Wanadi, el creador supremo del panteón ye’kwana del Watunna

En breve. Wanadi es el dios creador supremo del panteón ye’kwana, cuyo nombre significa aproximadamente ‘el que dice’ o ‘el que hace’ y remite al poder generador de la palabra que trae al ser lo nombrado. Su registro sistemático procede de Marc de Civrieux, Watunna: mitología makiritare (Monte Ávila Editores, Caracas, 1970; edición inglesa Watunna: An Orinoco Creation Cycle, North Point Press, San Francisco, 1980, editada por David M. Guss), corpus mítico recopilado entre 1950 y 1970 con el informante principal Barné Yavarí, sabio ye’kwana del alto Cunucunuma. Wanadi se manifiesta en tres avatares sucesivos: Seruhe Ianadi (creador del primer sol y de la humanidad inicial), Nadeiumadi (que introdujo la muerte al mundo al intentar resucitar a su madre) y Attawanadi (el tercero y actual, que retornó al Kahuña o mundo superior tras enseñar las artes fundamentales). Su adversario perpetuo es su gemelo Kaajushawa. El culto pervive en el canto ceremonial ademi y en la cestería ritual estudiada por David M. Guss en To Weave and Sing (University of California Press, Berkeley, 1989).

Origen culturalPueblo ye’kwana, autónimo So’to (‘gente’), también llamado makiritare (exónimo de origen arawak); lengua de la familia karibe; asentamientos principales en el estado Amazonas y el estado Bolívar de Venezuela, con comunidades transfronterizas en el estado de Roraima (Brasil); población estimada en unas 10.000 personas; residencia en casas comunales circulares (atta) de planta cónica que albergan varios grupos familiares; economía de conucos itinerantes de yuca amarga, complementada con pesca de río y caza selvática
TipoDios creador supremo del panteón ye’kwana; deidad primordial vinculada al poder generador de la palabra; señor del Kahuña (mundo celeste superior); figura que se manifiesta en tres avatares sucesivos según el Watunna: Seruhe Ianadi, Nadeiumadi y Attawanadi; adversario perpetuo de su gemelo malvado Kaajushawa
Función míticaCreador del cielo, la tierra, la primera humanidad, los ríos y los animales; introductor de las artes fundamentales entre los So’to (el conuco de yuca amarga, la elaboración del casabe, la cestería ceremonial); enseñante del canto ademi mediante el cual los huhai (chamanes ye’kwana) siguen mediando con el mundo espiritual; garante del orden cósmico frente a las fuerzas destructivas de Kaajushawa y de sus emisarios odosha
AtestaciónMarc de Civrieux, Watunna: mitología makiritare (Monte Ávila Editores, Caracas, 1970); edición inglesa Watunna: An Orinoco Creation Cycle (North Point Press, San Francisco, 1980, editada por David M. Guss); Nelly Arvelo-Jiménez, Political Relations in a Tribal Society: A Study of the Ye’cuana Indians of Venezuela (Cornell University Press, Ithaca, 1971); David M. Guss, To Weave and Sing: Art, Symbol, and Narrative in the South American Rain Forest (University of California Press, Berkeley, 1989); Walter E. Roth, An Inquiry into the Animism and Folk-lore of the Guiana Indians (30th Annual Report of the Bureau of American Ethnology, Washington, 1908-1909)
Vigencia hoyInvocación en el canto ademi durante los rituales comunales del atta, ceremonias transmitidas por los huhai en comunidades ye’kwana del alto Ventuari, el Cunucunuma y el Padamo (estado Amazonas), del alto Caura y el alto Erebato (estado Bolívar), y del alto Uraricoera (Roraima, Brasil); presencia iconográfica de los emblemas de Wanadi en la cestería ceremonial (el motivo waja tomennato y otros patrones documentados por Guss 1989); enseñanza del corpus del Watunna en las escuelas interculturales bilingües del Amazonas venezolano desde la década de 1990

Wanadi encabeza el panteón ye’kwana como creador supremo. Su nombre, en la lengua karibe del pueblo So’to (autónimo, ‘gente’), se traduce aproximadamente por ‘el que dice’ o ‘el que hace’, y remite al poder generador de la palabra que trae al ser lo nombrado. El corpus mítico donde su figura queda registrada sistemáticamente por primera vez es el Watunna, recopilado por el etnólogo francés Marc de Civrieux entre 1950 y 1970 con el informante principal Barné Yavarí, sabio ye’kwana del alto Cunucunuma. La primera edición completa apareció en Caracas en 1970 bajo el sello de Monte Ávila Editores; la versión inglesa, editada por el antropólogo estadounidense David M. Guss, la publicó North Point Press en 1980 como Watunna: An Orinoco Creation Cycle.

El Watunna presenta a Wanadi como una figura divina que se manifiesta en tres avatares sucesivos, cada uno responsable de una fase de la creación. El primer Wanadi, Seruhe Ianadi, hizo el sol y la humanidad inicial, y murió en circunstancias vinculadas al principio del deterioro cósmico. El segundo, Nadeiumadi, trató de resucitar a su madre y con ese gesto introdujo involuntariamente la muerte en el mundo. El tercero, Attawanadi, es el Wanadi actual, que enseñó a los So’to las artes básicas del conuco, del casabe y de la cestería, y después regresó al Kahuña, el cielo superior donde reside sin manifestarse ya directamente entre los seres humanos.

La contraparte necesaria de Wanadi es Kaajushawa, su gemelo adversario. La oposición entre ambos hermanos organiza todo el corpus del Watunna: cada acto creador de Wanadi encuentra un sabotaje simétrico por parte de Kaajushawa, y la humanidad So’to queda instalada en el intersticio de esa lucha permanente. Los huhai (chamanes ye’kwana) siguen invocando a Wanadi como fuente de la palabra creadora en el canto ceremonial ademi, mientras las mujeres del atta reproducen sus emblemas en la cestería ritual documentada por David M. Guss en To Weave and Sing (University of California Press, Berkeley, 1989).

Los tres avatares de Wanadi según el Watunna

El Watunna recopilado por Civrieux (1970) distingue tres avatares sucesivos de Wanadi, cada uno con nombre propio y misión creadora. El primero, Seruhe Ianadi, desciende del Kahuña al inicio del tiempo mítico y crea el primer sol, la primera tierra y la primera humanidad. Aún no existen la enfermedad ni la muerte; los seres primordiales viven en un estado de plenitud. La caída de este primer orden coincide con la aparición del gemelo Kaajushawa, que roba el sol y arruina la creación inaugural. Seruhe Ianadi muere y regresa al mundo superior, cerrando la primera época.

El segundo avatar, Nadeiumadi, protagoniza el episodio central del Watunna: el origen de la muerte. Cuando su madre fallece, Nadeiumadi intenta resucitarla siguiendo el procedimiento correcto, pero Kaajushawa interviene y sabotea el ritual. La consecuencia queda fijada como principio: desde ese momento, la muerte es irreversible en el mundo de los seres humanos. Civrieux (1970) subraya que el episodio no atribuye a Wanadi la introducción intencional de la muerte; la localiza en el fallo del gesto ritual causado por el gemelo adversario. La muerte aparece así como un accidente cósmico, no como un designio.

El tercer avatar, Attawanadi, es el Wanadi que enseñó a los So’to lo que hoy constituye la base de su vida material y ceremonial: el cultivo de la yuca amarga en el conuco itinerante, la elaboración del casabe mediante el rallador y la prensa de fibra vegetal, la cestería ceremonial y el canto ademi que los huhai ejecutan en los rituales del atta. Terminada esta labor pedagógica, Attawanadi retornó al Kahuña. Desde entonces, según el Watunna, Wanadi no vuelve a manifestarse en la tierra en forma directa: los So’to acceden a su presencia por mediación del huhai y por el ejercicio de las artes que enseñó el tercer avatar.

La estructura triádica de los avatares organiza el tiempo mítico ye’kwana en tres épocas sucesivas: la del primer sol (Seruhe Ianadi, plenitud arruinada por Kaajushawa), la del origen de la muerte (Nadeiumadi, la irreversibilidad instalada) y la actual (Attawanadi, el mundo ordenado tras el retorno del creador al cielo). Barné Yavarí, informante principal de Civrieux, transmitió la secuencia como una sola narración continua, sin ruptura entre los avatares. El Watunna se prolonga después con los ciclos de los héroes culturales, entre ellos el episodio de los gemelos Iureke y Shikiémona, sobrinos de Wanadi que continúan la enseñanza de las artes rituales entre los So’to.

Wanadi frente a Kaajushawa: la lucha primordial

La oposición entre Wanadi y su gemelo Kaajushawa organiza el eje dramático del Watunna. Cada avatar del creador se enfrenta a una intervención destructiva del hermano adversario: Seruhe Ianadi ve arruinado su primer sol, Nadeiumadi ve saboteado el rito de resurrección de su madre, y Attawanadi debe enseñar las artes básicas justamente porque Kaajushawa ha instalado la muerte, la enfermedad y el hambre como condiciones permanentes del mundo terrestre. Civrieux (1970) considera esta polaridad el rasgo estructural más distintivo del corpus ye’kwana frente a las mitologías karibe vecinas.

El Watunna localiza a Kaajushawa en Motohuima, el mundo intermedio que separa la tierra habitada del Kahuña superior. Desde ese emplazamiento, el gemelo malvado envía a sus emisarios, los odosha, espíritus que causan las enfermedades, los sueños perturbadores y las desgracias imprevistas. Wanadi permanece en el Kahuña, más allá del alcance directo de Kaajushawa, pero deja a los So’to el canto ademi y las artes rituales como herramientas para negociar con las fuerzas del gemelo. El huhai es el especialista encargado de esa negociación cotidiana.

La figura del gemelo adversario del creador es un motivo recurrente en las mitologías amerindias. Entre los mexicas, Xolotl acompaña y contradice a Quetzalcóatl; entre los mayas del Popol Vuh, Vucub Caquix se opone al orden solar establecido por los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué; entre los karib de la Guayana registrados por Walter E. Roth en An Inquiry into the Animism and Folk-lore of the Guiana Indians (Bureau of American Ethnology, Washington, 1908-1909), la dualidad creador-adversario aparece con nombres distintos pero función paralela. Los ye’kwana inscriben este patrón compartido en la particularidad de su Watunna, donde Kaajushawa recibe una individualidad narrativa y una localización cosmológica precisas.

El desenlace de la lucha primordial queda abierto en el Watunna. Wanadi no derrota definitivamente a Kaajushawa: la humanidad queda instalada en el intervalo entre ambos poderes, y esa condición explica que la vida cotidiana ye’kwana esté atravesada por rituales de protección, curación y contra-hechicería administrados por el huhai. Nelly Arvelo-Jiménez, en Political Relations in a Tribal Society: A Study of the Ye’cuana Indians of Venezuela (Cornell University Press, Ithaca, 1971), documentó cómo esta lucha mítica se traduce en la organización social del atta, con los huhai ocupando una posición de autoridad ritual paralela a la de los jefes seculares.

Wanadi en la cestería y el canto ademi contemporáneo

El culto a Wanadi no se manifiesta en templos monumentales ni en imágenes portátiles, sino en dos vehículos rituales cotidianos: el canto ademi y la cestería ceremonial. David M. Guss dedicó más de una década de trabajo de campo entre los ye’kwana del alto Cunucunuma para reconstruir el sistema iconográfico de esta cestería. Su obra To Weave and Sing: Art, Symbol, and Narrative in the South American Rain Forest (University of California Press, Berkeley, 1989) sigue siendo la referencia central sobre el tema y complementa el trabajo textual de Civrieux con un análisis del soporte material del corpus mítico.

Los cestos ceremoniales ye’kwana reproducen los emblemas de Wanadi en patrones tejidos con fibra vegetal teñida. El motivo waja tomennato, uno de los más recurrentes, remite a la mirada del creador desde el Kahuña; otros motivos evocan a los animales primordiales enseñados por Attawanadi. Guss (1989) documentó que las mujeres tejedoras del atta reciben los patrones por transmisión oral de sus madres y abuelas, y que la ejecución técnica del cesto es indisociable del recuerdo del episodio del Watunna al que remite el motivo. El acto de tejer es, por tanto, un ejercicio narrativo y ritual a la vez.

El canto ademi es el segundo vehículo del culto. Ejecutado por el huhai durante los rituales del atta —ciclos de curación, iniciación de jóvenes, funerales—, el ademi actualiza la palabra creadora de Wanadi mediante fórmulas transmitidas oralmente. La estructura del canto sigue el orden del Watunna: comienza con la evocación del Kahuña, prosigue con el descenso de los avatares sucesivos y termina con la enseñanza de las artes por Attawanadi. Los huhai formados en el alto Cunucunuma y el alto Ventuari conservan repertorios extensos que Civrieux (1970) documentó parcialmente en su recopilación con Barné Yavarí.

La transmisión intergeneracional del corpus queda registrada etnográficamente en las últimas cuatro décadas. Desde la década de 1990, las escuelas interculturales bilingües del Amazonas venezolano incorporan el Watunna al currículo educativo ye’kwana en versión bilingüe karibe-castellano. La cestería ceremonial sigue produciéndose en comunidades del alto Ventuari, del Cunucunuma y del Padamo (estado Amazonas), y del alto Caura y del alto Erebato (estado Bolívar). Comunidades ye’kwana del alto Uraricoera, en Roraima (Brasil), mantienen también la práctica del ademi según el registro etnográfico posterior a Civrieux y Guss.

Más allá del mito

Wanadi permanece como pieza central del orden ritual ye’kwana en el siglo XXI. La figura del creador supremo del Watunna, atestiguada sistemáticamente por Marc de Civrieux (1970), analizada en su función política y ritual por Nelly Arvelo-Jiménez (1971) y estudiada en su expresión material por David M. Guss (1989), sigue invocada en el canto ademi de los huhai y reproducida en los patrones de la cestería ceremonial del atta. La equivalencia funcional con otros creadores primordiales americanos —Wiracocha en los Andes centrales, Kukulkán entre los mayas yucatecos, Makunaima entre los pemones vecinos del sur venezolano y de la Guayana— lo inscribe dentro de un patrón compartido de deidades demiúrgicas del continente, cada una en la tradición propia de su pueblo.

Recuperar el registro etnográfico preciso restituye a Wanadi el lugar que ocupa dentro del panteón ye’kwana: creador supremo, señor del Kahuña, enseñante de las artes que sostienen la vida material y ritual del pueblo So’to. La continuidad del culto en las comunidades del Amazonas y Bolívar venezolanos, y su presencia en las escuelas bilingües y en la cestería contemporánea, confirman una tradición documentada sistemáticamente desde mediados del siglo XX.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Wanadi en el panteón ye’kwana?

Wanadi es el dios creador supremo del panteón ye’kwana, pueblo karibe del Amazonas y Bolívar venezolanos (autónimo So’to, ‘gente’; exónimo makiritare). Su nombre significa aproximadamente ‘el que dice’ o ‘el que hace’, y remite al poder generador de la palabra que trae al ser lo nombrado. El corpus mítico donde queda registrado sistemáticamente es el Watunna, recopilado por el etnólogo francés Marc de Civrieux entre 1950 y 1970 con el informante principal Barné Yavarí y publicado por Monte Ávila Editores en Caracas en 1970. Wanadi reside en el Kahuña, el mundo celeste superior.

¿Qué son los tres avatares de Wanadi según el Watunna?

Tres manifestaciones sucesivas de Wanadi, cada una responsable de una fase de la creación según el Watunna de Civrieux (1970). Seruhe Ianadi hizo el primer sol y la humanidad inicial, y su obra fue arruinada por el gemelo adversario Kaajushawa. Nadeiumadi intentó resucitar a su madre y en ese gesto fallido se instaló accidentalmente la muerte irreversible en el mundo. Attawanadi enseñó a los So’to el cultivo de la yuca amarga, la elaboración del casabe, la cestería ceremonial y el canto ademi, y después regresó al Kahuña. La estructura triádica organiza el tiempo mítico ye’kwana en tres épocas sucesivas.

¿Quién es Kaajushawa y cuál es su relación con Wanadi?

Kaajushawa es el gemelo adversario primordial de Wanadi, origen del mal, del hambre, de la enfermedad y de la muerte según el Watunna. Habita en Motohuima, el mundo intermedio que separa la tierra habitada del Kahuña superior. Desde ese emplazamiento envía a sus emisarios, los odosha, espíritus que causan enfermedades, sueños perturbadores y desgracias imprevistas. Su intervención en el episodio del segundo avatar (Nadeiumadi) instaló la muerte como condición irreversible del mundo terrestre. La lucha entre ambos gemelos organiza el eje dramático del corpus mítico ye’kwana y explica el papel del huhai como negociador especializado con las fuerzas de Kaajushawa.

¿Dónde se documentó por primera vez el corpus mítico del Watunna?

En Watunna: mitología makiritare (Monte Ávila Editores, Caracas, 1970), corpus recopilado por el etnólogo francés Marc de Civrieux entre 1950 y 1970 con el informante principal Barné Yavarí, sabio ye’kwana del alto Cunucunuma. La versión inglesa fue publicada en 1980 por North Point Press bajo el título Watunna: An Orinoco Creation Cycle, editada por el antropólogo David M. Guss. Referencias fragmentarias anteriores a Civrieux aparecen en Walter E. Roth, An Inquiry into the Animism and Folk-lore of the Guiana Indians (30th Annual Report of the Bureau of American Ethnology, Washington, 1908-1909), sobre pueblos karib de la Guayana.

¿Sigue vigente el culto a Wanadi en el siglo XXI?

Sí. Los huhai (chamanes ye’kwana) siguen ejecutando el canto ademi en los rituales del atta (casa comunal circular) de comunidades del alto Ventuari, el Cunucunuma y el Padamo en el estado Amazonas venezolano, del alto Caura y el alto Erebato en el estado Bolívar, y del alto Uraricoera en Roraima (Brasil). Las mujeres del atta reproducen los emblemas de Wanadi en la cestería ceremonial estudiada por David M. Guss en To Weave and Sing (University of California Press, Berkeley, 1989). Desde la década de 1990, el Watunna se enseña en las escuelas interculturales bilingües del Amazonas venezolano en versión karibe-castellano.

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