Ayar Uchu, el hermano Ayar petrificado en la huaca Huanacauri

En breve. Ayar Uchu es uno de los cuatro hermanos Ayar del mito fundacional inca del Cusco, hermano de Ayar Manco (el futuro Manco Cápac), Ayar Cachi y Ayar Auca, y protagonista de la petrificación en la huaca Huanacauri, cerro sagrado de 4.089 metros de altitud al sur del Cusco. Su nombre en runasimi (quechua) significa ‘ají’, voz que designa las variedades cultivadas del género Capsicum, planta con importancia ceremonial en el altiplano andino desde milenios antes del período inca. En la versión de Pedro Sarmiento de Gamboa (Historia índica, ~1572) y en la de Juan de Betanzos (Suma y narración de los Incas, ~1551), Ayar Uchu es el segundo hermano en ser eliminado durante el viaje fundacional desde la cueva Tampu Tocco (o Pacaritambo, unos 33 kilómetros al sur del Cusco) hacia el valle donde nacería la capital imperial. Su transformación en piedra sobre la cumbre de Huanacauri convirtió al cerro en huaca-fundadora del linaje dinástico del Sapa Inca y en una de las 328 huacas del sistema ceque documentado por Bernabé Cobo en el siglo XVII y estudiado en profundidad por el antropólogo neerlandés R. Tom Zuidema en The Ceque System of Cuzco (E. J. Brill, Leiden, 1964). El ritual warachikuy —iniciación militar del joven noble inca, en la que recibía el wara o taparrabos ceremonial adulto y el nombre de guerrero— tenía como escenario obligatorio el ascenso al Huanacauri y la ofrenda ante la huaca petrificada de Ayar Uchu. La ceremonia contemporánea del Warachikuy, reconstruida cada septiembre en la explanada de Sacsayhuamán bajo auspicio del Ministerio de Cultura del Perú, mantiene viva la memoria ritual de la figura dentro del calendario identitario cusqueño.

Origen culturalPueblo inca del Cusco (siglos XIII-XVI); tradición mítica del ciclo de Pacaritambo registrada por los cronistas coloniales del siglo XVI (Betanzos, Cieza, Sarmiento, Molina) y por la voz indígena colonial de Felipe Guaman Poma de Ayala en el siglo XVII; culto continuado en las comunidades campesinas de la provincia de Paruro (Cusco) y en el santuario del Huanacauri
TipoUno de los cuatro hermanos Ayar del mito fundacional inca; ancestro-huaca petrificado en la cumbre del cerro Huanacauri, huaca-fundadora del linaje dinástico del Sapa Inca y una de las 328 huacas del sistema ceque del Cusco documentado por Bernabé Cobo (1653) y sistematizado por R. Tom Zuidema (1964)
Función míticaEncarnar el segundo momento del viaje fundacional desde Pacaritambo hacia el Cusco; sacralizar el cerro Huanacauri como huaca-fundadora del linaje real; funcionar como huaca de referencia del ritual de iniciación militar warachikuy; en algunas versiones (Sarmiento 1572) recibir alas para volar hacia el Sol antes de petrificarse en la cumbre, con la carga simbólica correspondiente al culto solar cusqueño
AtestaciónPedro Sarmiento de Gamboa, Historia índica (~1572; ed. Ángel Rosenblat, Emecé, Buenos Aires, 1943; ed. Miguel Riquer, Historia 16, Madrid, 1988), FUENTE CENTRAL; Juan de Betanzos, Suma y narración de los Incas (~1551; ed. María del Carmen Martín Rubio, Atlas, Madrid, 1987); Pedro Cieza de León, El señorío de los Incas (~1553; ed. Franklin Pease, Ayacucho, 1985); Bernabé Cobo, Historia del Nuevo Mundo (~1653; ed. Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, 1956); Felipe Guaman Poma de Ayala, Nueva corónica y buen gobierno (~1615; ed. Rolena Adorno y John Murra, Siglo XXI, México, 1980); síntesis moderna en R. Tom Zuidema, The Ceque System of Cuzco (E. J. Brill, Leiden, 1964); Gary Urton, The History of a Myth: Pacariqtambo and the Origin of the Inkas (University of Texas Press, Austin, 1990); Franklin Pease, Los últimos incas del Cuzco (INC, Lima, 1972)
Vigencia hoyEl cerro Huanacauri (4.089 m) sigue siendo huaca reconocida en el mapa ritual del Cusco actual, con visitas ceremoniales de comunidades campesinas de la provincia; la ceremonia del Warachikuy se reconstruye anualmente cada tercer domingo de septiembre en la explanada del santuario arqueológico de Sacsayhuamán con auspicio del Ministerio de Cultura del Perú, integrada en el ciclo de celebraciones del Jubileo cusqueño de junio-septiembre; la localidad de Pacaritambo (provincia de Paruro) mantiene identidad colectiva ligada al ciclo mítico de los Ayar, documentada etnográficamente por Gary Urton (1990)

Ayar Uchu es una de las figuras menos protagónicas y más decisivas del ciclo mítico de los cuatro hermanos Ayar, el relato fundacional que los cronistas coloniales del siglo XVI recogieron de las tradiciones orales cusqueñas para explicar el origen del linaje dinástico del Sapa Inca. La eliminación progresiva de tres de los cuatro hermanos durante el viaje desde Pacaritambo hasta el valle del Cusco es el andamiaje narrativo sobre el que se sostiene la primacía del cuarto, Ayar Manco, futuro Manco Cápac, primer Sapa Inca y fundador oficial de la ciudad. Ayar Uchu ocupa el segundo lugar de esa serie de eliminaciones: después de Ayar Cachi —sellado por engaño en una cueva del monte Tampu Tocco— y antes de Ayar Auca, transformado en la piedra fundacional del centro del valle cusqueño al final del viaje.

El interés mítico de Ayar Uchu no está tanto en su biografía narrativa —relativamente breve incluso en la versión más detallada de Sarmiento de Gamboa— como en el lugar de su petrificación. El cerro Huanacauri, situado unos ocho kilómetros al sur del Cusco a una altitud de 4.089 metros, quedó consagrado por el mito como huaca-fundadora del linaje real, y esa consagración tuvo consecuencias prácticas de largo alcance en el sistema ceremonial inca. Durante los tres siglos del Tahuantinsuyu (aproximadamente 1200-1533), el Huanacauri fue el escenario obligatorio del warachikuy, ritual de iniciación militar del joven noble inca en el que recibía el wara o taparrabos ceremonial adulto, el nombre de guerrero y el reconocimiento comunitario de su ingreso a la esfera política y militar del imperio.

Tres planos organizan la lectura contemporánea de la figura y este artículo los recorrerá por separado. El primero es narrativo: qué versiones específicas del ciclo Ayar transmitieron los cronistas del siglo XVI y qué papel exacto asignaron a Ayar Uchu dentro de la serie. El segundo es interpretativo: cómo la historiografía inca moderna —Franklin Pease, R. Tom Zuidema, Gary Urton, María Rostworowski, Sabine MacCormack— ha leído la eliminación de los hermanos como formalización mítica de una jerarquía política real entre linajes cusqueños. El tercero es ritual y contemporáneo: qué función cumplía el Huanacauri como huaca dentro del sistema ceque documentado por Bernabé Cobo, y qué queda hoy de aquella práctica ceremonial en el calendario cultural del Cusco del siglo XXI.

El hermano petrificado en la huaca Huanacauri del Cusco

La versión más completa y ordenada del episodio de la petrificación de Ayar Uchu en la cumbre del Huanacauri se debe a Pedro Sarmiento de Gamboa, cosmógrafo y navegante andaluz nacido en Alcalá de Henares hacia 1532, que compuso su Historia índica por encargo directo del virrey Francisco de Toledo entre 1570 y 1572 con la finalidad expresa de reunir en un texto oficial la memoria histórica del Tahuantinsuyu. La obra fue redactada en el propio Cusco mediante consultas sistemáticas a los quipucamayocs —especialistas en la lectura de los quipus, los registros de nudos y cuerdas de colores con los que la administración inca guardaba información numérica y narrativa— y a los descendientes de las panacas reales, los linajes agrupados en torno a la memoria de cada Sapa Inca difunto. La Historia índica permaneció manuscrita durante casi cuatro siglos y no se publicó hasta la edición de Richard Pietschmann en Berlín (1906), con posterior traducción anotada en la de Ángel Rosenblat (Emecé, Buenos Aires, 1943) y ediciones modernas de referencia como la de Miguel Riquer (Historia 16, Madrid, 1988) y la de Julián I. Santillana (UNMSM, Lima, 1999).

Según el relato de Sarmiento, el episodio se sitúa después de la eliminación de Ayar Cachi en la cueva de Tampu Tocco y durante la etapa intermedia del viaje entre Pacaritambo y el valle del Cusco. Los tres hermanos supervivientes —Ayar Manco, Ayar Uchu y Ayar Auca— llegan con sus hermanas-esposas al cerro que en adelante se llamará Huanacauri. Allí ocurre el episodio central: Ayar Uchu asciende a la cumbre y recibe alas, con las que vuela hacia el Sol para pedirle instrucciones. Al descender, en el momento de tocar de nuevo la piedra de la cima, se transforma él mismo en piedra y queda fijado para siempre como huaca del cerro. Antes de terminar de petrificarse, alcanza a dar dos instrucciones a sus hermanos: la primera, que Ayar Manco pase a llamarse desde ese momento Manco Cápac (con el título honorífico cápac, ‘rey’ o ‘poderoso’ en runasimi); la segunda, que el cerro sea la huaca de referencia del ritual de iniciación militar del joven noble inca. Sarmiento presenta el episodio con esa secuencia precisa: vuelo, transformación, transmisión testamentaria y petrificación definitiva.

La versión de Juan de Betanzos en su Suma y narración de los Incas (~1551) precede en dos décadas a la de Sarmiento y presenta variantes menores pero significativas. Betanzos era esposo de la ñusta Cuxirimay Ocllo, sobrina del último Sapa Inca reconocido por la línea legítima, Atahualpa, y su acceso a las tradiciones orales del palacio cusqueño era particularmente directo. En su relato, la petrificación de Ayar Uchu aparece más simplificada: el hermano se convierte en piedra sobre el cerro sin el episodio previo del vuelo al Sol, y la transmisión del nombre Manco Cápac al hermano superviviente ocurre como consecuencia natural de la eliminación. Betanzos privilegia la línea narrativa política sobre el elemento mágico del vuelo, y esa preferencia se explica probablemente por su fuente de información —la memoria dinástica de palacio, interesada en subrayar la legitimidad del linaje sobre la espectacularidad del prodigio—.

La etimología del nombre Uchu es transparente en runasimi: designa el ají, es decir, las variedades cultivadas del género Capsicum, planta con importancia ceremonial y alimentaria en el altiplano andino desde milenios antes del período inca. El etnobotánico Barbara Pickersgill documentó en su clásico Cultivated plants of the Andes: the Peruvian pepper (Economic Botany, 1969) que el ají fue una de las primeras especies domesticadas por los pueblos preincaicos del Perú, con evidencia arqueológica en el sitio de Guitarrero (Áncash) fechada hacia el 8500 a. C. La asociación del nombre Ayar Uchu con el ají conecta al hermano con la esfera de las plantas cultivadas de valor ritual, en paralelo a la asociación de Ayar Cachi con la sal y de Ayar Manco con nombres relacionados con la esfera del poder político. Los cuatro nombres Ayar forman así una serie coherente que remite al léxico agrario y ritual del altiplano cusqueño en el momento de la constitución del mito.

El ciclo de los cuatro hermanos Ayar según Sarmiento de Gamboa (1572) y Betanzos (1551)

El ciclo entero de los hermanos Ayar arranca en la cueva Tampu Tocco (llamada también Pacaritambo, voz que significa ‘posada del amanecer’ en runasimi), lugar situado según la tradición cusqueña a unos 33 kilómetros al sur del Cusco, en la actual provincia de Paruro. De la cueva emergen cuatro parejas de hermanos-esposos por tres ventanas rituales: Capac Toco (la ventana principal, por la que salen los Ayar), Maras Toco (por la que salen los antepasados del pueblo Maras) y Sutic Toco (por la que salen los Tampu). Las cuatro parejas Ayar están formadas por Ayar Manco y Mama Ocllo, Ayar Cachi y Mama Ipacura (o Mama Cura), Ayar Uchu y Mama Huaco, Ayar Auca y Mama Rahua (o Mama Rawa). La composición exacta de las parejas varía según la fuente: Sarmiento y Betanzos dan la lista canónica arriba indicada, mientras que Guaman Poma (~1615) presenta variantes menores en los nombres de las hermanas-esposas.

El viaje desde Pacaritambo hacia el valle del Cusco ocupa un período mítico indeterminado y está marcado por la eliminación progresiva de los hermanos. Primero cae Ayar Cachi, sellado por engaño en una cueva del monte Tampu Tocco mediante la maniobra del sirviente Tambochacay, que apila enormes piedras sobre la boca del pasaje. La razón declarada del episodio, según Sarmiento, es que la fuerza excesiva de Ayar Cachi —capaz de derribar cerros con la honda y de abrir quebradas de un solo tiro— resultaba peligrosa para el equilibrio del linaje en formación. Sus tres hermanos deciden eliminarlo antes de que su fuerza incontenible ponga en riesgo la fundación misma del imperio. La eliminación queda sellada por la petrificación posterior: la voz de Ayar Cachi sigue oyéndose desde dentro de la cueva, según Cristóbal de Molina ‘el Cuzqueño’ en su Relación de las fábulas y ritos de los Incas (~1573-74), y esa voz orienta a los hermanos supervivientes durante el resto del viaje.

La segunda eliminación es la de Ayar Uchu en el cerro Huanacauri, ya descrita. La tercera es la de Ayar Auca, que ocurre al final del viaje, cuando los tres hermanos supervivientes —Ayar Manco, ya renombrado Manco Cápac, y Ayar Auca— entran finalmente al valle del Cusco. Según Sarmiento, Ayar Auca es enviado por su hermano a marcar el lugar exacto de fundación del Coricancha, el templo del Sol que será centro ceremonial del imperio. Al llegar al sitio, Ayar Auca se transforma en la piedra que marcará para siempre el centro del valle cusqueño. Con esta tercera petrificación, solo queda Manco Cápac como fundador dinástico del linaje real inca, ya emparejado con Mama Ocllo y acompañado por las tres hermanas-esposas restantes en calidad de Coya (título de la esposa principal del Sapa Inca) y de esposas secundarias.

La lectura política del ciclo Ayar es sistemática entre los estudios cuzqueños del último medio siglo. El etnohistoriador peruano Franklin Pease, en Los últimos incas del Cuzco (Instituto Nacional de Cultura, Lima, 1972) y en Del Tawantinsuyu a la historia del Perú (IEP, Lima, 1978), interpretó la sucesión de eliminaciones como formalización mítica de la jerarquía política real entre los linajes fundadores del Cusco. Cada hermano Ayar representaría, en clave alegórica, uno de los linajes o panacas que compartieron el poder en la fase de constitución del Tahuantinsuyu antes de la primacía consolidada del linaje de Manco Cápac. Que uno fuera sellado en una cueva por engaño, otro convertido en huaca en el Huanacauri y otro en la piedra fundacional del Coricancha respondía a la necesidad ideológica de justificar mediante narración sagrada la subordinación práctica de los linajes rivales al linaje real dominante. La antropóloga estadounidense Sabine MacCormack, en Religion in the Andes: Vision and Imagination in Early Colonial Peru (Princeton University Press, 1991), leyó el ciclo Ayar como ejemplo paradigmático de la manera en que el pensamiento andino inca combinaba genealogía dinástica, geografía sagrada y memoria política dentro de una misma matriz narrativa.

Huanacauri como huaca y el ritual de iniciación militar warachikuy

La consagración del cerro Huanacauri como huaca-fundadora del linaje real inca tuvo consecuencias prácticas de largo alcance en el sistema ceremonial del Cusco. La huaca quedó integrada al sistema ceque —la red de 328 puntos sagrados repartidos por el valle del Cusco y sus alrededores, ordenados en 41 líneas imaginarias que partían del Coricancha— documentado en detalle por Bernabé Cobo en su Historia del Nuevo Mundo (~1653; ed. Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, 1956), libro XIII, y estudiado sistemáticamente por el antropólogo neerlandés R. Tom Zuidema en The Ceque System of Cuzco: The Social Organization of the Capital of the Inca (E. J. Brill, Leiden, 1964). Zuidema demostró que el sistema ceque no era un simple inventario de lugares sagrados sino un mapa ritual coordinado con el calendario ceremonial inca, con las divisiones sociales del Cusco (en hanan y hurin, mitades alta y baja) y con la organización política del imperio. El Huanacauri ocupaba un lugar destacado dentro de este sistema por su condición de huaca de referencia del linaje dinástico y por su papel en el ritual de iniciación militar del joven noble.

El warachikuy era el ritual mediante el cual los jóvenes de la nobleza inca —principalmente los descendientes de las panacas reales, pero también los hijos de la nobleza cusqueña ampliada y ocasionalmente de curacas provinciales aliados— accedían a la condición de guerreros adultos. La ceremonia se celebraba anualmente en el mes de Capac Raymi (aproximadamente diciembre), coincidiendo con el solsticio de verano austral, e implicaba una secuencia de pruebas físicas y rituales que se prolongaba durante varias semanas. Los jóvenes iniciados —llamados huamincas o simplemente orejones por los cronistas coloniales, en referencia a los grandes dilatadores de orejas que llevaban como marca de estatus— ascendían al cerro Huanacauri, ayunaban durante días, participaban en carreras de resistencia, competían en combates rituales con hondas y macanas, recibían el wara (taparrabos ceremonial adulto) y las orejeras de oro, tomaban el nombre de guerrero y quedaban formalmente integrados a la esfera militar del imperio. La huaca de Ayar Uchu en la cumbre del cerro era el altar central de las ofrendas propiciatorias que abrían y cerraban la secuencia ritual.

Bernabé Cobo describió el ritual con detalle en el libro XIII de su Historia del Nuevo Mundo, y Cristóbal de Molina ‘el Cuzqueño’ aportó datos adicionales en su Relación de las fábulas y ritos de los Incas (~1573-74; ed. Henrique Urbano y Pierre Duviols, Historia 16, 1988). Ambos cronistas subrayan la centralidad del Huanacauri en el proceso: era el cerro al que se peregrinaba desde el Cusco, el sitio de las ofrendas más importantes (llamas jóvenes, tejidos finos, chicha ceremonial, hojas de coca), el lugar donde los jóvenes recibían la bendición de la huaca petrificada de Ayar Uchu antes de descender al valle para completar el resto de la iniciación. Susan Elizabeth Ramírez, en To Feed and Be Fed: The Cosmological Bases of Authority and Identity in the Andes (Stanford University Press, 2005), ha analizado con detalle la función del warachikuy como mecanismo de reproducción del cuerpo político inca y la manera en que la huaca ancestral petrificada operaba como fundamento de legitimidad para los nuevos guerreros de cada generación.

La vigencia contemporánea de Ayar Uchu y del ritual warachikuy tiene dos caras. Por un lado, el cerro Huanacauri sigue siendo huaca reconocida en el mapa ritual del Cusco actual, con visitas ceremoniales de comunidades campesinas de la provincia y con ofrendas periódicas en fechas del calendario andino que coinciden aproximadamente con las antiguas celebraciones del Capac Raymi. Por otro lado, la ceremonia del Warachikuy se reconstruye anualmente cada tercer domingo de septiembre en la explanada del santuario arqueológico de Sacsayhuamán, dentro del ciclo de celebraciones del Jubileo cusqueño de junio-septiembre, con auspicio institucional del Ministerio de Cultura del Perú y con participación de estudiantes de institutos y colegios de la ciudad como intérpretes del joven noble inca en proceso de iniciación. La reconstrucción contemporánea es escenificación turístico-identitaria más que ritual religioso, pero mantiene viva la memoria de la figura y su función simbólica en el imaginario colectivo cusqueño. El gobierno regional del Cusco, la Dirección Desconcentrada de Cultura y la propia Municipalidad Provincial han institucionalizado la celebración como uno de los actos centrales del ciclo festivo anual, junto con el Inti Raymi del 24 de junio y otras reconstrucciones rituales del calendario ceremonial inca. En ese marco, la figura mítica de Ayar Uchu reaparece cada septiembre como huaca fundacional del linaje real y como referencia simbólica del rito de paso masculino en el altiplano cusqueño contemporáneo.

Más allá del mito

Ayar Uchu es un caso claro de figura mítica cuya importancia depende menos de su biografía narrativa que de la huaca que su petrificación consagró. El cerro Huanacauri, huaca-fundadora del linaje del Sapa Inca y escenario del ritual de iniciación militar warachikuy, fue durante tres siglos uno de los puntos más importantes del sistema ceremonial inca, y su vigencia contemporánea —tanto en la práctica ritual campesina de la provincia de Paruro como en la escenificación turístico-identitaria de Sacsayhuamán cada septiembre— demuestra la resiliencia de la geografía sagrada cusqueña frente a cinco siglos de presión colonial, misionera y republicana. Franklin Pease, R. Tom Zuidema, Gary Urton y Sabine MacCormack coinciden en leer el ciclo Ayar como formalización mítica de la jerarquía política real entre los linajes fundadores del Cusco, y en esa lectura Ayar Uchu ocupa el lugar preciso de la segunda eliminación necesaria para que la primacía del linaje de Manco Cápac quede establecida sin discusión.

La figura pertenece a un sistema mayor cuyas piezas —los otros tres hermanos Ayar, las cuatro hermanas-esposas, la huaca Huanacauri, la cueva Tampu Tocco, la localidad de Pacaritambo, el Coricancha del Cusco— solo se dejan entender cuando se leen en conjunto y no aisladas unas de otras. Leer a Ayar Uchu por separado de Ayar Cachi, Ayar Auca, Manco Cápac, Mama Ocllo, Mama Huaco y del sistema ceque del Cusco es una operación historiográfica útil pero incompleta, y solo tiene sentido cuando se restituye después al conjunto del que forma parte. El panteón inca —con Wiracocha, Inti, Pachamama y las huacas menores del sistema ceque— y las tradiciones locales de las huacas del Pariacaca yauyo y del Ausangate quechua meridional forman el marco en el que Ayar Uchu adquiere su sentido pleno: hermano-huaca fundacional cuya petrificación en el Huanacauri sellaba, con cada nueva generación de jóvenes iniciados en el warachikuy, la continuidad ritual del cuerpo político inca.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Ayar Uchu en el mito fundacional inca?

Ayar Uchu es uno de los cuatro hermanos Ayar del mito fundacional del Cusco, hermano de Ayar Manco (futuro Manco Cápac), Ayar Cachi y Ayar Auca. Su nombre en runasimi (quechua) significa ‘ají’, voz que designa las variedades cultivadas del género Capsicum. En la versión de Pedro Sarmiento de Gamboa (Historia índica, ~1572) es el segundo hermano en ser eliminado durante el viaje fundacional desde la cueva Tampu Tocco (o Pacaritambo, a 33 km al sur del Cusco) hacia el valle del Cusco: recibe alas para volar al Sol y al descender se transforma en piedra sobre la cumbre del cerro Huanacauri, quedando allí como huaca-fundadora del linaje del Sapa Inca. Antes de petrificarse alcanza a transmitir a su hermano el título honorífico Cápac, con el que Ayar Manco pasará a llamarse Manco Cápac.

¿Qué es y dónde está el Huanacauri?

Huanacauri es un cerro sagrado de 4.089 metros de altitud situado unos ocho kilómetros al sur del Cusco, en la actual región peruana del mismo nombre. Fue una de las 328 huacas del sistema ceque del Cusco documentado por Bernabé Cobo en su Historia del Nuevo Mundo (~1653) y sistematizado por el antropólogo neerlandés R. Tom Zuidema en The Ceque System of Cuzco (E. J. Brill, Leiden, 1964). Su condición de huaca-fundadora del linaje real inca deriva del mito de la petrificación de Ayar Uchu en su cumbre. Hoy sigue siendo huaca reconocida en el mapa ritual del Cusco actual, con visitas ceremoniales de comunidades campesinas de la provincia y con ofrendas periódicas en fechas del calendario andino.

¿Qué era el ritual warachikuy?

El warachikuy era el ritual de iniciación militar mediante el cual los jóvenes de la nobleza inca accedían a la condición de guerreros adultos. Se celebraba anualmente en el mes de Capac Raymi (aproximadamente diciembre), coincidiendo con el solsticio de verano austral. Los jóvenes iniciados —llamados huamincas u orejones por los cronistas coloniales— ascendían al cerro Huanacauri, ayunaban durante días, participaban en carreras de resistencia y en combates rituales con hondas y macanas, recibían el wara (taparrabos ceremonial adulto) y las orejeras de oro, tomaban el nombre de guerrero y quedaban formalmente integrados a la esfera militar del imperio. La huaca petrificada de Ayar Uchu en la cumbre del cerro era el altar central de las ofrendas propiciatorias.

¿Qué fuentes coloniales documentan a Ayar Uchu?

Las fuentes principales son Pedro Sarmiento de Gamboa, Historia índica (~1572; ed. Ángel Rosenblat, Emecé, Buenos Aires, 1943), la más completa; Juan de Betanzos, Suma y narración de los Incas (~1551; ed. María del Carmen Martín Rubio, Atlas, Madrid, 1987), que aporta la versión de palacio anterior; Pedro Cieza de León, El señorío de los Incas (~1553); Bernabé Cobo, Historia del Nuevo Mundo (~1653), libro XIII, con la descripción del sistema ceque; Cristóbal de Molina ‘el Cuzqueño’, Relación de las fábulas y ritos de los Incas (~1573-74); y Felipe Guaman Poma de Ayala, Nueva corónica y buen gobierno (~1615), voz indígena colonial con dibujos. La síntesis moderna de referencia es R. Tom Zuidema, The Ceque System of Cuzco (Leiden, 1964), y Gary Urton, The History of a Myth: Pacariqtambo and the Origin of the Inkas (University of Texas Press, Austin, 1990).

¿Sigue vigente hoy la ceremonia asociada a Ayar Uchu?

Sí, en dos formas complementarias. Por un lado, el cerro Huanacauri sigue siendo huaca reconocida en el mapa ritual del Cusco actual, con visitas ceremoniales de comunidades campesinas de la provincia. Por otro lado, la ceremonia del Warachikuy se reconstruye anualmente cada tercer domingo de septiembre en la explanada del santuario arqueológico de Sacsayhuamán, dentro del ciclo de celebraciones del Jubileo cusqueño de junio-septiembre, con auspicio institucional del Ministerio de Cultura del Perú y con participación de estudiantes como intérpretes del joven noble inca. La reconstrucción es escenificación turístico-identitaria más que ritual religioso, pero mantiene viva la memoria de la figura y su función simbólica en el imaginario colectivo cusqueño contemporáneo.

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