Kanassa, el héroe cultural del fuego robado al buitre en el Alto Xingu

Para empezar, hablar de Kanassa —también escrito Kanajarap o Kanassá en las transcripciones etnográficas del siglo XX— es asomarse al corazón del corpus mítico del Alto Xingu, esa región del norte de Mato Grosso donde nueve pueblos de cuatro familias lingüísticas distintas (karib, tupí, aruaque y trumaí) han compartido durante siglos un mismo sistema ritual, un mismo repertorio ceremonial y un mismo horizonte narrativo. Kanassa es el héroe cultural que, en la tradición kalapalo y kuikuro de familia karib, robó el fuego al buitre real (Sarcoramphus papa) y lo distribuyó entre los árboles del bosque xinguano, enseñando de paso a los seres humanos a cocinar los alimentos y a fabricar las tortas rituales de mandioca que hoy siguen siendo el eje de la vida ceremonial en la Terra Indígena do Xingu. En la variante recogida por Ellen Basso entre los kalapalo en los años sesenta y publicada en 1985, Kanassa también inventa la primera canoa al tallar un tronco de jatobá y le da al pueblo, con los ritmos de sus movimientos al remar, la matriz musical de todo el repertorio ceremonial kalapalo.

Origen culturalAlto Xingu (norte de Mato Grosso, Brasil) — panteón compartido kuikuro y kalapalo (familia karib) con paralelos entre kamayurá (tupí) y wauja (aruaque).
TipoHéroe cultural trickster, ladrón del fuego, inventor de la canoa y de la matriz musical ceremonial kalapalo.
Función míticaRobar el fuego al buitre real y distribuirlo entre los árboles xinguanos —pau-santo, mulateiro, algarrobo— de los que hoy se extrae el fuego por fricción; inventar la canoa; enseñar a los humanos a cocinar y a fabricar las tortas rituales de mandioca.
AtestaciónKarl von den Steinen, Unter den Naturvölkern Zentral-Brasiliens (1894); Orlando y Cláudio Villas Bôas, Xingu: Os Índios, Seus Mitos (Zahar, 1970); Ellen Basso, A Musical View of the Universe (Pennsylvania UP, 1985) y The Last Cannibals (Texas UP, 1995); Bruna Franchetto, Falar Kuikuro (PPGAS-Museu Nacional, 1986).
Vigencia hoyFigura central del repertorio narrativo kalapalo-kuikuro contemporáneo; el mito se recita en las noches del ciclo ceremonial Kwarup y da nombre al fuego que se enciende en el poste central de la plaza ceremonial.

Los mitos del origen del fuego forman en la Amazonía un corpus tan denso y tan reiterado que Claude Lévi-Strauss lo tomó como piedra angular de su análisis estructural del pensamiento indígena americano. En Mitológicas I: Lo crudo y lo cocido, publicado en París en 1964, el antropólogo francés identifica una serie de relatos —marcados como M7 a M12 en su nomenclatura— que van desde los bororo del Mato Grosso hasta los ge del planalto central, y en los que se repite un mismo patrón: un héroe cultural roba el fuego a un ser no humano (buitre, jaguar, mono aullador) y lo entrega a la humanidad, con lo cual la carne cruda pasa a poder cocinarse y la especie humana adquiere plena condición cultural. Esa transición del crudo al cocido es, para Lévi-Strauss, la operación simbólica fundacional del pensamiento amazónico.

Dentro de ese corpus pan-amazónico, el ciclo del héroe Kanassa ocupa una posición particular. La tradición del Alto Xingu es, con la kayapó, la fuente que Lévi-Strauss cita con mayor frecuencia en el volumen. El mito xinguano del robo del fuego al buitre real fue documentado por primera vez por el explorador alemán Karl von den Steinen durante las dos expediciones que realizó al Xingu en 1884 y 1887, y publicado en 1894 en Berlín en Unter den Naturvölkern Zentral-Brasiliens. Los hermanos Orlando y Cláudio Villas Bôas —fundadores en 1961 del Parque Indígena do Xingu, la primera unidad de conservación indígena de Brasil— recogieron en las décadas siguientes decenas de variantes que compilaron en 1970 en el libro Xingu: Os Índios, Seus Mitos, obra hoy clásica y traducida a varios idiomas. Y a partir de 1965, la antropóloga estadounidense Ellen Basso inició su trabajo de campo con los kalapalo del río Culuene, que continuaría durante más de dos décadas y que daría lugar a la obra pivote sobre Kanassa: A Musical View of the Universe: Kalapalo Myth and Ritual Performances (Pennsylvania UP, 1985).

Este relato sigue el mito de Kanassa en cinco pasos. Primero, el marco geográfico y cultural del Alto Xingu, la Terra Indígena do Xingu y los pueblos karib que lo transmiten. Segundo, la narración misma del robo del fuego al buitre real tal como la fijaron Steinen, Villas Bôas y Basso, con las citas etnográficas más significativas. Tercero, la lectura estructural de Lévi-Strauss y la comparación con los otros héroes ladrones del fuego del continente americano —Prometeo griego a un lado, Karusakaibö munduruku, Coyote norteamericano y Maui polinesio al otro—. Cuarto, la función trickster de Kanassa según el estudio comparativo de Basso In Favor of Deceit (Arizona UP, 1987) y la vigencia ceremonial actual de la figura en el ciclo del Kwarup. Y quinto, cinco preguntas frecuentes sobre el personaje.

El Alto Xingu, los kalapalo-kuikuro y el corpus narrativo compartido

El Alto Xingu es, en la etnografía sudamericana, un caso excepcional. En un territorio de unos 30.000 kilómetros cuadrados del norte de Mato Grosso —hoy la Terra Indígena do Xingu, homologada en 1961 y ampliada en 1971— conviven desde hace varios siglos nueve pueblos indígenas pertenecientes a cuatro familias lingüísticas distintas: los kuikuro, kalapalo, matipu y nahukuá (karib); los kamayurá y aweti (tupí); los waurá, mehinako y yawalapiti (aruaque); y los trumaí (lengua aislada). Pese a hablar lenguas mutuamente ininteligibles, estos nueve pueblos comparten un mismo sistema ritual, un mismo repertorio ceremonial, un mismo régimen alimentario (fundado en el pescado y las tortas rituales de mandioca, con exclusión de la carne de mamífero terrestre) y un mismo horizonte narrativo. El arqueólogo Michael Heckenberger, en The Ecology of Power (Routledge, 2005), demostró mediante trabajos arqueológicos en la región del Culuene que este sistema regional integrado tiene raíces prehispánicas y remonta como mínimo al año 1000 de nuestra era, con evidencia de aldeas fortificadas, caminos rectilíneos, puentes de madera y una demografía muy superior a la que suponían los primeros observadores del siglo XIX.

Los kuikuro y los kalapalo son los pueblos del bloque karib más numerosos del Alto Xingu. Los kuikuro cuentan hoy con alrededor de 700 personas repartidas en varias aldeas del río Culuene, siendo Ipatse la principal; los kalapalo, con unos 600 miembros en la aldea Aiha y las aldeas satélite del bajo Culuene y del Tanguro. Ambos pueblos hablan variantes muy próximas del kalapalo-kuikuro, lengua karib meridional cuya gramática fue fijada por la lingüista Bruna Franchetto en Falar Kuikuro (PPGAS-Museu Nacional, 1986) y en las publicaciones posteriores de su equipo. La proximidad lingüística entre ambos pueblos es tal que se entienden entre sí sin problema, y comparten prácticamente al pie de la letra el mismo corpus mítico: los personajes del ciclo del Sol (Auguñi kalapalo, Taugi kuikuro), las hermanas del cielo, el ancestro Kwatïngi, y por supuesto Kanassa aparecen en ambas tradiciones con los mismos episodios y con variaciones menores de nombre.

Karl von den Steinen fue el primer europeo que registró sistemáticamente el corpus mítico xinguano. En su primera expedición de 1884 —con su primo Wilhelm y el pintor Paul Ehrenreich— y en la segunda de 1887, Steinen descendió el río Xingu desde sus cabeceras hasta el bajo curso, atravesó todas las aldeas del sistema regional y transcribió cientos de páginas de mitos, cantos y descripciones ceremoniales. Su obra Unter den Naturvölkern Zentral-Brasiliens (Berlín, 1894) es la fuente etnográfica fundacional absoluta sobre el Alto Xingu, y sigue siendo consulta obligada para cualquier trabajo sobre la región. Steinen recogió el mito de Kanassa —al que transcribe como «Kanjuára» siguiendo la pronunciación bakairi que había aprendido en la vertiente occidental— y fijó los rasgos principales del héroe: figura del principio del tiempo, ladrón del fuego al buitre real, benefactor del pueblo que enseñó a cocinar. Las variantes bakairi que Steinen registró son las que Lévi-Strauss usaría después como una de sus fuentes centrales en Lo crudo y lo cocido.

Casi un siglo después de Steinen, Ellen Basso llevó el trabajo etnográfico sobre Kanassa a otro nivel de profundidad. Su primera estancia entre los kalapalo se remonta a 1965, y regresó durante más de veinte años a la aldea Aiha del río Culuene. En A Musical View of the Universe: Kalapalo Myth and Ritual Performances (Pennsylvania UP, 1985), Basso analiza a Kanassa como el héroe pivote del sistema narrativo kalapalo, y lo hace desde una premisa metodológica novedosa para su época: el mito no se separa de su performance oral y musical, y solo se entiende cuando se analiza junto a los cantos rituales, los gestos del narrador y los ritmos de percusión que lo acompañan. Basso publicó también In Favor of Deceit: A Study of Tricksters in an Amazonian Society (Arizona UP, 1987) —dedicado íntegramente a la función trickster de Kanassa y de sus parientes narrativos— y The Last Cannibals: A South American Oral History (Texas UP, 1995), donde recoge biografías rituales y testimonios directos de narradores kalapalo del ciclo de Kanassa. El trípode Steinen-Villas Bôas-Basso es hoy la referencia obligada.

El robo del fuego al buitre real y el don de las canoas

Al principio del tiempo, cuentan los kalapalo, los seres humanos no tenían fuego. Comían la carne cruda o secada al sol sobre piedras planas, y no podían fabricar todavía las tortas rituales de mandioca que hoy son el eje de su alimentación ceremonial. El fuego existía, pero lo poseía en exclusiva el buitre real —Sarcoramphus papa, la gran ave carroñera de cabeza y cuello desnudos, blanco y negro con anillo carnoso naranja alrededor de los ojos, que sobrevuela hoy todavía las sabanas y bosques abiertos de la Amazonía—. El buitre guardaba una brasa viva bajo el ala, sin quemarse jamás, y descendía al bosque solo cuando encontraba un cadáver que le sirviera de alimento. Nadie sabía cómo arrebatarle el don, hasta que Kanassa concibió la trampa que quedaría fijada como el episodio fundacional del ciclo. En la variante kalapalo recogida por Ellen Basso a Muluku, narrador de Aiha, en 1978, Kanassa se tendió en un claro del bosque, se abrió el vientre con un cuchillo de bambú y expuso las tripas al sol para atraer al buitre real con el olor de las vísceras al descomponerse.

El buitre real, atraído por el olor, bajó a devorar el cadáver aparente. Cuando estaba a punto de posarse sobre el cuerpo de Kanassa, este saltó de golpe, agarró al ave por el cuello y le arrancó la brasa que guardaba bajo el ala. La brasa era pequeña, del tamaño de un ojo, y ardía sin consumirse. Kanassa la envolvió en hojas de bananero silvestre y la llevó al bosque, donde repartió el fuego entre distintos árboles: entregó una parte al pau-santo (Guaiacum officinale), otra al mulateiro (Calycophyllum spruceanum) y otra al algarrobo del Xingu (Hymenaea courbaril). Cada árbol guardó su porción de fuego dentro de la madera, y desde entonces los xinguanos extraen el fuego frotando dos palillos de esos árboles concretos —el palito vertical se llama «hombre», la tabla horizontal se llama «mujer», y su fricción reproduce ritualmente el don originario de Kanassa—. Ninguna otra madera del bosque sirve para hacer fuego por fricción, precisamente porque solo esos tres árboles recibieron el don de la brasa robada al buitre real.

Junto al robo del fuego, la variante kalapalo atribuye a Kanassa un segundo don fundamental: la invención de la canoa. Antes de Kanassa, los xinguanos no podían atravesar los grandes ríos del Culuene, del Tanguro y del Kuluene sin nadar. Kanassa, harto de arriesgar la vida cada vez que cruzaba, taló con hacha de piedra un tronco de jatobá (Hymenaea courbaril, la misma especie que había recibido el don del fuego) y lo vació con brasa y raspador de dientes de agutí. La canoa que salió del tronco era estrecha, larga y estable, y Kanassa la probó en el Culuene remando con una pala tallada de la misma madera. Los movimientos rítmicos de sus brazos al remar —adelante, atrás, adelante, atrás— generaron un patrón que quedó fijado como matriz de todo el repertorio musical ceremonial kalapalo. Basso lo explica en A Musical View of the Universe: «los ritmos del remo de Kanassa son la fuente originaria de los cantos del Kwarup, del Yamurikuma y del Kagutu; los intérpretes de flauta y los cantores del ciclo ceremonial reconocen esa deuda en las noches en que retransmiten el ciclo del héroe» (Basso, 1985, capítulo cinco).

Los hermanos Orlando y Cláudio Villas Bôas recogieron en 1948-1950 —durante los años en que trabajaban en la Expedición Roncador-Xingu del gobierno de Getúlio Vargas— una variante paralela del mito entre los kamayurá tupí, publicada después en Xingu: Os Índios, Seus Mitos (Zahar, 1970). En la variante kamayurá el héroe se llama Kwat, y no roba el fuego al buitre sino al jaguar (Kwarup en kamayurá, Kwatïngi en kalapalo-kuikuro), pero la estructura narrativa es idéntica: héroe cultural, cuerpo dispuesto como cebo, robo del fuego a un ser no humano, distribución del fuego entre determinados árboles del bosque, enseñanza a los humanos de la cocina. Los Villas Bôas anotan que las dos variantes se cuentan simultáneamente en las noches del ciclo Kwarup por narradores de pueblos distintos, sin que se registre contradicción entre ellas: cada pueblo cuenta la suya, y los oyentes las aceptan como formas distintas del mismo relato fundacional compartido. Esa aceptación mutua es, para los hermanos Villas Bôas, uno de los rasgos que hacen del Alto Xingu un sistema regional integrado excepcional en la Amazonía indígena.

Lévi-Strauss, el trickster amazónico y el paralelo pan-continental

Claude Lévi-Strauss dedicó al mito del origen del fuego una parte central de Lo crudo y lo cocido (Plon, París, 1964), primer volumen de las Mitológicas. Su hipótesis de trabajo es que el paso del alimento crudo al alimento cocido representa, en el pensamiento amazónico, la operación simbólica fundacional de la humanidad: el ser humano se distingue del animal precisamente porque cocina, y el mito que explica cómo obtuvo el fuego que le permite hacerlo es la matriz mítica de todas las demás. Lévi-Strauss ordena los relatos disponibles en el corpus M7 al M12, tomando como pivote la variante bororo del Mato Grosso central pero incluyendo variantes ge, tupí y karib —entre ellas la del Alto Xingu—. El análisis muestra que todos los mitos del corpus se transforman los unos en los otros según reglas precisas de inversión, sustitución y permutación: el buitre puede convertirse en jaguar, el fuego puede convertirse en agua, el héroe puede convertirse en su hermana. Kanassa forma parte de esa red transformacional y ocupa dentro de ella una posición central por su vinculación simultánea con el fuego, con la canoa y con la matriz musical del ritual.

Ellen Basso, en In Favor of Deceit: A Study of Tricksters in an Amazonian Society (Arizona UP, 1987), lee a Kanassa como el trickster por excelencia de la tradición kalapalo. El trickster es una figura universal en las mitologías del mundo —Coyote entre los indígenas de la Cuenca de California, Nanabush entre los ojibwe de los Grandes Lagos, Anansi entre los ashanti de África Occidental y sus descendientes del Caribe, Maui entre los polinesios, Loki entre los germanos precristianos, Hermes entre los griegos—, y se caracteriza por el ingenio, la astucia, el engaño productivo y la ambigüedad moral. Kanassa encaja perfectamente en ese perfil: no vence al buitre real por la fuerza, sino por el engaño; se hace pasar por muerto, expone las vísceras al sol para atraer al ave y ejecuta el asalto en el momento preciso. La lección ritual del mito, para Basso, es que la cultura humana no se obtiene por combate frontal contra los seres no humanos sino por astucia y por respeto a los ritmos del mundo natural.

El paralelo comparativo con otros mitos del robo del fuego del continente americano y del mundo es revelador. Karusakaibö entre los munduruku del río Tapajós roba el fuego a un cormorán y lo entrega a la humanidad; Prometeo entre los griegos lo roba a los dioses del Olimpo y lo trae oculto en un tallo de férula; Maui entre los polinesios lo obtiene de la diosa Mahuika arrancándole las uñas encendidas; Coyote entre los indígenas de la Meseta Interior de Norteamérica lo roba a los guardianes celestes y lo esconde en distintos árboles del bosque, con la misma función etiológica que Kanassa. La estructura común es tan robusta que Lévi-Strauss la trata como un universal mítico: el fuego, don que hace posible la cocina y por tanto la cultura humana, se obtiene siempre por robo o por astucia, nunca por concesión gratuita de una divinidad benévola. En términos rituales, esa estructura corresponde a la idea kalapalo de que todo don cultural entraña una deuda irreducible con el ser al que se le arrebató originariamente.

La vigencia ceremonial actual de Kanassa en el ciclo del Kwarup es un dato etnográfico verificado. El Kwarup —del kamayurá kwarupé, «tronco de madera Zeyheria tuberculosa», en kuikuro-kalapalo egitsu— es el ceremonial mortuorio inter-tribal más importante del Alto Xingu, celebrado cada uno o dos años en la aldea anfitriona para honrar la memoria de los jefes fallecidos en el período anterior. Durante las noches del ciclo Kwarup, los ancianos narradores recitan por turnos el corpus mítico completo, y el episodio de Kanassa y el buitre real es una de las secuencias fijas del ceremonial. El fuego que se enciende en el poste central de la plaza ceremonial durante el Kwarup se llama, en kalapalo, «el fuego de Kanassa», en memoria explícita del don originario. Antropólogos contemporáneos como Aristóteles Barcelos Neto (Apapaatai: rituais de máscaras no Alto Xingu, EDUSP, 2008) y Antonio Guerreiro (Ancestrais e suas sombras, Unicamp, 2015) han documentado in situ este uso ceremonial actual, que permite afirmar que la figura de Kanassa está viva en el Xingu del siglo XXI y no es un recuerdo etnográfico fosilizado en los libros del siglo XIX.

Para terminar

Kanassa no es «el trickster xinguano de un cuento antiguo». Es, para las tradiciones kalapalo y kuikuro del Alto Xingu, la figura que hizo posible la humanidad cultural: quien arrebató al buitre real la brasa originaria y la depositó en la madera de tres árboles concretos —pau-santo, mulateiro, algarrobo— para que los seres humanos pudieran extraer de allí el fuego por fricción. Junto al fuego, entregó también la canoa tallada del tronco de jatobá y, con los ritmos de sus brazos al remar, la matriz musical de todo el repertorio ceremonial que hasta hoy sostiene el sistema ritual regional del Xingu. El don es triple: fuego, transporte fluvial, música. Cada uno de esos tres regalos —recuerdan los narradores kalapalo en las noches del Kwarup— exige del pueblo humano una contrapartida ritual precisa, que se paga en las ceremonias del ciclo anual y en la transmisión oral cuidadosa del corpus narrativo de generación en generación.

La etnografía del Alto Xingu —desde Steinen en 1894 hasta Basso, Franchetto, Heckenberger, Barcelos Neto y Guerreiro en los últimos cincuenta años— ha registrado la vigencia continuada de Kanassa durante más de un siglo de trabajo de campo. La resistencia del corpus mítico es notable: los cambios demográficos que sufrieron los pueblos del Xingu tras el contacto europeo (con caída de población de alrededor del 70% entre 1884 y 1954, según los conteos de los Villas Bôas y de Roquette-Pinto), el impacto de las epidemias de sarampión y gripe de las primeras décadas del siglo XX y las presiones ambientales contemporáneas por la deforestación de las cabeceras del Xingu fuera de la Terra Indígena no consiguieron borrar la memoria del héroe cultural. Los narradores kalapalo actuales —Muluku, Uagitü, Ausuki, entre otros grandes contadores registrados por Basso y por sus discípulos— transmiten el ciclo de Kanassa con la misma fidelidad estructural que sus antecesores del siglo XIX, con variaciones estilísticas menores que corresponden al estilo personal de cada narrador y a la ocasión ritual en que se recita.

En el fuego que arde en el poste central de la plaza ceremonial durante el Kwarup, en los cantos del Yamurikuma que las mujeres kalapalo interpretan en las noches del ciclo, en el arte plumario de los kuikuro contemporáneos y en las políticas indígenas de defensa de la Terra Indígena do Xingu frente a las presiones extractivas de Mato Grosso, Kanassa sigue vivo. La brasa que arrebató al buitre real hace tiempo mítico no ha dejado de arder nunca, y quienes hoy visitan las aldeas del Culuene con ojos abiertos y respeto ritual pueden ver todavía —en el frotar rítmico de los palillos de pau-santo, en la canoa tallada del jatobá, en los cantos del ciclo Kwarup— la huella tangible del héroe cultural que hizo posible el mundo humano del Alto Xingu.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Kanassa en la mitología del Alto Xingu?

Kanassa —también escrito Kanajarap o Kanassá en las transcripciones etnográficas del siglo XX— es el héroe cultural principal de la tradición kalapalo y kuikuro del Alto Xingu, en el norte de Mato Grosso, Brasil. Es la figura del principio del tiempo que robó el fuego al buitre real (Sarcoramphus papa) y lo distribuyó entre tres árboles concretos del bosque xinguano —pau-santo, mulateiro y algarrobo— de los que hoy se extrae el fuego por fricción. En la variante kalapalo recogida por Ellen Basso entre 1965 y 1985, Kanassa también inventa la primera canoa al tallar un tronco de jatobá, y con los ritmos de sus brazos al remar genera la matriz musical de todo el repertorio ceremonial kalapalo. Es un héroe cultural trickster que vence al buitre real no por la fuerza sino por el engaño, fingiéndose muerto y exponiendo las vísceras al sol para atraerlo, y en ese sentido pertenece a la misma familia narrativa universal que Coyote, Anansi, Maui, Nanabush, Prometeo o Karusakaibö munduruku.

¿Cómo robó Kanassa el fuego al buitre real?

Según la variante kalapalo recogida por Ellen Basso al narrador Muluku en la aldea Aiha del río Culuene en 1978, y publicada en A Musical View of the Universe (Pennsylvania UP, 1985), Kanassa se tendió en un claro del bosque, se abrió el vientre con un cuchillo de bambú y expuso las tripas al sol para atraer al buitre real con el olor de las vísceras al descomponerse. El buitre real —Sarcoramphus papa, gran ave carroñera de cabeza y cuello desnudos que sobrevuela hoy todavía la Amazonía— bajó a devorar el cadáver aparente. Cuando estaba a punto de posarse, Kanassa saltó de golpe, agarró al ave por el cuello y le arrancó la brasa que guardaba bajo el ala. La brasa era pequeña, del tamaño de un ojo, y ardía sin consumirse. Kanassa la envolvió en hojas de bananero silvestre y la llevó al bosque, donde repartió el fuego entre pau-santo (Guaiacum officinale), mulateiro (Calycophyllum spruceanum) y algarrobo del Xingu (Hymenaea courbaril).

¿Qué otras cosas se atribuyen a Kanassa en la tradición kalapalo?

Junto al robo del fuego, la variante kalapalo atribuye a Kanassa dos dones más de importancia fundacional. Primero, la invención de la canoa: Kanassa taló un tronco de jatobá (Hymenaea courbaril) con hacha de piedra y lo vació con brasa y raspador de dientes de agutí, obteniendo la primera canoa estrecha, larga y estable que permitió a los xinguanos atravesar los grandes ríos del Culuene, el Tanguro y el Kuluene sin arriesgar la vida nadando. Segundo, la matriz musical del ceremonial kalapalo: los movimientos rítmicos de los brazos de Kanassa al remar —adelante, atrás, adelante, atrás— generaron el patrón rítmico fundamental que quedó fijado como fuente originaria de los cantos del Kwarup, del Yamurikuma y del Kagutu, según la exégesis oral que Basso recogió a los intérpretes de flauta y a los cantores del ciclo ceremonial. En el ciclo de Auguñi (Sol variante kalapalo), Kanassa aparece también como consejero y hermano trickster del héroe solar.

¿Cuáles son las fuentes etnográficas principales sobre Kanassa?

La fuente etnográfica fundacional absoluta es Unter den Naturvölkern Zentral-Brasiliens de Karl von den Steinen (Berlín, 1894), publicada tras las dos expediciones al Xingu de 1884 y 1887, donde el explorador alemán recogió por primera vez el ciclo mítico xinguano en variantes bakairi y kalapalo. Los hermanos Orlando y Cláudio Villas Bôas recogieron decenas de variantes durante los años en que trabajaban en la Expedición Roncador-Xingu y las compilaron en Xingu: Os Índios, Seus Mitos (Zahar, 1970), obra clásica traducida a varios idiomas. Pero la obra pivote absoluta sobre Kanassa es A Musical View of the Universe: Kalapalo Myth and Ritual Performances de Ellen Basso (Pennsylvania UP, 1985), fruto de veinte años de trabajo con los kalapalo del río Culuene. Basso publicó también In Favor of Deceit (Arizona UP, 1987) y The Last Cannibals (Texas UP, 1995). La gramática del kalapalo-kuikuro está fijada en Falar Kuikuro de Bruna Franchetto (PPGAS-Museu Nacional, 1986), y la lectura estructural del corpus xinguano en Lo crudo y lo cocido de Claude Lévi-Strauss (Plon, 1964).

¿Qué vigencia cultural tiene Kanassa hoy en el Alto Xingu?

Kanassa es hoy una figura central y viva del repertorio narrativo kalapalo-kuikuro contemporáneo. Su ciclo mítico se recita en las noches del ceremonial Kwarup —el ceremonial mortuorio inter-tribal más importante del Alto Xingu, celebrado cada uno o dos años en la aldea anfitriona para honrar la memoria de los jefes fallecidos—, y el fuego que se enciende en el poste central de la plaza ceremonial durante ese ceremonial se llama «el fuego de Kanassa» en memoria explícita del don originario. Los antropólogos contemporáneos Aristóteles Barcelos Neto (Apapaatai: rituais de máscaras no Alto Xingu, EDUSP, 2008) y Antonio Guerreiro (Ancestrais e suas sombras, Unicamp, 2015) han documentado in situ este uso ceremonial actual. Los narradores kalapalo de la aldea Aiha y los kuikuro de la aldea Ipatse transmiten el ciclo de Kanassa a las nuevas generaciones con la misma fidelidad estructural que sus antecesores del siglo XIX, en un contexto contemporáneo de defensa activa de la Terra Indígena do Xingu frente a las presiones extractivas de Mato Grosso.

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