Para empezar. Mictēcacihuātl (‘señora del país de los muertos’, de miquiztli ‘muerte’, -teca ‘gente de’, cihuātl ‘mujer’) es la diosa mexica de la muerte y señora del Mictlán (‘lugar de los muertos’, inframundo) junto con su esposo Mictlantecuhtli (‘señor del país de los muertos’). Regía el noveno y último inframundo (Chignauhmictlan) al que los muertos por causas ordinarias llegaban tras un viaje ritual de cuatro años acompañados por el perro Xolotl a través de nueve pruebas descritas por fray Bernardino de Sahagún en el apéndice del libro III del Códice Florentino (redacción culminada hacia 1577, edición inglesa Charles E. Dibble y Arthur J.O. Anderson, School of American Research y University of Utah Press, Santa Fe, 1950-1982, doce volúmenes; edición castellana Alfredo López Austin y Josefina García Quintana, Conaculta, México, 2000, tres volúmenes). Su función era velar por los huesos de los muertos y presidir las dos fiestas mayores del calendario dedicadas a los difuntos: Miccailhuitontli (‘fiesta chica de los muertos’, mes IX del xiuhpohualli, aproximadamente agosto) y Miccailhuitl también llamada Xocotlhuetzi (‘fiesta grande de los muertos’, mes X, aproximadamente septiembre). El Día de Muertos mexicano contemporáneo (1-2 de noviembre), inscrito por la UNESCO en 2008 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, resulta del sincretismo colonial entre estas fiestas mexicas del Miccailhuitl y el Día de Todos los Santos católico impuesto por los franciscanos en el siglo XVI; buena parte de la iconografía moderna del Día de Muertos —calaveras, ofrendas, cempōhualxōchitl (cempasúchil, Tagetes erecta), pan de muerto, xocolatl (chocolate)— tiene raíces prehispánicas asociadas a Mictecacíhuatl y al Mictlán.
| Origen cultural | Pueblo mēxihcah (mexica o azteca) de Mēxihco-Tenōchtitlan, capital imperial fundada en 1325 d.C. sobre un islote del lago de Texcoco en la cuenca de México; hablantes de náhuatl (lengua uto-azteca meridional) y herederos del sustrato religioso tolteca-teotihuacano al que sumaron el desarrollo propio de los siglos XIV y XV bajo los huey tlatoani Acamapichtli, Huitzilíhuitl, Chimalpopoca, Itzcóatl, Moctezuma I, Axayácatl, Tízoc, Ahuítzotl y Moctezuma II; sistema calendárico dual con tonalpohualli adivinatorio de 260 días (13×20) y xiuhpohualli solar de 365 días (18×20 + 5 nemontemi) engranados en el ciclo de 52 años del xiuhmolpilli; economía intensiva de chinampas (parcelas cultivadas sobre el lago), agricultura de maíz, frijol, calabaza, chile y amaranto, complementada con tributo de las provincias sujetas; caída de Tenōchtitlan ante Hernán Cortés y los aliados tlaxcaltecas el 13 de agosto de 1521, seguida de la evangelización franciscana desde 1524 y del registro etnográfico sahaguntino a partir de 1547; descendientes contemporáneos identificados como nahuas en Estado de México, Ciudad de México, Puebla, Morelos, Tlaxcala, Veracruz, Guerrero, Hidalgo, San Luis Potosí y Oaxaca, con aproximadamente 1.725.000 hablantes de náhuatl según el Censo INEGI 2020, la lengua indígena con más hablantes de México y una de las más habladas del continente americano |
|---|---|
| Tipo | Diosa mexica de la muerte y señora del Mictlán (inframundo) junto con su esposo Mictlantecuhtli; regía específicamente el Chignauhmictlan, noveno y último inframundo al que llegaban los muertos por causas ordinarias (los muertos por violencia o sacrificio iban al Tonatiuh Ilhuicac, cielo del Sol; los ahogados y muertos por el rayo o por enfermedades acuáticas al Tlalocan, cielo de Tláloc; los niños muertos antes de la primera dentición al Chichihuacuauhco, «en el árbol nodrizo», donde eran amamantados por un árbol lechoso hasta su renacimiento en la siguiente humanidad); su nombre en náhuatl significa literalmente ‘señora del país de los muertos’ (miquiztli ‘muerte’ + -teca ‘gente de un lugar’ + cihuātl ‘mujer’); iconografía prehispánica estable en los códices: mujer con calavera por rostro, vestida con enredo (cueitl) largo y adornos rituales, garras en las manos, a veces sentada con las piernas abiertas; comparable en el corpus mesoamericano con Vucub Camé (uno de los señores del Xibalbá maya k’iche’) y con la Tzitzimimeh mexicas (diosas estelares peligrosas asociadas al eclipse y a la muerte cósmica) |
| Función mítica | Presidir junto con Mictlantecuhtli el Chignauhmictlan (noveno inframundo) y recibir los huesos de los muertos por causas ordinarias tras el viaje ritual de cuatro años a través de las nueve regiones del Mictlán descritas por Sahagún en el apéndice del libro III del Códice Florentino: paso del río Chicunauhapan (‘nueve aguas’) sobre el lomo del perro Xolotl (una raza específica de perro sin pelo, el Xoloitzcuintli, se enterraba con el difunto para acompañarlo); paso entre los cerros que se juntan; ascenso del cerro de obsidiana; travesía del viento de obsidiana; travesía de la corriente de banderas; travesía de las flechas; travesía de las fieras que comen corazones; travesía del sendero estrecho; llegada final al Chignauhmictlan ante Mictecacíhuatl y Mictlantecuhtli; velar por los huesos de los muertos hasta su reutilización mítica —Quetzalcóatl bajó al Mictlán a robar los huesos de las generaciones anteriores para crear la humanidad presente, según el mito de la Leyenda de los Soles del Códice Chimalpopoca (~1558)—; presidir las fiestas del Miccailhuitontli (mes IX del xiuhpohualli, «fiesta chica de los muertos», ~agosto) y del Miccailhuitl también llamado Xocotlhuetzi («cae el fruto», mes X, «fiesta grande de los muertos», ~septiembre); recibir ofrendas de copalli (incienso de resina), sangre de codorniz, alimentos rituales y flores de cempōhualxōchitl |
| Atestación | Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España (Códice Florentino, redacción culminada hacia 1577), fuente colonial central: apéndice del libro III capítulos 1 y 2 (viaje ritual del alma a través del Mictlán, descripción de las nueve regiones del inframundo), libro II sobre el xiuhpohualli (fiestas del Miccailhuitontli y del Miccailhuitl–Xocotlhuetzi), libro IX sobre los mercaderes y el culto a los muertos; edición inglesa Dibble-Anderson (School of American Research y University of Utah Press, Santa Fe, 1950-1982, doce volúmenes) y edición castellana López Austin-García Quintana (Conaculta, México, 2000, tres volúmenes); fray Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España e islas de la Tierra Firme (~1581, edición Ángel María Garibay, Porrúa, México, 1967, dos volúmenes), capítulos sobre las fiestas de los muertos observadas en pueblos de la cuenca de México en las últimas décadas del siglo XVI; Códice Vaticano A o Códice Ríos (Biblioteca Apostólica Vaticana, ~1570), láminas del sistema de los nueve inframundos (2v-3r) con Mictecacíhuatl y Mictlantecuhtli en el nivel inferior; Códice Borgia (Biblioteca Apostólica Vaticana, prehispánico ca. 1400-1500 procedente de la región Puebla-Tlaxcala), láminas 55-56 con la pareja Mictecacíhuatl-Mictlantecuhtli; Códice Fejérváry-Mayer (World Museum, Liverpool, prehispánico ca. 1400-1500), lámina 1 con el cosmograma direccional que incluye a Mictlantecuhtli; Códice Chimalpopoca con la Leyenda de los Soles y los Anales de Cuauhtitlán (~1558) sobre el descenso de Quetzalcóatl al Mictlán; excavaciones del Templo Mayor de Tenōchtitlan dirigidas por Eduardo Matos Moctezuma y Leonardo López Luján (Proyecto Templo Mayor del INAH, desde 1978) con ofrendas rituales asociadas a la muerte; Alfredo López Austin, Los mitos del tlacuache (Alianza Editorial Mexicana, México, 1990) y con Leonardo López Luján El pasado indígena (FCE, México, 1996); Miguel León-Portilla, La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes (UNAM, México, 1956); Elsa Malvido, La festividad de todos los santos, fieles difuntos y su altar de muertos en México (INAH, México, 2006); Claudio Lomnitz, Death and the Idea of Mexico (Zone Books, Nueva York, 2005; traducción FCE, México, 2006); UNESCO, inscripción del Día de los Muertos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad (París, 2008) |
| Vigencia hoy | El Día de Muertos mexicano contemporáneo, celebrado el 1 y 2 de noviembre en todo el país y con especial vitalidad en Michoacán (Pátzcuaro, Janitzio, Tzintzuntzan, comunidades purépechas), Oaxaca (Ciudad de Oaxaca, Xoxocotlán, Teotitlán del Valle), Ciudad de México (Mixquic, Xochimilco), Puebla (Huaquechula), San Luis Potosí (Huasteca potosina) y Yucatán (Hanal Pixán maya), fue inscrito por la UNESCO en 2008 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad; conserva iconografía y prácticas de raíz prehispánica asociada a Mictecacíhuatl: altar de ofrenda con siete niveles, pan de muerto, calaveritas de azúcar, xocolatl (chocolate ritual), cempōhualxōchitl (cempasúchil, Tagetes erecta) para el camino de las ánimas, copal como incienso, comida favorita del difunto, agua para la sed del viaje; la Catrina creada por José Guadalupe Posada en 1913 y popularizada por Diego Rivera en el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (Hotel del Prado, 1947; hoy Museo Mural Diego Rivera, Ciudad de México) se ha convertido en el avatar visual popular de Mictecacíhuatl; el desfile del Día de Muertos del Centro Histórico de Ciudad de México nació en 2016 inspirado por la escena inicial de la película Spectre de la saga James Bond (2015, dirigida por Sam Mendes); las películas The Book of Life (Reel FX Creative Studios, 2014, dirigida por Jorge R. Gutiérrez) y Coco (Pixar Animation Studios, 2017, dirigida por Lee Unkrich y Adrián Molina) llevaron la iconografía del Día de Muertos y de la Land of the Dead (Mictlán) al público global; en la Huasteca (Veracruz, Hidalgo, San Luis Potosí, Puebla) la fiesta se llama Xantolo (nahuatlismo derivado del latín Sanctorum) y conserva la comida ritual, la ofrenda y la danza de viejos con máscaras |
Mictēcacihuātl es la diosa mexica de la muerte y señora del Mictlán junto con su esposo Mictlantecuhtli. Su nombre en náhuatl se compone de miquiztli (‘muerte’), el sufijo -teca (‘gente de un lugar’), y cihuātl (‘mujer’), y admite traducción como ‘señora del país de los muertos’ o ‘mujer de la región de los muertos’. La pareja Mictecacíhuatl-Mictlantecuhtli regía el Chignauhmictlan, noveno y último inframundo del sistema mexica documentado por fray Bernardino de Sahagún en el apéndice del libro III del Códice Florentino (redacción culminada hacia 1577). Al Chignauhmictlan llegaban los muertos por causas ordinarias —vejez, enfermedad común, accidente doméstico— tras un viaje ritual de cuatro años a través de nueve pruebas atravesadas con la ayuda del perro Xolotl, específicamente de la raza sin pelo llamada Xoloitzcuintli que se enterraba con el difunto para acompañarlo en el trayecto.
El sistema mexica de destinos post mortem, tal como lo describe Sahagún, distribuía los muertos según el modo de muerte y no según la conducta moral en vida. Los muertos por violencia militar, sacrificio ritual o parto (las Cihuateteo, mujeres divinizadas por morir en el primer parto) iban al Tonatiuh Ilhuicac (‘cielo del Sol’) y acompañaban al astro en su recorrido diurno. Los ahogados, muertos por rayo, hidropesía, lepra u otras enfermedades acuáticas iban al Tlalocan (‘lugar de Tláloc’), cielo verde y fértil donde el trabajo agrícola era eterno y placentero. Los niños muertos antes de la primera dentición iban al Chichihuacuauhco (‘en el árbol nodrizo’), donde eran amamantados por un árbol lechoso hasta su renacimiento en la siguiente humanidad —tema conservado en la lámina 74 del Códice Vaticano A o Códice Ríos—. Todos los demás, la gran mayoría, iban al Mictlán presidido por Mictecacíhuatl y Mictlantecuhtli.
La documentación de Mictecacíhuatl en el corpus colonial se apoya en fuentes textuales e iconográficas. Sahagún describe en el apéndice del libro III capítulos 1 y 2 del Códice Florentino el viaje ritual del alma a través de las nueve regiones del Mictlán, y en el libro II el ciclo festivo de las fiestas mexicas dedicadas a los muertos. Fray Diego Durán en la Historia de las Indias de Nueva España (~1581) amplía las descripciones sahaguntinas con observaciones de fiestas patronales sincretizadas todavía identificables. El Códice Vaticano A (Biblioteca Apostólica Vaticana, ~1570) muestra en las láminas 2v-3r el sistema de los nueve inframundos con la pareja Mictecacíhuatl-Mictlantecuhtli en el nivel inferior; el Códice Borgia (prehispánico, ca. 1400-1500, hoy Biblioteca Apostólica Vaticana) los muestra en las láminas 55-56; el Códice Fejérváry-Mayer (prehispánico, hoy en el World Museum de Liverpool) incluye a Mictlantecuhtli en el cosmograma direccional de la lámina 1. Los Anales de Cuauhtitlán del Códice Chimalpopoca (~1558) conservan el mito de Quetzalcóatl descendiendo al Mictlán a robar los huesos de las generaciones anteriores para crear la humanidad presente.
La señora del Mictlán y el noveno inframundo mexica
Índice
La iconografía prehispánica de Mictecacíhuatl es estable en los códices que se han conservado. La diosa aparece como mujer con calavera por rostro y con vestimenta ritual femenina completa: enredo (cueitl) largo de color oscuro, huipil abierto que deja ver las costillas descarnadas, adornos rituales de papel almidonado (amacalli) sobre la cabeza, y garras en manos y pies. En algunas láminas —particularmente en el Códice Borgia lámina 56— aparece sentada con las piernas abiertas y con la cabellera revuelta, iconografía asociada al parto y a la muerte simultáneamente. En el Códice Vaticano A lámina 2v se la muestra al lado de Mictlantecuhtli, ambos en el nivel más profundo del cosmos vertical de nueve pisos que descienden desde el Ōmeyōcan (‘lugar de la dualidad’) celestial hasta el Chignauhmictlan subterráneo, con el mundo humano en el nivel intermedio. La representación arqueológica mayor es la estatua de Mictlantecuhtli hallada en la Casa de las Águilas del recinto ceremonial de Tenōchtitlan (excavación INAH, 1980-1981, Museo del Templo Mayor).
El viaje ritual del alma al Mictlán, tal como lo describe Sahagún en el apéndice del libro III del Códice Florentino, duraba cuatro años y consistía en el paso sucesivo por nueve regiones o pruebas. La primera prueba era el paso del río Chicunauhapan (‘nueve aguas’), un río ancho y peligroso que solo podía cruzarse sobre el lomo del perro Xolotl (raza Xoloitzcuintli, perro sin pelo endémico de Mesoamérica) enterrado con el difunto. Las siguientes pruebas incluían el paso entre dos cerros que chocaban y se separaban rítmicamente (Tepetl monanamicyan), el ascenso de un cerro de obsidiana afilada (Itztepetl), la travesía de un viento cortante de obsidiana (Itzehecayan), la travesía de una llanura de banderas ondeantes (Panhuehuecan), la travesía de flechas que caían del cielo (Temiminaloyan), la travesía de fieras que comían el corazón del difunto (Teyollocualoyan), el paso por un sendero estrecho (Iznanhuehuecan) y finalmente la llegada al Chignauhmictlan ante Mictecacíhuatl y Mictlantecuhtli, donde el alma se disolvía y los huesos quedaban al cuidado de la pareja divina.
El sentido de este viaje ritual del alma se lee en clave de renovación cósmica. Los huesos que Mictecacíhuatl y Mictlantecuhtli custodiaban en el Chignauhmictlan no eran residuo definitivo: eran materia prima para la creación futura. La Leyenda de los Soles del Códice Chimalpopoca (~1558) narra cómo Quetzalcóatl bajó al Mictlán con su gemelo Xolotl a pedirle a la pareja divina los huesos de las generaciones anteriores para formar con ellos la humanidad presente. Mictlantecuhtli le impuso pruebas para negarle los huesos; Quetzalcóatl las burló con astucia; huyó con los huesos preciosos; tropezó por engaño del dios de la muerte y los rompió, y de esos huesos rotos y molidos con sangre propia surgió la humanidad actual, imperfecta y mortal por origen material. El mito explica al mismo tiempo por qué las personas somos mortales, por qué hay diversidad de tamaños, y por qué el Mictlán es reservorio ontológico de la vida futura.
La red del panteón mexica alrededor de Mictecacíhuatl y del Mictlán incluye figuras vinculadas por función. Mictlantecuhtli es el esposo y coregente del noveno inframundo. Xolotl, gemelo canino de Quetzalcóatl y perro guía de las almas, media entre el mundo humano y el Mictlán. Coatlicue (‘la de la falda de serpientes’), madre de Huitzilopochtli, y las Tzitzimimeh (diosas estelares peligrosas asociadas al eclipse y al fin de mundo) forman con Mictecacíhuatl el polo femenino oscuro del panteón. Cihuateteo (mujeres divinizadas por morir en el primer parto) son mujeres muertas que sí escapan al Mictlán y forman su contrapunto celeste-solar. Xipe-Totec (‘nuestro señor el desollado’), figura de la renovación cíclica de la piel, comparte con Mictecacíhuatl el campo de la muerte-renovación. Para variantes mesoamericanas comparables véanse los señores del Xibalbá maya k’iche’ en el Popol Vuh, especialmente Vucub Camé y su pareja Hun Camé.
Del Miccailhuitl mexica al Día de Muertos contemporáneo (UNESCO 2008)
El calendario ritual mexica xiuhpohualli de 365 días incluía dos fiestas mayores dedicadas a los muertos, ambas presididas ritualmente por Mictecacíhuatl y por el complejo funerario del Mictlán. La primera era Miccailhuitontli (‘pequeña fiesta de los muertos’, mes IX del xiuhpohualli, correspondiente aproximadamente a agosto del calendario juliano según las correlaciones de Alfonso Caso en Los calendarios prehispánicos, UNAM, México, 1967), dedicada a los niños muertos. La segunda era Miccailhuitl, también llamada Xocotlhuetzi (‘cae el fruto’, mes X del xiuhpohualli, aproximadamente septiembre), gran fiesta de los muertos adultos, con ritos comunitarios de recuerdo, ofrenda de comida y bebida ritual en las casas y en los teocalli, danza ceremonial y quema de copalli. Sahagún describe ambos ciclos en el libro II del Códice Florentino y Durán aporta detalles etnográficos complementarios en su Historia del ~1581.
Con la evangelización franciscana iniciada en 1524, los frailes trasladaron las fiestas mexicas de los muertos al 1 y 2 de noviembre para hacerlas coincidir con el calendario católico del Día de Todos los Santos (1 de noviembre) y del Día de los Fieles Difuntos o Conmemoración de Todas las Almas (2 de noviembre) establecidos por la Iglesia latina desde el siglo IX. La estrategia misional franciscana —documentada por Elsa Malvido en La festividad de todos los santos, fieles difuntos y su altar de muertos en México (INAH, México, 2006) y por Claudio Lomnitz en Death and the Idea of Mexico (Zone Books, Nueva York, 2005; traducción FCE, México, 2006)— fue reubicar las fiestas indígenas en el calendario católico para poder cristianizarlas gradualmente, aprovechando la coincidencia estacional entre el fin de las cosechas de agosto-septiembre en Mesoamérica y las fiestas otoñales del santoral europeo. El resultado no fue la desaparición de la fiesta prehispánica sino su sincretismo con la católica.
El Día de Muertos mexicano contemporáneo, tal como se celebra hoy el 1 y 2 de noviembre en todo el país, conserva iconografía y prácticas de raíz prehispánica identificables. La ofrenda doméstica —altar de siete niveles construido en la casa del difunto con retrato, comida favorita, bebida, tabaco, sal, agua, pan de muerto, calaveritas de azúcar, veladoras y flores de cempōhualxōchitl (cempasúchil, Tagetes erecta)— replica en clave católica-doméstica los ritos mesoamericanos de bienvenida de las ánimas descritos por Sahagún. El cempōhualxōchitl («flor de veinte pétalos»), planta endémica mesoamericana usada desde tiempos prehispánicos como flor ritual para el culto a los muertos, marca con su color naranja intenso y su aroma penetrante el camino que las ánimas siguen desde el cementerio hasta la casa. El pan de muerto (pan dulce ovalado con figuras de huesos en la corteza) y las calaveritas de azúcar (pequeños cráneos moldeados en azúcar con el nombre del difunto o del vivo) son creaciones sincréticas coloniales sobre iconografía prehispánica del tzompantli (muro de calaveras del Templo Mayor) y del culto a Mictecacíhuatl.
La UNESCO inscribió el Día de los Muertos mexicano en 2008 en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconociendo la vitalidad de una tradición con documentación etnográfica y arqueológica que la vincula a las fiestas prehispánicas del Miccailhuitontli y Miccailhuitl–Xocotlhuetzi presididas por Mictecacíhuatl. La celebración conserva especial vitalidad en Michoacán (Pátzcuaro, Janitzio, Tzintzuntzan, comunidades purépechas del lago), Oaxaca (Ciudad de Oaxaca, Xoxocotlán, Teotitlán del Valle), Ciudad de México (San Andrés Mixquic, Xochimilco), Puebla (Huaquechula con sus altares monumentales), San Luis Potosí y Veracruz (Huasteca potosina y veracruzana con la fiesta del Xantolo) y Yucatán (con la fiesta maya Hanal Pixán, «comida de las ánimas»). El sincretismo ha producido variantes regionales ricas: en Michoacán purépecha, la vigilia nocturna en el cementerio con velas, ofrenda y música; en la Huasteca, la comida ritual comunitaria y la danza de viejos con máscaras; en Yucatán maya, el pib (tamal grande cocido en horno de tierra).
De José Guadalupe Posada (1913) a Coco (Pixar 2017): Mictecacíhuatl como icono contemporáneo
La iconografía contemporánea de Mictecacíhuatl encontró su avatar popular en la figura de la Catrina, creada por el grabador mexicano José Guadalupe Posada (Aguascalientes 1852 – Ciudad de México 1913) en 1913, poco antes de su muerte. Posada era ilustrador de la imprenta popular de Antonio Vanegas Arroyo en Ciudad de México y firmaba grabados en zinc y en plomo para hojas volantes, corridos, calaveras literarias y sátira política de la prensa popular del porfiriato tardío y de la Revolución mexicana. La Catrina, originalmente titulada Calavera Garbancera, era una sátira política contra las mujeres mexicanas de clase media que renegaban de su identidad indígena para imitar la moda europea; el grabado muestra una calavera femenina con sombrero elegante europeo, sin cuerpo, en pose de dama de sociedad. La lectura popular posterior desplazó la sátira política original y convirtió a la Catrina en avatar visual popular de la muerte femenina mexicana, y por extensión de Mictecacíhuatl.
La consagración de la Catrina como icono nacional se debe a Diego Rivera. En el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, pintado en 1947 para el Hotel del Prado de la Ciudad de México y hoy conservado en el Museo Mural Diego Rivera (junto al Parque de la Alameda), Rivera colocó a la Catrina en el centro compositivo, con sombrero de plumas, boa de plumas, huesos vestidos de moda parisina finisecular, dando el brazo por un lado a un Diego Rivera niño y por el otro a la propia Frida Kahlo y a José Guadalupe Posada. La escena reunía a los personajes históricos y míticos del imaginario mexicano en un domingo alegórico en la Alameda de Ciudad de México. La Catrina de Rivera fijó la iconografía moderna: calavera femenina con vestido y sombrero elegantes, cuerpo esqueleto vestido y no cuerpo desnudo con calavera. La influencia de esa imagen sobre las artesanías populares, los disfraces del Día de Muertos, los tatuajes y el diseño gráfico mexicano y global de las últimas décadas ha sido gigantesca.
La proyección global del imaginario del Día de Muertos y de la figura de Mictecacíhuatl vino en el siglo XXI de la industria cinematográfica. Tres momentos merecen registro. Primero, la película animada The Book of Life (Reel FX Creative Studios, Estados Unidos-México, 2014, dirigida por Jorge R. Gutiérrez y producida por Guillermo del Toro), que llevó al público estadounidense e internacional una versión estilizada de la Tierra de los Recordados y de la Tierra de los Olvidados con iconografía derivada de la Catrina y del imaginario del Mictlán. Segundo, la película Spectre de la saga James Bond (Estados Unidos-Reino Unido, 2015, dirigida por Sam Mendes), cuya escena inicial mostraba un desfile ficticio del Día de Muertos por las calles del Centro Histórico de Ciudad de México; la escena fue rodada realmente en ese enclave, y su éxito global inspiró al gobierno de la Ciudad de México a crear en 2016 un desfile real inspirado por la escena de la película, que desde entonces se celebra anualmente y atrae a más de un millón de espectadores.
Tercero, y con mayor impacto internacional, la película animada Coco (Pixar Animation Studios y Walt Disney Pictures, Estados Unidos, 2017, dirigida por Lee Unkrich y codirigida por Adrián Molina), que llevó al público global de todas las edades una versión narrativa de la Land of the Dead derivada del imaginario mexicano del Día de Muertos y del Mictlán. La película ganó dos premios Óscar (Mejor Película Animada y Mejor Canción Original por «Remember Me») y recaudó más de 800 millones de dólares en taquilla mundial, con impacto especial en México donde se convirtió en la película más taquillera de la historia del país. La consultoría cultural del proyecto —dirigida por Lalo Alcaraz, Marcela Davison Avilés, Octavio Solís y otros asesores mexicano-americanos— buscó respetar la iconografía tradicional del culto (ofrenda, cempasúchil, pan de muerto, alebrijes como espíritus animales guía, papel picado) y evitar los estereotipos de Hollywood. El resultado ha sido una nueva ola global de interés por Mictecacíhuatl, el Mictlán y el Día de Muertos mexicano.
Para terminar
El culto formal a Mictecacíhuatl en el Chignauhmictlan mexica desapareció con la evangelización franciscana del siglo XVI y con la destrucción de los teocalli del recinto ceremonial de Tenōchtitlan. Los tzompantli (muros de calaveras) fueron derribados, los tlamacazqui del culto funerario perseguidos, los códices prehispánicos quemados por Juan de Zumárraga y sus sucesores. Pero el ciclo festivo de los muertos sobrevivió porque el trato con los propios muertos —la ofrenda, la memoria, la comida ritual compartida— no era negociable en la vida cotidiana mexica y en la de sus descendientes. Pasó del Miccailhuitl y del Miccailhuitontli prehispánicos al Día de Todos los Santos y al Día de los Fieles Difuntos católicos vía la estrategia sincrética franciscana; conservó iconografía prehispánica identificable en la ofrenda, el cempasúchil, el pan de muerto, las calaveras de azúcar; recibió en 1913 el avatar visual popular de la Catrina de Posada; se consagró como icono nacional con Diego Rivera en 1947; se globalizó en el siglo XXI vía cine (The Book of Life 2014, Spectre 2015, Coco 2017); y fue reconocido por la UNESCO en 2008 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
La lectura académica de Mictecacíhuatl y del complejo funerario mexica se ha ido enriqueciendo con las excavaciones del Templo Mayor de Tenōchtitlan desde 1978 bajo la dirección de Eduardo Matos Moctezuma y Leonardo López Luján, con los trabajos etnohistóricos de Alfredo López Austin y con los estudios de historia larga de la muerte en México de Elsa Malvido (INAH) y de Claudio Lomnitz. El corpus sahaguntino sigue siendo la fuente colonial de referencia; los códices coloniales (Vaticano A, Magliabechiano, Telleriano-Remensis) y prehispánicos (Borgia, Fejérváry-Mayer) aportan la iconografía. La agenda pendiente incluye trabajo etnográfico más denso sobre las variantes regionales contemporáneas del Día de Muertos (Michoacán purépecha, Huasteca nahua, Oaxaca zapoteca-mixteca, Yucatán maya), análisis comparativo con las tradiciones funerarias mayas del Xibalbá del Popol Vuh, y estudio crítico del impacto de la iconografía cinematográfica global sobre la fiesta popular mexicana. Para el hub del panteón consúltese Pueblos mexicas: hub, y para figuras mesoamericanas relacionadas Mayahuel, Tlazolteotl, Xochipilli, Xilonen, Chantico, Ometeotl, Ometochtli, Huracán, Chac y Yum Kaax.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Mictecacíhuatl en el panteón mexica?
Mictecacíhuatl es la diosa mexica de la muerte y señora del Mictlán (inframundo) junto con su esposo Mictlantecuhtli. Su nombre en náhuatl significa literalmente señora del país de los muertos (miquiztli muerte + -teca gente de + cihuātl mujer). Regía específicamente el Chignauhmictlan, noveno y último inframundo al que llegaban los muertos por causas ordinarias tras un viaje ritual de cuatro años. Fray Bernardino de Sahagún la describe en el apéndice del libro III del Códice Florentino (redacción culminada hacia 1577) donde detalla las nueve pruebas del viaje del alma. Aparece iconográficamente en el Códice Vaticano A láminas 2v-3r, en el Códice Borgia láminas 55-56 y en el Códice Fejérváry-Mayer.
¿Cómo era el viaje del alma al Mictlán según Sahagún?
El viaje ritual del alma al Mictlán duraba cuatro años y consistía en el paso por nueve regiones descritas por Sahagún en el apéndice del libro III del Códice Florentino. La primera prueba era el paso del río Chicunauhapan (nueve aguas) sobre el lomo del perro Xolotl (raza Xoloitzcuintli sin pelo) enterrado con el difunto. Las siguientes pruebas incluían el paso entre cerros que chocaban, el ascenso de un cerro de obsidiana, la travesía de un viento cortante de obsidiana, una llanura de banderas, flechas que caían del cielo, fieras que comían corazones y un sendero estrecho. La llegada final era al Chignauhmictlan ante Mictecacíhuatl y Mictlantecuhtli, donde el alma se disolvía y los huesos quedaban al cuidado de la pareja divina.
¿Qué relación hay entre Mictecacíhuatl y el Día de Muertos actual?
El Día de Muertos mexicano contemporáneo (1 y 2 de noviembre) es fruto del sincretismo colonial entre las fiestas mexicas del Miccailhuitontli (mes IX, fiesta chica de los muertos, agosto) y del Miccailhuitl-Xocotlhuetzi (mes X, fiesta grande de los muertos, septiembre) presididas por Mictecacíhuatl, y el Día de Todos los Santos y Día de los Fieles Difuntos católicos. Los franciscanos trasladaron las fiestas indígenas al calendario católico para cristianizarlas gradualmente. Buena parte de la iconografía moderna (ofrenda, cempasúchil, pan de muerto, calaveritas de azúcar, chocolate ritual) tiene raíces prehispánicas asociadas a Mictecacíhuatl y al Mictlán. UNESCO inscribió el Día de Muertos en 2008 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
¿Quién creó la iconografía de la Catrina y qué relación tiene con Mictecacíhuatl?
La Catrina fue creada por el grabador mexicano José Guadalupe Posada (Aguascalientes 1852 – Ciudad de México 1913) en 1913, originalmente titulada Calavera Garbancera, como sátira política contra las mujeres mexicanas que renegaban de su identidad indígena imitando la moda europea. Diego Rivera la consagró como icono nacional en el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1947, hoy Museo Mural Diego Rivera de Ciudad de México), donde la colocó en el centro compositivo con sombrero de plumas y vestido finisecular europeo, dando el brazo a un Diego niño, a Frida Kahlo y al propio Posada. La Catrina se ha convertido en avatar visual popular de la muerte femenina mexicana y por extensión de Mictecacíhuatl.
¿Cómo ha llegado la figura de Mictecacíhuatl al público global?
La proyección global vino en el siglo XXI vía cine. Tres momentos: la película animada The Book of Life (Reel FX Creative Studios, 2014, dirigida por Jorge R. Gutiérrez y producida por Guillermo del Toro); la película Spectre de James Bond (2015, dirigida por Sam Mendes), cuya escena inicial de un desfile ficticio del Día de Muertos por el Centro Histórico de Ciudad de México inspiró en 2016 un desfile real que se celebra anualmente; y la película Coco (Pixar Animation Studios, 2017, dirigida por Lee Unkrich y codirigida por Adrián Molina), que ganó dos premios Óscar y recaudó más de 800 millones de dólares mundialmente. La consultoría cultural del proyecto Coco buscó respetar iconografía tradicional (ofrenda, cempasúchil, pan de muerto, alebrijes, papel picado) y evitar estereotipos de Hollywood.





