Ometochtli, dios de los 400 conejos y del pulque en el panteón mexica

Lo esencial. Ometochtli (también Ōmetōchtli, «dos conejo» en náhuatl clásico, del numeral ōme «dos» y del sustantivo tōchtli «conejo») es el nombre calendárico genérico con el que el panteón mexica designa al dios del pulque (octli), bebida fermentada del aguamiel del maguey (metl, botánicamente Agave salmiana y otras especies del género Agave). El nombre corresponde al signo ōme tōchtli del calendario ritual de 260 días (tonalpohualli), signo bajo el cual el dios del pulque nace y es invocado. Encabeza a los Centzon Totochtin («los 400 conejos»), grupo colectivo de deidades menores del pulque asociadas a las regiones, aldeas y pulquerías del altiplano central de México; cada localidad y cada pulquería tenía su propio conejo-tótem con nombre calendárico específico —Tepoztécatl (el de Tepoztlán), Ometochtli de Colhuacan, Totoltécatl, Tlaltécatl, Papaztac, Toltécatl y otros—, todos hijos o compañeros del par mítico central formado por Mayahuel (diosa del maguey, madre de cuatrocientos hijos que amamanta desde sus cuatrocientos pechos) y Patecatl (esposo de Mayahuel, dios curador y patrón de la raíz ocpatli que se añadía al aguamiel para acelerar la fermentación). La atestación central es Bernardino de Sahagún en el libro I capítulo 22 del Códice Florentino («De los dioses de la embriaguez, dichos Totochtin»), en el libro II capítulo 27 sobre la fiesta del mes Tepeilhuitl (~octubre del calendario juliano), y en el libro IV capítulo 5 sobre los presagios del signo calendárico ce cuautli. La iconografía uniforme del Códice Magliabechiano (~1580, Biblioteca Nazionale Centrale de Florencia) presenta a estos conejos-dioses con hacha en la mano, escudo circular, nariguera lunar (yacametztli) en forma de creciente y pintura facial dual amarillo-negra.

Origen culturalPueblo mēxihcah (mexica, denominado «aztecas» en la nomenclatura del siglo XIX a partir del mítico Aztlán), grupo náhuatl-hablante del altiplano central de México; según la Tira de la peregrinación y otros anales fundó Tenochtitlan en un islote del lago de Texcoco hacia 1325 d.C.; el culto al pulque, sin embargo, es notablemente anterior al horizonte propiamente mexica y hunde sus raíces en las culturas del altiplano central desde el horizonte clásico teotihuacano (~100 a.C.-650 d.C.), donde los restos arqueológicos y las pinturas murales (Zona Arqueológica de Tetitla en Teotihuacán, mural del «Tlalocan» de Tepantitla) documentan el consumo ritual del pulque; herencia recogida por los Toltecas del horizonte epiclásico y posclásico temprano (~950-1150 d.C.) en Tollan-Xicocotitlan (actual Tula de Allende, Hidalgo), donde según la tradición mítica el gobernante-sacerdote Quetzalcóatl Ce Ácatl Topiltzin habría sido embriagado con pulque por Tezcatlipoca en el episodio que lo lleva al exilio (narrado en los Anales de Cuauhtitlán, ~1570, y en el libro III capítulo 12 del Códice Florentino); lengua náhuatl clásico del subgrupo yuto-nahua meridional de la familia utoazteca, hoy con aproximadamente 1,7 millones de hablantes en variantes modernas según Censo INEGI 2020; sistema social precortesiano organizado en calpulli bajo el huey tlatoani; el consumo ritual del pulque era regulado estrictamente por el sistema social mexica —limitado a los ancianos de más de 52 años (edad de un ciclo completo del calendario), a los enfermos por prescripción de las tícitl, a las madres recién paridas, y a los guerreros valerosos en las ceremonias públicas—; la embriaguez fuera de estos contextos rituales se castigaba con severidad, incluyendo la pena capital para nobles y sacerdotes ebrios
TipoDios genérico del pulque (octli) del panteón mexica, nombre calendárico «dos conejo» del signo ōme tōchtli del tonalpohualli; encabeza el grupo colectivo de los Centzon Totochtin («los 400 conejos»), deidades menores del pulque asociadas cada una a una región, aldea o pulquería específica del altiplano central; comparte panteón con Mayahuel (diosa del maguey, madre nutricia de cuatrocientos hijos) y con Patecatl (esposo de Mayahuel, dios curador y patrón de la raíz ocpatli fermentadora del aguamiel); asociado en el ciclo mítico con Tepoztécatl (el «señor de Tepoztlán», conejo-dios de la pulquería más famosa del altiplano central, cuyo santuario en el cerro Ehecatépetl de Tepoztlán, Morelos, sigue en pie hoy en día como pirámide sobreviviente del posclásico); iconográficamente representado en el Códice Magliabechiano (~1580, Biblioteca Nazionale Centrale de Florencia) con hacha lunar (tepoztli), escudo circular ornamentado con símbolos del maguey, nariguera lunar (yacametztli) en forma de creciente amarillo, pintura facial dual amarillo-negra y capa corta de fibra vegetal; comparable en la mitología americana con figuras mesoamericanas paralelas como el Ah Kin Xoc maya yucateco asociado al balché (bebida fermentada del árbol Lonchocarpus violaceus con miel), con las divinidades del pulque zapoteco del valle de Oaxaca, y con la Yaonáhuatl huaxteca del norte de Veracruz; con paralelos etnográficos contemporáneos en el consumo ritual del pulque en las pulquerías tradicionales del centro de México y de Puebla en el siglo XXI
Función míticaOmetochtli en tanto que nombre calendárico genérico representa la totalidad del complejo mítico y ritual del pulque en el sistema mexica; junto con Mayahuel y Patecatl forma el trío central del panteón del pulque, complementado por los 400 conejos regionales; según el mito descrito por Sahagún en el libro I capítulo 22 del Códice Florentino, los 400 conejos son los hijos de Mayahuel y de Patecatl que nacen simultáneamente y son amamantados por las cuatrocientas tetas de Mayahuel; cada conejo lleva un nombre calendárico específico del tonalpohualli y patrocina una región, una aldea o una pulquería del altiplano; el número 400 en el sistema numérico vigesimal mexica (centzontli, «400») funciona como número de multitud —»innumerables»— y no como cifra literal; Ometochtli preside la fiesta del mes Tepeilhuitl («fiesta de los cerros»), decimotercer mes del ciclo solar de 365 días (xiuhpohualli), aproximadamente octubre del calendario juliano, dedicada a los dioses del pulque y a las deidades de la montaña, en la que se hacían figuras de masa de amaranto (tzoalli) con formas de los cerros y se ofrecían codornices, aguamiel y pulque a los conejos-dioses; el pulque tenía en el ritual mexica cuatro funciones documentadas: alimentaria (para ancianos, enfermos y madres paridas), ritual (libación a los dioses), festiva (en ceremonias públicas de la nobleza) y sacrificial (embriaguez ritual de las víctimas antes del sacrificio en algunas fiestas del calendario, en particular las de las deidades del pulque mismo)
AtestaciónBernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España / Códice Florentino (redacción principal 1547-1577, conservado en la Biblioteca Medicea Laurenziana de Florencia; edición facsímil trilingüe de Charles E. Dibble y Arthur J.O. Anderson, School of American Research y University of Utah Press, Santa Fe, 12 volúmenes, 1950-1982; edición española de Ángel María Garibay, Porrúa, México, 4 volúmenes, 1969) — libro I capítulo 22 «De los dioses de la embriaguez, dichos Totochtin» es la referencia central; libro II capítulo 27 «De la fiesta que se hacía al mes Tepeilhuitl, donde honraban a los dioses del pulque»; libro IV capítulo 5 «Del signo llamado ce cuautli» sobre los presagios de embriaguez; libro X capítulo 29 sobre las bebidas; Códice Magliabechiano o Magliabecchi (Biblioteca Nazionale Centrale de Florencia, ~1580; edición facsímil Zelia Nuttall, University of California Press, Berkeley, 1903), con la sección específica de los dioses del pulque con láminas policromadas 49-59 que representan a los conejos-dioses con hacha, escudo y nariguera lunar; Códice Tudela (~1553, Museo de América Madrid), con secciones paralelas del panteón del pulque; Códice Borbónico (~1520, Bibliothèque de l’Assemblée Nationale, París; edición facsímil ADEVA, Graz, 1974), con láminas específicas de Ometochtli; Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme (~1581; edición Ángel María Garibay Kintana, Porrúa, México, 2 volúmenes, 1967), capítulos sobre las fiestas del calendario y el pulque; Toribio de Motolinía, Memoriales (~1541); Alfredo López Austin, Los mitos del tlacuache: Caminos de la mitología mesoamericana (Alianza Editorial Mexicana, México, 1990; nueva edición UNAM 1996), capítulo específico sobre el complejo MayahuelPatecatl-Ometochtli; Henry B. Nicholson, «Religion in Pre-Hispanic Central Mexico» en Handbook of Middle American Indians vol. 10 (University of Texas Press, Austin, 1971), sistematización canónica del panteón mexica; Kay Almere Read, Time and Sacrifice in the Aztec Cosmos (Indiana University Press, Bloomington, 1998); Richard F. Townsend, State and Cosmos in the Art of Tenochtitlan (Dumbarton Oaks, Washington D.C., 1979); Robert V. Sharer y Loa P. Traxler, The Ancient Maya (Stanford University Press, 6ª edición 2006) para comparación con dioses del alcohol maya
Vigencia hoyEl pulque vivió durante el periodo colonial una persecución oficial creciente, especialmente desde el reglamento de las pulquerías promulgado por el virrey Marqués de Croix en 1768 en el marco de las reformas borbónicas, y una identificación negativa con la embriaguez popular indígena en el discurso ilustrado y en la narrativa costumbrista del siglo XIX; sin embargo, se convirtió durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX en una industria mayor en los estados de Hidalgo, Tlaxcala y México, con las haciendas pulqueras del altiplano abasteciendo a las pulquerías de Ciudad de México (auge documentado en la obra de Manuel Payno, Los bandidos de Río Frío, 1889-1891); tras la Revolución mexicana y con el ascenso de la cerveza industrial la producción declinó fuertemente entre 1930 y 1990; desde comienzos del siglo XXI vive un notable resurgimiento en Ciudad de México, Puebla y Tlaxcala como bebida ancestral valorada por la escena culinaria contemporánea y por el movimiento de recuperación de la gastronomía mexicana precortesiana; las pulquerías tradicionales sobrevivientes en Ciudad de México (La Risa, La Antigua Roma, Las Duelistas, Los Insurgentes) y las nuevas pulquerías gastronómicas conservan un vínculo simbólico con el complejo mítico de Ometochtli y de los Centzon Totochtin; la denominación de origen para el maguey pulquero y para el pulque se ha tramitado por la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SAGARPA, hoy SADER) y por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) desde 2018 con participación de la Universidad Autónoma Chapingo y de comunidades tlachiqueras (raspadores de aguamiel) de Hidalgo y Tlaxcala; en la iconografía turística y comercial de Tepoztlán, Morelos, la figura de Tepoztécatl —uno de los 400 conejos, con santuario piramidal en el cerro Ehecatépetl visitable hoy en día— sigue viva como identidad local

El horizonte histórico y arqueológico del culto al pulque en Mesoamérica es notablemente más largo que el propio horizonte imperial mexica (1325-1521 d.C.). Los restos arqueológicos del consumo ritual del pulque en el altiplano central de México aparecen ya en el horizonte clásico teotihuacano (~100 a.C.-650 d.C.), donde las pinturas murales de la Zona Arqueológica de Tetitla en Teotihuacán y el célebre «Tlalocan» del mural de Tepantitla documentan escenas de consumo de pulque en contexto ceremonial. El horizonte epiclásico y posclásico temprano tolteca (~950-1150 d.C.), centrado en Tollan-Xicocotitlan (actual Tula de Allende, Hidalgo), continuó el complejo ritual del pulque, y en la tradición mítica mexica el gobernante-sacerdote Quetzalcóatl Ce Ácatl Topiltzin habría sido embriagado con pulque por Tezcatlipoca en el episodio que lo lleva al exilio desde Tollan hacia el este —narrado en los Anales de Cuauhtitlán (~1570, conservados en la Biblioteca Nacional de París) y en el libro III capítulo 12 del Códice Florentino—. Cuando la Triple Alianza mexica-texcocana-tepaneca formada en 1428 bajo Itzcóatl heredó y estabilizó el sistema religioso del altiplano central, el complejo del pulque ya tenía milenios de antigüedad, y Ometochtli-MayahuelPatecatl forma parte de este sustrato heredado.

La fuente etnográfica central sobre Ometochtli es la Historia general de las cosas de Nueva España, redactada entre 1547 y 1577 por fray Bernardino de Sahagún (Sahagún, Reino de León, ca. 1499 – Ciudad de México, 1590), franciscano formado en la Universidad de Salamanca y llegado a México en 1529. El proyecto sistemático de Sahagún reunió en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco los testimonios de tlamacazqui («sacerdotes») ancianos y otros informantes que habían conocido el ciclo precortesiano pleno, y los transcribió en náhuatl clásico con letras latinas. Al material sahaguniano se suman los códices pictográficos coloniales tempranos con láminas específicas del panteón del pulque —Códice Magliabechiano (~1580, Florencia), Códice Tudela (~1553, Museo de América Madrid), Códice Borbónico (~1520, París)— y las historias de otros cronistas mendicantes como fray Diego Durán (Historia de las Indias de Nueva España, ~1581) y fray Toribio de Motolinía (Memoriales, ~1541). El corpus documental disponible sobre Ometochtli es uno de los más completos del panteón mexica secundario y permite reconstruir con detalle la iconografía, el nombre calendárico, las fiestas del ciclo, la genealogía mítica y las funciones rituales del complejo del pulque.

La lectura académica moderna del complejo del pulque mexica se debe a tres generaciones sucesivas de mesoamericanistas. La primera es la de Eduard Seler (Berlín, 1849-1922), americanista alemán cuyos comentarios al Códice Borgia (publicados en tres volúmenes por el Duque de Loubat en 1904-1909) y al Códice Vaticano B ofrecieron las primeras identificaciones sistemáticas iconográficas de los conejos-dioses y de sus atributos. La segunda es la de H.B. Nicholson en «Religion in Pre-Hispanic Central Mexico» (Handbook of Middle American Indians volumen 10, University of Texas Press, Austin, 1971), sistematización canónica del panteón central mexicano que clasifica a Ometochtli y a los Centzon Totochtin dentro del complejo de deidades regionales del pulque en un esquema más amplio del panteón mexica. La tercera es la de Alfredo López Austin en Los mitos del tlacuache: Caminos de la mitología mesoamericana (Alianza Editorial Mexicana, México, 1990; nueva edición UNAM 1996), cuyo capítulo específico sobre el complejo MayahuelPatecatl-Ometochtli integra los tres elementos —diosa del maguey, dios curador de la fermentación, dios genérico del pulque— en un sistema mítico coherente heredado del substrato mesoamericano anterior al horizonte propiamente mexica. A ellos se suman los trabajos más recientes de Kay Almere Read (Time and Sacrifice in the Aztec Cosmos, Indiana University Press, 1998) y de Guilhem Olivier sobre la iconografía del panteón.

El dios de los 400 conejos y del pulque

El nombre Ometochtli se forma en náhuatl clásico por composición del numeral ōme («dos») y del sustantivo tōchtli («conejo»), con la traducción literal «dos conejo». Es un nombre calendárico: corresponde al signo ōme tōchtli del calendario ritual de 260 días (tonalpohualli), signo bajo el cual el dios del pulque nace y es invocado en el sistema adivinatorio del tonalāmatl. El tonalpohualli mexica combinaba 20 signos con 13 numerales para generar los 260 días del ciclo ritual, y cada persona nacida bajo un signo llevaba el nombre calendárico correspondiente como uno de sus nombres personales; en el caso del dios genérico del pulque, el nombre calendárico Ometochtli reemplaza y funciona como nombre propio. Sahagún en el libro I capítulo 22 del Códice Florentino («De los dioses de la embriaguez, dichos Totochtin») explicita esta convención y presenta a Ometochtli como el nombre genérico que engloba a los cuatrocientos conejos-dioses del pulque.

Los Centzon Totochtin («los 400 conejos», del numeral centzon, «400», y del plural totochtin de tōchtli) son el grupo colectivo de deidades menores del pulque asociadas cada una a una región, aldea o pulquería del altiplano central. El número 400 en el sistema numérico vigesimal mexica funciona como cifra de multitud —»innumerables»— y no como cifra literal, del mismo modo que Centzon Huitznahua («los 400 sureños») designa a la multitud innumerable de los hermanos guerreros derrotados por Huitzilopochtli en el mito fundacional del Cerro Coatepec. Cada conejo-dios lleva un nombre calendárico específico del tonalpohualliOmetochtli, Totoltécatl, Tlaltécatl, Papaztac, Toltécatl, Ochpaniztli, Yiauhtécatl, Colhuatzíncatl, Tequechmécauh y otros muchos— y patrocina una comunidad, aldea o pulquería del altiplano central. Cada pulquería mexica tenía su propio conejo-tótem cuya imagen presidía la libación ritual.

La iconografía uniforme de los conejos-dioses en el Códice Magliabechiano (~1580, Biblioteca Nazionale Centrale de Florencia) presenta en las láminas 49-59 —secciones específicas del panteón del pulque— a estas figuras con un conjunto de atributos característicos y reconocibles: hacha lunar (tepoztli) en la mano derecha, símbolo de la conexión entre pulque y luna documentada iconográficamente en toda Mesoamérica; escudo circular ornamentado con símbolos del maguey en la mano izquierda; nariguera lunar (yacametztli) en forma de creciente amarillo, atributo compartido con Mayahuel y con otras deidades del complejo pulquero-lunar; pintura facial dual amarillo-negra en dos mitades verticales, marca visible de la dualidad ebria/sobria del signo; y capa corta de fibra vegetal (ichcahuipilli) sobre el torso desnudo. El Códice Tudela (~1553, Museo de América Madrid) presenta variantes iconográficas paralelas, y el Códice Borbónico (~1520, Bibliothèque de l’Assemblée Nationale París) incluye láminas específicas de Ometochtli en contextos rituales.

El consumo del pulque en la sociedad mexica estaba estrictamente regulado. Sahagún en el libro IV capítulo 5 y en el libro X capítulo 29 del Códice Florentino documenta que el pulque era una bebida ritual reservada a categorías específicas: los ancianos de más de 52 años (edad de un ciclo completo del calendario xiuhmolpilli) podían beberlo libremente y era consumido en las ceremonias familiares de los mayores; los enfermos podían beberlo por prescripción de las tícitl (mujeres curanderas) para paliar dolores y ayudar al parto; las mujeres recién paridas recibían pulque en pequeñas cantidades para restablecerse; los guerreros valerosos podían beberlo en las ceremonias públicas de reconocimiento militar; y en algunas fiestas del calendario —en particular las de las deidades del pulque mismo, como el Tepeilhuitl— el consumo ritual estaba autorizado a más categorías sociales. Fuera de estos contextos, la embriaguez pública se castigaba con severidad: multas y prisión para plebeyos, penas mayores para jóvenes, y —según Sahagún— la pena capital para nobles y sacerdotes ebrios en actos rituales.

El complejo Mayahuel-Patecatl-Ometochtli-Centzon Totochtin

El sistema mítico del pulque mexica no funciona con una sola deidad sino con un complejo integrado de cuatro elementos —Mayahuel, Patecatl, Ometochtli y los Centzon Totochtin— que Alfredo López Austin sistematiza en su capítulo específico de Los mitos del tlacuache (1990). Mayahuel es la diosa del maguey, la planta madre del pulque, generalmente representada iconográficamente como mujer joven con múltiples pechos (cuatrocientos, según la lectura mitológica) que sirven de fuente nutricia para sus cuatrocientos hijos; su mito de origen, documentado en la Histoyre du Mechique (~1543, manuscrito conservado en la Bibliothèque Nationale de France) y en el Códice Chimalpopoca, la presenta como doncella virgen del cielo raptada por EhécatlQuetzalcóatl del reino de las Tzitzimimeh y descuartizada en la tierra por la persecución de sus abuelas, de cuyo cuerpo brota el primer maguey.

Patecatl, el esposo de Mayahuel, es el dios curador y patrón de la raíz ocpatli («medicina del pulque», generalmente identificada botánicamente con raíces del género Acacia o del Calliandra grandiflora) que se añadía al aguamiel fermentado para acelerar y estabilizar la fermentación. El nombre Patecatl deriva de Pahtli («medicina») con el gentilicio -catl, y significa aproximadamente «el de la tierra de la medicina» o «el señor de la medicina». Iconográficamente aparece en los códices con atributos médicos y con el hacha lunar compartida con los otros dioses del pulque. Su función mítica principal es la de descubridor y patrón del proceso técnico de fermentación —conocimiento sagrado que transmitió a los pueblos del altiplano central según la tradición mítica— y de patrón de los tlachiqueros (raspadores de aguamiel) y de las mujeres fermentadoras.

De la unión de Mayahuel y Patecatl nacen los Centzon Totochtin, los cuatrocientos conejos-dioses del pulque, amamantados simultáneamente por las cuatrocientas tetas de Mayahuel. Cada conejo lleva un nombre calendárico específico y patrocina una región, aldea o pulquería del altiplano central. Los nombres documentados por Sahagún y por otros cronistas incluyen a Ometochtli (el genérico), Tepoztécatl (el de Tepoztlán, cuyo santuario en el cerro Ehecatépetl de Tepoztlán, Morelos, sigue en pie hoy en día), Colhuatzíncatl (el de Colhuacan), Totoltécatl (el conejo-guajolote), Tlaltécatl (el de la tierra), Papaztac (el de las banderas), Toltécatl (el tolteca), Tequechmécauh, Yiauhtécatl, Izquitécatl y otros muchos. Cada uno de estos conejos-dioses tenía su propia advocación regional, su propio ritual local y su propia imagen en la pulquería correspondiente.

El más famoso de los Centzon Totochtin es Tepoztécatl, dios patronal de Tepoztlán (actual municipio de Tepoztlán, Morelos, a unos 80 kilómetros al sur de Ciudad de México), cuyo santuario piramidal en la cima del cerro Ehecatépetl (a 2.100 metros sobre el nivel del mar y a unos 400 metros por encima del pueblo actual, alcanzable por un sendero de aproximadamente dos horas de ascenso) es uno de los pocos edificios ceremoniales mexicas del posclásico tardío que sobrevive completo. La pirámide de Tepoztécatl —conocida hoy como El Tepozteco— es un pequeño templo de dos cuerpos con una escalera frontal, construido a finales del siglo XV y decorado con relieves que representan a la deidad con sus atributos característicos: el hacha lunar, la nariguera yacametztli, el escudo circular. La festividad de Tepoztécatl se celebra hoy los días 7 y 8 de septiembre en Tepoztlán como sincretismo con la Natividad de la Virgen María, con danzas de chinelos, música tradicional y peregrinación al santuario en la cima del cerro, prolongación viva del complejo ritual del pulque en el México contemporáneo.

Del ritual mesoamericano a la vigencia contemporánea del pulque

La fiesta central del ciclo del pulque en el calendario ritual mexica era el Tepeilhuitl («fiesta de los cerros»), decimotercer mes del ciclo solar de 365 días xiuhpohualli, correspondiente aproximadamente a mediados de octubre del calendario juliano según los cálculos de Sahagún en el libro II del Códice Florentino. La fiesta estaba dedicada conjuntamente a los dioses de la montaña —Tláloc y sus Tlaloque menores— y a los dioses del pulque encabezados por Ometochtli. Sahagún describe en el capítulo 27 del libro II las prácticas rituales: se hacían figuras de masa de amaranto (tzoalli) con formas de los cerros importantes del valle (el Popocatépetl, el Iztaccíhuatl, el Tláloc, la Malinche), se les ofrecían codornices sacrificadas, aguamiel y pulque, y se consumían ritualmente los tzoalli-cerros en un banquete ceremonial. La libación ritual del pulque acompañaba todo el ciclo, y las danzas rituales de los conejos-dioses eran ejecutadas por sacerdotes específicos en los templos correspondientes.

El proceso técnico de producción del pulque, mantenido con notable continuidad desde el horizonte precortesiano hasta el México contemporáneo, requiere del maguey pulquero (principalmente Agave salmiana y Agave americana, especies de metabolismo CAM adaptadas a climas semiáridos del altiplano central). El maguey tarda entre 8 y 15 años en madurar, y cuando el quiote (inflorescencia) comienza a emerger del centro de la planta, el tlachiquero (raspador de aguamiel, del náhuatl tlachique, «el que raspa») realiza la operación de capado: corta el quiote naciente y vacía la cavidad central de la planta con un raspador (llamado tradicionalmente acocote, calabaza alargada perforada). En la cavidad vaciada se acumula el aguamiel (la savia dulce que la planta produce para alimentar la inflorescencia frustrada), que el tlachiquero extrae dos veces al día durante varios meses. El aguamiel se transporta a los tinacales (bodegas de fermentación) y fermenta en cueros o tinas de madera durante 24 a 72 horas hasta convertirse en pulque, bebida blanca, viscosa, ácida, de aproximadamente 4-6% de alcohol.

El pulque vivió durante el periodo colonial una persecución oficial creciente. El reglamento de las pulquerías promulgado por el virrey Marqués de Croix en 1768, en el marco de las reformas borbónicas, restringió el consumo y regulò el impuesto. Durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, sin embargo, el pulque se convirtió en una industria mayor en los estados de Hidalgo, Tlaxcala y México, con las haciendas pulqueras del altiplano —Hacienda de San Antonio Ometusco (Otumba), Hacienda de Tetlapayac (Hidalgo), Hacienda de Xala— abasteciendo por ferrocarril a las miles de pulquerías de Ciudad de México. Manuel Payno en la novela costumbrista Los bandidos de Río Frío (1889-1891) documenta el auge del pulque en el ambiente popular de la Ciudad de México porfiriana. Tras la Revolución mexicana y con el ascenso de la cerveza industrial (Cervecería Cuauhtémoc fundada en Monterrey en 1890, Cervecería Modelo en 1925), la producción declinó fuertemente entre 1930 y 1990, y muchas pulquerías cerraron o se transformaron en cantinas.

Desde comienzos del siglo XXI el pulque vive un notable resurgimiento en Ciudad de México, Puebla y Tlaxcala como bebida ancestral valorada por la nueva escena culinaria contemporánea y por el movimiento de recuperación de la gastronomía mexicana precortesiana promovido por chefs como Enrique Olvera (Pujol, Ciudad de México, fundado en 2000) y Jorge Vallejo (Quintonil, 2012). Las pulquerías tradicionales sobrevivientes en Ciudad de México —La Risa (Colonia Guerrero, en operación desde 1911), La Antigua Roma (Colonia Roma), Las Duelistas (Centro Histórico), Los Insurgentes (San Rafael)— han ganado clientela joven y nueva visibilidad mediática. Nuevas pulquerías gastronómicas y neo-pulquerías se han abierto en Ciudad de México, Puebla, Tlaxcala e Hidalgo desde 2010, con oferta de pulques curados (mezclados con frutas y otros ingredientes), y con acompañamiento de comida mexicana tradicional. La denominación de origen para el maguey pulquero y para el pulque se ha tramitado desde 2018 por la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (antes SAGARPA, hoy SADER) y por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) con participación de la Universidad Autónoma Chapingo y de comunidades tlachiqueras de Hidalgo y Tlaxcala. En Tepoztlán, Morelos, la festividad de Tepoztécatl los días 7 y 8 de septiembre —una de las advocaciones más famosas de los Centzon Totochtin— sigue viva como identidad local con miles de peregrinos que suben al santuario del cerro Ehecatépetl.

Una mirada final

Ometochtli y el complejo del pulque mexica es uno de los casos mejor documentados del panteón secundario mesoamericano por dos razones convergentes. Primera: el corpus textual e iconográfico disponible —libro I capítulo 22 del Códice Florentino como referencia central, libro II capítulo 27 sobre la fiesta del Tepeilhuitl, libro IV capítulo 5 sobre los presagios del signo, láminas 49-59 del Códice Magliabechiano, secciones paralelas del Códice Tudela y del Códice Borbónico, capítulos de Diego Durán, Toribio de Motolinía y otros cronistas mendicantes— permite reconstruir con detalle el nombre calendárico, la iconografía, la genealogía mítica (MayahuelPatecatl-Ometochtli-Centzon Totochtin), las funciones rituales y la fiesta del ciclo. Segunda: la continuidad etnográfica del complejo —la producción del pulque no fue interrumpida por la conquista, la fiesta de Tepoztécatl en Tepoztlán sigue viva, las pulquerías tradicionales sobreviven, el santuario del cerro Ehecatépetl es visitable hoy en día— permite un diálogo entre el registro documental colonial temprano y la práctica ritual contemporánea que en pocos casos del panteón mexica es posible con esta densidad.

La comparación con otras figuras del panteón mexica sitúa a Ometochtli en su lugar dentro del sistema mesoamericano. Junto con deidades secundarias como Xiuhtecuhtli (dios del fuego), Tepeyollotl (dios de las cuevas y del corazón de las montañas), Tlazolteotl (diosa del amor y de la basura), Xolotl (hermano gemelo canino de Quetzalcóatl), Huehuecóyotl (dios de la música y de la danza), Ehécatl (dios del viento), Xochiquetzal (diosa de las flores y del placer) y Mictecacíhuatl (señora del inframundo), forma parte de la red densa de deidades del panteón secundario mexica que Sahagún, Durán, Motolinía y los códices coloniales tempranos preservaron para la posteridad. La comparación con figuras del panteón maya como Chac (dios de la lluvia) o Yum Kax (dios del maíz), y con complejos del pulque en otras culturas mesoamericanas, permite situar a Ometochtli dentro del sistema panmesoamericano de deidades del alimento y de las bebidas rituales. La vigencia contemporánea del pulque en el México del siglo XXI —con su resurgimiento gastronómico, con las pulquerías tradicionales, con la festividad de Tepoztécatl en Tepoztlán, con la denominación de origen en trámite— mantiene el vínculo simbólico entre la deidad calendárica del posclásico tardío mesoamericano y la práctica cultural viva.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Ometochtli en el panteón mexica?

Ometochtli (también Ōmetōchtli, «dos conejo» en náhuatl clásico, del numeral ōme «dos» y del sustantivo tōchtli «conejo») es el nombre calendárico genérico con el que el panteón mexica designa al dios del pulque (octli), bebida fermentada del aguamiel del maguey (Agave salmiana y otras especies). Corresponde al signo ōme tōchtli del calendario ritual de 260 días (tonalpohualli) bajo el cual el dios del pulque nace. Encabeza a los Centzon Totochtin («los 400 conejos»), grupo colectivo de deidades menores del pulque asociadas a regiones, aldeas y pulquerías del altiplano central de México. Cada pulquería mexica tenía su propio conejo-tótem con nombre calendárico específico. La atestación central es Sahagún en el libro I capítulo 22 del Códice Florentino («De los dioses de la embriaguez, dichos Totochtin»).

¿Quiénes son los Centzon Totochtin y qué son los 400 conejos?

Los Centzon Totochtin («los 400 conejos», del numeral centzon, «400», y del plural totochtin de tōchtli, «conejo») son el grupo colectivo de deidades menores del pulque mexica asociadas cada una a una región, aldea o pulquería del altiplano central. El número 400 en el sistema numérico vigesimal mexica funciona como cifra de multitud («innumerables») y no como cifra literal. Cada conejo lleva un nombre calendárico específico del tonalpohualli —Ometochtli, Tepoztécatl (el de Tepoztlán), Colhuatzíncatl (el de Colhuacan), Totoltécatl, Tlaltécatl, Papaztac, Toltécatl y otros muchos— y patrocina una comunidad específica. Según el mito descrito por Sahagún en el libro I capítulo 22 del Códice Florentino son los hijos de Mayahuel (diosa del maguey) y de Patecatl (dios curador de la fermentación), amamantados simultáneamente por las cuatrocientas tetas de Mayahuel.

¿Cuál es la relación entre Mayahuel, Patecatl y Ometochtli?

Los tres forman el trío central del complejo mítico del pulque mexica sistematizado por Alfredo López Austin en Los mitos del tlacuache (1990). Mayahuel es la diosa del maguey, la planta madre del pulque, representada iconográficamente como mujer joven con múltiples pechos (cuatrocientos) que amamantan a sus hijos; su mito de origen —Histoyre du Mechique ~1543, Códice Chimalpopoca— la presenta como doncella virgen del cielo raptada por Ehécatl-Quetzalcóatl del reino de las Tzitzimimeh y descuartizada en la tierra, de cuyo cuerpo brota el primer maguey. Patecatl es el esposo de Mayahuel, dios curador y patrón de la raíz ocpatli (medicina del pulque) que se añadía al aguamiel para acelerar la fermentación. De su unión nacen los Centzon Totochtin, los 400 conejos-dioses del pulque, encabezados genéricamente por Ometochtli.

¿Qué era la fiesta del Tepeilhuitl y qué papel cumplían los dioses del pulque?

El Tepeilhuitl («fiesta de los cerros») era el decimotercer mes del ciclo solar de 365 días xiuhpohualli mexica, correspondiente aproximadamente a mediados de octubre del calendario juliano según los cálculos de Sahagún en el libro II del Códice Florentino. Estaba dedicado conjuntamente a los dioses de la montaña —Tláloc y sus Tlaloque menores— y a los dioses del pulque encabezados por Ometochtli. Sahagún describe en el capítulo 27 del libro II las prácticas rituales: se hacían figuras de masa de amaranto (tzoalli) con formas de los cerros importantes del valle (Popocatépetl, Iztaccíhuatl, Tláloc, Malinche), se les ofrecían codornices sacrificadas, aguamiel y pulque, y se consumían ritualmente los tzoalli-cerros en un banquete ceremonial. La libación ritual del pulque acompañaba todo el ciclo y las danzas rituales de los conejos-dioses eran ejecutadas por sacerdotes específicos.

¿Cuál es la vigencia contemporánea del pulque en México?

Tras la persecución colonial y el declive del siglo XX frente a la cerveza industrial, el pulque vive desde comienzos del siglo XXI un notable resurgimiento en Ciudad de México, Puebla y Tlaxcala como bebida ancestral valorada por la nueva escena culinaria contemporánea y por el movimiento de recuperación de la gastronomía mexicana precortesiana promovido por chefs como Enrique Olvera (Pujol, 2000) y Jorge Vallejo (Quintonil, 2012). Las pulquerías tradicionales sobrevivientes en Ciudad de México —La Risa (1911), La Antigua Roma, Las Duelistas, Los Insurgentes— han ganado clientela joven y nuevas pulquerías gastronómicas han abierto desde 2010. La denominación de origen para el maguey pulquero y para el pulque se tramita desde 2018 por SADER y CONACYT con participación de la Universidad Autónoma Chapingo y de comunidades tlachiqueras de Hidalgo y Tlaxcala. En Tepoztlán, Morelos, la festividad de Tepoztécatl los días 7 y 8 de septiembre sigue viva como identidad local con miles de peregrinos al santuario del cerro Ehecatépetl.

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