Para empezar. Watákame (también Watákame Tesijuari o Kákayari según la variante comunitaria) es el héroe cultural del diluvio en el corpus mítico del pueblo wixárika —exónimo huichol, término colonial cuyo abandono recomiendan las organizaciones wixáritari—. Su nombre se glosa como «el que rompe el terreno» o «el sembrador», y designa al primer agricultor del ciclo cosmogónico: hombre solitario que labraba su milpa en la sierra Madre Occidental antes de la humanidad actual y fue advertido por la abuela Nakawé del diluvio que iba a inundar el mundo. Sobrevivió en una canoa de madera de higuera con cinco granos de maíz de los cinco colores rituales (azul, blanco, rojo, amarillo y moteado), cinco granos de frijol, una calabaza y una perra negra pequeña (ijetsi tsíwime) que, tras bajar las aguas, se transformaba de noche en mujer para hacerle tortillas hasta que Watákame descubrió el secreto y quemó la piel de perra: ella lloró pero se quedó humana, y de la pareja nació el pueblo wixárika actual. El ciclo lo registró Konrad Theodor Preuss en Die Nayarit-Expedition (Teubner, Leipzig, 1912), tras la expedición al noroeste mexicano de 1905-1907, y Robert M. Zingg en The Huichols: Primitive Artists (G. E. Stechert, Nueva York, 1938). La fiesta contemporánea del Namawita Neixa («danza del maíz tierno») que las comunidades wixáritari celebran cada agosto o septiembre en Tuapurie, Wautüa y Tateikie reactualiza el ciclo del sembrador y de la abuela crecimiento.
| Origen cultural | Pueblo wixárika (autónimo, «gente»; plural wixáritari; exónimo huichol, término colonial cuyo abandono recomiendan las organizaciones wixáritari); lengua wixárika niukieya de la familia yuto-nahua, rama corachol; aproximadamente 50.000 hablantes según el censo del INEGI de 2020, asentados en la sierra Madre Occidental de México en las tres comunidades madre de Tuapurie (Santa Catarina Cuexcomatitlán), Wautüa (San Sebastián Teponahuaxtlán) y Tateikie (San Andrés Cohamiata) del norte de Jalisco, con presencia en Nayarit, Durango sur y Zacatecas; economía tradicional de agricultura de coamil (roza-tumba-quema) del maíz de los cinco colores rituales, frijol, calabaza y amaranto, complementada con caza del venado máxa y con la peregrinación anual al desierto de Wirikuta para la recolección del peyote (hikuri, Lophophora williamsii) |
|---|---|
| Tipo | Héroe cultural del ciclo del diluvio en el corpus mítico wixárika; primer agricultor y patrón del maíz de los cinco colores rituales; sobreviviente del diluvio primordial en una canoa de madera de higuera con cinco granos de maíz, cinco de frijol, una calabaza y una perra negra pequeña (ijetsi tsíwime); esposo de la perra cósmica que se transformó en mujer y padre fundacional del pueblo wixárika actual; registrado con las variantes Watákame, Watákame Tesijuari y Kákayari; motivo del diluvio con perra-mujer compartido con el ciclo panamericano de la mujer-animal (mujer-jaguar en Amazonia occidental, mujer-foca en Sedna inuit); no confundir con el venado azul Kauyumari ni con Tatewarí, el abuelo fuego |
| Función mítica | Sobrevive al diluvio primordial y da origen al pueblo wixárika actual junto con la perra cósmica reconvertida en mujer; salva las semillas de los cinco maíces rituales, del frijol y de la calabaza; institucionaliza el coamil (agricultura de roza-tumba-quema); funda el modelo doméstico y matrimonial wixárika con la pareja perra-humana convertida en pareja humana-humana; sirve, junto con la abuela Nakawé que le advirtió del diluvio, como referente mítico central de la fiesta anual del Namawita Neixa de agosto-septiembre, dedicada al maíz tierno recién cosechado |
| Atestación | Konrad Theodor Preuss, Die Nayarit-Expedition (B. G. Teubner, Leipzig, 1912), primer registro en lengua vernácula con transcripción fonética y traducción alemana, producto de la expedición al noroeste mexicano de 1905-1907; Robert M. Zingg, The Huichols: Primitive Artists (G. E. Stechert, Nueva York, 1938), fruto del trabajo de campo en Tuxpan de Bolaños entre 1934 y 1935; Robert M. Zingg, Huichol Mythology (University of Arizona Press, Tucson, edición póstuma de Jay C. Fikes, Phil C. Weigand y Acelia García de Weigand, 2004); Fernando Benítez, En la tierra mágica del peyote (Ediciones Era, México, 1968); Peter T. Furst, Rock Crystals and Peyote Dreams (University of Utah Press, Salt Lake City, 2006); Johannes Neurath, Las fiestas de la Casa Grande (INAH/Universidad de Guadalajara, 2002) y Somos como los dioses (Artes de México, 2008); Stacy B. Schaefer y Peter T. Furst (eds.), People of the Peyote (University of New Mexico Press, Albuquerque, 1996); Paul M. Liffman, Huichol Territory and the Mexican Nation (University of Arizona Press, Tucson, 2011) |
| Vigencia hoy | Figura viva en la fiesta comunitaria del Namawita Neixa («danza del maíz tierno»), celebración de finales de agosto o principios de septiembre en las comunidades wixáritari de Tuapurie, Wautüa y Tateikie del norte de Jalisco, dedicada al maíz recién cosechado y a la memoria del ciclo del diluvio; incluida en el ciclo ritual anual junto con el Hikuri Neixa (danza del peyote) y con el Tatei Neixa (danza de nuestras madres); presente en el material curricular de las escuelas bilingües wixárika niukieya-castellano de Jalisco y Nayarit; invocado como referente identitario en los pronunciamientos del Consejo Regional Wixárika y en la defensa del maíz nativo frente a variedades transgénicas, debate intensificado desde la Ley de Bioseguridad de 2005 y desde la suspensión judicial de los permisos de siembra de maíz transgénico dictada en 2013 por el juez decimosegundo de distrito en materia civil de la Ciudad de México |
Watákame es el héroe cultural del diluvio en el ciclo mítico del pueblo wixárika. Su nombre se glosa aproximadamente como «el que rompe el terreno» o «el sembrador», y designa al primer agricultor que labraba su milpa en solitario antes de la humanidad actual. El corpus lo presenta con las variantes Watákame, Watákame Tesijuari y Kákayari, según la comunidad de origen y según la escuela de transcripción del wixárika niukieya. La versión canónica del mito lo hace sobreviviente del diluvio primordial en una canoa de madera de higuera, acompañado de cinco granos de maíz de los cinco colores rituales (azul, blanco, rojo, amarillo y moteado), cinco granos de frijol, una calabaza y una perra negra pequeña (ijetsi tsíwime) que, después de bajar las aguas, se transforma de noche en mujer para hacerle tortillas hasta que él descubre el secreto y quema la piel de perra.
La advertencia del diluvio proviene de Nakawé, la abuela primordial del crecimiento vegetal y de la tierra fértil que preside el ciclo cosmogónico wixárika. En el relato central, Watákame cultiva su milpa día tras día y cada mañana encuentra la maleza y los árboles regenerados, sin que su trabajo del día anterior haya dejado rastro. Se esconde una noche para averiguar la causa y descubre que es Nakawé quien deshace su trabajo. La abuela le explica que un diluvio va a inundar el mundo y le ordena construir una canoa con las semillas y la perra que ella le indica. Cinco años dura la inundación —el número ritual wixárika por excelencia— y cinco años navega Watákame hasta que las aguas se retiran y aparece la nueva tierra.
El ciclo del diluvio con la perra-mujer pertenece a una familia panamericana de mitos donde la humanidad actual desciende de la unión entre un sobreviviente humano y un animal transformable. En la Amazonia occidental el motivo aparece con la jaguar-mujer entre pueblos jíbaro y arawak; en el Ártico circumpolar reaparece con la Sedna inuit convertida en foca. La versión wixárika del motivo fue documentada primero por Preuss (1912) y sistematizada luego por Zingg en The Huichols: Primitive Artists (1938) y en la edición póstuma Huichol Mythology (University of Arizona Press, Tucson, 2004).
El sembrador y la advertencia de Nakawé
Índice
La versión más completa del ciclo, según Preuss (1912) y Zingg (1938, 2004), se inicia con la escena de la milpa restaurada. Watákame vive solo en la sierra Madre Occidental, en tiempos anteriores a la humanidad actual, y trabaja cada día en la roza y tumba de un pequeño terreno para sembrar maíz. Al volver la mañana siguiente encuentra que la maleza cortada ha vuelto a crecer, que los árboles caídos vuelven a estar en pie y que su trabajo del día anterior no ha dejado ninguna huella. Repite la roza cinco días seguidos —el número ritual wixárika reaparece aquí— y cinco días seguidos encuentra el mismo resultado. Al sexto día decide esconderse tras un tronco y esperar. Al anochecer aparece una anciana con bastón, canta una palabra sobre los árboles caídos y estos vuelven a levantarse; canta otra sobre la maleza cortada y esta vuelve a brotar.
La anciana es Nakawé, abuela primordial del crecimiento vegetal, madre de la tierra fértil y guardiana de la fecundidad. Watákame sale de su escondite y le reclama la ruina de su trabajo. Nakawé le explica que la milpa no tiene sentido porque un diluvio va a inundar pronto el mundo. Le ordena en cambio que construya una canoa con madera de higuera, cortada con el hacha ceremonial que ella le entrega, y que introduzca cinco granos de maíz de los cinco colores rituales, cinco de frijol, una calabaza y una perra negra pequeña que ella misma le proporciona: la ijetsi tsíwime, «perrita pequeña de la abuela».
La construcción de la canoa dura cinco días. Watákame corta el árbol de higuera con la hacha ceremonial de Nakawé, vacía el tronco a golpe y talla la proa y la popa. Al quinto día, cuando la canoa está terminada, las aguas comienzan a subir desde los cuatro horizontes al mismo tiempo: del este viene el agua del desierto de Wirikuta, del oeste el agua del mar madre de Haramaratsie (San Blas, Nayarit), del norte el agua del cerro Hauxamanaka (cerro Gordo de Durango) y del sur el agua de la isla de Xapawiyeme (en el lago de Chapala). Watákame sube a la canoa con las semillas y con la perra, y Nakawé misma se sitúa en la proa como guía. Cinco años dura la inundación.
La geografía sagrada wixárika queda inscrita en este pasaje: los cuatro puntos cardinales rituales —Wirikuta, Haramaratsie, Hauxamanaka, Xapawiyeme— más el centro Tee’kata reaparecen como fuentes del diluvio. El número cinco vuelve a aparecer como principio ordenador: cinco días de milpa restaurada, cinco días de construcción de la canoa, cinco semillas de cinco colores, cinco años de navegación. Peter T. Furst analizó esta estructura pentagonal en Rock Crystals and Peyote Dreams (University of Utah Press, Salt Lake City, 2006), obra donde el ciclo de Watákame aparece como uno de los ejes del sistema clasificatorio ritual.
La perra cósmica que se transformó en mujer
El pasaje central del ciclo, según el corpus de Preuss (1912) y Zingg (1938), es el descubrimiento de la perra transformada. Después de cinco años de navegación, las aguas se retiran y la canoa toca tierra firme en el cerro Reunax+ —promontorio ceremonial en la actual comunidad de Wautüa (San Sebastián Teponahuaxtlán), Jalisco—. Watákame siembra las semillas y comienza a habitar la nueva tierra acompañado únicamente por la perra negra pequeña. Cada mañana sale a trabajar la milpa; cada tarde regresa a la choza y encuentra tortillas recién hechas sobre el comal. Repite la observación cinco días seguidos y cinco días seguidos encuentra tortillas frescas sin saber quién las prepara.
Al sexto día decide esconderse, tal como hizo antes con Nakawé. Al atardecer ve entrar a la choza a la perra negra pequeña. La perra se sacude, se desprende de su piel colgándola de un poste, y bajo la piel aparece una mujer joven que enciende el fuego, muele el maíz nixtamalizado en el metate, forma las tortillas y las cuece sobre el comal. Cuando la mujer termina, vuelve a colocarse la piel de perra y sale a recibir a Watákame como si nada hubiera pasado. La escena se repite un segundo atardecer y un tercero, hasta que Watákame comprende el secreto.
Al quinto día decide actuar. Espera a que la mujer se haya despojado de la piel de perra y esté ocupada en el metate, toma la piel del poste y la arroja al fuego de Tatewarí. La piel arde. La mujer lo descubre, llora amargamente durante cinco días —de nuevo el número ritual— pero ya no puede recuperar su forma anterior y se queda humana. De la unión entre Watákame y la mujer que fue perra nacen los cinco primeros hijos, cinco varones y cinco mujeres, que fundan las cinco comunidades madre del pueblo wixárika: Tuapurie, Wautüa, Tateikie, Waut+a de Nayarit y Tuxpan de Bolaños. El motivo del quemado de la piel del animal transformable es panamericano, y Robert M. Zingg lo comparó en Huichol Mythology (2004) con las versiones jíbaro amazónicas del jaguar-mujer y con el ciclo inuit de Sedna.
La lectura antropológica del pasaje se ha centrado en tres ejes. Zingg (1938) leyó el ciclo como mito de fundación matrimonial: instituye el modelo doméstico wixárika con la mujer humana en el metate. Fernando Benítez en En la tierra mágica del peyote (Era, México, 1968) leyó el ciclo como mito de la agricultura como pacto entre humanos y semillas. Johannes Neurath en Somos como los dioses (Artes de México, 2008) lo leyó como mito del sacrificio necesario: la perra debe perder su piel para que la humanidad actual pueda existir, y ese sacrificio se reactualiza cada año en el Namawita Neixa.
Watákame en la fiesta actual de Namawita Neixa
El Namawita Neixa («danza del maíz tierno») es la fiesta comunitaria wixárika que reactualiza cada año el ciclo del diluvio y de la fundación agrícola atribuida a Watákame. Se celebra en las comunidades de Tuapurie (Santa Catarina Cuexcomatitlán), Wautüa (San Sebastián Teponahuaxtlán), Tateikie (San Andrés Cohamiata) y en las comunidades más pequeñas de Nayarit, Durango y Zacatecas, generalmente entre finales de agosto y principios de septiembre, cuando el maíz tierno de los cinco colores rituales está recién cosechado. Es una de las tres fiestas anuales mayores del calendario wixárika, junto con el Hikuri Neixa (danza del peyote, tras el regreso de la peregrinación a Wirikuta) y con el Tatei Neixa (danza de nuestras madres, dedicada a las lluvias y a las diosas femeninas).
Johannes Neurath describió el Namawita Neixa con detalle en Las fiestas de la Casa Grande (INAH/Universidad de Guadalajara, 2002), obra basada en trabajo de campo entre 1992 y 2001 en Tuapurie y Wautüa. La fiesta se organiza alrededor del tuki (templo comunitario circular de techo cónico de zacate) y de los xiriki (adoratorios familiares). En el atrio del tuki se enciende el fuego de Tatewarí, se colocan las flechas ceremoniales y las jícaras con maíz de los cinco colores. Los marakate cantan durante cinco noches consecutivas los pasajes del ciclo del diluvio: la milpa restaurada, la advertencia de Nakawé, la construcción de la canoa, los cinco años de navegación y la perra-mujer.
La ofrenda central es el maíz tierno recién cosechado. Las mujeres wixáritari preparan tortillas de los cinco colores, tamales sin sal y atole de maíz azul; los niños que participan por primera vez reciben una pequeña jícara pintada con motivos rituales y son presentados al fuego de Tatewarí; los marakate distribuyen tabaco makuchi y peyote hikuri traído de la última peregrinación a Wirikuta. La fiesta reúne así los dos ciclos rituales mayores del corpus wixárika: el diluvio de Watákame y la peregrinación de Kauyumari, unificados en la comida colectiva bajo la presidencia de Tatewarí.
La vigencia contemporánea del ciclo ha adquirido en el siglo XXI una dimensión política vinculada al debate sobre el maíz transgénico en México. Desde la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados de 2005 y desde la suspensión judicial de los permisos de siembra de maíz transgénico dictada en 2013 por el juez decimosegundo de distrito en materia civil de la Ciudad de México (medida cautelar en el juicio 321/2013), las organizaciones wixáritari han invocado el ciclo de Watákame y de los cinco colores del maíz como fundamento cultural del rechazo a la introducción de variedades transgénicas. Paul M. Liffman documentó estas movilizaciones en Huichol Territory and the Mexican Nation (University of Arizona Press, Tucson, 2011).
Para terminar
El ciclo de Watákame registrado por Preuss (1912), sistematizado por Zingg (1938, 2004) y reexaminado por Furst (2006), Neurath (2002, 2008) y Liffman (2011) sigue estructurando la vida ritual de las comunidades wixáritari del siglo XXI. La fiesta anual del Namawita Neixa reactualiza cada agosto o septiembre los cinco pasajes del corpus: la milpa restaurada, la advertencia de la abuela Nakawé, la construcción de la canoa, los cinco años de navegación y el episodio de la perra-mujer. El maíz de los cinco colores rituales que Watákame salvó del diluvio sigue sembrándose en el sistema de coamil de Tuapurie, Wautüa y Tateikie, y sigue ofreciéndose tierno en el atrio del tuki bajo la presidencia del fuego de Tatewarí.
La defensa del maíz nativo frente a las variedades transgénicas ha vuelto al ciclo de Watákame referente identitario del pueblo wixárika ante el Estado mexicano, con presencia en los pronunciamientos del Consejo Regional Wixárika y en las alegaciones jurídicas del juicio 321/2013. La comparación regional con otros ciclos americanos de diluvio con animal-mujer —jaguar en Amazonia jíbaro, foca en Sedna inuit— sitúa el motivo dentro de una familia panamericana amplia. Recuperar el registro etnográfico preciso de Preuss y de Zingg restituye a Watákame el lugar que ocupa en el sistema ritual vivo, entre la abuela Nakawé que le advirtió del diluvio y el venado azul Kauyumari que guía la peregrinación complementaria al desierto de Wirikuta. Otras figuras del panteón —el padre sol Tayaupa y el árbol sagrado Kieri— y del panteón vecino rarámuri, con Onorúame y Sukurúame, completan el panorama del corpus de la sierra Madre Occidental.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Watákame en el corpus mítico del pueblo wixárika?
Watákame (también Watákame Tesijuari o Kákayari) es el héroe cultural del diluvio en el corpus mítico wixárika. Su nombre se glosa como «el que rompe el terreno» o «el sembrador», y designa al primer agricultor que labraba su milpa antes de la humanidad actual. Sobrevive al diluvio primordial en una canoa de madera de higuera con cinco granos de maíz de los cinco colores rituales, cinco de frijol, una calabaza y una perra negra pequeña (ijetsi tsíwime). Lo registraron Preuss en Die Nayarit-Expedition (Teubner, 1912) y Zingg en The Huichols: Primitive Artists (G. E. Stechert, 1938).
¿Cómo advierte Nakawé del diluvio a Watákame?
Watákame descubre a la abuela Nakawé cuando se esconde para averiguar quién restaura cada noche la milpa cortada durante el día. Nakawé, abuela del crecimiento vegetal, canta sobre los árboles caídos y estos vuelven a brotar. Le explica que un diluvio va a inundar el mundo y le ordena construir una canoa de higuera con cinco granos de maíz de los cinco colores rituales, cinco de frijol, una calabaza y la perra negra ijetsi tsíwime. La construcción dura cinco días, y las aguas suben desde los cuatro puntos cardinales rituales.
¿Qué ocurre con la perra que Watákame lleva en la canoa?
Tras cinco años de navegación las aguas se retiran y Watákame habita la nueva tierra con la perra negra. Cada tarde encuentra tortillas frescas sin saber quién las prepara. Se esconde y descubre que la perra se despoja de su piel y aparece una mujer joven que muele el maíz y hace las tortillas. Watákame arroja la piel al fuego de Tatewarí; la mujer llora cinco días pero se queda humana, y de la unión nacen los cinco primeros hijos que fundan las comunidades madre wixárika. Motivo panamericano compartido con Sedna inuit y con ciclos amazónicos.
¿Qué es la fiesta del Namawita Neixa y qué relación tiene con Watákame?
El Namawita Neixa («danza del maíz tierno») es la fiesta comunitaria wixárika que reactualiza cada año el ciclo del diluvio atribuido a Watákame. Se celebra en Tuapurie, Wautüa y Tateikie entre finales de agosto y principios de septiembre, cuando el maíz tierno de los cinco colores rituales está recién cosechado. Johannes Neurath la describió en Las fiestas de la Casa Grande (INAH/UdG, 2002). Los marakate cantan durante cinco noches los pasajes del ciclo; las mujeres preparan tortillas de los cinco colores, tamales y atole de maíz azul, y el fuego de Tatewarí preside la comida colectiva bajo el tuki.
¿Por qué el ciclo de Watákame es relevante en el debate contemporáneo sobre el maíz transgénico?
Desde la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados de 2005 y la suspensión judicial de los permisos de siembra de maíz transgénico dictada en 2013 por el juez decimosegundo de distrito en materia civil de la Ciudad de México (juicio 321/2013), las organizaciones wixáritari han invocado el ciclo de Watákame y los cinco colores del maíz como fundamento cultural del rechazo a las variedades transgénicas. Paul M. Liffman documentó estas movilizaciones en Huichol Territory (University of Arizona Press, Tucson, 2011), donde la defensa del maíz nativo aparece como continuidad del ciclo mítico del sembrador.


