Nakawe, la abuela creadora del panteón wixárika (huichol)

En breve. Nakawé —nombre completo Takutsi Nakawé, «nuestra abuela crecimiento» en wixárika niukieya— es la abuela creadora primordial del panteón del pueblo wixárika (autónimo, singular; plural wixáritari, «la gente wixárika»; exónimo huichol, hispanización de un etnónimo náhuatl aplicado por los mexicas a estos vecinos del norte). Su nombre aparece registrado en la etnografía con las variantes Nakawé, Nakawe y Takutsi Nakawé, según la escuela de transcripción de la lengua wixárika, de la familia yuto-nahua (que reúne también al náhuatl, al cora, al tarahumara y al pápago). Deidad anterior a los demás seres del panteón, encarnación de la tierra fértil, del crecimiento vegetal, de la lluvia primigenia y del mar, su figura fue sistematizada por primera vez por Konrad Theodor Preuss en Die Nayarit-Expedition: Textaufnahmen und Beobachtungen unter mexikanischen Indianern (2 vols., B.G. Teubner, Leipzig, 1912), fruto de la expedición 1905-1907 que documentó cora y wixárika de la sierra Madre Occidental. La recibieron después Robert M. Zingg en The Huichols: Primitive Artists (G.E. Stechert, New York, 1938), Barbara G. Myerhoff en Peyote Hunt: The Sacred Journey of the Huichol Indians (Cornell University Press, Ithaca, 1974), Peter T. Furst en Rock Crystals and Peyote Dreams (University of Utah Press, 2006) y Johannes Neurath en Somos como los dioses: hacer y desatar el mundo entre los huicholes (Artes de México, 2008). El mito central de Nakawé narra el diluvio primordial del que salva a Watákame, primer padre de la humanidad wixárika. Los aproximadamente 50.000 wixáritari de la sierra Madre Occidental —Jalisco norte, Nayarit este, Durango sur y Zacatecas oeste— mantienen a Nakawé en la Fiesta del Elote (Namawita Neixa) y en las ofrendas asociadas al agua.

Origen culturalPueblo wixárika (autónimo, singular; plural wixáritari, «la gente wixárika»; exónimo huichol, hispanización de un etnónimo náhuatl aplicado por los mexicas); lengua wixárika niukieya, familia yuto-nahua (misma familia que náhuatl, cora, tarahumara y pápago); aproximadamente 50.000 hablantes distribuidos en la sierra Madre Occidental —comunidades históricas de Tuapurie (Santa Catarina), Tateikie (San Andrés Cohamiata), Wautia (San Sebastián) y Tuxpan de Bolaños en el norte de Jalisco, con extensiones en Nayarit, sur de Durango y oeste de Zacatecas, y comunidades migrantes en Guadalajara, Tepic y el Área Metropolitana de la Ciudad de México—; economía tradicional de agricultura de coamil (maíz, frijol, calabaza), caza y recolección; peregrinación anual a Wirikuta (desierto de San Luis Potosí) para recolectar hikuri (peyote), práctica documentada de forma clásica por Barbara G. Myerhoff en Peyote Hunt (Cornell University Press, 1974)
TipoAbuela creadora primordial del panteón wixárika; deidad femenina anterior al resto del panteón; encarnación de la tierra fértil, del crecimiento vegetal, de la lluvia primigenia y del mar; se manifiesta como serpiente-mujer con vestido cubierto de plantas y como la tierra misma; figura registrada con las variantes Nakawé, Nakawe y Takutsi Nakawé (siendo Takutsi el título «nuestra abuela»); comparable en el corpus americanista con Pachamama andina y con Nunkui shuar, aunque conserva rasgos yutonahuas precoloniales por menor sincretización cristiana; no confundir con Tatéi Yurianáka (patrona del maíz sembrado) ni con Tatéi Werika Wímari (águila bicéfala celeste): Nakawé es anterior y superior a las madres específicas del ciclo agrícola
Función míticaOrdena la tierra primordial y forma las montañas de la sierra Madre Occidental; advierte a Watákame del diluvio y le indica construir una canoa de higuera, embarcar granos de maíz de cinco colores, calabaza, frijol, fuego y una perra negra; retiradas las aguas, hace que la perra se transforme en mujer para que Watákame reengendre la humanidad wixárika; distribuye el crecimiento vegetal, gobierna la lluvia primera y el ciclo del mar; recibe ofrendas en pozos, cuevas, humedales y sitios asociados al agua; preside la Fiesta del Elote (Namawita Neixa), donde se le ofrenda maíz nuevo, calabaza y frijol; cumplida la función fundacional, comparte espacio ritual con Tatewarí (abuelo fuego), Tayaupa (padre sol) y las madres específicas del panteón
AtestaciónKonrad Theodor Preuss, Die Nayarit-Expedition: Textaufnahmen und Beobachtungen unter mexikanischen Indianern (2 vols., B.G. Teubner, Leipzig, 1912), primera etnografía sistemática de cora y wixárika fruto de la expedición 1905-1907; Robert M. Zingg, The Huichols: Primitive Artists (G.E. Stechert, New York, 1938); Fernando Benítez, En la tierra mágica del peyote (Era, México, 1968); Peter T. Furst, «To Find Our Life: Peyote Among the Huichol Indians» en Flesh of the Gods (Praeger, New York, 1972), y Rock Crystals and Peyote Dreams: Explorations in the Huichol Universe (University of Utah Press, 2006); Barbara G. Myerhoff, Peyote Hunt: The Sacred Journey of the Huichol Indians (Cornell University Press, Ithaca, 1974); Stacy B. Schaefer y Peter T. Furst (eds.), People of the Peyote (University of New Mexico Press, Albuquerque, 1996); Johannes Neurath, Somos como los dioses: hacer y desatar el mundo entre los huicholes (Artes de México, 2008); Paul M. Liffman, Huichol Territory and the Mexican Nation (University of Arizona Press, Tucson, 2011)
Vigencia hoyFigura viva en el ciclo ritual contemporáneo del pueblo wixárika; presidenta de la Fiesta del Elote (Namawita Neixa) al final de la temporada de lluvias en los tukite (templos comunitarios) y en los xirikite (adoratorios familiares) de Tuapurie, Tateikie, Wautia y Tuxpan; invocada en ofrendas de nierika (tablillas de estambre), tsikuri (ojos de dios) y muvieri (báculos de plumas); presente en el material curricular de las escuelas bilingües wixárika-castellano de la Coordinación General de Educación Intercultural Bilingüe de la Secretaría de Educación Pública; invocada en los pronunciamientos del Consejo Regional Wixárika por la Defensa de Wirikuta desde 2010, contra las concesiones mineras canadienses en el desierto sagrado; reproducida como motivo iconográfico central en el arte comercial wixárika de tablas de estambre y figuras cubiertas de chaquira

Nakawé es la abuela creadora primordial del panteón del pueblo wixárika o huichol, agricultores de coamil y peregrinos rituales de la sierra Madre Occidental agrupados en la familia lingüística yuto-nahua junto con el náhuatl, el cora, el tarahumara y el pápago. El autónimo wixárika (singular) y wixáritari (plural) significa «la gente wixárika»; el exónimo huichol procede de una hispanización de un etnónimo náhuatl que los mexicas aplicaban a estos vecinos del norte. La lengua wixárika niukieya se habla hoy en las cuatro comunidades históricas del norte de Jalisco —Tuapurie (Santa Catarina Cuexcomatitlán), Tateikie (San Andrés Cohamiata), Wautia (San Sebastián Teponahuaxtlán) y Tuxpan de Bolaños—, en el este de Nayarit, en el sur de Durango y en el oeste de Zacatecas, así como en las comunidades migrantes de Guadalajara, Tepic, Fresnillo y el Área Metropolitana de la Ciudad de México. Los wixáritari mantienen contacto histórico con los rarámuri del sur, con los coras al oeste y con los tepehuanos del norte.

La primera etnografía sistemática que registró a Nakawé se debe a Konrad Theodor Preuss (Preußisch Eylau, 1869 – Berlín, 1938), americanista alemán formado en la Universidad de Berlín y director del Departamento Americanista del Museo Etnológico de Berlín. Preuss dirigió la Nayarit-Expedition entre 1905 y 1907 y publicó los resultados en Die Nayarit-Expedition: Textaufnahmen und Beobachtungen unter mexikanischen Indianern (2 vols., B.G. Teubner, Leipzig, 1912), obra bilingüe alemán-wixárika/cora que ofrece el corpus mítico completo de ambos pueblos junto con vocabularios, textos rituales y observaciones etnográficas. En este corpus, Nakawé aparece como abuela primordial que antecede al resto del panteón y como responsable del mito del diluvio del que sale la humanidad wixárika presente. Preuss transcribió los textos en wixárika niukieya con la ayuda de intérpretes bilingües y con notas gramaticales que siguen siendo fuente para la lingüística yuto-nahua.

La recepción posterior amplió el registro de Preuss. Robert M. Zingg publicó The Huichols: Primitive Artists (G.E. Stechert, New York, 1938) tras trabajo de campo en Tuxpan en 1934. Barbara G. Myerhoff, antropóloga de la Universidad del Sur de California, firmó en 1974 Peyote Hunt: The Sacred Journey of the Huichol Indians (Cornell University Press, Ithaca), obra clásica de la antropología religiosa americana que documenta el papel de Nakawé como abuela primordial en el discurso del marakame (chamán-cantador) que guía la peregrinación. Peter T. Furst continuó la línea en Rock Crystals and Peyote Dreams (University of Utah Press, 2006), y Johannes Neurath, antropólogo mexicano del INAH, en Somos como los dioses (Artes de México, 2008) sistematizó el ciclo ritual contemporáneo de Tuapurie y Tateikie.

La abuela primordial del panteón wixárika

El corpus mítico wixárika registrado por Preuss (1912) presenta a Nakawé como abuela creadora anterior al resto del panteón. Su nombre completo, Takutsi Nakawé, combina el título Takutsi («nuestra abuela») con el nombre propio Nakawé, que Preuss glosa como «crecimiento». La deidad se manifiesta como serpiente-mujer cuyo vestido está enteramente cubierto de plantas y como la tierra misma en su capacidad generativa. Es la lluvia primigenia, el mar original, la fertilidad vegetal que hace germinar las semillas de Watákame tras el diluvio. Frente a las madres específicas del ciclo agrícola —Tatéi Yurianáka, patrona del maíz sembrado; Tatéi Werika Wímari, águila bicéfala celeste; Tatéi Haramara, madre del mar occidental—, Nakawé ocupa la posición de abuela cósmica primordial, anterior a la organización del ciclo ritual detallado.

La distinción es central para leer bien el panteón. Neurath (2008) explica que las madres específicas del ciclo agrícola cumplen funciones rituales cotidianas —presiden fiestas del calendario, reciben ofrendas de temporada, mantienen correspondencias con las direcciones cardinales y con los tipos de maíz—, mientras Nakawé se mantiene como fondo primordial del que todas ellas proceden. La imagen recurrente en el arte ritual wixárika es la de una figura femenina antigua rodeada de plantas y con el bastón que simboliza tanto la vejez como la fuerza del crecimiento. En las tablas de estambre contemporáneas producidas en Tuapurie y en Tateikie, Nakawé aparece frecuentemente en el centro de la composición, con la canoa de Watákame flotando sobre las aguas del diluvio a un lado y las montañas de la sierra Madre Occidental emergiendo del otro.

El mediador ritual del pueblo wixárika es el marakame, chamán-cantador encargado del trato con los dioses del panteón, con los espíritus ancestrales y con el hikuri (peyote). Su formación combina un aprendizaje prolongado con un marakame mayor, la ingestión ritual de peyote durante peregrinaciones sucesivas a Wirikuta a lo largo de cinco años, los sueños iniciáticos y la adquisición del muvieri (báculo de plumas) que lo identifica como oficiante. En la peregrinación, el marakame encarna a Tatewarí (abuelo fuego, primer marakame del panteón) y guía al grupo de peregrinos hacia Kauyumari (venado azul mensajero) que espera en el desierto. Nakawé queda al fondo del ciclo peregrinatorio: sus ofrendas específicas ocurren en la Fiesta del Elote y en los rituales asociados al agua, no en el ciclo de Wirikuta.

Los wixáritari mantienen contactos rituales con los pueblos vecinos de la sierra Madre Occidental. Los rarámuri del sur comparten el sustrato yuto-nahua y motivos como el fuego primordial custodiado por el tlacuache, aunque el panteón encabezado por Onorúame presenta un ordenamiento distinto por la mayor cristianización jesuita. La comparación regional muestra a Nakawé dentro de la familia de figuras primordiales yutonahuas del noroeste mexicano, con vínculos indirectos con Pachamama andina por la función común de abuela-tierra creadora.

El mito del diluvio y Watákame según Preuss (1912)

El mito central del ciclo de Nakawé es el del diluvio primordial y del rescate de Watákame. Preuss (1912) lo transcribió a partir de la narración de un marakame de la comunidad de San Francisco (Nayarit) durante la Nayarit-Expedition. El relato narra que Watákame, hombre wixárika primordial, estaba talando árboles en el monte para preparar un coamil de maíz cuando se dio cuenta de que cada mañana los troncos aparecían de nuevo levantados y las raíces intactas. Al cabo de varios días de trabajo perdido, se escondió por la noche cerca del claro y descubrió que era una anciana quien, con un golpe de bastón, hacía renacer los árboles. Aquella anciana era Nakawé.

Nakawé reveló a Watákame que un gran diluvio vendría pronto a limpiar el mundo y que era inútil sembrar en el coamil. Le ordenó abandonar el trabajo y construir en cambio una canoa con la madera de una higuera silvestre. Le indicó embarcar cinco granos de maíz de cinco colores distintos, cinco granos de frijol, cinco de calabaza, un fuego contenido en tizones y una perra negra pequeña. Cuando Watákame tuvo la canoa lista, Nakawé tomó ella misma el bastón, empujó la embarcación al agua y, montada en la proa junto al hombre y la perra, guió la travesía durante los cinco años en que las aguas cubrieron la tierra. Los cinco granos, la perra negra y el fuego fueron los únicos supervivientes del mundo primordial junto con Watákame y con la propia Nakawé.

Cuando las aguas comenzaron a bajar, Nakawé depositó a Watákame y a la perra en una cima de la sierra que emergía del mar. Le ordenó al hombre construir una casa y sembrar el maíz, el frijol y la calabaza en el nuevo coamil. Al regresar cada tarde al refugio, Watákame encontraba la casa barrida y la comida cocinada, aunque él vivía solo con la perra. Después de varios días de sorpresa, se escondió en las cercanías al atardecer y vio cómo la perra se despojaba de su piel, se transformaba en mujer y se ponía a moler el maíz. Watákame arrojó la piel de perro al fuego para impedir que la mujer volviera a la forma animal, y la mujer se quedó como esposa. De la unión de Watákame con la mujer-perra proceden los wixáritari actuales. La creación de las montañas de la sierra Madre Occidental por Nakawé, hechas de propósito altas y quebradas para que ninguna inundación futura volviera a cubrir la tierra, cierra el ciclo del diluvio.

Zingg (1938) recogió variantes del mismo mito en Tuxpan de Bolaños: la perra negra aparece a veces como perra amarilla; los granos son a veces cinco maíces de colores distintos (blanco, rojo, azul, morado y amarillo); el fuego que Watákame embarca en la canoa es el mismo que Tatewarí había traído al mundo primordial. Furst (2006) y Neurath (2002) documentaron que el mito se sigue narrando en las fiestas del ciclo agrícola y en las noches de vela previas a la peregrinación, con la estructura central intacta: advertencia de Nakawé, construcción de la canoa, salvación de las semillas, transformación de la perra en esposa, creación de las montañas contra futuros diluvios. Es uno de los mitos americanos del diluvio mejor documentados.

Nakawe en las fiestas actuales de Namawita Neixa y otras ceremonias

El ciclo ritual wixárika contemporáneo, documentado por Neurath (2002) en la comunidad de Tuapurie, se organiza en dos ejes complementarios: el ciclo agrícola de las madres específicas de la lluvia y del maíz, que se desarrolla en los xirikite (adoratorios familiares) y en los tukite (templos comunitarios) de la sierra, y el ciclo peregrinatorio a Wirikuta encabezado por Tatewarí (abuelo fuego) y por Kauyumari (venado azul). Nakawé preside la Fiesta del Elote (Namawita Neixa), que cierra la temporada de lluvias y celebra el maíz nuevo. Es una de las cinco fiestas mayores del calendario ritual wixárika, junto con la Fiesta del Tambor (Tatéi Neixa), la Fiesta del Peyote (Hikuri Neixa), la Fiesta de las Calabazas Nuevas y la Fiesta de la Escritura.

En la Namawita Neixa, las familias de la comunidad depositan en los xirikite ofrendas de elote nuevo, calabaza, frijol y amaranto, junto con nierika (tablillas rituales cubiertas de estambre pegado sobre cera de Campeche), tsikuri (ojos de dios hechos con varas cruzadas y estambre en rombo) y muvieri (báculos de plumas del marakame). Las ofrendas se dirigen a Nakawé como abuela primordial que dio origen al maíz y a las semillas cultivadas, y a las madres específicas del ciclo (Tatéi Yurianáka del maíz sembrado, Tatéi Utuanaka del maíz tierno, Tatéi Kukurú Uimari de la paloma-lluvia) que cumplen funciones subordinadas al ciclo primordial de Nakawé. Neurath (2002) describe cómo el marakame cantador entona durante la vigilia el relato del diluvio y la transformación de la perra, actualizando en cada fiesta el mito registrado por Preuss un siglo antes.

Fuera del ciclo festivo, Nakawé recibe ofrendas individuales en pozos, cuevas, humedales y lagunas asociadas a la fertilidad. Furst (2006) documentó ofrendas depositadas en la laguna sagrada de Xapawiyemeta (Isla de los Alacranes, lago de Chapala) y en pozos de Tuxpan, donde los peregrinos dejan tsikuri pequeños y velas de cera antes de la temporada de siembra. La peregrinación anual a Wirikuta incluye una parada previa a la entrada al desierto en la que se hacen ofrendas a Nakawé como abuela de la tierra que los peregrinos van a atravesar. Es un culto de intersticios: no ocupa el centro del ciclo peregrinatorio (encabezado por Tatewarí), pero es condición previa para que el marakame pueda abrir el camino.

La defensa contemporánea del territorio sagrado de Wirikuta ha traído a Nakawé al discurso público del siglo XXI. Cuando el gobierno mexicano otorgó en 2009 y 2010 concesiones mineras a la empresa canadiense First Majestic Silver Corp. sobre 6.326 hectáreas del área natural protegida, las autoridades tradicionales de las cuatro comunidades históricas se reunieron en el Consejo Regional Wixárika por la Defensa de Wirikuta. Paul M. Liffman documentó el proceso en Huichol Territory and the Mexican Nation (University of Arizona Press, Tucson, 2011). En los pronunciamientos del Consejo, Nakawé como abuela de la tierra es invocada junto con Tatewarí, Tayaupa y Kauyumari como fundamento del derecho territorial de los wixáritari. El argumento se incorporó a la demanda de amparo que llevó a la suspensión parcial de las concesiones en 2012.

Más allá del mito

Nakawé continúa presente en el ciclo ritual, en el arte comercial y en el discurso identitario del pueblo wixárika. El registro de Preuss (1912), la monografía de Zingg (1938), la obra clásica de Myerhoff (1974), las contribuciones de Furst (2006) y de Neurath (2008), y los estudios contemporáneos de Liffman (2011) permiten reconstruir un panteón donde la abuela primordial comparte espacio con Tatewarí (abuelo fuego), Tayaupa (padre sol), Kauyumari (venado azul mensajero), Watákame (héroe del diluvio) y con las madres específicas del ciclo agrícola. La retirada parcial de Nakawé del culto cotidiano no equivale a irrelevancia: preside la Fiesta del Elote, recibe ofrendas en los sitios asociados al agua y organiza el fondo mítico del que procede el ciclo completo.

La comparación regional muestra a Nakawé como figura yutonahua precolonial del noroeste mexicano, con menor cristianización que sus paralelos mexicas. Frente al fuego mexica de Xiuhtecuhtli o al sol de Tonatiuh, que la colonización sincretizó tempranamente con figuras cristianas, Nakawé conservó rasgos precoloniales porque la sierra Madre Occidental estuvo fuera del alcance intensivo del sistema misional durante los siglos XVI y XVII, y el proceso evangelizador franciscano posterior tuvo menor éxito en las comunidades wixáritari que en los grupos vecinos. La consecuencia es un corpus mítico donde el mito del diluvio, la abuela primordial y el hermano-héroe Watákame mantienen la estructura registrada por Preuss al inicio del siglo XX, actualizada en cada fiesta del calendario wixárika contemporáneo.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Nakawé en el panteón del pueblo wixárika?

Nakawé —nombre completo Takutsi Nakawé, «nuestra abuela crecimiento» en wixárika niukieya— es la abuela creadora primordial del panteón del pueblo wixárika (autónimo, singular; plural wixáritari; exónimo huichol, hispanización de un etnónimo náhuatl). Deidad anterior a los demás dioses del panteón, encarnación de la tierra fértil, del crecimiento vegetal, de la lluvia primigenia y del mar, su figura fue registrada por primera vez de forma sistemática por Konrad Theodor Preuss en Die Nayarit-Expedition (2 vols., Teubner, Leipzig, 1912), fruto de la expedición 1905-1907 que documentó cora y wixárika de la sierra Madre Occidental. El mito central de Nakawé narra el diluvio primordial del que salva a Watákame, primer padre de la humanidad wixárika.

¿Cómo es el mito del diluvio y Watákame según el registro de Preuss?

Preuss (1912) transcribió el relato durante la Nayarit-Expedition 1905-1907. Watákame talaba árboles para preparar un coamil de maíz cuando descubrió que una anciana, Nakawé, hacía renacer cada noche los troncos que él cortaba. Nakawé le reveló que vendría un gran diluvio y le ordenó construir una canoa de higuera y embarcar granos de maíz de cinco colores, frijol, calabaza, fuego y una perra negra. Durante cinco años las aguas cubrieron la tierra. Cuando bajaron, la perra se transformó en mujer y de su unión con Watákame proceden los wixáritari actuales. Nakawé creó las montañas de la sierra Madre Occidental para impedir futuros diluvios. Zingg (1938) recogió variantes en Tuxpan de Bolaños; Furst (2006) y Neurath (2002) lo documentaron como mito vigente.

¿En qué fiestas del ciclo wixárika se invoca hoy a Nakawé?

Nakawé preside la Fiesta del Elote (Namawita Neixa), una de las cinco fiestas mayores del calendario ritual wixárika. Se celebra al final de la temporada de lluvias en los tukite (templos comunitarios) y en los xirikite (adoratorios familiares) de las comunidades históricas de Tuapurie, Tateikie, Wautia y Tuxpan. Las familias depositan ofrendas de elote nuevo, calabaza, frijol y amaranto junto con nierika (tablillas de estambre), tsikuri (ojos de dios) y muvieri (báculos de plumas). Fuera del ciclo festivo mayor, Nakawé recibe ofrendas individuales en pozos, cuevas, humedales y lagunas asociadas al agua, incluida la laguna sagrada de Xapawiyemeta en el lago de Chapala documentada por Furst (2006).

¿En qué se distingue Nakawé de las madres específicas del panteón wixárika?

Neurath (2008) explica que las madres específicas del ciclo agrícola —Tatéi Yurianáka (patrona del maíz sembrado), Tatéi Werika Wímari (águila bicéfala celeste), Tatéi Haramara (madre del mar occidental), Tatéi Utuanaka (maíz tierno), Tatéi Kukurú Uimari (paloma-lluvia)— cumplen funciones rituales cotidianas en fiestas del calendario, en la correspondencia con las direcciones cardinales y con los tipos de maíz. Nakawé se mantiene como fondo primordial anterior del que todas ellas proceden. Es una diferencia jerárquica y temporal: las madres específicas administran ciclos concretos del año ritual, Nakawé ordenó el origen del que esos ciclos derivan. El corpus registrado por Preuss (1912) y confirmado por Zingg (1938), Myerhoff (1974) y Neurath (2002) preserva esta jerarquía.

¿Qué papel cumple Nakawé en la defensa contemporánea del territorio sagrado de Wirikuta?

Cuando el gobierno mexicano otorgó en 2009 y 2010 concesiones mineras a la empresa canadiense First Majestic Silver Corp. sobre 6.326 hectáreas del área natural protegida de Wirikuta, las autoridades tradicionales de las cuatro comunidades históricas del norte de Jalisco se reunieron en el Consejo Regional Wixárika por la Defensa de Wirikuta. Paul M. Liffman documentó el proceso en Huichol Territory and the Mexican Nation: Indigenous Ritual, Land Conflict, and Sovereignty Claims (University of Arizona Press, Tucson, 2011). En los pronunciamientos del Consejo, Nakawé como abuela de la tierra es invocada junto con Tatewarí, Tayaupa y Kauyumari como fundamento del derecho territorial wixárika sobre el desierto sagrado, argumento incorporado a la demanda de amparo que llevó a la suspensión parcial de las concesiones en 2012.

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