El Anchimallén —también Anchimalén, Anchimayén o Anchimallén— es una criatura nocturna de la mitología mapuche descrita como un niño pequeño envuelto en una bola de fuego. Según la tradición, es un espíritu enviado por un kalku (brujo mapuche) para causar daño a personas concretas o a las haciendas rurales. La leyenda circula en la Araucanía chilena, la patagonia argentina, el sur de Mendoza y zonas vecinas con presencia mapuche y pehuenche.
El Anchimallén en resumen
Índice
| Tipo de figura | Espíritu mapuche servidor de brujos (kalku) |
| Zona principal | Araucanía chilena, patagonia argentina (Neuquén, Río Negro, Chubut), sur de Mendoza |
| Forma | Niño pequeño envuelto en bola de fuego o resplandor móvil |
| Función simbólica | Daño dirigido, espionaje espiritual, presagio de muerte |
| Tema dominante | Brujería mapuche, daño en la noche, advertencia rural |
| Origen probable | Cosmovisión mapuche prehispánica del sistema chamánico |
| Pueblos vinculados | Mapuche, pehuenche, ranquel; comunidades campesinas patagónicas |
| Registros etnográficos | Tomás Guevara (1908), Félix José de Augusta (1916), Rodolfo Lenz, Bertha Koessler-Ilg |
El Anchimallén
El Anchimallén es una de las figuras más reconocibles del corpus mapuche-pehuenche relacionado con la brujería y el daño espiritual. La etnografía clásica del pueblo mapuche —los trabajos del jesuita Félix José de Augusta, autor del Diccionario araucano-español (1916), del historiador Tomás Guevara, del lingüista Rodolfo Lenz y de la folclorista Bertha Koessler-Ilg— ha documentado su lugar dentro del sistema chamánico mapuche, donde el Anchimallén opera como instrumento del kalku (brujo) para enviar daño a distancia.
¿Qué es el Anchimallén?
El término Anchimallén deriva del mapudungun anchü («rayo de sol», «resplandor») y malen («niña» o «joven mujer»), con sentido aproximado de «niña resplandeciente» o «doncella de luz». La etimología es discutida en sus matices, pero todas las lecturas convergen en la asociación entre la figura, la luz y la juventud femenina. La voz convive con grafías como Anchimalén, Anchimayén, Anchimallon y Anchimollen en distintas tradiciones escritas del castellano patagónico y chileno.
En la cosmovisión mapuche prehispánica, el Anchimallén no es un demonio en sentido cristiano: es un espíritu auxiliar al servicio del kalku, generado por procedimientos rituales que utilizan los huesos de un niño no bautizado. Una vez creado, el Anchimallén obedece al brujo, espía a sus enemigos y puede causar enfermedades o desgracias a quienes este designa. Su forma visible es la de un niño pequeño envuelto en un resplandor móvil que se desplaza al ras del suelo.
Origen del mito y pueblos que lo cuentan
La creencia en el Anchimallén está documentada principalmente entre los pueblos mapuche, pehuenche y ranquel del sur argentino y chileno. Su geografía mítica se concentra en la Araucanía chilena (regiones de La Araucanía, Biobío, Los Ríos, Los Lagos), la patagonia argentina (Neuquén, Río Negro, Chubut), el sur de Mendoza y zonas pampeanas con presencia ranquel histórica.
Tomás Guevara, en sus Folklore araucano (1911) y Las últimas familias y costumbres araucanas (1913), aporta uno de los primeros registros etnográficos sistemáticos. Félix José de Augusta lo recoge en su monumental Diccionario araucano-español (1916). Rodolfo Lenz, en Estudios araucanos (1895-1897) y en sus trabajos sobre voces mapuches en el castellano chileno, documenta la entrada del término en el habla rural. Bertha Koessler-Ilg, etnóloga alemana radicada en San Martín de los Andes, recoge variantes argentinas en sus Cuentan los araucanos y Tradiciones araucanas (1962). Adolfo Colombres y Félix Coluccio incluyen la figura en sus respectivas obras de folclore argentino.
Apariencia y atributos
Las descripciones del Anchimallén coinciden en lo esencial con variantes regionales menores. Se le representa como una criatura híbrida entre niño y resplandor:
- Tamaño de niño pequeño, generalmente entre 30 cm y 1 m de altura.
- Cuerpo envuelto en una bola de fuego, llama o resplandor móvil.
- Color del resplandor: rojizo, anaranjado o azulado según las versiones.
- Movimiento al ras del suelo, con desplazamientos rápidos y silenciosos.
- Aparición preferente en horas nocturnas, cerca de rucas (viviendas mapuches), corrales y campos abiertos.
- Sonido ocasional similar al llanto de un niño o a un silbido agudo.

Comportamiento y relatos populares
El Anchimallén actúa como agente del kalku en varias funciones documentadas:
- Espionaje: el brujo lo envía a observar a personas concretas, escuchar conversaciones y reportar lo aprendido.
- Daño dirigido: causa enfermedad a quien señala el kalku, generalmente mediante el contacto con la víctima dormida.
- Robo de elementos rituales: sustrae cabellos, uñas u otros restos corporales de la víctima para el trabajo de daño.
- Protección reversible: en algunas versiones, también puede cuidar la casa o el rebaño del propio kalku que lo creó.
- Anuncio de muerte: su aparición fuera del control de un brujo se interpreta como presagio funesto para quien la ve.
La tradición indica protocolos de defensa. Si el Anchimallén se acerca a una vivienda, los habitantes deben encender el fogón con leña sagrada (foike, palo santo, ruda), arrojar sal, persignarse o invocar a las fuerzas tutelares del territorio. La machi (chamán mapuche) puede revertir el daño causado por un Anchimallén mediante ceremonias específicas: el machitún es el ritual terapéutico estándar para deshacer hechizos y restaurar el equilibrio espiritual del afectado.
Significado cultural y función simbólica
El Anchimallén cumple varias funciones documentadas. Sirve como articulador del daño espiritual dirigido: pone en escena, en clave mítica, la idea de que ciertas enfermedades y desgracias son producto del trabajo intencional de un enemigo a través de la brujería. Funciona como regulador moral: la creencia en el Anchimallén configura un código de relaciones —respeto, evitación de enemigos, cuidado en los conflictos— que opera como límite implícito a la conflictividad comunitaria. Y opera como componente del sistema chamánico mapuche: junto a las figuras de la machi, el kalku, el kultrun y la nguillatun, integra el corpus de prácticas rituales del pueblo mapuche.
La leyenda articula también el problema teológico de los niños no bautizados o muertos prematuramente, cuyos huesos —según la tradición— pueden ser utilizados para crear un Anchimallén. Esta dimensión, recogida por Augusta y Guevara, conecta el corpus mapuche con preocupaciones cristianas posteriores en torno al limbo y al destino post-mortem de los infantes.
Variantes regionales
| Región | Rasgo distintivo |
|---|---|
| Araucanía chilena | Versión central del corpus mapuche; documentada por Augusta y Guevara; integrada al sistema chamánico activo |
| Neuquén y patagonia argentina | Variantes con énfasis en la aparición nocturna en estancias; coexistencia con el Gualicho |
| Pehuenche cordillerano | Asociación con la araucaria sagrada y los rituales del pewen |
| Sur de Mendoza | Versiones con menor presencia mapuche pero conservadas en zonas con población rural histórica |
| Ranquel pampeano | Adaptaciones recogidas por Mansilla y Zeballos en el siglo XIX |
Diferencia entre Anchimallén y otras luces nocturnas
| Aspecto | Anchimallén mapuche | Luz Mala criolla |
|---|---|---|
| Origen cultural | Cosmovisión mapuche prehispánica | Folclore criollo del Cono Sur con sustrato indígena diverso |
| Naturaleza | Espíritu intencional al servicio de un brujo | Alma en pena o señal de oro enterrado |
| Forma | Bola de fuego con silueta infantil | Resplandor azulado o verdoso a baja altura |
| Causa | Creado intencionalmente por un kalku | Combustión de gases de descomposición orgánica |
| Función | Daño espiritual dirigido | Anuncio de muerte o señal de tesoro |
Qué parte es indígena, colonial y criolla
La capa indígena prehispánica es la matriz dominante del Anchimallén. La cosmovisión mapuche del sistema chamánico, con la dualidad entre machi (chamán terapéuta) y kalku (brujo de daño), pertenece al sustrato religioso anterior al contacto. La etimología en mapudungun, los procedimientos rituales y la integración al corpus de prácticas como el machitún y la nguillatun son anteriores a la conquista.
La capa colonial-cristiana aportó elementos secundarios: la asociación entre los huesos de niños no bautizados y la creación del Anchimallén integra una preocupación teológica cristiana —el destino del alma del niño sin sacramento— al corpus mapuche previo. Algunos protocolos de defensa incorporan elementos católicos (sal, persignación, oraciones), pero el núcleo sigue siendo mapuche.
La capa criolla y republicana es la responsable de la incorporación del Anchimallén al folclore patagónico general. La oralidad rural argentina y chilena adoptó la figura más allá de las comunidades mapuches, y autores como Bertha Koessler-Ilg la documentaron entre pobladores criollos de la región de los lagos.
Reflexión final
El Anchimallén permanece vivo en la oralidad mapuche y patagónica contemporánea. La práctica chamánica activa de las comunidades mapuches del sur, donde la machi sigue interviniendo en casos atribuidos a daño espiritual, mantiene el corpus dentro de su contexto cosmológico original. En el folclore criollo patagónico, la figura aparece en testimonios actuales de pobladores rurales, en la literatura del sur argentino y chileno, y en producciones audiovisuales regionales. Como mito vivo, el Anchimallén ofrece un lenguaje compartido para nombrar la idea del daño intencional invisible, el conflicto interpersonal proyectado en el plano espiritual y la persistencia del sistema chamánico mapuche en una región profundamente urbanizada.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el Anchimallén?
El Anchimallén —también Anchimalén o Anchimayén— es una criatura nocturna de la mitología mapuche descrita como un niño pequeño envuelto en una bola de fuego. En la cosmovisión mapuche-pehuenche, es un espíritu auxiliar creado por un kalku (brujo) para causar daño dirigido, espiar a enemigos o anunciar muerte. La leyenda circula en la Araucanía chilena, la patagonia argentina (Neuquén, Río Negro, Chubut), el sur de Mendoza y zonas vecinas con presencia mapuche y pehuenche.
¿De qué pueblo originario es la leyenda del Anchimallén?
El Anchimallén pertenece al corpus mítico de los pueblos mapuche y pehuenche del sur argentino y chileno. Su matriz es prehispánica y se inscribe en el sistema chamánico mapuche, donde la machi (chamán terapéuta) y el kalku (brujo) gestionan las relaciones con las fuerzas espirituales. Documentado tempranamente por Tomás Guevara en sus Folklore araucano (1911) y por Félix José de Augusta en su Diccionario araucano-español (1916). Bertha Koessler-Ilg recogió variantes argentinas en sus Cuentan los araucanos.
¿Qué significa Anchimallén?
El nombre deriva del mapudungun anchü («rayo de sol», «resplandor») y malen («niña» o «joven mujer»), con sentido aproximado de «niña resplandeciente» o «doncella de luz». Esta etimología refleja una de las características visibles más distintivas: la asociación entre la figura, la luz y la juventud. La voz convive con grafías como Anchimalén, Anchimayén, Anchimallon y Anchimollen en distintas tradiciones escritas del castellano patagónico y chileno.
¿Cuál es el origen del mito del Anchimallén?
La matriz del mito es prehispánica mapuche y se inscribe en el sistema chamánico de los pueblos del sur argentino y chileno. El Anchimallén es un espíritu auxiliar al servicio del kalku, creado mediante procedimientos rituales que utilizan los huesos de un niño no bautizado o muerto prematuramente. Su función como instrumento de daño y espionaje pertenece al corpus mapuche anterior al contacto. Tomás Guevara, Félix José de Augusta, Rodolfo Lenz y Bertha Koessler-Ilg documentan el corpus desde fines del siglo XIX al XX.
¿Cómo se defiende uno del Anchimallén?
La tradición mapuche y patagónica indica varios protocolos: encender el fogón con leña sagrada (foike, palo santo, ruda), arrojar sal alrededor de la vivienda, mantener un objeto cortante (cuchillo o tijeras) bajo la almohada, persignarse, e invocar a las fuerzas tutelares del territorio. Si el daño ya se ha producido, la reversión corresponde a la machi mediante el machitún, ceremonia ritual con cantos, sahumerio y plantas sagradas que restaura el equilibrio espiritual del afectado. La tradición criolla rural ha conservado parcialmente estas prácticas a través de la figura del curandero patagónico.





