En síntesis. Toci (también Tocih o, con el sufijo reverencial, Tocitzin, «nuestra abuela») es la deidad femenina anciana del panteón mēxihcah, pueblo náhuatl-hablante fundador de Tenochtitlán en 1325 y sometido por Hernán Cortés en 1521. En el corpus documental colonial se presenta como advocación anciana de Tlazolteotl y recibe otros nombres rituales: Teteo Innan («madre de los dioses»), Temazcalteci («abuela del temazcal») y, en ciertos contextos calendáricos, Cozcamiauh. Sus funciones documentadas cubren el ámbito de la maternidad primordial, el parto, las curanderas y parteras (ticitl), los baños rituales de vapor (tēmazcalli) y las mazorcas de maíz muy maduras. Su fiesta central era Ochpaniztli («barrimiento»), undécimo mes del calendario ritual mexica, celebrada hacia septiembre-octubre e integrada por veinte días de ceremonias de barrido, purificación agrícola y desollamiento ritual de una joven que encarnaba a la diosa. La descripción etnográfica más extensa es la de Bernardino de Sahagún en el Códice Florentino (libro II, capítulo 30, redactado hacia 1577); Diego Durán amplía en Historia de las Indias de Nueva España hacia 1581 y las lecturas modernas de referencia son Michel Graulich, Mitos y rituales del México antiguo (Istmo, Madrid, 1990) y Cecelia F. Klein en varios trabajos posteriores sobre el panteón femenino mexica. La figura de la abuela primordial tiene paralelos en el corpus americano —Nakawe huichol, Bunkua kogi, Iyerúame rarámuri— y persiste hoy en las comunidades nahuas de Puebla, Veracruz, Oaxaca y Guerrero a través de las parteras rurales (tici moderna) y de los temazcales terapéuticos que siguen invocando su nombre.
| Origen cultural | Pueblo mēxihcah (mexica, azteca), grupo náhuatl-hablante llegado a la cuenca de México desde el norte (Aztlán) entre los siglos XII y XIII, fundador de México-Tenochtitlán en 1325 sobre un islote del lago de Texcoco y cabeza de la Triple Alianza (con Texcoco y Tlacopan) desde 1428 hasta la caída de la ciudad ante Hernán Cortés el 13 de agosto de 1521; sistema social estratificado en pipiltin (nobles) y macehualtin (comunes) organizados en calpulli (unidades barriales); calendario ritual de 260 días (tonalpohualli) combinado con calendario solar de 365 días (xihuitl) en ciclo de 52 años; economía chinampera de maíz, frijol, calabaza y chile complementada con tributo del imperio; los actuales pueblos nahuas descendientes suman aproximadamente 1,7 millones de hablantes según el censo INEGI 2020, distribuidos en los estados de Puebla, Veracruz, Hidalgo, Guerrero, Estado de México, San Luis Potosí, Morelos, Tlaxcala, Oaxaca y Ciudad de México, con comunidades menores en Michoacán, Jalisco, Durango, Nayarit y en la diáspora migrante de Estados Unidos |
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| Tipo | Deidad femenina anciana del panteón mexica, advocación de Tlazolteotl en el ciclo mensual y de la generación entera de deidades madres; nombres registrados: Toci / Tocih / Tocitzin («nuestra abuela», con sufijo reverencial -tzin), Teteo Innan («madre de los dioses»), Temazcalteci («abuela del temazcal», patrona de los baños de vapor rituales), Cozcamiauh (en ciertas fuentes calendáricas); pertenece a la constelación de deidades femeninas mexicas de la generación, la muerte y la transformación que incluye a Cihuacōātl (mujer serpiente), Coatlicue, Tlazolteotl, Ilamatecuhtli («señora vieja»), Xochiquétzal y Cihuateteo, cuyas advocaciones se solapan según la fuente y el contexto ritual; comparable con la abuela primordial Nakawe del panteón huichol y con la figura panamericana de la madre-abuela cósmica |
| Función mítica | Patrona de los partos, de las parteras (ticitl), de los temazcales (tēmazcalli, baños de vapor rituales con función terapéutica y purificatoria), de las mazorcas de maíz muy maduras y del maíz almacenado; madre-abuela primordial de la generación humana y de las demás deidades; presidía la fiesta de Ochpaniztli (undécimo mes, hacia septiembre-octubre), veinte días de barrimiento ritual de casas y templos, purificación previa al inicio del ciclo agrícola siguiente y desollamiento ritual de una doncella que la encarnaba durante los ocho últimos días de la fiesta; en el orden calendárico funcionaba como advocación anciana de Tlazolteotl, cerrando el ciclo generativo que la joven diosa había abierto; recibía ofrendas de maíz maduro, escobas rituales y sacrificios humanos rigurosamente codificados según los libros II y IV del Códice Florentino; su culto tenía centro en el recinto sagrado de Tenochtitlán con un templo específico documentado por Sahagún, y satélites en las comunidades nahuas periféricas donde las ticitl mantenían su advocación en la práctica cotidiana del parto y del temazcal |
| Atestación | Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España / Códice Florentino (manuscrito redactado hacia 1577 en la Biblioteca Medicea Laurenziana de Florencia, edición Ángel María Garibay, Porrúa, México, 1956 y siguientes; edición inglesa Anderson & Dibble, School of American Research, Santa Fe, 1950-1982): libro I capítulos sobre las diosas, libro II capítulo 30 dedicado a Ochpaniztli, libro IV sobre el calendario adivinatorio, libro VI sobre retórica y filosofía moral; Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme (~1581, edición Ángel María Garibay, Porrúa, México, 1967); Códice Magliabecchi (Florencia, Biblioteca Nazionale Centrale, ~1566, edición facsimilar Zelia Nuttall 1903 y facsímil ADEVA Graz 1970); Códice Borbónico (París, Bibliothèque de l’Assemblée Nationale, ADEVA Graz 1974); Códice Telleriano-Remensis y Códice Vaticano A 3738 con iconografía complementaria; Alfredo López Austin, Cuerpo humano e ideología: las concepciones de los antiguos nahuas (UNAM, México, 1980, dos volúmenes) y Los mitos del tlacuache (Alianza Editorial Mexicana, México, 1990); Miguel León-Portilla, La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes (UNAM, México, 1956); Michel Graulich, Mitos y rituales del México antiguo (Istmo, Madrid, 1990); Cecelia F. Klein, «The Devil and the Skirt» (Ancient Mesoamerica 11, 2000); Elizabeth Hill Boone, Cycles of Time and Meaning in the Mexican Books of Fate (University of Texas Press, Austin, 2007); Sylvia Marcos, Taken from the Lips (Brill, Leiden, 2006) |
| Vigencia hoy | Figura viva en la práctica ritual de las ticitl (parteras) de las comunidades nahuas rurales de Puebla (Sierra Norte, Cuetzalan, Zacapoaxtla), Veracruz (Zongolica, Huasteca veracruzana), Hidalgo (Huasteca hidalguense), Guerrero (Alto Balsas, Costa Chica), San Luis Potosí (Huasteca potosina) y Morelos, donde el parto en casa asistido por partera conserva invocaciones a la abuela y ofrendas de flores, copal y velas al inicio de la labor; presente en la práctica contemporánea del tēmazcalli (temazcal terapéutico) recuperada por comunidades nahuas, por movimientos indígenas urbanos y por la medicina tradicional reconocida por la Ley General de Salud mexicana (art. 6 y art. 93 en la reforma de 2006); mencionada en el corpus de canto ritual documentado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia y por el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas; presente en el arte contemporáneo mexicano desde el muralismo (Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros) y en la literatura náhuatl actual de autores como Natalio Hernández, Juan Hernández Ramírez y Yolanda Matías; presente en el vocabulario ritual de las mayordomías católico-nahuas sincréticas donde la figura de la Virgen de Guadalupe absorbe elementos de la abuela primordial precristiana |
El corpus documental sobre Toci y sobre la fiesta de Ochpaniztli se abre en la segunda mitad del siglo XVI con la obra etnográfica franciscana. La primera fuente sistemática es Bernardino de Sahagún (Sahagún, Reino de León, 1499 – Ciudad de México, 1590), franciscano español llegado a la Nueva España en 1529, ocho años después de la caída de Tenochtitlán, y establecido durante décadas en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco donde formó una generación de estudiantes indígenas trilingües (náhuatl, castellano, latín). Sahagún dirigió durante más de treinta años (~1547-1585) la recopilación de testimonios de ancianos mēxihcah supervivientes del ciclo precortesiano, transcritos en náhuatl clásico por sus estudiantes indígenas y luego glosados en castellano. El resultado, la Historia general de las cosas de Nueva España, se conserva principalmente en el manuscrito bilingüe conocido como Códice Florentino, redactado hacia 1577 y hoy depositado en la Biblioteca Medicea Laurenziana de Florencia. El libro II, capítulo 30, está íntegramente dedicado a la fiesta de Ochpaniztli y ofrece el retrato etnográfico más detallado de Toci que sobrevive en el corpus colonial.
La segunda fuente sistemática es Diego Durán (Sevilla, ~1537 – Ciudad de México, 1588), fraile dominico llegado a la Nueva España en la infancia y educado con el náhuatl como segunda lengua materna. Durán redactó entre 1570 y 1581 la Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme, con un capítulo específico sobre el culto femenino mexica y sobre la fiesta de Ochpaniztli. Su testimonio complementa a Sahagún y aporta detalles rituales que la obra franciscana omite, especialmente sobre la escenografía del desollamiento ritual y sobre la vestimenta sacerdotal. La tercera fuente etnográfica es la iconografía de los códices supervivientes: el Códice Magliabecchi (Florencia, hacia 1566), el Códice Borbónico (París, del período de contacto temprano), el Códice Telleriano-Remensis y el Códice Vaticano A 3738 (Ríos), que preservan representaciones de Toci y de las fiestas del ciclo femenino con anotaciones glósicas en náhuatl y en italiano o español.
La lectura moderna del corpus se organiza en cuatro obras de referencia. Alfredo López Austin (Ciudad Juárez, 1936 – Ciudad de México, 2021), historiador y antropólogo del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, publicó Cuerpo humano e ideología: las concepciones de los antiguos nahuas (UNAM, 1980, dos volúmenes), obra que reconstruye el sistema mexica del cuerpo, del alma y de las deidades corporales, con atención sostenida al ciclo femenino Cihuacóatl-Coatlicue-Tlazolteotl-Toci. Miguel León-Portilla había publicado antes La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes (UNAM, 1956), obra pionera de la lectura filosófica del corpus náhuatl. Michel Graulich, belga formado en la Universidad Libre de Bruselas y especialista en el calendario ritual mexica, publicó Mitos y rituales del México antiguo (Istmo, Madrid, 1990) con un capítulo detallado sobre Ochpaniztli y sobre el conjunto del ciclo femenino. Cecelia F. Klein, historiadora del arte de la Universidad de California en Los Ángeles, ha publicado desde los años 1980 varios trabajos sobre el panteón femenino mexica, especialmente el ensayo «The Devil and the Skirt» en Ancient Mesoamerica 11 (2000), que trata el conjunto Cihuateteo-Tzitzimimeh y las advocaciones ancianas.
La abuela primordial del panteón mexica
Índice
El sistema religioso mēxihcah documentado por Sahagún y Durán organiza a las deidades femeninas en una constelación de figuras conectadas por advocaciones, funciones rituales solapadas y presencias calendáricas coordinadas. La lista básica incluye a Cihuacōātl («mujer serpiente»), a Coatlicue («la de la falda de serpientes», madre de Huitzilopochtli), a Tlazolteotl («diosa de la inmundicia», vinculada al parto, a la confesión y al perdón sexual), a Ilamatecuhtli («señora vieja»), a Xochiquétzal («flor preciosa», diosa joven de la belleza y de las flores) y a las Cihuateteo (las mujeres muertas en parto divinizadas). Dentro de este conjunto, Toci ocupa el lugar de la abuela primordial: es la advocación anciana, la fase final del ciclo generativo, la madre de las demás madres. La designación reverencial Tocih o Tocitzin («nuestra abuela») registra el trato ritual que las comunidades mēxihcah le dispensaban en las oraciones y en los discursos ceremoniales conservados en el libro VI del Códice Florentino.
Los otros nombres registrados amplían el rango funcional de la figura. Teteo Innan significa «madre de los dioses» y designa la posición de Toci como generadora primordial del panteón entero, título que la coloca por encima incluso de Coatlicue en la genealogía cósmica. Temazcalteci significa «abuela del temazcal» y remite a la advocación específica de patrona de los baños de vapor rituales (tēmazcalli). El temazcal era un edificio bajo, semienterrado, con paredes de piedra o adobe y una pequeña puerta, en cuyo interior se producía vapor arrojando agua sobre piedras calentadas al rojo; los usuarios entraban desnudos y salían tras un ciclo terapéutico y purificatorio. La partera (ticitl) tenía a su cargo el temazcal ritual de la mujer embarazada antes del parto y de la parturienta después del alumbramiento, y en cada uso invocaba a Temazcalteci como patrona del edificio y del proceso. Sahagún describe estos usos en el libro VI del Códice Florentino, en los huehuetlatolli o «palabras de los ancianos» que recogen la retórica ritual mexica del parto y del recién nacido.
La relación entre Toci y Tlazolteotl es un caso ejemplar del principio mexica de las advocaciones múltiples. En el ciclo lunar mensual, Tlazolteotl se presenta bajo cuatro figuras que corresponden a cuatro fases del ciclo generativo: la joven, la madura, la anciana y la muerta-devoradora. La fase anciana es Toci. En el ciclo anual, la misma correspondencia opera: la fase primaveral del calendario agrícola se rige por las diosas jóvenes (Xochiquétzal, la Xilonen del maíz tierno), la fase estival por las diosas maduras (Chicomecoatl del maíz maduro), y la fase de otoño y cosecha por Toci, cuya fiesta de Ochpaniztli cae precisamente en el paso de la temporada de lluvias a la temporada seca. López Austin (1980, vol. I, capítulos IV y V) reconstruye este sistema de advocaciones ordenadas por el ciclo agrícola-lunar, y Graulich (1990, capítulo 8) lo aplica al análisis específico de Ochpaniztli.
El culto de Toci tenía centro ritual en Tenochtitlán, en el recinto sagrado, con un templo específico documentado por Sahagún y por el Códice Florentino. La ubicación exacta del templo no ha sido identificada con seguridad por la arqueología posterior de la Zona Arqueológica del Templo Mayor —dirigida por Eduardo Matos Moctezuma desde 1978 y por Leonardo López Luján desde 1991—, aunque los materiales exhumados en las ofrendas del Templo Mayor incluyen figurillas femeninas, escobas rituales miniatura y restos vegetales que remiten al ciclo de las diosas madres. En las provincias del imperio mexica, el culto de Toci se replicaba en templos menores adjuntos a los recintos principales, y la fiesta de Ochpaniztli se celebraba en cada comunidad con variantes locales de la ceremonia central. La provincia de Chalco, al sudeste del lago de Texcoco, conservaba una fiesta especialmente elaborada según el testimonio de Durán, quien la observó en sus viajes por la región en los años 1560 y 1570.
Ochpaniztli: la fiesta del barrido y del desollamiento según Sahagún
La fiesta central de Toci era Ochpaniztli, undécimo mes del calendario solar mexica de dieciocho meses de veinte días más los cinco días sobrantes (nemontemi) que sumaban 365. El nombre deriva de la raíz ochpana («barrer») y se traduce habitualmente como «barrimiento» o «fiesta del barrer». Caía hacia el final de la temporada de lluvias en la cuenca de México, entre los últimos días de agosto y los primeros de septiembre según la correlación calendárica de Alfonso Caso —reconstruida en Los calendarios prehispánicos (UNAM, 1967)— y modificada por Michel Graulich en Ritos aztecas: las fiestas de las veintenas (INI, 1999). El sentido agrícola del mes era doble: se cerraba el ciclo de las lluvias y del maíz maduro, y se abría la temporada seca y de las cosechas siguientes. El barrido ritual servía de puente entre las dos temporadas: limpiaba las casas, los templos y los caminos de la suciedad acumulada durante los meses de lluvia y disponía el orden social y ritual para el ciclo entrante.
Sahagún describe en el Códice Florentino libro II capítulo 30 la secuencia ritual de los veinte días. Los primeros ocho días eran de silencio y de preparación: los sacerdotes ayunaban, se abstenían de trato sexual y sacaban a la joven que había sido escogida para representar a Toci durante el resto de la fiesta. La joven era seleccionada entre las hijas de familias tributarias del calpulli de Coatlan u otro calpulli designado, tenía edad casadera y físico correspondiente al canon estético mexica de la salud femenina. Durante los ocho días de silencio se le enseñaba a caminar y a comportarse como la diosa, se le vestía con las prendas rituales del panteón femenino —camisa blanca con adornos rojos, falda con motivos lunares, sandalias adornadas, tocado de plumas de xochiquétzal— y se le adiestraba en los gestos y en los cantos que ejecutaría los días finales. Se le prohibía llorar, y las mujeres de su casa disimulaban ante ella el destino final del rito.
Los días finales concentraban las acciones rituales. La joven encarnada como Toci era conducida en procesión por el recinto sagrado de Tenochtitlán, entre danzas de mujeres del calpulli y cantos de las sacerdotisas del templo. La procesión pasaba por los mercados —el mercado principal era Tlatelolco, adjunto a Tenochtitlán— y por los templos satélite. En la noche penúltima, la joven era llevada al templo de Toci en el recinto sagrado. Allí se cumplía el rito central: la joven era sacrificada por decapitación, según la descripción de Sahagún, y desollada. La piel entera era retirada del cuerpo con procedimiento ritual codificado, y un sacerdote experimentado se la vestía sobre su propio cuerpo, quedando como encarnación viva de Toci para los ritos del día siguiente. Durán amplía este detalle: describe la máscara facial hecha con la piel de los muslos de la doncella y las manos de la joven colgadas del atuendo del sacerdote. El paralelo con el desollamiento ritual masculino de Xipe Tótec («nuestro señor el desollado», patrón de los orfebres y del renacimiento primaveral) es explícito en el corpus.
El sacerdote-Toci, revestido de la piel de la doncella, presidía el día final de la fiesta. Recibía las ofrendas del maíz maduro traídas por las familias de cada calpulli, bendecía las escobas rituales que se distribuirían para el barrido de las casas y de los templos durante el año siguiente, y ejecutaba una serie de danzas cuyo detalle Sahagún describe con precisión etnográfica. En la última acción del día, el sacerdote-Toci era conducido en procesión hasta el cerro de Tepēxoch («flor del cerro»), en las afueras de la ciudad, donde se despojaba de la piel ritual y la depositaba en un santuario específico. Con este gesto se cerraba el ciclo de Ochpaniztli, se disponía a la sociedad mexica para el mes siguiente y se marcaba el paso al período agrícola de las cosechas. Michel Graulich (1990, capítulo 8) analiza esta secuencia como un rito de renovación cósmica, comparable a otros ritos de paso estacional documentados en Mesoamérica y en el corpus americano en general.
Continuidad ritual en las parteras nahuas contemporáneas
El culto público de Toci —los templos, los sacrificios rituales, el calendario oficial de Ochpaniztli— se extinguió con la caída de Tenochtitlán en 1521 y con la evangelización franciscana y dominica del siglo XVI. Los templos fueron demolidos, las ceremonias públicas prohibidas, las imágenes rituales destruidas. Sin embargo, la práctica femenina cotidiana del parto y del temazcal, menos visible para las autoridades coloniales que las ceremonias del recinto sagrado, mantuvo elementos rituales continuos con el culto precortesiano. Las ticitl (parteras) siguieron ejerciendo su oficio en las comunidades nahuas rurales, y los temazcales domésticos continuaron en uso terapéutico y purificatorio. En estos ámbitos, la advocación de Toci como abuela primordial y como Temazcalteci se preservó con niveles variables de sincretismo con la Virgen María, especialmente con la Virgen de Guadalupe cuya aparición en el Tepeyac en 1531 fue interpretada por algunas comunidades como continuación de la abuela primordial precristiana en el mismo lugar.
La práctica contemporánea de las parteras nahuas está documentada por antropólogas mexicanas y estadounidenses desde los años 1970. La obra de referencia es la de Sylvia Marcos, Taken from the Lips: Gender and Eros in Mesoamerican Religions (Brill, Leiden, 2006), síntesis de tres décadas de trabajo de campo en Morelos, Puebla y Guerrero sobre la práctica ritual femenina de las comunidades nahuas. Marcos documenta las invocaciones al inicio del trabajo de parto, las ofrendas de flores, copal y velas depositadas en el altar doméstico durante la labor, los cantos de la partera durante el alumbramiento y los ritos del post-parto que incluyen el temazcal terapéutico de la madre. En muchos de estos actos, el nombre explícito de Toci ha sido reemplazado por advocaciones marianas o por referencias genéricas a la abuela; en algunos casos, especialmente en la Sierra Norte de Puebla y en la Huasteca veracruzana, el nombre náhuatl sobrevive en fórmulas rituales conservadas por las parteras más ancianas.
La medicina tradicional mexicana reconocida por la Ley General de Salud (art. 6 y art. 93 en la reforma de 2006) incluye la práctica de las parteras y el uso del temazcal terapéutico entre las modalidades protegidas por el sistema legal. La Secretaría de Salud mexicana coordina desde 2001 el programa de vinculación entre parteras tradicionales y sistema de salud institucional, con presencia especialmente activa en los estados de Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Veracruz, Puebla y Yucatán. En las comunidades nahuas de estos estados, las parteras reconocidas oficialmente combinan la formación técnica en atención obstétrica básica con la práctica ritual heredada del ciclo precortesiano. El vínculo simbólico con Toci como abuela primordial se mantiene en muchas de estas prácticas, aun cuando las mujeres involucradas se identifican como católicas y usan el vocabulario mariano para nombrar la ayuda espiritual que reciben durante el parto.
El temazcal contemporáneo ha experimentado una recuperación desde los años 1980 en dos direcciones. Por una parte, en las comunidades nahuas rurales donde nunca dejó de usarse, se ha ampliado su reconocimiento institucional y su integración con la medicina alopática. Por otra parte, en las ciudades mexicanas y en la diáspora nahua urbana, el temazcal ha sido recuperado por movimientos indígenas de reivindicación cultural y por movimientos de espiritualidad neomexicana que lo practican con niveles variables de fidelidad al referente ritual precortesiano. En estos ámbitos, la figura de Temazcalteci como patrona del baño de vapor ha regresado al vocabulario ritual, en algunos casos con precisión etnográfica y en otros como referencia general a la abuela cósmica. Comparativamente, la figura de la abuela primordial tiene paralelos americanos con Nakawe del panteón huichol, con Bunkua del panteón kogi de la Sierra Nevada de Santa Marta y con la Pachamama andina en su faceta de madre-abuela de la tierra.
Lo que permanece
Toci sobrevive hoy en dos planos que la etnografía distingue con claridad. En el plano documental, el corpus colonial de Sahagún (~1577), Durán (~1581) y los códices Magliabecchi, Borbónico, Telleriano-Remensis y Vaticano A permite reconstruir con razonable detalle la figura precortesiana, su ubicación en el panteón mexica, su relación con Tlazolteotl, y el desarrollo ritual de Ochpaniztli. Las obras modernas de López Austin (1980), León-Portilla (1956), Graulich (1990) y Klein (2000, y trabajos posteriores) han refinado la lectura del corpus y establecido el marco interpretativo actual. En el plano de la práctica viva, las ticitl de las comunidades nahuas rurales mantienen invocaciones a la abuela en el parto y en el temazcal, con niveles variables de sincretismo mariano y de reconocimiento explícito del referente precortesiano. Los aproximadamente 1,7 millones de hablantes de náhuatl del censo INEGI 2020 son la base social de esta continuidad.
La comparación con las abuelas primordiales de otros panteones americanos —Nakawe huichol, Bunkua kogi, la Pachamama andina en su faceta anciana— muestra que Toci pertenece a una familia americana de figuras femeninas ancianas patronas del parto, del maíz maduro y de la casa. La versión mexica es la mejor documentada por la doble circunstancia de la sofisticación etnográfica de Sahagún y de la temprana redacción colonial. Otras figuras equiparables del corpus mexica ya publicadas en esta serie de leyendas incluyen a Tlazolteotl, cuya juventud abre el ciclo que Toci cierra; a Coatlicue, madre de Huitzilopochtli en la variante mítica de fundación mexica; y a Coyolxauhqui, hija de Coatlicue y hermana rival de Huitzilopochtli. Junto con ellas y con las próximas Chicomecoatl, Xilonen y Tzitzimimeh, Toci integra el ciclo femenino que era pilar del año ritual de Tenochtitlán.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Toci en el panteón mexica?
Toci («nuestra abuela», también Tocih o Tocitzin con sufijo reverencial) es la deidad femenina anciana del panteón mexica documentada por Bernardino de Sahagún en el Códice Florentino hacia 1577 y por Diego Durán en su Historia hacia 1581. Se presenta como advocación anciana de Tlazolteotl y recibe otros nombres rituales: Teteo Innan («madre de los dioses») y Temazcalteci («abuela del temazcal»). Sus funciones documentadas incluyen la maternidad primordial, el parto, la partería (ticitl), los baños rituales de vapor (temazcalli) y las mazorcas de maíz maduro. Su fiesta central era Ochpaniztli, undécimo mes del calendario solar mexica, celebrada hacia septiembre-octubre con veinte días de barrido ritual, purificación agrícola y desollamiento de una doncella que la encarnaba.
¿Qué es la fiesta de Ochpaniztli según Sahagún?
Ochpaniztli («barrimiento», de la raíz náhuatl ochpana = barrer) era el undécimo mes del calendario solar mexica de dieciocho meses de veinte días. Bernardino de Sahagún dedicó el capítulo 30 del libro II del Códice Florentino (hacia 1577) a su descripción etnográfica detallada. Los primeros ocho días eran de preparación silenciosa; los días finales concentraban la procesión de una doncella que encarnaba a Toci durante ocho días, su sacrificio ritual por decapitación en el templo de Toci del recinto sagrado de Tenochtitlán, el desollamiento ritual de su piel, la investidura de un sacerdote con esa piel como encarnación viva de Toci, y el barrido ritual de casas y templos para preparar el ciclo agrícola siguiente. Diego Durán amplió la descripción hacia 1581.
¿Qué relación tiene Toci con Tlazolteotl y con Teteo Innan?
Toci se presenta en el corpus colonial como advocación anciana de Tlazolteotl en el ciclo generativo mensual de las cuatro fases (joven, madura, anciana, muerta) que Tlazolteotl asume. También recibe el título Teteo Innan («madre de los dioses»), designación que la coloca por encima de otras diosas madres en la genealogía cósmica mexica. La constelación entera de deidades femeninas mexicas —Cihuacóatl, Coatlicue, Tlazolteotl, Toci, Ilamatecuhtli, Xochiquétzal, Cihuateteo— presenta advocaciones solapadas según la fuente y el contexto ritual. Alfredo López Austin en Cuerpo humano e ideología (UNAM, 1980) y Michel Graulich en Mitos y rituales del México antiguo (Istmo, Madrid, 1990) son las lecturas modernas de referencia sobre este sistema de advocaciones.
¿Qué es el temazcal y qué papel cumplía Toci en él?
El temazcal (náhuatl temazcalli) es un baño ritual de vapor, edificio bajo semienterrado con paredes de piedra o adobe y una pequeña puerta, en cuyo interior se produce vapor arrojando agua sobre piedras calentadas al rojo. Los usuarios entran desnudos y salen tras un ciclo terapéutico y purificatorio. Toci en su advocación de Temazcalteci («abuela del temazcal») era la patrona del edificio y del proceso; las parteras (ticitl) invocaban su nombre antes del temazcal ritual de la mujer embarazada y de la parturienta post-parto. Sahagún describe estos usos en el libro VI del Códice Florentino con los huehuetlatolli o «palabras de los ancianos». El temazcal contemporáneo se conserva en las comunidades nahuas rurales y ha sido recuperado desde los años 1980 por movimientos indígenas urbanos y por la medicina tradicional reconocida por la Ley General de Salud mexicana.
¿Qué presencia tiene Toci en las comunidades nahuas contemporáneas?
Los aproximadamente 1,7 millones de hablantes de náhuatl del censo INEGI 2020 mantienen la advocación de Toci como abuela primordial en dos ámbitos principales: la práctica de las parteras (ticitl) rurales, con presencia especialmente activa en la Sierra Norte de Puebla, en la Huasteca veracruzana e hidalguense, en el Alto Balsas de Guerrero y en la Huasteca potosina; y la práctica del temazcal terapéutico como medicina tradicional reconocida por la Secretaría de Salud desde 2001. En muchos casos el nombre de Toci ha sido reemplazado por advocaciones marianas (especialmente la Virgen de Guadalupe) o por referencias genéricas a la abuela; en las comunidades más conservadoras el nombre náhuatl sobrevive en fórmulas rituales. Sylvia Marcos documenta estas continuidades en Taken from the Lips (Brill, Leiden, 2006), síntesis de tres décadas de trabajo de campo etnográfico en Morelos, Puebla y Guerrero.





