Aulukumã, la Luna primordial del Alto Xingu y hermano gemelo de Kwatïngï

Lo esencial. Aulukumã es la Luna primordial del panteón del Alto Xingu, hermana o hermano menor de Kwatïngï (el Sol) en la mitología compartida por los dieciséis pueblos del Parque Indígena do Xingu. Fue creada por Mavutsinim junto con Kwatïngï, al tallar dos troncos de madera y soplarles vida. Aulukumã instituyó el ciclo menstrual femenino, la reclusión ritual de las jóvenes iniciadas, el piercing del labio inferior con concha de mejillón y —en algunas variantes— la muerte cíclica de los seres. Su presencia sigue viva en los rituales de iniciación femenina xinguanos y en el gran Kwarup.

Origen culturalAlto Xingu — Kamayurá, Kuikuro, Kalapalo, Yawalapiti, Aweti (Parque Indígena do Xingu, Mato Grosso, Brasil)
TipoLuna primordial, hermana o hermano menor de la díada solar-lunar
Función míticaInstituir el ciclo menstrual, el piercing labial femenino, la reclusión ritual y la muerte cíclica
Atestación primariaKarl von den Steinen 1894; Orlando y Cláudio Villas Bôas 1970; Ellen Basso 1985
Vigencia hoyFigura central en los rituales de iniciación femenina xinguanos y en el Kwarup; presente en la mitología de todos los pueblos del Alto Xingu

En el corazón del Mato Grosso brasileño, en la cuenca alta del río Xingu, viven desde hace más de mil años dieciséis pueblos indígenas que comparten un mismo mundo ritual pese a hablar lenguas de familias distintas. Los aruaques Yawalapiti, Mehinaku y Wauja; los karib Kuikuro, Kalapalo, Matipu y Nahukuá; los tupí Kamayurá y Aweti; los Trumái —de lengua aislada— y algunos grupos menores. Este mosaico xinguano fue documentado por primera vez en 1884 por Karl von den Steinen, y desde entonces ha atraído a generaciones de etnógrafos: los hermanos Villas Bôas desde 1946, Ellen Basso desde los años setenta, Bruna Franchetto y Michael Heckenberger a partir de los ochenta.

Uno de los rasgos más destacados del pensamiento xinguano es la díada primordial que ordena el mundo: el Sol Kwatïngï y la Luna Aulukumã, los dos hermanos gemelos que Mavutsinim, el demiurgo Kamayurá, moldeó a partir de dos troncos de madera al principio de los tiempos. Los dos hermanos son inseparables. Uno gobierna el día, el otro la noche. Uno rige el ciclo agrícola de la mandioca, el otro el ciclo menstrual femenino. Uno enseñó el fuego, el otro el piercing labial y la reclusión ritual. Uno y otro se prolongan simbólicamente cada año en el gran ritual Kwarup, cuando los pueblos xinguanos se reúnen para honrar a los caciques muertos y presentar a las jóvenes iniciadas.

Este texto trata del hermano menor: Aulukumã. La Luna. Los Kalapalo la llaman también Iaê; los Kamayurá, Iaí. En cada pueblo su nombre varía ligeramente, pero la figura es la misma: el astro nocturno que perdió un ojo en la batalla contra los espíritus de los muertos, que enseñó a las mujeres el ciclo lunar y menstrual, y que —en algunas variantes recogidas por los Villas Bôas entre los Kamayurá— es responsable último de la muerte cíclica de todos los seres. Aulukumã es una figura menos conocida internacionalmente que su hermano solar, pero su peso ritual en el Alto Xingu es igual.

El Alto Xingu y la mitología lunar

El Alto Xingu se encuentra en el sudoeste de la selva amazónica brasileña, en el norte del estado de Mato Grosso, en la cuenca alta del río del mismo nombre que corre luego hacia el norte para desembocar en el Amazonas. La región fue protegida en 1961 con la creación del Parque Indígena do Xingu, el primer parque indígena de Brasil, gracias al esfuerzo de los hermanos Orlando, Cláudio y Leonardo Villas Bôas y del mariscal Cândido Rondon. Actualmente el parque tiene una superficie aproximada de veintiséis mil kilómetros cuadrados y alberga alrededor de siete mil personas de dieciséis pueblos distintos.

La particularidad del Alto Xingu, ya señalada por Karl von den Steinen en 1884 y sistemáticamente estudiada desde entonces, es la existencia de un mundo ritual compartido pese a la diversidad lingüística. Los pueblos xinguanos hablan lenguas de cuatro familias distintas —aruaque, karib, tupí y trumái— y sin embargo comparten un mismo calendario ritual, los mismos mitos primordiales, los mismos rituales funerarios (el Kwarup) y las mismas prácticas de matrimonio. Michael Heckenberger, en The Ecology of Power (Routledge, 2005), ha demostrado arqueológicamente que esta unidad cultural se remonta a por lo menos el siglo IX o X y que la región tenía en tiempos precolombinos una densidad demográfica mucho mayor de lo que se creía, con aldeas fortificadas conectadas por caminos rectilíneos.

Dentro de este mundo compartido, la mitología del Alto Xingu tiene algunas figuras centrales. Mavutsinim, tratado en el Sprint 36 de este corpus, es el demiurgo Kamayurá que creó el mundo tras el diluvio primordial. De su gesto creador nacen los dos hermanos gemelos que dan al mundo su orden solar y lunar: Kwatïngï y Aulukumã. Junto a ellos, otras figuras completan el panteón: los Mama’e —espíritus de los muertos y de los animales—, los troncos rituales del Kwarup, y las Yamurikumã, las mujeres primordiales que se transformaron en pájaros y espíritus tras un episodio de rebelión contra los hombres.

La lengua tiene su papel en el registro del mito. La díada Kwatïngï-Aulukumã atraviesa las cuatro familias lingüísticas del Alto Xingu: en Kamayurá (tupí) se dice Kwãt y Iaí; en Kuikuro (karib) se dice Kwatïngï y Aulukumã; en Kalapalo (karib), Kwatïngï y Iaê o Aulukumã; en Aweti (tupí), Kwãt y variantes locales. La estabilidad estructural del par gemelar a través de lenguas de familias tan distintas es uno de los indicios más fuertes de que el sistema mítico xinguano se sedimentó como cultura compartida desde tiempos precolombinos, mucho antes del contacto europeo con la región en el siglo XIX.

El registro etnográfico de la mitología lunar xinguana es amplio. Karl von den Steinen recogió la primera versión escrita del mito Kwatïngï-Aulukumã en 1894 en Unter den Naturvölkern Zentral-Brasiliens. Los hermanos Villas Bôas ampliaron el material en Xingu: Os Índios, Seus Mitos (Zahar, 1970), con versiones detalladas de los Kamayurá. Ellen Basso publicó en 1985 A Musical View of the Universe, con variantes kalapalo del ciclo Sol-Luna y su análisis performativo. Bruna Franchetto, en Falar Kuikuro (1986) y después en la obra pivote Os povos do Alto Xingu (Editora UFRJ, 2001) coeditada con Heckenberger, refinó la comprensión lingüística de las variantes.

Ellen Basso volvió al tema en The Last Cannibals: A South American Oral History (Texas UP, 1995). Antonio Guerreiro, en Ancestrais e suas sombras (Editora da Unicamp, 2015), y Marina Vanzolini, en A flecha do ciúme (Terceiro Nome, 2015), han contribuido con investigaciones contemporáneas sobre los Kalapalo y los Aweti respectivamente. El corpus etnográfico xinguano es, hoy por hoy, uno de los más ricos y sistemáticos de toda la Amazonía brasileña, y permite reconstruir con detalle el papel de Aulukumã en la vida ritual de la región.

Aulukumã, la Luna que perdió un ojo

La versión Kamayurá recogida por los Villas Bôas cuenta que, después de que Mavutsinim los creara a partir de dos troncos, los hermanos gemelos Kwatïngï y Aulukumã tuvieron que enfrentarse a los espíritus de los muertos —los Mama’e— para recuperar el ojo de su padre. En una batalla ritual, Aulukumã perdió uno de sus propios ojos. Desde entonces, la Luna aparece a veces completa (cuando Aulukumã encuentra su ojo perdido) y a veces vacía (cuando lo pierde de nuevo). Esta variación cíclica del ojo lunar es la explicación mítica de las fases de la Luna: creciente, llena, menguante y nueva. Cada mes lunar es una nueva búsqueda del ojo perdido.

Aulukumã es, sobre todo, el hermano de las mujeres. Después de perder su ojo, la Luna primordial descendió a enseñar a las mujeres humanas todo lo que necesitaban saber para ser mujeres xinguanas. Les mostró el ciclo menstrual, que sigue la misma cadencia que sus propias fases: veintiocho o veintinueve días. Les explicó por qué la sangre menstrual las hacía vulnerables a los espíritus y por qué debían recluirse durante los días de sangre en un rincón cerrado de la maloca —la reclusión menstrual xinguana—. Les enseñó a perforar el labio inferior con la concha del mejillón de agua dulce para colocar el botoque, la marca de belleza y adultez femenina.

La variante Kalapalo recogida por Ellen Basso en A Musical View of the Universe (1985) enfatiza otro aspecto de Aulukumã: la Luna como origen de la muerte cíclica. Según esta variante, después del diluvio primordial y de la creación de los dos hermanos, el cuerpo de Aulukumã cayó por primera vez del cielo. Esta caída marcó que todos los seres serían mortales: nacerían, crecerían, morirían y renacerían como la Luna, en un ciclo sin fin. La Luna aparece aquí como la figura primordial que instauró el paso del tiempo y la muerte como necesidad estructural del mundo.

Otro pasaje importante concierne los eclipses lunares. Cuando la Luna se oscurece, los xinguanos saben que Aulukumã está siendo atacado por los Mama’e —los espíritus de los muertos— con forma de jaguar. En ese momento, todo el pueblo sale de las malocas y comienza a gritar, a golpear vasijas, a soplar caracolas y a hacer todo el ruido posible para ahuyentar a los espíritus jaguar y salvar a Aulukumã. Este rito de defensa lunar, documentado por los Villas Bôas entre los Kamayurá y por Ellen Basso entre los Kalapalo, sigue practicándose hoy en las aldeas xinguanas cada vez que ocurre un eclipse.

Aulukumã también participó en el rescate de las primeras mujeres del fondo de la laguna, junto con Kwatïngï. Este pasaje fundacional aparece tanto en las versiones Kamayurá como en las Kuikuro y Kalapalo. Los dos hermanos primordiales fueron con anzuelos rituales y pescaron una a una a las mujeres que habitaban el fondo del agua, subiéndolas a la superficie para poblar las aldeas. En algunas variantes, la primera mujer que subió llevaba ya el ciclo menstrual instaurado por Aulukumã. En otras, fue la Luna misma quien se lo enseñó después, ya en la aldea.

La ambigüedad de género de Aulukumã es notable. En algunas versiones aparece como hermano menor —masculino— y participa activamente en la creación y las batallas contra los espíritus. En otras, especialmente cuando se enfatiza la relación con las mujeres, aparece como hermana. Los pueblos xinguanos manejan las dos lecturas sin conflicto, según el contexto ritual. La figura lunar femenina se refuerza en los rituales de iniciación de las niñas; la figura fraternal masculina se refuerza en la díada gemelar con Kwatïngï. Ambas lecturas coexisten en el mundo xinguano y no se excluyen entre sí.

El ciclo menstrual, la iniciación femenina y la muerte

La huella de Aulukumã en la vida cotidiana xinguana es amplia y ritualmente cargada. El ciclo menstrual es, en el pensamiento del Alto Xingu, el ciclo lunar hecho carne en las mujeres. Los veintiocho o veintinueve días del ciclo menstrual coinciden con el ciclo de las fases de la Luna, y esa coincidencia se lee como la enseñanza directa de Aulukumã a las primeras mujeres. La sangre menstrual es peligrosa —contamina la caza de los hombres, atrae a los espíritus— y por eso las mujeres deben recluirse durante los días de sangre. La reclusión menstrual es un espacio cerrado dentro de la maloca, protegido por esteras, donde la mujer permanece sin ver a los hombres ni participar de la vida pública.

La primera menstruación de una niña xinguana es el evento más importante de su vida ritual. Marca el inicio de un largo período de reclusión iniciática que puede durar entre seis meses y varios años, según el pueblo y la familia. Durante ese tiempo, la joven permanece en la maloca casi sin salir, aprende de las mujeres mayores todo lo relativo al oficio femenino —el hilado del algodón, el cuidado de la mandioca, el tejido de las hamacas, la preparación del beiju— y su cuerpo se prepara para la vida adulta. La reclusión iniciática femenina xinguana, conocida en algunos pueblos como Yaokuya, es una de las prácticas rituales más elaboradas del Alto Xingu y ha sido documentada por Ellen Basso entre los Kalapalo y por Marina Vanzolini entre los Aweti.

Al final de la reclusión, la joven es presentada públicamente durante el Kwarup —el ritual funerario descrito en el artículo sobre Kwatïngï—. Es este el momento en que el labio inferior se perfora con el botoque, si no se hizo antes; los cabellos se cortan al modo de la moda ritual xinguana; y la piel se pinta con urucú y pequi. Cuando la joven sale al terreiro central de la aldea, todos los pueblos invitados la ven por primera vez como mujer adulta. En ese momento, simbólicamente, Aulukumã la ha aceptado como hija.

La perforación labial con el botoque —una pequeña pieza de concha de mejillón de agua dulce que se coloca en el labio inferior perforado— es otra enseñanza atribuida a Aulukumã. Esta marca femenina xinguana era, según los relatos Kamayurá, un regalo directo de la Luna primordial a las primeras mujeres. En la actualidad, el uso del botoque ha disminuido —muchas jóvenes ya no se lo colocan por decisión propia— pero sigue presente en los rituales más formales y en las mujeres mayores. Es una de las marcas visibles que aún hoy identifican al mundo ritual del Alto Xingu.

Otra dimensión relevante concierne el rol simbólico de Aulukumã en el ciclo de la caza y la pesca. En la mitología Kamayurá, la Luna es también la que rige el mejor momento para pescar en los ríos y lagos del Xingu. Los pescadores xinguanos saben que, en las noches de luna llena, ciertos peces —el pirarucú, el tucunaré, el matrinchã— salen más fácilmente a la superficie. Este saber empírico se lee como enseñanza directa de Aulukumã. Del mismo modo, ciertas fases lunares son consideradas propicias o desfavorables para iniciar viajes, plantar mandioca o cortar la madera del kwarup para los troncos rituales. El calendario xinguano completo está regido por la Luna.

La observación del cielo nocturno también forma parte del legado de Aulukumã. Los astros que acompañan a la Luna en su recorrido nocturno tienen nombres y funciones definidas en la mitología xinguana. La constelación que en Occidente conocemos como las Pléyades es, para los Kamayurá, Yamurikumã, las mujeres primordiales transformadas en estrellas; su aparición al alba en cierta época del año marca el inicio de la temporada de pesca del pirarucú. La Vía Láctea es leída como el rastro dejado por una anta cósmica atravesando el cielo. Todos estos saberes astronómicos, transmitidos oralmente de una generación a otra, se atribuyen en último término al orden que Aulukumã y Kwatïngï instauraron al principio de los tiempos. Bruna Franchetto, en su trabajo lingüístico con los Kuikuro, ha documentado un rico vocabulario nocturno que refleja la profundidad de esta astronomía indígena.

La relación entre Aulukumã y las mujeres xinguanas se materializa también en el vestido y los adornos rituales. Las jóvenes que salen de la reclusión iniciática llevan cinturones de casca de árbol atados a la cintura, collares de dientes de mono y de conchas de agua dulce, plumas rojas de guacamayo en el pelo. Cada uno de estos elementos tiene su significado dentro del sistema simbólico Kamayurá, y los conjuntos completos se atribuyen tradicionalmente a la enseñanza de la Luna primordial. En los rituales más solemnes, cuando la joven aparece por primera vez en público durante el Kwarup, todo su cuerpo es un mensaje enviado por Aulukumã: aquí hay una mujer nueva, formada según las reglas que la Luna estableció desde el principio del mundo.

El motivo lunar-femenino xinguano tiene paralelos en otras mitologías amerindias. La Coyolxauhqui mexica —la Luna decapitada por Huitzilopochtli en la cima del Coatepec, tratada en varios sprints anteriores— comparte con Aulukumã el tema del cuerpo lunar fragmentado. La Mama Killa andina, esposa de Inti y protectora de las mujeres, comparte la función femenina protectora. La Ixchel maya, diosa lunar, del parto y del tejido, comparte casi el mismo perfil ritual. En Norteamérica, la Sky Woman iroquesa —tratada en el Sprint 46— comparte el rol de figura femenina primordial que baja del cielo. La Sedna inuit —tratada en el Sprint 8— comparte parcialmente el tema lunar-marino.

Aulukumã pertenece a esta familia estructural femenina lunar amerindia, con su singularidad xinguana: la Luna hermana del Sol, cofundadora del ritual funerario Kwarup, protectora del ciclo menstrual y de la iniciación femenina. Es una figura que reúne, en un solo personaje mítico, las funciones que en otras mitologías se reparten entre varias diosas. Y ese carácter unificador es probablemente lo que le ha permitido sostener su vigencia ritual en las aldeas xinguanas hasta el día de hoy.

Una mirada final

Pensar en Aulukumã es pensar en una figura mítica que ha sostenido, durante siglos, el ritmo simbólico de las mujeres del Alto Xingu. Cada ciclo menstrual es una repetición del ciclo lunar primordial. Cada reclusión iniciática es un retiro en el que la joven aprende a habitar el cuerpo que la Luna instauró para ella. Cada eclipse es un momento de peligro compartido en el que todo el pueblo grita para salvar al hermano menor de los espíritus jaguar. La Luna es también una figura viva, presente en la aldea, protectora y vulnerable a la vez.

El etnólogo Eduardo Viveiros de Castro ha propuesto, en A inconstância da alma selvagem (Cosac Naify, 2002), pensar el mito amerindio como una forma activa de conocimiento sobre el mundo, y no como narrativa cerrada del pasado. En el caso de Aulukumã, esta lectura es particularmente iluminadora. La Luna xinguana no es un personaje remoto: es la referencia simbólica con la que las mujeres del Alto Xingu miden su cuerpo y su tiempo. Es la razón por la que cada ciclo menstrual se lee como enseñanza primordial recibida, y no como accidente biológico.

Hay algo más. Los rituales xinguanos —la reclusión menstrual, la reclusión iniciática, el uso del botoque, la defensa del eclipse— son hoy prácticas amenazadas por la modernización acelerada de la región y por el contacto creciente con la sociedad envolvente brasileña. Algunas jóvenes optan por no cumplir la reclusión larga; el botoque cae en desuso en muchas familias; los adolescentes salen a estudiar fuera del parque. La figura de Aulukumã sobrevive en la memoria de las mujeres mayores y en los rituales más formales del Kwarup, pero su vigencia ya no es tan intensa como hace un siglo. Los antropólogos que hoy trabajan en el Xingu, desde Bruna Franchetto hasta Marina Vanzolini, testimonian la lenta transformación de este mundo. Y sin embargo, la Luna sigue saliendo cada noche sobre la maloca circular, y los xinguanos siguen sabiendo que allí arriba, Aulukumã hace su ronda desde el principio de los tiempos.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Aulukumã en la mitología del Alto Xingu?

Aulukumã es la Luna primordial del panteón compartido por los pueblos del Alto Xingu, en el Parque Indígena do Xingu (Mato Grosso, Brasil). Es la hermana o hermano menor de Kwatïngï, el Sol. Fue creada por Mavutsinim, el demiurgo Kamayurá, junto con Kwatïngï, al tallar dos troncos de madera y soplarles vida. En Kamayurá se dice Iaí; en Kalapalo, Iaê; en Kuikuro, Aulukumã. Todas las variantes remiten a la misma figura lunar. Aulukumã instituyó el ciclo menstrual, la reclusión iniciática femenina y el piercing labial con botoque.

¿Por qué la Luna tiene fases según el mito xinguano?

Según la versión Kamayurá recogida por los hermanos Villas Bôas en Xingu: Os Índios, Seus Mitos (1970), Aulukumã perdió un ojo en la batalla contra los espíritus de los muertos (Mama’e). Desde entonces, cada mes lunar Aulukumã busca su ojo perdido. Cuando lo encuentra, la Luna aparece llena; cuando lo pierde de nuevo, la Luna se vacía. Las fases lunares —creciente, llena, menguante y nueva— son así el ciclo de la búsqueda del ojo primordial. Cada mes lunar es una nueva búsqueda.

¿Qué relación tiene Aulukumã con la iniciación femenina?

Aulukumã enseñó a las primeras mujeres humanas el ciclo menstrual —de veintiocho o veintinueve días, que coincide con el ciclo lunar—, la reclusión ritual durante los días de sangre y el piercing del labio inferior con el botoque de concha de mejillón. Cuando una niña xinguana tiene su primera menstruación, comienza un período de reclusión iniciática que puede durar meses o años, durante el cual aprende el oficio femenino. La joven sale de la reclusión durante el Kwarup, presentada por primera vez como mujer adulta bajo el signo de Aulukumã.

¿Qué se hace durante un eclipse lunar en el Alto Xingu?

Los xinguanos leen los eclipses lunares como momentos en los que Aulukumã está siendo atacado por los espíritus jaguar de los muertos —los Mama’e—. Cuando ocurre un eclipse, toda la aldea sale de las malocas y grita, golpea vasijas, sopla caracolas y hace todo el ruido posible para ahuyentar a los espíritus y salvar a la Luna. Este rito de defensa lunar ha sido documentado por los hermanos Villas Bôas entre los Kamayurá y por Ellen Basso entre los Kalapalo, y sigue practicándose hoy en las aldeas del Parque cada vez que ocurre un eclipse.

¿Es Aulukumã hombre o mujer en el mito xinguano?

La ambigüedad de género es característica de Aulukumã. En algunas versiones del mito, la Luna aparece como hermano menor —masculino— de Kwatïngï; en otras, especialmente en las variantes que enfatizan la relación con el ciclo menstrual femenino, aparece como hermana. Los propios pueblos xinguanos manejan las dos lecturas sin conflicto, según el contexto ritual. La figura lunar femenina de Aulukumã se refuerza en los rituales de iniciación de las niñas, mientras que la figura fraternal masculina se refuerza en la díada gemelar con Kwatïngï. Ambas lecturas coexisten en el mundo xinguano.

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