El Ekeko (también Ekheko o Iqiqu en aymara) es la deidad andina de la abundancia, la fortuna y la prosperidad. Suele representarse como un hombre pequeño y sonriente, cargado con miniaturas de aquello que se desea poseer: alimentos, casas, dinero, vehículos. Es la figura central de la fiesta de Alasitas, celebrada cada 24 de enero en La Paz (Bolivia) y, con variantes, en el sur peruano y el norte argentino. Su matriz es aymara prehispánica, ligada al horizonte cultural Tiwanaku.
El Ekeko en resumen
Índice
| Tipo de figura | Deidad andina de la abundancia y la fortuna |
| Zona principal | Bolivia (La Paz, El Alto, Oruro), sur peruano (Puno), norte argentino y chileno |
| Forma actual | Estatuilla de hombre pequeño, sonriente, cargado de miniaturas |
| Fiesta asociada | Alasitas — 24 de enero en La Paz, Bolivia |
| Función | Atraer abundancia y prosperidad al hogar |
| Origen probable | Deidad aymara prehispánica vinculada al horizonte Tiwanaku |
| Pueblos vinculados | Aymara, quechua, callawaya, mestizo andino |
| Primer registro escrito | Ludovico Bertonio, Vocabulario de la lengua aymara (1612) |
El Ekeko
El Ekeko es una de las figuras religiosas vivas más reconocibles de la cultura andina contemporánea: un hombrecillo regordete, sonriente y mostachudo, vestido a la usanza tradicional aymara o paceña, cargado con miniaturas de billetes, alimentos, viviendas, automóviles y herramientas. Cada 24 de enero, en La Paz, miles de personas adquieren miniaturas en la feria de Alasitas para que el Ekeko las convierta en realidad a lo largo del año. Su presencia en hogares bolivianos, peruanos y argentinos atestigua una vitalidad religiosa que combina raíz prehispánica y reapropiación contemporánea.
¿Qué es el Ekeko?
El término Ekeko deriva del aymara iqiqu o iqiqus, registrado tempranamente por el jesuita italiano Ludovico Bertonio en su Vocabulario de la lengua aymara (1612), donde se traduce como «enano de cabeza grande» o «ídolo de los gentiles». Bertonio lo describe ya en el siglo XVII como una deidad importante en la región altiplánica del lago Titicaca. La palabra ha sobrevivido al castellano andino con su pronunciación aymara intacta.
En su forma actual, el Ekeko se materializa como una estatuilla de yeso, cerámica o tela de unos 20 a 40 centímetros de altura, con rasgos sonrientes, mejillas coloradas, mostacho y vestimenta tradicional andina (poncho, chalina, ch’ulu o gorro de lana, ojotas). Lleva colgadas del cuerpo decenas de miniaturas que representan los bienes que la familia desea atraer: dinero en miniatura, sacos de arroz, cajas de cerveza, escrituras de propiedad, automóviles a escala, diplomas universitarios, pasaportes y, en versiones contemporáneas, smartphones y laptops.
Origen del mito y pueblos que lo cuentan
La figura del Ekeko es de matriz aymara prehispánica. Estudios arqueológicos vinculan al Ekeko con figurillas de personajes regordetes encontradas en sitios del horizonte cultural Tiwanaku (siglos III-XII d.C.). Arthur Posnansky, en sus trabajos sobre la cultura tiwanakota a comienzos del siglo XX, propuso esa filiación, y autores posteriores como Carlos Ponce Sanginés han ampliado la documentación arqueológica.
El primer registro escrito sistemático corresponde a Bertonio (1612). Cronistas e historiadores coloniales como Bernabé Cobo y Cristóbal de Molina mencionan deidades vinculadas a la abundancia en las cosmovisiones andinas que coinciden funcionalmente con el Ekeko. Manuel Rigoberto Paredes, en Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia (1920), aporta una de las descripciones folclóricas modernas más completas. Hugo Boero Rojo, Antonio Paredes Candia y otros folcloristas bolivianos del siglo XX han ampliado el corpus.
Hoy el culto al Ekeko se concentra en Bolivia (La Paz, El Alto, Oruro, Cochabamba), el sur del Perú (Puno, Cuzco), el norte argentino (Jujuy, Salta) y el norte chileno (Tarapacá, Antofagasta). Su difusión sigue las rutas comerciales y migratorias de la población aymara y quechua del altiplano hacia las ciudades.
La fiesta de Alasitas
La Alasitas es la fiesta central del Ekeko. Se celebra cada 24 de enero en La Paz, Bolivia, y reúne a cientos de miles de personas en una feria masiva donde se adquieren miniaturas de todo lo deseable. La palabra alasitas proviene del aymara alaña («comprar»), en su forma imperativa «cómprame». El protocolo ritual exige que las miniaturas sean compradas —no fabricadas en casa ni regaladas— y posteriormente bendecidas. La bendición tiene dos vías paralelas que conviven: la ch’alla aymara con coca, alcohol y sahumerio realizada por un yatiri (sabio aymara), y la bendición católica impartida por sacerdotes en las parroquias.
La Alasitas fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2017, reconocimiento que confirma la vitalidad de la tradición y su valor como caso paradigmático de sincretismo religioso vivo. La fiesta articula la economía artesanal local: miles de artesanos producen miniaturas durante meses para abastecer la feria de enero.

Apariencia y atributos
La iconografía contemporánea del Ekeko, fijada a comienzos del siglo XX, presenta los siguientes rasgos:
- Estatura baja, cuerpo regordete y rostro sonriente con mejillas coloradas.
- Mostacho prominente y, en muchas versiones, ojos claros.
- Vestimenta tradicional andina paceña: poncho corto, chalina, ch’ulu de lana, ojotas; en variantes urbanas, traje de tres piezas.
- Cuerpo cubierto de miniaturas colgadas: billetes, alimentos, automóviles, casas, herramientas, diplomas.
- Boca abierta o ranura: la tradición exige introducir un cigarrillo encendido el día martes y viernes para «alimentar» al Ekeko.
El cambio iconográfico más significativo del Ekeko ocurrió en el siglo XIX: la figura prehispánica del iqiqu tiwanakota era originalmente una estatuilla votiva más sobria, posiblemente desnuda o con vestimenta mínima. La forma actual con poncho, mostacho y miniaturas se consolida en La Paz republicana, en parte como apropiación criolla del culto aymara.
Comportamiento y prácticas rituales
El culto contemporáneo al Ekeko sigue protocolos rituales precisos:
- Adquisición: el 24 de enero, cabeza de familia o miembros del hogar acuden a la feria de Alasitas y compran miniaturas de lo que desean obtener en el año.
- Bendición: las miniaturas se llevan a un yatiri para la ch’alla con coca, alcohol y sahumerio, o a un sacerdote católico para la bendición; muchas familias hacen ambas.
- Ofrenda regular: se introduce un cigarrillo encendido en la boca del Ekeko los martes y viernes; el humo es la «comida» que le sostiene su poder.
- Ubicación: el Ekeko se coloca en un lugar visible del hogar o el negocio, con su carga de miniaturas; al cumplirse un deseo, se reemplaza la miniatura correspondiente.
- Reciprocidad: el Ekeko exige fidelidad y agradecimiento; abandonar el ritual del cigarrillo se considera una desatención que puede provocar la fuga de la abundancia.
Significado cultural y función simbólica
El Ekeko cumple varias funciones culturales documentadas. Sirve como articulador de la economía simbólica del hogar: las miniaturas materializan deseos concretos (una casa, un trabajo, un viaje) y los integran al ritual familiar como objetivos compartidos. Funciona como marcador identitario aymara y paceño: el culto al Ekeko es un signo de pertenencia a la cultura andina urbana de La Paz y El Alto. Y opera como caso paradigmático de sincretismo vivo: el ritual combina, sin tensión aparente, la ch’alla aymara prehispánica con la bendición católica, mostrando una integración religiosa propia del mundo andino contemporáneo.
La declaración de la Alasitas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2017 reconoció también su valor económico: la feria sostiene a miles de artesanos especializados en miniaturas, articula barrios enteros de La Paz y El Alto, y proyecta la cultura aymara hacia un público global.
Diferencia entre el Ekeko y figuras similares
| Aspecto | Ekeko aymara | San Nicolás cristiano |
|---|---|---|
| Origen | Deidad aymara prehispánica (Tiwanaku) | Santo cristiano del siglo IV (Mira, Anatolia) |
| Función | Abundancia y prosperidad del hogar | Patrón de niños, marineros, mercaderes |
| Ritual | Compra de miniaturas + ch’alla + cigarrillo | Festividad litúrgica + regalos a los niños |
| Iconografía | Hombre regordete con poncho cargado de miniaturas | Obispo con mitra y báculo |
| Calendario | 24 de enero (Alasitas) | 6 de diciembre |
Variantes regionales
| Región | Rasgo distintivo |
|---|---|
| La Paz y El Alto (Bolivia) | Centro del culto. Feria masiva de Alasitas el 24 de enero, declarada Patrimonio UNESCO 2017 |
| Oruro y Cochabamba | Versiones locales con calendarios paralelos; menor escala que La Paz |
| Puno (Perú) | Variante con feria de miniaturas asociada al lago Titicaca |
| Jujuy y Salta (Argentina) | Culto importado por migración aymara y quechua; ferias de Alasitas en San Salvador y otras ciudades |
| Norte chileno (Tarapacá) | Difusión por migración boliviana; figura presente en hogares |
Qué parte es indígena y qué parte es colonial
La capa indígena prehispánica es central. La figura del iqiqu aymara, las estatuillas tiwanakotas que la prefiguran y la función deidad de la abundancia preceden al contacto colonial. La ch’alla con coca, alcohol y sahumerio que bendice las miniaturas es un ritual aymara con continuidad milenaria.
La capa colonial-cristiana introdujo la prohibición del culto durante la primera evangelización (siglos XVI-XVII), su persistencia clandestina y su posterior tolerancia desde finales del siglo XVIII. La fecha del 24 de enero se consolidó tras la Guerra de Independencia paceña, vinculada al asedio de Túpac Katari (1781) y a una promesa religiosa atribuida a Sebastián de Segurola, gobernador colonial. La incorporación de la bendición católica al ritual data del siglo XIX.
La capa republicana y contemporánea es muy visible. La iconografía actual del Ekeko (poncho, mostacho, miniaturas) se fija en La Paz del siglo XIX y XX. La incorporación de miniaturas modernas (smartphones, autos, diplomas) muestra la actualización constante de la tradición. La declaración UNESCO 2017 institucionaliza globalmente la fiesta.
Reflexión final
El Ekeko es uno de los casos más vitales de continuidad religiosa andina en el mundo contemporáneo. Su culto crece, no decrece: la feria de Alasitas convoca cada 24 de enero a cientos de miles de personas en La Paz, articula una economía artesanal de miles de familias y proyecta la cultura aymara hacia el turismo global. La declaración como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2017 confirmó su valor, pero la vitalidad real está en cada hogar paceño, alteño o jujeño donde una estatuilla cargada de miniaturas espera el cigarrillo del martes. Como mito vivo, el Ekeko ofrece un lenguaje compartido para nombrar el deseo de abundancia, la esperanza familiar y el vínculo entre la Pachamama y la economía cotidiana.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el Ekeko?
El Ekeko (también Ekheko o Iqiqu en aymara) es la deidad andina de la abundancia, la fortuna y la prosperidad, central en la cultura aymara y mestiza del altiplano boliviano. Se representa como un hombre pequeño y sonriente, vestido a la usanza paceña, cargado con miniaturas de los bienes que se desean obtener. Es la figura central de la fiesta de Alasitas, celebrada cada 24 de enero en La Paz y declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2017.
¿De qué pueblo originario es el Ekeko?
El Ekeko es de matriz aymara prehispánica. Estudios arqueológicos lo vinculan con figurillas votivas del horizonte cultural Tiwanaku (siglos III-XII d.C.) en la cuenca del lago Titicaca. Ludovico Bertonio lo registra ya en su Vocabulario de la lengua aymara (1612). Hoy el culto se concentra en Bolivia (La Paz, El Alto, Oruro), el sur del Perú (Puno), el norte argentino (Jujuy, Salta) y el norte chileno, en regiones habitadas por pueblos aymara, quechua y mestizo andino.
¿Qué es la fiesta de Alasitas?
La Alasitas es la feria del Ekeko, celebrada el 24 de enero en La Paz, Bolivia. La palabra deriva del aymara alaña («comprar») en imperativo. Durante la feria se adquieren miniaturas de bienes que se desean conseguir en el año (casas, dinero, vehículos, diplomas) y se llevan a bendecir mediante la ch’alla aymara con coca y alcohol o mediante la bendición católica. La fiesta fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2017.
¿Por qué se le pone un cigarrillo al Ekeko?
La tradición aymara y paceña indica que el Ekeko se «alimenta» con el humo del cigarrillo. Se le coloca uno encendido en la boca o ranura los días martes y viernes para mantener su poder de atraer abundancia. La práctica forma parte del protocolo ritual contemporáneo y, según la creencia, abandonar la ofrenda regular puede provocar que la prosperidad se aleje del hogar. La ofrenda de humo conecta con la lógica andina más amplia del sahumerio y la ch’alla.
¿Cuál es el origen del nombre Ekeko?
El nombre deriva del aymara iqiqu o iqiqus. Ludovico Bertonio lo recoge en su Vocabulario de la lengua aymara (1612) y lo traduce como «enano de cabeza grande» o «ídolo de los gentiles», lo que indica que en el siglo XVII ya era una deidad reconocida en la región del altiplano. La pronunciación aymara ha pasado al castellano andino conservando la forma original. Las grafías Ekeko y Ekheko conviven en la escritura contemporánea.





