Para empezar. Pachacuti Inca Yupanki es el noveno Sapa Inca del linaje real del Cusco según la genealogía dinástica registrada por las crónicas coloniales del siglo XVI y consolidada por la investigación etnohistórica moderna. Su reinado, situado por John Howland Rowe en la cronología estándar del área andina publicada en American Antiquity en 1945 entre aproximadamente 1418 y 1471, transformó una jefatura regional cusqueña de dimensiones modestas en el Tahuantinsuyu propiamente dicho, imperio ordenado en cuatro suyus desde la capital y con sistema estatal de tributo, red vial Capac Ñan y organización religiosa centralizada en el Coricancha. El nombre Pachacuti —pacha «mundo, tiempo» en runasimi, más kuti «voltear, invertir»— fue asumido por el joven príncipe Cusi Yupanki tras la victoria sobre los Chanka en la batalla de Yawarpampa, cerca del Cusco, hacia 1438 o 1439 según Rowe, y quedó registrado en las crónicas como sello del acto refundacional del linaje: el que voltea el mundo. La versión palaciega temprana de Juan de Betanzos en la Suma y narración de los Incas (~1551), recogida a través de su esposa la ñusta Angelina Cuxirimay Ocllo —pariente del propio Pachacuti—, junto con la Historia índica de Pedro Sarmiento de Gamboa (~1572), El señorío de los Incas de Pedro Cieza de León (~1553), los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega (Lisboa, 1609) y la sistematización tardía de Bernabé Cobo (~1653), fijaron para la posteridad europea la imagen del Sapa Inca reformador cosmogónico, arquitecto de Sacsayhuamán, fundador de Machu Picchu como residencia real de su panaqa (según demostró Rowe en Kuntur 4, 1990) y padre de Túpac Inca Yupanki, décimo Sapa Inca. La biografía académica de referencia es Pachacutec Inca Yupanqui de María Rostworowski (IEP, Lima, 1953), completada por los trabajos de Franklin Pease (Los últimos incas del Cuzco, INC, 1972; Del Tawantinsuyu a la historia del Perú, PUCP, 1978) y por la síntesis contemporánea de Terence D’Altroy (The Incas, Blackwell, 2ª ed. 2015).
| Origen cultural | Pueblo inca del Cusco (siglos XV-XVI); linaje real del Tahuantinsuyu con panaqa propia llamada Iñaca Panaqa o Hatun Aylllu, encargada del culto póstumo del Sapa Inca y de la conservación de su cuerpo embalsamado en el Coricancha; tradición dinástica registrada por la crónica temprana de palacio (Juan de Betanzos ~1551, recogida a través de su esposa la ñusta Angelina Cuxirimay Ocllo pariente directa del linaje de Pachacuti), por la crónica oficial del período toledano (Pedro Sarmiento de Gamboa ~1572, Cristóbal de Molina ~1573-74), por la voz mestiza cusqueña del Inca Garcilaso de la Vega (Lisboa, 1609), por la voz indígena colonial de Felipe Guaman Poma de Ayala (~1615) y por la sistematización tardía del jesuita Bernabé Cobo (~1653); relectura académica sostenida por John Howland Rowe (1945, 1990), María Rostworowski (1953), Franklin Pease (1972, 1978) y Terence D’Altroy (2002, 2015) |
|---|---|
| Tipo | Noveno Sapa Inca del linaje real del Cusco según la genealogía estándar; hijo y sucesor de Wiracocha Inca (octavo Sapa Inca, distinto del dios creador homónimo); padre y predecesor de Túpac Inca Yupanki (décimo Sapa Inca); abuelo de Huayna Cápac (undécimo); reinado situado entre aproximadamente 1418 y 1471 según la cronología de John H. Rowe publicada en American Antiquity 10:3 en 1945; nombre de niño Cusi Yupanki, asumido el nombre Pachacuti Inca Yupanki tras la victoria sobre los Chanka en la batalla de Yawarpampa hacia 1438; reformador cosmogónico y arquitecto del Tahuantinsuyu; figura central del discurso identitario peruano contemporáneo |
| Función mítica | Voltear el mundo (etimología de Pachakuti: pacha «mundo, tiempo» + kuti «voltear, invertir») tras la victoria sobre los Chanka, con lo que el linaje real del Cusco queda refundado como imperio y el orden anterior queda invertido; recibir en la juventud la visión de Wiracocha con guerreros de piedra pururauca que se transforman en soldados durante la batalla de Yawarpampa; dividir el imperio en cuatro suyus (Chinchaysuyu, Antisuyu, Kollasuyu, Kuntisuyu) desde el ombligo ritual del Cusco; crear el sistema estatal de mit’a (trabajo rotativo obligatorio) y de mitmaq (colonos forzados); reformar el sistema ceque del Cusco con las 41 líneas rituales y las 328 huacas del valle; construir Sacsayhuamán (fortaleza ciclópea al norte de la capital) y Machu Picchu (residencia real de su panaqa, según John Rowe 1990); crear la fiesta Inti Raymi del solsticio de junio como culto oficial al Sol Inti |
| Atestación | Juan de Betanzos, Suma y narración de los Incas (~1551; ed. María del Carmen Martín Rubio, Atlas, Madrid, 1987), FUENTE CENTRAL de palacio recogida a través de la ñusta Angelina Cuxirimay Ocllo, pariente del linaje de Pachacuti; Pedro Cieza de León, El señorío de los Incas (~1553; ed. Manuel Ballesteros Gaibrois, Historia 16, Madrid, 1985); Pedro Sarmiento de Gamboa, Historia índica (~1572; ed. Ángel Rosenblat, Emecé, Buenos Aires, 1943); Cristóbal de Molina «el Cuzqueño», Relación de las fábulas y ritos de los Incas (~1573-74); Inca Garcilaso de la Vega, Comentarios Reales de los Incas (Lisboa, 1609; ed. Aurelio Miró Quesada, Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1976); Felipe Guaman Poma de Ayala, Nueva corónica y buen gobierno (~1615; ed. Rolena Adorno y John Murra, Siglo XXI, México, 1980); Bernabé Cobo, Historia del Nuevo Mundo (~1653; ed. Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, 1956); John H. Rowe, «Absolute Chronology in the Andean Area» (American Antiquity 10:3, 1945) y «Machu Picchu a la luz de documentos del siglo XVI» (Kuntur 4, 1990); María Rostworowski, Pachacutec Inca Yupanqui (IEP, Lima, 1953); Franklin Pease, Los últimos incas del Cuzco (INC, 1972) y Del Tawantinsuyu a la historia del Perú (PUCP, 1978); Terence D’Altroy, The Incas (Blackwell, 2ª ed. 2015) |
| Vigencia hoy | Figura central del discurso identitario peruano contemporáneo, con estatua monumental en Aguas Calientes (Machupicchu Pueblo, distrito de Machu Picchu, provincia de Urubamba, región Cusco) al pie del sitio arqueológico; nombre Pachacutec aplicado a municipios (distrito de Pachacútec en la provincia de Cañete, región Lima), avenidas principales (Av. Pachacútec en Lima, Cusco y Arequipa), instituciones educativas (Universidad Nacional Autónoma de Chota Pachacútec) y proyectos urbanos (ciudadela de Pachacútec en el distrito de Ventanilla, Callao, principal urbanización popular del norte de Lima Metropolitana); escenificación anual del Inti Raymi del 24 de junio en la explanada de Sacsayhuamán, organizada desde 1944 por el Ministerio de Cultura del Perú, con actor cusqueño encarnando el papel de Pachacuti ante aproximadamente cien mil asistentes; presencia en el currículo de historia del Perú de la educación básica regular como refundador del linaje inca y arquitecto del Tahuantinsuyu; su cuerpo embalsamado, encontrado por Polo de Ondegardo en Yucay en 1559 y trasladado a Lima según la documentación del Corregimiento del Cusco, desapareció durante el siglo XVII con hipótesis de enterramiento en algún hospital colonial limeño |
La biografía del noveno Sapa Inca del Cusco ha llegado a la historiografía contemporánea a través de un conjunto de crónicas coloniales del siglo XVI que difieren en detalles cronológicos y en el peso asignado a cada episodio, pero coinciden en el trazado general de la trayectoria vital y política del personaje. La secuencia canónica que la investigación etnohistórica moderna ha establecido a partir del cruce de las fuentes es la siguiente: nacimiento como Cusi Yupanki, hijo del octavo Sapa Inca Wiracocha Inca —homónimo pero distinto del dios creador Wiracocha— y de la Coya Mama Runtu; juventud como príncipe menor en el Cusco de la primera mitad del siglo XV, cuando la confederación cusqueña era todavía una jefatura regional de dimensiones modestas rodeada de estados vecinos igualmente poderosos.
El episodio central de la juventud de Cusi Yupanki es la Guerra Chanka. Los Chanka eran una confederación tribal de la sierra central peruana (región de Andahuaylas, actual departamento de Apurímac) que hacia 1438, según la cronología estándar de John Rowe, avanzó sobre el Cusco con intención de someterlo. El octavo Sapa Inca Wiracocha Inca y su hijo mayor y heredero designado, Inca Urco, huyeron del Cusco hacia la fortaleza de Caquia Xaquixaguana en el valle vecino de Urubamba, abandonando la capital a su suerte. El joven Cusi Yupanki, en cambio, permaneció en el Cusco con su hermano Inca Roca y un pequeño grupo de generales fieles, y organizó la defensa de la ciudad. Fue en este contexto cuando, según la versión de Betanzos (~1551) —recogida directamente de las tradiciones orales del palacio a través de la ñusta Angelina Cuxirimay Ocllo—, Cusi Yupanki tuvo la visión decisiva del dios Wiracocha que le anunció la victoria y le mostró el ejército de pururauca, piedras que se transformarían en guerreros durante el combate.
La victoria sobre los Chanka en la batalla de Yawarpampa —llano al oeste del Cusco cuyo nombre significa literalmente «llano de sangre» en runasimi— fue el acto refundacional del linaje real inca. Cusi Yupanki asumió tras la batalla el nombre Pachacuti Inca Yupanki, con lo que quedaba nombrado el que había volteado el mundo. Este artículo recorrerá por separado tres momentos de esa trayectoria refundacional: primero, el ciclo mítico de la Guerra Chanka y la asunción del nombre Pachacuti; segundo, las reformas estructurales del Tahuantinsuyu —la división en cuatro suyus, el sistema de mit’a, la reforma del sistema ceque, la construcción de Sacsayhuamán y Machu Picchu, la creación del Inti Raymi—; y tercero, la vigencia contemporánea del personaje en el discurso identitario peruano, con particular atención al episodio final del hallazgo de su cuerpo embalsamado por Polo de Ondegardo en Yucay en 1559 y a su presencia actual en el espacio público del Perú.
El 9º Sapa Inca reformador cosmogónico y la Guerra Chanka
Índice
El ciclo de la Guerra Chanka es el momento narrativo más importante de la biografía mítica de Pachacuti y ocupa un lugar central en todas las crónicas coloniales del siglo XVI que registran la historia dinástica del linaje real inca. La versión más detallada es la de Juan de Betanzos en la Suma y narración de los Incas (~1551), fuente palaciega temprana que Betanzos redactó con acceso directo a las tradiciones orales del Cusco a través de su matrimonio con la ñusta Angelina Cuxirimay Ocllo. Según Betanzos, cuando los Chanka —comandados por los generales Astoyhuaraca y Tomayhuaraca— se acercaron al Cusco hacia 1438 con intención de someterlo, el octavo Sapa Inca Wiracocha Inca, ya anciano y desanimado, decidió abandonar la capital y refugiarse en la fortaleza de Caquia Xaquixaguana, en el valle vecino de Urubamba, acompañado por su hijo mayor y heredero designado Inca Urco. El príncipe menor Cusi Yupanki, en cambio, decidió quedarse a defender la ciudad con su hermano Inca Roca y un grupo reducido de generales fieles al linaje.
La víspera de la batalla decisiva, Cusi Yupanki tuvo la visión que dará al ciclo su carácter mítico. Según Betanzos y Cieza de León (Señorío de los Incas, ~1553), el joven príncipe se retiró a la piedra ritual de Sushurpuquio —un manantial ceremonial situado al norte del Cusco— y allí se le apareció el dios Wiracocha «con barbas y con vestidura hasta los pies», según la descripción de Betanzos. El dios le anunció la victoria sobre los Chanka y le prometió el envío de un ejército auxiliar de pururauca: piedras del paisaje andino que se transformarían en guerreros durante el combate para reforzar a las tropas cusqueñas. La visión sella el pacto entre el joven príncipe y el dios creador del panteón inca, y establece la legitimidad religiosa de la refundación dinástica que seguirá a la victoria. Sarmiento de Gamboa (~1572) recoge la misma escena con variaciones menores, y Guaman Poma (~1615) la dibuja con detalle iconográfico en la Nueva corónica.
La batalla se libró al día siguiente en el llano de Yawarpampa, al oeste del Cusco. Las crónicas coinciden en describir la escena decisiva: cuando las tropas cusqueñas retrocedían ante el empuje Chanka, las piedras del paisaje se levantaron del suelo transformadas en guerreros —los pururauca prometidos por Wiracocha— y reforzaron a los defensores del Cusco hasta lograr la victoria total sobre los invasores. El nombre del llano —Yawarpampa, «llano de sangre» en runasimi— quedó fijado en la memoria oral cusqueña como testimonio de la magnitud del combate. Tras la victoria, Cusi Yupanki regresó al Cusco con las cabezas de los generales Chanka Astoyhuaraca y Tomayhuaraca y con el botín de guerra. Su padre Wiracocha Inca, informado del desenlace, regresó también a la capital, y en la ceremonia posterior Cusi Yupanki asumió formalmente el nombre Pachacuti Inca Yupanki, con lo que quedaba sellado el acto refundacional: el joven príncipe menor había volteado el mundo, y el linaje real quedaba refundado bajo su liderazgo.
La etimología del nombre Pachacuti tiene en el pensamiento andino inca un significado específico que conviene precisar. La raíz pacha designa en runasimi simultáneamente «mundo, espacio, territorio» y «tiempo, época, edad», en una ambivalencia semántica que la lingüística andina contemporánea de Rodolfo Cerrón-Palomino ha discutido con detalle en varios trabajos. La raíz kuti (también cuti en la ortografía colonial) significa «volver, voltear, invertir» con connotación de cambio radical de estado. La composición Pachakuti designa por tanto simultáneamente el volteo del mundo espacial —la inversión geográfica del orden anterior— y el volteo del mundo temporal —el fin de una edad y el comienzo de otra—. El nombre asumido por el joven príncipe tras la victoria sobre los Chanka es programa dinástico completo: el que ha volteado el mundo será el que refunde el linaje real y organice la nueva edad del imperio. Franklin Pease documentó en Del Tawantinsuyu a la historia del Perú (PUCP, 1978) cómo esta etimología funcionaba como código político del linaje real y cómo el propio Pachacuti instrumentalizó el nombre durante su reinado para legitimar las reformas estructurales que emprendería a continuación.
El arquitecto del Tahuantinsuyu: 4 suyus, mit’a, Sacsayhuamán, Machu Picchu
Tras la coronación como noveno Sapa Inca, Pachacuti emprendió el conjunto de reformas estructurales que transformaron una jefatura regional cusqueña en el Tahuantinsuyu propiamente dicho —»las cuatro partes reunidas» en runasimi—. La primera reforma fue la partición territorial del imperio en cuatro suyus definidos desde el Cusco como ombligo ritual: Chinchaysuyu (noroeste, hacia la costa central y norte del Perú actual y hasta Quito), Antisuyu (noreste, hacia la selva amazónica), Kollasuyu (sureste, hacia el altiplano boliviano y el norte chileno-argentino) y Kuntisuyu (suroeste, hacia la costa sur peruana). La partición no era administrativa en sentido moderno sino ceremonial y ritual: cada suyu tenía huacas específicas, calendario ritual propio y sistema de ceques —líneas rituales imaginarias— que lo vinculaban al centro ceremonial del Cusco. La reforma quedó registrada por Sarmiento de Gamboa (~1572), por Cristóbal de Molina (~1573-74) y por Bernabé Cobo (~1653), libro XIII, con detalle topográfico.
La segunda reforma fue la creación del sistema estatal de mit’a: trabajo rotativo obligatorio que las comunidades sometidas debían prestar al Estado inca durante períodos definidos del año, en tareas como construcción de caminos, cultivo de tierras estatales, servicio en el ejército o trabajo en las minas. El sistema mit’a se combinaba con el sistema mitmaq —colonos forzados que Pachacuti desplazaba de sus regiones de origen hacia territorios recién conquistados para debilitar la resistencia local y reforzar la lealtad al Cusco—. Ambos sistemas quedaron documentados por Cieza de León (~1553), por Betanzos (~1551) y por la extensa Relación de las cosas del Pirú de Polo de Ondegardo (~1559), corregidor del Cusco encargado por el virrey Cañete de investigar las instituciones incas. La historiografía moderna —desde María Rostworowski (Pachacutec Inca Yupanqui, IEP, 1953) hasta Terence D’Altroy (The Incas, Blackwell, 2ª ed. 2015)— ha demostrado que estas dos instituciones fueron el fundamento material del imperio y la clave de su expansión rápida en las tres generaciones siguientes al reinado de Pachacuti.
La tercera reforma fue la reorganización del sistema ceque del Cusco. Pachacuti reformuló las 41 líneas rituales imaginarias que salían del Coricancha hacia el horizonte y las 328 huacas del valle asociadas a esas líneas, con lo que la topografía sagrada de la capital quedó ordenada como sistema geométrico completo. R. Tom Zuidema documentó este sistema en The Ceque System of Cuzco (Brill, Leiden, 1964), monografía de referencia sobre la organización ritual del Cusco prehispánico. En el plano arquitectónico, Pachacuti emprendió la construcción de Sacsayhuamán, fortaleza ciclópea sobre la colina que domina la capital al norte, con muros de piedras poligonales de hasta 200 toneladas que la técnica constructiva inca ajustó sin argamasa. La obra prosiguió durante el reinado de su hijo Túpac Inca Yupanki y de su nieto Huayna Cápac, y quedó inconclusa a la llegada de los españoles en 1533. En paralelo, Pachacuti fundó Machu Picchu como residencia real de su panaqa (Iñaca Panaqa o Hatun Ayllu), en la ceja de selva del valle de Urubamba a unos 80 kilómetros al noroeste del Cusco. La atribución de Machu Picchu a Pachacuti como pertenencia de su linaje real la demostró John Howland Rowe en Kuntur 4 (1990) a partir del cruce de documentos coloniales del siglo XVI, particularmente de Diego Rodríguez de Figueroa (~1565) y de la Visita de Chinchero (1572).
La cuarta reforma fue la reorganización del calendario ceremonial y del culto oficial al Sol Inti. Pachacuti instituyó la fiesta Inti Raymi —»fiesta del Sol» en runasimi— en el solsticio de junio, con ceremonia central en la explanada de Sacsayhuamán y participación de todo el linaje real, de las panaqa, de los curacas de los cuatro suyus y de las mamaconas del acllahuasi. La fiesta duraba nueve días y marcaba el inicio del año ceremonial inca. El culto al Sol quedó reformado con la construcción o ampliación del Coricancha —el «recinto de oro» en el centro ceremonial del Cusco— como templo principal del imperio, con paredes revestidas de láminas de oro batido y con estatuas rituales de Inti, de Mama Quilla (la Luna, esposa ritual del Sol), de las estrellas y de los meteoros. La reforma quedó documentada por Cristóbal de Molina en la Relación de las fábulas y ritos de los Incas (~1573-74), fuente central sobre el calendario ceremonial cusqueño, y por Bernabé Cobo en la Historia del Nuevo Mundo (~1653), libro XIII, dedicado al culto oficial del imperio.
Vigencia contemporánea: Pachacutec en el discurso identitario peruano
La figura de Pachacuti ocupa en el discurso identitario peruano contemporáneo un lugar homólogo al de Cuauhtémoc en el discurso identitario mexicano o al de Lautaro en el chileno: es el rey indígena refundador que la memoria nacional recupera como precedente prehispánico de la nación moderna. La presencia pública del personaje es visible en varios planos complementarios. En el plano toponímico y onomástico, el nombre Pachacutec (con la variante castellanizada del cronista) designa hoy en el Perú: el distrito de Pachacútec en la provincia de Cañete (región Lima); avenidas principales en Lima (Av. Pachacútec en el distrito de Villa María del Triunfo), Cusco (Av. Pachacútec en el centro histórico) y Arequipa (Av. Pachacútec en el distrito de Cerro Colorado); la ciudadela de Pachacútec en el distrito de Ventanilla, provincia constitucional del Callao, principal urbanización popular del norte de Lima Metropolitana con más de 130.000 habitantes; la Universidad Nacional Autónoma de Chota Pachacútec en Cajamarca; y el proyecto educativo Escuelas Pachacútec del Ministerio de Educación en las regiones andinas del sur del país.
En el plano monumental, la estatua principal del Sapa Inca se levanta en Aguas Calientes —oficialmente Machupicchu Pueblo, distrito de Machu Picchu, provincia de Urubamba, región Cusco—, al pie del sitio arqueológico que Pachacuti fundó como residencia real de su panaqa. La escultura, obra del artista peruano Fausto Espinoza Farfán inaugurada en 1992, domina la plaza principal del pueblo y recibe a los aproximadamente 1,5 millones de turistas anuales que visitan Machu Picchu desde su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1983. En el plano ceremonial, la escenificación anual del Inti Raymi del 24 de junio en la explanada de Sacsayhuamán —restablecida en 1944 por el intelectual cusqueño Faustino Espinoza Navarro sobre la base del guion original documentado por Cristóbal de Molina (~1573-74)— incluye el papel central del Sapa Inca, encarnado cada año por un actor cusqueño elegido específicamente para el papel. La ceremonia reúne a aproximadamente cien mil asistentes en la explanada y ha sido declarada Patrimonio Cultural de la Nación por el Ministerio de Cultura del Perú.
El episodio final de la biografía póstuma de Pachacuti es el hallazgo de su cuerpo embalsamado por Polo de Ondegardo en 1559. El corregidor del Cusco, encargado por el virrey Cañete de localizar los cuerpos embalsamados de los Sapa Inca difuntos y de sus Coya correspondientes para retirarlos del culto público —que las autoridades coloniales consideraban idolatría—, encontró el cuerpo de Pachacuti en la localidad de Yucay, en el valle de Urubamba, donde la panaqa del Sapa Inca lo había ocultado tras la conquista española de 1533. Polo de Ondegardo documentó el hallazgo en su Relación de las cosas del Pirú (~1559) y describió el cuerpo como «muy entero y bien tratado». Los cuerpos —de Pachacuti, de Huayna Cápac, de Túpac Inca Yupanki y de sus Coya correspondientes— fueron trasladados a Lima por orden del virrey y depositados en el Hospital de San Andrés, donde permanecieron algún tiempo antes de perderse. La hipótesis historiográfica dominante, sostenida por Franklin Pease (Los últimos incas del Cuzco, INC, 1972) y por Teodoro Hampe Martínez, es que los cuerpos fueron enterrados en el propio Hospital de San Andrés durante el siglo XVII, aunque las excavaciones arqueológicas dirigidas por Brian Bauer y por Antonio Coello en el emplazamiento del hospital colonial en Lima Centro entre 2001 y 2004 no lograron localizarlos.
La restitución historiográfica moderna del personaje corresponde específicamente a la etnohistoriadora peruana María Rostworowski, cuya biografía Pachacutec Inca Yupanqui (IEP, Lima, 1953) —completada más tarde por su Historia del Tahuantinsuyu (IEP, Lima, 1988)— fijó la imagen académica del noveno Sapa Inca como reformador cosmogónico y arquitecto del imperio. Franklin Pease continuó la línea de trabajo desde el Instituto Riva-Agüero de la Pontificia Universidad Católica del Perú con Del Tawantinsuyu a la historia del Perú (1978) y con la ampliación en Los últimos incas del Cuzco (INC, 1972). La síntesis contemporánea de Terence D’Altroy —arqueólogo estadounidense de la Universidad de Columbia— en The Incas (Blackwell, 1ª ed. 2002; 2ª ed. actualizada 2015) integra la investigación arqueológica de los últimos cincuenta años con la lectura crítica de las crónicas coloniales y presenta la biografía de Pachacuti como caso central del proceso de formación de los estados prístinos en los Andes. En el discurso identitario peruano contemporáneo, la figura del Sapa Inca reformador permanece como referencia simbólica de la refundación del país —recuperada durante el gobierno de Juan Velasco Alvarado (1968-1975) como emblema del nacionalismo indigenista peruano, y reactivada durante los debates sobre la reforma constitucional del país en el siglo XXI—.
Para terminar
Pachacuti Inca Yupanki es la figura central de la memoria dinástica del linaje real inca del Cusco, y su reinado ha sido leído por la historiografía andina desde el siglo XVI hasta hoy como el momento fundacional del Tahuantinsuyu propiamente dicho. El ciclo de la Guerra Chanka, la asunción del nombre Pachacuti tras la victoria en Yawarpampa, la partición del imperio en cuatro suyus desde el ombligo ritual del Cusco, la creación del sistema estatal de mit’a y mitmaq, la reforma del sistema ceque, la construcción de Sacsayhuamán, la fundación de Machu Picchu como residencia real de su panaqa y la institución del Inti Raymi del solsticio de junio conforman una biografía cargada simbólicamente que las crónicas coloniales del siglo XVI transmitieron a la posteridad europea con acuerdo notable entre las fuentes, pese a las variaciones de detalle. La investigación etnohistórica moderna —desde John Howland Rowe (1945, 1990) hasta Terence D’Altroy (2015), pasando por María Rostworowski (1953) y Franklin Pease (1972, 1978)— ha depurado la biografía separando el núcleo histórico probable del envoltorio mítico legitimatorio, sin renunciar por ello a la lectura religiosa que las propias fuentes coloniales presentan como marco necesario para entender la figura.
La figura pertenece a un conjunto mayor cuyas piezas —los cuatro hermanos Manco Cápac, Ayar Cachi, Ayar Uchu y Ayar Auca del ciclo fundacional del Cusco, el panteón oficial encabezado por Inti y por Wiracocha, la genealogía dinástica completa de los trece Sapa Inca del Cusco, el culto a las montañas sagradas Apus y al Ausangate, el oráculo costero de Pachacamac y el culto a Pariacaca— solo se dejan entender cuando se leen en conjunto. Leer a Pachacuti por separado del ciclo Ayar, del panteón oficial del Tahuantinsuyu y del sistema ritual del Cusco es operación historiográfica útil pero incompleta. La vigencia contemporánea de la figura en el discurso identitario peruano —desde la ciudadela popular de Pachacútec en Ventanilla hasta la estatua monumental de Aguas Calientes, desde la escenificación anual del Inti Raymi hasta el currículo escolar del Ministerio de Educación— trabaja sobre esta restitución historiográfica y da al noveno Sapa Inca función política en el Perú del siglo XXI, cerrando el círculo entre la refundación mítica del linaje real inca en el siglo XV y el discurso republicano de la nación moderna.
Preguntas frecuentes
¿Quién fue Pachacuti Inca Yupanki?
Pachacuti Inca Yupanki fue el noveno Sapa Inca del linaje real del Cusco según la genealogía dinástica registrada por las crónicas coloniales del siglo XVI. Su reinado, situado por John Howland Rowe entre aproximadamente 1418 y 1471, transformó una jefatura regional cusqueña en el Tahuantinsuyu, imperio ordenado en cuatro suyus con sistema estatal de tributo, red vial Capac Ñan y organización religiosa centralizada. Fue hijo del octavo Sapa Inca Wiracocha Inca —homónimo pero distinto del dios creador— y padre del décimo Sapa Inca Túpac Inca Yupanki. Su nombre de niño era Cusi Yupanki, y asumió el nombre Pachacuti tras la victoria sobre los Chanka en la batalla de Yawarpampa hacia 1438.
¿Qué significa el nombre Pachacuti?
El nombre Pachacuti se compone en runasimi de dos raíces: pacha, que designa simultáneamente «mundo, espacio, territorio» y «tiempo, época, edad», y kuti (también cuti en la ortografía colonial), que significa «voltear, volver, invertir» con connotación de cambio radical de estado. La composición Pachakuti designa por tanto el que voltea el mundo o el que voltea el tiempo, en una ambivalencia semántica que corresponde exactamente al acto refundacional del linaje real inca tras la victoria sobre los Chanka. Franklin Pease documentó en Del Tawantinsuyu a la historia del Perú (PUCP, 1978) cómo esta etimología funcionaba como código político y cómo el propio Sapa Inca instrumentalizó el nombre para legitimar sus reformas estructurales.
¿Qué fue la Guerra Chanka y la batalla de Yawarpampa?
La Guerra Chanka fue el conflicto militar decisivo del reinado de Wiracocha Inca (octavo Sapa Inca) y de la juventud de Cusi Yupanki (futuro Pachacuti). Los Chanka, confederación tribal de la sierra central peruana en la región de Andahuaylas (actual Apurímac), avanzaron sobre el Cusco hacia 1438. Wiracocha Inca y su heredero Inca Urco huyeron; Cusi Yupanki tuvo la visión del dios Wiracocha en Sushurpuquio con la promesa de los pururauca —piedras que se transformarían en guerreros— y derrotó a los Chanka en la batalla de Yawarpampa (llano de sangre) al oeste del Cusco. Tras la victoria asumió el nombre Pachacuti, refundando el linaje real. El episodio está documentado por Betanzos (~1551), Cieza (~1553), Sarmiento (~1572) y Guaman Poma (~1615).
¿Qué reformas del Tahuantinsuyu se atribuyen a Pachacuti?
Las principales reformas atribuidas por las crónicas coloniales y por la investigación etnohistórica moderna a Pachacuti son cuatro. Primero, la partición territorial del imperio en cuatro suyus (Chinchaysuyu, Antisuyu, Kollasuyu, Kuntisuyu) desde el Cusco como ombligo ritual. Segundo, la creación del sistema estatal de mit’a (trabajo rotativo obligatorio) y de mitmaq (colonos forzados). Tercero, la reforma del sistema ceque del Cusco con las 41 líneas rituales y las 328 huacas asociadas, junto con la construcción de Sacsayhuamán y la fundación de Machu Picchu como residencia real de su panaqa (según demostró John Rowe en Kuntur 4, 1990). Cuarto, la reorganización del calendario ceremonial con la institución de la fiesta Inti Raymi en el solsticio de junio como culto oficial al Sol.
¿Tiene vigencia contemporánea la figura de Pachacuti?
Sí, en varios planos complementarios. En el plano toponímico, el nombre Pachacutec designa hoy en el Perú el distrito de Pachacútec en la provincia de Cañete, avenidas principales en Lima, Cusco y Arequipa, la ciudadela popular de Pachacútec en Ventanilla (Callao) con más de 130.000 habitantes, y la Universidad Nacional Autónoma de Chota Pachacútec. En el plano monumental, la estatua principal se levanta en Aguas Calientes al pie de Machu Picchu, obra de Fausto Espinoza Farfán inaugurada en 1992. En el plano ceremonial, la escenificación anual del Inti Raymi del 24 de junio en la explanada de Sacsayhuamán —restablecida en 1944— incluye el papel central del Sapa Inca. Su cuerpo embalsamado, encontrado por Polo de Ondegardo en Yucay en 1559 y trasladado a Lima, desapareció durante el siglo XVII.





