la piedra luminosa documentado por Bertonio, la memoria rebelde de 1781 asociada al pueblo de Sorata a sus pies, y el discurso identitario aimara del siglo XXI que se apoyó institucionalmente durante el ciclo del Movimiento al Socialismo dirigido por Evo Morales (2006-2019) para reivindicar el Vivir Bien (aimara suma qamaña) como principio constitucional del Estado Plurinacional de Bolivia (Constitución de 2009). Los kallawaya médicos de Charazani, cuya sabiduría médica tradicional fue inscrita por la UNESCO en 2003 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, mantienen la peregrinación periódica al Illampu como parte de su ruta ritual documentada: la recolección de hierbas curativas de altura, la ofrenda al gran achachila como fuente última de la eficacia sanadora y la transmisión intergeneracional de los conocimientos ceremoniales entre médicos experimentados y aprendices jóvenes.
Para terminar
El culto al Illampu llega al siglo XXI transformado por varias presiones históricas sucesivas: la conquista incaica que lo integró al Kollasuyu hacia 1470 sin desplazar el culto local, la fundación colonial española de Sorata en 1562 que se realizó literalmente al pie del achachila mayor, la evangelización cristiana que lo obligó a coexistir con el catolicismo popular boliviano, el ciclo insurreccional aimara de 1781 dirigido desde Sorata por Julián Apaza (Túpac Katari) y Bartolina Sisa que vinculó el gran nevado al recuerdo político de la Gran Rebelión, el desarrollo del andinismo internacional que abrió las cumbres del corredor septentrional al ascenso deportivo regulado en el siglo XX, y el ciclo contemporáneo del Movimiento al Socialismo y del Estado Plurinacional que reivindicó institucionalmente el suma qamaña como principio constitucional. Ninguna de esas presiones ha extinguido el culto: las comunidades aimaras de Sorata, Achacachi, Coroico y el corredor rural de Larecaja siguen realizando la ch’alla colectiva cada 1º de agosto, los kallawaya mantienen sus peregrinaciones médicas al gran achachila septentrional, y la Confederación «Bartolina Sisa» mantiene viva la memoria política del ciclo de 1781. El Illampu mantiene su lugar central junto al Illimani descrito en Illimani, al Sajama descrito en Sajama, a la pachamama descrita en Pachamama y al Ekeko paceño descrito en Ekeko, en el sistema ritual aimara documentado hasta el presente.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el Illampu?
El Illampu es una montaña de la Cordillera Real boliviana con una altitud de 6.368 metros, cuarta cima más alta del país después del Sajama, del Illimani y del Ancohuma. Se sitúa en la provincia Larecaja del departamento de La Paz, a los pies del pueblo colonial de Sorata, y es el achachila mayor de la Cordillera Real septentrional en el sistema ritual aimara. Su etimología procede de la raíz aimara illa («piedra sagrada», «rayo») y remite al culto pre-inca a las cumbres luminosas del altiplano paceño, documentado por Ludovico Bertonio en su Vocabulario de la lengua aymara de 1612.
¿Cuál es la relación entre el Illampu y el Ancohuma?
El Illampu (6.368 m) y el Ancohuma (6.427 m) son dos nevados vecinos de la Cordillera Real septentrional boliviana, situados en la misma línea de cumbres de la provincia Larecaja. En el sistema aimara forman una pareja mítica hermano-hermana, con el Ancohuma como cumbre femenina o hermana menor por su color glaciar más blanco (etimología aimara ancohuma: «agua blanca») y el Illampu como cumbre masculina o hermano mayor por la etimología asociada al rayo. Esta estructura de pareja mítica de cumbres es paralela a la del complejo Sajama-Payachatas en el ámbito paceño meridional y sostiene el sistema ritual aimara boliviano en su polo norte.
¿Qué relación tuvo Sorata con la rebelión de Túpac Katari en 1781?
El pueblo de Sorata, a los pies del Illampu, fue capital rebelde del ciclo paceño de la Gran Rebelión Andina de 1781 dirigida por Julián Apaza (Túpac Katari) y Bartolina Sisa. Los rebeldes bajo mando de Andrés Túpac Amaru cercaron la ciudad durante meses y finalmente lograron su toma mediante la construcción de un dique en el río San Cristóbal que, al ser roto, inundó las defensas coloniales. El episodio del dique de Sorata quedó grabado en la memoria colectiva aimara como una de las victorias militares principales del ciclo insurreccional, y vinculó desde entonces al gran achachila septentrional con el recuerdo político de la Gran Rebelión.
¿Quiénes son los kallawaya y qué relación tienen con el Illampu?
Los kallawaya son un pueblo médico aimara originario de la región de Charazani (provincia Bautista Saavedra, departamento de La Paz), especializado en medicina herbaria andina. Su sabiduría médica tradicional fue inscrita en 2003 por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Sus rutas rituales tradicionales incluyen peregrinaciones periódicas al Illampu y a otros grandes achachila del departamento de La Paz, combinando recolección de hierbas curativas de altura, ofrendas al achachila como fuente última de la eficacia sanadora y transmisión intergeneracional de los conocimientos ceremoniales entre médicos experimentados y aprendices jóvenes.
¿Qué fuentes coloniales y contemporáneas documentan el culto al Illampu?
La primera atestación escrita del Illampu como achachila mayor está en el Vocabulario de la lengua aymara de Ludovico Bertonio (Chucuito, 1612), con entrada específica y análisis morfológico de la raíz illa. Los cronistas coloniales posteriores —Alonso Ramos Gavilán en 1621 y Bernabé Cobo hacia 1653— integraron al Illampu en el sistema más amplio de huaca aimaras del Kollasuyu. El corpus etnohistórico moderno fue renovado por Thérèse Bouysse-Cassagne (Lluvias y cenizas, Hisbol, La Paz, 1988), Nathan Wachtel (Le retour des ancêtres, Gallimard, París, 1990), Denise Y. Arnold (Hacia un orden andino de las cosas, Hisbol, La Paz, 1992), Xavier Albó (varios trabajos CIPCA-La Paz) y Sabine MacCormack (Religion in the Andes, Princeton University Press, 1991).




