En breve. Estsanatlehi (grafía diné Asdzáá Nádleehé, ‘la mujer que se transforma’) es la figura femenina más importante del panteón Diyin Diné’e (‘los seres sagrados’) del pueblo navajo. Su corpus mítico central quedó registrado por Washington Matthews en Navaho Legends (Houghton Mifflin, Boston, 1897), sistematizado por Gladys A. Reichard en Navaho Religion: A Study of Symbolism (Pantheon Books, New York, 1950, 2 vols.) y reordenado como narración continua por Paul G. Zolbrod en Diné bahaneʼ: The Navajo Creation Story (University of New Mexico Press, Albuquerque, 1984). Estsanatlehi encarna el ciclo vital estacional: joven en primavera, madura en verano, anciana en otoño, muere en invierno y renace joven al inicio del ciclo siguiente. Es madre de los héroes gemelos Nayenezgani (Matador de Monstruos) y Tobadzischini (Nacido del Agua), engendrados con el Sol Jóhonaaʼéí y con el agua respectivamente. La ceremonia Kinaaldá, iniciación femenina en la menarquia que reproduce el mito de Estsanatlehi, sigue siendo hoy el rito más ampliamente practicado en el calendario ceremonial diné y congrega anualmente a miles de niñas navajo en Arizona, Nuevo México y Utah.
| Origen cultural | Pueblo Diné (autónimo, ‘el pueblo’), llamado navajo por los cronistas españoles del siglo XVII a partir de un préstamo del tewa nava’huu (‘tierra cultivada’); lengua atabascana meridional de la familia dené-atabascana, resultado de una migración sur desde el subártico canadiense hacia el suroeste norteamericano en torno a los siglos XIV-XV; aproximadamente 400.000 personas censadas en las reservas y en la diáspora, la nación indígena más numerosa de Estados Unidos; territorio Diné Bikéyah (Tierra Navajo, ~71.000 km²) que se extiende por Arizona, Nuevo México y Utah y constituye la mayor reserva del país; vivienda tradicional el hogan (construcción circular de troncos y tierra, con la puerta orientada al este) |
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| Tipo | Deidad femenina primordial del panteón Diyin Diné’e (‘los seres sagrados’); Mujer Cambiante (traducción inglesa Changing Woman, autoglotónimo Asdzáá Nádleehé, ‘la mujer que se transforma’); figura que se rejuvenece cíclicamente al ritmo de las cuatro estaciones; madre de los héroes gemelos Nayenezgani (Matador de Monstruos) y Tobadzischini (Nacido del Agua); hermana mayor de Yolkai Estsan (Mujer de Concha Blanca) |
| Función mítica | Encarnación del ciclo vital estacional y del principio de renovación permanente; creadora de los primeros cuatro clanes diné a partir de la piel desprendida de sus propios hombros y muslos; patrona de la fertilidad femenina, del cuidado maternal, del crecimiento vegetal, del maíz y de la lluvia; figura central de la ceremonia Kinaaldá (iniciación femenina en la menarquia); presencia iconográfica en las pinturas de arena (iikááh) del ciclo Blessingway (Hózhóójí, ‘camino de belleza’) |
| Atestación | Washington Matthews, Navaho Legends (Houghton Mifflin, Boston, 1897); Washington Matthews, The Night Chant, a Navaho Ceremony (American Museum of Natural History, New York, 1902); Gladys A. Reichard, Navaho Religion: A Study of Symbolism (Pantheon Books, New York, 1950, 2 vols.); Berard Haile, Origin Legend of the Navaho Enemy Way (Yale University Press, New Haven, 1938); Paul G. Zolbrod, Diné bahaneʼ: The Navajo Creation Story (University of New Mexico Press, Albuquerque, 1984); Trudy Griffin-Pierce, Earth Is My Mother, Sky Is My Father: Space, Time, and Astronomy in Navajo Sandpainting (University of New Mexico Press, Albuquerque, 1992) |
| Vigencia hoy | La ceremonia Kinaaldá se sigue celebrando en toda la Nación Navajo (Arizona, Nuevo México, Utah) y reúne cada año a miles de niñas diné en el rito de paso de la menarquia; el ciclo Blessingway (Hózhóójí) en el que Estsanatlehi es figura central sigue ejecutándose bajo dirección de los hataałii (cantores ceremoniales navajos); presencia en las pinturas de arena (iikááh) del calendario ceremonial contemporáneo; enseñanza del corpus mítico en el Diné College de Tsaile (Arizona), fundado en 1968 como Navajo Community College y considerado la primera universidad tribal de Estados Unidos |
El pueblo Diné, llamado navajo por los cronistas españoles del siglo XVII, ocupa el sector norte de la meseta del Suroeste norteamericano. Los diné llegaron a esta región desde el subártico canadiense hace aproximadamente seis o siete siglos, en una migración que la lingüística histórica ha reconstruido a partir del parentesco cercano de su lengua con las lenguas atabascanas del Yukón y de la Columbia Británica. En la nueva tierra, encontraron ya asentados a los pueblos pueblo (hopi, zuni, keres, tewa, tiwa) con quienes intercambiaron técnicas agrícolas, patrones de tejido y elementos rituales. Hoy los diné suman unas 400.000 personas y ocupan la mayor reserva de Estados Unidos, Diné Bikéyah, un territorio de unos 71.000 km² a caballo entre Arizona, Nuevo México y Utah.
El panteón navajo se llama Diyin Diné’e, ‘los seres sagrados’ o ‘el pueblo santo’. Reúne un conjunto amplio de figuras primordiales entre las que destacan el Primer Hombre y la Primera Mujer, el Sol Jóhonaaʼéí, la Luna, los cuatro seres del cardinal, la Mujer Araña, los héroes gemelos y la propia Estsanatlehi. El principio ético central que ordena la relación entre los diné y estos seres es Hózhó, término habitualmente traducido como ‘belleza’, ‘armonía’ o ‘equilibrio’, y presente en el saludo cotidiano yá’át’ééh (‘está en hózhó‘). Toda ceremonia navajo tiene como finalidad última restaurar el hózhó quebrado por la enfermedad, por la muerte, por la guerra o por el contacto con lo impuro. El pueblo Bilagáana (blanco no-navajo) queda por definición fuera de este orden ceremonial.
Dentro de este orden ceremonial, Estsanatlehi ocupa la posición más alta entre las figuras femeninas. El corpus mítico donde su historia queda registrada sistemáticamente por primera vez es Navaho Legends, publicado por el médico militar y etnólogo estadounidense Washington Matthews en Boston en 1897 tras casi dos décadas de trabajo de campo entre los diné del Fort Wingate (Nuevo México). Matthews recopiló las narraciones directamente de los hataałii (cantores ceremoniales) mediante intérprete diné-inglés, en particular de un cantor llamado Tall Chanter del cañón de Chelly. Casi un siglo después, el filólogo Paul G. Zolbrod reordenó todos los ciclos dispersos —los de Matthews, los de Berard Haile, los de Aileen O’Bryan— en una narración continua publicada como Diné bahaneʼ: The Navajo Creation Story (University of New Mexico Press, 1984), hoy el texto de referencia académica sobre el corpus.
La Mujer Cambiante y el ciclo de las estaciones
Índice
El episodio del descubrimiento de Estsanatlehi abre uno de los ciclos centrales del Diné bahaneʼ. Cuando los diné acababan de emerger al Cuarto Mundo tras el diluvio y las migraciones por los tres mundos inferiores, el Primer Hombre (Áłtsé Hastiin) y la Primera Mujer (Áłtsé Asdzą́ą́) escucharon el llanto de una recién nacida en la cima de la montaña Ch’óol’į́’í (Gobernador Knob, Nuevo México). Al subir, encontraron a la niña envuelta en una nube blanca, iluminada por un arco iris. Matthews (1897) transmite la variante recogida entre los cantores del Fort Wingate: la criatura había sido engendrada por el Cielo y la Tierra, y estaba destinada a convertirse en la madre del pueblo. El Primer Hombre y la Primera Mujer la llevaron a su hogan y la criaron como hija propia.
La crianza de Estsanatlehi ocurrió en doce días, uno por cada mes lunar. Cada día la niña creció lo equivalente a un año humano completo. Al cuarto día ya caminaba; al séptimo hablaba con fluidez; al doceavo era una mujer madura preparada para el rito de la menarquia. Los Diyin Diné’e celebraron entonces la primera Kinaaldá, la ceremonia de iniciación femenina que desde entonces reproducirán todas las niñas navajo en el momento de su primera menstruación. Reichard (1950) documenta el episodio con detalle a partir de las variantes recopiladas por Matthews y por Berard Haile: el rito duraba cuatro noches, incluía el moldeado del cuerpo de la iniciada por una mujer mayor y culminaba con el reparto de un gran pastel de maíz cocido bajo tierra durante toda la noche.
El rasgo más distintivo de Estsanatlehi —el que le da su nombre— es su capacidad de rejuvenecerse cíclicamente. En primavera es una joven de belleza radiante; en verano, una mujer madura fecunda; en otoño, una anciana curvada por el peso de los años; en invierno, muere y su cuerpo se disuelve. Al primer signo del deshielo siguiente, reaparece de nuevo joven en la cima de la misma montaña, y el ciclo se reinicia. Zolbrod (1984) subraya que este movimiento es literal y no simbólico dentro del corpus diné: Estsanatlehi es la estación, y la estación es Estsanatlehi. La analogía con figuras estacionales grecolatinas o mediterráneas puede iluminar al lector externo, pero no forma parte del sistema interno de las categorías diné.
La consecuencia del ciclo de Estsanatlehi para el tiempo diné es una ontología del retorno: el tiempo no avanza en línea recta hacia un final, sino que se pliega sobre sí mismo estación tras estación. Trudy Griffin-Pierce, en Earth Is My Mother, Sky Is My Father: Space, Time, and Astronomy in Navajo Sandpainting (University of New Mexico Press, 1992), estudió cómo esta temporalidad cíclica queda inscrita en las pinturas de arena (iikááh) del ciclo Blessingway, donde Estsanatlehi aparece en el centro de composiciones cuadripartitas orientadas a los cuatro cardinales y a los cuatro colores rituales (blanco al este, azul al sur, amarillo al oeste, negro al norte). La figura femenina primordial que aparece en el imaginario del Suroeste vecino comparte con Estsanatlehi el rasgo de la fecundidad renovable, aunque cada tradición la modela con detalles propios.
Madre de los héroes gemelos: la genealogía sagrada navajo
Después de su primera Kinaaldá, Estsanatlehi engendró a los héroes gemelos que salvarían al pueblo diné de los monstruos que asolaban la Tierra. Matthews (1897) recoge el episodio en dos secuencias sucesivas. En la primera, Estsanatlehi se recostó sobre una roca plana orientada al este, expuesta a los rayos del Sol Jóhonaaʼéí; el Sol descendió sobre ella y así fue concebido el mayor de los gemelos, Nayenezgani (Naayééʼ Neizghání, ‘el que mata a los monstruos’). En la segunda, Estsanatlehi se sumergió en un manantial y el agua penetró en ella; de esa unión nació el menor, Tobadzischini (Tóbájíshchíní, ‘nacido del agua’). Ambos gemelos crecieron en pocos días, según el mismo ritmo acelerado con que había crecido su madre.
La misión de los gemelos era limpiar la Tierra de los naayééʼ, los monstruos que devoraban a los diné y que impedían el asentamiento del pueblo en el Cuarto Mundo. Entre ellos figuraban el Gran Antílope Devorador (Déélgééd), el Ave Monstruo (Tsé Nináhálééh), las Rocas que se Cierran, los Cañaverales Cortantes, los Cactus Vivientes y el Gigante Ojo-a-Media-Frente. Para poder derrotarlos, los gemelos viajaron a la casa de su padre el Sol en el cielo del este, donde recibieron flechas de rayo, armaduras de pedernal y cantos protectores. La historia completa del viaje y de la lucha se narra en el ciclo dedicado a Nayenezgani, que ocupa el eje épico del Diné bahaneʼ.
El patrón de los héroes gemelos hijos de una madre primordial y de un padre solar tiene paralelos en muchas mitologías americanas. Entre los mayas k’iche’ del Popol Vuh, los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué descienden al inframundo de Xibalbá para derrotar a los señores de la muerte, en una historia estructuralmente análoga a la de los gemelos navajos. Entre los pueblos zuni, hopi y tewa del Suroeste vecino se documentan también parejas de héroes fundadores con misiones similares. Reichard (1950) fue una de las primeras etnógrafas en señalar el parentesco del ciclo diné con estos otros ciclos, sin postular filiaciones directas: cada tradición ha desarrollado el patrón con detalles propios ajustados a su territorio y a su historia.
Otro elemento característico de la figura de Estsanatlehi es su relación con su hermana menor Yolkai Estsan, Mujer de Concha Blanca. Algunas variantes del corpus diné las presentan como hermanas gemelas, otras como aspectos duales de una misma deidad. Yolkai Estsan se asocia al color blanco (el este, el amanecer, la concha marina), mientras que Estsanatlehi se asocia al color azul (el sur, la turquesa, el mediodía). En las pinturas de arena documentadas por Griffin-Pierce (1992), las dos hermanas aparecen enfrentadas en el eje este-oeste como polaridades complementarias del principio femenino. En la práctica ceremonial contemporánea, la Kinaaldá puede invocar a una o a la otra según la variante regional, y algunos cantores del Cañón de Chelly integran las dos figuras en una sola invocación ritual.
La ceremonia Kinaaldá y la vigencia contemporánea del culto
La Kinaaldá es la ceremonia navajo que reproduce el mito de Estsanatlehi en la vida de cada niña diné al llegar a la menarquia. Se celebra durante cuatro noches consecutivas en el hogan familiar de la iniciada, bajo la dirección de un hataałii (cantor ceremonial) y con la participación de todas las mujeres del linaje. La iniciada se convierte durante esos cuatro días en la propia Estsanatlehi: viste ropa ceremonial, se pinta el rostro con arcilla blanca (dleesh), corre hacia el este al amanecer de cada uno de los cuatro días para reunirse simbólicamente con el Sol, y recibe el moldeado corporal por parte de una mujer mayor de reputación intachable, elegida por la familia como modelo del carácter que se desea para la joven.
El moldeado (áshłééh, literalmente ‘la hago’) es el gesto ritual central de la Kinaaldá. La mujer mayor pasa las manos sobre el cuerpo de la iniciada de la cabeza a los pies mientras recita fórmulas de bendición: desea para ella belleza, fuerza, fecundidad, salud, larga vida. Se entiende que en ese momento el cuerpo de la joven es maleable como lo fue el de Estsanatlehi en su propia iniciación primordial, y que las cualidades transmitidas por el moldeado quedarán fijadas para el resto de su vida adulta. La carrera al este al amanecer, extendiéndose un poco más cada día, marca a la vez la asunción del ciclo estacional y la expansión progresiva de la fuerza vital de la iniciada.
La tercera noche se cuece el ałkaan, un gran pastel de maíz de dos o tres metros de diámetro, elaborado por las mujeres del linaje con harina de maíz blanco y azul mezclada con agua y cocido durante toda la noche en un horno excavado en el suelo del hogan y forrado con hojas de maíz. El pastel es ofrecido a los Diyin Diné’e y luego repartido entre todos los asistentes al amanecer del cuarto día. La cocción del ałkaan es al mismo tiempo una ofrenda ritual y un acto de reciprocidad social: la familia de la iniciada reconoce con él la ayuda material y ceremonial recibida de la red de parentesco extensa, que a su vez sella con el pastel su compromiso con el crecimiento de la nueva mujer.
La Kinaaldá sigue siendo hoy la ceremonia más ampliamente practicada del calendario ritual diné, celebrada en toda la Nación Navajo con miles de iniciaciones anuales, y con presencia también en las comunidades de la diáspora urbana (Phoenix, Albuquerque, Los Ángeles, Denver). Los estudios contemporáneos de Griffin-Pierce (1992) y de investigadoras diné como Jennifer Nez Denetdale han documentado la resistencia y la actualización del rito frente al asalto de las escuelas internas (boarding schools) de los siglos XIX y XX que trataron de suprimirlo. El Diné College, fundado en 1968 en Tsaile (Arizona) como primera universidad tribal de Estados Unidos, integra el corpus mítico de Estsanatlehi en su currículo de estudios diné como parte del principio pedagógico Sá’ah Naagháí Bik’eh Hózhóón (‘vejez larga en el camino de hózhó‘).
Para terminar
Estsanatlehi es la figura del panteón Diyin Diné’e alrededor de la cual gira la reproducción biológica y ceremonial del pueblo diné. Su historia, atestiguada desde Matthews (1897), sistematizada por Reichard (1950), reordenada por Zolbrod (1984) y estudiada en su expresión iconográfica por Griffin-Pierce (1992), sigue viva en la Kinaaldá que cada año celebra a miles de niñas navajo en su primera menstruación. El principio de renovación cíclica que ella encarna —la muerte y el renacimiento estacional de la fecundidad— sostiene el orden temporal diné y la lógica de las ceremonias del Blessingway.
Junto a los ciclos de los héroes gemelos Nayenezgani y Tobadzischini, la figura de Estsanatlehi completa la genealogía sagrada del corpus mítico navajo. Otras figuras del imaginario diné, como el skinwalker (yee naaldlooshii) del contexto de la hechicería, ocupan lugares muy distintos del panteón: Estsanatlehi pertenece al orden luminoso de los Diyin Diné’e, mientras que aquellas otras figuras habitan zonas de contaminación ritual que las ceremonias del Blessingway están precisamente destinadas a limpiar. Recuperar el registro etnográfico preciso restituye a Estsanatlehi el lugar central que ocupa en la vida ritual contemporánea del pueblo diné.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Estsanatlehi en el panteón navajo?
Estsanatlehi, cuya grafía diné es Asdzáá Nádleehé (‘la mujer que se transforma’), es la figura femenina más importante del panteón navajo Diyin Diné’e (‘los seres sagrados’). Encarna el ciclo vital y las cuatro estaciones: joven en primavera, madura en verano, anciana en otoño, muere en invierno y renace joven al inicio del ciclo siguiente. Es madre de los héroes gemelos Nayenezgani (Matador de Monstruos) y Tobadzischini (Nacido del Agua), engendrados con el Sol Jóhonaaʼéí y con el agua respectivamente. Su corpus mítico fue registrado por Washington Matthews en Navaho Legends (Houghton Mifflin, Boston, 1897).
¿Cómo aparece Estsanatlehi en el ciclo mítico diné?
Según Diné bahaneʼ: The Navajo Creation Story (University of New Mexico Press, 1984) de Paul G. Zolbrod, tras la emergencia al Cuarto Mundo el Primer Hombre y la Primera Mujer escucharon el llanto de una recién nacida en la cima de la montaña Ch’óol’į́’í (Gobernador Knob, Nuevo México). Al subir, la encontraron envuelta en una nube blanca e iluminada por un arco iris. La recogieron y la criaron; la niña creció en doce días, uno por cada mes lunar, hasta convertirse en una mujer madura preparada para la primera Kinaaldá, la ceremonia de iniciación femenina que desde entonces reproducen todas las niñas navajo.
¿Qué es la ceremonia Kinaaldá y qué relación tiene con Estsanatlehi?
La Kinaaldá es la ceremonia navajo de iniciación femenina en la menarquia. Se celebra durante cuatro noches consecutivas en el hogan familiar de la iniciada bajo la dirección de un hataałii (cantor ceremonial). La joven se convierte durante ese tiempo en la propia Estsanatlehi: se pinta el rostro con arcilla blanca, corre hacia el este al amanecer y recibe el moldeado corporal (áshłééh) por parte de una mujer mayor. La tercera noche se cuece el ałkaan, un gran pastel de maíz de dos o tres metros de diámetro, que se reparte al amanecer del cuarto día. Es la ceremonia navajo más ampliamente practicada hoy y congrega anualmente a miles de niñas diné en Arizona, Nuevo México y Utah.
¿Quién documentó por primera vez la figura de Estsanatlehi?
Washington Matthews, médico militar y etnólogo estadounidense, en Navaho Legends (Houghton Mifflin, Boston, 1897), corpus recopilado entre 1880 y 1894 con los hataałii del Fort Wingate (Nuevo México), en particular con un cantor llamado Tall Chanter del Cañón de Chelly. Matthews completó su documentación en The Night Chant, a Navaho Ceremony (American Museum of Natural History, New York, 1902). Gladys A. Reichard sistematizó posteriormente el corpus en Navaho Religion: A Study of Symbolism (Pantheon Books, New York, 1950, 2 vols.), y Paul G. Zolbrod lo reordenó como narración continua en Diné bahaneʼ: The Navajo Creation Story (University of New Mexico Press, 1984).
¿Qué relación tiene Estsanatlehi con los héroes gemelos navajos?
Estsanatlehi es la madre de los héroes gemelos Nayenezgani (Naayééʼ Neizghání, ‘el que mata a los monstruos’) y Tobadzischini (Tóbájíshchíní, ‘nacido del agua’). El primero fue engendrado con el Sol Jóhonaaʼéí cuando ella se recostó sobre una roca orientada al este; el segundo fue engendrado con el agua cuando ella se sumergió en un manantial. Los gemelos crecieron rápidamente y viajaron a la casa de su padre el Sol para recibir armas: flechas de rayo, armaduras de pedernal, cantos protectores. Con esas armas derrotaron a los naayééʼ (monstruos) que devoraban a los diné, permitiendo así el asentamiento del pueblo en el Cuarto Mundo. Su ciclo se compara estructuralmente con el de Hunahpú e Ixbalanqué del Popol Vuh maya.



