Sila, el aire, aliento y conciencia primordial del pensamiento inuit

En síntesis. Sila es el concepto ontológico central del pensamiento Inuit: palabra Inuktitut de significado plural que traduce simultáneamente ‘aire’, ‘aliento’, ‘clima’, ‘conciencia’ y ‘orden cósmico’. Se presenta a la vez como principio impersonal —el aire mismo, el estado del tiempo— y como personificación bajo el nombre Silap Inua, literalmente ‘el dueño (o la persona) del aire’. Su documentación etnográfica sistemática procede de Knud Rasmussen, Intellectual Culture of the Iglulik Eskimos (Report of the Fifth Thule Expedition 1921-1924, Vol. 7 No. 1, Gyldendal, Copenhagen, 1929), donde el explorador danés-groenlandés registró las palabras del angakkuq Aua y del chamán caribou Igjugarjuk sobre sila. Existe una referencia previa parcial en Franz Boas, The Central Eskimo (Sixth Annual Report of the Bureau of American Ethnology, Washington, 1888). Sila se manifiesta a través del clima ártico: cuando el tiempo se enfada, es sila que está inquieta con las transgresiones humanas. El angakkuq (chamán Inuit, plural angakkuit) es el intermediario ritual que puede escuchar a sila y traducir su voz. El término sigue vigente en el Inuktitut contemporáneo y aparece en el discurso pan-inuit sobre cambio climático, donde el clima —desde la perspectiva sila— ‘está enfermo’.

Origen culturalPueblo Inuit (singular Inuk, plural Inuit, autónimo ‘gente’), circumpolar del Ártico americano y siberiano; distribución en el Ártico canadiense (Nunavut, Nunavik/Quebec, Nunatsiavut/Labrador, Inuvialuit en los Territorios del Noroeste), Groenlandia (kalaallit), Alaska (Iñupiat del norte y Yup’ik del suroeste) y Chukotka rusa (yupik siberiano); población total estimada en unas 180.000 personas; lenguas de la familia eskaleut, principalmente el Inuktitut con dialectos regionales (Inuktun en Groenlandia noroccidental, Iñupiaq en Alaska); economía tradicional de caza marina (foca, morsa, ballena, oso polar Nanuq) y de caribú, complementada con pesca fluvial y marina
TipoConcepto ontológico central del pensamiento Inuit; principio a la vez impersonal (aire, clima, orden cósmico) y personificado como Silap Inua (‘el dueño del aire’); término emparentado semánticamente con el anirniq (aliento y alma individual, en tanto la respiración es el aire común que entra y sale del cuerpo); comparado por diversos autores del siglo XX con el pneuma griego, el ruaḥ hebreo o el qi chino, aunque irreductible a cualquiera de esos términos
Función míticaRegidor del clima ártico y del orden cósmico; instancia de sanción moral a través del estado del tiempo (cuando sila se enfada por transgresiones humanas, sobrevienen tormentas, hielo inestable y hambruna); voz que el angakkuq (chamán Inuit) está entrenado para escuchar en el silbido del viento, la nevada y la tempestad; principio de la vida individual en tanto la respiración es aire compartido; potencia paralela y complementaria a Sedna / Nuliajuk / Takánakapsâluk (la diosa del mar que administra la sanción marina) y a Nanuq / Tornarsuk (el oso polar y su espíritu asociado) en el orden espiritual Inuit
AtestaciónFranz Boas, The Central Eskimo (Sixth Annual Report of the Bureau of American Ethnology, Washington, 1888); Knud Rasmussen, Intellectual Culture of the Iglulik Eskimos (Report of the Fifth Thule Expedition 1921-1924, Vol. 7 No. 1, Gyldendal, Copenhagen, 1929), fuente central donde constan las palabras textuales del angakkuq Aua y del chamán Igjugarjuk; Knud Rasmussen, Intellectual Culture of the Copper Eskimos (Report of the Fifth Thule Expedition, Vol. 9, Gyldendal, Copenhagen, 1932); Ernest S. Burch Jr., The Eskimos (University of Oklahoma Press, Norman, 1988); Ann Fienup-Riordan, Eskimo Essays: Yup’ik Lives and How We See Them (Rutgers University Press, New Brunswick, 1990)
Vigencia hoyEl término sila sigue en uso cotidiano en el Inuktitut canadiense y en las variantes groenlandesa (silag) y alaskeña (Iñupiaq: silaq); la Inuit Circumpolar Council (fundada en 1977, con oficinas en Nuuk, Iqaluit, Anchorage y Chukotka) y otras organizaciones panindigenas del Ártico lo emplean en sus documentos y declaraciones sobre cambio climático, con la formulación de que el clima ‘está enfermo’ desde la perspectiva del concepto tradicional; la trama semántica del término pervive en la lengua, la meteorología comunitaria y las prácticas de caza contemporáneas; ha sido retomado en la reflexión filosófica y ecológica contemporánea sobre ontologías indígenas del Ártico

El registro etnográfico sistemático del concepto Inuit de sila pertenece a la primera mitad del siglo XX. El antropólogo germano-estadounidense Franz Boas, en The Central Eskimo (Sixth Annual Report of the Bureau of American Ethnology, Washington, 1888), ofreció la primera mención documentada del término en la etnografía académica occidental tras su trabajo de campo en la tierra de Baffin durante 1883-1884. Boas registró la palabra como designación conjunta del aire, del tiempo atmosférico y de una potencia ordenadora, sin llegar todavía a la elaboración conceptual que ofrecerían los informantes chamánicos décadas después.

La documentación central del concepto procede de la Quinta Expedición Thule (1921-1924), dirigida por el explorador y etnógrafo danés-groenlandés Knud Rasmussen. Nacido en Ilulissat de padre danés y madre inuit-groenlandesa, Rasmussen hablaba kalaallisut como lengua materna, lo cual le permitió recoger testimonios directos —sin intérprete— de sabios Inuit del Ártico canadiense. Sus principales informantes sobre sila fueron el angakkuq Aua, en la región iglulik del actual Nunavut, y el chamán Igjugarjuk, de los caribou del interior de Kivalliq. El registro se publicó como Intellectual Culture of the Iglulik Eskimos (Report of the Fifth Thule Expedition 1921-24, Vol. 7 No. 1, Gyldendal, Copenhagen, 1929), volumen que sigue siendo la referencia obligada para el estudio del concepto.

La reflexión etnográfica posterior amplió el examen sin desmentir el marco establecido por Rasmussen. Ernest S. Burch Jr., en The Eskimos (University of Oklahoma Press, Norman, 1988), sistematizó las variantes regionales del término en las lenguas Inuit del Ártico canadiense, groenlandés y alaskeño. Ann Fienup-Riordan, en Eskimo Essays: Yup’ik Lives and How We See Them (Rutgers University Press, New Brunswick, 1990), estudió los correspondientes Yup’ik de Alaska, donde el término emparentado —ella— cumple funciones semánticas paralelas a sila con matices propios. La comunidad académica actual mantiene el registro de Rasmussen como fuente primaria y complementa el análisis con etnografías modernas del Ártico central, groenlandés y alaskeño.

Aire, aliento, clima y conciencia: la polisemia de sila

El rasgo definitorio de sila en el Inuktitut es su polisemia estructural: una única palabra recorre campos semánticos que las lenguas europeas suelen separar. Sila nombra el aire físico que rodea al ser humano y al que este respira; nombra el estado del tiempo atmosférico —despejado, tormentoso, apacible, hostil—; nombra el clima como conjunto de condiciones prolongadas; y nombra también la conciencia inteligente, la sabiduría, el orden cósmico y la capacidad de discernir. La palabra derivada silatujuk significa ‘sabio’ o ‘inteligente’ en Inuktitut, con la raíz sila- activa en el sentido de ‘lucidez’ o ‘juicio’.

La forma personificada del concepto es Silap Inua, literalmente ‘el dueño (o la persona) del aire’. Rasmussen (1929) documentó que los angakkuit iglulik distinguían entre sila como principio impersonal (el aire mismo, el clima, el orden) y Silap Inua como agente antropomorfizado al que se podía interpelar en ceremonias de curación y de propiciación climática. Ambas dimensiones convivían sin exclusión: el angakkuq podía tratar con Silap Inua como una persona a la vez que reconocía a sila como el fondo impersonal del que aquella persona era la cara visible. El paralelo tipológico con el pneuma griego (espíritu-aliento-viento) ha sido señalado por diversos comentaristas desde mediados del siglo XX.

El vínculo con la vida individual pasa por el anirniq, término Inuktitut para el aliento y, por extensión, para el alma o principio vital de la persona. La respiración humana es el aire —sila— que entra y sale del cuerpo; el anirniq es la instancia individuada de esa corriente compartida. Cuando la persona muere, el anirniq se separa del cuerpo y retorna al reservorio general del aire; los rituales funerarios tradicionales, documentados por Rasmussen (1929) entre los iglulik, buscaban acompañar y orientar ese retorno. La equivalencia parcial sila/anirniq explica por qué el concepto Inuit ha sido comparado con el pneuma griego, el ruaḥ hebreo (aire, aliento, espíritu) y el qi chino, aunque las tradiciones sean irreductibles entre sí.

La dimensión moral del concepto opera por vía del clima. Cuando la comunidad Inuit rompía tabúes de caza, de menstruación o de tratamiento del cuerpo del oso polar (Nanuq) y de la ballena, sila se enfadaba y respondía con mal tiempo prolongado: tormentas, hielo marino inestable, hambruna. El angakkuq debía entonces localizar la transgresión por adivinación y prescribir el rito reparador. Rasmussen (1929) transcribió varias secuencias narrativas de este tipo entre los iglulik, con los nombres de los cazadores implicados y las fórmulas rituales empleadas. La sanción moral aérea funcionaba en paralelo a la sanción marina, esta última administrada por Sedna / Nuliajuk / Takánakapsâluk, la diosa del mar que retenía a los animales marinos en su morada submarina cuando los tabúes se rompían.

Rasmussen y la Quinta Expedición Thule: la voz de los angakkuit

La Quinta Expedición Thule zarpó de Godthåb (actual Nuuk, Groenlandia) el 18 de septiembre de 1921 y regresó a Dinamarca en septiembre de 1924. Su objetivo declarado era estudiar la unidad cultural del pueblo Inuit a lo largo del Ártico americano, desde Groenlandia hasta el estrecho de Bering. Rasmussen —hijo de un pastor luterano danés y de una madre inuit-groenlandesa— hablaba kalaallisut con fluidez nativa y podía comunicarse directamente en dialectos vecinos del Inuktitut canadiense con solo ajustes fonéticos menores. Esa competencia lingüística marcó una diferencia decisiva respecto de los etnógrafos anteriores, incluido Boas, que habían dependido de intérpretes bilingües para el trabajo de campo.

En la región iglulik del actual Nunavut, Rasmussen convivió durante meses con el angakkuq Aua, cuyas explicaciones sobre sila ocuparon una parte central del volumen VII del corpus de la expedición. Aua describió a sila como una potencia sin forma que se manifestaba en la nevada, la lluvia y el mar en tempestad, y que hablaba a los seres humanos con voz distinta a la del habla ordinaria. Rasmussen transcribió las palabras de Aua con cuidado etnográfico, dejando constancia del contexto ritual, del proceso de iniciación que había habilitado al angakkuq para dialogar con la potencia, y de las fórmulas específicas empleadas por Aua en las ceremonias comunitarias.

En el interior del Ártico central, entre los caribou del actual Kivalliq (Nunavut), Rasmussen recogió el testimonio del chamán Igjugarjuk, cuya reflexión sobre sila es la más citada de la etnografía Inuit. Igjugarjuk explicó a Rasmussen que nadie había visto jamás a sila, que su morada era un misterio y que estaba al mismo tiempo muy cerca y muy lejos de los seres humanos. Describió la potencia como una gran voz que no hablaba con palabras ordinarias, sino a través de la nieve que cae, de la lluvia que cae, del mar en tempestad y del conjunto de las fuerzas naturales que el ser humano teme. La formulación de Igjugarjuk es la que ha circulado con más frecuencia en la literatura antropológica posterior sobre el concepto.

El volumen Intellectual Culture of the Iglulik Eskimos, publicado en Copenhague por Gyldendal en 1929, forma parte de los diez tomos del Report of the Fifth Thule Expedition 1921-1924, obra que sigue siendo la referencia central para la etnografía Inuit clásica. Rasmussen publicó también Intellectual Culture of the Copper Eskimos (Vol. 9, 1932), donde recogió una variante del concepto entre los Inuit del cobre del actual Kitikmeot. La recepción del corpus de Rasmussen en la antropología del siglo XX fue amplia: Kaj Birket-Smith, Diamond Jenness y más tarde Burch (1988) y Fienup-Riordan (1990) tomaron su registro como base para sus propias etnografías comparadas del Ártico americano.

Sila en el discurso inuit contemporáneo sobre cambio climático

El término sila no ha desaparecido del Inuktitut contemporáneo. Se sigue empleando en el habla cotidiana para designar el aire, el tiempo atmosférico y el clima; los boletines meteorológicos locales de las radios comunitarias de Nunavut lo utilizan con normalidad. La densidad conceptual chamánica documentada por Rasmussen ha declinado en las comunidades más afectadas por la evangelización moraviana (Labrador), anglicana (Nunavut) y luterana (Groenlandia) de los siglos XIX-XX, pero la palabra en su acepción básica sobrevive como pieza estructural del léxico Inuktitut, del groenlandés y del Iñupiaq alaskeño.

Desde los años noventa, líderes Inuit y organizaciones panindigenas del Ártico —de manera destacada la Inuit Circumpolar Council, fundada en 1977 y con oficinas en Nuuk (Groenlandia), Iqaluit (Canadá), Anchorage (Alaska) y Chukotka— han incorporado sila a la reflexión pública sobre cambio climático. La formulación recurrente es que el clima ‘está enfermo’ o ‘ha perdido su equilibrio’, y que esa alteración tiene a la vez una dimensión meteorológica y una dimensión moral: el hielo marino más delgado, la migración alterada del caribú, la disminución del oso polar (Nanuq) se leen como signos de un desorden que compromete la relación entre los seres humanos y sila.

El uso contemporáneo de sila en el discurso climático combina la carga semántica tradicional con la evidencia científica occidental sobre calentamiento del Ártico. No se trata de una nostalgia de las prácticas chamánicas del siglo XIX, sino de una relectura activa del vocabulario propio: la palabra permite a los líderes Inuit traducir a su lengua la constatación de que la temperatura media del Ártico ha subido entre dos y tres grados centígrados desde 1970, con consecuencias directas sobre la seguridad de la caza en el hielo, sobre la infraestructura de las comunidades y sobre el calendario tradicional del año. La documentación etnográfica de Rasmussen queda en este contexto como base histórica que respalda la vigencia del término en el siglo XXI.

La reflexión filosófica y ecológica contemporánea ha prestado atención creciente al concepto. Autores del campo de la ecología profunda, de los estudios ontológicos indígenas y de la fenomenología ambiental han encontrado en sila un vocabulario apto para pensar la relación entre respiración, atmósfera, clima y consciencia sin recurrir a la separación cartesiana entre mente y mundo. La comparación con el pneuma griego, el ruaḥ hebreo y el qi chino se ha vuelto recurrente en la literatura comparada, aunque los especialistas Inuit insisten en la especificidad del concepto y en la necesidad de anclarlo en la lengua y en la práctica Inuit concretas, siguiendo el precedente metodológico de Rasmussen y de Fienup-Riordan.

Lo que permanece

El concepto de sila ha atravesado casi un siglo y medio de documentación etnográfica —desde Boas en 1888 hasta las etnografías Yup’ik de Fienup-Riordan en 1990 y el uso pan-inuit contemporáneo en los foros climáticos internacionales— sin perder su núcleo semántico. Sigue nombrando al mismo tiempo el aire físico, el estado del tiempo, el clima, la conciencia y el orden cósmico; sigue admitiendo la personificación en Silap Inua sin que esa personificación excluya el registro impersonal; sigue vinculado al anirniq individual por la vía de la respiración compartida entre todos los seres.

El corpus de Rasmussen sobre sila, recogido en la Quinta Expedición Thule y publicado entre 1929 y 1932 en Copenhague, sostiene el peso principal del testimonio etnográfico. Las palabras del angakkuq Aua y del chamán Igjugarjuk, transcritas por un etnógrafo que hablaba la lengua sin intérprete, han demostrado ser una base fiable para la comparación con las variantes Yup’ik y groenlandesa. El discurso Inuit contemporáneo sobre cambio climático continúa la trayectoria del término en el vocabulario público del siglo XXI, con la Inuit Circumpolar Council y las escuelas bilingües de Nunavut como espacios de transmisión activa. La equivalencia funcional con figuras espirituales de pueblos vecinos del subártico —el Wendigo algonquino, el trickster Nanabush ojibwe o el Wîsahkêcâhk cree— no anula la especificidad del término sila en la lengua Inuktitut ni su carga semántica propia.

Preguntas frecuentes

¿Qué es Sila en el pensamiento inuit?

Sila es el concepto ontológico central del pensamiento inuit: palabra inuktitut de significado plural que traduce simultáneamente aire, aliento, clima, conciencia y orden cósmico. Se presenta a la vez como principio impersonal (el aire mismo, el estado del tiempo) y como personificación bajo el nombre Silap Inua (‘el dueño del aire’). Sila se manifiesta a través del clima ártico y opera como instancia de sanción moral: cuando los seres humanos rompen tabúes de caza o de conducta, el tiempo empeora y sobrevienen tormentas o hambruna. El angakkuq (chamán inuit) es el intermediario ritual encargado de escuchar a sila y de interpretar sus señales.

¿Dónde documentó Rasmussen el concepto de sila?

En Intellectual Culture of the Iglulik Eskimos (Report of the Fifth Thule Expedition 1921-1924, Vol. 7 No. 1, Gyldendal, Copenhagen, 1929), volumen del corpus etnográfico de la Quinta Expedición Thule dirigida por Knud Rasmussen entre 1921 y 1924. Los informantes principales fueron el angakkuq Aua en la región iglulik del actual Nunavut y el chamán Igjugarjuk entre los caribou del interior de Kivalliq. Rasmussen, hijo de padre danés y madre inuit-groenlandesa, hablaba kalaallisut como lengua materna y pudo recoger los testimonios sin intérprete. Franz Boas había ofrecido una mención anterior menos elaborada en The Central Eskimo (Bureau of American Ethnology, Washington, 1888).

¿Qué relación hay entre sila, silap inua y anirniq?

Sila es el principio impersonal (aire, clima, orden cósmico); Silap Inua es su personificación como agente al que se puede interpelar en la ceremonia, literalmente ‘el dueño del aire’; anirniq es el aliento individual de cada persona, la instancia particular de la respiración que se toma del aire común. La respiración humana es sila que entra y sale del cuerpo; al morir, el anirniq se separa del cuerpo y retorna al reservorio general del aire. Los rituales funerarios iglulik documentados por Rasmussen (1929) acompañaban ese retorno. Los tres términos forman un mismo campo semántico del que la lengua inuktitut no separa las dimensiones.

¿Cómo se manifiesta sila a través del clima?

Sila responde al comportamiento de los seres humanos con el estado del tiempo. Cuando la comunidad inuit rompía tabúes tradicionales —tratamiento incorrecto del cuerpo del oso polar Nanuq, de la ballena o de la foca; contactos indebidos durante la menstruación; incumplimiento de las reglas rituales para la carne y las pieles—, sila se enfadaba y enviaba tormentas prolongadas, hielo inestable o cielos que impedían la caza. El angakkuq debía localizar la transgresión mediante adivinación y prescribir el rito reparador. Esta sanción climática funcionaba en paralelo a la sanción marina administrada por Sedna, Nuliajuk o Takánakapsâluk, la diosa del mar que retenía a los animales marinos cuando los tabúes se rompían.

¿Sigue vigente el concepto de sila en el siglo XXI?

Sí. El término sila se sigue usando en el inuktitut cotidiano para designar el aire, el tiempo atmosférico y el clima; los boletines meteorológicos comunitarios de Nunavut lo emplean con normalidad. Desde los años noventa, la Inuit Circumpolar Council (fundada en 1977, con oficinas en Nuuk, Iqaluit, Anchorage y Chukotka) y otros líderes inuit han incorporado el concepto al discurso pan-inuit sobre cambio climático, con la formulación de que el clima ‘está enfermo’ desde la perspectiva sila. La reflexión filosófica y ecológica contemporánea ha retomado el concepto en debates sobre ontologías indígenas y ecología profunda, con la referencia recurrente al corpus de Rasmussen (1929).

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