Mama Huaco, la hermana-esposa Ayar y primera Coya guerrera del Tahuantinsuyu

Lo esencial. Mama Huaco es una de las cuatro hermanas-esposas del mito fundacional inca del Cusco, hermana de Mama Ocllo, Mama Ipacura (o Mama Cura) y Mama Rahua, y personaje central de la versión de Juan de Betanzos en su Suma y narración de los Incas (~1551), donde aparece con papel más destacado que en la fórmula canónica cusqueña posterior. En la versión de Betanzos Mama Huaco es la esposa principal del hermano Ayar Manco (futuro Manco Cápac), primera Coya (título que designa a la esposa principal del Sapa Inca) de la dinastía inca, y protagonista del acto fundacional propiamente dicho: es ella quien, desde la cumbre del cerro Huanacauri, lanza el bastón de oro taparaco (llamado también tupayauri en otras fuentes) hacia el valle del Cusco, marcando con su hundimiento el lugar exacto donde debía levantarse el Coricancha, templo mayor del Sol y centro ceremonial del Tahuantinsuyu. En Sarmiento de Gamboa (Historia índica, ~1572) el papel de Mama Huaco queda repartido entre las cuatro hermanas y la primacía dinástica se traslada a Mama Ocllo, con lo que la fundación del Cusco pierde su rasgo femenino más marcado. Felipe Guaman Poma de Ayala (~1615) dibuja a Mama Huaco con un arma agrícola sagrada, subrayando su condición guerrera y su papel activo en la lucha por el valle. Los trabajos de la antropóloga estadounidense Irene Silverblatt (Moon, Sun, and Witches: Gender Ideologies and Class in Inca and Colonial Peru, Princeton University Press, 1987) y de la etnohistoriadora peruana María Rostworowski (La mujer en el Perú prehispánico, IEP, Lima, 1988) recuperaron a partir de los años 1980 la centralidad femenina del ciclo Ayar y devolvieron a la figura de Mama Huaco el peso histórico que la crónica dinástica cusqueña le había recortado.

Origen culturalPueblo inca del Cusco (siglos XIII-XVI); tradición mítica del ciclo de Pacaritambo registrada en la primera crónica temprana de palacio (Juan de Betanzos, ~1551) y en las crónicas oficiales posteriores del período toledano (Sarmiento de Gamboa, ~1572; Cristóbal de Molina, ~1573-74); presencia iconográfica en la Nueva corónica de Felipe Guaman Poma de Ayala (~1615); relectura contemporánea desde los estudios de género andinos (Irene Silverblatt 1987, María Rostworowski 1988, Susan Elizabeth Ramírez 2005)
TipoUna de las cuatro hermanas-esposas Mama del ciclo Ayar; en la versión de Betanzos (~1551), esposa principal del hermano Ayar Manco, primera Coya de la dinastía y protagonista del acto fundacional del Cusco mediante el lanzamiento del bastón de oro taparaco (o tupayauri) desde el cerro Huanacauri; en la versión canónica cusqueña de Sarmiento (~1572), esposa del hermano Ayar Uchu, con función más subordinada dentro del cuarteto femenino
Función míticaFundar materialmente la ciudad del Cusco marcando el emplazamiento del Coricancha mediante el hundimiento del bastón de oro; encarnar el rasgo guerrero del cuarteto femenino Ayar; funcionar en la memoria dinástica como primera Coya del linaje real (según Betanzos); recibir culto propio como huaca ancestral tras su muerte, con conservación de su cuerpo embalsamado en el Coricancha junto con los cuerpos de los Sapa Inca difuntos, según documenta Bernabé Cobo (~1653)
AtestaciónJuan de Betanzos, Suma y narración de los Incas (~1551; ed. María del Carmen Martín Rubio, Atlas, Madrid, 1987), FUENTE CENTRAL, versión de palacio anterior; Pedro Sarmiento de Gamboa, Historia índica (~1572; ed. Ángel Rosenblat, Emecé, Buenos Aires, 1943; ed. Miguel Riquer, Historia 16, Madrid, 1988); Pedro Cieza de León, El señorío de los Incas (~1553); Bernabé Cobo, Historia del Nuevo Mundo (~1653; ed. Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, 1956); Felipe Guaman Poma de Ayala, Nueva corónica y buen gobierno (~1615; ed. Rolena Adorno y John Murra, Siglo XXI, México, 1980), con dibujo específico de Mama Huaco con arma agrícola; síntesis moderna en Irene Silverblatt, Moon, Sun, and Witches: Gender Ideologies and Class in Inca and Colonial Peru (Princeton University Press, 1987); María Rostworowski, Estructuras andinas del poder (IEP, Lima, 1983) y La mujer en el Perú prehispánico (IEP, Lima, 1988); Susan Elizabeth Ramírez, To Feed and Be Fed (Stanford, 2005); Franklin Pease, Los últimos incas del Cuzco (INC, Lima, 1972)
Vigencia hoyReivindicación identitaria feminista andina en el Perú y en Bolivia contemporáneos, con invocación de Mama Huaco como precedente prehispánico de agencia femenina en el poder político; presencia del personaje en escenificaciones del Inti Raymi del 24 de junio en la explanada de Sacsayhuamán, con actriz cusqueña encarnando el papel; línea de trabajo académico de historiadoras peruanas (María Rostworowski, hasta su muerte en 2016; Carmen Beatriz Loza; Marisol de la Cadena) y de organizaciones de mujeres indígenas del Cusco, Bolivia (Domitila Barrios de Chungara, Julieta Paredes) y Perú (Aida García Naranjo, Tarcila Rivera Zea) que recuperan a las cuatro Mama del ciclo Ayar como referencia simbólica de la lucha por el reconocimiento de la mujer indígena andina

La memoria colonial del Tahuantinsuyu se transmitió a la posteridad europea a través de una serie de crónicas escritas por hombres —españoles peninsulares, mestizos peruanos, indígenas ladinos de segunda generación— y organizada casi siempre alrededor de la sucesión dinástica del Sapa Inca, es decir, alrededor de la línea masculina del poder político. La consecuencia narrativa fue previsible: las mujeres del panteón mítico y de la historia dinástica quedaron reducidas en la mayoría de las crónicas a papeles subordinados, funciones auxiliares o marcadores de linaje matrimonial, con escasas excepciones. Cuando el nombre de una Coya aparecía, era casi siempre para precisar el matrimonio del Sapa Inca de turno o para explicar el parentesco de un hijo con derechos sucesorios; rara vez la Coya emergía como protagonista de un episodio narrativo autónomo. Esa asimetría estructural es el marco dentro del cual se lee todo lo que las fuentes coloniales conservan sobre las cuatro hermanas-esposas del ciclo Ayar.

Dentro de ese marco, la figura de Mama Huaco es una excepción particularmente valiosa. La crónica más temprana del ciclo fundacional inca —la Suma y narración de los Incas del extremeño Juan de Betanzos, terminada hacia 1551, apenas dieciocho años después de la captura y ejecución de Atahualpa— presenta a Mama Huaco como esposa principal del hermano Ayar Manco, primera Coya de la dinastía y protagonista del acto fundacional del Cusco mediante el lanzamiento del bastón de oro taparaco desde el cerro Huanacauri. El detalle es historiográficamente decisivo: Betanzos era esposo de la ñusta Cuxirimay Ocllo, sobrina del último Sapa Inca reconocido por la línea legítima (Atahualpa), y su acceso a las tradiciones orales del palacio cusqueño era particularmente directo. Su versión temprana registra un rasgo del mito que las crónicas oficiales posteriores del período toledano —la Historia índica de Pedro Sarmiento de Gamboa (~1572), redactada bajo control del virrey Francisco de Toledo con finalidad legitimatoria de la conquista— tenderán a moderar o reasignar.

La recuperación historiográfica de Mama Huaco es obra específica de los estudios de género andinos de los años 1980. Irene Silverblatt, en Moon, Sun, and Witches: Gender Ideologies and Class in Inca and Colonial Peru (Princeton University Press, 1987), y María Rostworowski, en Estructuras andinas del poder (IEP, Lima, 1983) y La mujer en el Perú prehispánico (IEP, Lima, 1988), leyeron con detalle las fuentes coloniales y demostraron que la línea femenina del panteón inca tenía culto propio y descendencia paralela al del Sapa Inca. Silverblatt formuló para el sistema un nombre técnico —organización matri-patri paralela— y desde entonces la figura de Mama Huaco ha sido leída por la historiografía andina contemporánea como una de las mejores evidencias documentales de la agencia femenina en el poder inca prehispánico. Este artículo recorrerá por separado tres momentos de esa historia: la Mama Huaco guerrera y primera Coya del cuarteto fundacional; el episodio central del taparaco según Betanzos; y la relectura contemporánea desde los estudios de género de Silverblatt y Rostworowski.

La hermana-esposa Ayar guerrera y primera Coya de la dinastía inca

El ciclo fundacional Ayar conocido por los cronistas del siglo XVI presenta cuatro parejas de hermanos-esposos emergidas por la ventana Capac Toco de la cueva Tampu Tocco (o Pacaritambo, unos 33 kilómetros al sur del Cusco): Ayar Manco con Mama Ocllo, Ayar Cachi con Mama Ipacura (o Mama Cura), Ayar Uchu con Mama Huaco, y Ayar Auca con Mama Rahua. La composición de las parejas varía según la fuente, y esa variación es la primera pista de que la memoria dinástica del linaje real inca no se transmitió como texto único sino como campo de versiones en competencia, cada una con acentos diferentes sobre las mismas figuras. La versión de Sarmiento de Gamboa (~1572) es la que la historiografía peruana ha tratado durante siglos como canónica, pero Betanzos (~1551) —dos décadas anterior y con acceso directo al ámbito de palacio— presenta una distribución alternativa en la que Mama Huaco ocupa el lugar de esposa principal de Ayar Manco (futuro Manco Cápac) y por tanto es primera Coya del linaje.

El rasgo más distintivo de Mama Huaco en las fuentes coloniales es su carácter guerrero. Pedro Sarmiento de Gamboa la describe como la más fuerte y valiente de las cuatro hermanas, capaz de participar directamente en los combates con las poblaciones locales que ocupaban el valle del Cusco antes de la llegada de los Ayar. En un episodio recogido por Sarmiento y por Cristóbal de Molina ‘el Cuzqueño’ (Relación de las fábulas y ritos de los Incas, ~1573-74; ed. Henrique Urbano y Pierre Duviols, Historia 16, 1988), Mama Huaco mata con una honda a un hombre del pueblo de los guallas —uno de los grupos que habitaban el valle— y le extrae el corazón y los pulmones, con los que asusta al resto de la población hasta hacerla huir. El episodio es de los pocos en el ciclo Ayar en que una figura femenina toma la iniciativa violenta directa, y contrasta marcadamente con la pasividad ceremonial que las mismas crónicas atribuyen a las otras tres hermanas Mama. Felipe Guaman Poma de Ayala, en su Nueva corónica y buen gobierno (~1615), dibujó a Mama Huaco con un arma agrícola sagrada —una chaquitaclla o pala andina ritualizada— que subraya iconográficamente su papel activo en la fundación material de la ciudad.

La condición de primera Coya del linaje real inca, atribuida por Betanzos a Mama Huaco, tiene consecuencias importantes en la genealogía dinástica que las crónicas del período toledano tenderán a reformular. El título Coya designa en runasimi a la esposa principal del Sapa Inca, con derechos protocolarios propios y con función ceremonial autónoma dentro del calendario ritual del Cusco. La primera Coya de la dinastía fundaba, con esa primera unión, la línea femenina paralela del linaje real —línea que Silverblatt en 1987 llamará matri-patri paralela— por la que descendían las ñustas (hijas y nietas de Sapa Inca, con derechos matrimoniales específicos), las panacas reales femeninas (grupos familiares en torno a la memoria de cada Coya difunta) y los cultos femeninos particulares del acllahuasi del Cusco. Que la primera Coya fuera Mama Huaco —guerrera activa y protagonista del acto fundacional propiamente dicho— o fuera Mama Ocllo —hermana receptora y esposa ceremonial— cambia significativamente el modelo simbólico del papel femenino en la genealogía dinástica.

La etimología del nombre Huaco es discutida. Rodolfo Cerrón-Palomino, principal lingüista contemporáneo de las lenguas quechua y aymara, ha señalado en varios trabajos sobre el léxico ritual andino que el término podría relacionarse con la voz waq’a (huaca, entidad sagrada del paisaje) por vía de una raíz común, aunque también puede derivarse de waqa (‘llorar’ o ‘exclamar con fuerza’ en runasimi), con connotación de voz potente asociada al canto ritual guerrero. La ambigüedad del étimo es coherente con la ambigüedad del personaje en las fuentes: Mama Huaco es simultáneamente guerrera potente, fundadora dinástica y huaca ancestral con culto propio tras su muerte. Bernabé Cobo, en su Historia del Nuevo Mundo (~1653), libro XIII, documenta que el cuerpo embalsamado de Mama Huaco era conservado en el Coricancha junto con los cuerpos de los Sapa Inca difuntos y recibía ofrendas en el calendario ceremonial, lo que confirma su condición póstuma de huaca dinástica reconocida por el culto oficial del Cusco.

El taparaco de oro que fundó el Cusco (Betanzos 1551)

El episodio del bastón de oro es el momento narrativo más importante de Mama Huaco en la Suma y narración de los Incas de Juan de Betanzos. La secuencia se sitúa después de la petrificación de Ayar Uchu en la cumbre del cerro Huanacauri, cuando los tres hermanos supervivientes —Ayar Manco, ya renombrado Manco Cápac por la última voluntad de Ayar Uchu, y Ayar Auca— están a punto de descender al valle del Cusco para completar la fundación de la ciudad. Es entonces cuando Mama Huaco, según la versión de Betanzos, toma en sus manos el bastón de oro taparaco (llamado también tupayauri en otras fuentes cusqueñas, con variación dialectal) y lo lanza desde la cumbre del Huanacauri hacia el valle. El bastón, dotado de propiedades sagradas heredadas de la línea ancestral, vuela por el aire y se hunde en la tierra hasta las empuñaduras en el punto exacto donde el linaje real deberá levantar el Coricancha, el templo mayor del Sol y centro ceremonial del imperio.

El detalle es historiográficamente decisivo. En la versión canónica cusqueña sistematizada por Sarmiento de Gamboa (~1572), el acto fundacional del Cusco corresponde a Manco Cápac, que lanza el bastón desde el Huanacauri como demostración de su primacía dinástica sobre los linajes locales del valle. En la versión de Betanzos, en cambio, el acto es específicamente femenino: es Mama Huaco, esposa principal del futuro fundador, quien realiza el gesto que sella la fundación material del Cusco. La transposición del sujeto —de Manco Cápac a Mama Huaco o de Mama Huaco a Manco Cápac, según se privilegie la versión de palacio de Betanzos o la crónica oficial toledana de Sarmiento— no es adorno narrativo menor sino desplazamiento sustancial del centro de gravedad simbólica del mito fundacional inca. En la lectura de Silverblatt (1987) y Rostworowski (1988), la versión canónica cusqueña posterior reformuló la memoria dinástica para reforzar la línea masculina del poder, en un contexto colonial en el que las categorías europeas de género privilegiaban al varón como agente político legítimo.

El bastón taparaco (o tupayauri) tiene en el pensamiento andino inca una carga ritual específica que conviene precisar. Se trata de un objeto de metal precioso —oro batido o aleación de oro y cobre según las descripciones más detalladas— con forma de bastón corto rematado por una empuñadura decorada, funcionalmente similar a un cetro ceremonial pero con capacidad práctica de ser lanzado como arma. En las fuentes cusqueñas colaterales aparece a veces asociado con la chaquitaclla (el arado andino de pie, herramienta central del cultivo del maíz y de la papa en las terrazas del valle), y esa asociación entre arma y arado ritualiza el gesto fundacional como acto simultáneamente militar y agrario. Mama Huaco lanza un bastón que es a la vez arma de guerra y herramienta de labranza, y con ese gesto funda una ciudad que será a la vez capital militar del imperio y centro del sistema agrario altoandino del maíz y la papa. La escena reúne bajo una misma imagen ritual las dos bases materiales del Tahuantinsuyu: el ejército y el campo cultivado.

La localización topográfica del episodio es también significativa. El bastón se lanza desde la cumbre del Huanacauri —huaca-fundadora del linaje real consagrada por la petrificación de Ayar Uchu— hacia el valle del Cusco, y se hunde en el punto donde deberá levantarse el Coricancha. Ese punto quedará después integrado al sistema ceque del Cusco como centro geométrico desde el cual parten las 41 líneas rituales que ordenan las 328 huacas del valle, según documenta Bernabé Cobo (~1653) y sistematiza R. Tom Zuidema en The Ceque System of Cuzco (Leiden, 1964). La topografía sagrada del Cusco tiene por tanto su origen mítico en el gesto de Mama Huaco: es su bastón el que fija el punto cero del sistema ceremonial y el que consagra el vínculo geográfico entre el Huanacauri (huaca-origen del linaje) y el Coricancha (huaca-centro del imperio). La primera Coya, con un gesto de brazo desde la cumbre, funda literalmente el mapa ritual del Cusco inca.

Género en el panteón inca según Irene Silverblatt (1987) y Rostworowski (1988)

La recuperación historiográfica sistemática de la línea femenina del panteón inca es obra de dos autoras contemporáneas cuya influencia en la etnohistoria andina de las últimas cuatro décadas ha sido decisiva. La antropóloga estadounidense Irene Silverblatt publicó en 1987 Moon, Sun, and Witches: Gender Ideologies and Class in Inca and Colonial Peru (Princeton University Press), monografía que reformuló completamente la lectura del papel femenino en el Tahuantinsuyu a partir de una revisión sistemática de las fuentes coloniales y de la documentación de las visitas de idolatrías del siglo XVII. La etnohistoriadora peruana María Rostworowski, formada en Lima y en la Universidad de San Marcos, había publicado poco antes Estructuras andinas del poder (IEP, Lima, 1983) y publicaría en 1988 La mujer en el Perú prehispánico (IEP, Lima), síntesis breve de una línea de trabajo que había sostenido durante décadas desde el Instituto de Estudios Peruanos. Ambas autoras coincidieron en documentar la existencia dentro del panteón oficial inca de una línea femenina autónoma, con genealogía propia, culto propio y jerarquía interna paralela a la del Sapa Inca.

El modelo interpretativo que Silverblatt propuso para describir esta línea femenina se conoce como organización matri-patri paralela: la sociedad inca reconocía dos líneas de descendencia y de transmisión ritual, la masculina que pasaba de padre a hijo y culminaba en el Sapa Inca con su corte de nobles varones, y la femenina que pasaba de madre a hija y culminaba en la Coya con su corte de ñustas (princesas), acllas (mujeres consagradas al culto del Sol y de la Luna, alojadas en el acllahuasi) y mamaconas (sacerdotisas mayores del Coricancha). Las dos líneas no eran subordinadas una a otra sino complementarias, cada una con esferas rituales propias, con calendarios ceremoniales específicos y con genealogías paralelas que se cruzaban solo en los matrimonios reales. La línea femenina tenía culto propio a Mama Quilla (la Luna, esposa ritual del Sol) y a las estrellas del hemisferio nocturno, mientras que la línea masculina tenía culto a Inti (el Sol) y a las divinidades diurnas.

En este marco interpretativo, Mama Huaco ocupa el lugar preciso de fundadora ancestral de la línea femenina. Como primera Coya del linaje (según Betanzos ~1551), como protagonista del acto fundacional del Cusco mediante el lanzamiento del taparaco, como guerrera activa en los combates con los pueblos del valle y como huaca dinástica conservada con culto propio en el Coricancha según Bernabé Cobo (~1653), Mama Huaco encarnaba en la memoria del panteón inca el papel homólogo al de Manco Cápac en la línea masculina. La reformulación posterior por parte de las crónicas oficiales del período toledano —Sarmiento de Gamboa (~1572), en particular— tendió a reasignar el papel fundacional al varón y a desplazar a Mama Huaco hacia funciones más subordinadas, con la consecuencia de que la línea femenina quedó reducida en la memoria historiográfica europea posterior a mera adenda de la línea masculina. Silverblatt y Rostworowski documentaron esta reformulación colonial y devolvieron a la Mama Huaco de Betanzos su peso histórico original.

La vigencia contemporánea de esta relectura es visible en dos planos. En el plano académico, la línea de trabajo iniciada por Silverblatt y Rostworowski en los años 1980 ha sido continuada por Susan Elizabeth Ramírez (To Feed and Be Fed: The Cosmological Bases of Authority and Identity in the Andes, Stanford University Press, 2005), por Carmen Beatriz Loza y por Marisol de la Cadena en un conjunto de publicaciones que exploran la agencia femenina en el panteón inca prehispánico y en las sociedades andinas coloniales. En el plano de la reivindicación identitaria contemporánea, la figura de Mama Huaco ha sido recuperada por organizaciones de mujeres indígenas del Perú (Aida García Naranjo, Tarcila Rivera Zea, la propia CHIRAPAQ Centro de Culturas Indígenas del Perú), de Bolivia (Domitila Barrios de Chungara, cuya autobiografía Si me permiten hablar… de 1977 se ha vuelto texto de referencia; Julieta Paredes, del feminismo comunitario boliviano) y del Ecuador (Nina Pacari, exministra de Relaciones Exteriores y primera mujer indígena en llegar a un ministerio en el país) como precedente prehispánico de agencia femenina en el poder político andino. La figura reaparece cada 24 de junio en las escenificaciones del Inti Raymi en la explanada de Sacsayhuamán, con actriz cusqueña encarnando el papel de la primera Coya del linaje inca, y ha sido tema de novelas históricas peruanas contemporáneas como La Coya de Ricardo Palma Michelsen (2018) y de proyectos educativos del Ministerio de Cultura peruano dirigidos a estudiantes de educación básica en las regiones andinas.

Una mirada final

Mama Huaco es uno de los pocos personajes femeninos del panteón fundacional americano cuyo peso histórico ha sido recuperado con detalle documental por la historiografía contemporánea a partir de la lectura crítica de las fuentes coloniales. La versión temprana de Juan de Betanzos (~1551), redactada con acceso directo al ámbito de palacio a través del matrimonio del cronista con la ñusta Cuxirimay Ocllo, preservó una imagen de la primera Coya del linaje inca que las crónicas oficiales del período toledano tenderán a moderar, y esa preservación temprana es el fundamento documental sobre el que Irene Silverblatt (1987) y María Rostworowski (1988) construyeron su lectura de la organización matri-patri paralela del panteón inca. Leer a Mama Huaco como primera Coya guerrera y protagonista del acto fundacional del Cusco mediante el lanzamiento del taparaco desde el Huanacauri no es proyección feminista contemporánea sobre el pasado prehispánico: es restitución filológica basada en la fuente cronística más temprana y en la lectura sistemática de las fuentes complementarias posteriores.

La figura pertenece a un conjunto mayor cuyas piezas —las cuatro hermanas Mama, los cuatro hermanos Ayar, el sistema ceque del Cusco, el culto a Mama Quilla y a Pachamama, la genealogía dinástica de las Coya sucesivas del linaje real inca— solo se dejan entender cuando se leen en conjunto y no aisladas unas de otras. Leer a Mama Huaco por separado de Mama Ocllo, Manco Cápac, Ayar Cachi, Ayar Uchu y del sistema ceque del Cusco es una operación historiográfica útil pero incompleta, y solo tiene sentido cuando se restituye después al conjunto del que forma parte. La reivindicación identitaria contemporánea de las organizaciones de mujeres indígenas andinas del Perú, Bolivia y Ecuador —que invocan a Mama Huaco como precedente prehispánico de agencia femenina en el poder— trabaja sobre esta restitución historiográfica y le da función política en el presente, cerrando el círculo entre la lectura filológica de las crónicas del siglo XVI y la lucha por el reconocimiento de la mujer indígena andina en las democracias del siglo XXI.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Mama Huaco en el mito fundacional inca?

Mama Huaco es una de las cuatro hermanas-esposas del ciclo Ayar, el mito fundacional del linaje real inca del Cusco. En la versión temprana de Juan de Betanzos (Suma y narración de los Incas, ~1551) es la esposa principal del hermano Ayar Manco (futuro Manco Cápac), primera Coya de la dinastía y protagonista del acto fundacional del Cusco mediante el lanzamiento del bastón de oro taparaco desde el cerro Huanacauri hacia el valle. En la versión canónica cusqueña posterior sistematizada por Sarmiento de Gamboa (~1572) es esposa del hermano Ayar Uchu, con papel más subordinado dentro del cuarteto femenino. Guaman Poma la dibuja con arma agrícola sagrada. Silverblatt (1987) y Rostworowski (1988) la recuperaron como fundadora ancestral de la línea femenina paralela del panteón inca.

¿Qué es el taparaco y por qué es importante?

El taparaco (o tupayauri en variantes dialectales) es el bastón de oro con el que Mama Huaco funda el Cusco según la versión de Juan de Betanzos (~1551). Se trata de un objeto de metal precioso con forma de bastón corto rematado por empuñadura decorada, funcionalmente similar a un cetro ceremonial pero con capacidad práctica de ser lanzado como arma. Mama Huaco lo lanza desde la cumbre del cerro Huanacauri hacia el valle, y el bastón se hunde en la tierra hasta las empuñaduras en el punto exacto donde el linaje real deberá levantar el Coricancha, templo mayor del Sol. El gesto es historiográficamente decisivo: en la versión canónica cusqueña sistematizada por Sarmiento de Gamboa (~1572) el acto fundacional se atribuye a Manco Cápac, no a Mama Huaco, con lo que el centro de gravedad simbólica del mito se desplaza del sujeto femenino al masculino.

¿Por qué la versión de Betanzos difiere de las crónicas posteriores?

Juan de Betanzos terminó su Suma y narración de los Incas hacia 1551, apenas dieciocho años después de la ejecución de Atahualpa. Era esposo de la ñusta Cuxirimay Ocllo, sobrina del último Sapa Inca reconocido por la línea legítima, y su acceso a las tradiciones orales del palacio cusqueño era particularmente directo. Su versión temprana preservó un rasgo del mito fundacional —la centralidad de Mama Huaco como primera Coya y agente activo del acto fundacional— que las crónicas oficiales del período toledano moderarán. La Historia índica de Pedro Sarmiento de Gamboa (~1572) fue redactada bajo control del virrey Francisco de Toledo con finalidad legitimatoria de la conquista, y su reformulación de la memoria dinástica tendió a reforzar la línea masculina del poder en un contexto colonial que privilegiaba al varón como agente político legítimo.

¿Cómo la recuperaron Silverblatt (1987) y Rostworowski (1988)?

La antropóloga estadounidense Irene Silverblatt, en Moon, Sun, and Witches: Gender Ideologies and Class in Inca and Colonial Peru (Princeton University Press, 1987), y la etnohistoriadora peruana María Rostworowski, en Estructuras andinas del poder (IEP, 1983) y La mujer en el Perú prehispánico (IEP, 1988), coincidieron en documentar la existencia dentro del panteón oficial inca de una línea femenina autónoma, con genealogía propia, culto propio y jerarquía interna paralela a la del Sapa Inca. Silverblatt propuso el modelo interpretativo de la organización matri-patri paralela: dos líneas de descendencia y transmisión ritual, la masculina (Sapa Inca, nobles varones) y la femenina (Coya, ñustas, acllas, mamaconas), complementarias y no subordinadas. En este marco, Mama Huaco ocupa el lugar de fundadora ancestral de la línea femenina, homólogo al de Manco Cápac en la línea masculina.

¿Tiene vigencia contemporánea la figura de Mama Huaco?

Sí, en dos planos complementarios. En el plano académico, la línea de trabajo iniciada por Silverblatt y Rostworowski en los años 1980 ha sido continuada por Susan Elizabeth Ramírez (To Feed and Be Fed, Stanford, 2005), Carmen Beatriz Loza y Marisol de la Cadena. En el plano de la reivindicación identitaria contemporánea, la figura de Mama Huaco ha sido recuperada por organizaciones de mujeres indígenas del Perú (Aida García Naranjo, Tarcila Rivera Zea, CHIRAPAQ), de Bolivia (Domitila Barrios de Chungara, Julieta Paredes del feminismo comunitario) y del Ecuador (Nina Pacari) como precedente prehispánico de agencia femenina en el poder político andino. La figura reaparece cada 24 de junio en las escenificaciones del Inti Raymi en la explanada de Sacsayhuamán, con actriz cusqueña encarnando el papel de la primera Coya del linaje inca.

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