Tajín, los Doce Truenos del panteón totonaco del Papantla veracruzano

Para empezar. Los Tajín o Tajines (plural, «los truenos») son los doce dioses del trueno y de la lluvia del panteón totonaco del Golfo de México, cuyo autónimo colectivo es tachihuiin y cuya población actual supera las 450.000 personas distribuidas entre el norte del estado de Veracruz (municipios de Papantla, Poza Rica, Coyutla, Coxquihui) y la Sierra Norte de Puebla (Cuetzalan, Huehuetla, Zapotitlán de Méndez). Regidores del calendario agrícola y de las lluvias del monzón atlántico que hacen posible el ciclo del maíz, los doce Tajín tienen por jefe a Aktsini (también transcrito Aktsin o Aktzín), gran señor del trueno que habita en el interior del sitio arqueológico de El Tajín (Papantla, Veracruz), capital totonaca del período Clásico Tardío mesoamericano (600-900 d.C.), Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1992 y sede de la célebre Pirámide de los Nichos con sus 365 hornacinas correspondientes a los días del año solar. En la tradición totonaca, los Tajín intervienen en el mito fundacional de la vainilla (xanath en totonaco, Vanilla planifolia en botánica), planta orquidácea originaria de la región de Papantla cuya explicación mítica atribuye su origen a la transformación de la princesa Tzacopontziza y del príncipe Zkatan-Oxga tras ser sacrificados por los sacerdotes del Sol; su vigencia contemporánea culminante es la ceremonia de los Voladores de Papantla, inscrita en 2009 por la UNESCO en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, en la que cuatro voladores más un caporal descienden desde un palo volador de treinta metros de altura dando trece vueltas cada uno, cifra que multiplicada por cuatro suma cincuenta y dos, el ciclo calendárico mesoamericano por excelencia. El corpus etnográfico central sobre los Tajín fue documentado por el americanista francés Alain Ichon en La religión de los totonacas de la sierra (Instituto Nacional Indigenista, México, 1969), estudio pionero realizado en la sierra de Puebla, y ampliado por los trabajos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en la Zona Arqueológica de El Tajín y por las investigaciones de Guy Stresser-Péan en la Huasteca.

Origen culturalPueblo totonaco (autónimo tachihuiin, «los hombres del calor» o «los hombres de la tierra caliente», según lecturas etimológicas alternativas); pueblo indígena mesoamericano del Golfo de México con presencia continuada al menos desde el período Clásico mesoamericano (200-900 d.C.); territorio actual repartido entre el norte del estado de Veracruz (municipios de Papantla, Poza Rica, Cazones, Coyutla, Coxquihui, Espinal, Tecolutla) y la Sierra Norte de Puebla (Cuetzalan del Progreso, Huehuetla, Zapotitlán de Méndez, Zongozotla, Ixtepec); lengua totonaca (familia totonaco-tepehua, hoy clasificada dentro del grupo macro-otomangueano según los últimos trabajos comparativos), con aproximadamente 250.000 hablantes activos según el censo mexicano de 2020; capital histórica Zempoala (o Cempoala, Veracruz) en el momento del contacto español (1519, primer aliado indígena de Hernán Cortés contra Moctezuma); capital arqueológica El Tajín durante el Clásico Tardío (600-900 d.C.); población total aproximada 450.000 personas en 2020
TipoGrupo de doce deidades del trueno y de la lluvia; Aktsini (o Aktsin, Aktzín) como jefe supremo de los doce Tajín; deidades de rango ku’ku’ni (mago-brujo poderoso) según la clasificación religiosa totonaca sistematizada por Ichon (1969); análogos funcionales de los mesoamericanos Tlaloc (nahua-mexica) y Chac (maya), aunque con especificidades totonacas en la iconografía, en el número doce (frente a los cuatro Tlaloques cardinales mexicas y los cuatro Chac cardinales mayas) y en la localización mítica dentro del sitio arqueológico de El Tajín; regidores del calendario agrícola totonaco centrado en el maíz, el frijol y la vainilla; asociados iconográficamente al hacha ritual, al rayo y a la serpiente-rayo del Clásico Tardío mesoamericano
Función míticaControl de las lluvias del monzón atlántico que hacen posible el ciclo agrícola del maíz totonaco (siembra en mayo, cosecha en octubre-noviembre); intervención en el mito fundacional de la vainilla, planta cuyo origen la tradición atribuye a la transformación de los príncipes Tzacopontziza (hija del rey totonaco) y Zkatan-Oxga (su amado) tras ser sacrificados por los sacerdotes del Sol; residencia mítica en el interior del sitio arqueológico de El Tajín (Papantla, Veracruz); protección del calendario ritual totonaco y de la ceremonia de los Voladores de Papantla, danza sagrada originalmente ejecutada como súplica de lluvias al jefe Aktsini; vigilancia de las cuevas del Cerro del Bandolero y de otras alturas de la Sierra Norte de Puebla en las que se depositaban ofrendas rituales durante la sequía de invierno
AtestaciónAlain Ichon, La religión de los totonacas de la sierra (Instituto Nacional Indigenista, México, 1969; ed. francesa La religion des Totonaques de la sierra, CNRS, París, 1969); Fernando Nava López (coord.), Los totonacas del Estado de Veracruz (Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, 2005); Guy Stresser-Péan, Ancient Sources on the Huasteca (Handbook of Middle American Indians vol. 11, University of Texas Press, Austin, 1971); Guy Stresser-Péan, Le Codex de Xicotepec (CIESAS / Gobierno del Estado de Puebla / FCE, México, 1995); Guy Stresser-Péan, Viaje a la Huasteca con Guy Stresser-Péan (FCE / CEMCA, México, 2008); Alfredo López Austin, Los mitos del tlacuache: caminos de la mitología mesoamericana (Alianza Editorial Mexicana, México, 1990; reed. UNAM, 1996); Jürgen K. Brüggemann et al., Tajín (Gobierno del Estado de Veracruz / Citibanamex, México, 1992); documentación de la Zona Arqueológica de El Tajín (INAH); UNESCO, Lista del Patrimonio Mundial (1992, El Tajín) y Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial (2009, Ceremonia ritual de los Voladores)
Vigencia hoyVoladores de Papantla ejecutados regularmente en Papantla (Veracruz, junto al Parque Xanath, junto al zócalo municipal y en El Tajín), Cuetzalan (Puebla, en la plaza mayor y en el santuario de Guadalupe), San Pedro Ixhuatlán, Zozocolco de Hidalgo y otros puntos de la geografía totonaca, en fechas rituales fijas y también en fechas culturales y turísticas; Escuela de Niños Voladores de Papantla fundada en 2006 y reconocida por la UNESCO como espacio de transmisión intergeneracional del ritual; ceremonia inscrita el 30 de septiembre de 2009 por la UNESCO en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad; Zona Arqueológica de El Tajín administrada por el INAH con más de 700.000 visitantes anuales antes de la pandemia (Patrimonio Mundial UNESCO desde 1992); Cumbre Tajín, festival cultural anual celebrado en el equinoccio de primavera con presencia de comunidades totonacas de Papantla y de la Sierra Norte de Puebla; vainilla (xanath) de Papantla con Denominación de Origen desde 2009 (Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial), y trabajo continuado de asociaciones de vainilleros totonacos por la conservación de la planta autóctona Vanilla planifolia

El pueblo totonaco ocupa una franja territorial de aproximadamente 25.000 km² del centro-oriente de México que va desde la costa del Golfo (Tecolutla, Nautla) hasta las estribaciones orientales de la Sierra Madre Oriental (Cuetzalan del Progreso, en Puebla). Es un territorio de contrastes ecológicos y climáticos marcados: la tierra caliente costera con temperaturas de 25 a 35 °C y régimen de lluvias tropicales; la tierra templada de las estribaciones de la Sierra Madre Oriental con humedad constante y neblinas persistentes; la tierra fría de la sierra alta con temperaturas invernales que pueden descender de los cinco grados. Este mosaico ecológico explica la enorme diversidad de la agricultura tradicional totonaca, que sostiene el maíz de temporal en la costa, la vainilla (xanath) en las zonas de sombra bajo palo mulato o cocuite en la tierra templada, y el café en la sierra alta desde mediados del siglo XIX. La lluvia, y la garantía ritual de la lluvia por medio de los doce Tajín, es el bien central del que depende el ciclo entero.

El contexto arqueológico e histórico del panteón totonaco tiene tres momentos identificables. Primero, el Clásico Tardío mesoamericano (600-900 d.C.), cuando la ciudad de El Tajín, en el actual municipio de Papantla, fue una de las capitales del centro-oriente de Mesoamérica, con más de 168 hectáreas de núcleo monumental y una arquitectura sobresaliente cuya obra emblemática es la Pirámide de los Nichos de siete cuerpos escalonados y 365 hornacinas totales. Segundo, el Posclásico (900-1519 d.C.), cuando El Tajín fue abandonado hacia el año 1150 y la hegemonía política totonaca se desplazó a Zempoala en la costa central de Veracruz, ciudad que Hernán Cortés encontró densamente poblada en junio de 1519 y cuyo cacique gordo se convirtió en su primer aliado indígena en el proceso que llevó a la caída de Tenochtitlan en 1521. Tercero, el período colonial y contemporáneo, durante el cual el pueblo totonaco conservó su lengua, sus ceremonias fundamentales y una parte sustancial de su tradición mítica en las comunidades rurales del norte de Veracruz y la sierra de Puebla, resistiendo tanto la evangelización franciscana del siglo XVI como la modernización agraria del siglo XX.

La documentación etnográfica moderna del panteón totonaco tiene en Alain Ichon a su figura decisiva. Americanista francés formado en la École Pratique des Hautes Études bajo Jacques Soustelle, Ichon (1928-2009) realizó entre 1961 y 1966 trabajo de campo en la Sierra Norte de Puebla, especialmente en Zapotitlán de Méndez y Zongozotla; su tesis se publicó en 1969 por el CNRS de París y por el Instituto Nacional Indigenista de México. La religión de los totonacas de la sierra es hasta hoy la síntesis fundamental del panteón, con el catálogo completo de los doce Tajín, sus nombres, funciones, ámbitos territoriales y relación con el ciclo agrícola. Trabajos posteriores del INAH coordinados por Fernando Nava López (2005) han renovado el corpus con datos veracruzanos de Papantla y Coyutla.

Los Doce Truenos del panteón totonaco de Papantla

El panteón totonaco documentado por Alain Ichon en La religión de los totonacas de la sierra (1969) presenta un rasgo estructural que lo distingue del resto de las tradiciones mesoamericanas del trueno: donde el sistema mexica tiene cuatro Tlaloques cardinales alrededor del Tlaloc central, y donde el sistema maya tiene cuatro Chac cardinales asociados a los colores rituales, la tradición totonaca cuenta con doce dioses del trueno, los Tajín o Tajines, agrupados como una asamblea colectiva bajo la autoridad del jefe Aktsini. Este número doce coincide con el número de meses del año solar mesoamericano de 360 días más los cinco días aciagos (365 días totales, cifra representada en los 365 nichos de la Pirámide de El Tajín), y también con las doce lunaciones que se aproximan al ciclo anual, lo que sugiere una lectura calendárica precisa del grupo divino.

Ichon documentó en Zapotitlán de Méndez y Zongozotla los nombres individuales y las funciones de los doce Tajín. Cada uno rige uno de los doce meses del calendario totonaco, dispone de región territorial propia (los cuatro puntos cardinales, los cerros sagrados de la Sierra Norte de Puebla, las cuevas rituales del Cerro del Bandolero) y controla un aspecto específico del régimen de lluvias: monzón de verano, refresco de invierno, huracán atlántico, neblina serrana. Aktsini, el jefe, reside en el interior del sitio arqueológico de El Tajín y dirige la asamblea de sus once compañeros; controla los rayos, las tormentas mayores y los ciclones periódicos sobre la costa del Golfo. Su iconografía se asocia al hacha ritual de piedra pulida —arma habitual de los seres del trueno en el imaginario mesoamericano desde el Preclásico— y a la serpiente-rayo grabada en los relieves del Juego de Pelota Sur de El Tajín.

La lógica ceremonial de los Tajín reposa en un intercambio ritual entre la comunidad totonaca y los doce dioses del trueno. La comunidad debe ofrecer periódicamente comida, bebida, tabaco y música al panteón para que este responda con lluvia oportuna, moderada y benéfica; el incumplimiento del intercambio puede producir sequía, granizo destructivo, huracán catastrófico o el rayo mortal que fulmina a personas o animales de las alturas. Los ku’ku’ni (magos-brujos, especialistas rituales de la tradición totonaca) son los mediadores principales de este intercambio: conocen los nombres individuales de los doce Tajín, los caminos rituales de acceso a las cuevas donde se depositan las ofrendas, los cantos apropiados para cada mes del calendario. Esta figura del especialista mediador es análoga funcionalmente a la del daykeeper maya k’iche’ y a la del sacerdote pluvial nahua-mexica documentado en las fuentes coloniales del siglo XVI.

El paralelo mesoamericano de los Tajín con los grandes dioses del trueno de otras tradiciones ayuda a situar la especificidad totonaca. El nahua Tlaloc mexica, gran señor del agua y del rayo, cuenta con cuatro Tlaloques cardinales asociados a los colores rojo, blanco, negro y azul, y con una serie extensa de dioses del agua y de la humedad (Chalchiuhtlicue, Opochtli, Ayauhtl). El maya Chac cuenta con cuatro Chac cardinales igualmente asociados a colores y a puntos del horizonte. El andino Illapa es un dios del rayo con función singular en el panteón inca; el aimara Tunupa es una figura errante del trueno-relámpago en el altiplano titicaca. La especificidad totonaca es el número doce y la asamblea colectiva bajo un jefe, disposición que sugiere una teología del trueno más antigua que la simplificación cardinal maya y nahua, quizá heredada del substrato mesoamericano del Preclásico.

El Tajín arqueológico y el mito de la vainilla

La ciudad arqueológica de El Tajín, situada en el municipio de Papantla a unos doce kilómetros al oeste de la cabecera municipal, fue uno de los centros político-ceremoniales mayores del centro-oriente de Mesoamérica durante el Clásico Tardío (600-900 d.C.). Con una superficie mínima documentada de 168 hectáreas y una arquitectura monumental de rasgos estilísticos propios —taludes-tableros de perfil curvo, cornisas voladas, uso sistemático de la piedra granítica local y del mortero de cal—, El Tajín albergó una población estimada entre 15.000 y 20.000 personas en su apogeo. La Pirámide de los Nichos, edificio 5 de la Plaza del Arroyo, es su obra emblemática: siete cuerpos escalonados coronados por un templo desaparecido, con un total de 365 hornacinas cuadradas correspondientes según la lectura estándar a los días del año solar mesoamericano. La ciudad fue redescubierta para la ciencia occidental por Diego Ruiz en 1785; las excavaciones sistemáticas comenzaron con José García Payón (INAH) en 1935 y continuaron con Jürgen K. Brüggemann en los años ochenta y noventa. El sitio fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1992.

El vínculo entre El Tajín arqueológico y el panteón mítico de los doce Tajín es explícito en la tradición viva de las comunidades totonacas de Papantla. Los mayores del pueblo transmiten que el jefe Aktsini reside en el interior del sitio arqueológico y que las cinco visitas fundamentales al recinto (equinoccios de primavera y otoño, solsticios de verano e invierno, tránsito cenital) deben realizarse con la ofrenda apropiada al gran señor del trueno. Los relieves del Juego de Pelota Sur, uno de los diecisiete juegos de pelota documentados en el sitio, representan escenas rituales que la iconografía comparada del Clásico Tardío interpreta como sacrificios asociados al ciclo de la lluvia; la figura del jugador decapitado y las bandas serpentinas que emergen del cuello han sido leídas por Wilkerson (1984) y Koontz (2009) como una escenificación de la lógica del intercambio ritual con los seres del trueno-rayo. El continuum entre la ciudad clásica y la religión totonaca contemporánea documentada por Ichon en la sierra en 1969 es uno de los casos mejor documentados de continuidad ritual mesoamericana.

El mito de la vainilla —planta orquidácea (Vanilla planifolia) originaria de la región de Papantla y desde el siglo XVI producto de exportación mundial— es el episodio mítico totonaco más extendido, y en él intervienen los Tajín como testigos rituales. Según la versión canónica, la princesa Tzacopontziza («estrella de la mañana» en versión libre), hija del rey Teniztli III de la ciudad totonaca de Xanath, fue consagrada al servicio ritual de la diosa Tonacayohua y por tanto vedada al matrimonio. Enamorada del príncipe Zkatan-Oxga («venado joven»), huyó con él a los cerros de la sierra. Los sacerdotes de Tonacayohua los persiguieron, los capturaron en el Cerro del Bandolero (cerca de Papantla) y los sacrificaron ritualmente cortándoles la cabeza. Del suelo empapado con la sangre de Zkatan-Oxga brotó un arbusto de palo mulato; del suelo de Tzacopontziza brotó una orquídea trepadora que abrazó al arbusto y produjo unas vainas alargadas y perfumadas: la primera vainilla, xanath en totonaco. Los doce Tajín presenciaron el prodigio y consagraron la planta al servicio ceremonial del pueblo. Este mito ha sido recogido en variantes por Ichon (1969), por Nava López (INAH 2005) y por Alfredo López Austin en Los mitos del tlacuache (Alianza Editorial Mexicana, México, 1990), obra que lo integra en el marco panamericano de los mitos mesoamericanos del origen de los cultivos.

La vainilla o xanath mantiene desde entonces un estatus ritual dentro del panteón totonaco. Es planta doblemente sagrada: por su origen mítico en el sacrificio de los príncipes y por su ligazón agrícola con el ciclo de la lluvia que controlan los Tajín. La producción tradicional se realiza en cultivos de sombra bajo palo mulato en pequeñas parcelas familiares de la región de Papantla, con polinización manual mediante pincelillo de bambú (técnica aprendida a mediados del siglo XIX del método belga de Edmond Albius) y curado de las vainas al sol y en cajas de madera durante tres a seis meses. En 2009, el mismo año de la inscripción UNESCO de los Voladores, el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial otorgó a la vainilla de Papantla la Denominación de Origen. La figura totonaca de la vainilla como planta sagrada resuena con otras tradiciones mesoamericanas de plantas culturales, como el Kokopelli del suroeste norteamericano vinculado a las semillas del maíz.

Voladores de Papantla (UNESCO 2009) y vigencia ritual contemporánea

La ceremonia ritual de los Voladores de Papantla es la manifestación viva más reconocible del panteón totonaco de los doce Tajín. Fue inscrita el 30 de septiembre de 2009 por la UNESCO en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, tras la candidatura presentada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México con el respaldo de las comunidades totonacas de Papantla, Cuetzalan y otras localidades practicantes. La ceremonia consiste en el descenso ritual de cuatro voladores desde la cúspide de un palo de treinta metros de altura, mediante cuerdas enrolladas alrededor de un carrete giratorio superior, mientras un quinto ejecutante —el caporal— permanece en la cima ejecutando la danza y la música rituales con flauta y tambor. Cada uno de los cuatro voladores da trece vueltas completas alrededor del palo antes de tocar tierra; multiplicadas las trece vueltas por los cuatro voladores dan un total de cincuenta y dos, cifra idéntica al ciclo calendárico mesoamericano de cincuenta y dos años.

La interpretación ritual tradicional, tal como la transmiten los caporales totonacos de Papantla y Cuetzalan y como la sistematizaron Ichon (1969) y Fernando Nava López (INAH 2005), asocia la ceremonia originalmente al culto del Sol y a la súplica de lluvias dirigida al jefe Aktsini y a los doce Tajín. Los cuatro voladores representan los cuatro puntos cardinales y los cuatro Tajín mayores del panteón; el caporal en la cima representa al Sol y a Aktsini como axis mundi; las trece vueltas de cada volador corresponden a los trece cielos de la teología mesoamericana; el ciclo total de cincuenta y dos remite al calendario ritual. El descenso desde el palo volador hasta el suelo escenifica la caída ritual de la lluvia desde los cielos hacia la tierra que hace posible el ciclo agrícola del maíz. El propio corte y traslado del palo volador desde la selva hasta la plaza de ceremonia constituye un ritual complejo con ofrendas al árbol, cantos rituales y prohibiciones alimenticias que se prolongan durante toda la duración del palo en pie.

La ceremonia se practica hoy con regularidad en Papantla (Veracruz, cerca del zócalo municipal, junto al Parque Xanath y en la Zona Arqueológica de El Tajín), en Cuetzalan del Progreso (Puebla, en la plaza mayor y frente al santuario de Guadalupe), en San Pedro Ixhuatlán, en Zozocolco de Hidalgo y en otras localidades totonacas; también en presentaciones culturales en la Ciudad de México, en Xalapa y en giras internacionales patrocinadas por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA, hoy Secretaría de Cultura del gobierno federal mexicano). La Escuela de Niños Voladores de Papantla, fundada en 2006 y reconocida por la UNESCO como espacio de transmisión intergeneracional, forma a los voladores del futuro; los caporales veteranos (Nicolás Reyes Domínguez, Silvestre Martínez Ortega) mantienen la memoria ritual completa incluyendo los cantos, los pasos de la danza sobre la plataforma superior y las prohibiciones que rigen el ciclo ceremonial. La UNESCO inscribió la ceremonia como muestra viva de la continuidad ritual precolombina en América.

La tensión entre vigencia ritual estricta y presentación turística es tema debatido dentro de las comunidades totonacas. La ceremonia se realiza a diario en Papantla para grupos de turistas, con duración recortada; la ejecución completa se reserva para las fechas rituales (equinoccios, fiesta patronal de Papantla del Corpus Christi, ceremonias de Cumbre Tajín en el equinoccio de primavera) y para los rituales de solicitud de lluvia en la sierra. Los caporales han reflexionado explícitamente sobre esta tensión, y la Escuela de Niños Voladores insiste en la transmisión de la lógica ritual completa incluso cuando la presentación pública sea reducida. Otras tradiciones del suroeste norteamericano, como las danzas katsinam del pueblo hopi de Arizona, han optado por vías más restrictivas frente a la exposición pública, lo que ilumina por contraste la vía totonaca de apertura ritual controlada.

Más allá del mito

Los doce Tajín del panteón totonaco, con su jefe Aktsini residente en el interior del sitio arqueológico de El Tajín, mantienen hoy la función central que las comunidades totonacas de Papantla y de la Sierra Norte de Puebla les atribuyen desde tiempos precolombinos: gobierno del régimen de lluvias, protección del ciclo agrícola del maíz, custodia mítica del origen de la vainilla (xanath) y garantía ritual del intercambio entre el pueblo y los seres del trueno. La documentación etnográfica de Alain Ichon en 1969, el trabajo posterior del INAH bajo Fernando Nava López en 2005 y las investigaciones arqueológicas de García Payón, Brüggemann y Koontz sobre El Tajín han permitido reconstruir un panteón coherente que resulta a la vez profundamente mesoamericano y específicamente totonaco. La singularidad de contar con doce dioses del trueno, y no cuatro cardinales como los mexica o mayas, sugiere una teología del trueno más antigua o más elaborada, quizá heredada del substrato mesoamericano del Preclásico o del Clásico Temprano.

La inscripción de los Voladores de Papantla por la UNESCO en 2009 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, junto a la de El Tajín en la Lista del Patrimonio Mundial en 1992 y la Denominación de Origen de la vainilla de Papantla del mismo 2009, constituyen un reconocimiento internacional sustancial de la vigencia de la tradición totonaca. Los caporales y niños voladores de la Escuela de Papantla, los productores tradicionales de vainilla de las comunidades de Papantla y Cazones, y las autoridades tradicionales de la Sierra Norte de Puebla son los depositarios contemporáneos de un sistema que, contra las presiones de la modernización agraria, del turismo y de los cambios climáticos que alteran el régimen del monzón atlántico, mantiene el intercambio ritual con los doce Tajín. Reconocer a Aktsini y a sus once compañeros su rango en la asamblea del trueno mesoamericano, junto a Tlaloc, a Chac y a los andinos Illapa y Chuquilla, es un ejercicio de restitución simbólica y de reconocimiento etnográfico a la vez.

Preguntas frecuentes

¿Quiénes son los Tajín en el panteón totonaco?

Los Tajín o Tajines (plural, «los truenos») son los doce dioses del trueno y de la lluvia del panteón totonaco, pueblo indígena del norte de Veracruz y de la Sierra Norte de Puebla (México). Regidores del calendario agrícola del maíz, del frijol y de la vainilla, tienen por jefe supremo a Aktsini, gran señor del trueno que reside en el interior del sitio arqueológico de El Tajín (Papantla, Veracruz), capital totonaca del Clásico Tardío mesoamericano (600-900 d.C.). Su corpus etnográfico central fue documentado por Alain Ichon en La religión de los totonacas de la sierra (Instituto Nacional Indigenista, México, 1969).

¿Qué es El Tajín y por qué es Patrimonio Mundial UNESCO?

El Tajín es la ciudad arqueológica totonaca del Clásico Tardío mesoamericano (600-900 d.C.) situada a doce kilómetros al oeste de Papantla, Veracruz. Con más de 168 hectáreas y una arquitectura monumental de rasgos estilísticos propios (taludes-tableros de perfil curvo, cornisas voladas), El Tajín alcanzó entre 15.000 y 20.000 habitantes. Su edificio emblemático es la Pirámide de los Nichos de siete cuerpos escalonados con 365 hornacinas correspondientes a los días del año solar. Fue inscrita por la UNESCO en la Lista del Patrimonio Mundial en 1992 y es administrada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH); recibe más de 700.000 visitantes anuales en años estables.

¿En qué consiste la ceremonia de los Voladores de Papantla?

Los Voladores de Papantla ejecutan una ceremonia ritual en la que cuatro voladores descienden desde la cúspide de un palo de treinta metros mediante cuerdas enrolladas en un carrete giratorio, mientras un quinto ejecutante (el caporal) permanece en la cima danzando y tocando flauta y tambor. Cada volador da trece vueltas alrededor del palo; multiplicadas las trece vueltas por los cuatro voladores suman cincuenta y dos, cifra idéntica al ciclo calendárico mesoamericano de cincuenta y dos años. La ceremonia estaba originalmente dedicada al Sol y a los doce Tajín como súplica de lluvias, y fue inscrita por la UNESCO en 2009 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

¿Cuál es el mito totonaco de la vainilla?

Según la tradición totonaca, la princesa Tzacopontziza, hija del rey Teniztli III de la ciudad de Xanath (región de Papantla), fue consagrada al servicio ritual de la diosa Tonacayohua y por tanto vedada al matrimonio. Enamorada del príncipe Zkatan-Oxga, huyó con él a los cerros; ambos fueron perseguidos, capturados en el Cerro del Bandolero y sacrificados por los sacerdotes. Del suelo empapado con la sangre de Zkatan-Oxga brotó un arbusto de palo mulato; del suelo de Tzacopontziza brotó una orquídea trepadora que abrazó al arbusto y produjo las primeras vainas de vainilla (xanath en totonaco, Vanilla planifolia). Los doce Tajín consagraron la planta al servicio ceremonial del pueblo; en 2009 recibió Denominación de Origen del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial.

¿Quién documentó etnográficamente el panteón totonaco?

El americanista francés Alain Ichon (1928-2009), formado en la École Pratique des Hautes Études de París bajo Jacques Soustelle, realizó entre 1961 y 1966 trabajo de campo prolongado en la Sierra Norte de Puebla, especialmente en Zapotitlán de Méndez y Zongozotla. Su tesis se publicó como La religión de los totonacas de la sierra (Instituto Nacional Indigenista, México, 1969; ed. francesa CNRS París 1969), síntesis fundamental del panteón totonaco con el catálogo completo de los doce Tajín, sus nombres, funciones y regiones territoriales. Fernando Nava López (coord.) publicó posteriormente Los totonacas del Estado de Veracruz (INAH, México, 2005), y Guy Stresser-Péan aportó los trabajos comparativos con la Huasteca vecina.

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