Ma’ii, el Coyote trickster del panteón navajo Diyin Diné’e

En breve. Ma’ii (grafía diné estándar; también Mah’i) es el nombre navajo del coyote y, al mismo tiempo, el nombre del trickster central del corpus mítico del pueblo Diné. Aparece en cientos de ciclos narrativos como creador ambivalente, embaucador, víctima frecuente de sus propios engaños y pedagogo negativo: modelo de conducta que precisamente no debe imitarse. Su corpus quedó registrado por Washington Matthews en Navaho Legends (Houghton Mifflin, Boston, 1897), sistematizado por Gladys A. Reichard en Navaho Religion: A Study of Symbolism (Pantheon Books, New York, 1950, 2 vols.), estudiado literariamente por Barre Toelken en el trabajo clásico «Ma’ii Joldlooshi La Eeya: The Several Journeys of Coyote» (Journal of American Folklore 87:145, 1974) y documentado en su dimensión ceremonial completa por Karl W. Luckert en Coyoteway: A Navajo Holyway Healing Ceremony (University of Arizona Press, Tucson, 1979). La ceremonia Coyoteway (Ma’ii Jooldloshii), rito curativo de nueve días para las enfermedades causadas por Ma’ii, sigue oficiándose bajo dirección de los hataałii (cantores) en toda la Nación Navajo. La figura de Ma’ii es hoy referencia constante en la literatura diné contemporánea, desde la poesía de Luci Tapahonso hasta la narrativa de Rex Lee Jim.

Origen culturalPueblo Diné (autónimo, ‘el pueblo’), llamado navajo por los cronistas españoles del siglo XVII a partir de un préstamo del tewa nava’huu (‘tierra cultivada’); lengua Diné bizaad, atabascana meridional de la familia dené-atabascana, resultado de una migración sur desde el subártico canadiense hacia el suroeste norteamericano entre los siglos XIV y XV; aproximadamente 400.000 personas censadas en las reservas y en la diáspora, la nación indígena más numerosa de Estados Unidos; territorio Diné Bikéyah (Tierra Navajo, ~71.000 km²) que se extiende por Arizona, Nuevo México y Utah y constituye la mayor reserva del país; vivienda tradicional el hogan (construcción circular de troncos y tierra, con la puerta orientada al este)
TipoCoyote trickster del panteón Diyin Diné’e (‘los seres sagrados’); figura ambivalente que reúne los papeles de creador secundario, embaucador, víctima frecuente de sus propios engaños y pedagogo negativo (modelo de conducta que precisamente no debe imitarse); presencia en cientos de ciclos narrativos diné, entre ellos el ciclo del origen de la muerte, el arreglo de las estrellas en el cielo y las transformaciones para engañar a otros animales personificados (Tejón, Búho, Puma); paralelo diné del motivo panamericano del trickster animal
Función míticaIntroductor de la muerte en el mundo primordial mediante el episodio de la piedra arrojada al agua; responsable del desorden estelar y de la formación de la Vía Láctea al arrojar de un manotazo el resto de las estrellas que los seres sagrados intentaban ordenar; transformador y engañador de otros animales personificados; agente por cuya presencia el Hózhó (armonía, belleza, equilibrio) queda quebrado y requiere restauración ceremonial; figura central de la ceremonia Coyoteway (Ma’ii Jooldloshii), rito curativo específico para las llamadas ‘enfermedades de Ma’ii
AtestaciónWashington Matthews, Navaho Legends (Houghton Mifflin, Boston, 1897); Gladys A. Reichard, Navaho Religion: A Study of Symbolism (Pantheon Books, New York, 1950, 2 vols.); Barre Toelken, «Ma’ii Joldlooshi La Eeya: The Several Journeys of Coyote» (Journal of American Folklore 87:145, 1974); Karl W. Luckert, Coyoteway: A Navajo Holyway Healing Ceremony (University of Arizona Press, Tucson, 1979); Paul G. Zolbrod, Diné bahaneʼ: The Navajo Creation Story (University of New Mexico Press, Albuquerque, 1984); Barre Toelken, The Anguish of Snails: Native American Folklore in the West (Utah State University Press, Logan, 2003)
Vigencia hoyLa ceremonia Coyoteway (Ma’ii Jooldloshii) sigue oficiándose bajo dirección de los hataałii en toda la Nación Navajo para las enfermedades causadas por el contacto con Ma’ii, físico o soñado; presencia constante en la literatura diné contemporánea (poesía de Luci Tapahonso, narrativa y verso de Rex Lee Jim, obras breves publicadas por el Diné College de Tsaile); enseñanza del ciclo mítico en los programas de estudios diné del propio Diné College; referencia frecuente en el cine y la televisión producidos por autores navajos, y en las novelas policíacas de Tony Hillerman —figura externa— ambientadas en la reserva

Ma’ii es el trickster central del corpus mítico del pueblo navajo. El nombre significa ‘coyote’ en Diné bizaad, la lengua diné, y designa a la vez al animal biológico (Canis latrans) y al personaje mítico. La ambigüedad no es casual: la tradición diné considera que cada coyote real que se cruza en el camino es una manifestación del personaje primordial, y que su encuentro requiere gestos rituales precisos para evitar la contaminación conocida como ‘enfermedad de Ma’ii‘. Esta identidad entre el animal cotidiano y la figura del ciclo narrativo distingue al trickster diné de otros tricksters panamericanos, que suelen mantener una distancia mayor entre el animal y el personaje.

Dentro del panteón Diyin Diné’e (‘los seres sagrados’), Ma’ii ocupa una posición singular. No es un dios propiamente dicho ni un héroe fundador como los gemelos Nayenezgani y Tobadzischini, hijos de la Mujer Cambiante Estsanatlehi y del Sol Jóhonaaʼéí. Tampoco es una figura oscura del contexto de la hechicería, como el skinwalker (yee naaldlooshii). Es un ser primordial ambivalente que participó en el ordenamiento del mundo introduciendo desde el principio los defectos, la desmesura y la muerte. Su función pedagógica es negativa: sus historias muestran lo que ocurre cuando alguien actúa por avaricia, por impaciencia, por lujuria, por vanidad. El oyente diné aprende del ciclo de Ma’ii a reconocer y evitar esos impulsos en su propia vida.

El corpus mítico de Ma’ii quedó registrado por primera vez de manera sistemática en Navaho Legends, publicado en Boston en 1897 por el médico militar y etnólogo estadounidense Washington Matthews tras casi dos décadas de trabajo de campo con los hataałii (cantores ceremoniales) del Fort Wingate, en Nuevo México. Matthews recogió varios episodios del ciclo del coyote, entre ellos el del origen de la muerte y el del arreglo de las estrellas. La documentación etnográfica se completó a lo largo del siglo XX con los trabajos de Berard Haile en los años treinta y cuarenta, la síntesis comparativa de Gladys A. Reichard en Navaho Religion (1950), el estudio literario clásico de Barre Toelken en Journal of American Folklore (1974) y la monografía ceremonial de Karl W. Luckert sobre el Coyoteway (University of Arizona Press, 1979). Cada uno de estos trabajos permite hoy reconstruir con precisión un ciclo que sigue vivo en la reserva.

El trickster ambivalente del panteón navajo

El primer rasgo definitorio de Ma’ii es su carácter ambivalente. En un mismo ciclo puede aparecer como creador secundario que colabora con los seres sagrados en el ordenamiento del mundo, como embaucador que engaña a otros animales personificados para robarles la comida o la esposa, como víctima grotesca de sus propios trucos cuando el engaño se le vuelve en contra, y como pedagogo negativo cuya conducta funciona como advertencia moral. Barre Toelken, en el trabajo clásico de 1974 publicado en el Journal of American Folklore, propuso el término ‘personaje de múltiples viajes’ (the several journeys of Coyote) para nombrar esta capacidad del personaje de ocupar simultáneamente varias posiciones narrativas sin resolverse en ninguna. La ambivalencia es constitutiva del trickster diné, no un defecto de coherencia.

La grafía moderna estándar del nombre es Ma’ii, adoptada por el sistema ortográfico oficial de la Nación Navajo desarrollado por Robert W. Young y William Morgan a partir de los años cuarenta. Matthews (1897) empleaba la grafía anticuada Mah’i, todavía visible en la bibliografía histórica y en algunas reediciones. En los ciclos ceremoniales aparece también la forma compuesta Ma’ii Jooldloshii, literalmente ‘el que trota’, empleada para designar la variante ritual del personaje que da nombre a la ceremonia Coyoteway. Ambas formas remiten al mismo ser primordial, aunque los cantores diné distinguen matices contextuales entre el Ma’ii de los cuentos que se narran en el hogan las noches de invierno y el Ma’ii Jooldloshii invocado en el ritual sanador.

La figura del coyote trickster es panamericana. Aparece con nombres distintos entre los pueblos del Great Basin (donde el ciclo del coyote paiute y shoshone es muy extenso), entre los pueblos de la meseta del Plateau (nez perce, salish), en California (miwok, maidu) y en el Suroeste vecino de los diné (apache, hopi, zuni). Fuera del área del coyote propiamente dicho, el papel del trickster animal recae en otros personajes con funciones análogas: Nanabush entre los ojibwe y algonquinos, Weesageechak entre los cree, Iktomi la Araña entre los siouanos, el Cuervo entre los pueblos de la costa noroeste. El paralelo mesoamericano más próximo lo ofrece Huehuecóyotl (‘viejo coyote’), figura mexica del engaño y del baile. Cada tradición ha desarrollado el patrón con detalles propios ajustados a su ecología y a su historia; el ciclo de Ma’ii es la variante diné del patrón continental.

La particularidad del Ma’ii diné, frente a otros tricksters americanos, reside en su integración plena en el sistema ceremonial. Mientras que el ciclo de Nanabush ojibwe o el de Iktomi siouano se transmite sobre todo como corpus narrativo oral con función didáctica y de entretenimiento, el ciclo de Ma’ii sostiene además una ceremonia sanadora completa, el Coyoteway, con nueve días de canto, pinturas de arena y danza. Esta continuidad entre relato y rito, documentada canónicamente por Luckert (1979), es la razón por la que el corpus del coyote diné se ha conservado con una densidad ritual que pocos tricksters panamericanos comparten, y explica también la vigencia contemporánea de la figura frente a más de cuatro siglos de contacto con el mundo Bilagáana (blanco no-navajo).

Ma’ii introduce la muerte y ordena el desorden cósmico

El episodio cosmogónico más importante del ciclo de Ma’ii es el del origen de la muerte. Matthews (1897) lo recogió con el título de The Deer Raiser y con variantes cruzadas en los ciclos del Cuarto Mundo. La versión más habitual, transmitida por los hataałii del Fort Wingate y sistematizada después por Zolbrod (1984), narra que en el mundo primordial recién ordenado los seres sagrados deliberaban sobre si los Diné serían mortales o inmortales. Ma’ii, siempre impaciente, tomó una piedra plana y la arrojó a un lago diciendo: «Si esta piedra flota, no habrá muerte; si se hunde, la habrá». La piedra se hundió, y así quedó fijada la mortalidad humana. Ma’ii rió con satisfacción por la ocurrencia y siguió su camino.

El segundo movimiento del episodio es el que revela la sanción moral del ciclo. Poco tiempo después, el propio hijo de Ma’ii enfermó y murió. Desesperado, el coyote acudió al consejo de los seres sagrados y suplicó que se revirtiera la decisión: pidió que la piedra saliera del agua, que los muertos volvieran a la vida, que el orden anterior se restableciera. Los seres sagrados le respondieron que la palabra dada no podía retirarse, y que él mismo había fijado la ley por la que ahora sufría. Reichard (1950) subraya que este episodio contiene la pedagogía negativa característica del trickster diné: Ma’ii aprende demasiado tarde el peso de sus propias decisiones, y el oyente aprende con él a medir las palabras y a evitar la impulsividad.

El segundo gran episodio cosmogónico del ciclo es el del arreglo de las estrellas. Los seres sagrados, dice Matthews (1897), habían decidido ordenar cuidadosamente el cielo nocturno colocando las estrellas una a una en configuraciones significativas. Habían dispuesto ya las constelaciones principales que los Diné reconocen todavía —Náhookǫs (la Osa Mayor), Dilyéhé (las Pléyades), Sǫʼ Tsoh (la Estrella Grande)— y trabajaban con paciencia en el resto. Ma’ii, aburrido de la lentitud del proceso, tomó de un manotazo la manta donde estaban las estrellas restantes y las arrojó al azar. Así se formó, según el ciclo, la banda difusa de la Vía Láctea, que en Diné bizaad se llama Yikáísdáhí, ‘el camino que llevó al que se marchó al amanecer’. El desorden estelar es responsabilidad directa de Ma’ii, y la Vía Láctea es la huella permanente de su impaciencia primordial.

Un tercer bloque narrativo lo forman los cientos de episodios de transformación y engaño en los que Ma’ii se disfraza para embaucar a otros animales personificados. Toelken (1974) inventarió más de doscientos episodios recogidos en la reserva a lo largo del siglo XX. En ellos Ma’ii engaña al Tejón (Nahashchʼidii) para robarle la comida almacenada, seduce a la esposa del Búho (Néʼéshjaaʼ) haciéndose pasar por su marido, roba las plumas del pavo silvestre, imita el canto de los pájaros para atraerlos, y en casi todos los casos termina siendo víctima de una contrasución del embaucado. En un episodio recogido en el área del Cañón de Chelly, Ma’ii convence al Puma (Náshdóítsoh) de que se afeite las garras para verse más elegante; el Puma le hace caso y queda inerme frente a los cazadores, pero Ma’ii, que le había robado las garras arrancadas, se corta a sí mismo la mejilla al probarlas y regresa a su hogan humillado. La estructura básica es reiterativa: Ma’ii planea, ejecuta, cree triunfar y sufre el revés. El humor y la crueldad se mezclan en dosis precisas, y el ciclo funciona como catálogo moral por vía inversa: cada trampa fallida enseña una lección concreta sobre la conducta que no debe seguirse.

Ceremonia Coyoteway y vigencia contemporánea

El Coyoteway (Ma’ii Jooldloshii) es la ceremonia sanadora navajo específica para las enfermedades causadas por el contacto físico o soñado con Ma’ii. El sistema ritual diné clasifica las dolencias según su agente causante, y para cada agente prescribe una ceremonia distinta con cantos, pinturas de arena y prohibiciones dietéticas específicas. Entrar en contacto con un coyote muerto en el camino, soñar reiteradamente con coyotes, sufrir síntomas físicos como parálisis facial, torceduras de boca o convulsiones son señales de que el paciente ha sido tocado por Ma’ii y requiere el Coyoteway. Karl W. Luckert documentó la ceremonia completa en su monografía Coyoteway: A Navajo Holyway Healing Ceremony (University of Arizona Press, Tucson, 1979), a partir del trabajo de campo con el hataałii Luke Cook y su asistente Steven Bilagody entre 1974 y 1976.

La ceremonia dura nueve noches y ocho días, y sigue la estructura general del ciclo Holyway al que pertenece. Comienza con la construcción de un hogan ceremonial nuevo o la purificación del hogan familiar; sigue con la preparación de los jish (bolsas de medicina) y de los tambores; se despliegan cuatro pinturas de arena (iikááh) sucesivas en cuatro días distintos, cada una representando episodios del ciclo mítico de Ma’ii con figuras estilizadas del coyote en las cuatro orientaciones cardinales y con los colores rituales blanco, azul, amarillo y negro; se ejecutan cantos que reproducen el itinerario del personaje primordial; y culmina con la ingesta ritual por parte del paciente de hierbas específicas y con la aspersión de agua bendita. La complejidad técnica del rito es tal que solo un número reducido de hataałii conocen hoy el ciclo completo.

La vigencia del ciclo de Ma’ii en la vida diné contemporánea trasciende la ceremonia. En la literatura navajo escrita en inglés, el coyote es una presencia constante. Luci Tapahonso, la primera poeta laureada de la Nación Navajo (nombrada en 2013), dedica varios poemas de su colección Sáanii Dahataał / The Women Are Singing (University of Arizona Press, 1993) a episodios del ciclo. Rex Lee Jim, poeta y político diné, ha publicado versos en Diné bizaad con Ma’ii como personaje. El novelista externo Tony Hillerman, sin ser navajo, incorporó extensamente el corpus del coyote en su serie de novelas policíacas ambientadas en la reserva (protagonizadas por el sargento tribal Jim Chee y el teniente Joe Leaphorn) y contribuyó a difundir la figura entre lectores no diné. La presencia del ciclo en el cine y la televisión producidos por autores navajos, aunque más discreta, es también constante.

El motivo panamericano del coyote trickster reúne el ciclo diné con los ciclos análogos del Great Basin, de California, del Plateau y del Suroeste vecino. Otros tricksters continentales con función parecida —el Nanabush ojibwe, el Weesageechak cree, el Cuervo de la costa noroeste norteamericana— comparten el patrón del ser primordial ambivalente que combina creación, engaño y pedagogía negativa. La comparación resulta útil para el lector externo, pero la particularidad del ciclo diné, señalada por Luckert (1979), sigue siendo la integración plena del corpus narrativo en una ceremonia sanadora activa, hecho que garantiza su transmisión intergeneracional en el interior de la Nación Navajo contemporánea.

Más allá del mito

Ma’ii es la figura del panteón Diyin Diné’e en la que el pueblo diné reconoce, por vía inversa, las lecciones morales que ordenan su vida cotidiana. Su corpus, atestiguado por Matthews (1897), estudiado literariamente por Toelken (1974), documentado en su dimensión ceremonial por Luckert (1979) y sistematizado en el marco general del Diné bahaneʼ por Zolbrod (1984), sigue vivo hoy tanto en la ceremonia Coyoteway que se oficia bajo dirección de los hataałii como en la literatura contemporánea de autores diné y en las novelas policíacas de referencia externa. El coyote real que se cruza en el camino sigue siendo entendido, para muchos Diné, como una manifestación del personaje primordial, y su encuentro sigue requiriendo los gestos rituales precisos que evitan la contaminación conocida como ‘enfermedad de Ma’ii‘.

Junto a la Mujer Cambiante Estsanatlehi y a los héroes gemelos Nayenezgani y Tobadzischini, Ma’ii completa el mapa del corpus mítico navajo transmitido en las noches de invierno en el hogan y en las ceremonias del calendario ritual. Otras figuras del imaginario diné, como el skinwalker (yee naaldlooshii) del contexto de la hechicería, o los seres del imaginario del Suroeste vecino como la Mujer Araña hopi, ocupan zonas distintas del mapa ritual. La comparación con los héroes gemelos mesoamericanos Hunahpú e Ixbalanqué, con el trickster Nanabush ojibwe o con el Weesageechak cree ayuda a situar al coyote diné en el mapa continental del imaginario amerindio sin restar nada a la particularidad de su ciclo propio.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Ma’ii en el panteón navajo?

Ma’ii (grafía diné estándar; también Mah’i en la bibliografía histórica) es el coyote trickster del corpus mítico del pueblo navajo. Aparece en cientos de ciclos narrativos como creador ambivalente, embaucador, víctima frecuente de sus propios engaños y pedagogo negativo. Dentro del panteón Diyin Diné’e (‘los seres sagrados’), Ma’ii es un ser primordial que participó en el ordenamiento del mundo introduciendo los defectos, la desmesura y la muerte. Su corpus fue registrado por Washington Matthews en Navaho Legends (Houghton Mifflin, Boston, 1897) y estudiado literariamente por Barre Toelken en el trabajo clásico publicado en Journal of American Folklore 87:145 (1974).

¿Cómo introduce Ma’ii la muerte en el mundo?

Según el episodio recogido por Matthews (1897) y sistematizado por Paul G. Zolbrod en Diné bahaneʼ: The Navajo Creation Story (University of New Mexico Press, 1984), en el mundo primordial los seres sagrados deliberaban si los Diné serían mortales o inmortales. Ma’ii, impaciente, arrojó una piedra al agua diciendo: «Si flota, no habrá muerte; si se hunde, la habrá». La piedra se hundió y la mortalidad quedó fijada. Poco después su propio hijo murió y Ma’ii suplicó revertir la decisión, pero los seres sagrados le respondieron que la palabra dada no podía retirarse. El episodio contiene la pedagogía negativa característica del trickster diné.

¿Qué es la ceremonia Coyoteway?

El Coyoteway (Ma’ii Jooldloshii) es la ceremonia sanadora navajo específica para las enfermedades causadas por el contacto físico o soñado con Ma’ii: encontrar un coyote muerto en el camino, soñar reiteradamente con coyotes, sufrir síntomas como parálisis facial o convulsiones. Dura nueve noches y ocho días, se despliegan cuatro pinturas de arena sucesivas y se ejecutan cantos que reproducen el itinerario del personaje primordial. Karl W. Luckert la documentó canónicamente en Coyoteway: A Navajo Holyway Healing Ceremony (University of Arizona Press, Tucson, 1979), a partir del trabajo con el hataałii Luke Cook. Sigue oficiándose hoy en toda la Nación Navajo.

¿Por qué la Vía Láctea es responsabilidad de Ma’ii?

Matthews (1897) recoge el episodio del arreglo de las estrellas. Los seres sagrados ordenaban cuidadosamente el cielo nocturno colocando las estrellas una a una: dispusieron las constelaciones principales que los Diné reconocen —Náhookǫs (la Osa Mayor), Dilyéhé (las Pléyades), Sǫʼ Tsoh (la Estrella Grande)— y trabajaban con paciencia en el resto. Ma’ii, aburrido de la lentitud, tomó de un manotazo la manta con las estrellas restantes y las arrojó al azar. Así se formó la banda difusa de la Vía Láctea, llamada Yikáísdáhí (‘el camino que llevó al que se marchó al amanecer’) en Diné bizaad. El desorden estelar es huella permanente de la impaciencia del coyote primordial.

¿Qué lugar ocupa Ma’ii en la vida diné contemporánea?

Ma’ii sigue siendo figura central del imaginario diné contemporáneo. La ceremonia Coyoteway se oficia bajo dirección de los hataałii en toda la Nación Navajo cuando el paciente muestra los síntomas de contacto con el personaje. En la literatura navajo escrita en inglés, el coyote aparece en la poesía de Luci Tapahonso (primera poeta laureada de la Nación Navajo, 2013) y en la obra de Rex Lee Jim. El novelista externo Tony Hillerman incorporó el corpus en su serie policíaca ambientada en la reserva. El coyote real que se cruza en el camino sigue siendo entendido por muchos Diné como manifestación del personaje primordial, y su encuentro requiere gestos rituales que evitan la contaminación.

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