Bakwas, el hombre salvaje del bosque de la Costa Noroeste

Lo esencial. Bakwas (grafía kwak’wala moderna Bak̕was; grafía antigua Bookwus) es el hombre salvaje del bosque en el sistema simbólico Kwakwaka’wakw, pueblo de la familia lingüística wakash asentado en el norte de la isla de Vancouver y la costa continental adyacente de la Columbia Británica (Canadá). A diferencia de la gigante Dzunuḵ̓wa o del Sasquatch de los pueblos salishanos vecinos, Bakwas no es un ser desmesurado: tiene estatura humana, cuerpo delgado, cabello largo enmarañado, tono verdoso-grisáceo (color del limo del bosque húmedo), ojos hundidos y una expresión melancólica. Habita el bosque profundo cerca de arroyos y árboles caídos, es señor de los muertos ahogados y ofrece a los caminantes que se topan con él una comida fantasma —moluscos verdes, especialmente cockle (la almeja gigante de la Costa Noroeste)— cuya aceptación transforma al comensal en Bakwas también. Su registro etnográfico procede de Franz Boas, The Social Organization and the Secret Societies of the Kwakiutl Indians (Report of the U.S. National Museum for 1895, Washington, 1897), completada más tarde con George Hunt en Ethnology of the Kwakiutl (Bureau of American Ethnology, Washington, 1921, 2 vols.). Fue recontada en clave narrativa contemporánea por Bill Reid y Robert Bringhurst en The Raven Steals the Light (Douglas & McIntyre, Vancouver, 1984) y aparece como presencia central en la novela Monkey Beach (Alfred A. Knopf Canada, Toronto, 2000) de la escritora haisla-heiltsuk Eden Robinson. Máscaras Bakwas talladas por Willie Seaweed (1873-1967) y Beau Dick (1955-2017) se conservan en el U’mista Cultural Centre de Alert Bay y en el Museum of Anthropology de la University of British Columbia (Vancouver).

Origen culturalPueblo Kwakwaka’wakw (autónimo, ‘hablantes de kwak’wala‘), familia lingüística wakash; norte de la isla de Vancouver y costa continental adyacente de la Columbia Británica (Canadá); subgrupos Kwaguʼł de Fort Rupert, ʼNa̱mgis del río Nimpkish (Alert Bay), Mama̱liliḵa̱la de Village Island y Dza̱wada̱ʼenux̱w del Kingcome Inlet; población estimada en unas 5.500 personas; sociedad estratificada tradicional; casas comunales de tablones de cedro rojo (Thuja plicata); ceremonia central del potlatch y temporada ritual invernal tsetsequa; figura compartida con variantes locales por otros pueblos wakash (nuu-chah-nulth) y de la Costa Noroeste (heiltsuk, haisla, oowekyala)
TipoHombre salvaje del bosque, humanoide de estatura humana (no gigantesco, a diferencia de la Dzunuḵ̓wa o del Sasquatch); cuerpo delgado, cabello largo enmarañado, tono verdoso-grisáceo (color del limo y del musgo del bosque húmedo), ojos hundidos y brillantes, expresión melancólica; se cubre parcialmente con hojas de hemlock (Tsuga heterophylla) y musgo; habita el sotobosque profundo cerca de arroyos, troncos caídos y zonas pantanosas; señor de los muertos ahogados en las aguas del canal Johnstone y del estrecho de la Reina Carlota
Función míticaOfrece al caminante que se topa con él una comida fantasma —moluscos verdes, especialmente cockle (la almeja gigante Clinocardium nuttallii)—; quien acepta la comida ofrecida se transforma en Bakwas y engrosa el «pueblo del bosque»; los ahogados cuyos cuerpos no se recuperan son «captados» por Bakwas y pasan a formar parte de su séquito; figura de control social que explica muertes por ahogamiento inexplicadas y disuade a los niños de alejarse solos al bosque, especialmente cerca de los arroyos peligrosos del sotobosque de cedro rojo y hemlock
AtestaciónFranz Boas, The Social Organization and the Secret Societies of the Kwakiutl Indians (Report of the U.S. National Museum for 1895, Washington, 1897); Franz Boas y George Hunt, Ethnology of the Kwakiutl (Bureau of American Ethnology, Washington, 1921, 2 vols.); Franz Boas, Kwakiutl Ethnography (Helen Codere ed., University of Chicago Press, 1966, publicación póstuma); Bill Reid y Robert Bringhurst, The Raven Steals the Light (Douglas & McIntyre, Vancouver, 1984, con el cuento clásico «Bakwas y el pescador»); Peter Macnair, Alan Hoover y Kevin Neary, The Legacy: Tradition and Innovation in Northwest Coast Indian Art (Royal British Columbia Museum, Victoria, 1980); Eden Robinson, Monkey Beach (Alfred A. Knopf Canada, Toronto, 2000, novela con Bakwas como presencia central)
Vigencia hoyMáscaras Bakwas expuestas en el U’mista Cultural Centre de Alert Bay (fundado en 1980) y en el Museum of Anthropology de la University of British Columbia (Vancouver, MOA UBC); presencia continuada en el arte formline contemporáneo de tallistas Kwakwaka’wakw como Willie Seaweed (1873-1967, Blunden Harbour), Mungo Martin (1879-1962), Doug Cranmer (1927-2006), Bill Holm (1925-2020) y Beau Dick (1955-2017); presencia central en la novela Monkey Beach (2000) de Eden Robinson (haisla-heiltsuk), finalista del Giller Prize; adaptación cinematográfica de Monkey Beach dirigida por Loretta Todd (2020); presencia en el cine indígena canadiense reciente y en la literatura oral recogida por el U’mista

Bakwas es el hombre salvaje del bosque en el sistema simbólico Kwakwaka’wakw. La grafía moderna en la ortografía kwak’wala reformada es Bak̕was; la grafía antigua utilizada por Boas y por la etnografía anglosajona del siglo XX es Bookwus. En los textos españoles suele preferirse la forma simplificada Bakwas. Su descripción es constante en todas las versiones recogidas: hombre delgado de estatura humana, cabello largo enmarañado, cuerpo de tono verdoso-grisáceo (el color del limo y del musgo del bosque húmedo), ojos hundidos y una expresión melancólica que las máscaras del ciclo tsetsequa reproducen con precisión. Se cubre parcialmente con hojas de hemlock (Tsuga heterophylla) y con musgo del sotobosque, elementos que lo camuflan en el ambiente donde habita.

Su registro etnográfico procede de Franz Boas, The Social Organization and the Secret Societies of the Kwakiutl Indians (Report of the U.S. National Museum for 1895, Washington, 1897), obra basada en las expediciones a Fort Rupert y Alert Bay entre 1886 y 1895 y en el trabajo continuado con el intérprete y colaborador nativo George Hunt (1854-1933), hijo de un empleado escocés de la Hudson’s Bay Company y de una madre tlingit, criado como kwak’wala-parlante en el poblado Kwaguʼł de Fort Rupert. La descripción se amplió y matizó en Ethnology of the Kwakiutl (Bureau of American Ethnology, Washington, 1921, 2 vols.), donde Hunt aportó nuevas versiones de Bakwas recogidas entre 1897 y 1920 en los poblados de la isla de Vancouver septentrional. La versión póstuma en Kwakiutl Ethnography (Helen Codere ed., University of Chicago Press, 1966) completa el corpus etnográfico.

Conviene distinguir Bakwas de otras figuras próximas de la Costa Noroeste. La D’sonoquaDzunuḵ̓wa en la ortografía kwak’wala moderna— es la gigante caníbal de las montañas Kwakwaka’wakw, un ser desmesurado, oscuro, dotado del pecho colgante característico y del grito «hu-hu» con el que rapta a los niños desobedientes. El Sasquatch de los pueblos salishanos vecinos es el hombre-simio hirsuto del interior boscoso, corpulento y velloso. Bakwas, por su parte, es humanoide de tamaño humano, delgado, de aspecto casi frágil, y su ámbito es el bosque bajo y húmedo cercano al mar más que la montaña. Los tres seres pertenecen al mismo repertorio de «hombres salvajes» de la Costa Noroeste, pero cada uno ocupa un nicho distinto del paisaje y de la función ritual.

El hombre salvaje del bosque de la Costa Noroeste

El hábitat de Bakwas es el sotobosque profundo del bosque templado lluvioso de la Costa Noroeste, dominado por el cedro rojo (Thuja plicata), el hemlock occidental (Tsuga heterophylla), el abeto de Douglas (Pseudotsuga menziesii) y el aliso rojo (Alnus rubra). Prefiere los lugares donde caen los grandes árboles y crece el musgo, cerca de los arroyos que descienden hacia el canal Johnstone o el estrecho de la Reina Carlota. Boas y Hunt (1921) sitúan sus apariciones en los poblados de Kwaguʼł de Fort Rupert y de ʼNa̱mgis de Alert Bay: se le divisa al atardecer entre los troncos caídos, se le oye moverse entre las hojas cuando el bosque queda en silencio, se topa con él el pescador solitario que camina de vuelta al pueblo con la marea baja.

La iconografía de la máscara Bakwas es una de las más distintivas del repertorio formline de la Costa Noroeste. Frente al rojo y negro brillantes que dominan las máscaras del hamatsa —incluidas las de Baxwbakwalanuksiwe y sus tres pájaros mensajeros— o el negro carbón profundo de la Dzunuḵ̓wa, la máscara Bakwas emplea verdes fríos, grises limosos, blancos apagados. El rostro humano estilizado presenta mandíbula profunda, mejillas hundidas, ojos grandes hundidos en las cuencas, boca cerrada o entreabierta y una expresión inequívocamente melancólica. Peter Macnair, Alan Hoover y Kevin Neary describen y catalogan varias de estas máscaras en The Legacy: Tradition and Innovation in Northwest Coast Indian Art (Royal British Columbia Museum, Victoria, 1980), obra que sigue siendo la referencia iconográfica principal para el arte de la Costa Noroeste del siglo XX.

Bakwas tiene equivalentes reconocibles en otros pueblos de la familia wakash y de la Costa Noroeste. Los nuu-chah-nulth de la costa occidental de la isla de Vancouver conocen la figura como Pakwa’skwok, con descripción muy similar y funciones análogas. Los heiltsuk y los haisla —vecinos al norte del territorio Kwakwaka’wakw— tienen sus propias versiones del hombre salvaje del bosque, integradas al ciclo ritual invernal. Los pueblos salishanos del sur y del interior desarrollaron el Sasquatch como equivalente funcional, con diferencias notables en la escala física y en el ámbito preferido. En cada tradición local la figura ocupa el mismo lugar estructural: es el ser humanoide del bosque, ni divino ni demoníaco, cuyo encuentro pone al caminante en contacto con el orden ontológico distinto que rige más allá del claro habitado.

La ontología del ser es peculiar. Bakwas no pertenece plenamente al mundo de los vivos ni al mundo de los muertos; ocupa un tercer plano intermedio, el del «pueblo del bosque», integrado sobre todo por los ahogados cuyos cuerpos no se recuperaron. Boas (1897) señala que esta figura del intermediario ontológico es constante en la mitología Kwakwaka’wakw: la frontera entre lo humano y lo no humano es permeable, y ciertos seres —Bakwas el primero de ellos— viven precisamente en el umbral. Quien se cruza con Bakwas y sobrevive vuelve al pueblo alterado: los relatos recogidos por Hunt mencionan a pescadores que quedan pálidos, silenciosos, con la mirada perdida durante semanas tras el encuentro, sin necesidad de haber probado la comida ofrecida.

La comida fantasma y el destino de los ahogados

El motivo mítico central de Bakwas es la oferta de la comida fantasma. Cuando el hombre salvaje se topa con un caminante en el bosque, se le aproxima y le tiende una concha abierta que contiene un molusco verdoso: cockle, la almeja gigante Clinocardium nuttallii, abundante en las playas rocosas del estrecho de la Reina Carlota. La almeja parece fresca, apetitosa. Boas y Hunt (1921) recogen la escena en varias versiones prácticamente idénticas: el pescador que regresa al pueblo con la marea baja, el encuentro súbito entre los troncos caídos, la mano tendida con la concha, la voz baja y persuasiva que invita a probar. Quien acepta la almeja de Bakwas se transforma en Bakwas también. El comensal desaparece del mundo humano, pasa a formar parte del «pueblo del bosque» y no vuelve a ser visto por su familia. Quien la rechaza sobrevive al encuentro, pero queda marcado por el estupor descrito por Hunt.

El motivo del contagio ontológico por la ingesta pertenece a un repertorio panamericano de encuentros con el «otro mundo»: comer la comida del país de los muertos, del país de los espíritus o del país del bosque implica pertenecer a ese país. La misma lógica opera en tradiciones aparentemente lejanas —el mito griego de Perséfone que come la granada en el Hades es su expresión clásica— y en variantes hispanoamericanas contemporáneas. En el sistema Kwakwaka’wakw el motivo tiene una función precisa: explica ontológicamente el destino de los ahogados cuyos cuerpos nunca se recuperaron. La aguas del canal Johnstone y del estrecho de la Reina Carlota son extraordinariamente frías y profundas; los cuerpos de los pescadores caídos al mar raramente aparecen. La respuesta cultural es que Bakwas los ha «captado»: los ha recogido en la costa, les ha ofrecido su comida y los ha incorporado a su pueblo.

La función pedagógica del ser complementa su función ontológica. Bakwas sirve como figura de control social para prevenir a los niños del peligro del bosque solitario, especialmente cerca de los arroyos rápidos que descienden del interior boscoso hacia las playas. Los mayores del pueblo advierten a los pequeños de que quien se aventura solo al bosque puede toparse con Bakwas, aceptar sin saberlo la comida ofrecida y desaparecer para siempre. La advertencia hace de Bakwas una presencia palpable en el imaginario infantil Kwakwaka’wakw, comparable a la Dzunuḵ̓wa en su función disuasoria pero de tono muy distinto: mientras la gigante rapta con violencia y con el grito «hu-hu», Bakwas seduce con la voz baja y la comida aparente. La una asusta; el otro atrae.

El repertorio de relatos recogidos por Boas y Hunt entre 1886 y 1930 incluye episodios en los que un pariente próximo del ahogado consigue «rescatarlo» del pueblo del bosque mediante procedimientos rituales precisos: el chamán del pueblo entra en el bosque profundo, canta los cantos apropiados de la sociedad ceremonial correspondiente, encuentra al ahogado ya transformado en Bakwas y lo «trae de vuelta» a la vida social ordenada. El rescate no siempre culmina: en varias versiones el ahogado, aunque devuelto al pueblo, queda para siempre marcado, prefiere el bosque a la casa comunal y termina desapareciendo por su cuenta. La ambivalencia del resultado es un rasgo estructural del ciclo Bakwas: la transformación por la comida fantasma puede parcialmente revertirse, pero deja huella permanente en quien la ha experimentado.

Del cuento clásico a la novela de Eden Robinson (2000) y el arte contemporáneo

La difusión moderna del ciclo Bakwas más allá del ámbito etnográfico se debe en gran medida al escultor haida-inglés Bill Reid (1920-1998) y al poeta Robert Bringhurst en The Raven Steals the Light (Douglas & McIntyre, Vancouver, 1984). El volumen —que retoma el motivo del Cuervo que da título al libro— dedica un capítulo al cuento clásico «Bakwas y el pescador», basado en las versiones registradas por Hunt entre 1886 y 1930. En la reelaboración de Reid y Bringhurst el hombre salvaje aparece con toda su ambivalencia melancólica: no es un monstruo derrotable ni una amenaza que el héroe deba vencer, sino un ser triste que ofrece la comida imposible al caminante y desaparece entre los troncos caídos cuando la almeja es rechazada. El tono es contemplativo, distinto del que domina en las versiones norteamericanas populares de otras figuras del bosque.

La incorporación de Bakwas a la literatura contemporánea canadiense llegó con la novela Monkey Beach (Alfred A. Knopf Canada, Toronto, 2000) de Eden Robinson, escritora nacida en 1968 en Kitamaat de padre haisla y madre heiltsuk. La novela —finalista del Giller Prize y del Governor General’s Award ese mismo año— cuenta la búsqueda de la protagonista Lisamarie Hill del cadáver de su hermano Jimmy, desaparecido en el mar frente a Kitamaat Village, y entrelaza la trama con el sistema simbólico haisla-heiltsuk. Bakwas aparece varias veces como presencia real dentro del bosque en el que Lisamarie se adentra: figura pequeña, verdosa, silenciosa, que se manifiesta en momentos determinados y que Lisamarie ha aprendido a reconocer desde niña por relato de su abuela Ma-ma-oo. La novela usa la figura para vincular la búsqueda de Jimmy —presunto ahogado— con el destino que la tradición reserva a quienes desaparecen en el mar sin recuperación del cuerpo. En 2020 Loretta Todd dirigió la adaptación cinematográfica Monkey Beach, en la que la figura tuvo presencia visual.

El arte formline contemporáneo mantiene a Bakwas vivo en máscaras y grabados de tallistas Kwakwaka’wakw de las últimas cuatro generaciones. Willie Seaweed (1873-1967), tallista de Blunden Harbour y figura central del estilo Kingcome, produjo máscaras Bakwas hoy conservadas en el Royal BC Museum y en el American Museum of Natural History. Mungo Martin (1879-1962), restaurador de postes tradicionales para el mismo Royal BC Museum en los años cincuenta, formó a la siguiente generación de tallistas del norte de Vancouver. Doug Cranmer (1927-2006), hijo del jefe Dan Cranmer del potlatch confiscado de 1921, transmitió el corpus a Beau Dick (1955-2017), cuyas máscaras Bakwas se expusieron en la retrospectiva Devoured by Consumerism del Museum of Anthropology de la UBC en Vancouver en 2017. El etnólogo y tallista estadounidense Bill Holm (1925-2020) —autor del canónico Northwest Coast Indian Art: An Analysis of Form (University of Washington Press, Seattle, 1965)— también reprodujo el motivo en talleres de enseñanza a lo largo de cuatro décadas.

La conservación institucional garantiza hoy la accesibilidad pública de la iconografía Bakwas. El U’mista Cultural Centre de Alert Bay, fundado en 1980 para albergar las máscaras confiscadas en la redada del potlatch de Village Island de 1921 y repatriadas décadas después, conserva varias máscaras Bakwas devueltas por el Museo Nacional del Hombre en Ottawa y por el Museo Real de Ontario. El Museum of Anthropology de la University of British Columbia en Vancouver expone máscaras contemporáneas de Beau Dick y Doug Cranmer. El Royal BC Museum de Victoria conserva ejemplares antiguos adquiridos por Charles F. Newcombe entre 1900 y 1911. El American Museum of Natural History en Nueva York guarda máscaras Bakwas recogidas por Franz Boas y George Hunt entre 1897 y 1905, parte del corpus fundacional del arte formline en las colecciones museísticas metropolitanas.

Lo que permanece

Bakwas pertenece a un repertorio de figuras del bosque cuyo relato explica y ordena el peligro que rodea al pueblo humano: el bosque no es un espacio vacío ni un fondo escénico, sino un territorio habitado por seres cuyos criterios y cuyas ofertas obedecen a un orden distinto al de la sociedad humana ordenada. La comida fantasma, la voz baja y persuasiva, la aparición entre los troncos caídos: cada rasgo del ciclo enseña algo sobre los riesgos del bosque solitario y sobre el destino de quienes se pierden en él sin retorno. La sensibilidad melancólica de la figura —muy distinta de la del D’sonoqua gigante o del Baxwbakwalanuksiwe devorador— la aproxima más a un ente triste que a un antagonista temible.

La continuidad de Bakwas en el imaginario Kwakwaka’wakw contemporáneo es palpable. Las máscaras siguen tallándose y bailándose en los potlatch de Alert Bay y Fort Rupert; los relatos siguen contándose en las casas familiares; la novela Monkey Beach de Eden Robinson lo ha introducido en el canon literario canadiense; el cine indígena contemporáneo —la adaptación de Loretta Todd de 2020 y trabajos anteriores de Zacharias Kunuk y del colectivo Igloolik Isuma Productions— ha explorado en clave visual la figura del habitante intermedio del bosque. Los paralelos con otros seres del bosque del continente —el Sasquatch de los pueblos salishanos vecinos, el Wendigo algonquino, la D’sonoqua gigante Kwakwaka’wakw, el Tornarssuk inuit del Ártico oriental— inscriben a Bakwas dentro de un repertorio compartido cuya versión específica está tallada por la geografía particular de la Columbia Británica costera: bosque templado lluvioso, arroyos de agua fría, mareas grandes y aguas oceánicas donde los ahogados raramente se recuperan.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Bakwas en el sistema simbólico kwakwaka’wakw?

Bakwas (grafía kwak’wala moderna Bak̕was; grafía antigua Bookwus) es el hombre salvaje del bosque en el sistema simbólico Kwakwaka’wakw, pueblo de la familia lingüística wakash asentado en el norte de la isla de Vancouver y la costa continental adyacente de la Columbia Británica. Es un ser humanoide de estatura humana —no gigantesco—, con cuerpo delgado, cabello largo enmarañado, tono verdoso-grisáceo, ojos hundidos y expresión melancólica. Habita el sotobosque profundo cerca de arroyos y troncos caídos, es señor de los muertos ahogados y ofrece a los caminantes una comida fantasma cuya aceptación los transforma en Bakwas. Su registro etnográfico procede de Franz Boas (1897) y Boas y Hunt (1921).

¿Cuál es la diferencia entre Bakwas, D’sonoqua y Sasquatch?

Los tres son «hombres salvajes» de la Costa Noroeste norteamericana pero ocupan nichos distintos. D’sonoqua (Dzunuḵ̓wa en kwak’wala moderna) es la gigante caníbal de las montañas kwakwaka’wakw, ser desmesurado y oscuro que rapta niños con el grito «hu-hu». Sasquatch es el hombre-simio hirsuto de los pueblos salishanos del interior, corpulento y velloso. Bakwas es humanoide de tamaño humano, delgado, casi frágil, de aspecto melancólico, habitante del sotobosque bajo y húmedo cercano al mar. Los tres pertenecen al repertorio de seres del bosque, pero cada uno tiene ámbito, escala y función ritual propios en la tradición de su pueblo.

¿Qué es la comida fantasma que ofrece Bakwas?

Cuando Bakwas se topa con un caminante en el bosque, le tiende una concha abierta con un molusco verdoso —cockle, la almeja gigante Clinocardium nuttallii, abundante en las playas rocosas del estrecho de la Reina Carlota—. Quien acepta la almeja se transforma en Bakwas y pasa a formar parte del «pueblo del bosque». Quien la rechaza sobrevive al encuentro pero queda marcado durante semanas. El motivo del contagio ontológico por la ingesta explica el destino de los ahogados cuyos cuerpos nunca se recuperaron en las aguas frías del canal Johnstone y del estrecho de la Reina Carlota: Bakwas los ha captado y los ha incorporado a su pueblo.

¿Cómo aparece Bakwas en la novela Monkey Beach de Eden Robinson?

Monkey Beach (Alfred A. Knopf Canada, Toronto, 2000), novela de la escritora haisla-heiltsuk Eden Robinson (n. 1968, Kitamaat), finalista del Giller Prize y del Governor General’s Award, cuenta la búsqueda por parte de la protagonista Lisamarie Hill del cadáver de su hermano Jimmy, desaparecido en el mar frente a Kitamaat Village. Bakwas aparece varias veces como presencia real dentro del bosque en el que Lisamarie se adentra: figura pequeña, verdosa, silenciosa, que se manifiesta en momentos determinados y que Lisamarie ha aprendido a reconocer desde niña por los relatos de su abuela Ma-ma-oo. Loretta Todd dirigió la adaptación cinematográfica homónima en 2020.

¿Dónde se pueden ver hoy las máscaras Bakwas?

En el U’mista Cultural Centre de Alert Bay, fundado en 1980 para albergar las máscaras confiscadas en la redada del potlatch de Village Island de 1921 y repatriadas décadas después; en el Museum of Anthropology de la University of British Columbia (Vancouver), con obras de Beau Dick y Doug Cranmer; en el Royal BC Museum (Victoria), con ejemplares antiguos adquiridos por Charles F. Newcombe entre 1900 y 1911 y máscaras de Willie Seaweed; y en el American Museum of Natural History (Nueva York), con máscaras recogidas por Franz Boas y George Hunt entre 1897 y 1905. También se ven en los potlatch contemporáneos de Alert Bay y Fort Rupert.

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